Abuelo - Alberto Diaz Lombardia - E-Book

Abuelo E-Book

Alberto Diaz Lombardia

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Beschreibung

Abuelo es un libro para atesorar. En él se relata la historia de un hombre que nació en una pequeña aldea de Galicia y fue criado por su madre y sus abuelos a raíz de la pérdida de su padre. Atravesado por la guerra civil, la posguerra y sus miserias, estas páginas recogen parte de su infancia, la emigración a Argentina, la separación, el desarraigo, la soledad. Volver a empezar en un país extraño, sin amigos, sin familia, dedicando años al estudio y al trabajo, pasando por éxitos y fracasos.  Esta es la historia de un hombre que, buscando un mejor porvenir, luchó por conquistar nuevos sueños.

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Seitenzahl: 213

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Abuelo

Un cuento para mis nietos

Díaz Lombardía, Alberto

Abuelo : un cuento para mis nietos / Alberto Díaz Lombardía. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Tercero en Discordia, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-8971-32-2

1. Autobiografías. 2. Narrativa Española. I. Título.

CDD 808.8035

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor.

ISBN 978-987-8971-32-2

Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723.

Abuelo

Un cuento para mis nietos

escrito por Alberto Díaz Lombardía

PREFACIO

§

Me tocó nacer y dar mis primeros pasos durante el régimen democrático de la Segunda República que existió en España, entre el 14 de abril de 1931 —fecha en que se sustituyó la monarquía de Alfonso XIII— y el 1 de abril de 1939 —fecha del final de la Guerra Civil— que dió paso a la dictadura franquista.

Fue presidente de la República Niceto Alcalá Zamora que gobernó hasta 1936, cuando empezó la Guerra Civil. Desde 1936, el presidente fue Manuel Azaña hasta 1939 —fecha del final de la Guerra Civil— luego se hizo cargo del gobierno el dictador Francisco Franco Baamonde, gallego de El Ferrol, que gobernó España desde 1939 hasta su fallecimiento en 1975.

Durante la posguerra y por muchos años, España permaneció aislada de Europa por su régimen fascista, apoyado por Mussolini y Hitler. Quienes a su vez apoyaron a Franco durante la guerra, contribuyendo con armamento y el envío de soldados: 5.000 alemanes y 75.000 italianos. Los aviones alemanes que se utilizaron en la segunda guerra mundial fueron probados en Guernica, destruida por los bombardeos de esos aviones manejados por pilotos italianos.

La guerra civil española fue el conflicto más sangriento que Europa Occidental había experimentado desde el fin de la Primera Guerra Mundial.

Después de la contienda, Franco instauró una dictadura que duró 36 años. En sus inicios 114.000 personas fueron asesinadas ilegalmente y arrojadas en fosas comunes. Se prohibió hablar en los idiomas: gallego, vasco y catalán; solo castellano podía hablarse en todas las regiones de España. Se implantó la depuración de la enseñanza, apoyada por la Iglesia. Franco fue felicitado por el papa Pío XII.

La guerra dejó una sociedad rota: pobreza, miseria y las represalias contra los derrotados que fue permanente durante años. La atroz cacería de todo lo sospechoso de militancia de izquierda fue total.

Muchos españoles sufrieron hambre y necesidades. El gobierno implantó el racionamiento. Cada habitante tenía una cartilla que le autorizaba a conseguir una cuota correspondiente de productos racionados: aceite, azúcar, tabaco. La ración era insuficiente por lo que había que recurrir al estraperlo mercado negro.

No se podía pasar determinados alimentos de una provincia a otra; había Aduanas entre provincias. Las necesidades de la posguerra, superaron a las de la guerra misma.

Viví mis primeros años en una España conflictiva, contradictoria y con futuro incierto, donde como yo, cientos de miles de gallegos optaron por emigrar en busca de nuevos horizontes para poder obtener más y mejores resultados que los que ofrecía nuestra propia patria.

