Srimad Bhagavatam - Vedavyasa - E-Book

Srimad Bhagavatam E-Book

Vedavyasa

0,0

Beschreibung

El célebre Libro Sagrado hindú compuesto por enseñanzas expuestas en forma de historias plenas de belleza y encanto. En él hallamos el más elevado conocimiento metafísico unido al más purificado Bhakti o devoción a Dios. Traducción de Ada Albrecht.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 1696

Veröffentlichungsjahr: 2021

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Vedavyasa

Srimad Bhagavatam

Traducción al castellano

y adaptación pedagógica de

Ada Albrecht

2016

Editorial Hastinapura

Buenos Aires, Argentina

Índice
Introducción
La Lectura Devocional o Anushthana del Sagrado Srimad Bhagavatam
Srimad Bhagavatam
1. Naimisaranya
2. La llegada de Nârada
3. Los nacimientos anteriores del Sabio Nârada
4. Búsqueda de la Verdad
5. El final que fue el comienzo
6. Uttarayana
7. El hijo de Abhimanyu
8. Krishna se despide de Kunti
9. Yudhistira realiza el Ashvamedha
10. Vidura abandona su arco
11. El regreso de Vidura después de la guerra
12. El fin de Dhritarashtra
13. Nârada visita Hastinapura
14. Regreso de Arjuna desde Dwarka
15. La vaca y el toro cojo
16. La aparición de Kali
17. La maldición de Shringi
18. A las orillas de la sagrada Madre Gangaji
19. Dhârâna
20. La tragedia de Prabhasa
21. En el comienzo
22. Adi-Varaha
23. Diti, la hija de Daksha
24. Los orgullosos centinelas
25. La muerte de Hiranyaksha
26. La penitencia de Kardama
27. La llegada de Devahuti
28. Una mujer ideal
29. Kapila Vâsudeva
30. Las enseñanzas de Kapila - Parte I
31. Las enseñanzas de Kapila - Parte II
32. El final de Devahuti
33. Yajña, el hijo de Akuti
34. Dattatreya
35. El enojo de Daksha
36. El conflicto en Kailasa
37. Sati se da muerte a sí misma
38. La tristeza de Dios
39. El perdón de Nuestro Señor
40. La resolución de un niño
41. Disciplinas espirituales de Dhruva
42. La estrella constante
43. El nacimiento de Vena
44. El reinado de Vena
45. Prithu, el Grande
46. La ira de Prithu
47. La Madre Tierra alimenta a todas sus criaturas
48. El Ashvamedha número noventa y nueve
49. El Rey Prachinabarhis
50. La historia de Puranjana
51. La vida feliz de Puranjana
52. El regreso de Avijñata
53. La verdad que subyace en esta historia
54. El camino a la Liberación
55. Los hermanos Prachetas
56. Priyavrata
57. El reinado de Priyavrata
58. El nacimiento de Rishabha
59. Las enseñanzas de Rishabha
60. Bharata, el ermitaño
61. Bharata, el cervatillo
62. Jada Bharata
63. Bharata, el portador del palanquín
64. El Rey Bharata enseña el Brahma Vidyâ
65. La muerte de Ajamila
66. La explicación de Nuestro Divino Señor Yama
67. Los descendientes de Daksha
68. El nacimiento de Vritrasura
69. Indra consigue su Vajra
70. El combate entre Indra y Vritra
71. La muerte de Vritra
72. Brahmahatya Pâpa
73. El Rey Chitraketu
74. La muerte del Príncipe
75. Sabiduría espiritual
76. El castigo de la Diosa Sati
77. El nacimiento de los Maruts
78. La duda de Yudhistira
79. Hiranyakashipu
80. El don otorgado a Hiranyakashipu
81. Prahlada, el hijo de Hiranya
82. La lección que aprendió Prahlada
83. Cómo Prahlada conocía sobre Narayana
84. El encuentro final
85. Narasimha
86. La plegaria del niño Prahlada
87. El elefante y el cocodrilo
88. Liberación
89. Amrita-Mantana
90. Cuando el océano fue cernido: Kurma Avatara
91. Kalakuta
92. El nacimiento de Lakshmi
93. Finalmente: ¡el Amrita!
94. La guerra continúa
95. Bali, el poderoso
96. El nacimiento de Vamana
97. El sacrificio de Bali
98. Sukra dijo: “No des nada”
99. Tres pasos de tierra
100. Bali cumple su promesa
101. Matsya Avatara
102. Markandeya, el Bhargava
103. La visión de Markandeya
104. Sukanya
105. Nâbhâka
106. Ambarisha
107. Kakutstha y otros
108. Sagara y sus hijos
109. Amshuman
110. Ganga Bhagirathi
111. El Rey Saudasa
112. Sri Rama
113. El Chandra Vamsa
114. Pururavas
115. Parashurama
116. Kartavirya, el Hehaya
117. El Sabio Vasishtha hospeda al Rey
118. La frustración de un Rey
119. Las disciplinas espirituales del Rey Kaushika
120. El Rey Trishanku de la Raza Solar
121. El Cielo de Trishanku
122. Shunashepa
123. El error de Kaushika
124. Vishvamitra, el Brahmarishi
125. Nahusha
126. La contienda
127. Un rey va al rescate
128. La venganza de Devayani
129. Yayati se casa con Devayani
130. Sharmishtha
131. La ira de Devayani y la maldición de Sukracharya
132. Los hijos de Yayati
133. La falta de satisfacción
134. Dushyanta
135. Shakuntala
136. El Rey toma por esposa a Shakuntala
137. La confesión de Shakuntala
138. Shakuntala esperó vanamente
139. La partida
140. Madre e hijo
141. Dushyanta, el rey
142. El arrepentimiento del rey
143. Rantideva
144. La madre Gangaji y los Vasus
145. El linaje Yadhava
146. La proliferación de Adharma
147. Una voz desde el Cielo
148. Sankarshana
149. El nacimiento de Nuestro Divino Señor Krishna Narayana
150. Krishna es llevado a Gokula
151. Vishnumâyâ
152. Las campañas de Kamsa
153. El Cielo sobre la Tierra
154. Putana
155. Shakatasura y Trinavarta
156. El nombre de los niños
157. Las travesuras de Krishna
158. La visión de Yashodha
159. Yashodha ata a Krishna
160. Los árboles gemelos en el patio
161. Krishna: vida y alma de Gokula
162. Un puñado de frutas Aranyakas
163. De Gokula a Vrindaván
164. Vatsa y Baka
165. Aghasura
166. La duda de Brahmâ
167. La ilusión que duró un año
168. El disgusto de Brahmâ
169. Balarama da muerte a Dhenuka
170. El lago envenenado
171. La serpiente Kaliya
172. Kaliya es dominada
173. La disputa en Ramanaka
174. Pralambha
175. El fuego del bosque
176. La estación de las lluvias
177. Otoño espiritual (Sharada Ritu)
178. La magia de la flauta de Krishna
179. La promesa de Krishna a las Gopis
180. La devoción de las Yajña-Patnis
181. El arrepentimiento de los Brahmines
182. No el Señor Indra del Cielo, sino nuestra montaña, la amable Govardhana
183. La cólera de Indra
184. Krishna es coronado como Govinda
185. Nanda es rescatado de Varuna por Krishna
186. En una noche de luna
187. Krishna y las Gopis
188. La búsqueda del amor perdido
189. Discurso sobre el amor
190. Rasa-Krida
191. Sudarshana, el Vidyadhara
192. La muerte de Arishtha
193. Nârada visita nuevamente a Kamsa
194. Kamsa envía por Akrura
195. La muerte de Keshi
196. El Sabio Nârada visita al Señor Krishna
197. Vyoma, el último de los Asuras
198. Akrura llega a Vrindaván
199. La supuesta crueldad de Akrura
200. Akrura tiene una visión
201. En las calles de Mathura
202. Trivakra
203. El gran arco yace roto
204. La muerte del elefante Kubalayapida
205. La muerte del Rey Kamsa
206. Por fin, Señor, por fin
207. El Ashram del Guru Sandipani
208. Uddhava es enviado a Vrindaván
209. Uddhava consuela a los pastorcillos
210. Akrura es enviado a la ciudad de Hastinapura
211. La famosa ciudad de Hastinapura
212. Los consejos de Akrura
213. Jarasandha: el ataque a Mathura
214. Kalayavana
215. El rey Muchukunda
216. Muchukunda alcanza Moksha
217. Jarasandha es engañado
218. La historia de Kalayavana
219. Rukmini, la princesa de Vidarbha
220. Rukmini envía un mensajero
221. La ciudad de la rosa roja
222. El mensaje de Rukmini
223. La desesperación de Rukmini
224. La princesa camina hacia el Templo
225. El fracaso de Rukmi
226. Pradyumna
227. Mayavati
228. Krishna debe haberla hurtado
229. La cueva del oso
230. La reivindicación de Krishna
231. La muerte de Satrajit
232. Shatadhanva
233. La generosidad de Akrura
234. El casamiento de Draupadi
235. Kalindi, Mitravinda y Satya
236. Bhadra y Lakshmana
237. Narakasura
238. Banasura, el hijo de Bali
239. El sueño de Usha
240. El ataque al reino de Banasura
241. Nruka, el hijo de Ikshvaku
242. El disgusto de Balarama
243. Paundraka Vâsudeva
244. Balarama da muerte a Dvividha
245. Lakshana, la hija de Duryodhana
246. Dos pedidos hechos a Krishna
247. Discusiones
248. Jarasandha, el poderoso
249. Jarasandha lucha en un duelo
250. La ceremonia Rajasuya
251. Shishupala de Chedi
252. Salva ataca Dwarka
253. Krishna en el campo de batalla
254. Krishna y Sudama
255. ¿Lo recuerdas?
256. Un puñado de arroz
257. Una visión del futuro
258. Un eco del pasado
259. El homenaje de los Rishis
260. El deseo de la reina Devaki
261. Subhadra y Arjuna
262. Shrutadeva y Bahulashva
263. La duda de Parikshit
264. La historia de Vrikasura
265. El mejor de los tres
266. La promesa de Arjuna
267. La maldición de los Rishis
268. La gran guerra
269. El peregrinaje de Balarama
270. La visita de los Devas
271. Sri Krishna y Uddhava
272. El Avadhuta Gîtâ - Parte I
273. El Avadhuta Gîtâ - Parte II
274. El Avadhuta Gîtâ - Parte III
275. El final de la casa de los Yadhus
276. La hora final
277. La consecuencia
278. El final de Parikshit
279. La pena de Uddhava
280. Los requisitos
281. El hombre libre
282. Bhakti: una definición
283. Karma Yoga y Bhakti Yoga
284. Hamsa Avatara
285. Bhakti otra vez
286. Los Vibhutis del Señor
287. Los diferentes Senderos
288. Los tres Senderos
289. El comienzo: la creación
290. Bhakti Yoga, una y otra vez
291. Sankhya
292. El primer Avatara: Purusha
293. El Virat Purusha como es descripto por los Vedas
Phalashruti: el fruto de la lectura del Srimad Bhagavatam
Breve glosario de términos sánscritos

