Vlady - Claudio Albertani - E-Book

Vlady E-Book

Claudio Albertani

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Beschreibung

Vlady es autor de una obra compleja y fascinante que da pie a múltiples interpretaciones. Indudablemente el color, la pintura —pintura, según su propia definición— es una de ellas. Otra gira en torno a la Revolución Rusa. Vlady es un sobreviviente y uno de sus temas es el asesinato de Trotsky, planeado por Stalin y ejecutado por Ramón Mercader con un golpe de piolet en la cabeza, el 20 de agosto de 1940 en la calle Viena, número 19, de Coyoacán. A partir de ese acontecimiento trágico, construye una iconografía con una fuerte carga política, aunque muy alejada del muralismo clásico.

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Seitenzahl: 93

Veröffentlichungsjahr: 2022

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UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE LA CIUDAD DE MÉXICO

DIFUSIÓN CULTURAL Y EXTENSIÓN UNIVERSITARIA

RECTORA

Tania Hogla Rodríguez Mora

COORDINADOR DE DIFUSIÓN CULTURAL Y EXTENSIÓN UNIVERSITARIA

Fernando Francisco Félix y Valenzuela

RESPONSABLE DE PUBLICACIONES

José Ángel Leyva

Colección: Memoria Visual

Vlady: Demonios revolucionarios

Primera edición electrónica 2022

D.R.      © Universidad Autónoma de la Ciudad de México

Dr. García Diego, 168,

Colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc,

C.P. 06720, Ciudad de México

ISBN 978-607-8692-59-0 (ePub)

publicaciones.uacm.edu.mx

Agradecimiento a Carlos Díaz Zarco, a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y al Instituto Nacional de Bellas Artes por permitir la reproducción de la obra que tienen bajo su acervo.

Esta obra se sometió al sistema de evaluación por pares doble ciego y fue aprobada para su publicación por el Consejo Editorial de la UACM.

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, archivada o transmitida, en cualquier sistema —electrónico, mecánico, de fo- torreproducción, de almacenamiento en memoria o cualquier otro—, sin hacerse acreedor a las sanciones establecidas en las leyes, salvo con el permiso expreso del titular del copyright. Las características tipográficas, de composición, diseño, formato, corrección son propiedad del editor. Hecho en México.

Demonios revolucionarios

Una contribución al estudio de la iconografía de Vlady

CLAUDIO ALBERTANI Y SILVIA VÁZQUEZ SOLSONA1

En la pintura la materia es el espírituVLADY

La vida es una lucha imposible por lo imposible y no hay otraVICTOR SERGE

Los temas de Vlady son los mitos y los héroes; pero no los neoplatónicos sino los de nuestro tiempo. Y los mitos de nuestro tiempo son trágicos, violentos, sanguinariosLEONARDO DA JANDRA

No es fácil entender a Vlady. Perteneció a diferentes mundos, a distintas culturas y a varias épocas: al siglo XX, en primer lugar, pero también al XIX, por la fuerte herencia familiar y al XXI, por ser «la vanguardia de mañana», según la definición de Ernst Neizvestny.2 Amaba la pintura en extremo, pero pensaba que había perdido el rumbo. Fue sucesivamente figurativo, abstracto y luego otra vez figurativo, sin dejar de tener un toque surrealista; experimentó mucho, usó todas las técnicas a su alcance, fabricó sus propios colores, devoró quintales de literatura sobre arte y caminó kilómetros de museos en tres continentes. «Ya no cabe pintar sin reflexión previa», escribió al final de su vida.3 La considerable obra que deja es difícil de descifrar, sorprende y, en ocasiones, desconcierta, pero queda como uno de los momentos estelares del arte moderno, síntesis entre el arte postimpresionista y la escuela clásica veneciana.4 En palabras del artista, se puede interpretar como «una vasta reflexión sobre la pintura, a partir de la pintura misma».5

En la exposición Demonios revolucionarios decidimos estudiar la iconografía que Vlady fue creando a lo largo de más de siete décadas de trabajo.6 Según la definición clásica de Erwin Panofsky, «iconografía es la rama de la historia del arte que se ocupa del contenido temático o significado de las obras de arte, en cuanto algo distinto de su forma». Más adelante, el mismo autor precisa que la identificación de imágenes, historias y alegorías constituye el campo de la iconografía, en sentido estricto, mientras que su objetivo es penetrar en el significado intrínseco o contenido de una obra de arte.7