Vinimos a esta tierra dispuestos a trabajar en cualquier actividad que nos permitiera progresar producto de nuestro esfuerzo y poder ayudar a nuestras familias, aun a costa de desarraigarnos de nuestra tierra y de nuestros seres queridos.

Yo estoy muy agradecido con este país que me dió la oportunidad de trabajar, educarme y construir una posición que me permite vivir los últimos años de mi vida sin apremios.

Me considero retribuido por el amor de mis hijos y nietos, de los que me siento orgulloso. Porque ellos son ni más ni menos lo que siempre quise que fueran: buenos hijos, buenos nietos, buenas personas, buenos en lo que hacen en sus actividades profesionales y laborales.

Alberto Díaz Lombardía

PRIMERA PARTE

§Capítulo 1

Es una tarde de verano soleada y apacible, los jardines de nuestras casas son amplios y verdes, poblados de frondosos paraísos, magnolias, palmeras, pinos, cipreses, laureles y verdes arbustos, las plantas de jazmines cargadas de blancas flores. Las diferentes santa rita enredadas en los árboles, cada una con sus distintos colores de flores violetas, rojas y rosas; adornan nuestro barrio. Comienza el año 2022, hemos vivido dos años fatales, la pandemia del Covid 19 causó millones de muertos en el mundo, en Argentina más 120.000 personas han fallecido, lamentablemente no sabemos cuánto tiempo más tendremos que cuidarnos.

Sentado frente a una mesa de jardín en la galería de mi casa en Escobar, veo como mis nietos juegan a la pelota en el amplio parque frente a la casa.

Los observo con amor de abuelo ¡Tantos años sobre mis hombros!

Ver a mis nietos llenos de energía, me hace pensar. Una lágrima asoma en mis ojos, me siento nostálgico y sentimental. Pienso en su futuro, son fuertes, tiernos y llenos de vida. Pido a Dios que los proteja y los guíe por el camino correcto y honorable de la vida.

Después de un rato largo de jugar con la pelota, ya cansados, se acercan a mí, toman un sorbo de agua fresca y se quedan quietos unos minutos. De pronto se levantan y se desafían a jugar otro partido. Yo les pido que descansen un poco más y me hagan compañía.

—No abuelo, queremos jugar. Solo nos quedamos si nos contás un cuento.

—Caramba me pusieron en un aprieto. Soy malo para contar cuentos— les dije y pensé cómo salir del paso— ¿Sabéis que no me acuerdo de ningún cuento para niños?

—Inventá uno— me contestaron.

—También soy malo para eso, imaginar cuentos para niños no es mi fuerte.

—Bueno, entonces seguimos jugando a la pelota.

—¡Esperen! Puedo contarles una historia real, una historia parecida a la mía, muy larga y con múltiples alternativas que se prolonga por muchos años.

—Si, sí abuelo, contános esa historia y nos quedamos contigo.

—Se trata de una historia real, como si fuera la propia historia de mí vida, incluso usando los nombres de los personajes y de los lugares donde se produjeron.

La historia comienza en España a principios del año 1930. En aquella época estaba dividida políticamente, distinta a lo que es en la actualidad, en regiones compuestas por provincias. Posteriormente, después de sufrir una terrible guerra civil que enfrentó a los españoles entre los años 1936–1939 y de vivir en una larga dictadura durante mas de 35 años —gobernó España el dictador Franco— se produjeron cambios en la división política de España.

Muerto Franco, el 20 de noviembre de 1975, cambia la forma de Gobierno de España —que se rige por una constitución que restaura la democracia— y asume el Rey Juan Carlos I, que había sido nombrado como su sucesor por el propio Franco.

Recuperada la democracia, el mapa de España se convierte en 17 autonomías: Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, La Rioja, Madrid, Murcia, Navarra y País Vasco; más dos comunidades autónomas Ceuta y Melilla, ubicadas en África.

