Borderline Carlito - Carlos Busqued - E-Book

Borderline Carlito E-Book

Carlos Busqued

0,0

Beschreibung

Este libro es una muestra del imaginario de Carlos Busqued. Constituido por una selección de posteos de su blog, contiene todo su mundo poético y los lectores reconocerán en él las preocupaciones literarias, musicales y audiovisuales que después desembocaron en dos memorables libros narrativos. "Estoy escribiendo", dice Busqued en una de las entradas, y a continuación glosa una escena de lo que con el tiempo sería Bajo este sol tremendo. De esta novela muestra pasajes enteros que finalmente no formaron parte de la versión definitiva del libro. Son bocetos, borradores en los que lentamente la novela va tomando forma. Acá tenemos el potente imaginario de Busqued, el germen de su primera novela y un arco narrativo que va desde la preparación para escribir ese libro, su escritura, la publicación y la manera como tomó, a veces con ironía, las primeras repercusiones tras la publicación. Borderline Carlito es un libro imprescindible para completar el universo del autor de Bajo este sol tremendo y Magnetizado.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 171

Veröffentlichungsjahr: 2024

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



 

 

 

Borderline Carlito(2006-2009)

 

 

Carlos Busqued

 

 

 

Índice

Cubierta

Portada

Nota de los editores

2006

2007

2008

2009

Agradecimientos

Sobre el autor

Créditos

Hitos

Tabla de contenidos

Nota de los editores

Este libro recopila una selección de posteos de Carlos Busqued publicados en https://borderlinecarlito.blogspot.com/ entre el año 2006 y 2009. Muchos de estos posteos incluían imágenes. Por cuestiones de derechos de propiedad intelectual no podemos incluirlas en esta selección; cuando es necesario, se indica su ausencia y se da una breve descripción. Mientras escribía el blog, Carlos Busqued consiguió una cámara y empezó a subir videos que acompañaban sus textos. En esos casos, seguimos el mismo criterio que con las imágenes. Todas las notas al pie son de los editores.

Salvamos las erratas, corregimos los títulos de libros y de canciones que cita y reemplazamos minúsculas por mayúsculas al inicio de cada oración y en nombres propios.

Carlos Busqued acordó la publicación de este libro en Blatt & Ríos, pero no llegó a revisarlo. Esta es una selección de sólo una parte del blog, que ayuda a completar el mundo poético del autor.

2006

10/02/06

Un hilito de baba le corría por la comisura de la boca, acariciaba el trozo de enagua que le había robado a Isabel Sarli en el estreno de Sabaleros

Me llevo al baño el número de febrero de 1979 de Selecciones del Reader’s Digest. En la página 41 me encuentro con un test: “¿Necesita usted psiquiatra? ¿Está usted en la categoría de los emocionalmente perturbados? Las veinte preguntas siguientes le ayudarán a decidir”.

Hay preguntas como “¿Piensa que posee usted fuerzas superiores o que otras personas emplean poderes sobrenaturales para perjudicarlo?”; “¿Ve cosas o tiene sensaciones que nadie más ve o siente?”; “¿Le preocupa el peligro de contaminarse de microbios?”, que son preguntas que mal que mal tienen alguna lógica (aunque susceptibles de respuestas tipo “No pienso que tengo poderes sobrenaturales, doctor, lo que sucede es que yo ¡¡¡REALMENTE tengo poderes sobrenaturales!!!”), pero hay otras que sinceramente no entiendo a qué corno vienen, por ejemplo:

- Cuando se reúne con un grupo de amigos, ¿logra usted que los demás acepten su proposición de ir a cierto restaurante o ver tal película?

- ¿Le resulta muy difícil tomar cierto tipo de decisiones, como elegir un abrigo nuevo o resolver la forma más adecuada de resolver el fin de semana?

Las opciones para responder son: a- Siempre, b- Casi siempre, c- Con frecuencia, d- Ocasionalmente, e- Excepcionalmente, f- Nunca.

