Arte de amar. Remedios de amor - Ovidio - E-Book

Arte de amar. Remedios de amor E-Book

Ovidio

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Beschreibung

Amar es un arte. Olvidar, también. Antes de ser desterrado por el emperador Augusto a las lejanas riberas del Mar Negro, Ovidio escribió dos obras que capturan con brillantez su espíritu vitalista: "Arte de amar" y "Remedios de amor". En ellas, el poeta romano despliega con ingenio, ironía y una sorprendente modernidad todo lo que sabe sobre el deseo, la conquista, el placer... y el desamor. Este volumen reúne ambas obras en una edición cuidada, con traducción e introducción de Juan Luis Arcaz Pozo. Pensado para quienes creen que el amor merece ser vivido con intensidad, explorado con curiosidad y comprendido con inteligencia, este libro ofrece una guía tan provocadora como divertida. Ovidio, con la complicidad de su propia experiencia, acompaña al lector en cada etapa del enamoramiento: ya sea para conquistar, mantener viva la llama o curar heridas.

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Seitenzahl: 268

Veröffentlichungsjahr: 2026

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Ovidio

Arte de amarRemedios de amor

Seguido de

Cosméticos para el rostro femenino

Traducción y notas de Juan Luis Arcaz Pozo

ALIANZA EDITORIAL

Índice

Arte de amar

Libro I

Libro II

Libro III

Remedios de amor

Cosméticos para el rostro femenino

Créditos

Arte de amar

Libro I

[Sobre dónde y cómo conseguir el amor de una mujer]

Si alguien entre la gente no conoce el arte de amar, que lea esta obra y, al concluir el poema, que ame instruido entonces. Con el arte las barcas navegan veloces a remo y a vela; con el arte corren ligeros los carros: también con el arte debe regirse el Amor. Automedonte1. estaba dotado para los carros y las dóciles riendas, Tifis2. era el piloto en la nave de Hemonia3.; a mí Venus me ha encargado ser el autor de este arte para el tierno Amor: seré llamado el Tifis y el Automedonte de Amor.

Él es, en verdad, desalmado y es quien muchas veces se encara conmigo, sin embargo es un niño de edad maleable y dada a dejarse llevar. El hijo de Fílira4. consiguió que Aquiles de pequeño tocara la cítara y quebrantó su ánimo fiero con arte serena; así, el que tantas veces amedrentó a sus amigos y tantas a sus enemigos, parece que se echaba a temblar ante el añoso anciano. Las manos que iba a probar Héctor5., él las ofrecía obedientes a los golpes con solo pedírselas su maestro.

Quirón lo fue del Eácida6., yo soy preceptor del Amor: uno y otro son crueles muchachos, uno y otro son hijos de diosa. Sin embargo, la cerviz del toro se carga con el peso del arado y el freno es mordido por el diente del inquieto caballo; también ante mí cederá el Amor, aunque hiera con su arco mi pecho y agite las antorchas que blande. Cuanto más fieramente el Amor me traspase con flechas y me haya abrasado, tanto mejor vengador seré de la herida que me haya infligido. No diré yo en falso que estas artes, Febo7., me han sido entregadas por ti, ni que nos inspira el graznido de un ave del cielo, ni que se me han aparecido Clío y las hermanas de Clío8. mientras guardaba en tus valles, Ascra9., rebaños: la experiencia mueve esta obra, atended a un poeta instruido. Cantaré la verdad: asiste, madre de Amor10., mi propósito. Quedaos lejos, cintas delgadas, símbolo del pudor, y tú, larga estola, que tapas hasta el empeine11.: nosotros cantaremos una Venus sin riesgos y amoríos consentidos, y en mis versos no habrá falta ninguna.

[Pasos a seguir]

Primero procura buscarte aquello que quieres amar, soldado tú que ahora de nuevas te adentras en insólita guerra12.. La siguiente tarea es conquistar a una muchacha que te guste. La tercera es que dure el amor largo tiempo. Esta será la forma de obrar, este será el terreno que holle nuestro carro, esta la meta que habrá de alcanzar cuando lance mi rueda13..

