Mahabharata.Tomo III - Vedavyasa - E-Book

Mahabharata.Tomo III E-Book

Vedavyasa

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Beschreibung

El Mahabharata es la obra más extensa de la literatura hindú y un compendio de toda la sabiduría espiritual de India. Ha sido escrito en tiempos inmemoriales por el Sabio Vedavyasa que, según narra la tradición, se lo dictó al mismo Dios de la Sabiduría, el Señor Ganesha. Filosofía, arte, reglas morales, no violencia, metafísica, religión y todas las más elevadas enseñanzas que el ser humano pueda necesitar en la vida se hallan magistralmente expuestas en el Mahabharata. La presente es la primera y única versión completa en lengua española presentada cuidadosamente en doce volúmenes.

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Seitenzahl: 1198

Veröffentlichungsjahr: 2025

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OM SRI GANESHAIA NAMAHA

Reverencia al Señor Ganesha

Deva de la Sabiduría Espiritual

en la Religión de la India y

Guía de los devotos de Dios

“Quien por doquiera ve a Dios y ve toda cosa en Dios, no perderá nunca en Dios el sostén ni Dios dejará jamás de sostenerle.”

Bhagavad Gîtâ, VI, 30

Vedavyasa

MAHABHARATA

Traducción de la versión en inglés de Kisari Mohan Ganguli

Traducción al castellano de Hugo Labate

TOMO III

VANA PARVA(Continuación)

2021

EDITORIAL HASTINAPURA

BUENOS AIRES, ARGENTINA

Página de legales

El Mahâbhârata

Vedavyasa

Edidiones: 2010, 2021

Imagen de la portada: Sri Krishna y su discípulo Arjuna

Todos aquellos que deseen profundizar sus estudios sobre los temas tratados en este libro pueden llamar o acercarse a cualquiera de las direcciones dadas al final del volumen.

Vedavyasa

Mahabharata / Vedavyasa. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Hastinapura, 2024.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-4038-87-6

1. Filosofía Hindú. I. Título.

CDD

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

© by Editorial Hastinapura

Riobamba 1018 C1116ABF

Buenos Aires, República Argentina

Tel/Fax 0054-1 4811-9342

E-mail: [email protected]

Internet: www.hastinapuralibros.com

Primera edición en formato digital

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto451

Índice de contenido

Portada

Portadilla

Legales

Sobre la lectura del Mahâbhârata

Meditación en Vedavyasa

Mahâbharata

VANA PARVA (Continuación)

Vana Parva (Continuación)

Continúa la peregrinación

Historia de Jamadagni y su hijo Parasurama

Encuentro de los Pandavas con los Vrishnis

Arenga de Satyaki para la destrucción de Duryodhana

La historia de cómo Chyavana paralizó al Dios Indra

La historia del nacimiento del Rey Mandhata

La historia del Rey Somaka

La historia del virtuoso Rey Usinara

La historia de Ashtavakra

Controversia entre Ashtavakra y Vandin

La historia del Sabio Yavakri

Viaje de los Pandavas al Monte Kailasa

En camino al Monte Mandara

Los Pandavas llegan al Monte Gandhamadana

Bhima inicia el ascenso al Gandhamadana

El encuentro de Bhima con Hanuman

Hanuman explica a Bhima los ciclos del tiempo o Yugas

Hanuman despliega ante Bhima su forma gigantesca

Bhima llega hasta la región de Kuvera

Jatasura rapta a Yudhistira

Los Pandavas en compañía de bondadosos Brahmines

Los Pandavas en la ermita del Sabio Arshtishena

Bhima vence a los Rakshasas

Los Pandavas visitan la morada de Kuvera

Enseñanzas de Dhaumya sobre las montañas sagradas

El regreso de Arjuna desde el Cielo de Indra

Arjuna narra su encuentro con Shiva

Arjuna narra su encuentro con Indra

Arjuna narra su ascenso a la morada de Indra

Arjuna narra su victoria sobre los Nivata-Kavachas

Arjuna narra su victoria sobre los Paulamas y los Kalakanjas

Arjuna muestra las armas recibidas de los Dioses

Últimos días de los Pandavas en la morada de Kuvera

Bhima es atrapado por una serpiente

La serpiente narra la historia del Rey Nahusha

Diálogo entre Yudhistira y la serpiente

La serpiente libera a Bhima y el Rey Nahusha alcanza la Salvación

La estación de las lluvias

Krishna llega al bosque Kamyaka

Enseñanzas del Sabio Markandeya sobre la acción

Markandeya narra historias de gloriosos Brahmines

El Rishi Atri y el Rey Vainya

Enseñanzas de Saraswati al Muni Tarkshya

La historia de Vaivaswata Manu

Sobre la creación y la disolución del universo

El Kali Yuga y la decadencia espiritual de la raza humana

Sobre el advenimiento de Kalki Avatara

La historia de Parikshit, Rey de Ayodhya

La historia del Rey Sala y el Rishi Vamadeva

La historia del Rishi Vaka

Markandeya narra las glorias de los Kshatryas

Enseñanza del Rey Yayati sobre la generosidad

Un relato sobre el Rey Vrishadarbha

La historia del Rey Sivi y la paloma

Enseñanzas de Narada sobre el inegoísmo

La historia del Rey Indradyumna

Enseñanzas de Markandeya sobre las buenas obras

La historia del gran Rey Dhundhumara

Enseñanzas de Markandeya

Kausika y las enseñanzas de una devota esposa

Kausika y las enseñanzas del carnicero de Mithila

Enseñanzas sobre las consecuencias de las acciones

Enseñanzas sobre la rectitud

Enseñanzas sobre el dominio de los sentidos

Enseñanzas sobre las tres cualidades

Enseñanzas sobre la energía vital

Enseñanzas sobre los deberes para con los padres

Consejo del carnicero a Kausika

El carnicero relata su vida anterior

Enseñanzas de Markandeya sobre los fuegos sagrados

Historia del nacimiento de Skanda

Las huestes de Indra se enfrentan con Skanda

Skanda: Señor de las huestes celestiales

Las glorias de Kartikeya

Draupadi habla sobre las virtudes de una esposa

Duryodhana visita el bosque Dwaitavana

La batalla con los Gandharvas

Los Gandharvas toman prisionero a Duryodhana

Los Pandavas liberan a Duryodhana

Retorno de Duryodhana a Hastinapura

Duryodhana abdica al trono y decide quitarse la vida

Palabras de aliento de Daityas y Danavas a Duryodhana

Karna alienta a Duryodhana

Karna somete a vasallaje a los Reyes de la Tierra

Duryodhana celebra el sacrificio Rajasuya

Los Pandavas regresan al bosque Kamyaka

El Sabio Vyasa visita a los Pandavas

Historia del Brahmín Mudgala y el Sabio Durvasa

El Sabio Durvasa y sus discípulos visitan Hastinapura

Visita del Sabio Durvasa a los Pandavas

Jayadratha, Rey de los Sindhus, rapta a Draupadi

Los Pandavas persiguen a Jayadratha y sus tropas

Los Pandavas liberan a Draupadi

Captura de Jayadratha

La sagrada historia de Rama

Ravana ataca a los Devas

Encarnación de Vishnu y de los Seres Celestiales

Rama se exila en el bosque

Ravana rapta a Sita

Jatayu muere a manos de Ravana

Rama da muerte a Vali

Ravana intenta seducir a Sita

Hanuman lleva a Rama noticias acerca de Sita

Sugriva congrega un gran ejército de monos

Las huestes de monos derriban las murallas de Lanka

Vibhishana combate junto al ejército de los monos

La gran batalla entre monos y Rakshasas

Muerte de Kumbhakarna

Rama y Lakshmana abatidos por Indrajit

Recuperación de Rama y Lakshmana

Muerte de Ravana

Rama corona a Vibhishana como Rey de Lanka

Historia de la princesa Savitri

Narada aprueba al casamiento de Satyavan y Savitri

Satyavan desposa a Savitri

Savitri sigue a Yama, Dios de la Muerte

Los Sabios elogian a Savitri

Dyumatsena recupera su reino

Temor de Yudhistira por el poderío de Karna

Historia del nacimiento de Karna

El Sabio Durvasa visita la corte de Kuntibhoja

El Sabio Durvasa otorga a Kunti un poderoso Mantra

Kunti prueba el Mantra

Kunti hace una petición al Dios Surya

Karna nace y es abandonado

Adhirata encuentra al niño

Karna entrega su cota de malla y sus pendientes a Indra

Los Pandavas fallan en ayudar a un Brahmín

El lago custodiado por un Yaksha

Respuestas de Yudhistira a las preguntas del Yaksha

El Yaksha se revela como el Dios Dharma

Los Pandavas se aprestan a pasar un año de incógnito

Glosario

Cuadro genealógico

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Tabla de contenidos

Comienzo de lectura

SOBRE LA LECTURA DEL MAHÂBHÂRATA

Lector amigo:

Hallarás en esta obra monumental de doce volúmenes narraciones de guerras, batallas, vidas de hombres hipócritas, malvados, y por cierto, hallarás también vidas de santos, de maestros... en resumen, desfilará ante los ojos de tu alma gran variedad de personajes, desde los malvados hasta los santos y los Dioses. El Gran Sabio Vedavyasa, que recibió en su corazón la Gracia de la Sabiduría, hizo que el universo se mostrara en todas sus coloraturas frente al lector para que éste supiera cuán desdichado es el fruto del error y cuán benemérito el de las rectas acciones.

El Mahâbhârata es uno de los Textos Sagrados más importantes de la India. Es un Libro de Filosofía Mística y Religión que conduce al Alma Humana hacia su reunificación con Dios, el cual es la Esencia más íntima de todos los seres. Él es un Libro de Templos y Monasterios, ya que Dios Mismo habita en Sus páginas. Por ello, cuando leas el Mahâbhârata debes hacerlo con un pleno sentimiento devocional, siendo consciente de que te hallas realizando en verdad una meditación en Dios. No debes olvidar que la mente serena y el corazón despierto a lo Divino deben ser tu infaltable compañero durante la lectura del Sagrado Mahâbhârata.

Que Dios, Nuestro Señor, te guíe en todo momento.

El Sabio Vedavyasa dictando el sagrado Mahâbhârata al Dios de la Sabiduría Espiritual, Sri Ganesha

MEDITACIÓN EN VEDAVYASA

SABIO DIVINO AUTOR DEL MAHÂBHÂRATA

Om

Reverencia a Ti, Sabio Vedavyasa,

que has nacido a orillas del sagrado río Yamuna.

Eres la Encarnación del mismo Señor Vishnu,

el Ser Supremo y Eterno.

Eres el Autor de los Grandes Puranas,

el Compilador de los Vedas

y del inmortal Mahâbhârata.

Reverencia a ti, Vedavyasa, Sabio de tez oscura,

y progenitor de los Reyes.

Tú eres el primero y el más resplandeciente Sol

de la galaxia de los Grandes Sabios.

Eres el padre inmortal del inmortal Sabio Sukadeva.

Reverencia a ti, Vedavyasa, hijo de Satyavati,

cuya celestial fragancia llena el espacio todo.

Tú eres la suprema autoridad en las Escrituras,

en los Dharmas y en las austeridades.

Y eres el Rey de los anacoretas y de los ermitaños

que viven y meditan

en el Sagrado Bosque Naimisa (1).

Om, Shante, Shante, Shante.

1. Naimisaranya es un bosque sagrado citado en los Puranas. En él se reúnen Sabios Divinos y anacoretas para brindar enseñanzas sagradas a sus discípulos y entregarse a disciplinas espirituales.

Lic. Hugo A. Labate,traductor de esta obra

El Lic. Hugo Alberto Labate, nacido en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, en el año 1962, ha desarrollado una amplia labor en diversas ramas de la educación. Se ha desempeñado como consultor de educación en la UNESCO y la UNICEF, llevando a cabo actividades en diversos países de América, Europa, Asia y África. También ha realizado actividad docente y de investigación en la Universidad de Buenos Aires y ha efectuado trabajos para organismos oficiales de educación en Argentina en temas relacionados con planes de estudio y capacitación docente. Es autor de múltiples trabajos acerca de Educación. En el año 1988 hizo su ingreso en la Escuela de Filosofía de la Fundación Hastinapura, en Buenos Aires, en la cual comenzó a desempeñarse como Profesor de Metafísica, Filosofía Comparada e Historia de las Religiones en el año 1992, actividad que ha continuado de forma ininterrumpida hasta la fecha. Merece una mención especial su extensa actividad como traductor de textos de la tradición sagrada de la India a la lengua castellana, entre los cuales hemos de mencionar la presente VERSIÓN COMPLETA del Mahâbhârata, única en lengua castellana, el Bhaktavijaya de Mahipati, el Upadesha Sahasri de Sri Sankaracharya, La Filosofía Yoga de Patañjali de Swami Hariharananda Aranya y diversos Upanishads entre otros.

Om Sri Ganesha Namaha

Reverencia a Sri Ganesha, Dios de la Sabiduría Espiritual

MAHABHARATA

MAHABHARATA

VANA PARVA (Continuación)

SECCIÓN 114

CONTINÚA LA PEREGRINACIÓN

Dijo Vaisampayana (2): Entonces, oh Janamejaya (3), el hijo de Pandu (4) partió desde el río Kausiki (5) y recorrió sucesivamente todos los sitios sagrados. Y, oh protector de los hombres, se allegó al mar en donde desemboca el río Ganges; y allí, en el centro de los quinientos ríos, realizó la santa ceremonia de inmersión. Luego, oh gobernante de la tierra, el valiente príncipe, acompañado por sus hermanos, avanzó a lo largo de la costa del mar hacia la tierra donde moran las tribus Kalingas (6).

Dijo Lomasa (7): Allí está la tierra, oh hijo de Kunti, donde habitan las tribus Kalingas. A través de ella pasa el río Vaitarani, en cuyas riberas incluso el propio Dios de la virtud, invocando primeramente la protección de los celestiales, realizó la ceremonia del río sagrado. Verdaderamente, ésta es la ribera norte, habitada por santos, propicia para la celebración de ritos religiosos, embellecida por una colina y frecuentada por personas de la casta (8) de los dos veces nacidos (9). Este sitio rivaliza (en santidad) con el sendero por donde un hombre virtuoso, digno de ir al Cielo, accede a la región habitada por los Dioses. Y, ciertamente, en antiguos tiempos, en este mismo lugar, otros santos adoraron del mismo modo a los inmortales, ofrendándoles ritos religiosos. Y fue en esta misma región donde el Dios Rudra (10), oh Rey de reyes, atrapó a la bestia sacrificial y exclamó: “¡Ésta es mi porción!”, oh soberano de los descendientes de Bharata; luego, cuando Shiva (11) le arrebató la bestia, los Dioses le hablaron diciéndole: “No lances miradas codiciosas sobre la propiedad de otros, sin considerar todas las normas de rectitud”. Entonces, ellos le dirigieron al Dios Rudra placenteras palabras de glorificación, lo satisficieron ofreciéndole un sacrificio, y le rindieron los honores apropiados. Por consiguiente, él renunció a la bestia y siguió el sendero transitado por los Dioses. Aprende de mí, ¡oh Yudhishthira (12)!, qué le sucedió en consecuencia a Rudra. Influenciados por el temor hacia Rudra, los Dioses resolvieron que siempre separarían la mejor ración, la que era fresca y tierna (adecuada para el Dios). Quienquiera realice sus abluciones en este sitio, mientras recita esta antigua historia, contempla con sus ojos mortales el sendero que conduce a la región de los Dioses.