Anteriormente y durante la dictadura, el mapa político de España, tal como nos enseñaban en el colegio, estaba formado por 49 provincias. Organizadas de la siguiente forma: Galicia era una región que la constituían las cuatro provincias de La Coruña, Lugo, Orense y Pontevedra. Luego otra región era Asturias con una sola provincia que era Oviedo. Otra región era Las Provincias Vascongadas, formadas por Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. Navarra con una sola provincia que era Pamplona. Aragón tenía tres provincias llamadas Zaragoza, Huesca y Teruel. La región de León tenía cinco provincias: León, Zamora, Salamanca, Valladolid y Palencia. La región de Castilla la Vieja la formaban Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia y Ávila. La región de Castilla la Nueva comprendía las provincias de Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara. La región de Cataluña estaba compuesta por cuatro provincias: Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona. La región de Valencia la formaban tres provincias: Valencia, Alicante y Castellón de la Plana. Otra región era Murcia, con dos provincias, Murcia y Albacete. Andalucía es otra región compuesta por ocho provincias: Almería, Málaga, Granada, Sevilla, Cádiz, Huelva, Córdoba y Jaén. Por último, Extremadura está formada por dos provincias: Cáceres y Badajoz.

Además, integraban España, Las Islas Baleares y las Islas Canarias y también Marruecos y otras comunidades africanas Ceuta y Melilla. Las Islas Baleares están situadas en el Mar Mediterráneo, al Este de Cataluña; y el Archipiélago se compone de cinco islas: Mallorca, Menorca, Formentera, La Cabrera, e Ibiza. Las Islas Canarias están situadas en el Océano Atlántico, al Oeste de África y se componen de siete islas con los siguientes nombres: Gran Canaria, Tenerife, La Palma, Isla de La Gomera, Fuerte Ventura, Hierro y Lanzarote.

Con esta descripción, os cuento cómo era la España de aquellos años, y como es hoy la división política. En la región de Galicia se encuentra la provincia de Lugo donde comienza esta historia. Lugo a su vez se divide en Municipios o Ayuntamientos, y estos en parroquias. La Parroquia de Conforto pertenecía al Municipio de Villaodrid, compuesta por los pueblos de: Conforto, Vilar, Candaedos, Coirío, A Ermida, Valindarcas, Soto de Mogos, Labrada, Pacios, Boulloso, y Sanmomed.

En A Ermida, frente al río Turia, pertenece a la parroquia de Conforto, diócesis de Oviedo, Ayuntamiento de Villaodrid. Allí vivía una familia compuesta por un matrimonio con una hija llamada Esther. El padre se llamaba Germán, de oficio carpintero y la madre Remedios, dedicada a labores varios. Allí nació, quien os cuenta esto, el 1 de mayo de 1932.

A Ermida es un pequeño pueblo compuesto por ocho familias, todas dedicadas a la agricultura en pequeñas parcelas y huertas familiares. Viven todos de lo que cosechan con su trabajo y lo que producen algunos animales domésticos; generalmente vacas, ovejas, cerdos y gallinas.

El río Turia es pequeño, de 9 kilómetros de recorrido, nace a una altura de 250 metros sobre el nivel del mar en el Municipio de Taramundi en Asturias, y desemboca en el río EO en el Municipio de Puente Nuevo, Provincia de Lugo, Región de Galicia. Es de corriente rápida y aguas cristalinas, se nutre de diversos arroyos de distintas pendientes de los montes vecinos y del deshielo de las montañas en tiempos invernales. En algunos tramos, donde no tiene tanta corriente, se producen muy buenas truchas que algunos vecinos saben pescar con caña o con nasa.

Mi nombre es Alberto. Mi padre era carpintero y se dedicaba a la construcción artesanal de muebles para el hogar, generalmente trabajos por encargo, en domicilios particulares. Mi madre se dedicaba a tareas domésticas y/o de labranza, en casas vecinas, en calidad de jornalera. En la familia no hay tierras para cultivar, sólo una pequeña huerta para hortalizas y legumbres.

