Almodóvar - Ladis García - E-Book

Almodóvar E-Book

Ladis García

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Beschreibung

"Sí, soy completamente bisexual… Los críticos de cine de este país están más desprestigiados que los directores de prisiones… Daría dinero por tener fe en cualquier tipo de Dios… Mi objetivo es conquistar Rusia, y espero tener más suerte que Napoleón o Hitler… Hace muchos años que no me drogo… El Papa es un asesino múltiple…". Solo un personaje del calibre y la trascendencia de Pedro Almodóvar es capaz de aglutinar tal número de afirmaciones. Unas opiniones que lo han convertido en centro de la polémica durante los últimos 40 años. Sus películas lo han transformado en un icono internacional galardonado repetidamente, en un director admirado y respetado en todo el mundo, pero eso no le ha librado de las críticas más feroces, la mayoría de ellas, curiosamente, procedentes desde España.  Una trayectoria personal y profesional tan grandiosa, tan singular y, a la vez, tan controvertida, merecía un repaso exhaustivo. Tanto desde el punto de vista del propio Almodóvar como de aquellos que han convivido con él: familia, amigos, actores, críticos de cine, políticos… Y eso exactamente refleja este libro: una biografía apasionante como no hay otra en el panorama español.

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Veröffentlichungsjahr: 2020

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Letrame Editorial.

www.Letrame.com

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© Ladislao García Miravet

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Fotografía de portada: © Héctor González Orozco

ISBN: 978-84-18240-57-7

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Para Patricia, siempre, sobran los motivos.

A mi madre, por ser más fuerte que un roble.

A mi padre, sé que se sentiría muy orgulloso.

La infancia

«Estuve tres días de parto y lo primero que hizo al nacer fue echar una meada que salpicó hasta la ventana»1, así empieza a relatar Francisca Caballero cómo fue el nacimiento de Pedro Almodóvar. Nadie podía imaginar aquel 25 de septiembre de 1949, en el número 48 de la calle Urbano Morales de la localidad manchega de Calzada de Calatrava (Ciudad Real), que aquel niño, que pesó más de cinco kilos al nacer, iba a convertirse en un icono mundial del cine. Una fecha que iba a aprovechar muchos años después para bautizar como «vuelo 2549» el avión donde se desarrolla su película Los amantes pasajeros.

Unas declaraciones, las de su madre, que el propio Almodóvar iba traduciendo a unos sorprendidos periodistas de la televisión pública británica. «La BBC decidió hacer un documental sobre mi vida y fueron al origen de ella, mi madre. Le hicieron una entrevista larga en Calzada de Calatrava, en nuestro propio patio. Ellos no entendían mi cara y me pedían que tradujera, a mí me daba mucha vergüenza, pero ella seguía explicándose con una fuerza tremenda, pasé mucha vergüenza», confesaba el director.

Hijo de Francisca Caballero y Antonio Almodóvar, Pedro se crio junto a sus tres hermanos: Antonia, María Jesús y Agustín. La España rural de los años 50 era la de un país de hambre y luto, de unos cuantos ricos y muchos pobres, con un alto nivel de analfabetismo, de casas de adobe y piedra, de calles sin asfaltar, de costumbres arraigadas y llevadas al extremo, de mucha emigración y de mucho miedo, de temor a un futuro incierto. «Una tierra muy dura en la que no se entendía ni la sensualidad ni la alegría de vivir, ni siquiera los colores. A lo mejor por eso yo empleo tantos en mis películas, por una reacción que ya debió empezar en el vientre de mi madre, veinte años vestida de negro»2.

Pedro vivió sus primeros años rodeado de mujeres. Su madre, sus hermanas, sus tías, sus vecinas. Un entorno que moldearía para siempre la forma de ver las cosas en el director manchego. «Crecí oyéndoles contar cosas que a mí me horrorizaban, como los suicidios de las mujeres que se tiraban al pozo. Es terrible y creo que mi vida, lo que he hecho, va en contra de todo eso, pero soy de aquel lugar», le decía a Frédéric Strauss, redactor jefe de Cahiers du cinéma, en Conversaciones con Pedro Almodóvar3. Pese a todo, Pedro nunca dejaba de alimentar un mundo y una vida, hasta ese momento imaginada, que era mucho más gratificante. «Coleccionaba los cromos que venían con el chocolate Matías López. Una vez le salió Ava Gardner, que era su preferida, y me dijo que iba a ser igual que ella»4, apuntaba la madre de Pedro con cariño.

De su padre se sabe mucho menos que de su madre, pero él mismo lo explica. «Murió 20 años antes que mi madre y tuve menos relación con él. Era arriero y sabía mucho de sus animales. Yo mismo, cuando pienso en ello, me sorprendo. Estoy hablando de los años 50, él empezó en los 40, una época en la que ya existía el automóvil. La idea era transportar en animales el vino que producía mi abuelo». Una vida muy sacrificada y con tan poco rendimiento que terminó, como sucedió en otras tantas familias de la zona, haciendo las maletas para buscar nuevas posibilidades de subsistencia. «Mi padre era el gran trabajador, pero mi madre la de la gran iniciativa. Ella fue la que decidió que aquello no era vida y nos trasladamos a Extremadura»5. Pedro tenía entonces ocho años.

Traslado a Extremadura

Orellana la Vieja, Madrigalejo y Cáceres formaron parte del periplo del director por Extremadura en sus años de formación académica. Pero la vida en Extremadura tampoco iba a ser fácil para la familia Almodóvar-Caballero. Su padre tuvo que aparcar el oficio de arriero y empezó a trabajar en una gasolinera.

«La calle donde nos tocó vivir no tenía luz, el suelo era de adobe, no había modo de que pareciera limpio, con el agua se enlodaba. La calle estaba a las afuera del pueblo, había surgido sobre un terreno pizarroso. Para mí, aquello no era una calle, me recordaba más a un poblado de alguna película del Oeste. Vivir allí era duro, pero barato»6, reconoce Pedro aún a sabiendas que a sus hermanas no les gusta que cuente esas interioridades.

Y de nuevo, fue su madre la que se las ingenió para buscar un complemento al sueldo que el padre ganaba. «Mi madre montó un negocio de alfabetización con las vecinas, yo solía escribir las cartas de toda la calle, porque tenía mejor letra, y ella leía las que se recibían porque era muy expresiva. Ella añadía a las cartas las cosas que sabía que les iban a gustar a las vecinas. Yo la miraba alucinado y le decía que eso no venía en la carta y ella se defendía: ¿pero tú has visto lo contenta que se ha puesto?»7, como si de un guion de cine se tratara. «Además, recuerdo que me convertí en maestro de los mozos de la calle, que tenían 18 años y trabajaban en el campo. Yo les enseñaba a leer y escribir y las cuatro reglas, que es lo que sabía».

El periplo extremeño iba a tener una pequeña interrupción de nueve meses en la localidad oscense de Poleñino, donde su padre tuvo que trasladarse para trabajar. Lo hizo como listero, persona encargada de pasar lista para comprobar la presencia de los operarios, en una empresa dedicada «a la fabricación de canales, tubos, sifones, soportes de fibrocemento, creada en el momento necesario para suministrar las obras de puesta en marcha del regadío en extensa zonas de la comarca de los Monegros»8.

Allí iba a celebrar Pedro Almodóvar su primera comunión. Fue el 15 de mayo de 1958, con ocho años y ocho meses, cuando el manchego, «rebautizado como Pedrito» recibió por primera vez «el pan de los Ángeles», tal y como relataba el recordatorio que el periódico el Heraldo de Aragón rescató y publicó el 23 de abril de 2000.

