Diarios - Ioanna Tsatsos - E-Book
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Ioanna Tsatsos

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Beschreibung

Los diarios que presentamos en este volumen cubren el período entre 1977 y 1984 de Ioanna Tsatsos, en donde la autora recogió la apasionada correspondencia que mantuvo con el poeta francés Pierre Emmanuel. A lo largo de estas cartas, publicadas por primera vez en nuestro país, se comprueba cómo el poeta consideraba a su compañera una completa igual con la que medir su inteligencia y sus sentimientos, y con la que desarrollar una relación de equidad y respeto más allá del mero interés romántico. Con debates sobre los aspectos más profundos de la existencia y de la condición humana, se solidificó una amistad que les permitió expresar sus inquietudes por escrito con total libertad, al mismo tiempo que compartían lecturas, críticas, elogios y recomendaciones.

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Veröffentlichungsjahr: 2019

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DIARIOS

La poesía y el Hades

Pierre Emmanuel y Grecia

.

Rastreo

Viaje a Israel

IOANNA TSATSOS

Prólogo, traducción y notas de

Mario Domínguez Parra

Diarios. La poesía y el Hades. Pierre Emmanuel

y Grecia. Rastreo. Viaje a Israel.

Primera edición, 2019, de los originales

Η ποίηση και ο Άδης: publicado en 1987

y Ιχνηλασία: publicado en 1984.

De la traducción:

© Mario Domínguez Parra

Diseño de portada:

© Sandra Delgado

© Editorial Ménades, 2019

www.menadeseditorial.com

ISBN: 978-84-120159-0-4

PRÓLOGO

Ioanna Tsatsos nació en Esmirna en 1909. Su familia tenía una profunda relación con las letras, puesto que era hermana de Yorgos Seferis,1 uno de los grandes poetas griegos, y de Ánguelos Seferiadis, poeta también (desconocido, hasta que su hermano Yorgos editó póstumamente sus poemas).

La catástrofe de Esmirna de 1922 marcó definitivamente la vida de la familia Seferiadis.2 Las matanzas de ciudadanos griegos en Esmirna por parte de las tropas otomanas, tras haber invadido el ejército griego la península de Anatolia en 1919 (y haber matado a ciudadanos otomanos por el camino), como consecuencia ulterior y triunfante de la «Μεγάλη Ιδέα» (el «Gran Ideal»,3 que consistía en recuperar los antiguos territorios griegos en Asia Menor), propició que un millón de ciudadanos griegos, descendientes de generaciones que habían vivido como parte del Imperio otomano, tuvieran que refugiarse en Grecia. Los ciudadanos turcos de religión musulmana que vivían en el norte de Grecia, en la región de Tracia, tuvieron que refugiarse en Turquía, como parte de un intercambio por motivos religiosos. La familia Seferiadis no fue una excepción, y la casa familiar, a las afueras de Esmirna, quedó siempre en la memoria de Ioanna como un motivo de profunda nostalgia y desarraigo.4

El diario de Ioanna Tsatsos Η ποίηση και ο Άδης, ΟPierre Emmanuel καιηΕλλάδα (La poesía y el Hades. Pierre Emmanuel y Grecia) cubre con su escritura el período entre 1977 y 1984. La democracia volvió a Grecia tras la llamada dictadura de los coroneles (1967-1974). El marido de Ioanna Tsatsos, Konstantinos, se convirtió en presidente de la República de Grecia (lo sería desde 1975 hasta 1980) y eso le permitió a ella establecer contacto con las élites políticas y culturales de varios países. La poeta cuenta en su libro Κυδαθηναίων 9,Kydacineon 9, por ejemplo, la ayuda que recibió del pintor y escritor Nikos Jayikiriakos-Guikas para decorar el Mégaro Maximu, la residencia presidencial, durante la visita oficial de Valéry Giscard d’Estaing. Sin embargo, ya había tenido dichos contactos por haber desempeñado Konstantinos diferentes cargos públicos: fue ministro en varios gobiernos anteriores a la dictadura de los coroneles.

Sabida es la estrecha relación cultural entre Grecia y Francia. Varios artistas griegos contrarios a la dictadura de los coroneles se exiliaron en el país galo. Incluso antes, destacados filósofos como Cornelius Castoriadis5 (1922-1997) o Kostas Axelós6 (1924-2010) emigraron a Francia por circunstancias políticas y adoptaron el francés como lengua de expresión escrita. Uno de los grandes compositores del siglo xx, Iannis Xenakis (1922-2001), se exilió en Francia tras ser condenado a muerte en Grecia por rebeldía al final de la guerra civil, tras la II Guerra Mundial, a causa de su militancia comunista.7 El famoso crítico de arte Tériade era de origen griego y desarrolló una esencial labor de patrocinio y difusión del arte contemporáneo a través de sus revistas.8 El también crítico de arte Christian Zervos desarrolló una labor similar en importancia en sus investigaciones sobre los orígenes del arte griego y sobre arte contemporáneo.9

Odysseas Elytis pasó una larga temporada en París, como así lo atestigua su ensayo Crónica de una década, y dedicó buena parte de su obra en prosa al estudio del arte, por ejemplo, sus textos sobre Picasso (publicado en francés, Équivalences chez Picasso); sobre los pintores Alekos Fasianós, Iannis Tsarujis, Iannis Móralis; sobre el escultor Jristos Kapralos o su carta a Papanutsos sobre el arte contemporáneo. Todos estos textos se incluyen en Ανοιχτά Χαρτιά, Cartas boca arriba.