Dijo Vaisampayana: Entonces, todos los hijos de Pandu y también la hija de Drupada (13) —favoritos todos ellos del Destino— descendieron hacia el río Vaitarani, e hicieron libaciones en honor a sus padres.

Dijo Yudhishthira: ¡Oh Lomasa, cuán grande ha de ser la fuerza de un acto piadoso! Tras haberme dado un baño en este sitio de la manera adecuada, ¡me parece que ya no piso la región que habitan los hombres mortales! Oh santo de virtuosa vida, estoy contemplando todas esas regiones. Y éste es el sonido de los magnánimos habitantes del bosque, que están recitando sus sonoras plegarias.

Dijo Lomasa: Oh Yudhishthira, el lugar del que procede este sonido que llega a tus oídos, ten por seguro que se halla a una distancia de trescientas mil Yojanas (14). Oh señor de los hombres, quédate tranquilo y no pronuncies palabra. Oh Rey, éste que ahora tenemos ante nuestra vista es el divino bosque del Uno Auto-existente. Oh Rey, allí, Viswakarma (15), el de nombre temible, celebró ritos religiosos. En la gran ocasión de aquel sacrificio, el Uno Auto-existente le donó a Kasyapa (16) toda esta tierra, con sus territorios montañosos y boscosos, como gratificación por ministrar como sacerdote. Y entonces, oh hijo de Kuru (17), tan pronto fue entregada como regalo, se entristeció el corazón de la Diosa Tierra, y airadamente dirigió estas palabras a aquel gran señor, el regente de los mundos: “Oh poderoso Dios, es indigno de ti que me regales a un mortal ordinario. Y este acto de dación de tu parte no servirá de nada; (pues) ahora voy a descender a las profundidades del mundo inferior”. Entonces, cuando el bendito santo Kasyapa contempló a la Diosa Tierra tan despechada y triste, tratando de apaciguarle la ira, oh protector de hombres, realizó un acto propiciatorio. Y entonces, oh hijo de Pandu, la Tierra quedó complacida con su acción piadosa, volvió a emerger desde el interior de las aguas, y se mostró bajo la forma de un altar sagrado. Éste, oh Rey, es el lugar que muestra claramente la forma de un altar. Oh gran monarca, asciende a él, y ganarás valor y fuerza. Y éste, oh Rey, es el mismo altar que llega hasta el mar y descansa sobre su seno. Que la buena fortuna te acompañe, súbete al altar y cruza por ti mismo el mar. Y hoy, mientras tú subes, celebraré la ceremonia para ahuyentar de ti todo mal; pues este altar que ves aquí, no bien es tocado por un mortal, al instante forma parte del mar. ¡Reverencia al Dios que protege el universo! ¡Reverencia a ti que estás más allá del universo! ¡Oh Señor de los Dioses, da testimonio de tu presencia en este mar! Oh hijo de Pandu, debes recitar las veraces palabras que voy a decirte, y, mientras lo estás haciendo, debes ascender presuroso a este altar; lo que deberás recitar es: “El Dios del fuego, y el Sol, y el órgano de la generación, y el agua, y la Diosa y la simiente de Vishnu, y el ombligo de néctar. El Dios del fuego es el órgano que generó al (océano); la tierra es tu cuerpo; Vishnu depositó la simiente que causó tu ser, y tú eres el ombligo de néctar”. Así, oh hijo de Pandu, deben recitarse en voz alta las veraces palabras y, mientras las recitas, has de sumergirte en el Señor de los ríos. De otro modo, oh hijo de Kunti (18), que eres digno de la mejor alabanza, este Señor de las aguas, de divino nacimiento, esta inmensa fuente de las aguas (de la tierra) no ha de ser tocada, oh hijo de Kunti, ni siquiera con la punta de una hierba sagrada.

Dijo Vaisampayana: Luego, en cuanto la ceremonia realizada en su beneficio y destinada a ahuyentar el mal hubo finalizado, el magnánimo Yudhishthira se introdujo en el mar, y habiendo cumplido todo lo que el santo había ordenado, regresó a la falda de la colina de Mahendra (19), y pasó la noche en ese lugar.

SECCIÓN 115

Dijo Vaisampayana: El protector de la tierra pasó allí una sola noche, y, junto con sus hermanos, le rindió los máximos honores a los hombres religiosos. Lomasa le dio a conocer los nombres de todos esos religiosos, a saber, los Bhrigus, los Angiras (20), los Vasishthas, y los Kasyapas. El santo Rey los visitó a todos y, uniendo sus manos, les hizo reverencias. Y luego le preguntó al valiente Akritavrana (21), que era un seguidor de Parasurama (22), en qué ocasión se mostraría el bendito Parasurama a los hombres religiosos del lugar. En tal ocasión, se desea profundamente obtener la visión del descendiente de Bhrigu.

Dijo Akritavrana: Rama (23) ya sabe de tu viaje a este lugar, pues su alma conoce espontáneamente todas las cosas. Y él se halla complacido en todo sentido contigo, y se mostrará prestamente ante ti. Y a todos los santos que practican aquí penitencia, se les permite verlo los días octavo y catorceno del ciclo lunar. Por la mañana, al final de esta misma noche, será el día catorceno del ciclo lunar. En ese momento tendrás oportunidad de verlo, vestido con oscuras pieles de ciervo, y con su cabello todo enmarañado.

Dijo Yudhishthira: Tú has sido un seguidor del poderoso Rama, hijo de Jamadagni (24); por lo tanto, debes haber sido testigo ocular de todas las hazañas que él lograra en pasados días. Por lo tanto, te solicito que me narres cómo venció Rama a los miembros de la casta militar sobre el campo de batalla, y cuál fue la causa original de aquellos conflictos.

Dijo Akritavrana: Con placer te recitaré esa magnífica historia, oh hijo de Bharata, oh jefe de reyes, la historia de las divinas hazañas de Rama, el hijo de Jamadagni, cuyo origen se remonta a la raza de Bhrigu. También te relataré los logros del gran gobernante de la tribu Haihaya. Ese Rey, cuyo nombre era Arjuna (25), poderoso señor de la tribu Haihaya, murió a manos de Rama. Aquél, oh hijo de Pandu, estaba dotado de mil brazos, y por el favor de Dattatreya (26) poseía asimismo un carro celestial hecho de oro. Y su gobierno, oh protector de la tierra, que se extendía sobre todo el mundo viviente, llegaba a todos los confines de esta tierra. Y el carro de aquel poderoso monarca podía avanzar por todas partes sin que nada obstruyera su camino. Y habiendo devenido invencible en virtud de ese don recibido, montaba continuamente en su carro y aplastaba a cuantos Dioses, Yakshas (27) y santos se hallaran en derredor. Y acosaba por doquier a todos los seres vivientes. Entonces, los celestiales y los santos de conducta estrictamente virtuosa, se encontraron y le hablaron a Vishnu (28), el Dios de Dioses, el matador de demonios y el paladín de las hazañas jamás igualadas, diciéndole: “Oh bendito y venerado señor, es necesario que des muerte a ese Arjuna, con el propósito de preservar a todos los seres nacidos”. Y el poderoso regente de la tribu Haihaya, montando en su carro celestial, ofendió a Indra (29) mientras esta divinidad estaba gozando con Sachi (30), su Reina. Entonces, oh hijo de Bharata, el bendito y venerado Dios (Vishnu) conferenció con Indra, con vistas a destruir al hijo de Kartavirya. En tal circunstancia, el Señor de los Dioses les dijo todo aquello que era bueno para el mundo de los seres; y el bendito Dios adorado por todo el mundo, para cumplir con todo lo necesario, se fue al encantador bosque Vadari (31), que era su lugar preferido para practicar austeridades. En aquel mismo momento, vivía en la tierra, en el país de Kanyakuvja, un poderoso monarca cuya fuerza militar era inmensa. Y su nombre, Gadhi (32), era mundialmente famoso. Sin embargo, él se retiró a la vida en los bosques. Mientras habitaba en medio del bosque, le nació una hija hermosa como una ninfa del Cielo. Richika (33), el hijo de Bhrigu (34), la pidió en matrimonio. Entonces Gadhi le habló al Brahmin (35), que llevaba una vida rígidamente austera, diciéndole: “Debes saber, oh el más excelso miembro de la casta sacerdotal, que en nuestra raza hay una cierta costumbre familiar, iniciada por mis ancestros de épocas remotas, la cual establece que el pretendiente ha de ofrecer una dote de mil potros veloces, de color pardo, y cada uno de ellos debe estar acompañado por un carro negro. Pero a ti, un santo tan venerado, oh hijo de Bhrigu, no se le puede pedir tal cosa; tampoco puedo negarle mi hija a un santo magnánimo como tú, de tan (exaltado) rango”. A lo cual Richika respondió: “Te daré los mil potros veloces, de color pardo, acompañados de su correspondiente carro negro; que tu hija me sea otorgada, pues, en matrimonio”.