[Dónde se puede conseguir una mujer: los pórticos y el foro de Roma]

Mientras sea posible y puedas andar sin atadura alguna por donde te plazca, elige a una que digas: «Solo tú me gustas». Ella no te vendrá volando a través del aire ligero: tienes que buscar con los ojos una joven adecuada. Sabe bien el cazador dónde tender a los ciervos las redes, sabe bien por qué valle merodea el rechinante jabalí; el pajarero conoce los arbustos; el que sostiene la caña conoce en qué aguas nada un abundante pescado. También tú, que anhelas dar principio a un largo amor, aprende antes en qué sitio hay mayor abundancia de jóvenes. No ordenaré yo al que busca que suelte sus velas al viento, ni te es necesario patearte un largo camino para encontrarlas. No importa que Perseo se trajera a Andrómeda de la negra India14. ni que una joven griega fuera raptada por un hombre de Frigia15.: a ti Roma te dará tantas y tan hermosas muchachas que dirás: «Esta tiene todo lo que puede encontrarse en el mundo». Cuantas cosechas tiene el Gárgaro y cuantos racimos Metimna16., cuantos peces en el mar y cuantas aves se ocultan entre el follaje, cuantas estrellas tiene el cielo, tantas muchachas tiene tu Roma: la madre se ha establecido en la ciudad de su Eneas17.. Si sientes debilidad por las que tienen pocos años y están todavía creciendo, vendrá ante tus ojos una muchacha de verdad. Si deseas una joven, mil jóvenes te gustarán: te ves obligado a no saber la que es de tu agrado. Si te gusta tal vez la edad madura y más sabia, también, créeme, tendrás este ejército más lleno. Tú solo pasa el rato tranquilamente a la sombra del pórtico de Pompeyo, cuando el sol se aproxima a la espalda del león de Hércules18., o donde la madre ha acercado sus regalos a los regalos de su hijo, suntuosa obra por el mármol venido de fuera19.. No evites tampoco el pórtico, salpicado de antiguos cuadros, que tiene por nombre el de Livia, su fundadora20., y en donde las Bélides se atrevieron a tramar la muerte de sus desdichados primos y el fiero padre se yergue espada en mano21.. Y que no se te pase por alto Adonis22., llorado por Venus, ni los ritos del séptimo día celebrados por el judío sirio23., ni evites el templo menfítico de la ternera cubierta de lino24. (ella hace ser a muchas lo que fue ella misma para Júpiter). También los foros (¿quién podría creerlo?) vienen bien al amor y a menudo su llama ha sido encontrada entre el ruido del foro. Por donde la Apíade25., sita al lado del templo de Venus hecho de mármol26., hiende los aires con las aguas que surte, en aquel lugar muchas veces el jurista es sorprendido por Amor y él, que se cuidó de otros, no se cuida de sí; en aquel lugar muchas veces le faltan palabras al orador, un caso nuevo se le presenta y ha de actuar en su propio proceso. Venus se ríe de él desde su templo que está al lado; quien hasta hace poco era patrón, ahora desea ser un cliente.

[El teatro]

Pero tu caza está sobre todo en los curvos teatros: estos lugares son los más fructíferos para tus deseos. Allí encontrarás algo para amar, algo con lo que puedas divertirte, algo que tocar una sola vez y algo que quieras tener para siempre. Como va y viene incansable la hormiga a través de larga fila cuando lleva en su boca portadora de grano el alimento acostumbrado o como las abejas, tras haber encontrado los sotos deseados y olorosos pastizales, revolotean por entre las flores y las frondes del tomillo, así la mujer se precipita con sus mejores galas a los concurridos juegos: muchas veces su abundancia ha retardado mi elección. Vienen para contemplar, pero vienen también para que las vean a ellas; aquel lugar conlleva el quebranto del casto pudor.