 Fuente: Heraldo de Aragón, 23/04/2000

Poleñino, con apenas 300 habitantes en la actualidad, tuvo un papel destacado durante la Guerra Civil cuando la casa-palacio de los Torres-Solanot se transformó en un hospital militar para las Brigadas Internacionales que estaban batallando en el frente de Huesca. Un periodo que quedó reflejado en el relato «A una milla de Huesca»que escribió a modo de diario una enfermera australiana, Agnes Hodgson.

El Almodóvar adolescente

«Pedro chocaba muchísimo, la gente le miraba como algo especial, porque era muy avanzado para aquella época. Por su pelo largo, por la ropa… llevaba una chupa de cuero que por aquel entonces ni existían por aquí… le daba igual lo que le dijeran»9, confesaba Luisa Naharro, una amiga de la infancia en Madrigalejo, Extremadura, donde residió junto a sus padres en el número 36 de la calle Encobradero. «Había un cine de verano, que además también era la pista de baile. Aquí, una noche de verano, en el intermedio de la orquesta, Pedro se subió y cantó en inglés. En aquellos tiempos fue un boom en el pueblo, la gente alucinaba», insistían sus amigos Luisa y Paco. Una época y unos momentos que tampoco ha olvidado el manchego. «A veces en el pueblo me trataban como si fuera un extraterrestre. Yo, de algún modo, pensaba que ese no era mi mundo, porque si no, me suicido ahora mismo… pero suponía que habría otros mundos, otras gentes más afines a mi naturaleza».

La escritura, la música y el cine competían entre las pasiones de un Pedro Almodóvar adolescente. Sus primeros pasos musicales los dio como vocalista de un cuarteto llamado Los Santos, que versionaba canciones de The Beatles y Los Brincos. «Era el más rompedor de los cuatro, era el que llevaba el peso del cuarteto, tremendamente inquieto para la época, transgresor en cierta medida», aclaraba Paco Martín, otro de los componentes de aquella primeriza banda.

Pero Extremadura, especialmente Cáceres, irá ligada siempre a Almodóvar por dos razones. La primera tiene que ver con el hábito de acudir al cine, algo que hasta ese momento casi no había podido hacer. «Venía de Madrigalejo y allí, en verano, nos ponían básicamente spaguetti westerns. En Cáceres, sin embargo, en el cine Coliseum, en el Capitol, en el Astoria… es donde los dos años que estuve estudiando, todos los fines de semana me veía por lo menos dos películas»10, aclaraba Almodóvar. «Mi auténtica educación se llevaba a cabo en esos cines, viendo películas no autorizadas para menores, viendo por primera vez películas de Elia Kazan como Esplendor en la hierba, películas que hablaban de un mundo que en el colegio me decían que estaba prohibido, y yo pensaba: pues yo pertenezco a este mundo… quizás yo esté prohibido»11 .

La otra razón nos lleva directamente a su paso por el colegio San Antonio de Padua, donde estudió dos años. El primero lo hizo como interno, el segundo se instaló en el número 5 de la calle Postigo, muy cerca de la Plaza Mayor. Allí cursó quinto y sexto de bachillerato, hizo el examen de la reválida y vivió una experiencia que le marcaría para siempre y, que muchos años después, plasmaría en La mala educación. «Dentro de los muros del colegio había momentos de auténtico terror, me recuerdo recorriendo los pasillos por miedo a la oscuridad… porque los acosos sexuales ocurrían con mucha frecuencia y todos lo sabíamos, todos nos lo contábamos todo. A veces, por lo que yo oí, se llevaba a cabo con violencia física»12, relataba un Almodóvar que reconocía, en un inicio, estar fascinado con lo que conlleva el ritual religioso. «Todo el ceremonial religioso era una experiencia teatral que a mí me maravillaba, pero llegó un momento en el que yo veía que esas manos que cogían el cáliz, hacía muy pocos minutos habían estado acariciando cosas que no deberían acariciar… en ese momento dejé de tener fe».

El colegio, además, tenía una gran tradición de equipos de baloncesto. Años después, Almodóvar confesaría cómo le fue en este capítulo. «Yo siempre he sido el peor deportista del mundo, pero a veces me divertía jugar. Entonces, los capitanes de los equipos elegían a los jugadores y yo siempre me quedaba el último, porque no me quería coger nadie… a mí eso no me parecía humillante, sino divertido y justo. A mí me apetecía jugar y jugaba, y esa era la cosa. Entonces, se corría por el colegio que yo iba a jugar y venían todos a ver cómo yo destrozaba el deporte»13. De su paso por el colegio solo destacaría años después su aprendizaje de mecanografía. «Es lo único que me ha servido en el futuro»14.

El colegio cambió de ubicación en 2003, justo cuando se empezaba a rodar La mala educación. Se barajó la posibilidad de grabar en el propio colegio antes de que fuera derruido, pero un problema de fechas y la política de la productora de los hermanos Almodóvar de no rodar en lugares dependientes de la Iglesia, lo impidió. Pedro quería rodar en junio, pero la constructora que compró los terrenos donde estaba situado el colegio no se hacía con la propiedad definitiva hasta septiembre. En la actualidad, los terrenos del antiguo colegio de los franciscanos los ocupa un hotel de cuatro estrellas.

Y llegó el momento de abandonar el seno familiar. Almodóvar contaría muchos años después cómo fue ese instante y lo que supuso. «Hui de casa a los 17 años, después de una gran bronca, la única que he tenido con mis padres. En ese momento, la familia y la presión de los padres eran el primer peligro a batir. Porque la familia es el instrumento más preciso para batir la represión del joven o del individuo que empieza a vivir. Pero cuando te vas haciendo mayor hay un día en el que dejas de pelearte con la familia y se convierte en esencial y en lo más importante de tu vida»15.

Primeros años en Madrid

«Entré por la carretera de Extremadura, aquello no correspondía con lo que había soñado, el paisaje era deslavazado, mugriento y poco acogedor. La visión primera de Madrid me intimidó. El segundo recuerdo fue el metro, ese olor húmedo y dulzón se me quedaría grabado para siempre en la pituitaria. Tampoco lo esperaba. Por la noche, mientras paseaba, miré el cielo rojo, encontré amenazadora su ausencia de estrella», así fue su llegada física a la capital, porque en sueños ya había estado en infinidad de ocasiones. La reflejó en un artículo publicado en el desaparecido Diario 16 bajo el título «Venir a Madrid».

«Tardé en hacerme hippie lo que tardó en crecerme el pelo». Pedro Almodóvar llegó a Madrid en 1966 con 17 años, sin el colchón personal y económico de la familia, pero con un objetivo claro en la cabeza, hacer cine. «Al principio hice un poco de todo. Quería estudiar en la universidad, pero no tenía dinero. Mi vida transcurría en la plaza Santa Ana, llegué allí y me hice hippie, ellos me enseñaron a hacer collares y anillos. Me convertí en artesano durante unos meses. También vendí libros a domicilio, trabajé en un puticlub como disc jockey, pero aquello tampoco tenía mucho futuro»16.

Un personaje clave en los primeros años de Almodóvar en Madrid fue la actriz, productora, galerista y representante de artistas, Blanca Sánchez, con la que vivió bastante tiempo. «Nos conocimos a principios de los años 70, Blanca fue la mujer de mi vida y mi mejor escuela en dos décadas tan importantes para mi formación como los 70 y los 80… Me ayudó en todo, yo no era consciente de mí mismo en los primeros años de nuestra relación, pero Blanca lo era por mí. Dudo de que hubiera tenido tan claro mi camino sin ella»17, una relación que, como veremos, dio para mucho.

Tuvieron que pasar cinco años para que Almodóvar acabara encontrando un trabajo que le iba a facilitar, en todos los sentidos, acercarse a su sueño cinematográfico. «Me presenté, para cumplir con la familia, a unas oposiciones para entrar en Telefónica. Tenía el pelo un poco largo, me lo metí por dentro del cuello vuelto y me engominé un poco para hacer el examen, parecía una persona con un pelo normal. Me resultó facilísimo, aprobé y me llamaron», allí estuvo durante 12 años, más las distintas excedencias que luego fue solicitando.