Srimad Bhagavatam

Vedavyasa

Traducción al castellano y adaptación pedagógica de Ada Albrecht

Ediciones: 2005, 2008, 2016

Imagen de la portada: El Divino Señor Narayana.

Todos aquellos que deseen profundizar sus estudios sobre los temas tratados en este libro pueden llamar o acercarse a cualquiera de las direcciones dadas al final del volumen.

El tipeo, diseño y corrección del presente libro ha sido realizado íntegramente por Miembros de la Fundación Hastinapura.

Vedavyasa

Srimad Bhagavatam : traducción y adaptación pedagógica de Ada Albrecht / Vedavyasa. - 2a edición especial - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Hastinapura, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-4038-43-2

1. Espiritualidad. I. Título.

CDD 294.544

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

© by Editorial Hastinapura

Riobamba 1018 (C1116ABF)

Buenos Aires, República Argentina

Tel/Fax (0054-1) 4811-9342

E-mail: [email protected]

Internet: www.hastinapuralibros.com

Primera edición en formato digital: diciembre de 2021

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto 451

OM SRI GANESHAIA NAMAHA

Reverencia al Señor Ganesha

Deva de la Sabiduría Espiritual

en la Religión de la India y

Guía de los devotos de Dios

“Aquel que escuchara la lectura del Srimad Bhagavatam durante siete días consecutivos, con humildad, apartado de su ego, con profunda reverencia interior ante este Sagrado Libro, alcanzará, sin duda alguna, la joya más difícil de conquistar en todos los reinos del Universo: la maravillosa Joya de la Devoción a Dios que libera al Hombre para siempre del dolor”.

Sukadeva

Vedavyasa, el Sabio y Santo autor del Srimad Bhagavatam

Om Sri Ganeshaia Namaha

Om Namo Bhagavate Vasudevaia

INTRODUCCIÓN

EL SRIMAD BHAGAVATAM es un Libro Sublime escrito por el Sabio Vedavyasa en tiempos inmemoriales. Él nos muestra en forma diáfana el Sendero a través del cual el ser humano puede alcanzar la suprema Meta de la vida: la Unión con Dios.

Sus profundas enseñanzas se hallan dadas en forma de bellas historias y narraciones acerca de la vida de Santos y grandes Gurus o Maestros Espirituales. A través de sus páginas podemos conocer sobre las diversas Encarnaciones de Dios sobre la Tierra, Sus enseñanzas y Sus obras divinas. Cada una de estas historias es poseedora de un conocimiento tan profundo acerca de Dios, el Universo y el ser humano que tan sólo puede ser comparado con la Sabiduría atemporal de los Upanishads y con esa gema en la corona metafísica de la India, que es el Bhagavad Gîtâ.

Todas las páginas del Bhagavatam se hallan perfumadas con la esencia única de la Devoción a Dios. Es a partir de este Amor ilimitado a Nuestro Señor que surgen las diversas ramas del Árbol de Conocimiento Sagrado, cuyo fruto es Moksha, o la Liberación del mundo de la Ilusión.

Asimismo, los tres Senderos hacia Dios, a saber: Karma Yoga (el camino de la acción libre de egoísmo y posada a los pies del Señor), Bhakti Yoga (el camino de la Devoción a Dios) y Jñâna Yoga (el sendero del Conocimiento Divino), se hallan unidos en la más perfecta armonía para bien del discípulo espiritual.

El Srimad Bhagavatam ha sido fuente de continua inspiración para poetas y místicos a lo largo de incontables centurias. La amplitud de sus enseñanzas es tal que su sabiduría es capaz de beneficiar no sólo a aquellas almas formadas en la tradición hindú, sino también a aquellos sinceros buscadores de la Unión con Dios a lo largo y ancho del mundo en todas las culturas y épocas.

La presente traducción al castellano es una bella obra pedagógica realizada con gran cuidado y devoción por la Gran Maestra Espiritual Ada Albrecht para bien de todos aquellos que anhelan alcanzar la Sagrada Unión con Dios.

Se han incluido abundantes notas al pie de página, como también aclaraciones al texto y en ciertos casos el simbolismo metafísico de las historias narradas. Ello, unido a la claridad del lenguaje utilizado —siempre teniendo en cuenta lo que es mejor para el discípulo que con devoción estudia este Sagrado Libro— lo tornan una barca sublime capaz de llevar las almas hacia los más elevados planos de la Realización Espiritual.

Es nuestro deseo que esta edición del Srimad Bhagavatam sirva para infundir Amor a Dios y a Sus criaturas en los corazones de quienes lo lean.

¡Hari Om Tat Sat!

¡Om Namo Narayanaya!

Claudio Dossetti

Bs. As., 2005, revisado en 2015

LA LECTURA DEVOCIONAL O ANUSHTHANA (1) DEL SAGRADO SRIMAD BHAGAVATAM

EL SRIMAD BHAGAVATAM es uno de los Libros más sagrados y espirituales de Bharata Varshya (India). Vamos a narrar algo sobre su historia.

Cierta vez, el Rishi Vedavyasa, compilador de los Vedas —o Brahmavidyâ— pensó que ese conocimiento era excesivamente elevado para los hombres de una mentalidad todavía inmersa en el mundo. Por santa compasión, escribió entonces la monumental Obra, “El Mahâbhârata”; pero aún ésta, hablaba de Dios Absoluto, Infinito, No-Dual, tan elevado e inconmensurable que los pocos despiertos para el Camino Espiritual lo leían sin poder comprender sus enseñanzas.