Es lo que intentamos hacer al abordar el asombroso conjunto muralístico Las revoluciones y los elementos que pintó en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada —dos mil metros cuadrados de frescos y telas al temple y óleo que Vlady definía como su «Capilla Sixtina» y en el cual Leonardo da Jandra detecta «un portentoso despliegue iconológico»—;8 el Tríptico trotskiano y el importante acervo que resguarda el Centro Vlady: 318 cuadernos, grabados, óleos, acuarelas y bocetos. Además de poseer un enorme valor artístico, los cuadernos ofrecen las claves para entender las obras más importantes de Vlady y a éstos, que fueron el sustento principal de nuestro trabajo, nos remitiremos una y otra vez.9

Obras paralelas

Cuando nos acercamos a la obra de Vlady, lo primero que observamos es que muestra profundas raíces rusas y, al mismo tiempo, tiene poco que ver con las vanguardias soviéticas de la primera mitad del siglo XX. Vlady se debe a la revolución de octubre, pero su manera de pintar nos proporciona otras respuestas plásticas a ese acontecimiento, tanto en los temas como en las técnicas. ¿Cuáles son las fuentes visuales y conceptuales del artista ruso-franco-mexicano? La historia nos abrió el camino para entenderlo.

Vladimir Kibalchich Russakov, mejor conocido como Vlady, nació en 1920, en el hotel Astoria de Petrogrado, la antigua Casa de los Soviet en donde vivían sus padres, Liuba Russakova (1898-1984) y Victor Llovich Kibalchich (1890 -1947), mejor conocido como Victor Serge, al lado de altos dirigentes del Partido Bolchevique. Serge era un conocido anarquista, activo desde la adolescencia, que escribía en la prensa militante y había pasado largas temporadas de cautiverio en la cárcel y en campos de concentración. Al llegar a Rusia se había sumado a la causa de Lenin, como en un primer momento lo habían hecho otros militantes libertarios. Su idilio con el régimen fue de corta duración y, a partir de 1924, se sumó a la oposición de izquierda (trotskista) sellando así su destino.

Liuba sufrió trastornos mentales a causa de la persecución a la que fue sometida la familia y murió en una clínica psiquiátrica mucho tiempo después (en 1984). Vlady creció entre oposicionistas y escritores disidentes viviendo en carne propia la trasformación de la revolución en una pesadilla totalitaria. Empezó a dibujar a los cinco años y la pasión por la pintura le surgió al visitar el Museo Hermitage de Leningrado que se ubica a unas cuadras de la calle Zeliabova, donde vivía la familia. Vlady quedó profundamente impactado por el Renacimiento italiano, en particular por Giorgione y la escuela veneciana. Ahí empezó a experimentar la necesidad de pintar como una forma de evasión o, tal vez, de terapia.

En 1928, Serge sufrió la primera detención y en 1933 fue deportado a Oremburgo, antesala política y geográfica del gulag. Vlady lo acompañó y fue desarrollando una relación de gran cercanía espiritual con su padre que lo marcaría para siempre.10 «Inquietaba a los directores comunistas, que llegaban hasta reprocharle que no se insolidarizase de su padre. Durante un tiempo fue excluido de la escuela por haber afirmado en el curso de sociología que en Francia los sindicatos funcionaban libremente» (imagen 1).11

LA ESCUELA DE LOS VERDUGOS, 1947Imagen 1

Bajo los cielos tórridos de las estepas y aguijoneado por Serge, quien era un acuarelista aficionado, el joven siguió cultivando la pintura y, con el paso del tiempo, construyó un lenguaje muy particular, «macerado por la revolución rusa», no fácil de interpretar, pero inteligible.

Nuestra hipótesis es que la obra pictórica de Vlady es la expresión plástica de la obra literaria de Serge y que la una no se puede entender sin la otra. Hay, sin embargo, una diferencia importante. Mientras el padre es un prosista de escritura cristalina, a veces un poco denso, pero siempre claro y en ocasiones incluso didáctico, el hijo es un pintor difícil que no hace el menor esfuerzo por ser comprendido y, en ocasiones, incluso desorienta. El icono principal de Vlady es León Trotsky, el líder bolchevique asesinado por los esbirros de Stalin, que en el mural es representado como el león de san Jerónimo (imagen 2).

