Rebelión y anarquía - Claudio Albertani - E-Book

Rebelión y anarquía E-Book

Claudio Albertani

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Beschreibung

Los años anarquistas de Victor Serge suelen ser poco valorados. En Memorias de un revolucionario y en otros escritos de madurez, él mismo tiene cierta propensión a deformar, minimizar o, en todo caso, restar importancia a su actividad anterior a febrero de 1919, cuando llegó a Rusia. Existe, además, una peculiar convergencia entre quienes pretenden encasillarlo en alguna secta marxista-leninista y los propios anarquistas «ortodoxos» (si es que algo así puede existir), que no le perdonan su posterior adhesión al bolchevismo. Este libro rescata escritos y documentos juveniles poco conocidos que abordan distintos temas de gran actualidad en nuestros tiempos de pensamiento único, contribuyendo así a dibujar una figura compleja y contradictoria, aunque indudablemente humana.

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Seitenzahl: 549

Veröffentlichungsjahr: 2026

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CLAUDIO ALBERTANI (Milán, Italia, 1952). Activista, periodista y profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Es fundador del Centro Vlady de la misma universidad y ha participado en la curaduría de múltiples exposiciones sobre Vlady y Victor Serge, entre las que destaca Vlady. Revolución y disidencia (septiembre 2022 - mayo 2023) en el Colegio de San Ildefonso. Es autor de la edición crítica digital de los Cuadernos de Vlady (en colaboración con Araceli Ramírez Santos) y de la edición crítica de los Diarios de Victor Serge. Albertani ha publicado varios libros y ensayos en español, italiano y francés sobre luchas indígenas e historia del anarquismo. También ha participado en la realización de varios documentales, entre los que se encuentran Alejandra o la inocencia de Vlady (Fabiana Medina, UACM, 2017) y La mirada de Vlady. El uno no camina sin el otro (Nancy Ventura, UACM, 2023). Es colaborador del diario mexicano La Jornada y de distintas revistas en Francia, España e Italia.

 

Coedición Pepitas &FAL

 

 

 

Pepitas de calabaza s. l.

Apartado de correos n.° 40

26080 Logroño (La Rioja, Spain)

[email protected]

www.pepitas.net

FAL

(Fundación de Estudios Libertarios de Anselmo Lorenzo)

C/ Peñuelas, 41 - 28005 Madrid

www.fal.cnt.es

[email protected]

 

© Claudio Albertani

© De la presente edición, Pepitas ed.

Cubierta: Ficha de la policía francesa de Victor Serge

ISBN: 978-84-10476-22-6

Producción del ePub: booqlab

Primera edición, octubre de 2025

ÍNDICE

Cubierta

Título

Créditos

Índice

Agradecimientos

1. Encuentros

2. Las muchas vidas de Victor Serge

3. El espíritu revolucionario ruso

4. ¡Anarquista!

5. Un joven propagandista en París

6. «La trituradora»

7. En la Barcelona anarcosindicalista

8. Rumbo al país de los sóviets

9. Anexo Lista (casi completa) de los textos publicados por Victor-Napoléon Lvóvich Kibálchich entre junio 1908 y febrero 1919

Guide

Cubierta

Título

Start

Dunquerque, enero de 1919. De izquierda a derecha: Liuba Rusakova, tres desconocidos, Alexandr Nikoláienko (sentado), Victor Serge, y un desconocido.

Agradecimientos

TARDÉ MUCHOS AÑOS EN terminar este libro y estoy en deuda con muchas personas. Lo dedico a la memoria de Vladímir Kibálchich, mejor conocido como Vlady (1920-2005), sin el cual nada de lo que sigue existiría. Malcolm Menzies, Marc Tomsin y Christian Marchadier («Arthur») ya no están con nosotros, pero me apoyaron en distintos momentos.

Gracias a Patricia Barreto, la mamá de mis hijos, con quien compartí un largo trecho de mi vida.

Furio Lippi, de la Biblioteca Franco Serantini de Pisa, además de traducir el libro al italiano, llevó a cabo una labor enorme, minuciosa y precisa de revisión del manuscrito. Franco Bertolucci, también de la BFS, me proporcionó importantes informaciones sobre la historia del anarquismo; Paolo Casciola, de la Associazione Pietro Tresso, compartió conmigo detalles significativos de la biografía de Serge. Gracias a Christian Dubucq, mi traductor al francés en París. Marcello Albertani, mi hijo, me ayudó a buscar información en los Archives de la Préfecture de Police de París. Gracias a Gianni Carrozza de la Bibliothèque de Documentation Internationale Contemporaine (BDIC, hoy La Contemporaine), a Hélène Strub de L’Institut Français d’Histoire Sociale (IFHS), a Rossana Vaccaro del Centre d’Histoire Sociale du XXe Siècle, a Michel Dreyfus del Centre d’études, de documentation, d’information et d’action sociales (CÉDIAS-Musée Social) y a Anne Morelli de l’Université libre de Bruxelles.

Tengo una deuda especial con Jean Rière, autor de excelentes ediciones críticas de Memorias de un revolucionario, quien compartió conmigo los resultados de sus investigaciones, y con Luc Nemeth, quien me ayudó a entender el anarquismo juvenil de Victor Serge. Richard Greeman, traductor de Serge al inglés, me proporcionó sus investigaciones sobre la familia Kibálchich y me facilitó la documentación que resguarda en la Fundación Victor Serge de Montpellier.

Gracias a Freddy Gómez por publicar mis textos sobre Vlady y Victor Serge en el boletín bibliográfico que anima, À Contretemps. En Marsella, otro gran erudito, Charles Jacquier, me proporcionó información y útiles contactos. En el Estado español, Francisco «Paco» Madrid, uno de los mayores especialistas del anarquismo ibérico, revisó el capítulo sobre la Barcelona anarquista de los años diez del siglo pasado. Ángel Bosqued de la Fundación Salvador Seguí y Miguel Ángel Fernández de la Fundación Anselmo Lorenzo contestaron mis preguntas sobre las supuestas relaciones epistolares entre El noi del sucre y Victor Serge. En Barcelona, Miquel Vallès y Quim Sirera siempre me animaron a publicar las páginas que siguen.

Agradezco a la institución para la cual trabajo, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, un proyecto educativo siempre a contramano, siempre en riesgo, que me ha permitido la creación y gestión del Centro Vlady y me ha concedido un año sabático para dedicarlo a la escritura de este libro. Por último, agradezco a Fabiana Medina, mi actual compañera de vida y cómplice, quien, además de apoyarme en todo momento, se encargó de corregir el texto.

Tlalpan, Ciudad de México,

1 de agosto de 2024

1. ENCUENTROS

Nací en la Unión Soviética y viví sucesivamente su consolidación, degeneración y derrumbe. Crecí en el medio de una vasta constelación de idiomas y culturas: Rusia, Alemania, Austria, Bélgica, Francia, España. Recién cumplía doce años cuando encarcelaron a mi padre, Victor Serge, por el delito de pensar. Enseguida, nos mandaron a Siberia; después vinieron la expulsión de laURSS, la estancia en Bruselas y en París y el exilio en México. Tenía dieciséis años cuando mi madre enloqueció y acontecieron los procesos de Moscú y la guerra de España. Huyendo de la ocupación nazi, mi padre y yo logramos alcanzar el último barco que salía de Marsella rumbo al nuevo mundo. Éramos prófugos, sin pasaporte, ni visa, ni patria.

Vlady

CONOCÍ A VLADY,1 UNO de los grandes pintores de la segunda mitad del siglo XX mexicano, por una extraña combinación de circunstancias. Hacia enero de 1991, leía una biografía de Tina Modotti, la controvertida fotógrafa y activista comunista de origen italiano que vivió y murió en México.2 Heroína frágil y enigmática, Modotti no me interesaba demasiado, ni me impresionaban sus amores con Vittorio Vidali, alias comandante Carlos, personaje funesto, ejecutor de los crímenes de Stalin en España. Sin embargo, el autor, mi amigo Pino Cacucci, tiene como yo una formación libertaria y su libro proporciona una interesante reconstrucción de los años veinte, treinta y cuarenta en México, Alemania, España y la Unión Soviética.