“Es menester”, se dijo, “que escriba una obra donde el Amor a Dios, donde la Devoción, reine en absoluto. Así, los seres humanos podrán elevar sus corazones al mundo celeste enamorados del Señor de todas las criaturas”.

Escribió entonces el Srimad Bhagavatam, y lo enseñó a su hijo, Sukadeva, para que éste lo transmitiera a las criaturas humanas anhelosas de liberación.

¿Cómo llegó a nuestras manos? Aquí se narra otra historia, y ésta es la siguiente:

Había una vez un gran Rey que gobernaba Hastinapura. Su nombre era Parikshit, y era hijo de Abhimanyu, el que a su vez, había sido hijo de Arjuna, el Pandava. Este Rey Parikshit estaba lleno de compasión y sabiduría, y gobernaba su reino como un verdadero Santo. Cierta vez, en que deambulaba por el bosque, sintióse acuciado por la sed, y no hallando un río o arroyuelo donde calmarla, se dirigió a una pequeña choza que había divisado en las cercanías. Esta era la morada de un Rishi o Sabio Espiritual. El Rishi en cuestión, se hallaba en esos momentos profundamente concentrado en meditación, razón por la cual, no pudo escuchar al Rey Parikshit que le rogaba le diera un poco de agua. Se dice que de los más grandes defectos que posee el hombre, el más difícil de vencer es la iracundia y así fue cómo Parikshit, no dándose cuenta del mal que hacía, tomó una serpiente muerta y la enroscó en el cuello del sabio sumido en meditación con toda la ira posible y como venganza por no haber sido escuchado en su solicitud.

Esta acción cometida por el Rey, fue vista por algunos discípulos del sabio que en ese instante se acercaban a la choza. Estos, inmediatamente fueron a buscar al hijo del Rishi para contarle lo que había sucedido. En su disgusto por la acción del Rey, este joven Rishi lo maldijo diciéndole que por haber ofendido de tal modo a su padre, moriría en siete días. Desesperados todos los habitantes del reino, los Ministros, Príncipes y Sabios de Hastinapura, lloraban sin saber qué hacer. Fue entonces cuando apareció el famoso Santo Sukadeva que, como ya dijéramos, era hijo de Vedavyasa, y les dijo:

“Todo cuanto aconteció fue Voluntad de Nuestro Amadísimo Padre Celeste. Tan maravilloso monarca es Parikshit que se ha tornado merecedor del Cielo. Ya no puede permanecer en la Tierra, sino que debe reinar de ahora en adelante en regiones mucho más elevadas y sutiles. Su encuentro con el Sabio y la pequeña chispa de iracundia, que lo llevó a ponerle alrededor del cuello la serpiente muerta, todo eso, fue hecho, como les digo, de acuerdo a la Voluntad de Nuestro Padre. Yo he venido aquí para darle el Imperio del Cielo, mas, para lograrlo, Parikshit debe tener su corazón absolutamente inmerso en las mieles sagradas del más profundo Amor a Dios, razón por la cual, es menester que durante siete días, yo le narre a este divino Rey las historias del Señor. Ellas ingresarán en su mente, la purificarán, y harán posible que todo su ser se eleve hacia Dios, abandonando las múltiples cadenas de ambición y lujuria que atan a la criatura humana al reino de Mâyâ”.

“También diré lo siguiente: aquel que escuchara la lectura del Srimad Bhagavatam durante siete días consecutivos, con humildad, apartado de su ego, con profunda reverencia interior ante este Sagrado Libro, alcanzará, sin duda alguna, la joya más difícil de conquistar en todos los reinos del universo: la maravillosa joya de la Devoción a Dios que libera al Hombre para siempre del dolor”.

Como dice el Bhagavad Gîtâ en su última Estancia: “...quien escuchase estas enseñanzas tan sólo sin escarnio, alcanzará, sin duda alguna, el esplendente mundo de los justos”.

Se cree firmemente que quien escucha el Srimad Bhagavatam, sea o no consciente de ello, adquiere misteriosamente, y por Voluntad del Señor, la posibilidad de tornarse Uno con Aquel Absoluto en el cual se diluyen todas las desdichas.

¡Bendito sea quien escuche el Srimad Bhagavatam!

¡Dios Nuestro Señor esté para siempre en el corazón de quien lo hiciere!

Ada Albrecht

Bs. As., 2005

1. Se llama Anushthana a una disciplina espiritual devocional realizada con el anhelo de acercar el corazón del ser humano a Dios. Las Anushthanas consisten en prácticas que pueden tener una duración de un día, tres, siete, un mes o ser aún más prolongadas. En ellas se observan reglas de silencio o Mouna para purificar la mente, ayunos, se recitan Mantras y plegarias, y son leídos y estudiados los Libros Sagrados. En el caso del Srimad Bhagavatam, existe una Anushthana especial llamada Saptaha, la cual se extiende a lo largo de siete días, y durante la cual, comenzando temprano en la mañana, se debe leer la totalidad del Srimad Bhagavatam. Esta es una disciplina realizada en los Ashrams desde remotos tiempos, considerada por los Maestros como muy importante, y dadora de bienaventuranza, paz y profunda devoción.

SRIMAD BHAGAVATAM

El Bendito Señor Vishnu-Narayana

Om Sri Ganeshaia Namaha

Om Namo Bhagavate Vasudevaia

SRIMAD BHAGAVATAM

— Capítulo 1 —

NAIMISARANYA

CAMINABA rápidamente por la ladera del sur de la montaña Himavan. Se hallaba solo; exploró la distancia y vio una delgada espiral de humo que se elevaba en el espacio. El lugar no se encontraba distante. Sus pasos fueron ahora más rápidos y pronto llegó a un conjunto de chozas donde se divisaban techos de paja. Sí, él había llegado por fin a Naimisaranya. Un grupo de sabios o Rishis lo vieron llegar y lo rodearon con infinita alegría dándole la bienvenida. Ofrecieron al caminante Arghya (2) y Padya (3). De ese modo, hicieron que el viajero estuviera fresco y se sintiera descansado luego de su larga caminata. Hablaron entonces en tono humilde. Saunaka, el líder del grupo se presentó frente a él con sus manos unidas y dijo:

“Nuestra ermita se honra con la visita del gran Ugrashrava, el hijo de Romaharshana. Vyasa era el Guru (4) de tu padre y con ese Gran Vidente él ha estudiado todos los Purânas. En cuanto a ti, eres famoso como el Sutapauranika y todos nosotros estamos anhelosos de sentarnos a tus pies y escuchar las historias que tan bien conoces. Por favor, háblanos de ellas”.

Suta sonrió y dijo entonces:

“Escuché decir que todos ustedes se encontraban comprometidos en realizar el Brahma-Satra, el cual es un Yajña (5) que duraría por mil años. Dvapara (6), la tercera parte del tiempo ha pasado, y Kali llegó por fin. Con el arribo de Kali, la Tierra se tornó hogar del Adharma, esto es, de la no verdad, de la injusticia, y de todos los infinitos pecados que son sirvientes de Kali. Este sagrado lugar, según yo sé, no puede ser tocado por Kali, y es por eso que me he dirigido hacia aquí. Díganme qué puedo hacer por ustedes y haré lo mejor para complacerlos”.

“Es este estado de la Tierra regido por Kali lo que ha hecho que temamos el futuro”, dijo Shaunaka. “El hombre ya no tiene una vida de cien años. Las enfermedades le roban su juventud y su muerte es prematura. Su cuerpo físico es golpeado por muchos males; su mente se halla oscurecida por Kâma,Krodha,Lobha,Moha,Mada y Matsarya (7), los seis grandes enemigos del ser humano, además de otros pequeños males. El intelecto de la criatura humana se halla obnubilado por la ignorancia. Si él anhela emerger de esta ilusión llamada Mâyâ, si busca salvar su alma de esta vida pecadora sobre la Tierra, debe estudiar los Dharma-Sastras, los Purânas y los Vedas (8). Pero el Hombre de hoy día no tiene tiempo ni inclinación para esta clase de estudios que son tan buenos para él. Por favor, déjanos, por lo tanto, conocer un simple Kavya, un simple poema, estudiando al cual, el Hombre se pueda tornar puro y bueno y quedar liberado de la esclavitud del Karma (9). El Señor Krishna es la encarnación del Señor Narayana, y Él estuvo sobre la Tierra durante el Dvapara-Yuga. Luego nos abandonó y regresó a Su Morada celestial, y con Él se fue también el Dharma, o sea, la rectitud. La gente busca a tientas en la oscuridad llamada Ignorancia, por lo tanto, de ti depende, ¡oh divina criatura!, que nos digas dónde ha encontrado refugio el Dharma después de la desaparición del Señor Krishna”.