Tú, Rómulo27., fuiste el primero en hacer multitudinarios los juegos, cuando la sabina raptada alegró a tus hombres sin esposa. Entonces no colgaban los toldos en el teatro de mármol ni el catafalco estaba rojo por el líquido azafrán; en aquel entonces el escenario estaba hecho, sin ningún artificio, de ramas simplemente colocadas que había producido el boscoso Palatino28.; el público se sentaba en gradas hechas de césped, mientras sus peludas cabelleras las cubría con cualquier tipo de rama. Vuelven la mirada y señala cada uno con sus ojos la muchacha que quiere para sí; y revuelven en su callado corazón muchos sentimientos; y mientras al son de un flautista etrusco que entona un agreste ritmo un danzante golpea tres veces29. la tierra allanada, en mitad de los aplausos (y los aplausos entonces se hacían sin técnica alguna)30. el rey dio a su pueblo la señal para dirigirse a la presa. Inmediatamente saltan confesando su intención con el vocerío y echan sus deseosas manos sobre las doncellas; igual que las palomas, muchedumbre muy temerosa, huyen de las águilas y la tierna cordera huye a la vista de los lobos, así aquellas temieron a los hombres que se lanzaban sin control. En ninguna permaneció el color que antes tenía, pues el temor era único, pero no era único el aspecto de ese temor: una parte se tira de los cabellos, otra permanece sentada sin capacidad de reacción; una calla entristecida, otra llama a su madre en vano; esta se lamenta, esta se queda estupefacta; esa se queda quieta, aquella escapa. Se llevan a las muchachas raptadas, botín matrimonial, y el mismo temor hizo que muchas ganaran en belleza. Si alguna se resistía demasiado y rechazaba a su acompañante, el mismo hombre la llevaba en volandas31. sobre su deseoso regazo y así le decía: «¿por qué afeas tus tiernos ojos con lágrimas? Lo que es tu padre para tu madre, eso seré yo para ti». Rómulo, solo tú supiste dar compensaciones a los soldados; si estas compensaciones me dieras a mí, sería también soldado. Y en verdad, según aquella tradición, los solemnes teatros continúan siendo ahora también lugares de asechanzas para las hermosas.

[El circo y el anfiteatro]

Que tampoco se te pase por alto la carrera de los nobles caballos: el circo, lleno de gente, encierra muchos placeres. No te harán falta los dedos con los que contar tus secretos, ni tendrás que recibir un mensaje mediante movimientos de cabeza. Siéntate cerca de tu dueña sin que nadie te lo impida. Arrima tu costado a su costado todo lo que puedas. También es una ventaja que, aunque no quieras, la fila obliga a arrimarse, que tendrás que rozar a la muchacha por imposición del lugar. En ese momento, búscate la excusa de una charla amistosa y que sean expresiones comunes las que muevan tus primeras palabras. Haz por preguntarle con interés de quién son los caballos que participan y sin dilación favorece, sea quien sea, al que ella favorece. Pero cuando se inicie la procesión concurrida con los dioses de marfil, tú aplaude con mano favorable a Venus soberana. Y como suele pasar, si cayera por casualidad polvo en el regazo de tu muchacha, habrás de sacudírselo con los dedos; aunque no hubiera polvo, no obstante sacúdeselo sin que lo haya: que cualquier excusa te sea válida para tu solicitud. Si por colgar demasiado su manto rozara el suelo, recógeselo y levántalo servicialmente del inmundo suelo. Al punto, como pago a tu servicio, con el permiso de la muchacha podrás ver sus piernas con tus propios ojos. Además, mira hacia atrás para que no oprima su delicada espalda al poner la rodilla quienquiera que esté sentado detrás de vosotros. Las cosas pequeñas cautivan los espíritus sensibles: a muchos les ha sido útil mullir un cojín con mano presta. También les fue bien mover el aire con una delgada tablilla y poner bajo su tierno pie un cóncavo escabel.

Estas oportunidades para un nuevo amor te las ofrecerá el circo y la aciaga arena esparcida sobre el bullicioso foro32.. Muchas veces en aquella arena ha luchado el hijo de Venus33. y ha sufrido sus heridas el que contemplaba las heridas34.. Mientras habla y roza una mano y pide un programa y pregunta, una vez hecha la apuesta, cuál de los dos ha vencido, gimió herido y sintió un dardo volante y él mismo fue parte del combate presenciado.

¿Y qué cuando hace poco, bajo la apariencia de un combate naval35., el César enfrentó naves persas y cecropias?36. Recientemente jóvenes de uno y otro continente, muchachas de uno y otro confín se reunieron y el mundo en pleno estuvo en la ciudad37.. ¿Quién no encontró entre aquella muchedumbre motivo para amar? ¡Ay, a cuántos atormentó un amor llegado de lejos!