Un sábado por la tarde de aquel mes de enero, me encontraba en Tepoztlán, Morelos, en la tienda de artesanías de Patricia Barreto, la mamá de mis hijos. Imbuido en la lectura de aquella biografía y casi a punto de terminarla, observé, entre las fotos incluidas en la edición, dos de Vlady. Se le veía con la característica camisa rusa de cuello cortado, una gorra tipo Lenin, lentes de carey y el pelo blanco más bien largo. En esas estaba cuando, de pronto, entró a curiosear a la tienda un señor ya mayor, de talla mediana, pelo largo, penetrantes ojos claros y bigote caído. Vestía tal cual como en las fotos que acababa de ver en el libro: camisa rusa, gorra y un cinturón donde colgaban lápices y pinceles. Por demás sorprendido, y aunque no me cabía la menor duda, le espeté:

—¿Es usted Vlady?

—Sí —contestó, indiferente.

—Es para mí un gran honor conocer al hijo de Victor Serge —balbuceé.

Vlady no esperaba una reacción así y menos en un lugar tan improbable. Levantó la ceja y me escrutó con una de esas miradas que sondeaban el alma de su interlocutor.

—¿Qué sabe usted de Victor Serge?

En lo que sigue se encuentra la respuesta y la razón de este libro.

EN LOS años setenta, mis amigos y yo nos pasábamos sus memorias como reliquias, leyéndolas y releyéndolas con devoción. Buscábamos en sus páginas el secreto del fracaso de las revoluciones del pasado y las indicaciones para encontrar nuevos caminos. La vida de Serge, implacable acusador de todo dogmatismo, nos fascinaba porque no encajaba en ninguna ortodoxia: ni marxista ni trotskista ni leninista, tampoco anarquista. Hombre de acción antes de ser escritor, revolucionario que sufrió en carne propia las consecuencias de su determinación, Serge era un líder sin partido y un maestro sin discípulos. Nos impresionaban sus aventuras al lado de los bandidos trágicos —la famosa «Banda Bonnot», de la que hablaremos más adelante— en el París de la Belle Époque y sus recorridos por la Europa en llamas de los años veinte, hechos extraordinarios que relataba con naturalidad y modestia. Serge, nos parecía, tendía un puente entre los movimientos revolucionarios del pasado y nuestras aspiraciones de jóvenes inquietos en la década de los setenta del siglo XX.

Intenté decir todo esto a Vlady, pero creo que no supe expresar bien lo mucho que su padre había significado para mí. Por entonces, el ejemplar de la primera edición original francesa de Memorias de un revolucionario que todavía conservo tenía unos veinte años conmigo. Lo encontré en la librería francesa de Milán y me ha acompañado en mis viajes por el mundo.3 Lleva la fecha de 1951 y la firma de Bruno Vair-Piova —amigo entrañable y uno de los protagonistas de la revuelta estudiantil de Estrasburgo (1966)—, quien falleció hace algunos años víctima de un horrible asesinato.4 Hacia 1974, Bruno se encontraba detenido en la cárcel de San Vittore (Milán) y yo le había enviado el libro para romper la monotonía de sus días. Cuando salió libre, fue expulsado a Francia, su país de origen, y no recuerdo con precisión cuándo me lo devolvió. El caso es que el libro estaba conmigo cuando, en 1977, me fui a vivir a Estados Unidos.

El 2 de octubre de 1979, Patricia y yo cruzamos la frontera entre Estados Unidos y México en Chula Vista, California, siguiendo después hacia el sur. Viajábamos en una vieja camioneta Volkswagen, en la que, entre utensilios de cocina y casetes de los Rolling Stones, se encontraban algunos buenos libros en edición original, pues en esa época yo apenas hablaba el español. Junto a Many Mexicos de Lesley Byrd Simpson, La société du spectacle de Guy Debord y las obras escogidas de Nietzsche en la traducción inglesa de Walter Kaufman, no podía faltar Mémoires d’un révolutionnaire de Victor Serge. Pasamos días inolvidables conociendo las montañas de la sierra San Pedro Mártir, donde se mira el cielo más nítido de México y las playas del golfo de Cortés. Baja California era entonces un lugar salvaje y nuestro único enlace con el mundo era un radio de onda corta gracias al cual escuchábamos las noticias de la revolución sandinista que triunfaba en Nicaragua. Recuerdo que, mientras descansábamos en un camping de Mulejé, volví a leer las inolvidables páginas de Serge sobre su agitada juventud anarquista.

En los años sucesivos, ya establecido en México, me sumergí en la realidad del país, dejando a un lado a Serge y su fascinante recorrido por las revoluciones del siglo XX. Debo admitir que, pese a la gran admiración que le profesaba, mi conocimiento de su obra era superficial, ya que se limitaba a sus libros más conocidos: Memorias de un revolucionario, El año I de la Revolución rusa y Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión. Sabía de sus novelas, pero no las había leído, probablemente por no considerar importante su obra literaria. Devoradora de toda clase de literatura, Patricia se topó en algún momento con Medianoche en el siglo —relato sobre la vida y el destino de los opositores a Stalin— y me lo recomendó, pero aún no había llegado mi momento.

Fue gracias a Vlady que Serge volvió a irrumpir en mi vida. ¡Y con qué fuerza! Aquel día de enero de 1991, intercambiamos direcciones y, al poco tiempo, fui a visitarlo a su casa taller de Cuernavaca, en donde conocí también a su esposa Isabel.5 La amistad se dio de manera natural y empezamos a vernos con regularidad. Vlady me platicaba de su juventud en Leningrado, de la vida de su padre, de los revolucionarios —bolcheviques disidentes, anarquistas, socialistas de distintas tendencias— que había conocido en varios lugares del mundo. Para mí era un verdadero deleite escucharlo y supongo que a él le daba gusto encontrar a alguien con quien conversar sobre estos temas, cosa que, al parecer, no le sucedía a menudo. Pronto empezamos a tutearnos y Vlady no tardó en manifestarme su asombro por mi ignorancia de la obra literaria de Serge.

—Tienes que leer sus novelas.

Le hice caso y empecé con el ciclo Les révolutionnaires; después leí Los últimos tiempos y Los años sin perdón, así como sus poesías en francés y sus ensayos de crítica literaria.6 Fue un descubrimiento. Serge se me reveló en su verdadera luz: no solo el héroe que encarnaba la revolución libertaria y antiburocrática por la que luchábamos, sino un gran escritor, uno de los pocos que, con potencia lírica, honestidad y profundidad psicológica, había expresado el júbilo de la victoria, pero también la tragedia de la derrota y, contemporáneamente, la necesidad de resistir, de no perder el rumbo. Resistencia —además de ser el título de una antología de sus poemas— es precisamente la palabra que mejor define el profundo sentido de la vida de Serge y de sus camaradas: resistencia contra el capitalismo de anteguerra —«ese mundo sin evasión posible» que describe en el primer capítulo de sus memorias—, resistencia contra el totalitarismo y también resistencia contra el cinismo y la desesperanza.

Pronto se presentó la oportunidad para intentar una primera reflexión. En 1993, la editorial El Equilibrista de México publicó El caso Tuláyev —según Vlady, la obra maestra de Serge—, novela sobre los procesos de Moscú y la tragedia de los dirigentes bolcheviques que se adjudicaban crímenes que no habían cometido con tal de salvar la unidad del partido. El traductor era el poeta David Huerta, de quien me haría amigo tiempo después.

