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"La Canción del Señor" es la joya espiritual más amada por los hindúes y es su Sagrada Escritura. Nos da la clave para una existencia feliz, y nos orienta a la Liberación del Alma de las redes de la ignorancia y a la Unión con Dios.
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Seitenzahl: 218
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Vedavyasa
El Canto del Señor
Editorial Hastinapura
Buenos Aires
2021
Bhagavad Gîtâ
Basado en la versión inglesa de Annie Besant
Ediciones: 1996, 1997, 2000, 2003, 2004, 2007, 2010, 2012, 2014, 2017, 2021
Imagen de la portada: Sri Ganesha
El tipeo, diseño y corrección del presente libro ha sido realizado íntegramente por Miembros de la Fundación Hastinapura.
Vedavyasa
Bhagavad Gita / Vedavyasa. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Hastinapura, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
Traducción de: Federico Climent Terrer.
ISBN 978-987-4038-40-1
1. Religiones de la India. 2. Metafísica. I. Climent Terrer, Federico, trad. II. Título.
CDD 294.54
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
© by Editorial Hastinapura
Riobamba 1018 (C1116ABF)
Ciudad de Buenos Aires, República Argentina
Tel. (0054-1) 4811-9342 / 4813-0685
E-mail: [email protected]
Sitio web: www.hastinapuralibros.com
Primera edición en formato digital: noviembre de 2021
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto 451
OM SRI GANESHAIA NAMAHA
Reverencia a Sri Ganesha
Deva de la Sabiduría Espiritual
En la Religión de la India y
Guía de los Devotos de Dios
Soliloquio y meditación frecuente del hombre sabio
Querido lector, el verso dado a continuación fue escrito por un alma enamorada de Dios Nuestro Señor en un convento cristiano. Que esta poesía te impulse una y otra vez a la sagrada lectura de este Libro que nuestra Editorial deja en tus manos:
¿Yo para qué nací? ¡Para salvarme!
Que tengo que morir, es infalible.
Dejar de ver a Dios y condenarme...
Triste cosa será, mas es posible.
¿Posible y río, y duermo, y quiero holgarme?
¿Posible y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago? ¿En qué me ocupo?
¿En qué me encanto?
¡Loco debo de estar, pues no soy santo!
Muere si quieres vivir,
Sufre si quieres gozar,
Baja si quieres subir,
Pierde, si quieres ganar...
Escrito español del S. XVIII
El Divino Rishi Vedavyasa, el Sabio Autor del Mahâbhârata
¡Om Gam Ganapataie Namaha!
BHAGAVAD GÎTÂ significa “la Canción del Señor”. “Gîtâ ” es “canto”. Un corazón lleno de dolor, no canta nunca; cuando hay canto, hay Amor, hay felicidad, hay contentamiento.
Dios Nuestro Señor, que es alegría suma, cuando enseña a Sus hijos lo hace cantando.
El Bhagavad Gîtâ no se lee, se canta. No es prosa, está escrito en versos; estos últimos tienen dos medidas, de acuerdo a las enseñanzas que nos dan.
Nosotros, en Occidente, lo leemos. En India ello resultaría muy extraño. Prosificándolo, lo desnudamos de su belleza Celeste. Es como un día sin Sol.
El Bhagavad Gîtâ es la joya espiritual más amada por los hindúes y es su Sagrada Escritura.
Se encuentra en medio de una Obra monumental llamada Mahâbhârata; esta última, por su extensión y sabiduría es la mayor epopeya que nuestra humanidad haya producido jamás. También se halla escrita en verso.
Hay una traducción suya en inglés, del siglo XIX, y muchos pequeños compendios hechos en numerosos idiomas. Sin embargo, difícilmente podamos comprender su significado. Para nosotros es la narración de una guerra entre familias rivales y es tan así que hasta traducimos “Mahâbhârata” como “la Gran Guerra” y no es tal. Los sabios Maestros hindúes la conocen como “La Gran Humanidad”, o sea, todo lo que vive el ser humano mientras existe como criatura manifiesta en este mundo, todas sus ambiciones, sus odios, amores e ideales.