Nuestra vivienda era muy pequeña y modesta. Las paredes estaban construidas con piedras de cantera, los techos cubiertos con losas —también extraídas de las canteras de la zona—, las vigas y los pisos eran de madera aserrada de los árboles de la región; generalmente castaño, álamo, abedul, eucalipto o pino y los tabiques también de madera aserrada tipo tablones.

—Abuelo ¿y cómo son las casas y los pueblos de la comarca?

—Os cuento primero, cómo se compone la disposición de las montañas.

Existen varias cadenas de montañas que dividen los poblados de la zona, por ejemplo la zona de A Ermida tiene dos laderas que las separa un arroyo; el arroyo corre por la parte más baja del valle y en cada ladera hay algunas casas que constituyen el pueblo de A Ermida. El río Turia, corre por otro valle que separa otras dos laderas, en una sigue estando A Ermida y en la otra ladera está Soto de Mogos; después os cuento algo sobre Soto de Mogos. El arroyo que separa A Ermida, es el mismo que separa la ladera que constituye los pueblos de Conforto y Vilar de Conforto, de un lado y de la otra ladera Candaedos y Coirío.

Conforto es la cabeza parroquial de todos estos pueblos vecinos, allí se encuentra la iglesia parroquial, donde hay una imagen de la Virgen de Conforto venerada en toda la provincia de Lugo y gran parte de Galicia y Asturias. En Conforto se encuentra el cementerio parroquial y todos los años el 8 de septiembre se celebra la fiesta de la Virgen María.

A la mitad de la montaña, entre el valle y la cumbre, se encuentra Vilar donde vivían mis abuelos maternos.

Vilar es una aldea en la que viven dieciocho familias. Cada familia se conoce por el nombre de la casa en que vive: en la casa de Basilio, vive la familia Braña Bermúdez, de esa familia proviene mi abuela Carmen.

Por orden de ubicación sigue la casa de Gallo, en la que vive mi amigo Antonio Toño, sigue la casa do Galego donde viven mis abuelos y mis tíos. Luego sigue la casa de García, la casa do Calente, la casa de Asenxo, la casa de Nuxo, casa de Villarón, casa de Caenlla, casa de Cancio, casa de Roque, casa de Picos, casa de Constanza, casa de María, casa de Preto, casa de Casais, Cabodaldea de Arriba y Cabodaldea de Baixo. Ninguna casa coincide con el nombre de las actuales familias, todas mantienen el nombre por tradición. Cada casa tiene sus parcelas de tierra en las que siembran y producen todos los alimentos que cada vecino consume durante todo el año.

Los chicos de mi generación, con los cuales jugábamos y nos divertíamos en el Vilar, eran de casa de Basilio: Bibiano, Justo, Pepe, Daniel y Aurora. En casa de Gallo mi mejor amigo Antonio Toño, en casa de Asenxo Balbina, en casa de Cancio Pepe, en casa de Roque Ricardo, Carmen, Enriqueta; en casa de Picos Gerardo y Tina, en casa de María: José María, en casa de Casais Benito y Suso, en Cabodaldea de Arriba Federico, David y Camilo y por último en Cabodaldea de Baixo: Pepe, Carmiña y Maruja.

Todos éramos amigos, aunque siempre había diferencias entre unos y otros, jugábamos y nos divertíamos en el pueblo, íbamos juntos al colegio y salíamos juntos para las fiestas en los pueblos de la comarca.

Las casas rurales eran todas de piedra extraída de canteras vecinas; en las montañas hay muchos peñascos y canteras de donde se saca todo el material para las partes rústicas de las construcciones hechas en base a piedra y madera.

—Abuelo, ¿cómo fue tu vida en A Ermida desde que naciste?

—Como dije antes, nací en A Ermida, donde vivimos con mis padres y mi hermana, muy poco tiempo. Mi padre contrajo una enfermedad epidémica de la época, la fiebre tifoidea, fue mortal en España en esos años; no existían vacunas ni medicamentos para curarla. No existía la penicilina —que fue descubierta en esa época pero aún no se conseguía en España— en consecuencia, mi padre falleció.