El título de este post es de autoría de Juan Carlos Colombres, Landrú, uno de los grandes genios vivos del humor nacional (el otro es el Gordo Mesa). Conseguí a seis mangos una especie de mezcla de biografía con selección de trabajos que se llama Landrú por Landrú! Pasé un muy buen rato reencontrándome con cosas que son una barbaridad de buenas. Mis favoritos son el señor Porcel, la familia Cateura, Jacinto W. el reblan (“¡A mí me gustan los chipichipi, los calypsos y los uleolai. Yo tengo el long play de todos los cha cha cha dedicados a Fidel Castro! ¡Yo tengo todo el cha cha cha de los barbudos! ¡Yo soy un vejete chacotón y pichicatero, tururú tururú! ¿Hay falopa o no hay falopa? ¡Hay falopa!”) y Fofolfi, un niño abominable.

De chico, leí una del señor Porcel que el tipo volvía loco a un carnicero en un diálogo delirante que empezaba con “Buenas tardes, por favor no me venda un kilo de lomo”.

La otra cosa que estuve leyendo es un libro sobre la Segunda Guerra Mundial: La maquinaria de destrucción soviética, de Earl Ziemke. Me entero, entre otras cosas, de la batalla de Kursk (tres mil quinientos tanques cagándose a tiros por las calles de una ciudad). Me gusta el tanque alemán “Ferdinand”, definido como “más letal para su propia tripulación de seis hombres, que para los tanques enemigos”. El diseño era un delirio de Ferdinand Porsche, inventor del Volkswagen escarabajo, que ya venía en falsa escuadra: había construido un coche de carreras con un motor de seis litros, tan potente que sólo tres pilotos habían aceptado manejarlo, dos de los cuales perecieron en el intento.

Hitler era muy admirador de Porsche y permitió que se construyera esa gigantesca batata que era una sumatoria de defectos: debido a su exagerado blindaje, sus dos motores apenas lo hacían alcanzar los 20 km/h en terreno llano. Como ya era muy pesado, decidieron deshacerse de la maquinaria que movía la torreta, de tal manera que era casi imposible apuntar el cañón (se movía sólo 14 grados, manualmente). No tenía ametralladoras de protección y los soldados soviéticos se podían acercar tranquilamente y destruir las orugas antes de hacer volar el tanque entero. El “Ferdinand” fue sepultura de lo mejorcito de las Waffen-SS. Lo de “mejorcito”, claro, es una expresión más bien relativa.

Qué simpático el tipo que diseña su juguetito y manda a un centenar de pelotudos (se fabricaron pocos tanques) a morir dentro de él, ¿no?

¿El mundo real? Sí, he, he, también lo estuve caminando un ratito. Es más lindo este, lejos.

 

 

25/02/06

Reflexiones de un ex votante de Izquierda Unida (me da ocupado hasta el *111)

Escuchando: Journey Through “The Secret Life of Plants”, de Stevie Wonder. Mi ex mujer se compró un golden retriever y aprendió a nadar. Yo, en cambio, eh… bueno, mejor no hablar de ciertas… cosas.

1- Hay mujeres como acontecimientos históricos: se producen por primera vez en nuestra vida como suceso y tienen derecho a una segunda existencia como farsa. Acontecimiento de la pasión, farsa del trabajo de duelo.

2- Es difícil remediar nuestra propia tristeza porque somos sus cómplices. Es difícil remediar la de otros porque somos sus cautivos.

3- Pronto los anteojos no serán más que una prótesis. Pero serán el atributo hereditario de una especie en la cual la mirada habrá desaparecido (Baudrillard, Cool Memories).