Entre los centenares de miles de personajes que habitan dentro del fantástico universo escrito, que es esta Obra, se destacan, por un lado, los hermanos Pandavas, símbolos de la bondad, el inegoísmo, y sobre todo, el Amor a Dios, que es nuestro Maestro y Amigo, y que no es en el Bhagavad Gîtâ una figura trágica que acusa, maldice y castiga, sino un compañero sabio y lleno de comprensión que guía, corrige y orienta.
En la Obra, el Señor es Krishna, Avatara o Encarnación del Misericordioso Dios Protector del Universo, el Señor Vishnu.
Krishna ama profundamente a los cinco hermanos Pandavas, y estos últimos, a la vez, ven la vida por los ojos de su Señor, el dulcísimo Krishna.
El Krishna del Mahâbhârata es Dios, pero un Dios que ríe, canta, aconseja, danza, un Dios que se entiende con la Vida, un Dios que cree en su hijo, el hombre, y lo insta a seguirlo con amor.
En Krishna no hay tragedias ni rostros cariacontecidos. Quien tenga un concepto estrecho de la Divinidad, jamás podrá entender al glorioso Krishna de las mil modalidades.
Él es Eternidad y también Tiempo. Como Eternidad está poseído por el Amor, la virtud, la fuerza y la nobleza; como Tiempo sabe ser hijo de las horas, y se transforma en compañero amoroso de los seres humanos.
Aún en su lecho de muerte nos da la Gran Lección: bendice al cazador cuyas flechas le arrebataran la Vida. No le dice: “Te perdono porque me has dado muerte”. Esto es pueril para quien es Amo y Dueño del Universo. Por el contrario, al que le da la muerte le dice: “¡Gracias, eres bienaventurado! Te debo el poder abandonar esta vestidura mortal, para recobrar así Mi verdadera Naturaleza Divina”. ¡Dios Nuestro Señor, agradeciendo humildemente por la muerte que le da, a un simple cazador!
Es a esta manifestación de lo Infinito vuelto finito por Amor, a Quien los hermanos Pandavas se consagran.
Ellos y su adorado Krishna deben llevar a cabo una empresa gigantesca, deben realizar una tarea ciclópea: la reconquista del Reino del Corazón, del Sagrado Reino de Dios, el cual se halla poseído por desdichadas ambiciones mundanas; poseído de orgullo, gobernado por la ira, el ateísmo, la soberbia. Esto último en la Obra se halla representado por un personaje: Duryodhana.
Como los mismos Pandavas, este Príncipe del mal se halla emparentado con Krishna. De Krishna —Dios— procede todo. Ángeles y demonios, día y noche, tienen una sola raíz: el Creador.
Así, Duryodhana y los Pandavas, de algún modo se hallan emparentados, como las estrellas y los abismos...
Es claro que, mientras los Pandavas reverencian a Krishna, Duryodhana lo subaja, lo insulta y lo desconoce como Encarnación Divina.
Duryodhana es el ego nuestro de cada día, el ego altanero, ambicioso y ciego para esa Realidad Invisible que este enano de nuestra invención no puede ver.
Esa “Ciudad del Corazón” en la Obra, recibe un nombre maravilloso: “La ciudad de los elefantes”. Ciertamente, de todos los seres vivos, ellos son los más gigantescos, amables e inofensivos, y también los más memoriosos e inteligentes. Cuando los elefantes —Pandavas— no reinan en el corazón, éste cae en poder de los animales de presa, cae en manos del ego, o sea, del Príncipe Duryodhana y sus secuaces.
Toda la Obra —el Mahâbhârata— es una larguísima historia que nos cuenta cómo se logró la conquista de esa Ciudad del Corazón o Hastinapura.
En el centro de la misma, como su joya más preciosa, se halla el Bhagavad Gîtâ o “La Canción del Señor”. Es una obra breve, de dieciocho capítulos y de una profundidad inconmensurable. Se trata de un diálogo entre el Señor Krishna y Su más amado devoto, el Pandava Arjuna.
Arjuna era criatura de paz, no deseaba luchar en contra de sus primos por la conquista de Hastinapura de la cual él y sus hermanos eran los legítimos herederos.
Hastinapura se encontraba gobernada por Duryodhana, quien logró hacerla suya por medios ilícitos.