Dijo Akritavrana: Habiendo así dado su palabra, oh Rey, él se presentó ante Varuna (36) y le dijo: “Dame mil potros veloces de color pardo, cada uno con un carro negro. Los quiero como dote para mi boda”. Varuna le entregó inmediatamente los mil potros. Esos corceles fueron emanados por el río Ganges; por lo tanto, a ese sitio se lo llamó: “El lugar en que los caballos tocaron tierra”. Y en la ciudad de Kanyakuvja, la hija de Gadhi, llamada Satyavati (37), fue concedida en matrimonio; y los mismos Dioses fueron parte del cortejo de la esposa. Richika, el más excelso de la casta sacerdotal, se procuró de ese modo los mil potros, obtuvo la visión de los habitantes de los Cielos, y consiguió una esposa de la manera apropiada. Y gozó junto a la joven de estrecha cintura, y así satisfizo todos los anhelos que siempre había tenido. Cuando el matrimonio se hubo celebrado, oh Rey, su padre Bhrigu resolvió visitarlos a él y a su esposa, alegrándose al ver a su digno hijo. El matrimonio le expresó todos sus respetos, a él, a quien todos los Dioses adoraban. Y cuando él se hubo sentado, ambos esposos, con sus palmas unidas, se quedaron de pie a su lado para poder atender sus pedidos. Y entonces, el venerado santo Bhrigu, profundamente complacido, le dijo a su nuera: “Oh hermosa hija, estoy dispuesto a concederte una gracia, cualquiera sea el objeto de tu deseo”. En consecuencia, ella solicitó como favor que, tanto a ella como su madre, pudieran tener un hijo. Y él le concedió el favor solicitado.

Bhrigu dijo: “Durante los días que dure vuestro período, tú y tu madre deberán darse un baño, realizando la ceremonia para engendrar un hijo varón. Luego, cada una deberá abrazar dos árboles distintos: ella, un árbol Pippala(38); y tú, una higuera. Y, oh hija obediente, tengo aquí dos potes de arroz y leche, que he preparado con el mayor cuidado. He investigado en todo el universo para encontrar las drogas cuya esencia ha sido mezclada con esta leche y arroz. Ha de ser consumido como alimento con el máximo cuidado”. Y una vez dichas estas palabras, desapareció de la vista. A pesar de lo indicado por el santo, las dos damas se intercambiaron los potes de arroz y también los árboles (que cada una había de abrazar). Luego de muchísimos días, el venerado santo volvió a presentarse. Regresó sabiendo (lo que había ocurrido) porque poseía el don del divino conocimiento. Entonces Bhrigu, dotado de poderosa fuerza, le dijo a su nuera Satyavati: “¡Oh respetuosa hija! Oh mi hija, de bella frente, tomaste como alimento el pote de arroz equivocado. Y el árbol que tú abrazaste fue el incorrecto. Ha sido tu madre quien te ha engañado. De ti nacerá un hijo que, a pesar de pertenecer a la casta sacerdotal, tendrá un carácter apto para la orden militar; mientras que de tu madre nacerá un hijo poderoso, que, aunque por nacimiento será un Kshatriya, asumirá una vida adecuada a la orden sacerdotal. Grande será su poder, y habrá de transitar el sendero por el que marcharon los hombres rectos”. Entonces ella volvió a rogarle a su suegro una y otra vez: “Que no sea mi hijo de tal carácter, sino que sea así mi nieto”. Y él, oh hijo de Pandu, respondió: “¡Que así sea!”. Y a él le plugo concederle su ruego. Entonces ella, en el día previsto, dio a luz un hijo llamado Jamadagni. Y este hijo de Bhrigu estaba dotado a la vez de gracia y esplendor. Creció en años y en fuerza, y superó a los demás santos en su dominio de la tradición védica. Oh príncipe de la raza de Bharata, a él, que rivalizaba en lustre con el autor de la luz (el Sol), espontáneamente y sin instrucción alguna, le advino el conocimiento de todo el arte militar, y el de las cuádruples armas arrojadizas.