Ugrashrava se sintió complacido con esta pregunta, sonrió a todos y dijo:

“Yo les diré dónde se puede hallar la rectitud, dónde ella ha encontrado refugio cuando nuestro Señor Krishna abandonara la Tierra. El Sol se ha elevado: el Sol que disipará las tinieblas en la mente del Hombre durante esta pecadora Edad de Kali. Y ese Sol es el Bhagavata Purâna compuesto por el Sabio Vedavyasa. El Bhagavata nos contará la historia del Señor y de todos los Avataras en los cuales Él encarnó para establecer el Dharma sobre la Tierra. Él es el infinito, el Incomprensible, no esclavizado por cosa alguna: no atado por las cadenas de causa y efecto que hacen al Hombre ordinario, vivir eternamente un nacimiento después de otro en un círculo interminable. Él se encuentra más allá de todo esto. Pero el Hombre no es suficientemente bueno o grande para realizar al Señor. Él solamente puede verlo a través de los ojos humanos, percibirlo tan sólo a través de los sentidos y comprender las cosas tan sólo con la ayuda de su intelecto. Nos acercamos a Dios con los ojos de un ser humano nacido de una mujer. Le otorgamos al Señor cualidades que tratamos de medir según nuestras normas. Conociendo todo esto, el Señor, en Su infinita misericordia, ha asumido en el pasado, formas de criaturas vivientes para que podamos verlo. A través de estos descensos en el mundo de los Hombres, el Señor nos ha ayudado una y otra y otra vez. Siempre que los seres humanos olvidan al Ser, Él ha venido para establecer nuevamente el Dharma”.

“La contemplación de lo Absoluto no puede ser posible para el hombre actual, quien se halla subyugado por los pecados que lo acosan. Pero aun el más terrible de los pecadores puede ser salvado si escucha las historias del Señor y de Sus muchos Avataras (10). El Bhagavata es justamente eso. El sendero que nos lleva al Señor es el de la devoción, es el Bhakti-Marga (11). En realidad es Bhakti lo que vemos como un cordón dorado uniendo a todos los Avataras. El Bhagavata es un hilo de cuentas, el cual, como el Japamala (12), nos ayuda realizar al Señor y llegar hasta Él. Vyasa compuso este Purâna como su última contribución para el bien del mundo. Les diré cómo el mismo ha sido escrito”.

— Capítulo 2 —

LA LLEGADA DE NÂRADA

EL RÍO SARASVATI fluía plácidamente. A las orillas del mismo se hallaba el Ashram de Vyasa. Era el atardecer y el Sabio se encontraba sentado sobre la arena observando las ondas y rizos en el río con ojos distraídos. Se hallaba triste y su faz turbada. Una profunda pena se veía en sus ojos pensativos y así se sentó por un largo tiempo.

El silencio en torno a él fue roto por los sonidos de las cuerdas de la vina. Dulcísimas notas llegaron a sus oídos. Con la música de la vina se escuchó una voz cantando honores a Narayana. Vyasa observó a su alrededor con un rostro anheloso, descubriendo al joven Sabio Nârada (13) que venía hacia él. Vyasa se levantó con agitación, dándole la bienvenida al Divino Rishi (14). Le hizo sentar en el sitio de honor. Vyasa entonces se sentó a sus pies: a los pies del joven Rishi que era uno de los hijos de Brahmâ (15).

Nârada sonrió a Vyasa y le dijo:

“Espero que todo se encuentre bien contigo. Mi deseo es que ni la enfermedad, ni la tristeza te perturben. Por cierto que tu mente, clara como un lago, se halla sin agitaciones. Debes encontrarte feliz puesto que has escrito el Gran Poema, el Mahâbhârata (16), que es la Casa del Tesoro del Conocimiento, de todas las reglas de la conducta perfecta. Es, además, por cierto, una gran realización, y todo el mundo de los Hombres se sentirá beneficiado por tu Gran Obra. En cuanto a ti, sabio como eres en el Brahmavidyâ te sentirás sin ningún tipo de tristeza”.

Él se detuvo por un momento, y Vyasa permaneció en silencio sin pronunciar palabra. Nârada habló nuevamente y dijo:

“Me parece que no luces feliz. Luces como alguien que no ha realizado lo que quiso. Haz hecho tanto, y según creo, te parece aún poco. ¿Qué es lo que te perturba? ¿Qué es lo que te torna desdichado?”

“Lo que tú dices es verdad”, dijo Vyasa. Y agregó:

“Tú eres la única persona que puede clarificar mis dudas. Eres sabio. Eres el hijo de Brahmâ. Siempre te encuentras lejano de las cosas terrenales, honrando las Glorias del Señor Narayana, y me parece que nada existe más allá de tu intelecto; eres como el Sol, que puede ver los tres mundos. Con el poder de tu Yoga (17) puedes, como el aire, entrar en los cuerpos humanos y conocer lo que ellos ocultan en sus mentes. Así pues, debes saber muy bien la razón, el por qué me siento triste”.

“Hace mucho tiempo me encontraba absorto en meditación. En los ojos de mi mente pude ver el futuro del mundo. Vi así el deterioro del Dharma y la naturaleza del Hombre sobrellevando un cambio hacia lo peor. Vi también el advenimiento de Kali. Vi todo lo pecaminoso poseyendo la Tierra. Sentí el alejamiento gradual de la gloria espiritual que ha sido su herencia todos estos años y así me poseyó una infinita piedad por la generación de los seres humanos que nacerán en este Kali-Yuga; por lo tanto, he resuelto ayudarlos en su caída, en su desesperación y así compilé los Vedas, los dividí en cuatro partes y eso enseñé a mis discípulos. Paila estudió el Rig-Veda y Jaimini el Sama. Vaisampayana fue el único gran erudito en el Yajur-Veda. Sumantu se tornó sabio en el Atharva-Veda. A Romaharshana (18) le enseñé los diecisiete Purânas y los Itihasas. Estos discípulos míos han dividido luego los Vedas y los han enseñado a su vez a sus discípulos, y a su vez, en su turno, estos discípulos a sus discípulos”.

“Y sin embargo, he descubierto que no hice lo suficiente. He comprendido que quienes no pueden estudiar los Vedas, deben también ser salvos, y así compuse el poema Mahâbhârata, en el cual se encuentran todas las lecciones de los Vedas a través de sus historias. Pensé que la Humanidad se sentiría beneficiada con ello”.

“Sin embargo, amigo mío, siento que mi trabajo no me dio satisfacción, o mejor dicho, carezco de la paz, del estado de tranquilidad, que debe ser mío por derecho si yo hubiera hecho las cosas correctamente. Así pues, dime por favor qué es lo que he dejado sin hacer. ¿Qué es lo que puede darme paz? Por favor, dímelo, estoy muy triste, inquieto y molesto en mi interior”.

Con una ligera sonrisa que iluminó su rostro, el joven Nârada le dijo:

“conozco la razón, y tú también, es cierto, no has hecho lo suficiente”.

Dijo Vyasa con desesperación:

“He tratado de hacer todo lo que he podido. He escrito todo lo que pensé que era esencial para el alma del hombre y para su andar por la senda del Dharma. ¿Qué es lo que dejé sin hacer? Por favor, dime”.

“Yo sostengo que tú no has hecho bastante”, volvió a decir Nârada. “Hay algo que todavía no has realizado, antes de obtener la paz que tanto buscas. Has hecho un gran servicio a la Humanidad componiendo el Mahâbhârata, no hay duda al respecto, pero hay un inconveniente en esa Gran Obra”.

Vyasa lo escuchó como un estudiante oye las palabras de su Guru. ¿Un inconveniente en el Mahâbhârata? Él se hallaba anheloso de conocer cuál era. No habló una palabra, pero sus ojos interrogaban como diciendo: “Por favor dímelo, dime qué es lo que no hice y voy a rectificarlo. Me encuentro ansioso e impaciente por conocerlo”.