Krishna en el Bhagavad Gîtâ guía a su discípulo con amor, para que luche y reconquiste para él y sus hermanos esta Ciudad del Corazón. Hay que triunfar sobre el ego para ello, y éste, cuando se pone en pie de guerra se agiganta, y parece invencible.
La piedad de Arjuna se estremece, no quiere luchar contra sus “parientes y amigos”... Así, la criatura humana suele considerar a sus debilidades como si fueran sus “parientes y amigos”. Hay que subir mucho, escalar la misma Cima del Alma para atacar desde allí, los laberintos de complejos, apegos y tendencias, a los cuales se aferra equivocadamente nuestro ser. Antes de ese ascenso, reina la duda. Así se nos presenta Arjuna en el Bhagavad Gîtâ. Es el diálogo más bello del mundo, perla inmaculada y purísima de la Literatura Sagrada Universal. No nos narra la vida y muerte de ningún santón o maestro que pudo —o no— existir en un momento de la Historia. El Bhagavad Gîtâ es el Canto de Dios y como tal es un libro de metafísica, es pura enseñanza espiritual. Nos da la clave para una existencia feliz, nos enseña por qué debemos perdonar, amar, dar, y nos orienta por fin, a través de un largo camino de virtudes, a la Liberación del Alma de las redes de la ignorancia, su Unión con Dios.
LOS TRES ASPECTOS DEL BHAGAVAD GÎTÂ
CUANDO LEEMOS el Canto del Señor o Bhagavad Gîtâ es preciso tener en cuenta sus tres aspectos: tiene una parte que es cognoscitiva y con la cual la mente puede hallarse —o no— de acuerdo, por ejemplo, cuando repetidamente y en varios capítulos se nos dice una y otra vez que transmigramos, que nuestro espíritu va de un cuerpo a otro en innumerables vidas, buscando experiencias por medio de las cuales lograr la perfección. Un solo día de colegio, un solo año, no nos hace eruditos. Hay que asistir durante innumerables días a las escuelas de aprender, antes de finalizar los estudios. El cuerpo físico, así, pierde importancia: él es sólo un “guardapolvo de aprender”, un delantal de colegial que, cuando se gasta, puede sustituirse por otro para seguir asistiendo a la Escuela-Vida. Podemos creer en esto o no: eso es sólo un conocimiento. Podemos creer o no que nuestro último pensamiento antes de abandonar el cuerpo físico, determina nuestro destino futuro (Cap. VIII, Slokas 5 y 6); o nos absorbemos en Dios —si pensamos en Él en el momento de partir— o nos dirigimos a aquello en lo cual pensamos. También en esto podemos —o no— creer que así sea. En todo esto interviene la mente, en todo esto se necesita de la razón.
Sin embargo, cuando Dios-Gîtâ nos dice: “Hijo mío, no malquieras a nadie, sé humilde, sé compasivo”, la mente da un paso hacia atrás, y miles hacia adelante da el sentimiento; éste es como un niño que necesita amamantarse con la leche de su Madre Gîtâ para crecer en salud espiritual. “No malquieras a nadie, hijo mío” —nos dice— y ante esta divina enseñanza, todo el Universo cobra para nosotros un sentido nuevo. No hay que pensar, hay que amar. En ello está la clave y nos lo dice nuestra Madre Gîtâ una y otra vez.
Es claro que su tercer aspecto es el más maravilloso y es cuando repetidamente nos guía y enseña para que Amemos a Nuestro Señor sobre todo cuanto existe, sobre todo sentir y pensar. “Posa tu Amor en Dios, Hijo Mío, y sólo de Él sé devoto. Sacrifica tus miedos, tus ambiciones, tus egoísmos, sacrifícalos por Él y sólo ante Él póstrate, no ante tus apegos y soberbias”.
Esos tres aspectos del Bhagavad Gîtâ son como Soles refulgentes de Sabiduría; por cierto el último aspecto es su corona y es lo que enseña a Arjuna como “última y más secreta palabra”. El “misterio de los misterios” no es ninguna fórmula alquímica que guía a extrañas transmutaciones de metales exóticos; no es tampoco develar los enigmas de ocultas pirámides. Todo esto se deja para los niños; ellos son los que gustan de estos caramelos que se compran en la tienda del mundo fenoménico. Para los más crecidos hay otro camino, el del Amor a Dios, que parece tan simple, tan fácil, y al cual tan sólo llegan los más iluminados; porque para amar a Dios tengo que desvestirme totalmente de ego y eso es casi imposible para una criatura humana.
