A todos atte. - Mayra Soledad Jussepp Chaves - E-Book

A todos atte. E-Book

Mayra Soledad Jussepp Chaves

0,0
5,99 €

-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

¿Qué dirías si pudieras decirlo todo? Con un estilo reflexivo, la autora presenta su primer libro de género epistolar, compuesto por 19 cartas dirigidas a diferentes destinatarios, que pueden ser reales o ficticios. A lo largo de esta obra, se logran dilucidar frases divertidas y algunas con tono tajante, lo cual, genera cierta complicidad entre la autora y el lector. En todos los casos, pretende empatizar sobre temas comunes entre los humanos, y hacerlos reflexionar sobre su existencia, rescatando recuerdos y, sobre todo, ofreciendo palabras constructivas para tomar acción por sus sueños.

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB
MOBI

Seitenzahl: 109

Veröffentlichungsjahr: 2021

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Jussepp Chaves, Mayra Soledad

A todos atentamente : cartas que laten / Mayra Soledad Jussepp Chaves. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2020.

128 p. ; 22 x 15 cm.

ISBN 978-987-708-721-5

1. Cartas. 2. Autobiografías. 3. Memoria Autobiográfica. I. Título.

CDD A866

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,

total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución

por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad

de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2021. Jussepp Chaves, Mayra Soledad

© 2021. Tinta Libre Ediciones

Agradecimientos

A las personas que me crucé.

A los caminos que transité.

Dedicatorias

A mi debilidad hecha persona.

A mis ángeles protectores.

A todos, atte.

Cartas que laten

Prólogo

Creo, firmemente, que el verbo sentir es indispensable para el ser humano. El inicio de nuestra existencia tiene como carta de presentación el sonido de un tambor natural que contiene, de forma física y espiritual a nuestra más pequeña versión. Este músculo mayor da vida y protege, pero, a la vez, otorga la autonomía necesaria para crecer en un medio cálido y colmado de provisiones y, ¿saben qué?, ¡hasta tenemos nuestro propio tambor! El amor más profundo comienza ahí y nos deja “ser y sentir”. Transitamos los primeros nueve meses, formando parte de un mundo lleno de personas que no pueden vernos, pero que saben que estamos ahí. Con cierta incertidumbre, escuchamos voces, las naturalizamos y vamos moldeando algo grandioso. Somos reyes y señores de ese lugar, nuestros órganos sensoriales se activan con cada estímulo externo e interno y se lo retransmiten a nuestro pequeño cerebro para que haga el trabajo difícil: procesar la información hasta convertirla en recuerdos. Si todo esto sucede sin haber salido, imagínense el universo infinito de posibilidades que podemos alcanzar cuando, por fin, nos saquen de ahí. Con el paso del tiempo, los procesos químicos y físicos hacen lo suyo, nuestras extremidades se alargan, podemos entrelazar los dedos de nuestras manitos y la oscuridad que pateábamos en un principio se torna más clara.

La incomodidad de estar situados en un lugar que ya no tiene la capacidad para contenernos es la emancipación más temprana que cualquier humano afronta en su vida. Llega exacerbada de iluminación, frío repentino, y el salir de ese ambiente cálido es una decisión forzada por el mismo medio que nos contuvo y ahora, sin ton ni son, busca expulsarnos y a otra cosa mariposa.

El amor duele y cualquier madre parida podrá describir con lujo de detalles ese momento, que, a pesar de cualquier secuela, fue tan verdadero y supremo que hizo olvidar el dolor para dar lugar a lo esencial. Y ahí vamos, nos echamos a volar en un mundo desconocido. Ahora que lo pienso bien, algo conocemos de este nuevo mundo, que sea el lugar que sea, si no encajamos, ¡seguro nos van a querer expulsar! En ese preciso momento nos sentimos desorientados y, por más fuerte que suene, si nacimos con suerte, un ser de luz nos toma de la mano y calma nuestras ansias con la familiaridad de su tono de voz y sus caricias. Ese día no lo sabemos, pero va a soltarnos, únicamente, cuando nos vea fuertes y capaces de afrontar este largo viaje, livianos de ataduras.

Les hablo del sentir, porque siento que los sueños se gestan en nuestro interior. De la misma manera, todo surge desde una pequeña idea, la cual va tomando fuerza con cada hipótesis de éxito, analizamos, evaluamos, decimos una vez que no y cuatro veces que sí. El miedo aturde, pero la esperanza lo acalla. Cuando nuestro envase contenedor agota toda su capacidad y ya no permite que esa idea siga creciendo, la tapa del frasco sale despedida y no hay forma alguna de disimular las ganas de ir por esos sueños. Lo hablamos con nuestros seres queridos, nos brillan los ojos y por momentos quedamos nublados pensando en lo que podría pasarnos si nos animamos a dar el primer y gran paso para ir a su encuentro.