En aquellos años, yo trabajaba como periodista en la agencia Noticias de Guatemala, y, no sin enfrentar algunos problemas con mis compañeros —quienes, a diferencia de mí, tenían una formación más bien marxista-leninista—, publiqué una reseña del libro. «La actualidad de la figura de Victor Serge —escribí— se debe a que se eleva más allá de polémicas contingentes. Su vida, trágico pero fascinante recorrido por las revoluciones derrotadas del siglo XX, fue una sucesión de penosos rompimientos: con los anarquistas primero, con los bolcheviques después y, al final, con el mismo Trotsky, al que tanto admiraba. Tras esas circunstancias, queda la búsqueda, la terca voluntad de no darse por vencido y una obra de largo alcance con útiles indicaciones sobre nuestro tiempo».7

Un hecho más se sumó a otros que, irresistiblemente, me empujaban hacia Serge. Mario Payeras —el escritor y guerrillero guatemalteco— me contó que en 1975, camino a la selva, leía Doctor Faustus de Thomas Mann y El año I de la Revolución rusa en sus ratos de reposo. «En aquellas páginas geniales, donde sigue oyéndose el clamor de la multitud que asalta el Palacio de Invierno, entendí el descomunal esfuerzo que requieren los pueblos para mover una pulgada de la historia, y reconocí la ferocidad inaudita de las clases dominantes derrotadas».8 Payeras falleció el 16 de enero de 1995, un día soleado en que teníamos cita en la librería El Parnaso de Coyoacán, y me parece importante consignar aquella anécdota que me contó. Fue él quien tradujo para Ediciones Era el famoso texto de Serge Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión, lo cual muestra su interés temprano por la obra de nuestro autor.9

Hoy me siguen asombrando algunos paralelismos entre las vidas de Serge y de Payeras. Al margen de las evidentes diferencias de época, contexto y personalidad, los dos fueron revolucionarios atípicos; como George Orwell, los dos se plantearon hacer de la escritura política un arte y lo lograron. Provistos de enorme talento y de una cultura enciclopédica, ambos fueron en un principio militantes políticos que descubrieron relativamente tarde su vocación por la literatura. Los dos incursionaron con éxito en varios géneros: novela, testimonio, poesía, ensayo. Marginados y menospreciados, ambos murieron de un ataque al corazón antes de cumplir los sesenta años. Recuerdo, en su momento, compartir alguna de estas reflexiones con Vlady, a quien no alcancé a presentar a Payeras.

UN DÍA —debe de haber sido hacia la primavera de 1991—, Vlady sacó de un cajón (los había en gran número en su taller y todos muy desordenados...) un cuaderno con dibujos a lápiz y notas en francés o en ruso, escritas con letra menuda y compacta.

—Mira, me dijo. Tal vez te interesen.

Eran retratos de Volin, el famoso anarquista ruso.

—¿Lo llegaste a conocer?

—Claro. Lo encontré por primera vez en París, en 1938, y otra vez en Marsella dos años después.

A continuación, empezó a contarme historias y anécdotas acerca de las andanzas de Volin con Majnó, el líder de los campesinos ucranianos.10

—Tengo más dibujos de esa época, agregó. —Se puso a hurgar en los cajones y, poco a poco, fueron apareciendo un sinnúmero de viejos papeles maltratados con retratos, bocetos y apuntes, siempre de una gran fuerza expresiva. Eran los amigos y camaradas de Serge que Vlady había conocido en algún momento de su niñez y adolescencia.

—Tienes que publicarlos —le dije asombrado—. Y tienes que sistematizar las historias que me cuentas. Esto no puede perderse.

Vlady no se convencía. Perfeccionista como era, no quería dar a conocer materiales que en su opinión no poseían la calidad de sus trabajos posteriores. En un primer momento no insistí, pero no dejé de abordar la cuestión cada vez que se presentaba la oportunidad.

—Vamos a publicar los dibujos, me comentó un día. Haremos un libro y tú te encargarás de sistematizar mis recuerdos.

Acepté, sin saber con claridad en qué aventura me estaba embarcando.

Decidimos trabajar por medio de entrevistas. Entre 1991 y 1995, nos encontramos en su casa con frecuencia casi semanal. Escogíamos, sin mucho orden, un retrato entre muchos, y Vlady hablaba libremente, apenas interrumpido por mis preguntas. Cada papel le traía a la mente multitud de recuerdos: además del personaje y de sus relaciones con Serge, me platicaba de las circunstancias en que había hecho el dibujo, los hechos sobresalientes del momento, etc. Después, emergían otros recuerdos y me platicaba de su infancia y de la vida con su padre.11 Por mi parte, grababa las entrevistas y luego las capturaba, haciendo, al mismo tiempo, un primer trabajo de selección y pulido.

Era un buen material, pero faltaba mucho para armar un libro. Teníamos la opción de publicar los dibujos junto a las anécdotas e historias, según el proyecto original; me parecía, sin embargo, que el tema era apasionante, que daba para mucho más y que valía la pena buscar la información contextual e histórica. Vlady estuvo de acuerdo.

—Haz tus investigaciones —me dijo—. Y tómate tu tiempo.

Empecé así un proyecto que ha durado tres décadas y ...¡todavía no termina! Decidí complementar los recuerdos de Vlady con notas a pie de página, ya que su memoria era más artística que sistemática. Pronto, las notas sobrepasaron el texto original, de manera que opté por incorporarlas al texto. Al mismo tiempo, me di cuenta de que era necesario cambiar el registro de escritura. De la narración de Vlady en primera persona, había que pasar a un relato impersonal que conservara todos sus recuerdos, pero entrecomillándolos y articulándolos con mis propias investigaciones. El resultado tampoco me satisfizo, pues me faltaba muchísima información. Pronto comprendí que era preciso sumergirse en los archivos de los distintos países donde había vivido nuestro autor.

No fue una tarea fácil, puesto que la vida de Serge se desarrolló en entornos muy diferentes, no solo desde el punto de vista geográfico, sino también humano, político, artístico, literario... Sus textos no fueron fáciles de rastrear. La prensa y las grandes editoriales de izquierda no los publicaban, pues en gran parte se hallaban bajo el control férreo de los partidos comunistas o de los llamados «compañeros de viaje», quienes —por inocencia o, más frecuentemente, por oportunismo— cerraban las puertas a las voces críticas. De manera que Serge y sus camaradas solo tenían acceso a revistas militantes de muy limitada circulación, aunque de gran prestigio, como l’anarchie (así, con minúsculas), Le Libertaire, La Révolution Prolétarienne, La Critique Sociale, Cahiers de Spartacus, Masses, en Francia; Partisan Review, New Essays, Politics, en Estados Unidos; Análisis y Mundo en México; Bohemia en Cuba y Babel en Chile.

Hoy, no son muchas las bibliotecas y los centros de investigación que conservan este tipo de documentación. Por otro lado, el estudio de la izquierda radical, y en particular de las minorías revolucionarias marxistas y libertarias, sigue siendo un campo relativamente descuidado por la investigación y los historiadores profesionales a nivel mundial. En el caso de México, el fenómeno es más grave, pues a partir de los años treinta y hasta bien entrados los setenta, las dos vertientes principales de la izquierda, el Partido Comunista Mexicano y la que encabezó Vicente Lombardo Toledano, fueron dominadas por la ideología y la práctica estalinistas.12 Aunadas estas a la hegemonía cultural que persiste en el ámbito universitario, periodístico y cultural, se originó una suerte de amnesia que, literalmente, suprimió a los personajes incómodos de la historia del país.

Como ya señalé, si bien los últimos seis años de la vida de Victor Serge —los más productivos de su existencia atribulada— transcurrieron aquí, su nombre ha sido prácticamente borrado de la realidad cultural y política de México. Las historias de la izquierda raramente lo mencionan, y tampoco está muy presente en las crónicas literarias y culturales.13 Ni siquiera el Archivo General de la Nación es pródigo en información, algo que me parece sumamente extraño, pues al momento de su llegada a México, en 1941, Victor Serge era —junto a Natàlia Sedova, la viuda de Lev Trotsky, asesinado el año anterior— el único exponente de alto nivel de la disidencia soviética presente en el país, y es imposible que Gobernación no le haya dado un seguimiento continuo. ¿Qué pasó con esta documentación?