Nârada dijo:

“estuviste interesado en el bienestar del mundo y, relatando la historia de los Pandavas (19) enseñaste todo lo que la rectitud puede conquistar. Enseñaste también que donde el Señor Krishna está, allí se encuentra el fundamento del Dharma. Esta es la lección, y sin duda la gente la aprenderá. Pero tú, a través de toda tu Obra acentuaste los deberes del ser humano, hablaste de su Dharma, de sus acciones inegoístas. El Bhagavad Gîtâ y todos los otros discursos sobre el Dharma ponen el acento en Karma y Jñâna Yoga (20), pero, amigo mío, tú no cantaste loas al Señor tanto como habrías debido hacerlo. ¿No sabes que el sendero más fácil para llegar a Dios es el sendero de la Devoción? Todos los otros Yogas son caminos muy difíciles para alcanzarlo”.

“Las salutaciones y honras a Narayana, aún cuando vienen expresadas en palabras equívocas, aún cuando ellas sean cantadas de manera desentonada, asegurarán sin duda alguna la Gracia del Señor. Como un trozo de Arani (21), que cuando se encuentra enmantecado va a dar primero humo y luego fuego que consumirá la madera toda, así también, la mente del Hombre, cuando se encuentra imbuida de constante devoción en el Señor, hará que todo lo malo que se encuentra en él, salga a la superficie. La verdadera naturaleza Sattvika (22) del Hombre va a brillar entonces y como el fuego, consumirá las cadenas del Karma, garantizándole al ser humano su salvación por toda la Eternidad”.

“El Mahâbhârata es una Obra magistral, pero la actitud con la que escribiste fue puramente objetiva. Fuiste pensando en los buenos, como también en los malos quehaceres y pensamientos en el proceso de descripción. Sólo incidentalmente, el Señor es loado aquí y allá; tu mente no se encontraba pura en cuanto a la devoción al Señor. Debes tratar entonces de superar esta omisión. ¡Canta las Glorias de Narayana! Relata al mundo de Su Vishvarupa (23), Su Viratarupa (24), Sus Vibhutis (25), Sus Avataras, y esto, te aseguro, te dará la paz que buscas. ¡Devela para el mundo el secreto oculto detrás de todos los Avataras del Señor!”

“Enseña a los seres humanos por qué el Señor, que se encuentra más allá de los opuestos, que tiene Su Morada en Ananta, el Gran Espíritu o Purusha, el dador de Vida a todo el Universo, debe tomar una Forma, y un Nombre y un nacimiento y tornarse como uno de nosotros. Diles también que Él aparece como inmerso dentro de las tres Gunas y actúa como si fuera un ser humano pleno de emociones. Glorifica cada Avatara del Señor. Permite que nada aflore en tus labios, excepto palabras que glorifiquen y describan el esplendor de Narayana y así encontrarás la Paz”.

“Enseña a todos esta lección: aun cuando la criatura humana fracase en sus deberes, los cuales se encuentran prescriptos en los Vedas y fueron escritos por sus mayores, aun cuando sea un pecador que ha transgredido todas las reglas de conducta, aun así en su corazón hay una Primavera de Amor, de Devoción al Señor que puede destruir todos sus errores y tornarlo limpio y puro, volviéndose querido por el Señor. Recuerda, amigo mío, tú mismo eres un Avatara de Narayana. Naciste en este mundo para beneficio de la Humanidad y aun así permites que las emociones te cieguen. Recuerda quién eres. Despierta de ese sueño que te hace olvidar tu verdadera naturaleza. Habla a todos de los muchos Avataras del Señor Narayana y del propósito de la llegada de cada uno de ellos. Canta las Glorias de Narayana, una y otra vez, constantemente. Entonces llegarás a la Meta que tanto anhelas, o sea, obtendrás la paz en el corazón”.

— Capítulo 3 —

LOS NACIMIENTOS ANTERIORES DEL SABIO NÂRADA

ELLOS SE SENTARON calladamente por un instante. El único sonido que se escuchaba era la dulce música del río Sarasvati que fluía y el susurro de las cuerdas de la vina que Nârada tañía incesantemente. De modo súbito, él le sonrió al Sabio Vyasa, y le dijo:

“Debes estar interesado en saber cómo yo me encontré a salvo de las garras del Karma a través de la Gracia del Señor Narayana. Tal vez tú no sepas sobre mis nacimientos previos”.

Hubo una mirada de asombro en el rostro de Vyasa. Él dijo:

“¿Nacimientos previos?, pero... amigo, tú eres el hijo del Señor Brahmâ, ¿cómo pudiste tener nacimientos anteriores? Has encendido mi curiosidad. Por favor dime todo acerca de ello”.

“Estoy hablando del Kalpa anterior”, dijo Nârada, con una cierta reminiscencia inundando sus ojos. “Existió una mujer Sudra (26) que trabajaba en el Ashram (27) de los Rishis; yo fui hijo suyo. Cierta vez, durante la estación de las lluvias un grupo de sabios llegó al Ashram donde mi madre servía. Se preparaban para pasar cuatro meses en ese lugar. Yo era un niño de cinco años y mi madre me asignó la tarea de servirlos en todos sus requerimientos. Serví a los sabios durante ese tiempo. Era un niño algo diferente a los demás. No era muy inclinado a las bromas y los juegos de la niñez y siempre me hallaba quieto, sin hablar demasiado. Incluso las palabras que pronunciaba eran diferentes, aunque era yo tan sólo un niño. Los sabios que allí estaban me tomaron gran cariño. Además, gracias a su inmensa compasión, me permitieron estar con ellos durante todo el tiempo. Ellos se sentían tristes por mí, creo, y por lo tanto dejaron que los acompañe en todo momento. Cierta vez, mientras me encontraba lavando las vajillas en las cuales ellos habían comido, llevé a mi boca un resto de alimento que había quedado como sobra en un plato, lo cual hizo que mi mente se purificara. Fueron lavados en ella todos los pecados, tal es el poder de los devotos del Señor”.

“Esos Bhaktas (28) pasaban todo el tiempo cantando las Glorias del Señor Narayana. Así me torné conocedor de las historias que narraban y me enamoré con todo mi corazón del Señor. Las canciones que hablaban de Su grandeza me hicieron pensar tan sólo en Él y así, todo perdió significado para mí, excepto Él. Día y noche pensaba sólo en Él. Comprendí que me hallaba, de algún modo, más allá de Mâyâ, la Ilusión que nos hace creer que este cuerpo físico es real. Mucho había aprendido gracias a los Hari Kirtam (29) que yo escuchaba constantemente de los sabios, y así, las GunasRajas y Tamas (30) se fueron de mi mente. Mientras tanto, los cuatro meses llegaron a su fin y los Sabios se prepararon para partir”.

“Ellos me observaron, inclinado a sus pies, con lágrimas fluyendo de mis ojos. Sabían también que era un discípulo preparado, y en su infinita bondad me enseñaron el secreto de la Realización de la Verdad. Así fue cómo me dijeron que dedicara todas mis acciones al Señor y que cuando esto es realizado por el alma de un Hombre, la misma es curada de los Tapatrayas (31): Adyâtmika, Adidaivika y Adibhautika. La acción que es realizada en el mundo con un deseo de recompensa envuelve al ser humano en los remolinos de Mâyâ. Sin embargo, esa misma acción, cuando es realizada sin ningún deseo de recompensa, con una mente libre de todo apego, destruye la esclavitud que ata a la criatura humana a Mâyâ. El conocimiento de Brahman unido con la Gloria de la Devoción ayuda al hombre a realizar acciones dedicadas tan sólo al Señor. Así, pronto, muy pronto, el Âtma (32) condicionado encuentra la liberación de los remolinos de Mâyâ y se torna uno con lo Infinito. Esta fue la lección que ellos me enseñaron”.

“Extrañamente, sin embargo, la técnica era muy simple. Los hombres que realizan acciones con el pensamiento puesto en el Señor, naturalmente, hagan lo que hagan, se encuentran a Su lado. Si la acción es realizada con estas palabras: ‘Salutación a Ti, Señor de los Señores, yo Te adoro y Te llamo por el nombre de Vasudeva, Pradyumna, Aniruddha, Sankarshana (33)’, este será el camino de Moksha, la Liberación de las cadenas de Karma. Esta es la gran lección que aprendí de los Sabios. La infinita compasión del Señor me permitió comprender que Él es la Única Verdad y que todo lo demás es simplemente una mera ilusión”.