He aquí que el César38. prepara anexionarse lo que le faltó del orbe sometido: ahora, Oriente lejano, serás nuestro. Parto, pagarás tu castigo; alegraos, Crasos sepultados39. y enseñas que no llevasteis a bien soportar las manos bárbaras. El vengador está aquí y desde sus primeros años promete ser un caudillo y, aun siendo un niño, acomete unas guerras que no han de ser llevadas por un niño40.. Dejad de contar los cumpleaños de los dioses, temerosos: a los Césares les ha llegado la gloria antes de su día. Un ingenio divino se levanta más veloz que sus años y tolera de mal grado los perjuicios de la perezosa tardanza. Era pequeño el de Tirinto41. y ahogó a dos serpientes con sus manos y en la cuna era ya digno de Júpiter. También tú, que eres todavía un niño, Baco, ¿cómo lo eras cuando la India vencida temió tus tirsos?42. Con los auspicios y años de tu padre, niño, harás la guerra y vencerás con los años y auspicios de tu padre. Semejante comienzo lo debes a tan sonado nombre: ahora eres príncipe de los jóvenes43., después lo serás de los ancianos. Ya que tú tienes hermanos44., venga a unos hermanos ofendidos45., y ya que tienes padre, vela por los derechos de un padre46.. El progenitor tuyo y de la patria te vistió a ti las armas; el enemigo, en cambio, se adueña del poder con la oposición de su padre. Tú llevarás dardos piadosos, aquel flechas criminales: ante tus enseñas se alzarán el derecho y la piedad. Por la razón son vencidos los partos, sean vencidos también por las armas: que mi caudillo sume las riquezas del Oriente al Lacio. Padre Marte y padre César, insufladle vuestro aliento divino en su partida, pues de vosotros tú eres un dios, tú lo serás47.. Auguro, en efecto, que vencerás y te regalaré con premios votivos y serás celebrado por mí con gran elocuencia48.. Estarás de pie y dirigirás las tropas con palabras mías (¡ojalá mis palabras no desmerezcan de tu arrojo!). Cantaré la retirada de los partos y el avance de los romanos y los dardos que lanza el enemigo cuando monta del revés en su caballo49.. Parto que huyes para vencer: ¿qué dejarás al vencido? Parto, mal augurio tiene ya desde ahora tu Marte. Así pues, llegará el día en que tú, el más hermoso de todas las cosas, marcharás vestido de oro sobre cuatro caballos blancos como la nieve; por delante irán los generales cargados de cadenas al cuello a fin de no poder, como antes, ponerse a salvo con la huida. Lo contemplarán felices los jóvenes, y mezclados con ellos las muchachas, y ese día a todos les infundirá ánimos. Y cuando alguna de aquellas pregunte los nombres de los reyes, qué lugares, qué montes o qué ríos están representados, responde tú a todo, y no solo si alguna te lo solicita; y lo que desconozcas, díselo como si te fuera bien conocido. Este es el Éufrates, ceñida su frente de caña; al que le cuelga azulada la cabellera será el Tigris50.; a estos llámalos armenios, esta es la Persia danaea51.; la ciudad esa estuvo en los valles aquemenios; ese o aquel son generales, y tendrán los nombres que le digas, si te fuera posible, de acuerdo a la verdad, pero si no, al menos, adecuados.

[Los banquetes]

También los banquetes, una vez preparadas las mesas, te ofrecen una oportunidad: hay algo además del vino que puedes sacar de allí. Muchas veces en ese lugar el purpúreo Amor aprisionó estrechados en sus tiernos brazos los cuernos de Baco reclinado. Y cuando el vino ha salpicado las alas bebedoras de Cupido, se queda él sentado y se duerme en el lugar que ocupaba. Cierto es que sacude con rapidez sus plumas humedecidas, pero sin embargo también los corazones que salpica sufren los envites de Amor. El vino predispone los ánimos y los dota para el amor: la preocupación desaparece y se disipa por efecto del abundante vino. Entonces llegan las risas, entonces el que no lo es se vuelve atrevido, entonces el dolor y las preocupaciones y los ceños fruncidos se esfuman. Entonces la ingenuidad, rarísima en nuestra época, abre su mente merced al dios que rompe los encorsetamientos. Allí muchas veces las muchachas han cautivado los ánimos de los jóvenes y Venus entre el vino fue fuego en el fuego. En ese trance no te fíes demasiado de la engañosa lucerna: la noche y el vino impiden valorar la belleza52.. Paris contempló a las diosas de día y a cielo abierto cuando a Venus le dijo: «Ganas a una y a otra, Venus»53.. De noche se ocultan las faltas y se disculpa todo defecto y aquella hora hace a cualquiera hermosa. Consulta durante el día sobre las piedras preciosas, sobre la lana teñida de púrpura, consulta sobre el rostro y los cuerpos.