SECCIÓN 116

HISTORIA DE JAMADAGNI Y SU HIJO PARASURAMA

Dijo Akritavrana: Jamadagni se dedicó al estudio de los Vedas (39) y a la práctica de sagradas mortificaciones, y se hizo famoso por sus grandes austeridades. Luego realizó un curso metódico de estudios y obtuvo el dominio sobre la totalidad de los Vedas. Él, oh Rey, le hizo una visita a Prasenajit (40) y le solicitó en matrimonio la mano de Renuka (41). Su petición fue concedida por el Rey. Esta joya de la raza de Bhrigu, habiendo obtenido así a Renuka por esposa, decidió residir con ella en una ermita, y comenzó a practicar mortificaciones, en tanto ella lo asistía. Y de su esposa le nacieron cuatro hijos, y luego Rama, que fue el quinto. Y aunque Rama era el más joven, superaba en méritos a todos. Ahora bien, en una ocasión, cuando sus hijos habían salido con el propósito de recoger fruta, Renuka, que llevaba una vida pura y austera, fue a darse un baño. Y mientras regresaba a casa, oh Rey, su mirada se posó sobre el Rey de Martikavata, conocido por el nombre de Chitraratha (42). El Rey estaba en el agua con sus esposas, y llevando sobre el pecho una guirnalda de lotos, se hallaba entregado a la diversión. Al contemplar su magnífica figura, Renuka se sintió invadida por el deseo. Y este deseo ilícito, que no pudo controlar, contaminó toda el agua, y Renuka retornó a la ermita con el corazón temeroso. Su esposo percibió prontamente en qué estado se encontraba ella. Y poderoso y fuerte, en un estado de ánimo colérico, cuando observó que ella se había excitado y que el brillo de la castidad la había abandonado, se lo reprochó gritándole: “¡Desdichada!”. En ese mismo instante llegó el mayor de los hijos de Jamadagni, Rumanvan; y luego llegaron Sushena, Vasu y Viswavasu. El poderoso santo les ordenó a todos ellos, uno por uno, que acabaran con la vida de su madre. Ellos, empero, estaban bastante confundidos y no tuvieron ánimo. No pudieron decir una sola palabra. Entonces, él, en estado irascible, los maldijo. Al ser maldecidos, los hijos perdieron el sentido y se convirtieron de pronto en algo semejante a objetos inanimados, y su comportamiento era comparable al de las bestias y las aves. Rama, el matador de héroes hostiles, fue el último en llegar a la ermita. Jamadagni, el de los potentes brazos, el de las grandes mortificaciones, se dirigió entonces a Rama diciéndole: “Mata a esta perversa madre tuya, sin compunción, oh hijo mío”. Al escuchar esto, Rama empuñó inmediatamente un hacha y cercenó la cabeza de su madre. Entonces, oh gran Rey, la cólera de Jamadagni, el de alma potente, se aplacó de inmediato; y complacido pronunció las siguientes palabras: “Tú, mi niño, cumpliendo mis órdenes, has realizado esta difícil tarea porque estás versado en la virtud. Por lo tanto, cualesquiera sean los deseos que pueda albergar tu corazón, estoy dispuesto a concedértelos todos. Pídeme”. Por consiguiente, Rama solicitó que su madre pudiera ser devuelta a la vida; que él no fuera acosado por el recuerdo de este acto cruel; que no pudiera ser afectado por pecado alguno; que sus hermanos pudieran recuperar su estado previo; que él no tuviera rivales en el campo de batalla; y que pudiera alcanzar una larga vida. Y Jamadagni, oh hijo de Bharata, aquél cuyas mortificaciones eran las más rígidas, le concedió a su hijo todos aquellos deseos. Sin embargo, oh señor, una vez que sus hijos habían salido como en la anterior ocasión, el valeroso hijo de Kartavirya (43), señor del país vecino a las orillas del mar, se presentó en la ermita, en donde fue recibido hospitalariamente por la esposa del santo. Sin embargo, embriagado por su orgullo de guerrero, no quedó para nada complacido con la recepción de que se le hizo objeto, y, por la fuerza y desafiando toda resistencia, atrapó y se llevó de la ermita a la vaca madrina, cuya leche suministraba la mantequilla sagrada, sin prestar atención alguna a los fuertes mugidos de la vaca. E, insensiblemente, destruyó los grandes árboles del bosque. Cuando Rama regresó al hogar, su propio padre le relató todo lo acontecido. Entonces, cuando Rama sintió cómo había mugido la vaca llamando a su ternero, se despertó en su corazón la indignación. Y se precipitó tras el hijo de Kartavirya, cuyos últimos momentos se acercaban. Entonces, el descendiente de Bhrigu, el exterminador de héroes hostiles, exhibió su valor sobre el campo de batalla, y con las aguzadas flechas de punta aplastada, disparadas por un hermoso arco, cercenó los brazos de Arjuna, que sumaban mil en número, y que eran gruesos como travesaños (de madera) para atrancar puertas. Arjuna, tocado ya por las manos de la muerte, fue vencido por Rama, su adversario. Entonces, los parientes de Arjuna, cuya ira se había encendido contra Rama, fueron hasta la ermita y se lanzaron sobre Jamadagni, mientras Rama estaba ausente. Y allí lo mataron; pues aunque su fuerza era grande, al estar en ese momento aplicado a las mortificaciones, no quiso luchar. Mientras lo atacaban sus adversarios, Jamadagni había gritado repetidamente el nombre de Rama, de manera impotente y penosa. Los hijos de Kartavirya, oh Yudhishthira, atravesaron a Jamadagni con sus flechas, y, habiéndose vengado así de su enemigo, se fueron. Cuando ya se habían ido, y Jamadagni había exhalado su último suspiro, Rama, la joya de la raza de Bhrigu, volvió a la ermita, llevando en sus brazos el combustible para los ritos religiosos. El héroe contempló a su padre que había sido arrojado en los brazos de la muerte. Y, tremendamente apenado, comenzó a lamentar la indigna suerte que había abatido a su padre.

SECCIÓN 117

Dijo Rama: “Mía es la culpa, oh padre, de que tú hayas sido abatido a flechazos como un venado en el bosque, por obra de esos mezquinos y estúpidos miserables, los hijos de Kartavirya. ¿Y cómo llegó a permitir el Destino que tú, oh padre, virtuoso y jamás apartado del sendero de la rectitud, e inofensivo como eras para con todos los seres vivientes, hubieses de morir de esta manera? Qué horrendo pecado deben haber cometido los que te dieron muerte con cientos de afilados dardos, a pesar de que eras un hombre entrado en años y entregado a las mortificaciones, y por completo renuente a luchar contra ellos. ¿Con qué rostro contarán estas desvergonzadas personas a sus amigos y sirvientes el acto que cometieron, a saber, que han matado a un hombre virtuoso que no tenía ayuda ni ofrecía resistencia?” De este modo, oh protector de hombres, grande en las mortificaciones, se lamentó Rama de una manera sumamente penosa, y luego llevó a cabo las exequias de su difunto padre. Y él, el conquistador de ciudades hostiles, incineró a su padre sobre la pira funeraria y juró, oh vástago de la raza de Bharata, dar muerte a toda la casta guerrera; y dotado de fuerza sin par en el campo de batalla, y poseedor de un valor apropiado a un alma heroica, y comparable al propio Dios de la muerte, empuñó sus armas con ánimo iracundo, y, sin ayuda, dio muerte a los hijos de Kartavirya. Y Rama, oh príncipe de la casta guerrera, el líder de todos los que son capaces de batir a sus enemigos, derribó tres veces a todos los Kshatriyas (44) secuaces de los hijos de Kartavirya. Y siete veces exterminó aquel poderoso señor a las tribus guerreras de la tierra. En el terreno llamado Samantapanchaka (45), hizo él cinco lagos de sangre. Allí, el poderosísimo vástago de la raza de Bhrigu, ofreció libaciones a sus antecesores, los Bhrigus, y Richika se le apareció en forma visible, y le dirigió palabras de consuelo. Entonces, el hijo de Jamadagni, el del temible nombre, realizó un potente sacrificio y agradó al Señor de los seres celestiales, y les otorgó aquella tierra a los sacerdotes celebrantes. Y él, oh protector de los seres humanos, erigió un altar hecho de oro, de diez Vyamas (46) de ancho y nueve de alto, y regaló dicho altar al magnánimo Kasyapa. Entonces, por pedido de Kasyapa, los Brahmines dividieron el altar en un cierto número de partes, y así fue que se los conoció como los Khandavayamas (47). Y el exterminador de la raza guerrera, dotado de inmensa fortaleza, le otorgó la tierra a Kasyapa, el de exaltada alma, y se dedicó a las mortificaciones de manera extremadamente severa. Ahora él habita este Mahendra, soberano de las colinas. Así surgen las hostilidades entre él y los miembros de la casta guerrera —todos ellos habitantes de esta tierra; y Rama, dotado de inmensa fortaleza, dominó de esta manera al mundo entero.

Dijo Vaisampayana: Entonces, en el día catorceno de la luna, Rama, el de alma potente, se mostró en la hora propicia ante aquellos miembros de la casta sacerdotal, y también ante el virtuoso Rey (Yudhishthira) y sus hermanos menores. Y el señor con sus hermanos, oh Rey de reyes, adoró a Rama, y él, oh el más justo gobernante de los hombres, le rindió los máximos honores a todos aquellos miembros de la clase de los dos veces nacidos. Y tras adorar al hijo de Jamadagni y haber recibido de éste palabras de elogio, siguiendo sus directivas, pasó la noche en la colina de Mahendra y luego partió en viaje rumbo a las regiones del sur.