Pero su entrada no fue fácil: «Llevaba una gran melena, como correspondía a todo joven rompedor. Me presentaron al jefe, y después me dejaron ahí, de pie, sin darme mesa. Yo veía que pasaba algo raro, porque había un cónclave de jefes y porque nadie me decía que me sentara en algún lado. Así pasaron unas cuantas horas dramáticas, y al final salió uno y me dijo que me iban a cambiar de sección. Luego me enteré de que ese primer jefe había dicho que no me admitía con esa pinta, y que me echaran inmediatamente»18. Con su primer sueldo, corría el año 1971, se compró una cámara Super 8.

El Madrid que Almodóvar se encuentra en 1966 sigue bajo los efectos de una dictadura a la que aún le quedarían nueve años más bajo el yugo de Francisco Franco. Pese a todo, en aquel momento, Madrid representaba para Pedro un escenario de cambio y libertad, y eso era precisamente lo que más anhelaba. En 1966, una entrada de cine valía una media de 26 pesetas, año en el que Un hombre para la eternidad, de Fred Zinnemann, se hacía con el Oscar a mejor película.

En sus primeros años, Almodóvar se abrazó, con mayor o menor fortuna, a cualquier tipo de disciplina artística: el cine, el teatro, la música… Tenía que dar rienda suelta a toda su creatividad. Sus primeras creaciones cinematográficas tienen que ver con esa cámara Super 8 comprada con el sueldo de Telefónica. De 1974 son sus primeros cortometrajes: Dos putas o historia de amor que termina en boda, La caída de Sodoma y Film político.

«El cine se aprende haciéndolo. Y lo poco que sé, lo he aprendido haciendo Super 8. Para mí ha sido esencial»19, afirmaba en 1984 un Almodóvar que ya había dirigido hasta ese momento tres largometrajes y estaba a punto de estrenar ¿Qué he hecho yo para merecer esto? «Sonorizar en Super 8 era muy difícil. Yo grababa unas músicas básicas en casete y cuando las proyectaba era una especie de happening. A mi hermano le decía que pusiera los casetes, lo controlaba, lo hacía mal siempre y lo reñía, eso divertía mucho a la gente. Yo hacía todas las voces y contaba toda la historia en off, con lo cual, todo lo que no estaba, yo lo añadía… y criticaba incluso la labor de los actores», un trabajo artesanal que Pedro remata con esta frase: «Hacía lo que yo llamaba sonido en directo, sonido que salía directamente de mi boca a los oídos del espectador».

Sus creaciones en Super 8 iban evolucionando en calidad y duración. En 1978 completa su primer largometraje, también en Super 8, bajo el explícito título de Folle, folle, ¡fólleme Tim!, con Carmen Maura como estrella, una actriz que iba a resultar fundamental en los primeros proyectos cinéfilos del manchego. Pero su relación inicial hay que ir a buscarla al teatro, otra de las facetas artísticas que Almodóvar cultivó en sus primeros años en Madrid.

Cómo fue el inicio de la relación entre Carmen Maura y Almodóvar lo explicaba ella misma. «Me habían elegido para hacer Las manos sucias de Sartre en el Teatro Bellas Artes. Por primera vez iba a hacer una función seria, con José Luis Pellicena. Y Pedro hacía un papel de una frase donde decía “todos con las manos arriba o algo así…” muy desafinado, no actuaba bien. Además, hacer una sola frase en una función siempre es difícil»20. La actriz contaba también cómo llegaron a establecer una relación tan estrecha. «En esa compañía de teatro la persona que mejor me cayó, aunque era el último mono, fue él… con el que mejor me entendía y me divertía un montón. Nos hicimos enseguida muy amigos. Él venía a mi camerino mientras yo me maquillaba, y le encantaba contarme historias. Me acompañaba todas las noches a casa andando. Yo le decía “invéntame un guion…” y me inventaba uno entero para todo el camino», recordaba con añoranza Carmen Maura.

Unas palabras que el propio Almodóvar refrendaría años después en la gala en la que el propio Pedro le entregaba a la actriz el premio especial homenaje Fotogramas de Plata 2016.«Fue ella la que me descubrió a mí. Yo hacía de comunista y lo hacía muy mal. Cuando empezamos a ensayar, yo ya hacía Super 8 y tenía muy claro que ella era el tipo de actriz con la que quería trabajar. Ella decidió fijarse en mí, que era el último mindundi de la compañía. Estamos hablando del año 1977, cuando ella ya era una actriz muy conocida». Un Almodóvar que remataba su alocución frente a Carmen Maura dándole las gracias. «Cuando alguien quiere dirigir y escribir películas, los primeros apoyos son los más importantes, los determinantes».

Fueron los inicios de una relación que a lo largo de los años daría mucho que hablar y que tuvo un punto de inflexión en el rodaje de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Lo que es innegable es la visión de futuro que Carmen Maura tuvo con Almodóvar. «Tenía muchísimo talento, yo siempre le decía “ya verás Pedro, te van a descubrir los americanos”»21, y vaya si lo hicieron.

El 12 de noviembre de 1977, un día después de su estreno, aparecía en la página de espectáculos del diario ABC la crítica de la obra de Sartre donde Carmen Maura y Pedro Almodóvar actuaban. La reseña, por un lado, nos sirve para conocer un poco más aquella España de finales de los 70 y el nivel de la actriz madrileña. «El desnudo, mediante diversas justificaciones o sin ellas se ha instalado en más de media docena de escenarios. Si hay desnudos, ¿para qué textos? Ahora, por fin, una gran realización dramática, absurdamente prohibida durante casi 30 años»22. Por otro lado, el análisis en ABC de Lorenzo López hace hincapié en el trabajo de la actriz madrileña. «Es una actriz sobresaliente, menos utilizada de lo que se merece. Carmen Maura y su Jessica, femenina, frívola, pero sincera y finalmente ansiosa de verdad, lo demuestra».

Y es imposible cerrar sus incursiones en el mundo del teatro sin hablar de la histórica compañía de teatro Los Goliardos, donde Almodóvar también participó con sus interpretaciones. Como apunta el Instituto Nacional de las Artes Escénica y de la Música, «los grupos del teatro independiente, como Los Goliardos, vinculados entre sí por su frontal rechazo al franquismo, renovaron la escena desde la cultura popular, las aulas universitarias, los circuitos alternativos y la itinerancia como forma de representación». Un espacio para pelear por las libertades en las que también estuvo inmerso el polifacético manchego.

La movida

«Mi vida era un torbellino. Una época donde tomábamos muchas drogas, nos poníamos ciegos. Me daba para ir al Rock-Ola, ensayar canciones, luego a Telefónica y por la tarde rodaba Super 8. También empecé a escribir la memorias de una sex-symbol que hacía cine porno, nació el personaje de Patty Diphusa»23. Solo leer cómo era el día a día de Almodóvar en el inicio de los 80 resulta agotador.

La figura del director manchego siempre va a ir unida a la mitificada época de la movida madrileña. Un movimiento contracultural, un estilo de vida, que abarcó multitud de ámbitos de expresión y en los que Pedro Almodóvar participó de una manera muy activa en varios de ellos, aunque fue el cine su gran y definitiva apuesta. Pero, sin duda, la manifestación más conocida de la movida fue la musical. Y, en ese campo, el manchego, también dio su do de pecho.