[Otros lugares]

¿Para qué enumerarte las reuniones de mujeres que son adecuadas para la caza? La arena no es nada en comparación con mi lista. ¿Para qué voy a hablar de Bayas54. y las costas que rodean a Bayas y del agua que humea de caliente azufre? Alguien que se llevó de allí una herida en su pecho dijo: «No era esta agua saludable como se dice». He ahí el templo del bosque de Diana a las afueras de la ciudad y el poder obtenido mediante espada por mano dañina55.: ella, ya que es virgen, ya que odia los dardos de Cupido, causó muchas heridas a su gente, muchas causará.

[Pasos a seguir para la conquista de la mujer elegida: hay que tener confianza en que todas pueden ser seducidas]

Hasta aquí Talía56., llevada sobre ruedas desiguales, te ha mostrado de dónde escoger el objeto de tu amor, dónde tender tus redes. Ahora me propongo decirte mediante qué argucias habrás de conquistar a la que te ha gustado, objeto esencial de mi arte. Varones, quienesquiera que seáis y en cualquier sitio que estéis, prestadme atentos oídos y asistid como público favorable a mis promesas. En primer lugar, métete en la cabeza la confianza de que todas pueden ser conquistadas: las conquistarás con solo que tiendas las redes. Enmudecerán las aves en primavera y las cigarras en verano, dará la espalda el perro del Ménalo57. a la liebre antes de que una mujer, seducida con ternura, rechace a un joven: también querrá la que hubieras podido creer que no quiere. Tanto como para un hombre, el amor furtivo es grato para una muchacha: el hombre lo disimula mal, pero ella lo desea más encubiertamente. Convéngase entre los varones que no la supliquemos nosotros antes, ya tomará la mujer vencida el papel de suplicante. La hembra muge al toro en los mullidos prados, la hembra siempre relincha al caballo de córnea pezuña. Entre nosotros más tranquila y no tan salvaje es la pasión: el ardor masculino tiene un objetivo civilizado. ¿Qué voy a decir de Biblis, que se abrasó por el amor ilícito de su hermano y vengó con arrojo su acto nefando con la horca?58. Mirra amó a su padre, pero no como debe una hija, y ahora se esconde presa de la corteza que la envuelve59.. Con las lágrimas que ella derrama del árbol aromático nos perfumamos y tiene el licor el nombre de su dueña.

Por casualidad, al pie de los sombreados valles del boscoso Ida60., había un toro blanco, gloria del rebaño, marcado entre los cuernos con un leve lunar negro61.. Era la única mancha, pues lo demás era del color de la leche. Las terneras de Cnoso y de Cidón desearon sostenerlo sobre su lomo. Pasífae gozaba con hacerse amante del toro y, envidiosa, odiaba a las vacas hermosas. Canto cosas conocidas: esto, aunque sea mentirosa, no puede negarlo Creta, que levanta sobre sí cien ciudades. Ella misma, se dice, cortó para el toro tiernas frondes y césped tiernísimo con mano desacostumbrada. Acompaña al ganado y el recuerdo de su esposo no la detiene al emprender la marcha; Minos había sido vencido por un buey. ¿Con qué objeto, Pasífae, te vistes lujosas galas? Aquel amante tuyo no atiende a riqueza alguna. ¿Qué te importa el espejo cuando persigues montunos rebaños? ¿Para qué arreglas tantas veces, insensata, el peinado de tu cabello? Fíate sin embargo del espejo que te dice que no eres una ternera. ¡Cómo desearías que te hubieran nacido cuernos en la frente! Si Minos te gusta, no ha de buscarse amante alguno; pero si quieres engañar a tu marido, engáñalo con un hombre. La reina se dirige, abandonando el lecho, al bosque y la espesura como una bacante excitada por el dios de Aonia62.. ¡Ay, cuántas veces dirigió su mirada con rostro enemigo a una vaca y le dijo: «¿Por qué esa le gusta a mi dueño? Mira cómo salta de alegría ante él sobre la blanda hierba. No dudo de que la necia cree que le gusta». Dijo esto y al instante ordenó que fuera sacada del numeroso rebaño y puesta, sin merecerlo, bajo el curvo yugo; u obligó, fingiendo un sacrificio, a que fuera inmolada ante un altar y sostuvo con mano feliz las entrañas de su rival. ¡Cuántas veces aplacó a los dioses con sacrificios de rivales y dijo sosteniendo sus entrañas: «¡Venga, agradad a mi hombre»! Y pide unas veces ser convertida en Europa, otras en Ío, esta porque es vaca, la otra porque fue raptada por un toro63.. A ella, sin embargo, engañado por una vaca de madera de arce64., el guía de la manada la preñó y con el parto quedó en evidencia el que había engendrado en ella65..