SECCIÓN 118

ENCUENTRO DE LOS PANDAVAS CON LOS VRISHNIS

Dijo Vaisampayana: El magnánimo monarca prosiguió su camino y, en diferentes lugares de la costa del mar, visitó los diversos sitios para baños purificatorios, todos ellos sagrados y agradables, y frecuentados por hombres de la casta sacerdotal. Y él, oh hijo de Parikshit (48), acompañado por sus hermanos más jóvenes, tomó en ellos su baño de la manera adecuada, y luego se dirigió hacia un espléndido río, el más santo de todos. Allí también tomó su baño el magnánimo Rey, ofrendó libaciones a sus antepasados y a los Dioses, y distribuyó riquezas a los líderes de la clase de los dos veces nacidos. Luego fue al Godavari (49), un río que desemboca directamente en el mar, allí fue liberado de sus pecados. Luego alcanzó el mar en la tierra de los Dravidas (50), y visitó el sitio sagrado que se conoce con el nombre de Agastya, que era excepcionalmente santo y soberanamente puro. Este valiente Rey visitó también los lugares sagrados femeninos. Allí escuchó la historia de aquella hazaña bien conocida que logró Arjuna (51), el primero entre todos los que blanden el arco, y cuya realización se hallaba más allá de los poderes de los seres humanos. Y allí fue elogiado Arjuna por los miembros más encumbrados de la clase santa, y el hijo de Pandu experimentó el mayor de los deleites. Y el gobernante del mundo, oh protector de la tierra, acompañado por Krishnaa (52), se bañó en aquellos sitios sagrados, y, hablando del valor de Arjuna en términos elogiosos, pasó deliciosamente su tiempo en aquel lugar. En tal circunstancia, donó miles de vacas a aquellos santos lugares de la costa del mar, y con sus hermanos narró con gran complacencia cómo había hecho Arjuna donación de ganado. Y él, oh Rey, visitó uno por uno aquellos lugares sagrados de la costa del mar y muchos otros sitios santos, y cumplió así con el deseo de su corazón, hasta que llegó al sitio más sagrado de todos, conocido con el nombre de Suparaka. Luego, tras haber andado una cierta distancia por la orilla del mar, alcanzó un bosque que era muy famoso en esa tierra. Allí habían practicado ascetismo las deidades en los días de antaño, e igualmente habían realizado ritos sacrificiales los virtuosos gobernantes de los hombres. Allí él, poseedor de largos y fornidos brazos, contempló el celebrado altar del hijo de Richika, que era el más eminente entre todos los que cimbran el arco. Y el altar estaba rodeado por multitudes de ascetas, y era digno de que lo adorasen personas de vida virtuosa. Luego, el Rey contempló los santos y encantadores templos de todos los Dioses: el de los Vasus; el de las huestes de los vientos; el de los dos médicos celestiales; el de Yama, hijo del Sol y señor de las riquezas; el de Indra; el de Vishnu; el del Señor Creador; el de Shiva; el de la luna; el del autor del día; el del Señor de las aguas; el de las huestes de los Sadhyas; el de Brahmâ; el de los antepasados; el de Rudra y todos sus seguidores; el de la Diosa del aprendizaje; el de las huestes de los Siddhas, y los de muchos benditos Dioses inmortales. En estos santuarios, el Rey observó diversos ayunos y donó grandes cantidades de gemas. Bañó su cuerpo en todos los sitios sagrados y volvió de nuevo a Suparaka. Y por la misma costa del mar avanzó nuevamente con sus hermanos, y se allegó al sagrado sitio de Prabhasa (53), cuya fama había sido difundida por los poderosos Brahmines en todo el mundo. Allí, él, poseedor de un par de grandes ojos encarnados, y sus hermanos menores se lavaron y ofrecieron libaciones a los antepasados y a las huestes celestiales; y lo mismo hizo Krishnaa y todos los Brahmines junto con Lomasa. El Rey se mantuvo a base de agua y aire durante doce días. Realizó abluciones durante días y noches, y se hizo rodear por hogueras ardientes por los cuatro costados. Éste fue el modo en que se dedicó al ascetismo el más grande entre los hombres virtuosos. Mientras así actuaba, les llegó a Balarama (54) y Krishna (55) la información de que el Rey estaba practicando mortificaciones de la mayor austeridad, y estos dos líderes de toda la tribu de los Vrishnis (56), acompañados por sus tropas, fueron a ver a Yudhishthira, el de la raza de Ajamidha. Y cuando los Vrishnis contemplaron a los hijos de Pandu, que estaban recostados sobre el suelo, con sus cuerpos todos cubiertos de polvo, y cuando contemplaron a la hija de Drupada también en tal triste estado, grande fue su dolor y no pudieron evitar prorrumpir en sonoras lamentaciones. Entonces el Rey, cuyo coraje era tal que jamás la mala suerte pudo abatirlo, se encontró cordialmente con Rama, con Krishna, con Samva, el hijo de Krishna, con el nieto de Sini y con otros Vrishnis, y les rindió honores de manera apropiada. Ellos también, a su vez, le rindieron honores a todos los hijos de Pritha (57), y fueron honrados del mismo modo por los hijos de Pandu. Y todos se sentaron alrededor de Yudhishthira como las huestes celestiales, oh Rey, se sientan alrededor de Indra. Y con gran complacencia, Yudhisthira les contó todas las maquinaciones de sus adversarios, y también cómo había vivido en el bosque y cómo Arjuna había viajado a la morada de Indra para aprender la ciencia de las armas; todo esto les relató con el corazón alegre. Y ellos se sintieron felices de saber de su boca todas estas noticias; mas cuando vieron a los Pandavas tan extremadamente enflaquecidos, los magnánimos y majestuosos Vrishnis no pudieron evitar derramar lágrimas, que brotaban espontáneamente de sus ojos a causa de la agonía que sentían.

SECCIÓN 119

Dijo Janamejaya: ¡Oh tú, pletórico de ascetismo! Qué hicieron los hijos de Pandu y los Vrishnis cuando llegaron al santo lugar de Prabhasa, y qué conversación sostuvieron allí, pues todos eran de alma fuerte, hábiles en todas las ramas de las ciencias, y tanto los Vrishnis como los hijos de Pandu se tenían unos a otros amistosa consideración.