— Capítulo 4 —

BÚSQUEDA DE LA VERDAD

“LOS SABIOS SE MARCHARON y quedé solo. Yo tenía una madre, como ya te lo dijera. Era una sirvienta, era ignorante, y por lo tanto, inmensamente apegada a mí, su único hijo. Sabía cuán torpe era que ella se apegara de ese modo a un cuerpo efímero, pero no me era posible abandonarla. Así pues, estuve con ella en el Ashram donde trabajaba, esperando siempre por la Gracia de Dios. El mundo, amigo mío, se halla bajo la influencia del Señor y sus caminos son inescrutables. Vemos lo que ocurre, pero no somos conscientes de Aquello que es responsable por todo cuanto sucede en este mundo”.

“La acción del Hombre es como la de un títere. El títere cree que se mueve de acuerdo a su propia voluntad, pero esto no es así. Él es movido por las cuerdas que lo levantan y lo bajan constantemente y la cuerda está movida a su vez por alguien supremamente experto e invisible para nuestros pobres ojos mortales”.

“Cierta noche, mi madre fue hasta unos establos a ordeñar las vacas que pertenecían al Ashram. Era el crepúsculo, y aún esa pequeña luz se fue disipando con toda rapidez. Mi desdichada madre fue mordida por una serpiente que se hallaba a su paso y murió súbitamente. De modo extraño, no me sentí desdichado por este acontecimiento, puesto que sabía que era la acción de Dios: sabía que Él había ideado todo esto, y que de este modo, mi dulce madre —tan apegada a mí— y yo mismo, podíamos obtener nuestra libertad; ella, de su gran apego a mí, y yo, a mi vez, seguir mi propio destino. Mi madre para mí —y yo para mi madre— era un Bandha (34), y me encontraba ahora libre de ello. Abandoné pues el Ashram y seguí mi camino hacia el norte. Viajé a través de innumerables países, bosques y selvas, crucé ríos maravillosos. Los campos se hallaban todos en flor y los árboles con sus ramas que recordaban el paso de los elefantes salvajes. Vi montañas brillando con sus tonos dorados y plateados por lo minerales escondidos en sus entrañas. Vi lagos y escuché el maravilloso sonido de las abejas que zumbaban sobre las flores todo el tiempo. Crucé también un bosque de bambú y escuché el ulular de los búhos y el grito de los animales salvajes, de los chacales y de los tigres”.

“Me sentía cansado y mis miembros se hallaban excesivamente fatigados. Mi garganta estaba seca y yo me hallaba con hambre. Así, fui cerca del río, me lavé y tomé el agua que necesitaba, y el agua era dulce y fresca. Me senté entonces bajo un inmenso árbol pipal y tomando la postura que los sabios me habían enseñado, concentré mi mente en la Forma del Señor que ellos me describieran. Sí, me senté allí y quedé absorto en meditación”.

“Con los ojos de mi mente vi la Forma de Narayana que con toda suavidad conformaba Su imagen para mí. Lo vi a Él y mi cuerpo se estremeció en éxtasis. Las lágrimas fluían incesantemente y todo mi ser se hallaba florecido de bienaventuranza. Luego de un momento, la Forma de Narayana se desvaneció: ya no estaba más. Me sentí caído en la más grande de todas las desazones y me levanté entonces de mi lugar de meditación. Luego, traté nuevamente de sentarme y meditar, pero el poder de concentración no estaba en mí. La Forma del Señor no regresaba a mi mente. Creí que esto terminaría volviéndome demente”.

“Súbitamente escuché una Voz que me hablaba. Esa Voz me nombraba y sus palabras eran amorosas, confortables y bellas. Y así me dijo: ‘Hijo mío, tú no puedes verme ahora, en este nacimiento. A menos que te deshagas de esa forma material nacida del deseo, no puedes percibirme. Esta visión momentánea de Mi Forma era para asegurarte que llegarás a Mí al final de tu sendero. Después de verme una vez, ningún hombre puede pensar en nada más, o tener nada más en el país de su mente. Aún a edad muy temprana, tú, por asociación con los sabios, aprendiste a amarme, a Mí y sólo a Mí. Tu amor por Mí, desvaneció todas las otras formas de amor de tu mente. Abandona pues ese cuerpo tuyo en su debido momento, y cuando lo hagas regresa a Mí. Tú siempre te encontrarás a Mi lado. Ese amor que tú tienes por Mí no decaerá ni siquiera luego del Pralaya, pues tú mismo eres muy amado por Mí’. La Voz Divina dejó de ser escuchada y desapareció en el espacio”.

“Luego de esto, pasé todo mi tiempo contando las Glorias de Narayana e iba de ciudad en ciudad haciéndolo. No tenía ya ningún deseo y me hallaba contento con lo que la vida me daba. Esperaba el momento en el cual pudiera abandonar la forma humana que me mantenía preso de la esclavitud de Mâyâ”.

“Los días pasaron, y con ellos, los años, muchos de ellos. En el curso del tiempo, el Señor Yama, el Dios de la Muerte, llegó hasta mí. Fue como un rayo, como un relámpago, como una guirnalda de luz, y ese cuerpo hecho de elementos cayó sobre la tierra que lo había generado. Entonces viajé a través de los océanos donde Narayana se hallaba dormido, y al verlo, mi corazón enamorado ingresó en Brahmâ, junto con su aliento. Después de pasados cuatro Yugas (35), cuando Brahmâ comenzó a crear el Universo, nací como su hijo, junto con Marichi y los otros. Por la Gracia del Señor viajé por todo el Universo cantando Sus Glorias. Los Devas me dieron esta vina que se llama Mahati, y con ella acompañé mis cantos y así viajo constantemente esparciendo esta lección de amor al Señor”.

“Cuando canto, la Forma de Narayana llena mi mente. Lo veo de modo constante y me siento siempre feliz”.

“Permíteme repetir lo que ya te dije antes. El Karma-Yoga, que tú enseñaste en el Mahâbhârata, el Jñâna-Yoga que enseñaste en los Upanishads y el Karma-Kanda (36) que describiste en los Vedas, todo ello, sin amor, no puede otorgar al Hombre la paz y la Serenidad que Bhakti-Yoga le confiere. Así, querido amigo, deja que tu próxima Obra sea la nave que salve a los Hombres caídos en el océano del dolor, de la frustración y la desesperación y los lleve nuevamente a los brazos de Su Padre”.

Nârada se fue, y Vyasa quedó solo.

Aún mucho tiempo después de la partida del sabio, se podía escuchar el canto dulcísimo de su vina; el gran poeta se sentó por un instante recordando las sabias palabras de Nârada.

Vyasa cerró los ojos y se sumió en un trance profundo. Vio con la visión de su mente los grandes eventos del pasado; vio a Narayana descansando sobre Ananta (37), vio el comienzo de la Creación, el Virat-Purusha (38) y el inmensísimo loto del cual naciera el Señor, símbolo este de la absoluta Perfección. Pudo contemplar también el nacimiento de los mundos. Vio el Vibhuti del Señor, y lo que ocurría en cada Kalpa. Vyasa entonces, compuso el gran Bhagavata Purâna, y lo entregó a su hijo Suka, y Suka lo propagó al mundo entero para beneficio de todos los Hombres.

— Capítulo 5 —

EL FINAL QUE FUE EL COMIENZO

ERA EL ÚLTIMO DÍA de la gran batalla de Kurukshetra (39) El sol se había puesto hacía ya tiempo. Cerca de Samanta Pañchaka reposaba el monarca de los Kuravas, Duryodhana, con sus muslos destrozados por la maza de Bhima. Él se hallaba agonizando. Vino luego Ashvattama, el hijo de Drona. Su odio no tenía límites cuando vio cómo el Rey había sido herido. Y así, Ashvattama prometió que vengaría la muerte de su Rey destruyendo a todos los Pandavas.