Mi madre quedó sola con dos hijos pequeños, mi hermana de dos años y yo de siete meses. Imagino su desesperación, sin saber que hacer de su vida y cómo alimentar a sus hijos. Nunca le pregunté a mi madre como pudo sobrevivir esa etapa de su vida, siendo ella tan joven y con dos hijos tan pequeños, ¿qué cosas imaginaba? siempre pensé que sería muy triste para ella recordar aquellos momentos tan adversos; nunca quise removerlos.

—Que triste historia abuelo ¿cómo hicieron para seguir adelante?

—Mis abuelos paternos vivían en Soto de Mogos, y mis abuelos maternos en Vilar, todos agricultores, actividad de la que cosechaban todo tipo de productos para subsistir. Sembraban trigo, maíz, patatas y nabos que usaban para engordar a los cerdos, de los que producían la carne que consumían durante todo el año. Sembrar, cuidar y cosechar cada producto, eran las tareas a que se dedicaban. Según la época en que se producía cada cereal, de acuerdo a la estación del año, y el clima adecuado se cosechaba cada producto.

Los cerdos, se carneaban en el mes de diciembre época del frío invierno, aprovechando para salar la carne y los chorizos que se consumían durante todo el año.

Quincenalmente, se sacaba una bolsa con el grano de trigo y la llevábamos al molino, para producir la harina que usábamos para elaborar el pan y otros alimentos en base a ella. Los demás productos, se cosechaban en la estación adecuada y se almacenaban en arcas o espacios adecuados para cada uno. Generalmente se almacenaba toda la cosecha en el desván de la casa o en el hórreo, una construcción al lado de la casa.

Durante la semana trabajaban en las siembras y las cosechas. Según la época, trabajaban de sol a sol durante toda la semana. Los domingos descansaban, por lo general la costumbre era ir a misa por la mañana y por la tarde salir a divertirse con los demás vecinos.

Mis abuelos maternos, Ángel Angelito y Carmen, tenían además de mi madre, cinco hijos más: José Pepe, Carmen, Aurora, Inés y Dolores Lola. Todos ellos, mis abuelos y mis tíos resolvieron que nos mudáramos a su casa en Vilar, así que definitivamente nos instalamos.

Mi hermana y yo nos criamos con mis abuelos y mis tíos. Yo a mi abuelo le decía papá y a mi abuela mamá porque oía decir a mis tíos «papá o mamá» y yo hice lo mismo, en consecuencia, a mi madre le decía miña mamá, costumbre que me quedó para toda la vida.

Todos formamos una familia muy unida. Así fuimos creciendo y aprendiendo a realizar tareas de labradores.

—Abuelo y ¿cómo era vuestra vida? ¿Qué recuerdos tienes de tu infancia del colegio, de tus amigos, tus travesuras y tu adolescencia?

—Bueno, qué os parece si merendamos y después u otro día sigo contándoos.

§Capítulo 2

—Seguinos contando abuelo, ¿qué hacías cuando tenías nuestra edad?

—Veréis, recuerdo un 1 de mayo de 1936, cumplía 4 años ese día. Toda mi vida lo recordé; la razón era que mi amigo Antonio también cumplía años el 1 de mayo, pero uno más que yo. Durante dos semanas estuve discutiendo con él, que el 1 de ese mes, yo iba a tener la misma edad que él, que cumpliría cuatro años, que lo alcanzaría. Yo estaba muy contento por eso. Llegó el día y muy alegre, me fui a buscarlo para decirle que ya era tan grande como él, pero Antonio me dijo —yo cumplí 5 años. Fue tan grande mi decepción que me puse a llorar.

Toño fue mi gran amigo durante toda mi infancia y adolescencia, la casa donde vivía él con sus padres y hermanos, estaba pegada a la de mis abuelos donde yo vivía; de tal manera que nuestro contacto era permanente. Fuimos juntos al colegio hasta los 12 años, jugábamos a los bolos, jugábamos a la brisca, al tute; por las noches concurríamos juntos a la polavila «palabra gallega, reunión entretenida» para jugar y contar cuentos, generalmente, entre personas de edades variadas.