El inicio hay que situarlo en un concierto homenaje a Canito, batería del grupo Tos (luego Los Secretos), que falleció en un accidente de coche en la Nochevieja de 1979. En aquel concierto del 9 de febrero de 1980 participaron Nacha Pop, Mario Tenia, Mamá, Paraíso, Los Bólidos, Trastos, Mermelada, Los Solitarios y Alaska y Los Pegamoides. Aunque la propia Alaska ya había dado los primeros pasos de esa revolución contracultural participando en el grupo musical Kaka de Luxe y en el fanzine con el mismo nombre que repartían en el rastro madrileño.

«Soy un intruso en el mundo de la música, no pretendo otra cosa. He elegido la música como capricho»24, así de contundente se mostraba Almodóvar en 1983 cuando Paloma Chamorro lo entrevistaba junto a Fabio McNamara en el programa La edad de oro de Televisión Española, uno de los programas que más hizo por difundir la música de la «nueva ola».

Años más tarde, y con Alaska como entrevistadora, Almodóvar explicaba lo que suponía para él cantar. «Toda la gente de mi generación soñaba con ser estrella de rock and roll. La idea de subirse a un escenario ya era por sí misma atractiva. Para cumplir ese deseo me dejé llevar por las circunstancias y fue la época más divertida de mi vida. Añoro mucho lo de subirme a un escenario y cantar»25.

Su compañero de andanzas musicales fue Fabio de Miguel, más conocido como Fabio McNamara. Cómo se conocieron lo cuenta de primera mano el periodista gallego Jesús Ordovás. «Fue un encuentro casual, Pedro se dio cuenta de que Fabio era un personaje, fue antes de Rock-Ola, la época previa a la eclosión de la Movida. Se conocieron en la Casa de Costus, donde se reunían Alaska, Almodóvar, Berlanga, Tino Casal… allí se conocieron y empezaron a cantar».

En este punto es imprescindible explicar que bajo el sobrenombre de «Las Costus»estaban los pintores Enrique Naya y Juan Carrero. Su casa, en el número 14 de la calle La Palma, en el barrio madrileño de Malasaña, se convirtió en un espacio neurálgico para los protagonistas de la movida. Fundamentalmente, en el ámbito privado, pero también en el público desde el momento en que Almodóvar rodó buena parte de su primer largometraje, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, en el piso donde vivían. Una vivienda que Francisco Umbral bautizaría como «la casa/convento de estrellas descarriadas»26. Pareja sentimental y artística, ambos coincidieron en la Escuela de Artes y Oficios de Cádiz en 1974. Su vanguardia artística quedó reflejada en centenares de obras. Enrique Naya falleció el 4 de mayo de 1989, por causas derivadas del sida, mientras que Juan Carrero, se suicidó justo un mes después.

Almodóvar y McNamara editaron en 1983 un disco de manera conjunta, titulado ¡Cómo está el servicio… de señoras!Allí se incluían siete canciones, algunas ya muy conocidas porque Almodóvar las había utilizado en su segunda película, Laberinto de pasiones, como es el caso de «Suck it to me» o «Gran ganga», y que ellos mismos interpretan en la película junto con Bernardo Bonezzi, que fue el compositor elegido en sus primeras creaciones cinematográficas. En Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón Almodóvar participa musicalmente escribiendo la canción «Murciana marrana», que interpreta Alaska. La puesta en escena siempre resultaba original, pero la letra, sin duda, era lo más impactante. Cualquier tema del disco es un buen ejemplo, como este fragmento de la canción titulada «Voy a ser mamá»:

Sí, voy a ser mamá,

voy a tener un bebé, 

para jugar con él,

para explotarlo bien, 

voy a ser mamá,

voy a tener un bebé, 

lo vestiré de mujer,

lo incrustaré en la pared, 

le llamaré Lucifer, 

le enseñaré a criticar, 

le enseñaré a vivir de la prostitución, 

le enseñaré a matar.

Almodóvar llegó a escribir un artículo en Diario 16 donde analizaba una por una todas las canciones del LP. De «Voy a ser mamá» decía: «Es un pop-baboso con el que pretendemos conquistar las dos Españas. La que no quiere abortar y la que quiere abortar. La hicimos pensando en Eurovisión. Imaginad esta canción cantada por Paloma San Basilio, yo creo que colaría»27. «Suck it to me la compusimos Fabio y yo. La hicimos en inglés porque es tan grosera… pero en inglés tenía un pase. Son letras muy bestias, éramos muy atrevidos, muy locos. Nos meábamos de risa, las grabábamos y las cantábamos en sitios como el Rock-Ola. A principios de los 80 tuve la oportunidad de divertirme en el escenario con muchos de los grandes grupos de ese momento como Alaska y los Pegamoides y todas sus versiones, Derribos Arias…»28.

El éxito cinematográfico de Almodóvar precipitaría la disolución del dúo en 1984, aunque Fabio seguiría haciendo algunos cameos en varias películas del director manchego. Ya lo había hecho tanto en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón como en Laberinto de pasiones. Y luego aparecería en Entre tinieblas, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Matador, La ley del deseo y ¡Átame!

Como hito del dúo quedará el concierto que dieron en el Rock-Ola el primer día del año 1983 junto a Alaska y Dinarama. Más que un concierto fue «una fiesta de sociedad (moderna)», así lo definió una semana después José Manuel Costa en las páginas de cultura de El País. «Si bien la música fue pura broma, el espectáculo romano y enloquecido del escenario (más bien pasarela) venía a consolidar, establecer y demostrar la pujanza de este Madrid perverso y gracioso que conduce a un exfuncionario (Almodóvar) hasta las cumbres del escándalo… Y Almodóvar, junto a McNamara (Fabio), desafinaba sobre instrumentos desafinados, en una melopea de risas… Almodóvar, todos coincidían, iba vestido de ama de casa imposible. Con su bata guata barata y zarcillos en las orejas»29 . Y en Diario 16, Javier Rivera invocaba al mismísimo Valle-Inclán. «No cantan muy bien, pero precisamente en ello radica la noticia. En que no hace falta (por lo visto) saber demasiado. Un exhibicionismo desmelenado (el de McNamara) y una candidez redescubierta (la de Almodóvar) escenificando una parodia sonora de no se sabe qué… Valle-Inclán igual se hubiera teñido su barba en azul turquesa»30.

Patty Diphusa, el alter ego de Almodóvar

«Escribo desde los ocho años. Cuando estudiaba en los Salesianos, con 11 años, me dieron un premio a la mejor composición con un texto sobre la Inmaculada Concepción»31, explicaba un Almodóvar divertido haciendo hincapié en la temática del texto y explicitando su pasión por la escritura, por contar historias, desde una edad bien temprana. Sus primeros textos quedaron reflejados, como ya vimos, en esos relatos que cada noche inventaba para Carmen Maura cuando la acompañaba a su casa después de cada función de teatro, en sus primeros cortometrajes en Super 8 o en las letras de sus canciones. Y, por supuesto, en su primer largometraje rodado en 16 mm, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Pero antes de entrar de lleno en sus películas hay que acercarse al Almodóvar que, a principio de los 80, dejó su sello en varios medios de comunicación gracias a sus artículos.

Lo hizo en revistas como La Luna, Star, El Víbora o Bésame mucho, y en diarios como El País o Diario 16. En 1981 publicó una novela gráfica titulada Fuego en las entrañas, con ilustraciones de Javier Mariscal, con el que volvería a trabajar muchos años después con motivo del cartel y el diseño gráfico de la película Los amantes pasajeros.