El ejército total de los Kuravas había sido aniquilado. Sólo tres permanecían vivos, exceptuando el Rey moribundo. Ellos eran Kripa, Kritavarma, el hijo de Hardika (40), y también Ashvattama. Esa noche, cuando todos reposaban, Ashvattama se apresuró a marchar al campo de los Pandavas. No los encontró, pero halló a sus cinco hijos, que estaban durmiendo. Drishtadyumna y sus hermanos también estaban en el campo. El colérico Brahmín mató a todos ellos, a los cinco hijos de Draupadi y a todos sus hermanos. Y luego aún más, prendió fuego al campamento y salió en rápida huida. Duryodhana, al ser informado de cuanto había acontecido, no se sintió feliz. La acción de sus amigos había sido demasiado diabólica.

Temprano en la mañana, las noticias llegaron a oídos de los Pandavas. Draupadi no podía salir de su dolor. En una noche ella había perdido a sus hijos y sus hermanos. Pudo observar sus formas yacientes, de modo que con gritos de dolor lamentó sus muertes. Viendo su rostro arrasado en lágrimas y sus angustias, Arjuna trató de confortarla, y así le dijo:

“Reina mía, yo te traeré la cabeza de ese pecador y la dejaré yaciendo a tus pies. Él no será capaz de escapar de las flechas de mi arco Gandiva. Lo iré a buscar y lo mataré”.

Arjuna, apresuradamente marchó con su carruaje y Krishna una vez más fue su auriga. Ellos vieron a Ashvattama huyendo para escapar de Arjuna. Observando la mirada colérica del Pandava, el hijo de Drona trató de correr tan rápido como pudo, pero Arjuna era como una furia convertida en venganza, y Ashvattama no pudo hacer nada. Sus caballos no eran lo suficientemente veloces como para llevarlo lejos del lugar. Con dolor, pensó salvar su vida utilizando el gran Astra (41) llamado Brahmasirsha. Tocó el agua y luego de invocar al Astra, dijo estas palabras:

“Permitamos que el mundo se encuentre sin Pandavas”.

Y envió la flecha de su arco contra Arjuna.

El cielo se iluminó con el enceguecedor brillo del Astra. El temor se apoderó de Arjuna, y así dijo a su Maestro y amigo:

“¡Oh Krishna, Krishna!, ¿qué es esto que ocurre? ¿Por qué siento arder mi cuerpo? Siento también como si un terrible fuego me atravesara y no sé si puedo encontrar un camino para escapar de ello. Por favor, dime lo que debo hacer”.

Entonces, Krishna respondió:

“Arjuna, el hijo de tu Guru ha sido instruido para lanzar el arma Brahmasirsha hasta ti. No te sientas temeroso, yo sé que Drona te enseñó también a ti cuán terrible es el mismo y ha revelado exactamente lo mismo a su propio hijo. Pero Ashvattama, evidentemente no conoce las consecuencias de esta equívoca acción. Aparentemente desea destruir el mundo entero. Eleva tu mente, Arjuna, e invoca al mismo Astra. Esa es la única manera que tienes para destruir la furia del fuego que se aproxima”.

Arjuna saludó a la Deidad presidente del Astra y la invocó. Cuando las dos armas divinas se aproximaron una a la otra parecía que se acercaba el fin del mundo. Los Rishis del Cielo se apresuraron para llegar al lugar donde esto acontecía y dijeron:

“Arjuna y Ashvattama, recojan ahora sus Astras, pues de otro modo, el mundo será destruido”.

Arjuna obedeció inmediatamente a la voz del Cielo y recogió su Astra, pero Ashvattama no lo hizo. Cuando había aprendido la invocación de labios de su padre, había sido prevenido sobre el peligroso poder del Astra, pero sin importarle el recuerdo de las advertencias, lo había enviado contra Arjuna. Los pecados que cometiera a lo largo de su vida le habían quitado su pureza y su luminosidad brahmánica, de modo que se hallaba indefenso contra el Astra que él mismo había arrojado. Para que éste no lo consumiera, lo dirigió hacia los niños aún no nacidos de los Pandavas, pensando que así haría del mundo un lugar libre de Pandavas.

Luego de retirar el Astra, Arjuna corrió hacia Ashvattama, lo ató con una soga y lo arrastró como si se tratara de una vaca preparada para el sacrificio. Los ojos de Krishna-Ji, eran como dos llamas de fuego, y dijo:

“Este hombre cometió el más grande de los pecados, asesinando a niños mientras se hallaban dormidos. No tengas misericordia de él, debes matarlo sin escrúpulo alguno. Ni siquiera debo recordarte las reglas de la lucha. Un hombre bien versado en ellas no debe matar a un enemigo que se encuentra ebrio; que se halla indiferente sobre su salvación, debido a su estado; que ha perdido su genio, su poder; que no está tratando de luchar; que se encuentra dormido; que se arrojó a los pies pidiendo misericordia; quien se encuentra inerme y temeroso. Pero, un pecador que se salva a sí mismo matando sin piedad a miles de personas inocentes, debe ser castigado. Arjuna, ¿te has olvidado tan pronto de tu promesa? Yo escuché cuando decías a Draupadi ‘pondré a tus pies la cabeza del hombre que mató a tus hijos’. Juraste hacerlo, ¿por qué te demoras en ello? Mata a ese hombre”.

Pero Arjuna no iba a hacerlo. A pesar de este gran acto criminal, recordó que Ashvattama había sido su compañero en la niñez, y que era el hijo de su Guru. Drona había amado a Arjuna mucho más de lo que amara a su propio hijo Ashvattama. Y así, el compasivo Arjuna se encontraba sin voluntad para matar al hijo de su Guru, puesto que era como otro hermano para él. Lo llevó pues, ante la presencia de Draupadi y de los otros Pandavas diciendo:

“observa reina mía, observa a este pecador que está delante de ti. Baja su mirada, no se atreve a mirar tu rostro, dime qué debo hacer con él”.

El dolor de Draupadi, que había perdido a sus hijos, se encontraba fresco en su mente, y también tenía presente que había sido ese Ashvattama quien les diera muerte. Pero su odio había sido abatido, y así, se llenó de compasión por ese pecador y dijo:

“Arjuna, libéralo de sus ataduras. No puedo soportar al hijo de tu Guru atado como lo traes. Drona fue el Guru que te enseñó arquería, y su hijo es como un hermano para ti. La beata Kripi no se unió con su esposo en la pira funeraria porque su hijo todavía vivía, de modo que si tú lo matas padecerá la pena de perder su único vástago. No quiero que ella sufra lo que estoy sufriendo yo. Déjalo ir. Por favor, libera a Ashvattama”.

Yudhistira, Arjuna y también Nakula y Sahadeva, se sintieron felices con las palabras de la reina. El único que permanecía con todo su odio en el interior era Bhima. Él quería matarlo. Krishna sonrió y dijo:

“Arjuna, te encuentras en un dilema, pues, o bien decepcionas a Draupadi y a los otros matando a Ashvattama, o bien, te verás ante la ira de tu querido hermano Bhima dejando libre a este pecador. Haz lo que consideres justo en estas circunstancias. Fíjate cómo puedes dejar satisfechos a todos ellos”.

Arjuna los observó a todos. Krishna permanecía allí con sus brazos cruzados sobre el pecho, y una inescrutable expresión en Su rostro. Yudhistira y los otros parecían tristes y plenos de desazón. Bhima observó con enojo al prisionero. Después de un largo instante, Arjuna comprendió lo que Krishna estaba tratando de decirle. Sacó su espada entonces y quitó de la frente de Ashvattama la joya maravillosa (42) que llevaba incrustada en ella.

Desnudo, sin el brillo de su más grande tesoro, sin el esplendor de esa joya que había sido parte de él, carente de su luminosidad brahmánica, impuro por su infanticidio, Ashvattama quedóse allí, en medio de todos. Arjuna quitó las sogas que lo mantenían prisionero y le dijo:

“ahora puedes irte”.

Cortar el cabello, hurtar los bienes que le pertenecen y ordenarle que se vaya de nuestra presencia, cada una de estas tres acciones son por sí mismas como dar muerte a un Brahmín, y Arjuna había hecho las tres. Así pues, para Ashvattama, quien estaba orgulloso por los honores que se le rendían por ser Brahmín, esta desconsideración hecha por Arjuna era peor que la muerte.

Con los ojos bajos, abandonó el lugar, se alejó de la presencia de los Pandavas y se marchó con profunda tristeza.