El asunto no tiene que ver únicamente con nuestro autor. Salvo la honrosa excepción de la Biblioteca Social Reconstruir, fundada por el anarquista español Ricardo Mestre —uno de los amigos de Serge—, en México existe muy poca información —y menos aún estudios— sobre las corrientes críticas del socialismo soviético: trotskistas, bordiguistas, consejistas, anarquistas, bundistas, etc.14 Sin embargo, Serge y sus compañeros merecen ser recordados porque las figuras que encarnan —el exiliado, el perseguido, el disidente desarraigado, el paria en la terminología de Hannah Arendt— vuelven a estar de actualidad en este principio de milenio cuando nuevos y muy insidiosos totalitarismos ensombrecen el futuro de la humanidad. «El pasado —escribe Walter Benjamin— lleva un índice oculto que no deja de remitirlo a la redención. ¿Acaso no nos roza, a nosotros también, una ráfaga del aire que envolvía a los de antes? ¿Acaso en las voces a las que prestamos oído no resuena el eco de otras voces que dejaron de sonar?».15

Mi búsqueda empezó en el archivo personal de Vlady y en librerías de viejo de la Ciudad de México. Ubicadas en la calle Donceles del Centro Histórico, estas todavía conservaban en los años noventa algunos libros publicados aquí en los cuarenta por la editorial Quetzal (después Costa Amic) que raramente se encuentran en las bibliotecas públicas.16 En el año 2000, conocí a Jeannine Kibálchich, la segunda hija de Serge, quien me compartió sus recuerdos y algunas cartas de su padre.17 El testimonio de esta mujer sumamente inteligente y gentil me ayudó a entender algunos aspectos de la compleja personalidad de Serge, a pesar de que él murió cuando ella tenía apenas doce años.

Vlady falleció el 20 de julio de 2005 y durante años el proyecto de escribir sobre Serge quedó dormido en mi computadora. En 2009, gocé de un año sabático y pasé unos meses en París, donde pude seguir con mis investigaciones. En la Bibliothèque de Documentation Internationale Contemporaine (BDIC), en el Institut Maitron, en el Institut Français d’Histoire Sociale, en los Archives Nationales y en el Musée Social encontré revistas, cartas y documentos de interés. Seguí mis pesquisas en los Archives de la Préfecture de Police de París, que cuentan con un dossier muy abundante sobre nuestro autor, y en el Institut de Études Slaves, donde pude consultar la correspondencia entre Pierre Pascal —concuño de Serge, militante comunista de la primera hora y uno de los primeros disidentes—, Liuba Rusakova (la madre de Vlady), el propio Serge y varios integrantes de su familia. La Bibliothèque François Mitterrand (anteriormente Bibliothèque Nationale de France o BNF) conserva un ejemplar del libro escrito en 1913 por el criminólogo Émile Michon sobre los llamados «bandidos trágicos», o sea los anarquistas de la Banda Bonnot.18 Con apenas veintidós años, Serge se encontraba entonces detenido en la cárcel de La Santé, bajo la falsa acusación de ser el ideólogo de la banda. La visita al nuevo (y poco agradable) edificio de la antigua Biblioteca Nacional de Francia valió la pena: este libro de unas cuatrocientas páginas repletas de entrevistas, cuestionarios, fotos y dibujos ofrece una interesante descripción de la personalidad de nuestro autor en su etapa juvenil.

El diccionario del movimiento obrero francés, dirigido por Jean Maitron, fue un instrumento de valor incalculable que me permitió en todo momento orientarme en los laberintos de la historia social francesa.19 En Italia, recibí la ayuda preciosa de mis amigos de la Biblioteca Franco Serantini de Pisa, a quienes torturé una y otra vez con mis preguntas sobre militantes libertarios en los cuatro rincones del mundo. Entre otras joyas, ellos cuentan con la documentación relativa al caso de Francesco Ghezzi, el anarquista italiano amigo de Serge, desaparecido en las purgas de los años cuarenta en la URSS. En Holanda, acudí al Instituto de Historia Social de Ámsterdam, donde pude consultar, entre otros documentos, una colección de Le Communiste, el periódico libertario en el que el joven Victor Kibálchich publicó sus primeros artículos con el seudónimo «Le Rétif».

En México, en las galerías 2 y 3 del Archivo General de la Nación, situado en la antigua cárcel de Lecumberri, encontré una cantidad muy limitada de información sobre la estancia de Serge en el país entre 1941 y 1947. Insisto: es muy extraño que un personaje de su talla —a la sazón, posiblemente el disidente soviético más conocido en el mundo— haya recibido tan poca atención por parte del Gobierno mexicano, entre otras razones porque en estos años México era aliado de la URSS en la Segunda Guerra Mundial. La impresión es que la documentación sobre Serge fue sustraída. ¿Por qué? ¿Por quién?

Mientras mi investigación seguía, me fue muy útil el trabajo de tres personas que, desde sus propias perspectivas, también llevaban décadas estudiando a Victor Serge: Richard Greeman, Susan Weissman y Jean Rière. Richard es autor de una biografía inédita de Serge centrada en su obra literaria; Susan publicó en el 2001 un estudio sobre Serge y la revolución rusa; Jean Rière es autor de la edición crítica de las memorias de Victor Serge en francés y en español.20

El tema de los archivos rusos es un problema mayor para todo aquel que aspire a reconstruir la vida de Serge. Al margen de que no conozco el idioma, está el hecho de que el equipo de investigadores rusos agrupados en el Centro Praxis21 de Moscú, con el que estoy en contacto, no encontró nada de particularmente significativo en los archivos de la KGB, en donde se hallan, por lo menos, dos novelas perdidas de nuestro autor.22 Las pesquisas realizadas por mi amigo Yurii Colombo en los archivos RGASPI de Moscú tampoco arrojaron material de importancia.23 Así las cosas, la documentación concerniente a los diecisiete años (1919-1936) que el escritor vivió en la URSS (el único país del cual fue ciudadano, al menos durante algún tiempo) se reduce a la correspondencia, a los textos que escribió y a sus recuerdos, los cuales se encuentran ya diseminados en diferentes escritos y artículos.

Me sumergí en otros proyectos, así que el trabajo discurría muy lentamente. Además, aún me faltaba información sobre los años mexicanos de Serge, de los cuales casi no hay noticias en sus memorias, pues la narración se detiene en el umbral de su llegada a nuestro país. Estaba seguro de que Laurette Séjourné (1911-2003), su última esposa, tendría algún manuscrito de su marido; sin embargo, pese a múltiples intentos a través de amigos comunes, nunca logré entrevistarla. Arqueóloga y antropóloga, Séjourné falleció nonagenaria en 2003 sin revelar nada significativo sobre sus años con Serge, primero en Francia y luego en México, y evitando cuidadosamente toda conversación al respecto.24 Después de la muerte de Serge en 1947, ella se casó con Arnaldo Orfila (1897-1997), entonces director del Fondo de Cultura Económica y más tarde creador de Siglo XXI Editores. Ambas editoriales figuran entre las más importantes de América Latina.