Sin embargo es lo que Krishna nos enseña en esta Obra. En su espesísimo bosque filosófico, en todo el esplendor de su Divina Sabiduría, EL AMOR A DIOS ES ENSEÑANZA FUNDAMENTAL. No hay otra, no puede haberla tampoco. AmarLo es hallarnos, es develarnos. La Realización humana no es hija de ningún conocimiento: la Realización es hija del Amor. Es, quien Ama, no quien piensa.
Tener presente los dos versos perfectamente concatenados del Capítulo XI o “Visión de la Forma Universal”. Krishna se ha mostrado en Su Divina Forma, y los ojos desorbitados de su discípulo Arjuna, se paralizan de estupor. Es demasiado para él. Pide a su Maestro que se presente en Su forma humana. Krishna así lo hace, y le da la Gran Lección, la que jamás debemos olvidar, la que debemos tratar de comprender una y otra vez. Es ésta:
“Sacrificios, Vedas, limosnas, buenas obras, ásperas austeridades y profundos estudios no pudieron dar a hombre alguno la visión de Dios, que sólo tú, Arjuna, contemplaste”.
“Sólo por Devoción, así es posible percibir, y conocer, y ver, y penetrar Mi Esencia...”
Bhagavad Gîtâ, XI, 48 y 54
¡Sólo por Devoción, hermano lector, sólo por Devoción se halla al Señor! Quiera Él que esta Obra pueda ser leída y consultada una y otra vez, por todos aquellos espíritus que, ya en la “puerta de salida” de la Casa de la Ignorancia, luchan por hacer suya la más grande enseñanza de esta Obra:
Sólo los purificados y devotos, alcanzan la gloria de la Visión Divina y con ello el acceso a la Felicidad y la Inmortalidad.
Ada Albrecht
Francisco Álvarez, Octubre de 1995
El SabioVedavyasa dictando el Mahâbhârata al Dios Ganesha, el Señor de la Sabiduría
A CONTINUACIÓN PRESENTAMOS en forma abreviada la historia general relatada en la gran epopeya hindú titulada “El Mahâbhârata”, dentro de la cual se halla el Sagrado Bhagavad Gîtâ.
Según la historia, en época remotísima hubo en Hastinapura un Rey llamado Vichitravirya, descendiente por línea directa de Kuru, el fundador de la dinastía. Vichitravirya, quien era hijo del Rey Shantanu y la Reina Satyavati, poseía dos hermanos: uno por parte del padre, llamado Bhîshma, y otro por parte de la madre, conocido por el nombre de Vyasa.
El Rey Vichitravirya, se casó sucesivamente con las princesas Ambika y Ambalika, quienes eran hijas del Rey de Kashi; pero al poco tiempo de su matrimonio murió Vichitravirya sin hijo alguno para heredar la corona, que, interinamente y por derecho de sucesión colateral, recayó sobre Bhîshma.
Entonces, estimulado por divina compasión, Vyasa generó con Ambika y Ambalika dos hijos, cuyos nombres fueron: Dhritarâshtra y Pandu.
El primogénito, Dhritarâshtra, nació ciego, y a la edad conveniente contrajo matrimonio con Gândhâri, hija de Subala, Rey de Gândhâra. De tal matrimonio nacieron los cien (1) príncipes Kuravas, el primogénito de los cuales llevó por nombre: Duryodhana.
Por su parte, Pandu, contrajo matrimonio con la princesa Kunti (también llamada Pritha), hija de Sura; y más tarde tomó también por esposa a la princesa Madri.
De Kunti, tuvo Pandu tres hijos: Yudhistira, Bhîma y Arjuna; y de Madri, otros dos hijos: Nakula y Sahadeva.
Aquí es preciso advertir que Pandu sólo era padre putativo de los príncipes, pues por haber matado involuntariamente a un brahmín durante su juventud, fue condenado a no tener hijos.
En verdad, los cinco Príncipes Pandavas son hijos de cinco Seres Celestiales o Devas: el Padre de Yudhistira es Dharma (2); el de Bhîma es Vâyu (3); el de Arjuna es Indra (4) y los de Nakula y Sahadeva son los dos Ashvines (5).