Editada por El Víbora, la novela narra la venganza de un chino, Chu-ming-ho, magnate de las compresas, que crea una contaminada con objeto de volver ninfómanas a todas aquellas que las usen. Un relato que le iba a acarrear críticas negativas, pero también encendidas defensas, como la de Francisco Frechoso en Diario 16: «Es un relato urbano, amarillo con ribetes negros, que sin duda habría firmado Bukowski en sus años mozos. Un libro absolutamente recomendable para Joan Manuel Serrat y toda su pléyade de seguidores, que deben estar todavía indignadísimos con el affaire de las compresas»32. Y es que días atrás, Joan Manuel Serrat había pedido a Televisión Española que retirara un anuncio sobre compresas donde estaban usando, sin su permiso, la canción «Hoy puede ser un gran día».

«Para los interesados en psicoanalizarme, es mi sincero y mejor autorretrato. Ella era un reflejo inmediato del tipo de vida que yo hacía»33, Almodóvar está hablando de Patty Diphusa, su alter ego literario durante la movida. Autodefinida como estrella internacional de fotonovelas porno, las primeras aventuras de Patty Diphusa aparecieron en la revista La Luna a partir de 1983. «La Luna es una revista de creación abierta, de opinión y controversia modernista que intenta recuperar la cultura, la que existe»34, apuntaba Borja Casani, director de la publicación y persona que convenció a Almodóvar para que escribiera en una revista cuya aventura se prolongaría hasta 1988. En formato tabloide, con 72 páginas y una tirada de 20 000 ejemplares, el primer número de la revista, en noviembre de 1983, contaba con Almodóvar como uno de sus 80 colaboradores.

Unos relatos que nos ayudan a intuir qué tipo de vida llevaban Almodóvar y sus afines en los años de la movida madrileña, con el sexo y las drogas como elementos habituales del día a día. «Me llamo Patty Diphusa y pertenezco a ese tipo de mujeres que protagonizan la época en la que viven… Cuando YO hago una fellatio, el espectador solo presta atención a la expresión de mis ojos y de mi boca. Y es que YO, ante todo, y haga lo que haga, soy una actriz… En los próximos números tendré ocasión de abrirles mi corazón, porque una sex-symbol internacional también tiene corazón»35. Son fragmentos del primer artículo de Almodóvar para La Luna. Además, en ese primer artículo relataba uno de sus encuentros con Andy Warhol, que en esas fechas estaba de visita por Madrid. «Cuando el director de La Luna me propuso escribir aquí estábamos en una fiesta con Andy Warhol. Alguien llamó a Warhol a New York y le dijo que si quería venir a unas cuantas fiestas a Madrid, le pagarían el billete y el hotel. Él dijo que sí porque no sabe decir que no a una fiesta, por absurda que sea, es más, prefiere las fiestas absurdas, por eso las de aquí le encantaron».

Almodóvar, llevando su personaje de Patty Diphusa al surrealismo más absoluto, dedica una entrada en La Luna para entrevistarse a sí mismo. En el artículo, titulado «Yo, Patty, intento conocerme a mí misma a través de mi autor», Almodóvar nos da más pistas sobre su personaje, es decir, sobre sí mismo:

Patty.— En primer lugar, me gustaría saber si soy hombre, mujer o travestón.

Pedro.— Eres una mujer, naturalmente.

[…]

Patty.— Últimamente estás más preocupado por mi corazón que por mi coño ¿Qué es lo que te pasa?

Pedro.— Supongo que ando necesitado de un amor absoluto. Últimamente a todo el mundo le propongo que se case conmigo. Y lo hago en serio.

Patty.— ¿Entonces yo soy un simple reflejo tuyo, esa cosa tan horrible que llaman un alter ego?

Pedro.— No. Tú eres una fantasía de los lectores. Eres lo que a los lectores les gustaría ser.

[…]

Patty.— Háblame más de mí, mientras te hago alguna cosita.

Pedro.— No quiero que me hagas nada.

Patty.— Dime qué te gusta. A mí se me da bien todo.

Pedro.— Estate quieta. Si quiero masturbarme sé muy bien cómo hacerlo.

Patty.— ¿Cómo lo haces?

Pedro.— Soy especialmente voyeur.

La última aparición de Patty Diphusa data de 1993, año en el que se rueda Kika. Bajo el título «Yo y mi clon en una noche llena de incertidumbre», Almodóvar deja claro, pese a la insistencia de Patty, que la movida quedó atrás y su nueva vida poco o nada tiene que ver con los primeros años locos de los 80:

Patty.— ¡No es justo! Si soy tu reflejo, deja que permanezca joven mientras tú eres presa de la razón. Conviérteme en un ideal, inmune a la realidad, como el retrato de Dorian Gray ¡Destrúyete tú, mientras yo sigo divina!

Pedro.— Lo he intentado, pero no puedo.

Patty.— ¡No quiero que la gente reflexione por mi culpa! ¡Quiero follar! ¡Quiero ser frívola y banal! ¡Quiero volver a drogarme!

Pedro.— No puede ser Patty. Estarías muerta o inédita.

De esta forma Almodóvar ponía el cierre definitivo a «su movida». «Creo que no he renunciado a cosas vitales, pero he reducido las paredes del universo en que vivo y, una vez que prescindo del tacón y la minifalda para dedicarme en cuerpo y alma a hacer y promocionar mis películas, toda aquella vida desapareció y la actual tiene menos color. Debe ser el precio que hay que pagar»36. Una etapa mitificada de la que siempre se hablará. Para muestra, esta anécdota que Almodóvar relataba de 1992. «Una vez en Japón, con la promoción de Tacones lejanos, una señorita me dijo si podía darle el teléfono de la movida. Yo le dije: “¿el de las oficinas? Sí, sí, el de las oficinas…”»37.

Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón

Tras sus flirteos más o menos serios con el teatro, la música y la literatura, Almodóvar centraría todos sus esfuerzos en el cine. «Siempre he querido escribir, pero sé que no tengo talento suficiente para ello. Seguiré coqueteando con la literatura, pero como mero ejercicio. El cine, hacer películas, aunque me frustra casi tanto como escribir, me ciega más»38, anunciaba Almodóvar en una entrevista en La Luna tras firmar la última aventura de Patty Diphusa.

Y en su primer largometraje casi profesional, Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón, la movida también iba a ser el punto de partida y el leitmotiv. «Se trata de un desmadre importante que hará rasgar las vestiduras con motivo de su estreno comercial en España. Su autor, Pedro Almodóvar Caballero, que simultanea su trabajo en la compañía Telefónica con el rodaje de películas en formatos marginales (Super 8 y 16)»39. Apuntaba la crónica que aparecía en Diario 16 el día de su estreno en el Festival de San Sebastián.

«Mis compañeros me veían especial, veían que escribía mucho, porque lo que hice fue escribir Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón en Telefónica. Trabajábamos en un almacén local y era como vivir perennemente en una especie de mili, pero sin jefes. Todo era muy escatológico. Mis compañeros se tiraban pedos, se marcaban la polla, me decían “mira que pollón tengo”… yo les correspondía con mis cosas, les leía textos que había escrito, como la canción que iba a aparecer en mi primera película»40. Almodóvar se refiere a «Murciana Marrana», escrita por él mismo e interpretada por Alaska, con 17 años, en la película. Mirando la letra quizás puede entenderse que Pepi… solo durara un día en la cartelera murciana:

Te quiero porque eres sucia,

guarra, puta y lisonjera,

la más obscena de Murcia

y a mi disposición entera,

solo pienso en ti, MURCIANA,

porque eres una marrana.

«Ellos pensaban que todo era una broma cuando les dije que fueran un día al cine Peñalver, que había una película que a lo mejor les sonaba… y fueron al cine donde se estrenó en el año 80 y de repente vieron que era yo y que aparecía la canción que les había leído… no daban crédito, fue una conmoción lo que causó», así relataba Almodóvar el ambiente laboral bajo el que escribió su primer largometraje.