Confieso que Séjourné siempre me pareció un personaje enigmático. Serge falleció el 18 de noviembre de 1947 de ataque cardíaco en un taxi, lo cual suscitó muchas dudas entre sus amigos y allegados. Weissman refiere que, al entrevistarse con ella, le preguntó si el escritor pudo haber sido envenenado por los servicios secretos soviéticos. Ella contestó afirmativamente, no obstante precisó que no lo consideraba probable. Añadió que su matrimonio con Serge había sido un error de juventud, que el escritor «no era nada» y que no valía la pena escribir su biografía.25 Preguntado al respecto, Vlady le confió a Weissman que Laurette nunca estuvo emocionalmente involucrada con su padre; apareció de repente en París hacia 1937 y, si alguien pudo haberlo envenenado, era ella misma.26

La afirmación de Vlady es grave y posiblemente injusta, aunque es verdad que Laurette cargaba con la responsabilidad histórica —no es menor— de haber ocultado una parte sustantiva del legado del escritor. No me corresponde emitir juicios ni cavilar sobre sus razones, pero tampoco ocultar el sentir de Vlady. Debo reconocer que, aun cuando siempre reconoció su hostilidad hacia Séjourné —la misma se puede apreciar también en su correspondencia de los años cincuenta y sesenta sobre la publicación de las obras de Serge—, el pintor ruso-mexicano nunca me habló de un posible involucramiento de ella en la muerte de Serge. Por otra parte, no encontré nada sobre la arqueóloga franco-ítalo-mexicana en los Archives de la Prefecture de Police de París, lo cual no deja de ser insólito, pues dicho archivo resguarda cientos de documentos que incluyen informes sobre decenas de personas que se relacionaron con Serge entre 1910 y 1947.27

Pronto supe que gran parte del archivo de Laurette se encontraba en la Fundación Orfila-Séjourné, en Amecameca, estado de México. Después de varios intentos fallidos, en agosto de 2010, lo visité por invitación de su creadora, la activista y promotora cultural Esperanza Rascón. Ella me abrió las puertas del archivo y me presentó a Ivonne Chávez, la historiadora que lo estaba clasificando. Ivonne me informó de que el archivo contaba, en efecto, con un fondo Victor Serge, aunque nadie lo había estudiado.28 Acto seguido, sacó tres archiveros que abrí con emoción y cuidado. Ahí se hallaba una voluminosa correspondencia, libretas, apuntes, fotografías y los cuadernos de Victor Serge relativos a los años mexicanos, los mismos cuya existencia siempre había negado Laurette. Estaban amarrados con un hilo en fibra de henequén que nadie había tocado en más de sesenta años y que se pulverizó al desatarlo.

A partir de ese momento, mi investigación dio un giro, pues ahora me encontraba en la condición de escudriñar la etapa mexicana —y más generalmente latinoamericana— de la vida de nuestro autor. Pasé los meses siguientes digitalizando ese material y trabajando en la edición crítica del voluminoso manuscrito, que fue publicado en el idioma original —Serge siempre escribió en francés— por la editorial Agone de Marsella con el título Carnets y en español, en versión corregida y con un aparato crítico más abundante, como Diarios.29 El grueso volumen cuenta con más de seiscientas notas y un diccionario biográfico integrado por cientos de entradas, lo cual da cuenta de la cantidad de personajes con los cuales se relacionó Serge en los cuatro puntos cardinales.

Por otra parte, la fundación Orfila-Séjourné ya no existe. En 2018 Esperanza Rascón (quien falleció a principios de 2022) vendió el archivo de Séjourné al Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Esta es, desde luego, una buena noticia, ya que ahí se encuentra en buenas manos. Desgraciadamente, el Fondo Victor Serge del archivo de Amecameca no formó parte de la transacción y en la actualidad se encuentra extraviado. Afortunadamente, en 2012 alcancé a digitalizar la totalidad de dicho Fondo, cuya parte más importante, además de los Diarios, es la correspondencia de nuestro autor con decenas de personajes de la época.

A lo anterior hay que agregar que, después del fallecimiento de Vlady, gestioné el contrato de comodato entre su viuda, Isabel Díaz Fabela, y la institución para la cual trabajo, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). De esta manera, en 2007 creamos el Centro Vlady, un espacio consagrado al estudio, la preservación y la difusión de la obra del pintor ruso-mexicano y de su padre. El Centro cuenta con 1.003 obras de Vlady, que incluyen 318 cuadernos, apuntes juveniles, óleos, dibujos, grabados y acuarelas. Cuando lo dirigí, entre 2014 y 2021, una de mis tareas fue crear y sistematizar el archivo de Victor Serge a partir del legajo de papeles de su padre con el que me había obsequiado Vlady y que entregué a la UACM.30 Las entrevistas que había realizado años antes me ayudaron a planear las exposiciones que llevamos a cabo en esos años y la citada edición crítica de los cuadernos de Vlady que realicé en colaboración con Araceli Ramírez Santos y otros investigadores.

No olvidaba mi compromiso inicial. Por entonces, el proyecto de publicar unos comentarios a los dibujos y recuerdos de Vlady sobre su padre se había convertido en algo más ambicioso: una extensa biografía de Serge que incluiría su juventud anarquista, sobre la cual el propio Vlady no contaba con informaciones precisas. Lo que ahora entrego al lector es la primera parte de ese trabajo, realizado entre agosto de 2022 y julio de 2023.

No pretendo, evidentemente, decir la última palabra sobre el tema. Sé que, como afirmaba Howard Zinn, la investigación histórica raramente es inocente, y ciertamente no me considero neutral.31 La mirada que propongo sobre Victor Serge es la de una persona que se identifica con el movimiento libertario desde hace más de medio siglo y no lo oculta. De manera que no escribí las páginas que siguen con la ecuanimidad del especialista, sino con la pasión del historiador militante y el entusiasmo del diletante profesional que me considero. Diletante en el sentido originario: alguien que disfruta de lo que hace.

 

1 Vladímir Kibálchich Rusakov, mejor conocido como Vlady, nació en Petrogrado el 15 de junio de 1920 y murió en Cuernavaca, Morelos, el 21 de julio de 2005.

2 Pino Cacucci, I fuochi, le ombre, il silenzio, Agalev Edizioni, Bologna, 1988.

3 Victor Serge, Mémoires d’un révolutionnaire, Grasset, París, 1951.

4 «La mort de Bruno Vair-Piova», http://refractions.plusloin.org/spip.php?article387.

5 Isabel Díaz Fabela (1917-2010), esposa de Vlady, falleció en Cuernavaca, Morelos.

6 Victor Serge, Pour un brasier dans le desert, Plein Chat, 1998, edición de Jean Rière. El volumen reúne: Résistance (1938), Messages (1945-46), Mains (1947), Destins (1912-1947) y otros textos.

7 Claudio Albertani, «Victor Serge: la trayectoria de un herético», Noticias de Guatemala, México, abril de 1993.

8 Claudio Albertani y Francisco Molina, «Mario Payeras. Literatura y Revolución», Jaguar-Venado n.° 1, México, marzo-abril-mayo 1994.

9 Victor Serge, Lo que todo revolucionario tiene que saber sobre la represión, Ediciones ERA, México, 1970 (hay una nueva edición del Fondo de Cultura Económica, México, 2019). Puesto que Payeras era un militante clandestino, la traducción lleva la firma de Daniel Molina.

10 Véase: Claudio Albertani, «Volin nei ricordi di Vladímir Kibálchich», Rivista storica del anarchismo, n.° 7, Pisa, Italia, junio de 1997, págs. 112-128; «Estampas anarquistas. Volin en los recuerdos de Vlady», https://cuadernosvlady.uacm.edu.mx/anexos.php.

11 Una parte de dichos dibujos y los recuerdos de Vlady formaron parte de la exposición Vlady. Revolución y disidencia, que se presentó en el Colegio de San Ildefonso, Ciudad de México, entre septiembre de 2022 y abril de 2023, con la curaduría de Claudio Albertani, Araceli Ramírez Santos y Oscar Molina.

12 Vicente Lombardo Toledano (1894-1968) destacó como un fiel aliado de la URSS, sin pertenecer nunca al PCM. Fue fundador y secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM); en 1938, secretario general de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), y en 1945 de la Federación Sindical Mundial (1945), de tendencia comunista. En 1938 fundó y dirigió el diario El Popular, que difundía las calumnias de los soviéticos contra Trotsky y, a partir de 1941, contra Victor Serge y sus camaradas. En 1949 fundó el Partido Popular, al que en 1961 agregó el apellido Socialista. Acabó como un líder subordinado por completo a los Gobiernos priístas. Véase: Daniela Spencer, En combate. La vida de Vicente Lombardo Toledano, Debate, México, 2018.