«San Jerónimo», detalle del muralLAS REVOLUCIONES Y LOS ELEMENTOSImagen 2

Jean-Guy Rens tiene razón cuando observa que el Tríptico que le dedicó (más los cientos de bocetos, acuarelas y grabados en gran parte resguardados en el Centro Vlady) representa el homenaje artístico más admirable —y añadimos nosotros desinteresado— jamás dirigido a un jefe político y también el más fraternal.12

Habría que añadir que el Trotsky de Vlady —a diferencia del que esboza Serge en sus obras y particularmente en la biografía que le dedica— 13 no es únicamente un líder político o una figura de gran relevancia histórica sino, más bien, un héroe mítico que personifica la lucha por preservar el espíritu original de la revolución. Encarna, junto al propio Serge, el lado «angélico» de la historia y su asesinato representa una suerte de catástrofe cósmica, la muerte de una civilización humanista y el nacimiento de otra, bajo el signo del terror. Sin embargo, Vlady es —como su padre— un disidente incluso del trotskismo y en el mural de la Biblioteca no lo pinta arengando la muchedumbre o al frente del Ejército Rojo, sino de manera poco ortodoxa, pensativo y sumergido en la lectura aunque, eso sí, con la cabeza de un león.

Vlady se definía trotskista/anarquista y hay que subrayar la influencia que en él tuvo el pensamiento libertario, particularmente la obra de Eliseo Reclus, a quien Victor Serge siempre admiró y que cita a menudo.14 Como Reclus, Vlady pensaba que evolución y revolución son dos conceptos relacionados, dos actos sucesivos de un mismo fenómeno; la evolución precede a la revolución, y ésta a una nueva evolución, causa de revoluciones futuras.

Las revoluciones —escribe el gran geógrafo libertario— no son necesariamente un progreso, lo mismo que las evoluciones no están siempre orientadas hacia la justicia. Todo cambia, todo se mueve en la naturaleza con un movimiento eterno, pero lo mismo puede haber un progreso que un retroceso y, si las evoluciones tienden a un aumento de vida, hay casos en los que la tendencia es hacia la muerte.

Detenerse es imposible, es preciso moverse en un sentido u otro y el reaccionario empedernido como el liberal conservador que se llenan de espanto ante la palabra revolución, van sin embargo hacia una revolución, la última que constituye el gran reposo.15

Nos parece que Vlady plasma en el mural una visión afín a la de Reclus mezclando «las revoluciones y los elementos», lo petrificado y lo fluido, lo bárbaro y lo civilizado, lo tiránico y lo libertario. En la mente del artista, la petrificación representa los estratos geológicos de la historia tal y como los hombres la padecen y está en todas las revoluciones, incluso en las musicales.16

Un ateo místico

Nuestra investigación empezó por un fragmento del panel sobre la Revolución Rusa del mural de la Biblioteca: el ángel/demonio bolchevique que esculpe la historia a golpes de hacha.17 Esta figura aparece una y otra vez en los cuadernos, mismos que muestran cómo el artista fue construyendo el discurso pictórico que encontramos en sus obras principales. Vlady concebía a los bolcheviques como una orden religiosa, entregada a la difusión del evangelio revolucionario. Antes de octubre, cuando eran perseguidos, conformaron una vanguardia abnegada, a prueba de toda tentación. Entonces supieron ser generosos y valientes hasta el sacrificio; sin embargo, después de conquistar el poder, practicaron el terror. La imagen del ángel/demonio resume así la ambivalencia de Vlady hacia los bolcheviques, su admiración, sin duda, pero también su rechazo al terror revolucionario (imagen 3).

«La revolución rusa», detalle del muralLAS REVOLUCIONES Y LOS ELEMENTOSImagen 3

He aquí una metáfora religiosa, lo cual podría parecer insólito, ya que Vlady se profesaba materialista. Estaba, no obstante, imbuido de la historia y la cultura de su país, un país saturado de fe cristiana. Pierre Pascal —tío político de Vlady, testigo entusiasta de la Revolución, uno de sus primeros disidentes y finalmente un estudioso de las culturas eslavas— escribe que en Rusia el cristianismo adquirió formas originales, que encarnaban la resistencia del pueblo contra el despotismo zarista. Las reformas del patriarca Nikon que se realizaron bajo el reinado del zar Alejo I (el mismo que ató a los campesinos a la tierra) sellaron la alianza entre la iglesia ortodoxa y la monarquía absoluta provocando el cisma —en ruso, raskol—18