Desde entonces, la familia real de Hastinapura quedó dividida en dos ramas: la de los hijos de Dhritarâshtra, que conservó el nombre de Kuravas y la de los hijos de Pandu, conocidos como Pandavas.
A continuación se expone esta genealogía en un breve cuadro sinóptico para mayor claridad.
De los sucesores de Vichitravirya (Dhritarâshtra y Pandu), Dhritarâshtra era el mayor; sin embargo, por ser ciego de nacimiento, de acuerdo a las leyes brahmánicas, estaba incapacitado para gobernar el reino, y así hubo de renunciar a la efectividad de la soberanía en su hermano menor, Pandu, en quien por derecho hereditario recayó la regencia, quedando como futuro sucesor de la corona, el primogénito de Pandu que, como llevamos dicho, tenía por nombre: Yudhistira.
Los cinco hijos de Pandu se distinguieron notablemente por su vasta instrucción a la par que por sus brillantes hechos de armas, hasta el punto de excitar la envidia de su primo Duryodhana, el primogénito de Dhritarâshtra.
Después de varios intentos contra los Príncipes Pandavas, y viendo que nada podía lograr por la fuerza, recurrió Duryodhana a la astucia, concertándose al efecto con Sakuni, hermano de Gândhâri y Rey de Gândhâra, quien era un hábil jugador de dados, que, aprovechando la pasión de Yudhistira por el juego, hizo que apostara el reino y lo perdiese.
En efecto, invitado a jugar, el Rey Yudhistira, fue perdiendo en dos ocasiones sucesivas la corona, los territorios y su patrimonio personal. Según las condiciones estipuladas por el juego, el ganancioso Duryodhana debía reinar por trece años; y durante ese período fueron desterrados los cinco Príncipes Pandavas, quienes sufrieron en su errabunda vida toda clase de privaciones.
Expirado el plazo convenido, reclamó Yudhistira la corona; pero el pérfido Duryodhana no quiso reconocer en modo alguno los legítimos derechos de su primo, por lo que después de varios intentos de negociación, resolvió el desterrado monarca confiar su razón a la fuerza de las armas, reuniendo, al efecto, con el apoyo de varios reyes vecinos, un fuerte ejército para atacar al usurpador, quien, por su parte, reunió también poderosas fuerzas.
Dhritarâshtra, el Rey ciego, que reinaba sin gobernar, condescendió, por exceso de amor paternal, con las injusticias de su primogénito, desdeñando las exhortaciones con que Sri Krishna, encarnación de Dios sobre la Tierra, y otros hombres piadosos, trataron de disuadirle.
Entonces le preguntó Sri Krishna si deseaba recobrar la vista para presenciar por sí mismo la batalla que iba a librarse; pero como Dhritarâshtra rehusara tamaño beneficio, concedió Krishna (en virtud de los sobrehumanos poderes con que estaba dotado), a Sanjaya, conductor del carro de Dhritarâshtra, las necesarias facultades visuales y auditivas como para no perder ni un pormenor de cuanto sucediese en la batalla.
A punto estaba de comenzar la contienda, cuando Arjuna, deseoso de darse cuenta de la situación, suplica a Krishna que guíe el carro hasta colocarlo en el espacio que separa a las dos huestes, y allí el Deva le va nombrando los combatientes de una y otra parte. Apodérase el espanto del corazón de Arjuna, al ver que ha de pelear fratricidamente contra gente de su propia sangre, y arroja desalentado arco y flechas, resuelto a dejarse matar desarmado antes que herir a sus parientes en la nefasta pelea.
Entonces Krishna le expone razones y argumentos en contra, declarándole la admirable doctrina que palpita en todos los versículos del Canto, de lo que convencido, por fin, Arjuna se resuelve a luchar contra los Kuravas, cuya completa derrota restituye a los Pandavas el usurpado trono del maravilloso reino de Hastinapura.
El diálogo o coloquio que antes de la batalla sostienen Sri Krishna y Arjuna constituye el tema del Bhagavad Gîtâ. Todo este coloquio lo escucha Sanjaya gracias a la aptitud que para ello le había otorgado previamente Krishna, y después de oído lo relata al Rey ciego Dhritarâshtra.