Dijo Vaisampayana: Cuando los Vrishnis alcanzaron el santo lugar de Prabhasa, el lugar sagrado en la costa del mar, rodearon a los hijos de Pandu y esperaron. Entonces Balarama, cuya tez era semejante a la leche de vaca, a la flor Kunda(58), a la luna, a la plata y a la raíz del loto, y que lucía una guirnalda hecha con flores silvestres, y que tenía como arma una reja de arado, se dirigió al de los ojos de loto diciéndole: “Oh Krishna, no veo que la práctica de la virtud conduzca a bien alguno, o que las prácticas incorrectas puedan causar el mal, dado que el magnánimo Yudhishthira está en este penoso estado, con su cabello desgreñado, habitando los bosques, y usando como ropaje la corteza de los árboles. Y ahora Duryodhana (59) está gobernando la tierra, y he aquí que el suelo no se lo traga. De todo esto, una persona de cortos alcances concluiría que un modo de vida perverso es preferible a uno virtuoso. Al ver que Duryodhana está en un estado floreciente, y Yudhishthira, despojado de su trono, sufre de esta manera, ¿qué ha de hacer la gente en tal caso? Ésta es la duda que actualmente tiene perplejos a todos los hombres. Aquí está el señor de los hombres, nacido del Dios de la virtud, aferrándose firmemente al camino recto, estrictamente veraz y de corazón generoso. Este hijo de Pritha quiso abandonar su reino y sus placeres, mas no quiso apartarse del camino recto para prosperar. ¿Cómo es que Bhishma, Kripa (60), Drona el Brahmin, y el Rey, entrado en años, el miembro mayor de la familia, están viviendo felices, tras haber desterrado a los hijos de Pritha? ¡Escarnio recaiga sobre los corruptos líderes de la raza de Bharata! ¿Qué le dirá ese pecador, el príncipe de la tierra, a los antepasados ya extintos de su raza, cuando el miserable se encuentre con ellos en el mundo venidero? Habiendo derribado del trono a sus hijos inofensivos, ¿será capaz de declarar que los ha tratado de manera intachable? Actualmente no ve con el ojo de su mente cómo ha devenido tan ciego, y a causa de qué acto ha quedado invidente entre los reyes de toda esta tierra. ¿No es a causa de haber desterrado de su reino al hijo de Kunti? No tengo duda de que el hijo de Vichitravirya, cuando él y sus hijos perpetraron este acto inhumano, contempló que, en el lugar donde ardieron los cuerpos muertos, los árboles florecían con tonos dorados. Ciertamente, él debe haber consultado a sus hijos, cuando estaban de pie ante él, presentándole sus hombros erguidos y observándolo con sus grandes ojos encarnados, y debe haber prestado oídos a su perverso consejo, ya que sin temor envió al bosque a Yudhishthira, que iba acompañado por sus hermanos menores llevando consigo todo su armamento bélico. Este Bhima (61) aquí presente, cuyo voraz apetito es como el de un lobo, es capaz de destruir una masa formidable de tropas hostiles con el solo poder de sus poderosos brazos y sin ayuda de arma guerrera alguna. Las fuerzas en el campo de batalla quedaban supremamente amedrentadas al oír su grito de combate. Y ahora este hombre fuerte sufre de hambre y sed, y está enflaquecido por los cansadores viajes. Pero cuando empuñe en sus manos las flechas y otras armas de guerra, y encuentre a sus enemigos en el campo de batalla, se acordará entonces de los sufrimientos de su extremadamente penosa vida en el bosque, y matará a sus enemigos hasta el último hombre: de cierto, yo anticipo todo esto. No hay en todo el mundo una sola alma que pueda alardear de igual fuerza y proeza. Y su cuerpo, ¡Dios mío!, está extenuado por el frío, el calor y los vientos. Pero cuando se ponga de pie para luchar, no dejará vivo a un solo hombre enemigo. Este héroe poderoso, que es un gran guerrero cuando monta en su carro, este Bhima, cuyo apetito rivaliza con el de un lobo, conquistó sin ayuda a todos los gobernantes del este, junto con aquellos que los acompañaron a la batalla, y regresó de aquellas contiendas, sano y sin heridas. Y ese mismo Bhima, vestido pobremente con cortezas de árbol, lleva ahora una vida mísera en los bosques. Este poderoso Sahadeva (62) venció a todos los reyes del sur, a aquellos señores de hombres que se habían congregado en la costa del mar. Véanlo ahora vestido de anacoreta. Nakula (63), valiente en las batallas, derrotó sin ayuda a todos los reyes que controlaban las regiones hacia el occidente, y ahora camina por el bosque, viviendo a base de frutos y raíces, con una mata de desgreñados cabellos en su cabeza, y su cuerpo todo cubierto de polvo. Y esta hija de un Rey, que es un gran soldado cuando monta en un carro, nació de lo más profundo del altar, durante la pompa de los ritos sacrificiales. Ella siempre ha estado acostumbrada a una vida de felicidad, ¡cómo puede soportar ahora, en los bosques, esta vida extremadamente penosa! Y el hijo del Dios de la virtud, virtud que marcha a la cabeza de los tres objetivos de la vida, y el hijo del Dios del viento, y también el hijo del Señor de los seres celestiales, y aquellos dos hijos de los celestiales médicos, siendo hijos de todos estos Dioses y acostumbrados siempre a una vida de felicidad, ¿cómo están viviendo en este bosque, desprovistos de toda comodidad? Cuando el hijo de la Virtud se enfrentó con la derrota, y cuando su esposa, sus hermanos, sus seguidores y él mismo fueron todos expulsados, y cuando Duryodhana comenzó a florecer, ¿por qué no se hundió la tierra, con todas sus colinas?”

SECCIÓN 120

ARENGA DE SATYAKI PARA LA DESTRUCCIÓN DE DURYODHANA

Dijo Satyaki (64): “Oh Rama, no es este momento para lamentaciones; hagamos lo que corresponda y concuerde con la presente ocasión, aunque Yudhishthira no diga una sola palabra. Aquellos que tienen personas cuyo bienestar han de custodiar, no emprenden nada por sí mismos; tienen a otros para que hagan su trabajo, como lo hicieron Saivya (65) y otros para Yayati (66). Asimismo, oh Rama, aquellos que han nombrado funcionarios para que encaren sus tareas bajo su propia responsabilidad, como líderes de hombres, pueden decir que tienen verdaderos protectores, y que no enfrentan dificultad alguna, pues no son seres indefensos. ¿Cómo es que los hijos de Pritha, teniendo como protectores a estos dos hombres, Rama y Krishna, y a estos otros dos, Pradyumna (67) y Samva (68), y a mí mismo —aliados capaces de proteger a los tres mundos—, cómo es, pues, que el hijo de Pritha vive en el bosque con sus hermanos? Corresponde que, en este mismo día, el ejército de los Dasarhas (69) se ponga en marcha, con diversos armamentos y con cotas de malla entramada. Que los hijos de Dhritarashtra sean arrollados por las fuerzas de los Vrishnis, y que vayan con sus amigos a la morada del Dios de la muerte. Sólo el que porta el arco hecho de cuerno (Krishna), tú solamente, si te irguieras, serías capaz de rodear incluso la totalidad de esta tierra. Yo te pido que mates al hijo de Dhritarashtra (70) y a todos sus hombres, como el gran Indra, el Señor de los Dioses, diera muerte a Vritra. Arjuna, el hijo de Pritha, es mi hermano, y también mi amigo, y también mi preceptor, y es como el otro yo de Krishna. Es por esto que los hombres desean hijos dignos, y que los preceptores procuran discípulos que no busquen contradecirlos. Es por esto que ha llegado la ocasión de realizar tan excelsa tarea, la mejor de todas y difícil de realizar. Yo, mediante el poder de mis soberbias armas, neutralizaré las armas lanzadas por Duryodhana. Venceré a todos en el campo de batalla. En mi furia, cortaré sus cabezas con mis colosales dardos, apenas inferiores a las serpientes, al veneno y al fuego. Y, en el campo de batalla, con el agudo filo de mi espada, por fuerza separaré sus cabezas del cuerpo; luego mataré a sus seguidores, y a Duryodhana, y a todos los de la raza de Kuru. ¡Oh hijo de Rohini (71)!, que los seguidores de Bhima me contemplen con gozo en su corazón cuando mantenga en alto las armas de guerra en el campo de batalla, y cuando vaya abatiendo a todos los mejores luchadores del lado de los Kurus, tal como al final de los tiempos el fuego quemará todas las cosas como a vastas parvas de heno. Kripa, Drona, Vikarna y Karna no son capaces de soportar las agudas flechas que dispara Pradyumna. Yo conozco el poder del hijo de Arjuna: él se comporta igual que el hijo de Krishna en el campo de batalla. Que Samva doblegue con la fuerza de sus brazos a Dussasana (72), que destruya con su fuerza a Dussasana, su auriga y su carro. En el campo de batalla, cuando el hijo de Jamvavati (73) se vuelve irresistible en el combate, nada hay que pueda soportar su fuerza. Cuando era apenas un niño, dispersó prestamente al ejército del demonio Samvara (74). Por él perdió la vida en combate Asvachakra, cuyos muslos eran macizos y cuyos musculosos brazos eran extremadamente largos. ¿Hay alguien que pueda aventajar al carro de Samva, siendo éste insuperable en combate cuando se halla montado en su carro? Así como un mortal que cae en las garras de la muerte no puede escapar, ¿quién habrá que una vez que caiga en sus manos, en el campo de batalla, sea capaz de regresar con vida? El hijo de Vasudeva (75) consumirá con las nubes de sus ígneas flechas a todas las tropas hostiles, y a aquellos dos guerreros, Bhishma (76) y Drona (77), que son magníficos sobre su carro, y a Somadatta (78) rodeado de todos sus hijos. ¿Qué cosa hay en este mundo, incluyendo a los Dioses, que Krishna no pueda enfrentar en pie de igualdad cuando empuña las armas de guerra, arroja soberbias flechas, tiene el escudo de su propio espíritu y deviene así sin rival en la pelea? Que también Aniruddha (79) empuñe en sus manos su escudo y su espada, y que cubra la superficie de la tierra con los hijos de Dhritarashtra, separadas las cabezas de sus troncos, con sus cuerpos ya vacíos de toda conciencia, como se esparcen las hierbas sagradas en el altar del rito sacrificial. Y Gada (80) y Uluka, y Vahuka y Bhanu, y Nitha y el joven Nishatha, valiente en la batalla, y Sarana, y Charudeshna (81), irresistible en el combate, lleven a cabo hazañas dignas de su raza. Que el ejército combinado de los Satwatas (82) y los Suras, junto con los mejores soldados de los Vrishnis, los Bhojas y los Andhakas, maten a los hijos de Dhritarashtra en el campo de batalla, y que se expanda su fama por todo el mundo. Entonces, que Abhimanyu (83) gobierne el mundo hasta que éste, el más grande entre los virtuosos, el magnánimo Yudhishthira, pueda ocuparse de cumplir su voto, voto que él, el más recto de la raza de Kuru, declaró y aceptó en ocasión de la famosa partida de dados. Posteriormente, el virtuoso Rey protegerá la tierra, vencidos ya todos sus enemigos en combate por los dardos que nosotros dispararemos. Entonces ya no quedarán hijos de Dhritarashtra sobre la tierra, ni tampoco el hijo del auriga (Karna (84)). Ésta es la tarea más importante que tenemos que hacer, y que de seguro nos conducirá a la fama”.