Al escribir estas líneas, quisiera que comprendan que este es uno de mis sueños. Luego de tantos borradores, me animo a publicar mi primer libro, el cual gesté desde lo más profundo de mi corazón y mi mente. Me urge que mi paso por el planeta Tierra deje una huella, por más leve que esta sea.

Introducción

Cuando era pequeña, me fascinaba coleccionar hojas de carta, grandes, chicas, con perfume, con formas, etcétera. Las guardaba muy prolijamente con su sobre correspondiente en una carpeta llena de folios, las cuidaba como oro. Llegué a tener más de trescientas. El tiempo pasó rápido y, cuando llegó la adolescencia, esa colección quedó olvidada dentro de una caja cerrada, encima de un placard. Creo que, de haber podido hablar, me hubiesen dicho: “Pensar que te hacíamos tan feliz”. Ya de mayor, me vi en la obligación de reducir la cantidad de recuerdos que tenía amontonados en mi habitación, porque había una mudanza a la vista y, muy fríamente, vendí mi colección al mejor postor. En el momento no me di cuenta, pero cuando me cayó la ficha, expresé mi tristeza mediante el llanto y me sentí una adulta estúpida. Trataba de consolarme diciéndome a mí misma que podría comenzar nuevamente, pero la única verdad es que esa colección era invaluable por el esfuerzo y tiempo que había dedicado a ella. Ahora comprendo que un niño conoce el término creatividad cuando pone todo su esmero en conseguir algo que quiere con todo su corazón. Una simple colección o algún que otro invento pueden ser ejemplos de lo que digo.

Así fue como perdí, un poco, la ilusión de lo mágico y, si la niña que fui se parase frente a mí y pudiera decirme algo sin utilizar palabras, con sacarme la lengua ya lo habría dicho todo.

Medité conmigo misma el haber tenido en mi poder una carpeta repleta de cartas en blanco, juntando tierra en el rincón (y una que otra tela de araña) y no puedo creer que ¡ni las perfumadas tuvieran destinatario!

“No hay mal que por bien no venga”: dicho popular que llevo como bandera cada vez que la vida me cambia los planes.

El objetivo principal de este libro es descargar pensamientos y perpetuar momentos mediante cartas escritas a diversos destinatarios. Comprendo que, irremediablemente, los humanos fuimos creados para desaparecer, son pocos años para tantos sueños e inmensidad de palabras por decir. El tintero no tiene la capacidad suficiente para guardar todas las cosas que no nos animamos a decir, o que dejamos para más tarde.

Busco que te identifiques con mis escritos, que prepares el té, el mate o la cerveza, y te tomes el tiempo necesario para leer e interpretar cada carta. La idea es que tu cerebro despierte y diga “yo hubiera dicho...”.

El nudo en la garganta todos lo sentimos al menos una vez en la vida, ya sea por ganas de llorar o gritar. “Hay más tiempo que vida”, dicen los viejos (con cariño). Los años pasan y van a seguir pasando, mientras que nosotros nos vamos a marchitar, pero no quiero que lo tomen como sinónimo de resignar. Pienso que no tenemos que cerrar los ojos cansados y decir “en otra vida será”, nadie tiene la certeza de la segunda oportunidad. El tiempo es hoy y ahora. “Vida hay una sola”, dicen otros y, honestamente, es lo único que podemos palpar. Consejo: “La vergüenza guardadla en un cajón, porque si hay algo que no tenemos permitido, es ir por la vida conformando a esos debilitadores emocionales que se ríen de la otra mitad que tiene el afán de ir al encuentro de sus sueños”.

El contenido de estas páginas pretende rozar tus pensamientos y empujarte al clic. Han sido escritas sobre líneas paralelas que no se tocan entre sí, pero, no obstante, sus relatos se entrelazan y ofrecen realidad en su contenido. Tal es así, que te imagino sintiendo lo que yo sentí al escribirlo y cuando dos almas coinciden en tiempo y espacio, dentro de un universo infinito, nada, pero nada, vuelve a ser lo mismo.

Cuántas veces nos habremos parado frente al espejo para vernos, analizarnos y preguntarnos: “¿Cómo me verán los demás? ¿Por qué mis facciones son así?”. O, simplemente, un “hola, sexi”, en confianza con quien se refleja, que es, ni más ni menos, quien nos va a acompañar para toda la vida. A medida que corren los años, intentamos conocernos a nosotros mismos, y aunque lo neguemos, no llegamos a terminar de hacerlo.

Nuestra realidad emocional, creemos asimilarla, pero no es, hasta el momento en que nuestra vida coincide con la de otra persona, que comenzamos a conocernosverdaderamente. Hasta la persona más firme en opiniones o formas de pensar siente que los demás condicionan y tocan el núcleo. El más terco nunca lo va a aceptar, pero, por sentido común, la interacción con otros nos saca de la burbuja. Es ahí cuando nos damos cuenta de que la autocrítica y posterior mejoramiento (o no) de nuestro espíritu parten de la relación con mis pares: ¿cómo accionaría?, ¿cómo contestaría?, ¿cómo?, ¿cómo?, ¿cómo?