— Capítulo 6 —

UTTARAYANA

YUDHISTIRA no tenía paz en su mente. Había conquistado a sus enemigos y había conquistado también el reino de Hastinapura, quitándola de las manos pecadoras de Duryodhana. Pero él carecía de deseos para gobernar este reino. Se hallaba profundamente deprimido. Odiaba el pensamiento que le recordaba constantemente que todos sus primos y los más grandes Reyes de la Tierra habían sido muertos en esa terrible contienda. Sintió que no debía haber permitido que ello ocurriera. “Es por mí, por mi amor al poder, por mi Raja-Lobha (43), que ocurrió todo esto”, se repetía una y otra vez. Krishna trató de confortarlo. Él hablaba palabras de sabiduría y así le dijo:

“hijo Mío, fue el destino, no tú, el responsable de todo lo sucedido. Los hijos de Dhritarashtra debían morir porque el Adharma (44) era parte de ellos. Recuerda lo que ellos hicieron. Recuerda el incidente en el cual mi hermana Draupadi fue arrastrada de sus cabellos hasta la corte. ¿No hierve tu sangre recordando todo esto? Por ese sólo pecado ellos encontraron la muerte; por lo tanto, no te apesadumbres, mi Señor, no hay culpa alguna en ti. Ellos se sintieron arrastrados por los gérmenes de la destrucción que florecían dentro de sí mismos. Por favor, aleja esa tristeza y llena de felicidad a tus hermanos y a Draupadi. Permite que yo vea a los cinco Pandavas gozosos en su reino de Hastinapura, el cual por derecho espiritual les pertenece. Yo, Krishna, te digo que el único propósito de Mi vida fue el de establecer a los Pandavas en el trono de Hastinapura. Por lo tanto, ahora que los he ayudado a realizar esto, dame, como recompensa, el permitirme que los vea felices a todos ustedes”.

Vyasa y Nârada dijeron las mismas palabras que Krishna, pero inútilmente. Lo que más mortificaba a Yudhistira era la muerte de su hermano Radheya (45). Día y noche él se sentía entristecido por ello, y así toda la familia se sintió llena de tristeza por el dolor de su Rey.

Cierto día, mientras se hallaban reunidos todos ellos, Krishna súbitamente se hizo presente. Yudhistira preguntó entonces a su Maestro por qué se hallaba pensativo, y Krishna le dijo:

“Bhishma, quien se encuentra en su lecho de flechas está pensando en Mí, y desea que vaya a su lado. Yudhistira, él morirá pronto, y con la muerte de Bhishma, la totalidad de la sabiduría acopiada durante muchos años también se marchará. Te aconsejo que vayas hasta él y le pidas instrucciones sobre el arte de conducir el mundo como Soberano y te prepare para esa tarea tan dificultosa que tendrás que realizar en el futuro. Uttarayana (46) se aproxima rápidamente, de manera que debes apresurarte”.

A la mañana siguiente todos ellos fueron al Campo de Kurukshetra, donde Bhishma, el más grande de los Kurus se hallaba yaciente y esperando su muerte. Él lucía como un Dios caído. Todos los Pandavas, con sus manos unidas fueron a su lado y lo rodearon amorosamente. Las lágrimas fluían de modo incesante de los ojos de Yudhistira. Se acercó a su abuelo y señalándose a sí mismo le dijo:

“aquí está el gran pecador, Yudhistira, que es la causa de tu muerte, y también la causa de la muerte de todos tus nietos. No sé en qué infierno iré yo a caer”.

El anciano acarició la cabeza de su nieto con sus dedos nudosos y lo confortó. Convenció al entristecido Rey acerca de lo inevitable de la guerra, y le dijo:

“hijo mío, tú no me has dado muerte, me has garantizado la liberación de las ataduras que se llaman ‘vida’. Hace ya mucho tiempo que prometí a mi madre Satyavati que no moriría hasta que el trono de los Kurus se hallara firmemente establecido sobre la Tierra. Gracias a ti he sido capaz de cumplir mi promesa y te estoy agradecido por ello. Hijo mío, ¡si supieras cuán cansado me encuentro de vivir! En cuanto a tu tristeza, por favor dilúyela, apártala de ti. Ella es indigna de ti, puesto que tú eres un Rey, y un Rey no puede poseer esos sentimientos. Él pertenece a su pueblo, y toda su preocupación debe hallarse en el bienestar de ese pueblo y nada más”.

El Bendito Señor Krishna dijo:

“hemos tratado de confortarlo, mi Señor, y hemos fracasado, ni siquiera Nârada pudo quitarle la tristeza, y el mismo Vyasa fue incapaz de aliviar su dolor. Así pues, sólo resta que tú le hables, y esperamos que tengas éxito allí donde todos los demás hemos fracasado”.

Los ojos de Bhishma se humedecieron, y así dijo:

“me siento desdichado, hijos míos, al escuchar sobre la tristeza que les abate. Ustedes sufrieron mucho desde el momento de nacer, porque su madre tuvo que soportar infinito dolor y angustia luego de la muerte de Pandu, dejándola sola para que criara a sus cinco hijos. Como nubes sacudidas aquí y allá por el viento caprichoso, todos ustedes fueron juguetes del Destino. De otra manera, ¿cómo puede uno explicar que Yudhistira, el hijo del Dharma, con sus poderosos hermanos para ayudarlo, no haya podido gobernar su reino todos estos años? Los caminos del Destino son inescrutables, nosotros no los conocemos, pero hay Alguien que sí los conoce, y Él es el Señor Krishna. Él sabía todo esto desde hace mucho tiempo. Este hijo de Vasudeva, este Yadhava, que consideramos un primo, y un hermano, y un mentor y un embajador, ¡qué digo!, y aún nuestro auriga, no es otro que el Señor Narayana. Muy pocos conocen la Gloria de nuestro Krishna. Uno es el Sabio Nârada y el otro es Kapila”.

“Y fue este Krishna quien permitió que todas estas cosas sucedieran. ¿Pueden ahora ustedes dudar de sus rectas acciones? Él es el mismo Îshvara, Dios. Él no se encuentra encadenado a deseo alguno, Él no odia ni ama, no tiene ego ni emociones como nosotros. Y siendo superior a todos, puso sobre Él la tarea de protegerlos y guiarlos en esta gran guerra. ¿Por qué Él hizo esto? Es porque Él se sintió conmovido por una sola cosa, y esto es: Bhakti, el Amor de Sus devotos. Ustedes, los Pandavas, siempre han tenido devoción infinita por Krishna. Obsérvenme a mí. Estoy en mi lecho de muerte y todos mis pensamientos están con Krishna. Él supo esto, y así vino para otorgarme mi deseo, el de estar con Él. Él se halla comprometido con Sus devotos, y así, lo único que lo puede atar es el sacratísimo cordón de la devoción”.

El Señor Krishna intervino y le dijo:

“Bhishma, permíteme que te pida un favor”.

“Ordéname Señor”, dijo Bhishma con sus palmas unidas.

Krishna tomó sus manos y le dijo:

“Bhishma, tú eres hijo de la Madre Gangaji. Ella deseaba que tú seas un Rey ideal y así te hizo aprender todos los Sastras, el arte de gobernar, el Raja-Dharma (47), y todos los otros innumerables Dharmas a través de divinos preceptores como Sukra y Brihaspati. Ahora tú te encuentras impaciente por marcharte. Antes de ello, ¿puedes enseñar a tu nieto, a Yudhistira, las reglas necesarias para gobernar Hastinapura? Por favor, enséñale todo lo que sabes, él es el único digno de semejante herencia, de ese conocimiento tuyo. Toda tu sabiduría no debe ir contigo nuevamente al Cielo donde lo adquiriste”.

“Que así sea”, dijo Bhishma. Y durante cincuenta y cuatro días él enseñó a Yudhistira todo lo que había aprendido junto a sus grandes Maestros.

Uttarayana, el día por el cual Bhishma había estado esperando a veces paciente y otras veces impacientemente, llegó por fin. Bhishma se preparaba para abandonar su cuerpo físico. Bhishma, quien había guiado al ejército de los Kuravas por diez días, quien había caído en su lecho de flechas en el atardecer del día décimo, quien rehusó llegar al Cielo ese mismo día, puesto que ese momento era Dakshinayana (48