Krishna dijo: “Oh retoño de la raza de Madhu (85), no cabe duda de que lo que dices es cierto; aceptamos tus palabras, ¡oh tú, de coraje inextinguible! Pero este toro de la raza de Kuru (Yudhishthira) no aceptará jamás la soberanía de la tierra a menos que la gane por la fuerza de sus propios brazos. Ni por amor al placer, ni por miedo, ni por deseo, renunciará jamás Yudhishthira a las reglas de la casta, ni tampoco lo harán estos dos héroes, poderosos cuando montan en carros: Bhima y Arjuna; ni tampoco los hermanos gemelos, ni tampoco Krishnaa, la hija de Drupada. En todo el mundo no hay quien iguale en combate a este poseedor de apetito de lobo (Bhima) y al conquistador de riquezas (Arjuna). ¿Y qué impediría que este Rey gobernara el mundo entero, teniendo a los dos hijos de Madri (86) abrazando su causa? El vigoroso gobernador de Panchala, el Rey Kekaya (87), y nosotros mismos, deberíamos avanzar con nuestras fuerzas unidas, y así los enemigos de Yudhishthira serían aniquilados”.

Yudhishthira dijo: “No es extraño que hayas hablado de este modo, oh vástago de la raza de Madhu, pero, según mi parecer, la verdad tiene que ser la primera consideración, por encima de mi propio poder soberano. Pero sólo Krishna sabe precisamente qué es lo que soy; y sólo yo sé qué es Krishna (en realidad). ¡Oh tú, henchido de valor! ¡Oh vástago de la raza de Madhu! Ni bien él perciba que ha llegado el tiempo para los actos de valor, entonces, oh el más valiente de la raza de Sini, el de hermosos cabellos (Krishna), derrotará a Suyodhana (88). Que todos los hombres de la raza de Dasarha regresen hoy. Ellos son mis protectores; y los más destacados entre los seres humanos me han visitado aquí hoy. ¡Oh, dotados de fuerza inconmensurable!, jamás decaigan en el sendero de la virtud. Los volveré a ver otra vez, cuando se reúnan juntos felizmente”.

Entonces, tras los mutuos saludos, las reverencias a los señores, y los abrazos a los jóvenes, aquellos valientes hombres de la raza de Yadu (89) y los hijos de Pandu se separaron. Los Yadus regresaron a su hogar, y los Pandavas continuaron su viaje a los sitios sagrados. Luego, tras haberse separado de Krishna, el virtuoso Rey, acompañado por sus hermanos, servidores, y también por Lomasa, se dirigió al sagrado río Payosini. Las bellas construcciones y escalinatas de las orillas habían sido construidas por el Rey de Vidarbha (90). Yudhisthira comenzó a morar en las riberas del Payosini, cuyas aguas estaban mezcladas con el jugo destilado del Soma (91). Los numerosos líderes de la casta de los dos veces nacidos, que se deleitaron al ver allí a Yudhishthira, el de elevada alma, le dieron la bienvenida con palabras llenas de alabanza.

SECCIÓN 121

Dijo Lomasa: Oh Rey, cuando el Nriga (92) realizó aquí un sacrificio, se congració con Indra, el destructor de ciudades hostiles, ofreciendo el jugo del Soma. E Indra se sintió refrescado y quedó muy complacido. Aquí los Dioses, junto con Indra y los protectores de todos los seres nacidos, celebraron sacrificios de diversas clases en gran escala, y les dieron importantes gratificaciones a los sacerdotes oficiantes. Aquí, el Rey Amurtarayasa (93), señor del mundo, cuando celebró siete veces el sacrificio del caballo, satisfizo a Indra, que porta el rayo, al ofrecerle el jugo del Soma. En los siete sacrificios que realizó, los implementos usados, que en otros ritos sacrificiales se hacen generalmente de madera, leña y tierra, estaban todos hechos de oro. Y se dice que, para todos esos ritos, el Rey hizo preparar siete conjuntos de estacas, anillos para las estacas sacrificiales, vasijas, cucharones, utensilios y cucharas. Se amarraron siete anillos en el extremo de cada estaca sacrificial. Y, oh Yudhishthira, las estacas sacrificiales de oro bruñido que habían sido preparadas para sus ritos sagrados, fueron erigidas por los mismos celestiales, junto con Indra. En todos aquellos magníficos sacrificios establecidos por Gaya (94), el protector de la tierra, Indra, se deleitó bebiendo el jugo de Soma, y los sacerdotes oficiantes fueron gratificados con los donativos que se les entregaron. De esta manera, los sacerdotes obtuvieron incontables riquezas en aquella ocasión. Y así como nadie puede contar los granos de arena de la tierra, o las estrellas del cielo, o las gotas de agua cuando llueve, igual de imposible sería contar la riqueza que dio Gaya en donación. Tan incontable era la riqueza que se ofreció a los sacerdotes oficiantes de los siete sacrificios, oh gran Rey, que aunque los objetos anteriormente mencionados podrían ser contados, las gratificaciones otorgadas por el Rey, cuya extensión excedió todo lo conocido hasta entonces, serían imposibles de contar. Las imágenes de la Diosa de la palabra fueron realizadas en oro por el escultor de los Dioses, y el Rey gratificó a los miembros de la casta sacerdotal, que habían arribado desde los cuatro puntos cardinales, otorgándoles como regalo aquellas imágenes de oro. Oh protector de los hombres, cuando Gaya, de exaltada alma, realizó sus ritos sacrificiales, él erigió postes sacrificiales en tantos sitios distintos, que poco espacio disponible quedó en la superficie de la tierra. Y él, oh vástago de la raza de Bharata, alcanzó por tal acto sagrado las regiones de Indra. Quien se bañe en este río Payosini, irá a las regiones que logró Gaya. Por lo tanto, oh señor de reyes, oh príncipe inmutable, tú y tus hermanos deberían bañarse en este río; así, oh protector de la tierra, quedarás libre de todos estos pecados.

Dijo Vaisampayana: Oh tú, el más digno de alabanza entre los hombres, Yudhishthira y sus hermanos realizaron sus abluciones en el río Payosini. Y después, oh impecable príncipe, el poderoso monarca junto con sus hermanos se dirigió hacia la colina de zafiros y hacia el gran río Narmada (95). El bendito santo Lomasa le nombró allí todos los beatíficos lugares santos y los templos sagrados de los celestiales. Luego él y sus hermanos visitaron aquellos sitios, según su deseo y conveniencia. Y entregó donaciones, en varios lugares, a muchísimos Brahmines.