De este modo, y habiendo sido transmitido con posterioridad de generación en generación, ha llegado hasta nosotros este sagrado diálogo, cuyas palabras guían hacia Dios a aquellas almas que con Fe y Devoción lo escuchan.
1. Recordemos que los Kuravas representan las tendencias inferiores del ser humano, todo cuanto lo aparta del Camino hacia Dios. Esas tendencias o cualidades negativas, tales como envidia, celos, iracundia, lujuria, avaricia, etc., son multitud en la criatura humana, de allí el elevado y simbólico número de “cien hermanos Kuravas”.
2. El Deva o Dios de la Justicia.
3. El Deva del Viento.
4. El Rey de los Devas.
5. Los Médicos Celestes.
A ser recitado antes del estudio del Bhagavad Gîtâ (6)
Om pârthâyapratibodhitâm
bhagavatâ nârâyanena svayam
Vyâsena grathitâm purânamuninâ
madhyemahâbhâratam
Advaitâmrtavarshinîm bhagavatîm
ashtâdashâdhyâyinîm
Amba tvâm anusandadhâmi
bhagavadgîte bhavadveshinîm.
Om: la sagrada Palabra Mística que indica al Supremo Brahman (Dios Absoluto).
Pârthâyapratibodhitâm: con el cual Arjuna fue iluminado.
Bhagavatâ:por el Señor.
Nârâyanena: por Narayana.
Svayam: Él Mismo.
Vyâsena: por Vyasa.
Grathitâm: compuesto.
Purânamuninâ: por el anciano Sabio.
Madhyemahâbhâratam: en el medio del Mahâbhârata.
Advaitâmrtavarshinîm: la que brinda el Néctar de la Advaita (Monismo Espiritual).
Bhagavatîm: la Madre Divina.
Ashtâdashâdhyâyinîm: en la forma de dieciocho capítulos.
Amba:Madre afectuosa.
Tvâm: en Ti.
Anusandadhâmi: yo medito.
Bhagavadgîte: Oh Bhagavad Gîtâ.
Bhavadveshinîm: destructora de los renacimientos.
Om. ¡Oh Bhagavad Gîtâ!, por Tu gracia, Pârtha (Arjuna) fue iluminado por el mismo Señor Narayana. Tú has sido incorporada en el medio del Mahâbhârata por el anciano Sabio Vyasa. ¡Oh Divina Madre! Destructora de los renacimientos, que nos bendices con el Néctar de la Advaita (7) y que Te hallas compuesta por Dieciocho Capítulos; en Ti, ¡oh Bhagavad Gîtâ!, ¡oh Madre afectuosa!, yo medito.
6. Los Maestros, en India, al comenzar y finalizar las sesiones de estudio del Bhagavad Gîtâ, entonan este Mantra u oración sagrada con gran devoción.
7. Advaita: No-dualismo, esto es, Dios y el Hombre no son dos esencias diferentes, sino que son Una Misma. Recordemos las palabras de Jesús: “Mi Padre y Yo somos Uno”.
Sri Krishna junto a Su Discípulo, el Devoto Príncipe Arjuna
¡Om Sri Ganeshaia Namaha!
CAPÍTULO I
Arjuna Vishâda Yoga
— Consta de 47 slokas —
El Rey ciego Dhritarâshtra pregunta:
1. ¿Qué hicieron, ¡oh Sanjaya!, mis guerreros y los del ejército de los Pandavas para que así se hayan reunido ansiosos de pelea en la sagrada llanura, en el Campo de Kuru (8)?
El Sabio Sanjaya dice:
2. Apenas el Príncipe Duryodhana (9) hubo divisado el ejército de los Pandavas en orden de batalla, acercóse a su Maestro (10) y le dijo:
3. “Contempla, ¡oh Maestro!, las formidables huestes de los hijos de Pandu alineadas por tu hábil discípulo, el hijo de Drupada (11).
4. Allí están, en sus formidables carros de guerra (12), los heroicos arqueros Yuyudhâna13, Virâta14 y Drupada (15), que igualan a Bhîma (16) y Arjuna (17) en el combate.