¡Era muy divertido! Por lo general, mozos mayores nos contaban cuentos macabros de personas muertas que se aparecían por los caminos de noche para redimir pecados cometidos en vida; le decían La Santa Compañía. Además, cuentos de vampiros y de monstruos vivientes.

Con Antonio también íbamos juntos al colegio, teníamos que caminar por caminos de piedras y cruzar un arroyo, porque estaba en un pueblo vecino Candaedos, más o menos a tres kilómetros desde nuestra casa.

En el colegio nos juntábamos con vecinos de tres pueblos de la comarca: Vilar, Candaedos y Coirío. Entre todos éramos unos veinticuatro niños de distintas edades. La maestra, en aquella época, daba clase a todos los niños de acuerdo a sus edades o conocimientos que iban adquiriendo: clases de lectura, escritura, matemáticas, geografía, historia e historia sagrada. El trabajo de la maestra era arduo, por los distintos niveles de aprendizaje de los alumnos y sus distintas edades de entre 6 y 12 años.

Los recreos eran divertidos y a veces dramáticos. Se formaban grupos de los distintos pueblos y se armaban peleas, había rivalidades, cada uno defendía los valores de su pueblo y se terminaba en riñas en las que, por supuesto, cada cual salía en defensa de su vecino, lo que constituía una pequeña disputa entre pueblos.

La maestra era una señora muy guapa que se llamaba Felisa, muy coqueta y presumida, hacía lo que podía para mantener el orden del grupo de chicos. Naturalmente que nuestro aprendizaje era deficiente: leíamos mal, escribíamos mal, de matemáticas solo las cuatro reglas y hasta la regla de tres simple; las materias de historia y geografía se referían solo a las de España y algo de Europa. La escuela era mixta, niños y niñas juntos de donde empezaban a gustarse, hacerse buenos amigos que después se convertían en noviazgos y finalmente, pasados unos años, si era oportuno en matrimonio. Así empezaba y continuaba la vida del aldeano.

Con Toño, desde muy chicos, inventábamos y realizábamos toda clase de juegos. Fabricábamos nuestros propios juguetes, hacíamos arados, carretas y otros elementos de labranza. Cortábamos ramas de los árboles y con ellas hacíamos los arados, con recortes de tablas hacíamos las ruedas de las carretas y armábamos también la carreta, les hacíamos el eje a las ruedas y las montábamos sobre los ejes y con todo ello arábamos la tierra, acarreábamos la cosecha, todo eso en miniatura, con ello nos entreteníamos porque otros juguetes no teníamos.

Siempre esperábamos a los Reyes Magos para ver que nos traían, por lo general no eran juguetes. Les poníamos un plato en la puerta y casi siempre nos dejaban una naranja valenciana.

También instalamos un medio de comunicación entre nuestras casas, consistía en dos botes de conservas vacíos. Les hacíamos un agujero en el fondo y los uníamos con un hilo sisal largo, que lo encerábamos, para que trasmitiera la voz. Lo tendíamos de una casa a la otra y de esa forma nos comunicábamos; claro que para ponernos de acuerdo cuando hablarnos, primero teníamos que comunicarnos y combinar. Toño me gritaba desde su casa y me decía «¡ponte al teléfono que voy hablarte!» y lo mismo hacía yo cuando quería hablar con él. Así jugábamos de chiquillos.

Otras veces armábamos una cancha de bolos en la entrada a su casa, que era un caminito de unos 30 metros, y ahí jugábamos los dos solos. También hacíamos nuestra propia bola y 6 bolos con trozos de madera que nosotros con nuestras navajas, emparejábamos y moldeábamos.