Si una cretense66. se hubiera abstenido del amor de Tiestes (¡y qué afán es poder no gozar de un solo hombre!), Febo no habría cortado su carrera a la mitad y, dando la vuelta a su carro, no se habría dirigido a la Aurora tirando riendas de sus caballos. La hija que robó a Niso sus purpúreos cabellos oprime en su pubis e ingles perros rabiosos67.. El que huyó de Marte en la tierra, de Neptuno en el mar, el Atrida, fue víctima cruel de su esposa68.. ¿A quién no le ha hecho llorar la pasión de Creúsa de Éfira y la madre manchada de sangre por matar a sus hijos?69. Fénix, el hijo de Amíntor, lloró por las cuencas vacías de sus ojos70.; vosotros, fieros caballos, despedazasteis a Hipólito71.. ¿Por qué, Fineo, sacas sin merecerlo a tus hijos los ojos?72. Ese castigo habrá de caer sobre tu cabeza. Todas esas cosas las ha ocasionado la pasión femenina; es más atroz que la nuestra y tiene más de locura. Por tanto, venga, no dudes en poder conseguir a todas las muchachas; apenas habrá una de entre muchas que se te niegue. Tanto las que dan como las que niegan se alegran, con todo, de que se las suplique. Aunque seas despreciado, tu rechazo no tiene riesgos. Pero ¿por qué vas a ser despreciado cuando un nuevo placer resulta agradable y cuando lo ajeno llama más la atención que lo propio? Más fértil es la cosecha siempre en los campos ajenos y tiene el ganado vecino más llena la ubre.

[Conocer a la criada puede ser una ventaja]

Pero ten la precaución de conocer antes a la criada de la muchacha que vas a seducir: ella te allanará el camino. Mira que sea partícipe de los planes de su dueña y que no sea una confidente poco fiel de sus secretos escarceos. Sobórnala tú a esta con promesas, sobórnala rogando: lo que pides lo tendrás fácilmente si ella quiere. Ella elegirá el momento (también los médicos aguardan el momento) en que el ánimo de su dueña esté accesible y dispuesto a ser cautivado; su ánimo estará dispuesto a ser cautivado cuando parezca tan inmensamente feliz como mies que se alegra en tierra fértil. Los corazones se abren ellos solos en tanto están alegres y no acogotados por el dolor: entonces aparece Venus con delicada arte. Cuando estaba afligida, Ilio se defendió con las armas; en su alegría dio acogida a un caballo preñado de guerreros73.. También habrás de tentarla en el momento en que se sienta herida por una rival; entonces harás lo posible para que no quede sin venganza. Que la criada, al peinarle el cabello por la mañana, la incite y sume el esfuerzo del remo a la vela, y suspirando con leve susurro se diga para sí: «Me parece, con todo, que tú sola no podrás devolvérsela». Entonces que le hable de ti, que añada palabras persuasivas y le jure que mueres por un loco amor. Pero date prisa, que no caigan las velas y amainen las brisas: como el hielo frágil, la ira se diluye con la tardanza. ¿Preguntas si sería provechoso seducir a la propia sirvienta? En tales extremos la suerte resulta importante. Una se vuelve más servicial después de acostarte con ella, otra más perezosa; esta te prepara como regalo para su señora, aquella para sí misma. La fortuna depende del resultado: aunque favorezca ella tu osadía, mi consejo, sin embargo, es no intentarlo. No atajaré yo por un precipicio y elevadas cumbres ni joven alguno caerá apresado bajo mi mando. Pero con todo, si ella, mientras entrega y recibe las tablillas, te agrada por su físico y no solo por sus servicios, haz por gozar primero de su dueña, que a continuación ella la seguirá: no has de empezar el amor por la criada. Solo te aconsejo una cosa: si en algo al menos se cree en mi arte y el viento rapaz no arrastra mis palabras por el mar, o no haberlo intentado o llega hasta el final: desaparece el delator tan pronto ella misma entra a formar parte del delito. No fácilmente escapa el ave con las alas untadas de liga; no bien sale el jabalí de las redes destensadas. Quede el pez herido por el anzuelo que mordió: acosa tú a la que pretendes y no te retires sino vencedor74.. Pero que se oculte bien: si el delator queda bien oculto, siempre tu amiga irá a tu encuentro.