5. También están allí Drishtaketu (18), Chekitâna (19), el valeroso Rey de Kâshi, Purujit (20) y Kuntibhoja (21), y Shaibya (22), que es como toro (23) entre hombres.
6. Y Yudhâmanyu (24) el esforzado, Uttamaujâs (25) el audaz, el hijo de Subhadrâ (26) y los hijos de Draupadi (27), todos ellos montados en grandes carros.
7. Pero, ¡oh tú, el mejor de los dos veces nacidos (28)!, conoce además a los jefes y guías de nuestro ejército. Voy a nombrártelos.
8. Tú, Señor mío, y Bhîshma y Karna (29) y Kripa (30), triunfantes en las batallas. Y también Ashvatthâmâ (31), Vikarna (32) y Saumadatti (33).
9. Y muchos otros héroes pertrechados de armas arrojadizas y expertos en el guerrear que por mi causa exponen su vida.
10. Aunque capitaneado por Bhîshma (34), todavía parece débil nuestro ejército, mientras que el enemigo, aunque mandado por Bhîma (35), parece fuerte (36).
11. Por lo tanto, permanezcan todos en filas, sosténganse firmemente en sus respectivas posiciones, defendiendo a Bhîshma, lo mismo que a todos sus generales”.
12. El glorioso caudillo, el Abuelo (37), el ascendiente de los Kurus, para enardecer al príncipe, sopló entonces la caracola marina, cuyos roncos sones parecieron rugidos de león.
13. Y súbitamente respondieron en tumultuosos sonidos las caracolas marinas, los timbales, tamborines, tambores y cuernos bélicos.
14. Entonces, Mâdhava (38) y el hijo de Pandu (39), de pie sobre su gran carro de guerra arrastrado por caballos blancos (40), soplaron sus divinas caracolas.
15. Pañchajanya (41) era la de Krishna y Devadatta (42) la de Arjuna. Vrikodara (43) el de las terribles hazañas, sopló su potente caracola Paundra.
16. El Rey Yudhistira (44), hijo de Kunti, sopló la caracola Anantavijaya (45); Nakula y Sahadeva (46) soplaron sendamente la Sughosha y la Manipushpaka.
17. Y Kâshya (47), el del gran arco, Shikandî (48), el del poderoso carro, Drishtadyumna y Virâta y Sâtyaki el invicto.
18. Drupada y los hijos de Draupadi, ¡oh Señor de la Tierra!, y Saubhadra (49) el armipotente, soplaron acá y allá sus diversas caracolas.
19. Aquel tumultuoso estruendo desgarró el corazón de los hijos de Dhritarâshtra, estremeciendo tierra y cielo con sus sones.
20. Al ver que los hijos de Dhritarâshtra estaban en orden de batalla, e iban las flechas a cruzar el aire, aquel que lleva un mono (50) por estandarte, el hijo de Pându, empuñó su arco y habló así a Krishna, ¡oh Señor de la Tierra!
Arjuna dice:
21. En el medio, entre los dos ejércitos, pon mi carro, ¡oh Achyuta (51)!
22. Para que pueda contemplar esas huestes ansiosas de pelea con las que he de combatir en esta inminente guerra.
23. Y mirar a los ahí reunidos, prontos a la lucha y deseosos de complacer en la batalla al perverso hijo de Dhritarâshtra.
El Sabio Sanjaya dice:
24. Así solicitado por Gudakesha (52), guió Krishna el carro hasta que estuvo en el medio, entre ambos ejércitos.
25. Frente a frente de Bhîshma, de Drona y de todas las potestades del mundo, dijo al Príncipe: “¡Oh Pârtha!, contempla a esos Kurus ahí reunidos”.
26. Y entre las filas de ambos ejércitos vio Pârtha (53) a padres y abuelos, preceptores y condiscípulos, tíos, primos, hijos y nietos,
27. Cuñados y bienhechores, en una y otra hueste. Al ver Kaunteya (54) a tantos deudos así prestos a la lucha, movióse a profunda piedad y exclamó tristemente:
Arjuna dice:
28. ¡Oh Krishna! Cuando contemplo a esos, mis parientes, así prestos al combate y anhelosos de pelea,
29. Se estremecen mis miembros, se me abrasa la boca, todo mi cuerpo tiembla y el cabello se me eriza.
30. Gândiva (55