No escribo sobre mí mismo porque soy una persona de las que deben ser ignoradas. Por fallido, por intrascendente, por cordobés. De las personas que dejarán como único testimonio una pequeña diferencia, un pequeño delta entre el volumen del aire inspirado y espirado, cambios infinitesimales en la relación O/CO/CO2 de la primera capa de la atmósfera. Mishima dice (no cito textualmente) que el suicidio vale únicamente para las personas jóvenes. Pasada una edad, uno ya no va a dejar un cadáver hermoso. Después de un tiempo, uno se va, por así decirlo, “ensuciando” con la vida, con esa serie de acontecimientos feos, chiquitos. El suicidio joven es la tragedia de lo que no sucedió, mientras que pasada la primera juventud, el suicidio es el intento de separarse de lo mal hecho. Pero no hay manera de separarse de eso. Uno ya existe, ya fijó su imagen en las miradas de otros, ya hundió su dedo en el implacable cemento fresco de la fealdad. De ahí no hay retorno. Es desconsolador.

 

Leyendo el segundo tomo de Sangre y tierra, las memorias del inmovilista paraguayo Antonio de Melli, me entero de que este tipo estuvo varado en Córdoba unos años. Su estadía en la ciudad de las cruces y los cementerios, por lo que cuenta, fue extremadamente embolante:

“Este lugar es la sede de residencia del demonio del aburrimiento y la opresión. Escucho voces que me dicen: ‘Aprendé a mirar este barro, pibe, porque no hay orilla. Acostumbrate, chapaleá, respiralo. Este barro es tu hogar. Comprate un televisor y poné cable, instalate porque de acá no salís más’.

Tengo que empezar a ponerme en onda: decidir si me compro una camiseta de Talleres o Belgrano, si soy un cordobés negro de mierda y bailo con la Mona Jiménez o un cordobés culto y voy al Teatro del Libertador las diez mil veces al año que va Jairo a cantar el ‘Ave María’. Tengo que ponerme a escribir algo a ver si La Voz del Interior me lo publica sin pagármelo. Algo bien feo sobre Jardín Florido, la Cañada o la Torre Ángela, sobre la identidad cordobesa. Si escribo diez o veinte de esos, después los recopilo en un librito, pago para que me hagan una edición fea que le regalaré a los vecinos y me convierto en un escritor cordobés y tengo una mesita en la feria del libro. Y la tierra empieza a caer encima mío, pero (eso ya lo dijimos) tampoco es ningún consuelo”.

Prrrrrhehey, los veo la próxima. Pero no hay próxima. A partir de ahora, amigos, es todo el mismo instante congelado. Visiten otros prados, beban en otros arroyos. Acá se viene la septicemia.

 

 

17/03/06

Mis preocupaciones en esta dulce letrina

“¿No ve usted el traje? ¿No ve la expresión de terror en el rostro? ¿No ve que se trata de un cuchillo ordinario? Es de casta inferior, no tiene DERECHO a usar el puñal” (Yosuke Yamashita).

Me llevo al baño Hollywood Babilonia, de Kenneth Anger, y leo sobre suicidas en la fábrica de sueños. Selecciono tres:

1- Herman Bing, “el dialéctico de la lengua oscilante”, uno de los grandes cómicos de su tiempo: el 10 de enero de 1948 su hija y su yerno estaban desayunando en su casa de Los Ángeles cuando oyeron un estampido. Bing se hallaba de visita. Se precipitaron a su dormitorio y encontraron al hombre en el suelo con una herida en el corazón y un revólver anticuado en la mano. La nota dirigida a su hija era sucinta: “Querida Ellen: ¡Este insomnio! Voy a tener que suicidarme. Papá”. Su última película se había titulado ¿Y dónde vamos ahora?

2- Scotty Beckett, uno de los niños precoces más listos de la pantalla: el primero de sus muchos encuentros con la ley ocurrió en 1948 (detenido por conducir borracho). Le siguieron 1954 (tenencia de armas), 1957 (posesión de drogas duras en la frontera mexicana), 1960 (por golpear a su hijastra con una muleta). En 1962 se cortó las venas pero, recuperado, se hizo vendedor de coches usados. Se suicidó con barbitúricos en 1968. En el epígrafe de una foto de Beckett en su esplendor infantil, Anger pone: “Scotty, hacerse mayor no es divertido”.