13 El nombre de Victor Serge no figura, por ejemplo, en Max Aub, Diarios (1939-1972), Alba Editorial, Barcelona, 1998, aunque sí menciona a dos de sus amigos cercanos en el exilio mexicano, Julián Gorkin (Julián Gómez García, 1901-1987) y Víctor Alba (Pere Pagès, 1916-2003), a quienes califica de «hijos de puta» en la pág. 304. Tampoco aparece en las conocidas crónicas de Salvador Novo, La vida en México en el periodo presidencial de Ávila Camacho y La vida en México en el periodo presidencial de Miguel Alemán, ambas publicadas por Conaculta, México, 1994, con nota preliminar de José Emilio Pacheco, ni en Alfonso Taracena, La vida en México bajo Ávila Camacho, Editorial Jus, México, 1976, entre otros libros que relatan la vida cultural y política de México en aquellos años.

14Bundista: militante del Bund o Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia, creada a finales del siglo XIX en el Imperio ruso.

15 Walter Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos, traducción y presentación de Bolívar Echeverría, Los libros de Contrahistorias, México, 2005, tesis II, pág. 18.

16 Bartomeu Costa Amic (1911-2002), a quien entrevisté poco antes de su muerte, no llevaba registro de sus publicaciones y de sus actividades en la década de los cuarenta.

17 Jeannine Kibálchich Rusakov, Leningrado, 1935 - Ciudad de México, 2012.

18 Émile Michon, Un peu de l’âme des bandits, Dorbon-Ainé, París, 1914. Actualmente, el libro se puede consultar en versión digital: http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k54893215.

19 Jean Maitron, Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier français, 44 vols., Les Éditions de l’Atelier, París, 1964-1997. Disponible en línea: https://maitron.fr/.

20 Richard Greeman, Victor Serge. A biography, manuscrito inconcluso e inédito, cortesía del autor; Susan Weismann, Victor Serge. The Course is Set on Hope, Verso, Nueva York, 2001 (segunda edición con el título Victor Serge. A Political Biography, Verso, 2014); Jean Rière: Victor Serge, Mémoire d’un révolutionnaire et autres écrits politiques (1908-1947), Éditions Robert Laffont, colección Bouquins, París, 2001 y Memorias de un revolucionario, traducción de Tomás Segovia, edición y prólogo de Jean Rière, Traficantes de Sueños, Madrid, 2019 (prefiero esta versión a la que editó Siglo XXI Editores con el título de Memorias de mundos desaparecidos, México, 2002).

21 Grupo cultural que anima la Biblioteca Victor Serge de Moscú bajo la dirección de Julia y Alexei Gusev.

22 En 2001, se celebró en Moscú la Conferencia Científica Internacional «Victor Serge y el socialismo antiautoritario». Las aportaciones de los participantes se pueden consultar en: A. V. Gusev (ed.), Victor Serge. Humanismo socialista contra totalitarismo, Siglo XXI Editores, México, 2009.

23 Rossiiskii gosudarstvennyi arkhiv sotsial’no-politicheskoi istorii (RGASPI), https://abb.eastview.com/rep/B-12.tab1.php.

24 Laurette Séjourné es el nombre adoptado por Laura Valentini, nacida en L’Aquila, Italia. Emigró muy joven a Francia con su familia y se casó con el ciudadano francés Bernard Séjourné, de quien se separó para juntarse con Victor Serge hacia 1937.

25 La anécdota es reportada por Tariq Alí en su reseña de los Diarios: «Inquisition mode», London Review of Books, vol. 42, n.° 14, julio de 2020. Disponible en: https://www.lrb.co.uk/the-paper/v42/n14/tariq-ali/inquisition-mode.

26 S. Weissman, op. cit., pág. 183. De la misma autora, se puede consultar su tesis doctoral: Victor Serge: Political, Social & Literary Critic of the USSR, 1919-1947; The Reflections and Activities of a Belgo-Russian Revolutionary Caught In the Orbit of Soviet Political History, Institute of Soviet and East European Studies, University of Glasgow, 1991, pág. 343.

27 En el resumen de la vida de Serge que aparece en el documento fechado el 17 de junio de 1950, el nombre de Laurette tampoco aparece. Véase: dossier Victor Serge (Kibaltchiche), GA 165 - dossier 143 316 (dates: 1911-1969). Les Archives de la Préfecture de Police, 25-27 Rue Baudin, 93310, Le Pré-Saint-Gervais, Francia. En adelante: APP, dossier Victor Serge.

28 En su clasificación del Archivo Laurette Séjourné, Ivonne Chávez clasificó el fondo Victor Serge como AHLS-Fondo VS.

29 Victor Serge, Diarios de un revolucionario (1936-47),UACM/BUAP, México, 2021. Edición crítica a cargo de Claudio Albertani, traducción de Claudio Albertani y Francesca Gargallo, portada de Vlady (primera edición en francés: Agone, Marsella, 2012).

30 El archivo del Centro Vlady se encuentra en la calle Goya 63, Colonia Insurgentes-Mixcoac, CP 03920, Ciudad de México. Cuenta con un Fondo Victor Serge y un Fondo Vlady, para un total de unos cien archiveros.

31 Howard Zinn, L’impossible neutralité. Autobiographie d’un historien et militant, Agone, Marsella, 2006. Esta es la autobiografía del historiador fallecido en 2010, quien, como Victor Serge, intentó incorporar a su obra elementos del marxismo y del anarquismo.

2. LAS MUCHAS VIDAS DE VICTOR SERGE

Hay muchas vidas en la vida de Victor Serge.

Vlady

En cada uno de nosotros hay varias personalidades potenciales o activas que sucesivamente predominan, haciéndonos adoptar actitudes divergentes, si no contradictorias. Es así que, bajo la presión de circunstancias excepcionales, caracteres inesperados se revelan incoherentes y lógicos, paradójicos y necesarios.

Victor Serge

REVOLUCIONARIO, NOVELISTA, PERIODISTA, ENSAYISTA y poeta, Victor Serge es un autor de culto. A pesar de que gran parte de los críticos literarios y los medios de comunicación lo siguen ignorando, un puñado de fervientes lectores en distintos países del mundo lo reconoce como uno de los héroes éticos y literarios más imponentes del siglo XX.32 Victor-Napoléon Lvóvich Kibálchich,33 mejor conocido como Victor Serge, nació en Bruselas en 1890 en el seno de una familia de exiliados antizaristas. Su actividad se desenvolvió en la frontera de dos mundos: la Europa liberal de anteguerra y los imperios totalitarios del siglo XX. Participó en tres movimientos revolucionarios: el español de 1917, el ruso de 1919-20 y el alemán de 1921-23. Intervino en cuatro países más: Bélgica, Francia, Austria y México. Transitó por las principales corrientes del movimiento obrero: la socialdemocracia, el comunismo libertario, el individualismo, el anarcosindicalismo, el bolchevismo y el trotskismo, sin quedar atrapado en ninguna e intentando aprender de todas para seguir adelante.

Protagonista, testigo apasionado y a la vez creador épico, Victor Serge cruzó la edad de la catástrofe con serenidad, conservando en todo momento una lucidez y una entereza admirables. Como muchos revolucionarios de su generación, sufrió acoso, prisión, deportación y exilio, pero, a diferencia de otros, nunca perdió el optimismo y la esperanza, convencido, como Rosa Luxemburgo, de que la victoria final solo puede prepararse a través de una larga serie de derrotas.34

Entró en el movimiento revolucionario siendo adolescente y, tras vivir una época borrascosa durante la que permaneció cinco años en la cárcel y largos meses en un campo de concentración para indeseables, llegó a Rusia en enero de 1919 con la firme intención de participar en la construcción de un mundo mejor. A los pocos meses, se sumó a las filas del Partido Bolchevique, convencido de que la historia caminaba ahora por el lado de Lenin y Trotsky. Fue integrante de los servicios de prensa de la Internacional Comunista y llevó a cabo labores conspirativas en relación con el fracasado intento de fomentar una revolución soviética en el resto de Europa. A partir de 1926, se convirtió en un miembro prominente de la oposición de izquierda, lo cual clausuró su futuro político en la URSS e inauguró una nueva etapa de exilios y persecuciones.