Además colaborábamos con las tareas más livianas en las faenas de labrador. Una de las labores que nos asignaban era sacar el ganado a pastar al monte, donde había bastante hierba y abrojos para que las vacas pastaran y se alimentaran.

Cuando no teníamos colegio durante la semana, salíamos a las nueve de la mañana conduciendo las vacas, las ovejas y los caballos a los montes cercanos y los dos, cada uno con las de su casa, los llevábamos a los mismos pastizales. ¡Todos se mezclaban! ya se conocían y no se hacían daño. A las doce, volvíamos cada uno a su casa, con sus ganados para almorzar, esas tareas las hacíamos cuando teníamos nueve años o más.

Por las tardes acompañábamos a los mayores para escardar en las fincas labradas con algún producto, como patatas, nabos, coles o cualquier otro junto al que crecieran hierbas que afectaran el desarrollo de la planta.

También conducíamos las yuntas de vacas cuando algún mayor araba las tierras, después de la cosecha para abonarlas con estiércol o cuando se sembraba para tapar las semillas.

§Capítulo 3

El horario de clases era de 8 de la mañana hasta las 12 del mediodía, de lunes a viernes, después de salir debíamos regresar prontamente a casa para almorzar. Era muy importante el horario de regreso ya que nuestros mayores tenían programadas las tareas de la tarde. En muchas ocasiones, debíamos colaborar, ya fuera para cuidar el ganado o realizar otras tareas livianas en las fincas, donde se estaba laborando.

No siempre cumplíamos. Con Antonio, nos olvidábamos del deber y nos quedábamos en el arroyo, pescando truchas a mano. El arroyo que separaba los pueblos de Vilar y Candaedos, a esa altura, tenía truchas por estar su desembocadura cerca del río Turia. Las truchas sabían avanzar por el arroyo, para pescarlas a mano había que meterse y buscar entre los recovecos y las piedras, hasta dar con ellas. Y con mucha habilidad y rapidez, echarles mano con cuidado para evitar que se nos escaparan. Las truchas son muy escurridizas y se deslizan muy fácilmente entre los dedos; cuando pescábamos alguna, las llevábamos a casa y las asábamos para el almuerzo. Esta travesura nos causaba grandes problemas y éramos castigados —y con razón— ya que nuestra tardanza en el regreso del colegio, causaba inconvenientes para proseguir con las tareas laborales.

—Abuelo, ¿en qué consistían las tareas laborales?

—El trabajo del labrador era muy artesanal, todas las tareas se hacían manualmente. En general las fincas eran muy pendientes y la tierra, con las distintas labranzas, se iba deslizando para la parte baja; o sea que la tierra fértil se acumulaba en la parte baja del terreno, por tal razón debíamos trasladar la tierra a la cima de la finca. Esta tarea debía hacerse a mano, se cargaba en cestas de mimbre que se cargaban en la cabeza y se llevaban hasta la parte superior de la finca. Este trabajo debíamos realizarlo todos los años, después de recoger las cosechas. Se denominaba la tarea de «terrar». Los días en que se hacía la tarea de terrado por lo general colaboraban los vecinos, porque era necesario terminar en el día. Era un trabajo arduo y al fin de la jornada, el dueño de casa daba una merienda y a la noche se hacía un baile; todo muy divertido.

La vida de la familia de un labrador era desde luego muy rutinaria, porque las tareas se repetían cada temporada. La casa de un labrador, era construida con piedra y madera. Las paredes con piedra maciza, las vigas de maderos trabajados, los pisos de tablas aserradas, la cocina era un fogón a leña y sobre el fuego se colgaba la olla en que se cocinaba la comida, no había agua corriente; el agua para beber y cocinar se recogía en una fuente vecinal preparada a tal efecto. Surgía de un manantial natural, era de muy buena calidad, se transportaba en cántaros y porrones con pico hasta la casa; se iba a la fuente cada vez que se terminaba el agua en casa.

Lindero a la casa, también se construía un hórreo para almacenar alguno de los productos cosechados, para su conservación en buenas condiciones durante todo el año.