3- George Sanders, casado primero con Zsa Zsa Gabor y luego con la hermana de esta, Magda. Tuvo cuatro esposas y siete psiquiatras. En 1972, ingirió cinco tubos de Nembutal y dejó una nota: “Querido mundo, me marcho porque estoy aburrido. Os dejo con vuestras preocupaciones en esta dulce letrina”.

Muchas de las veces que pensé en limpiarme, medio que lo que me tiraba para atrás era el tema estético. Ese aire de cachivache que tienen los muertos, diría Borges. Hoy volví a considerar la idea, y volvió a aparecer el reparo, pero casi me reí cuando me escuché evaluar el asunto involucrando el concepto de “elegancia”: yo estaba colgado del pasamanos de un colectivo en el que había al menos trescientas personas. Hacía equilibrio con seis bolsas del supermercado, y por las ventanillas se movía el paisaje de esta ciudad sucia y sin gracia que supe merecer. Pensé: vivo en Córdoba, llevo la sangre de mi padre en las venas, la elegancia para algo como yo no sólo que no es una obligación: no es ni siquiera un derecho. Me levanté japonés, no me den bola.

Ayer fui a ver Capote (menos mal que ganó no sé qué Oscar, que si no acá no la pasaban hasta dentro de cuatro años en el Cine Teatro Córdoba). Está buena la película para quien no leyó A sangre fría. El que lo haya hecho se la va a pasar diciendo cosas como “¡No, cómo no van a contar lo de los gatos que sacan pájaros de las parrillas de los autos! ¡Cómo no explican lo del pájaro amarillo! ¡Cómo no cuentan nada del viaje a México y los mapas del tesoro! ¡Lo del padre de Perry y el refugio para turistas!” y otras más. En La Voz del Interior del día de la fecha el pelotudo de Miguel Peirotti transcribe un parrafito del libro y procede a remarcar que Capote se hizo amigo de Dick Hickock. Que no hayas leído el libro me parece natural (escribís en La Voz del Interior), pero que no hayas visto la película, que es más fácil… bueno, también me parece natural (escribís en La Voz del Interior).

 

 

23/03/06

Sunday afternoon weightlessness1

 

Soy una entidad sin forma, consistencia ni recipiente. Si algún pelotudo me pregunta en qué ocupo mi día, voy a estar pensando media hora antes de contestar.

Escuchando: Morphine, “All Wrong”.

Estos días estuve releyendo lo que tengo de Los escorpiones del desierto (descripta como “el itinerario de supervivencia del teniente Koinsky, dejando a su paso un reguero de tumbas en la arena africana” por el crítico Javier Coma), del enorme Hugo Pratt, la saga del Long Range Desert Group a comienzos de la Segunda Guerra en Abisinia, Etiopía, Sudán. Lugares donde se mezclan franceses, italianos, ingleses, mercenarios africanos de toda laya, cazadores de elefantes, camelleros, bandidos dancalos (“soberbios tiradores y afectos a castrar a sus enemigos”) y hasta Caín y Abel en persona. Faltan los alemanes porque el Afrikakorps de Rommel se formaría tiempo más tarde. En el dibujo y en las palabras, lo que hace de Pratt un auténtico genio es la manera de describir personajes y situaciones con una economía de recursos admirable. Y los diálogos, con frases como las que recorto:

“—No maté a Stella hasta el final, hasta que dijera dónde estaba el oro.

—Comprendo. Sin embargo, no lo apruebo. Stella me caía simpático.

—A mí también. Precisamente por eso era más peligroso y había que eliminarlo cuanto antes.