[Hay que aguardar el momento adecuado]

Quien piensa que el tiempo ha de tenerse en cuenta solo por los que cultivan los afanosos campos y por los marineros se engaña. No siempre Ceres75. ha de confiarse a los falaces campos ni siempre las cóncavas naves al agua verdosa: tampoco siempre es seguro conquistar tiernas muchachas. Muchas veces una misma cosa sale mejor si se hace en el momento adecuado. Si llegara el día de su cumpleaños o las Calendas en las que agrada que Venus haya sucedido a Marte76., o si el circo se hubiera adornado no, como lo estuvo antes, con figurillas, sino que tuviera expuestas riquezas de reyes77., retrasa tu empresa: entonces el triste invierno y las Pléyades78. se acercan, entonces el Cabrito79. se sumerge en el agua del mar; entonces, si alguien se confía al mar, apenas podrá recuperar los restos náufragos de su nave destrozada. Es lícito que comiences el día en que el lloroso Alia quedó ensangrentado con las heridas de los Latinos80. y en el que regresan las fiestas del séptimo día celebradas por el sirio de Palestina en nada apropiadas para arreglar negocios81..

[¡Cuidado con los regalos que le hagas!]

Guarda el cumpleaños de tu amiga con gran superstición y que el día en que tengas que darle algo sea fatídico. Aunque lo evites con cuidado, sin embargo algo sacará: la mujer encuentra la manera con la que diezmar los bienes de su ardoroso amante. Un comerciante desaliñado llegará a casa de tu amada, ansiosa por comprar, y le presentará sus mercancías mientras tú te quedas sentado: ella te rogará que les eches un vistazo para que des la impresión de entender sobre el asunto; luego te dará besos y al final te rogará que las compres. Te jurará que con esto se va a dar por satisfecha durante muchos años: dirá que ahora le hace falta, que ahora se hace una buena compra. Si te excusas diciendo que no tienes dinero en efectivo para darlo, se te pedirá un pagaré que te hará lamentar haber aprendido a escribir. ¿Y qué cuando pide regalos por un pastel de cumpleaños y nace en su beneficio cuantas veces le es menester? ¿Qué cuando llora afligidísima por un falso extravío y finge que un zarcillo se le ha caído del orificio de la oreja? Ruegan que se les den muchas cosas prestadas, pero no quieren devolver lo que se les ha dado: las pierdes y no encuentras resarcimiento alguno por tu pérdida. No me serían bastantes diez bocas con otras tantas lenguas para dar cuenta completa de las sacrílegas argucias de las meretrices.

[Envía cartas elocuentes con insistencia]

