0,99 €
Niedrigster Preis in 30 Tagen: 0,00 €
Este ebook presenta "El arte de amar (texto completo, con índice activo)" con un sumario dinámico y detallado. El Arte de amar es un poema didáctico escrito por Ovidio. Escrito en latín y publicados entre los años 2 a. C. y 2 d. C. consta de tres libros o cantos en los que facilita una serie de consejos sobre las relaciones amorosas: dónde encontrar mujeres, cómo cortejarlas, cómo conquistarlas, cómo mantener el amor, cómo recuperarlo, cómo evitar que nos lo roben, etc. El primer libro les describe a los hombres, los lugares donde pueden encontrar a las mujeres libertas y la forma de agradarlas. En el segundo, da consejos para conservar el amor conquistado de la mujer amada; estos relatos se presentan en tono didáctico pero rodeado de ironía y de parodia alegre. El tercer libro está dedicado a las mujeres, aconsejándolas en la forma de agradar a los hombres y la manera de mantener su amor por largo tiempo. Publio Ovidio Nasón (43 a. C.– 17 d. C.) fue un poeta romano. Sus obras más conocidas son Arte de amar y Las metamorfosis, obra esta última en verso que recoge relatos mitológicos procedentes del mundo griego adaptados a la cultura latina de su época.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Veröffentlichungsjahr: 2014
Ovidio Nasón
Si en la ciudad de Roma alguien no conoce el arte de amar, que lea mis páginas y ame ilustrado por mis versos. El arte impele con las velas y el remo las rápidas naves, el arte conduce a los veloces carros, y el amor se debe regir por el arte. Automedonte era un experto en conducir carros y en el manejo de las flexibles riendas: Tifis fue un gran maestro en gobernar la nave de los argonautas. Venus me ha elegido como maestro de su tierno hijo, y creo que se me llamará el Automedonte del Amor.
El amor es despiadado y a menudo recibí su disgusto, pero es un niño de poca edad, fácil de conducir. Quirón, con su cólera, educó al joven Aquiles, domando su carácter feroz con la dulzura de la música; y él, que tantas veces intimidó a sus compañeros y aterró a los enemigos, dícese que temblaba en presencia de un viejo cargado de años, y ofrecía sumiso al castigo del maestro aquellas manos que habían de ser tan funestas a Héctor. Quirón fue el maestro de Aquiles, yo lo seré del amor; los dos niños terribles y los dos hijos de una diosa. No obstante el toro dobla la cerviz al yugo del arado, y el potro, generoso, tiene que tascar el freno; yo me someteré al amor, aunque me destroce el pecho con sus saetas y sacuda sobre mí sus antorchas encendidas. Cuanto más riguroso me flecha y abrasa con sin par violencia, tanto más brío me infunde el anhelo de vengar mis heridas.
Yo no fingiré, Apolo, que he recibido de ti estas lecciones ni que me las enseñaron los cantos de las aves, ni que se presentó Clío con sus hermanas al apacentar mis rebaños en los valles de Ascra. La experiencia dicta mis poemas; no despreciéis sus avisos saludables: canto la verdad. ¡Madre del amor, alienta el principio de mi carrera! ¡Lejos de mí, tenues cintas, insignias del pudor, y largos vestidos que cubrís la mitad de los pies! Nosotros cantamos placeres fáciles, hurtos perdonables, y los versos correrán limpios de toda intención criminal.
Joven soldado que te alistas en esta nueva milicia, esfuérzate lo primero por encontrar el objeto digno de tu predilección; trata en seguida de interesar con tus ruegos a la que te cautiva, y, en tercer lugar, gobiérnate de modo que tu amor viva largo tiempo. Este es mi propósito, éste el espacio por donde ha de volar mi carro, ésta es la meta a la que han de acercarse sus ligeras ruedas.
Pues te hallas libre de todo lazo, aprovecha la ocasión y escoge a la que digas: "Tú sola me places". No esperes que el cielo te la envíe en las alas de Céfiro; esa dicha has de buscarla con tus propios ojos. El cazador sabe muy bien en qué sitio ha de tender las redes a loa ciervos y en qué valle se esconde el feroz jabalí. El que acosa a los pájaros, conoce los árboles en que ponen sus nidos, y el pescador de caña, las aguas abundantes en peces. Así, tú, que corres tras una mujer para que te profese cariño perdurable, dedícate a frecuentar los lugares en que se reúnen las bellas. No pretendo que en su persecución, des las velas al viento o que recorras lejanas tierras hasta encontrarla; deja que Perseo nos traiga su Andrómeda de la India, tostada por el sol, y que el pastor de Frigia roge a Grecia su Helena; pues Roma te proporcionará tantas mujeres lindas que te obligará a exclamar: "Aquí se hallan reunidas todas las hermosuras del orbe". Cuántas mieses doran las faldas del Gárgaro, cuántos racimos llevan las viñas de Metimno, cuántos peces el mar, cuántas aves los árboles, cuántas estrellas resplandecen en el cielo, tántas jóvenes hermosas pululan en Roma, porque Venus ha fijado su residencia en la ciudad de su hijo Eneas.
Si te cautiva la frescura de las muchachas adolescentes, pronto se ofrecerá a tu vista alguna virgen candorosa; si la prefieres en la flor de la juventud, hallarás mil que te seduzcan con sus gracias, viéndote embarazado en la elección, y si acaso te agrada la edad juiciosa y madura, créeme, encontrarás de éstas un verdadero enjambre. Cuando el sol queme las espaldas del león de Hércules, paséate despacio a la sombra del pórtico de Pompeyo, o por la opulenta fábrica de mármol extranjero que publica la munificencia de una madre añadida a la de su hijo, y no olvides visitar la galería, ornada de antiguas pinturas, que levantó Livia, y por eso lleva su nombre. Allí verás el grupo de las Danaides que osaron matar a los infelices hijos de sus tíos, y a su feroz padre con el acero desnudo. No dejes de asistir a las fiestas de Adonis, llorado por Venus, ni a las del sábado que celebran los judíos de Siria, ni pases de largo por el templo de Menfis, que se alzó a la ternera vendada con franjas de lino;
Isis convierte a muchas en lo que ella fue para Jové.