—Si todos los que te caen simpáticos terminan como Stella, deberé andarme con mucho ojo.

—Tú no corres peligro, me caes fatal.

—Cush, eres un hijo de puta.

—Tienes razón, pero lo mío es un caso fortuito, tú lo eres por vocación. Alá te guarde, polaco. Está escrito que los que no mueren se encuentran”.

 

“Caín, Quayín en la vulgata, es aquel cuyo sacrificio no fue apreciado por el dios de este mundo, porque al dios de este mundo le agrada la sangre”.

 

“Ya que los italianos están perdidos, pasémonos a los ingleses.

—¿Crees que los ingleses serán mejores contigo que los italianos? Mira, Amedh, yo serví con los turcos cuando era joven. Nos despreciaban, nos robaban las mujeres y nos pegaban como a perros. Luego serví con los ingleses, que sólo nos despreciaban. Estos no nos robaban las mujeres, pero nos consideraban como caballos. Y ahora sirvo con los italianos, que a veces nos insultan y nos roban las mujeres, pero para ellos somos hombres. Por eso no voy a arriar esta bandera. Que lo hagan los italianos si así lo quieren.

—Tu gesto de fidelidad es estúpido y vanidoso.

—Y tus palabras, hijas del rencor y la necedad, hay otros medios de trabajar por la patria sin mancharse con el deshonor.

—Eres un viejo, Ibrahim.

—…

—Bueno, basta de discusión, ese avión inglés va a atacarnos, parece.

—¿Qué hacemos?

—Dispararle, supongo”.

 

En otro orden de cosas: en esta cuadra, alimentado por los vecinos, vive uno de los cinco o seis perros más feos de la historia de la realidad del universo. Es una especie de mestizo de dachshund deforme, más petiso, más flaco y más largo, de pelaje atigrado y con una herida en el hocico que hace que parezca que permanentemente te muestra los dientes de un costado. Es simpatiquísimo, eso sí. La primera vez que le dimos de comer fueron las sobras de un asado, así que el perro quedó con la idea de que nuestra heladera es una cornucopia de manjares culinarios. Cada vez que abrimos la puerta se mete adentro y se sienta frente a la heladera, mirándola fijo como hipnotizándola para que se abra, y no se va hasta que le das algo, resiste pasivamente el desalojo poniéndose patas arriba y para sacarlo tenés que levantarlo con las manos y depositarlo en la vereda. En una carta que Einstein le escribió a un amigo suyo que atravesaba una depresión, le aconsejaba: “Imagínese que vive, por así decirlo, en Marte, rodeado de criaturas extrañas. Elimine todo interés profundo en los actos de tales criaturas. Hágase amigo de unos pocos animales”. La de vivir en Marte también la hago hace ya una culada de años, Alberto, y para serte sincero, sin mucho beneficio para mi estado de ánimo.

Amigos, está escrito que los que no mueren se encuentran, así que nos estamos viendo, supongo. Para los amigos y favorecedores, mis deseos de ventura y prosperidad. Los otros pueden chuparme la pija hasta bien entrado octubre o noviembre del corriente año.

 

 

05/04/06

Un Auschwitz del alma con mausoleos que eran la fosa común de los que no habían muerto

1- “Arrastrándose de un rectángulo de sombra a otro, comprendió que pronto debería encontrar algo o acabaría allí su vida, atrapado como la comitiva de un faraón en el interior de ese mausoleo que se había construido a sí mismo”. (James Graham Ballard, Playa terminal)

2-

“—Qué mierda no van a simpatizar con la perrera. No escuchó la radio. Es como si hubiera secuestrado a, no sé… atletas judíos, algo así. Tienen miedo.

—Te trataron de terrorista un par de veces.

—Sí, me cagué de la risa. Están todos locos.

—Un nuevo fantasma recorre las calles de la ciudad, he, he… lo mismo no fue una gran idea, te voy diciendo… sería una cagada que caigas en cana por esta boludez y salte toda esta otra historia.