Casi un mes después del estreno en San Sebastián, la película se proyectó en el Festival de Valladolid. En la noche previa, muchos recuerdan al propio Almodóvar pegando carteles por toda la ciudad con el eslogan de la película: «Las aventuras de tres muchachas salvajes, modernas, delgadas e intrépidas arrasadas por un torbellino de pasiones». Lo cierto es que las butacas del Teatro Carrión se llenaron. Francisco Umbral hizo la crónica de aquella noche en el diario El Norte de Castilla. «Almodóvar ha generalizado ya un estilo de vida o un estilo de ser joven que está entre el cómic y el travestismo, entre la función colegial y el rock duro, algo que quiere burlarse de todo, más sin abandonar los cálidos y dorados refugios de la infancia todavía cercana»41.

El 27 de octubre de 1980 llegaba, por fin, a los cines comerciales la primera película de Almodóvar. Y así fue recibida por los críticos del momento. En El País se hablaba de «radical concepto amoral. Los más puritanos se escandalizarán por las propuestas de comportamiento, los más liberales se quedaran sorprendidos por su agresividad»42. En el ABC, Gustav Machaty titulaba su crítica: «Los “nuevaoleros” irrumpen en las pantallas»: «Puede considerarse de alguna manera como un producto innovador. El filme significa la primera irrupción cinematográfica en lo que se ha dado en llamar “nueva ola”, un movimiento musical nada adocenado, de especial arraigo en la capital del Reino, cuyas principales características son la sencillez, la total ausencia de pretensiones y, sobre todo, la juventud de sus militantes»43. Mientras, en Diario 16, Manolo Marinero llenaba de elogios el estreno de Almodóvar. «Película excepcional, un divertido disparate. Jugoso y trasto»44. En diciembre, la película se estrenó en Barcelona y el periódico La Vanguardia hablaba de «una película desmadrada, en constante ruptura». Y, por supuesto, el paso de Almodóvar y sus chicas dejaron huella en la noche catalana. «Tras el estreno hubo una fiesta en el “Lib”, tan desmadrada que para sí la hubiera querido el propio director para su historia»45.

Sacar adelante Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón supuso un gran esfuerzo de tiempo, más de un año y medio en rodarla, y fundamentalmente económico, del que participaron activamente, al margen del propio Almodóvar, el productor Pepón Coromina, el escritor, actor y director Félix Rotaeta y la propia Carmen Maura. No es de extrañar que el manchego fuera, en los días posteriores al estreno, uno de los protagonistas de un artículo en El País titulado «Los kamikazes del cine español»: «Interrumpió el rodaje varias veces a la busca del dinero necesario para continuar. Dinero ridículo: ocho millones de pesetas, cuando una película “normal” cuesta alrededor de los veinte. Quizá por eso algunos profesionales opinan que esta artesanía cinematográfica que ahora prolifera es, en cierto modo, algo negativo para el cine español»46.

Seis años después del estreno, y con motivo del pase de la película en Televisión Española, Almodóvar reflexionaba sobre el origen de la misma y el papel que jugó Carmen Maura. «Acababa de escribir un guion para una fotonovela que se publicaría en el Star. Se llamaba “Erecciones generales”. Cuando se lo leí a Carmen me dijo: “Tienes que hacerlo en cine, y no en Super 8, sino en 16 milímetros por lo menos. Y naturalmente yo seré Pepi”. Cuando cree en algo, Carmen tiene un gran poder de convicción»47. Su amiga Blanca Sánchez también fue de gran ayuda. «Además de dejarme la casa para que viviera Pepi..., en mi primera película, Blanca se ocupó de vestir a Carmen Maura con su ropa»48.

Y diez años después del rodaje, el propio Almodóvar reflexionaba sobre su primera incursión en el cine comercial. «Pepi… conserva la frescura y tosquedad de mis primeros trabajos. Lo hicimos con dos perras, a base de limosnas, pasión e inconsciencia, aunque yo me la planteaba con la misma seriedad que si estuviera rodando Lo que el viento se llevó. Es una película clave en mi filmografía, no solo por ser la primera, contiene todo lo que he desarrollado después. La película cuenta con auténticos fanáticos y yo soy fanático de esos fanáticos»49. Dentro del reparto, encabezado por Carmen Maura, hay que fijarse en la presencia, siempre en un segundo plano, del hermano de Pedro, Agustín Almodóvar. Una constante a lo largo de toda su filmografía.

Un buen resumen final de lo que supuso su primera incursión en el cine profesional nos lo dio Ángel S. Harguindey en un artículo en El País titulado «Pasión, amor y fantasía». «No ha estudiado en ninguna escuela de cine, no ha sido ayudante de dirección de nadie; tuvo ciertas relaciones con el teatro, aunque lo que más y mejor conoce —desde un punto de vista profesional— es la Telefónica, entidad en la que pasó varios años como auxiliar administrativo. Su primer largometraje, rodado en unas condiciones dignas de Gabón o Etiopía, Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón, resultó ser uno de los productos más sorprendentes de la comedia cinematográfica nacional. Apoyado por cierto sector de la crítica, la película funcionó —y funciona— lo suficiente como para encontrar productor para su segundo largometraje, algo difícil e infrecuente por estos pagos»50.

La película llegó a proyectarse en París dentro de una muestra antológica de Cine de Vanguardia en español que se celebró en el Centro Pompidou. Sería el inicio de una relación, nada fácil al principio, entre el manchego y el país galo que, a día de hoy, continúa con un idilio absoluto y correspondido.

Pero el estreno de Pepi… también quedará siempre marcado en la memoria de Pedro Almodóvar por el fallecimiento de su padre una semana antes de proyectar la película en el Festival de San Sebastián. Unos momentos que recordó con un nudo en la garganta y ojos enrojecidos en una entrevista que concedió a Juan José Millás para Canal + 26 años después. Su padre, que vivía en Extremadura, decidió que tenía que volver a Calzada de Calatrava para morir, y lo hizo en la misma cama donde había nacido. «Llegamos a tiempo Tinín (su hermano Agustín, que también vivía ya en Madrid) y yo para despedirnos. Mi padre no entendía en absoluto lo que yo había hecho con los veintitantos años de vida, no entendía que me dedicara al cine, pero sí entendía muy bien que se estaba yendo… Me dijo: “Bueno, ahora te quedas tú de padre de familia, ocúpate de que el niño (Tinín) termine su carrera y que encuentre un trabajo…”. Le dije que sí, que no se preocupara de mi hermano y de toda la familia… me gustaría que supiera que hice lo que me pidió»51. La relación entre padre e hijo, como reconocía el propio director, no fue fácil. «Mi padre llegó a amenazarme con mandarme a la Guardia Civil si me iba de casa porque era menor de edad», y concluye: «Es una pena que yo haya entendido a mi padre muy tarde, sobre todo después de su muerte».

De Laberinto de pasiones a La ley del deseo

Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón llegó a reunir 216.214 espectadores y estuvo durante cuatro años en la llamada «sesión golfa» de un cine madrileño. Pero no hizo falta esperar tanto tiempo para ver la segunda película del director manchego. Fue el 29 de septiembre de 1982 cuando se estrenó Laberinto de pasiones.

Días antes de su estreno comercial, y después de haber pasado por el Festival de San Sebastián, el propio Pedro nos contaba en una carta abierta de qué iba y qué pretendía con su segundo largometraje. «Decir que es una deliciosa e inclasificable comedia sé que no basta. Eso sí, puedo hablar de mis intenciones. Pues ahí van: mi única intención con esta película es conquistar el mundo, y de paso cambiarme de casa, ampliar los horizontes de mi vida privada y convencerme de que la vida es digna de ser vivida»52.