Además de militante, Victor Serge fue también —o tal vez en primer lugar— un gran escritor, un escritor de idioma francés y espíritu ruso. Es autor de unos veinte libros entre ensayos, estudios históricos, poemas, cuentos y novelas, aunque su obra más duradera es probablemente Memorias de un revolucionario, libro épico y verdadera enciclopedia de las revoluciones de la primera mitad del siglo XX. Además, fue un notable periodista, un destacado crítico literario y escribió una copiosa correspondencia.35 En palabras del poeta peruano Juan Luis Velázquez, «la vida y la obra de Victor Serge son la vida y la obra de un gran poeta revolucionario».36

Expulsado del Partido Bolchevique en abril de 1928, a los pocos días se encontró frente a frente con la muerte a causa de una oclusión intestinal. Cuando supo que iba a sobrevivir, hizo un balance de su vida: veinte años de militancia, de los cuales nueve habían estado dedicados a la causa bolchevique. Había trabajado, luchado y aprendido sin producir —pensaba— nada válido y duradero. «Si de casualidad sobrevivo, habrá que terminar pronto los libros comenzados, escribir, escribir... Pensé en lo que escribiría, esbocé mentalmente el plan de un conjunto de novelas-testimonios sobre mi tiempo inolvidable...».37

Publicó su primera novela —Hombres en prisión—38 a los cuarenta años, y dedicó el resto de su vida a un acucioso trabajo como memorialista, historiador, periodista y poeta. «Entiendo la literatura como un medio de expresión y de comunión entre los hombres, un medio particularmente poderoso a los ojos de quienes quieren transformar la sociedad. Decir lo que uno es, lo que uno quiere, lo que uno vive; por qué se lucha, se sufre, se conquista. Entonces, hay que estar entre los que luchan, sufren, caen, conquistan», escribió a su amigo Panaït Istrati.39

El hilo conductor de la obra que nos lega es una pregunta angustiosa: ¿cómo pudo una revolución emancipadora y libertaria transformarse en un régimen totalitario? ¿Dónde estaba el error? Meditadas y equilibradas, raramente cargadas ideológicamente, las respuestas de Serge se encuentran más en su obra literaria que en sus ensayos históricos.

En el ciclo épico Los revolucionarios —título con el que, después de su muerte, un editor francés reunió en un espeso volumen cinco de sus novelas—, narró las hazañas, tropezones y desaciertos de los anónimos protagonistas de las grandes sublevaciones sociales de su tiempo.40 En Les derniers temps («Los últimos tiempos», no traducida al español) relató la invasión nazi a Francia en junio de 1940. En Los años sin perdón, obra póstuma publicada en 1971,41 narró el exterminio de la generación revolucionaria bajo la bota de Stalin y también bosquejó magistralmente algunos paisajes de México, el país a donde llegó en 1941 en calidad de refugiado político acompañado de su hijo, el futuro pintor Vlady.

En opinión de Richard Greeman —uno de sus traductores al inglés—, la vocación del escritor ruso-belga está basada «en una elevada concepción de la misión del artista, un gran profesionalismo adquirido a través de un largo aprendizaje y una situación única en la historia de la literatura. Serge no solo se desarrolló específicamente como artista socialista dedicado a dejar un testimonio sobre la grandeza y la tragedia de la Revolución rusa (de manera parecida a lo que hizo Jules Vallès con respecto a la Comuna de París), sino que es el único integrante del movimiento literario soviético de los años veinte que sobrevivió para escribir la verdad sobre la era estalinista».42

Precisemos que la literatura sergiana se encuentra muy alejada del pesimismo y del anticomunismo ramplón tan característicos de los decepcionados de su generación. En el último párrafo de Memorias de un revolucionario, nos deja el siguiente mensaje: «El porvenir se me presenta, cualesquiera que sean las nubes en el horizonte, lleno de posibilidades más grandes que las que entrevimos en el pasado. Ojalá que la pasión, la experiencia amarga y las faltas de la generación combatiente a la que pertenezco puedan aclarar un poco sus caminos. Con esta condición única, convertida en imperativo categórico: no renunciar jamás a defender al hombre contra los sistemas que planean la aniquilación del individuo».43

«Recuerdos de mundos desaparecidos» es uno de los títulos que Serge había pensado para ese libro publicado póstumamente en 1951 como Memorias de un revolucionario.44 No es una autobiografía en sentido tradicional, mucho menos un trabajo de introspección. El propósito es otro: rescatar las hazañas de los miles de héroes anónimos cuyas vidas se cruzaron con la del autor. «Ni memorias ni obra de imaginación, aunque relacionado con ambas, he definido el género: testimonio. Considero que el escritor es un testigo, que las memorias son en gran parte fruto de la imaginación y que, sin embargo, no hay nada por encima del servicio a la verdad».45

Hay que agregar que Serge era sumamente reservado a la hora de hablar de sus asuntos personales: «Se habrá notado —escribe— que siento poco interés en hablar de mí mismo. Me es difícil disociar a la persona de los conjuntos sociales, de las ideas y de las actividades en las que participa, que importan más que ella y le confieren un valor».46 En los Diarios de un revolucionario, precisó: «Retener, fijar, comprender, interpretar, recrear la vida. [...] Solo se tiene una vida, una personalidad nunca circunscrita, que contiene muchos destinos posibles y que por tanto no es única, sino que se confunde entre innumerables raíces, afinidades, comunicaciones (la mayoría de ellas indecibles en términos racionales) con las otras existencias humanas, y la tierra, los seres, el Todo. Escribir se convierte entonces en una búsqueda de la personalidad múltiple, una manera de vivir diversos destinos, de penetrar en el otro, de comunicarse con él».47 Esa idea de «personalidad múltiple» es, me parece, la clave de la vida y la obra sergiana: el escritor habla de sí únicamente cuando la narración lo exige.

Hoy, los libros de Victor Serge se vuelven a editar en diferentes idiomas, incluido el español, y, poco a poco, se le va otorgando el crédito que merece como escritor, poeta y hombre de ideas. En Francia, el país al que perteneció lingüísticamente, se le considera un disidente temprano, lo cual es verdad, pero su nombre no figura en los diccionarios de literatura. En Rusia, su patria espiritual, apenas se le empieza a conocer; en Bélgica, donde nació, es más bien ignorado. En México, donde vivió sus últimos años, se le comienza a tomar en cuenta, especialmente después de la publicación de los Diarios. Entre las ediciones recientes, se pueden leer algunos ensayos de Beatriz Urías que abordan a Serge desde el punto de vista de la historia de las ideas.48

Sin embargo, gran parte de los libros sobre la izquierda en México no lo mencionan, y Serge tampoco aparece en las crónicas literarias de la época.49 Elena Poniatowska, autora de varias obras sobre distintas figuras de la izquierda mexicana, apenas si lo nombra en su biografía de la pintora surrealista Leonora Carrington, y se equivoca cuando escribe: «Victor Serge, Laurette Séjourné y su hijo partieron rumbo a La Martinica». Lo cierto es que Victor y Laurette no tuvieron hijos juntos y tampoco partieron juntos hacia América.50

Una excepción notable es Octavio Paz, quien nos dejó el siguiente testimonio: «Al comenzar el año de 1942, conocí a un grupo de intelectuales que ejercieron una influencia benéfica en la evolución de mis ideas políticas: Victor Serge, Benjamin Peret, el escritor Jean Malaquais, Julián Gorkin, dirigente del POUM,51 y otros (a Víctor Alba lo conocería meses después).52 A veces se unía a ese grupo el poeta peruano César Moro.53 Nos reuníamos en ocasiones en el apartamento de Paul Rivet, el antropólogo que fue después el director del Museo del Hombre de París.54 Mis nuevos amigos venían de la oposición de izquierda. El más notable y el de mayor edad era Victor Serge. Nombrado por Lenin primer secretario de la Tercera Internacional, había conocido a todos los grandes bolcheviques.55 Miembro de la oposición, Stalin lo desterró a Siberia. [...] La figura de Serge me atrajo inmediatamente. Conversé largamente con él y guardo dos cartas suyas.56 [...] Nada más alejado de la pedantería de los dialécticos que la simpatía humana de Serge, su sencillez y su generosidad. Una inteligencia húmeda. A pesar de los sufrimientos, los descalabros, y los largos años de áridas discusiones políticas, había logrado preservar su humanidad. Lo debía sin duda a sus orígenes anarquistas; también a su gran corazón. [...] Victor Serge fue para mí un ejemplo de la fusión de dos cualidades opuestas: la intransigencia moral e intelectual con la tolerancia y la compasión».57 Hermoso juicio que ubica al personaje en su dimensión humana.