—No voy a caer en cana por esto. Nadie se dio cuenta de nada.

—¿Y los perros? Si algún vecino botón ve tantos, capaz te denuncia.

—No los va a ver nadie aunque se asome, están en el galponcito del fondo. No va a pasar nada, a no ser que el boludo de Cetarti meta la pata. Espero que se conforme con habérselo contado a usted y no abra más la boca.

—Se lo remarqué bien. Aparte no me llamó para contarme, llamó para comprar porro, yo fui el que le preguntó. Desde que leí el diario a la mañana tenía como un presentimiento, viste que yo a veces…

—En el diario dicen un tipo alto, obeso y atacado de asma. No era tan difícil, tampoco.

—Hay mucha gente obesa que respira mal, podría haber sido otro, perfectamente.

Duarte parecía haberse ofendido un poco por la duda sobre sus facultades.

—Bueno, el tema es que no, Cetarti estuvo bien, incluso medio se hacía el gil al comienzo, le tuve que insistir un par de veces. No va a andar contando por ahí, creo que por ese lado nos podemos quedar tranquilos. Pero vos te vas a tener que guardar un par de días. La camioneta no te la vas a querer quedar, me imagino.

—No estoy loco. Aparte es una cosa siniestra, es una cámara de gas ambulante.

—¿Por qué, qué le pasa, quema mal el motor?

—No, literalmente, una cámara de gas. Matan a los perros ahí. Conectan una manguera entre un respiradero y el caño de escape, cierran los otros respiraderos y enchufan la manguera.

—¿Y la manguera con qué la agarran para que no pierda gas, con una rosca?

—Ni eso, con abrazaderas.

—Ah, mirá vos, bastante elemental… Bueno, mientras vos te hacías el Zorro yo estuve hablando con el hijo de Rosa, el tipo me empezó a decir de nuevo que no tenía la guita que le estamos pidiendo y ta, ta, ta.

—El tipo no quiere pagar.

—Y yo le dije mire, usted tiene esta guita en tal y tal lado, su madre tiene tal caja de seguridad en tal y tal banco… ¿viste?, le voy diciendo todo. Y se queda callado un rato y me dice que bueno, que dónde lleva el dinero. Y le digo que ahora queríamos ochocientos mil. Así que quedamos que a la mañana saca la guita y onda mediodía lo llamo.

—El tipo no va a pagar.

—Si no paga le devuelvo a la madre cortada en pedacitos.

—Es que le importa un carajo el tema, lo viene pedaleando desde la primera vez que habló. Ni llamó a la policía. Capaz que hasta le estamos haciendo un favor, le estamos dejando toda esa plata para él solito y está esperando que aparezca muerta en cualquier baldío para ir a hacer la denuncia. Esta vieja, aparte, es lo más amargo que hay, no me extrañaría nada…

—Ha, ha, te la trataste de garchar y te sacó cagando, serás boludo…

Duarte le miró la cara y largó una carcajada.

—¿Tengo razón? ¿Te la quisiste garchar?

—Es una idea asquerosa. Ni se me pasaría por la cabeza.

—Qué tipo amargo que sos… ¿dónde está ese espíritu juvenil?, ¿qué me queda para mí, entonces? Te hace falta coger un poco. Por eso andás todo el día con esa cara. Y si le hacés asco a todo, viste…”.

(Antonio de Melli, fragmento inédito del guión de ¡Y aquí comenzaron mis problemas!, comedia picaresca con María Aurelia Bisutti, Olinda Bozán, Tincho Zabala y números musicales a cargo de Katunga, Sabú y Aldo y sus Pasteles Verdes, que no llegó a estrenarse en el circuito comercial. Uno de los pocos registros existentes del “período argentino” del gran inmovilista paraguayo).

3- Escuchando Gil Evans, The Individualism of…