La primera gran novedad de la segunda película de Almodóvar, como ya anticipamos, venía desde la producción, ya que la cadena de exhibición y distribución de cine Alphaville decidió ponerse al frente de la película para conseguir la financiación necesaria. Lo contaba Javier de Garcillán, consejero delegado de Alphaville y productor ejecutivo de Laberinto de pasiones: «Un 70 % del filme ha sido pagado con un crédito del Banco de Crédito Industrial, el 30 % restante, gracias a diversas aportaciones privadas»53. El presupuesto llegaría hasta los 21 millones, casi el triple que la primera.

Las mayores posibilidades económicas provocaron una importante mejora técnica de la película. «Laberinto de pasiones tiene una excelente calidad, porque esta vez Almodóvar ha sido secundado por un importante aparato de producción y unos cualificados profesionales»54, señalaba la crónica previa del Festival de San Sebastián. Unas mejoras que, curiosamente, iban a provocar también algunas críticas de las que Almodóvar se quejaba tras el estreno en Donostia. «Lo más curioso de todo es que se me ha reprochado que Laberinto de pasiones sea una película mejor hecha que Pepi. Por lo visto, uno no tiene derecho a aprender. Pepi era una película pobre, muy pobre, y sus defectos se tomaron como una parte de su estilo. Ahora que no hay tales defectos, algunos quieren volver contra mí esta ventaja»55, declaraba en caliente el director manchego.

Lo que volvía a quedar patente es que la segunda película de Almodóvar tampoco iba a dejar a nadie indiferente. «Laberinto de pasiones recuerda en muchos aspectos el primer largometraje del autor. En este sentido, los espectadores que sigan creyendo que el rock es un ruido insoportable, la homosexualidad problema de cuatro degenerados, el cómic una aberración del arte y la droga un asunto extranjero, volverán a horrorizarse con los personajes que Almodóvar presenta»56, se apuntaba en El País. En Barcelona, los lectores de La Vanguardia iban a recibir otra perspectiva de la película: «Una cinta increíblemente dominada por el mal gusto, la afectación y la guasa vivencial más absoluta. Aplaudida a pesar de todo —suponemos que por simpatizantes de los fenómenos punk o del movimiento gay, por guasones o por despistados que de todo hay en la vida del Señor. La película es una comedia local realizada en clave de tomadura de pelo»57.En ABC, la crítica era aún más dura: «Con todos los respetos personales para su autor, no pasa de ser un bodrio muy considerable»58.

Pero la polémica iba a ir mucho más allá que unas críticas más o menos positivas. «Laberinto de pasiones ha sido censurada por el exhibidor que, conjuntamente con los cines Alphaville, iba a estrenarla en Madrid… Alentado, al parecer, por los juicios escandalizados de algunos espectadores que visitan este festival desde su fundación, el propietario del cine Gayarre ha decidido no contar en su cartelera con tan escandalosa película. Es tan fácil aún en este país para el escándalo que la sorpresa surge en el momento más inesperado»59, anunciaba Diego Galán en El País un día antes de la clausura del festival donostiarra.

Pese a todo, el 29 de septiembre llegaba a los cines comerciales Laberinto de pasiones y Carlos Ferrando en Diario 16 relataba cómo fue el estreno en la noche madrileña: «Entre sonadas carcajadas y cálidas ovaciones, el personal volvió a demostrar su adhesión al manchego que ha descubierto al resto del país que en Madrid no solo viven los mediocres personajes costumbristas de Truebas, Ladoires y compañía… A la salida, las actrices presentes y no incluidas en el casting de la película, perseguían a Almodóvar con el erótico eslogan de: “Queremos una película tuya…”. Antes de continuar la noche en el Rock-Ola, oigo a Francisco Umbral que comenta encantado: “Lo que más me ha gustado es cuando Cecilia Roth se tira a su padre»60.

1983 Entre tinieblas

«No me encuentro especialmente querido. Recibo muestras de admiración todos los días, pero es como si se lo dijeran a alguien que va detrás de mí. Estas cosas son muy frágiles, son ficticias»61.

Antes del primer pase público de Entre tinieblas, en el Festival de Venecia, Almodóvar concedía en su propia casa una entrevista a Rosa Montero en El País. Una conversación donde mostraba, como pocas veces lo había hecho antes, su lado más personal. «Entre tinieblas es profundamente sentimental. Antes no me atrevía a hacer esto, a destaparme como el profundo sentimental que soy… pero no estoy dispuesto a pagar el precio enorme que hay que pagar para encontrar a alguien que colme las apetencias sentimentales… aunque fíjate, me encantaría sentirme arrastrado por una pasión»62, se confesaba el manchego cuando estaba a punto de cumplir 34 años.

Además, explicaba lo complicado que seguía siendo para él sacar adelante un proyecto cinematográfico. «Estoy terminando mi tercera película. Después de Pepi… he tenido la suerte de que dos nuevas productoras aparecieran y que ambas pensaran en mí para su debut. Si mi porvenir dependiera de los productores habituales seguiría trabajando en la Telefónica o inventándome cooperativas suicidas»63.

Almodóvar hablaba de Entre tinieblas, película que se estrenó el 3 de octubre de 1983 y de la productora Tesauro. «Entre tinieblas será la película escándalo del 83», abría a cuatro columnas Diario 16 después de ver la película en un pase que ellos mismo señalaban como «superprivado»: «La historia central de la película es la de un amor fou entre una superiora del convento heroinómana y un putón verbenero-cabaretero que pasa muchísimo de ella, pero que la utiliza»64. Y la predicción del escándalo iba a cumplirse.

En Venecia, la película no fue admitida a concurso y «tuvo que ser desplazada a la sección informativa a causa de los escrúpulos democristianos del equipo dirigente del festival»65, informaba Octavi Martí desplazado por El País a la ciudad italiana. Su crónica del pase de la película reflejaba un mayor entusiasmo por parte del público que por parte de la prensa italiana. «El equipo artístico tuvo que saludar repetidas veces. Aclamados por unos espectadores que, por primera vez en muchos días, reían y participaban del juego burlesco que les proponía la pantalla». En la misma línea se expresaba el enviado especial del diario ABC, José Alejandro Vara. «Pedro y sus protagonistas saludaron tres minutos, puestos en pie, a la ovación de los presentes una vez finalizada la proyección, salpicada por risas incontroladas y pequeñas muestras de satisfacción en forma de aplausos por parte de un público entusiasta y, en general, muy joven».

Por otra parte, estas eran algunas de las reseñas de la prensa italiana. «Filme escandaloso, pero sin mordiente, que no va más allá del espectáculo llamativo», decía Il Gazzettino de Venecia. Por contra, Corriere della sera señalaba que la película no cae en la obscenidad gracias a la agilidad de espíritu del director. La película se estrenaría comercialmente en Italia bajo el título «El indiscreto encanto del pecado». Peor fue en el Festival de Cannes donde la película ni siquiera fue aceptada por «sacrílega», una censura que se alargaría en el tiempo y en el espacio, ya que siete años después de su estreno, en 1990, la película llegó cortada a Buenos Aires. «Cinco mutilaciones reducen en un cuarto de hora su duración. Esta censura no procede de un organismo oficial, sino de la distribuidora, que parece preocupada por la salud espiritual de los espectadores argentinos»66, denunciaba José Comas desde Buenos Aires.

De su propia película iba a escribir Almodóvar en Diario 16 el día antes de su estreno comercial para dar algunas explicaciones y ajustar algunas cuentas pendientes: «En el 83 resulta bastante anacrónico intentar escandalizar con una película. No pretendo provocar al espectador, sino hacerle mi cómplice. En definitiva, no es una película “modelna”, como diría Carlos Boyero»67. En esta misma carta, Almodóvar acaba confesando sus nervios. «Mentiría si dijera que no estoy nervioso frente a este estreno. Mentiría también si dijera que me importan un bledo las críticas y la reacción del público. Cada vez que estrenas una película es como si te examinaras ante cientos de personas, que por el mero hecho de pagar 300 pesetas tienen derecho a determinar tu carrera. Pero así es el cine».