Que la cera fundida sobre alisadas tablillas tiente el vado, que la cera vaya en primer lugar como aliada de tu propósito82.. Sea ella portadora de tus lisonjas y de palabras semejantes a las de los enamorados y añade, seas quien seas, no pocas súplicas. Aquiles, movido por las súplicas, entregó el cuerpo de Héctor a Príamo83.; un dios airado se rinde ante una voz que le suplica. Procura hacerle promesas, pues ¿en qué puede perjudicarte el hacerlas? Cualquiera puede ser rico en promesas. La Esperanza, tan pronto se cree en ella, permanece largo tiempo: ciertamente es ella una diosa falaz, pero, no obstante, apropiada. Si le dieras algún regalo, podrías ser abandonado con razón: se llevaría lo pasado y no perdería nada. Pero lo que no le des, da siempre la impresión de que se lo vas a dar; así, muchas veces un campo estéril ha engañado a su dueño; así, para no perder, un jugador no deja de perder y muchas veces la suerte llama de nuevo a sus ávidas manos. Esta es la cuestión, esta tu tarea: unirte a ella sin regalos previos; para no dar gratuitamente lo que dio, continuará dando. Así pues, séale enviada una carta y escríbase con tiernas palabras, que explore su estado de ánimo y tantee ella primero el camino: una cita escrita en una manzana engañó a Cidipe y sin saberlo la joven se vio apresada por sus propias palabras84..

Aprende las buenas artes, te lo aconsejo, juventud romana, no solo para proteger a los temerosos reos. Tanto como el pueblo y el juez adusto y el electo senado, una muchacha, vencida por tu elocuencia, te rendirá sus manos. Pero queden ocultas tus fuerzas y no seas a las claras persuasivo: que tus palabras eviten un vocabulario afectado. ¿Quién, salvo que sea corto de entendederas, declama ante su tierna amiga? Muchas veces una carta atrevida ha sido motivo de odio. Que tu discurso sea natural y tus palabras las acostumbradas, si bien tiernas, a fin de que parezcas estar hablando delante suyo. Si no recibiera el mensaje y te lo devolviera sin leer, aguarda a que lo lea y mantente en tu esperanza.

Con el tiempo los indóciles terneros se avienen al arado, con el tiempo a los caballos se les enseña a soportar el calmoso freno. Un anillo de hierro se desgasta con el uso diario, la curva reja del arado se estropea por el trabajo diario de la tierra. ¿Qué hay más duro que una piedra, qué más blando que el agua? Con todo, las duras piedras son horadadas por la blanda agua. A la misma Penélope –insiste solamente la vencerás con el tiempo85.: ya ves que Pérgamo fue capturada tarde, mas, sin embargo, lo fue86.. Si lo hubiera leído y no quiere contestarte, no la atosigues: tú solo procura que lea sin cesar tus lisonjas. La que ha querido leer, querrá contestar a lo leído: eso llega matemáticamente y a su propio paso. Tal vez también al principio te llegará una carta aciaga y que te ruegue que no la requieras; lo que te ruega lo teme, lo que no ruega lo desea: que insistas; persevera y serás después ejecutor de tus deseos.

[Cortéjala vaya por donde vaya]

Mientras tanto, si ella se pasea recostada en su litera, acércate con disimulo al diván de tu amada y que nadie acerque sus odiosos oídos a tus palabras; tanto como puedas, ocúltalas con astucia bajo señas ambiguas. Si con pies ociosos pisa ella un pórtico abierto, también aquí une tú al suyo semejante remolonear y haz unas veces por ir delante y, otras, síguela por detrás; acelera unas veces el paso y, otras, camina con lentitud. Y no tengas reparo en dejar que haya unas cuantas columnas entre medias de los dos o en mantener tu cuerpo pegado a su cuerpo, y que no se siente, bella como es, sin ti en el curvo teatro: ella te ofrecerá con sus hombros motivo para mirar. Tendrás la oportunidad de mirarla de reojo, de admirarla, de decirle muchas cosas con las cejas, muchas con señas. Aplaude también al mimo que representa a una muchacha87. y ponte de parte del que haga de amante. Cuando se levante, te levantarás; mientras esté ella sentada, estarás sentado. Pierde el tiempo a voluntad de tu dueña.

[No hay que exagerar el aspecto externo]

Pero no tengas a bien rizarte el cabello con unas tenazas ni depilarte las piernas con mordedora piedra pómez; deja que esas cosas las hagan aquellos con cuyos sones frigios la madre Cibeles es celebrada a grito pelado88.. A los hombres les va bien una belleza descuidada; a la hija de Minos Teseo se la llevó sin que hubiera adornado sus sienes con horquilla alguna89.; a Hipólito lo amó Fedra y él no se había arreglado en condiciones90.; preocupación de una diosa era Adonis, acostumbrado a los bosques91.. Agraden por su aseo vuestros cuerpos, pero que se curtan en el Campo de Marte92.