Sin más que agregar, comienza A todos, atte.

Si me olvido de alguien, nos vemos a la vuelta… Después de todo, el mundo es un pañuelo.

Mis disculpas de antemano por el lunfardo argento juvenil, a veces solo nace.

Carta 1

La más necesaria

Para decir las cosas, debemos ser concisos y arrancar con la copa fuerte. Si titubeamos al hablar o no tenemos definida la idea principal, no sirve de nada, no se cambia el mundo hablando bajo. Es por lo que este primer capítulo, está dedicado a una persona muy especial: la que nos acompañó en cada decisión, en cada acierto y en cada fracaso. Lloró con nosotros y nos abrazó fuerte cuando fue necesario, también rio a carcajadas y con cierta paciencia nos dijo: “Tranquilo, ya lo conseguirás”. Le metió garra y le tocó caer sin paracaídas junto con nosotros frente a cada decepción.

No podía ser de otra forma. Mi primera carta es a “mí mismo”, muy merecida.

Carta a mí mismo Yo, Ello, Superyó

Mi idea era comenzar esta carta citando los conceptos fundamentales de la teoría del psicoanálisis, con la que Sigmund Freud intentó explicar el funcionamiento psíquico humano. yo (parte actuante, consciente, mediadora); ello (pulsiones y deseos); superyó (autoevaluación, críticas), pero quiero ser simple y sin tanto concepto, por dos motivos:

Psicóloga, no soy.Esta carta está dirigida a un niño que con su inocencia no lograría entenderlo, a un adolescente que le importa un carajo, y a un adulto que no tiene tiempo de pensar en palabras difíciles.

Es por lo que y con su permiso, le voy a cambiar el nombre a mi primera carta:

Carta a mi niño, a mi adolescente, a mi adulto

Pequeño escuincle: Llegaste a un mundo que no estaba listo para recibirte. Por más deseado que hayas sido, si fuiste el primer hijo, tus papás no sabían ni preparar la mamadera, y de cambiar pañales, ni hablemos. Seguramente, pasaste tus primeros meses o muy duro de vientre o muy blando según la cantidad de cucharadas de fórmula que tenía el agua caliente. Si fuiste el segundo (y tuviste la desdicha de ser del mismo sexo que tu hermano/a), la ropa usada era la de moda; y si fuiste el tercero, cuarto, quinto o sexto, las medias ya no eran del par.

La infancia transcurrió entre raspones de rodillas, Papá Noel, los Reyes Magos y el timbre del recreo. Fuiste feliz, reíste, peleaste, coleccionaste cosas, late late late, nola, pediste permisos, lloraste con el no y a veces te escapaste. Te mordió el perro del vecino, —“Huelen el miedo”, decían las abuelas—, y volviste a llorar. Viste dibus, y cuando no existían, hiciste un opi, agarraste una japo y ganaste, también perdiste, pero perder es bueno, porque te hace preparar para la próxima. Te pusiste a prueba físicamente en cada carrerita, la mancha, la escondida, etcétera, etcétera, etcétera. Creciste jugando, llorando y riendo; seas del lugar que seas, seas el niño que seas, porque la inocencia no se hace rogar y cualquier niño en cualquier parte del mundo, (y a pesar de vivir en un ambiente no tan agradable) se hace el tiempo para jugar y reír. A tu lado, si tuviste suerte, viste a tu mamá y a tu papá juntos; si no fuiste tan afortunado, solo habrás visto a uno de ellos, o a ninguno.

Conociste la muerte de un abuelo, de una abuela, de una tía lejana, o de tu mascota y aprendiste que todos, algún día, vamos a desaparecer y nadie sabe a dónde vamos. Tus dudas empezaron a surgir.

Insististe mucho con muchas cosas, hiciste berrinches de apocalipsis, te hiciste el enojado, pero también abrazaste y besaste mucho las mejillas de tus seres queridos. Fuiste tierno y no sabías lo que era la vergüenza de decir “te amo, te quiero, te extraño”.

Tu niñez transcurrió en preguntas simples al principio. —Papi, ¿qué estás arreglando?; —Papi, ¿a dónde vas?; —Mami, ¿estás limpiando?; —Mami, ¿hay masitas? Cada una repetida muchas, muchas, veces. Mami, mami, mami, mami, papi…

A medida que creciste, surgieron los “¿por qué?”. Algunos fueron fáciles y otros, más difíciles.

Con cada respuesta que te dieron los adultos se fue armando tu personalidad. Como los bloques de juguete, poco a poco fuiste creando a tu adolescente.