¿Y qué se dijo en España de Entre tinieblas? Para empezar, la noche del estreno, el salón tuvo que ser desalojado una hora antes por una amenaza de bomba. Respecto a las críticas, El País señalaba que «estamos ante una película insólita que nadie hubiera imaginado posible hace unos años, cuando la censura abortaba cualquier idea. Pedro Almodóvar es un juguetón impertinente, osado, listo y brillante»68. Pérez Abellán en Diario 16 se refería a Entre tinieblas como la película «más escandalosa, irreverente y divertida del nuevo cine español. Almodóvar divierte, preocupa, satiriza, libera y mata un buen montón de fantasmas a golpe de pulverizador»69. Y en el mismo periódico, Francisco Marinero sentenciaba: «No es una gran película, sí una película divertida que demuestra con sus debilidades el talento y el sentido del humor de Almodóvar»70. En ABC, César Santos resumía la cinta como «disparate iconoclasta que no llega a alcanzar la categoría de esperpento por culpa de una puesta en escena tímida en relación con la historia narrada»71.

Una de las críticas más ácidas la podíamos leer en la Guía del ocio con la firma de Carlos Boyero, al que el propio Almodóvar mencionaba anteriormente, seguramente después de leer su contundente opinión. «Hay otro tipo de moda, la que crean showmans avispados y audaces. Reflejan con superficialidad a gente superficial, explotan el argot de la vanguardia, adoran la pose, relativizan lo antes considerado populachero, sienten el esnobismo como el no va más, consiguen que una considerable cantidad de bobos se sientan tan reflejados con halago en las imágenes…. Lo anterior es representativo del fenómeno Almodóvar, en su dos primeras películas reinaba la chapucería, el desaliño técnico y argumental»72. Pero todo no iba a ser tan negativo en la reseña de Boyero. «Independientemente del planteamiento burdo de la historia, hay varias secuencias que demuestran que este director está aprendiendo deprisa cosas elementales, como filmar una conversación, mover a los intérpretes o rematar una escena. También momentos y gags que revelan inteligencia y sentido de la comicidad. Y, sobre todo, una habilidad especial para dirigir señoras».

Es evidente que, desde sus primeras creaciones, Almodóvar no conoce el término medio, desata pasiones y fobias por igual. Una de las mayores demostraciones de amor llegó de la mano del escritor Terenci Moix: «Yo adoro a Pedro Almodóvar, lo adoro. Es un tío que va al grano. Será más o menos perfecto, pero puedo ver Entre tinieblas hasta tres o cinco veces seguidas»73, descubría en una entrevista en Diario 16 con motivo de la publicación de su novela Amami, Alfredo.

Entre tinieblas también nos dejó otro detalle curioso que tenía que ver con el convento elegido para grabar la película. Situado en la calle Hortaleza de Madrid, en los números 86 y 88, el edificio siempre tuvo fama, según la leyenda, de ser un lugar atormentado. En un artículo de la revista Interviú de 1995, se contaba que el convento de Las Arrecogidas albergaba siglos atrás a «una congregación religiosa que se ocupaba de las señoritas descarriadas o mujeres de dudosa reputación. Según los testimonios históricos, las monjas ejercían más de carceleras que de pastoras de almas»74. Años después de la grabación de la película, el edificio fue adquirido por el sindicato UGT para ubicar su sede, pero pronto decidieron abandonarlo. ¿El motivo oficial? Había fantasmas. Llegaron incluso a pedir la ayuda de parapsicólogos. Y así relataban cómo se habían encontrado el convento tras la grabación de la película. «Aquello parecía más un puticlub o un cabaret que un piadoso lugar de culto. Es impresionante lo que nos encontramos al llegar».

Y un último apunte de Entre tinieblas, ya que fue la primera vez que la actriz Chus Lampreave trabajó con Almodóvar. Algo que no había sucedió antes porque ella no había querido. «Ya me llamó para su primera película, Pepi…, y luego para Laberinto de pasiones… pero no trabajé porque estaba asustada, no me apetecía hacer cine. Luego siguió insistiendo y hasta me dijo: “Te llamaré siempre que haga una película” y lo ha hecho»75, afirmaba antes de participar también en Matador.

Almodóvar despediría el año 1983 exactamente igual que lo empezó, con un concierto multitudinario en la sala Rock-Ola, junto a McNamara y Alaska y Dinarama. «El concierto comenzó a la hora anunciada, las dos de la madrugada, con el personal lo suficientemente invadido por los vapores etílicos y el cálido humo preferido instalado tan ricamente en los pulmones. La aparición de Almodóvar fue todo lo apoteósica que cabía esperar de un talento tan provocador como deslumbrante»76, así descubríamos la última noche del año en la crónica que Carlos Ferrando firmaba para Diario 16. Pero lo mejor estaba en la descripción del atuendo que lucía el director manchego. «Su aspecto era el siguiente: peluca modelo Luis xvi que usaría Cecilia Roth para Yo maté a mi marido (luego cambiaría el título por ¿Qué he hecho yo para merecer esto?). Gafas negras, las tenía. Pendientes y finas perlas provenientes del atrezzo bisuteril de una amiga. Impermeable rojo comprado en El Corte Inglés, 1 900 pesetas. Plataformas plateadas compradas en Mario, 2000 pesetas». Con todo, Almodóvar descubría en la misma crónica que hasta el último instante había dudado sobre su vestimenta. «Pretendía presentarme con un modelo aerobic, ya sabes, malla, cinta en el pelo, calentadores; pero me di cuenta de que todo ello obsequiaba a mi aspecto con unos doscientos kilos de más, y decidí renunciar». Solo 30 días después, el Ayuntamiento de Madrid precintaba el local por falta de seguridad.

1984 ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

«La cultura de la droga ya existía antes de que se pusiera de moda. Pero después de la euforia y la modernez, la gente ya no toma droga porque sea de modernos, es porque le gusta. Se consume infinitamente más droga que hace diez años. Todo tipo de drogas. Y en todas las capas sociales. Yo estoy seguro que los políticos se drogan por un tubo. Si no, mira tú cómo se puede mantener una campaña electoral si no es con algún tipo de estimulantes. Ahora hay una actitud más liberadora hacia todo»77.

Era la opinión de un Pedro Almodóvar que, tras filmar sus primeras tres películas, se convierte en un personaje público de primer orden, que aparecía constantemente en los medios de comunicación y al que se le pedía opinión sobre todos los temas de actualidad.

El director firmó incluso un artículo para un suplemento de hogar para Diario 16 titulado: «Mi casa: Contra lo natural, el plástico», donde nos metía en su apartamento. «Mi casa no es un hogar y expresa mis dos peores inclinaciones: el desorden y la manía de trabajar. Me cambié hace más de un año y continúa exactamente igual que entonces… A mí no me gusta convivir con nada que esté vivo, para no tener que ser testigo de su muerte, ya sea amante, animal o planta… Mi casa es mi refugio: duermo, trabajo, reflexiono, leo y me ducho en ella. Si quiero ver a alguien salgo a la calle, incluso cuando me apetece follar o ver la tele. Espero no parecer un monstruo»78, remataba el manchego.

No solo los medios de comunicación estaban tras él. Una institución como el Centro Dramático Nacional anunciaba a través de su director, Lluís Pasqual, una interesante propuesta para Almodóvar. «No sé si existe un teatro punk. Este movimiento me hace sentir muy viejo porque es un lenguaje con el que me es muy difícil conectar. Pero está ahí y hay quien necesita llevar el pelo verde como yo escuchar a Mozart. Me gustaría ofrecer a este sector un instrumento teatral. Por eso Pedro Almodóvar montará un espectáculo en el centro el próximo año»79.