AUNQUE CUESTE creerlo, Victor Serge también ha generado rechazo. Un autor de filiación libertaria, Jean-Luc Sahagian, lo define como un «hombre doble», y llega al extremo de afirmar que, en su defensa obstinada del bolchevismo, buscó la verdad pero sirvió a la mentira.58 Si bien Sahagian tiene el mérito de valorizar la etapa juvenil de nuestro autor —período que suele ser ignorado—, la acusación de participar en la construcción de la falsificación soviética es, evidentemente, una aberración que carece de fundamento.59 Por su parte, Ernest Haberkern, un prosista de aparente adscripción trotskista, emplea citas fuera de contexto para falsificar el pensamiento de Serge, acusándolo de reaccionario, antidemocrático y hasta «libertariano».60 Recordemos que el libertarianismo es la ideología reaccionaria de unos economistas ultraliberales que quieren adelgazar el Estado para engordar las arcas de los capitalistas.61

Lo anterior solo muestra que la dificultad de encasillar a Serge en alguna corriente política definida incomoda a los sectarios, pero seduce a los espíritus libres. Alice Becker-Ho me contó recientemente que cuando, muy joven y todavía sin experiencia política, conoció a Guy Debord, de quien después sería la compañera, este le recomendó leer las memorias de Victor Serge para iniciarse a la literatura revolucionaria.62

Dicho esto, es verdad que el escritor ruso-belga vivió un conflicto entre las ideas libertarias que profesaba al momento de llegar a Rusia en 1919 y el proceso revolucionario, que devino profundamente autoritario, en el que aceptó participar. También lo es que, como veremos, su tránsito del anarquismo individualista al comunismo leninista es difícil de entender, y las explicaciones que ofrece en sus libros son insuficientes. Memorias de un revolucionario, por ejemplo, es indudablemente ese documento político, humano y literario que nos sigue fascinando, pero no ofrece explicaciones claras sobre su evolución política.

Aun así, es injusto atribuir a Serge sentimientos antidemocráticos o, peor, una voluntad de simulación y un taimado apetito de poder.63 Como todos los seres humanos, el escritor rusobelga no estaba exento de contradicciones. Susan Sontag, quien lo admiraba y lo consideraba el emblema del intelectual universal y subversivo, señaló que sus libros son probablemente mejores, más sabios y más importantes que la persona que los escribió. La creencia contraria, sigue Sontag, desdeña a Serge y las preguntas fundamentales que honró con su lucidez, su rectitud, su valor, sus derrotas: ¿Cómo debemos vivir? ¿Qué sentido puedo darle a mi vida? ¿Cómo se puede mejorar la de los oprimidos?64

Pero, ¿quién era realmente Victor Serge? En la actualidad, existe sobre el escritor la biografía de Susan Weissman, no traducida al español, y otra, tampoco traducida, a cargo de Paul Gordon.65 Más recientemente, el historiador costarricense Rodrigo Quesada Monge ha publicado Victor Serge. Individuo, historia y revolución.66 Ninguna de las tres obras aborda los años juveniles del escritor, mucho menos los orígenes anarquistas que menciona Paz. Y, sin embargo, me parece que la intensa militancia libertaria desplegada por Victor Serge entre 1907 y 1919, e incluso después, ofrece la clave para entender el resto de su vida y obra, más allá de las ideologías en ocasiones encontradas con las cuales se identificó en distintos momentos.

Entre marzo de 1908, cuando a los diecisiete años publicó su primer artículo en la prensa anarquista belga, y febrero de 1919, cuando llegó a Rusia tras un viaje venturoso, encontré 216 artículos de su autoría, y estoy seguro de que la lista no está completa. Firmados con distintos seudónimos, aunque la gran mayoría como Le Rétif, se hallan diseminados en las mejores publicaciones ácratas en lengua francesa de la época: Le Communiste, Bulletin de l’Internationale Anarchiste, Le Révolté, Le libertaire, Les Temps Nouveaux, l’Ère Nouvelle, l’anarchie, Pendant la mêlée, par delà la mêlée y la Mêlée, además de Tierra y Libertad de Barcelona.67

Así como hay muchos Marx y distintos Trotsky,68 también hay múltiples Victor Serge. El joven comunista anárquico de los años 1907-1909 no pensaba igual que el individualista de 1909-1918, el «bolchevique libertario» de 1919-1920, el revolucionario profesional de 1921-1924, el «trotskista» (entrecomillado porque en realidad Serge nunca fue un trotskista ortodoxo) de 1925-1936 y el socialista revolucionario de los años 1936-1947. Y, sin embargo, un hilo conductor enlaza las muchas vidas de Victor Serge: la crítica del poder y la pasión por la libertad, además de no haber sido nunca compañero de viaje de totalitarios y fabricantes de mentiras.

«Mi camino hacia el comunismo duró una docena de años [...]. Antes había militado en los movimientos anarquistas belga, francés y español», escribe él mismo desde Petrogrado en 1920 en un reportaje para la revista anarcosindicalista La vie ouvriére.69 Añade que escribe con el pensamiento puesto constantemente en sus recientes camaradas, con la inquietud de evitar sus objeciones, con el deseo de hacer comprender mejor la revolución proletaria; también con la necesidad de una constante discusión consigo mismo.70 Si consideramos que vivió cincuenta y siete años, cuarenta de los cuales consagrado a la actividad revolucionaria, ese lapso de doce años equivale a poco menos de una tercera parte de su trayectoria militante.

Lo cierto es que Serge —hay que subrayarlo— fue un comunista singular. Nunca dejó de reivindicar a Bakunin, Kropotkin, Louise Michel, Malatesta y Reclus, además de a Nietzsche y al propio Stirner. En El nacimiento de nuestra fuerza, novela que publicó en 1931 (la segunda del ciclo «Los revolucionarios»), cuando era un militante trotskista, dibuja con simpatía a Broux, alter ego de André Miquel, exadministrador de l’anarchie, el periódico individualista que el propio Serge había dirigido entre 1911 y 1912.

Una lectura atenta de su vasta producción política, periodística y literaria revela que su querella —que sí la hay, y en ocasiones es muy dura— no es tanto con el anarquismo, sino con algunos anarquistas de su tiempo que, en su opinión, habían perdido el rumbo. También es verdad que en algún momento —no está claro exactamente cuándo— dejó de ser individualista. «No me siento en modo alguno individualista», escribe al final de su vida, tal vez para explicarse a sí mismo su intensa militancia juvenil al lado de Raymond Callemin, Jean de Boë, Émile Chapelier, Rirette Maîtrejean, É. Armand y otros de los que hablaremos. «Más bien “personalista” —sigue— en el sentido de que la persona humana se me presenta como un valor muy alto, pero integrada en la sociedad y en la historia. La experiencia y el pensamiento de un hombre sólo tienen significación digna de atenderse en ese sentido. No se vea aquí sin embargo ningún deseo de borrarme; es preciso, estoy convencido de ello, ser uno mismo sencillamente, plenamente, sin abdicación como también sin deseo de disminuir al prójimo. En definitiva, nada nos pertenece como propio, si no es nuestra buena voluntad para participar en la vida común».71

Lo que ha sucedido es justo esto: por distintas razones, los años anarquistas del revolucionario ruso-belga han sido olvidados o, de plano, borrados. Justo es reconocer que dicho olvido de alguna manera ha sido alentado por el propio Serge, quien en sus libros —especialmente Memorias de un revolucionario— tiene una