***

Hasta ahora, los dos únicos libros de Tsatsos traducidos al español eran Φύλλακατοχής (Diario de la ocupación, traducción de Alicia Villar Lecumberri, Madrid, Ediciones Clásicas, 1991, la crónica de los cuatro años de la ocupación nazi de Grecia y de las penalidades que sufrieron ella y su entorno, que permanecieron en Grecia mientras que Yorgos Seferis formaba parte del gobierno griego en el exilio) y Ο αδελφός μου Γιώργος Σεφέρης (Mi hermano Yorgos Seferis, traducción de Maila García Amorós, Granada, Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas, 2008). La traductora de este último trazó un exhaustivo estudio de la obra de Tsatsos en su tesis doctoral Autobiografía e historia en la obra de Ioanna Tsatsos.10 Gracias a esta tesis he conocido su traducción de la biografía de Seferis. Christiane Pillard y Marie-Hélène Delaigue lo tradujeron al francés con el título Georges Séféris, mon frère, que Grasset publicó en 1978.

La obra poética de Tsatsos es amplia e importante, impregnada tanto de los ecos de la Grecia clásica como de un profundo sentimiento religioso que proviene del cristianismo ortodoxo griego: Λόγια της σιωπής (Palabras del silencio, 1968), Άτμητο φως (Luz indivisible, 1969), Έλεγος(Examen, 1970), Γυμνός τοίχος (Pared desnuda, 1975), Ο κύκλος του ρολογιού (El ciclo del reloj, 1976, traducido al francés como Le cycle de l’Horloge suivi d’Élegie, Saint-Germain-des-Prés, París, que recibió el Prix Alfred de Vigny de poésie), Χρέος (Deuda, 1979), Χρόνος (Tiempo, 1981, traducido al francés por Néoclès Coutouzis con el título Chronos, Éditions Fata Morgana, Montpellier), Πορεία(Ruta, 1982, traducido al francés por Néoclès Coutouzis como Parcours, Éditions Fata Morgana, Montpellier), Καταυγασμός(Iluminación, 1984), Άγρυπνη αυγή (Alba vigilante, 1989, traducido al francés por Néoclès Coutouzis como Aube blanche, Éditions Fata Morgana, Montpellier), Φέγγος χρόνου (Resplandor del tiempo, 1990), Φως τη σκοτία (Luz en la oscuridad, 1992). Bruno Lavagnini tradujo su poesía hasta 1980, Poesie, que editó el Istituto Siciliano di Studi Bizantini e Neoellenici, Palermo (ganó el Premio Internazionale di Poesia Sicilia ’80 A.S.L.A.).

Escribió libros en prosa, como el mencionado Φύλλα κατοχής (Diario de la ocupación, 1965), Αθηναΐς (Athinaís, biografía de la emperatriz bizantina, 1970), Ώρες του Σινά (Horas del Sinaí, 1981), Καταγραφές (Inventarios, libro de relatos y textos autobiográficos, 1983), Ιχνηλασία (Rastreo, crónica de un viaje a Israel, 1984), Στιγμές και μνήμες (Momentos y recuerdos, 1989).

Escribió también el libro autobiográfico Kydacineon 9. El título remite a la dirección de la casa familiar en el centro de Atenas. Tsatsos escribe, al comienzo del libro: «Para mí, de niña, Atenas significaba lo que estaba alrededor de la Acrópolis» (Kydacineon 9, Atenas, Astrolavos/Evzyni, 2ª edición, 1994, del prólogo, p. 7). Por esta casa pasó buena parte de la sociedad literaria y política del país. Este libro incluye la crónica biográfica, el diario y el género epistolar. A lo largo de sus páginas el lector o lectora puede conocer diversos detalles familiares: la afición de su padre, también poeta,11 a contar historias de Jerjes y Alejandro Magno a sus tres hijos; las personas importantes relacionadas con el derecho y las artes que les visitaban; la figura ausente de la madre, mujer con rostro del Antiguo Testamento, temerosa de Dios, como la misma poeta la describe; los libros que poblaban la casa de manera casi asfixiante...

Por las primeras páginas de este libro transita también la casa perdida de Esmirna, descrita con detalle, con sus habitaciones, sus iconos, las fotos de los abuelos. Yorgos tenía su propia habitación, como hermano mayor; Ánguelos y Ioanna compartían otra. La madre rezaba arrodillada en la habitación de los iconos, verdadera iglesia. Esa fe ortodoxa no abandonaría jamás a los tres hermanos (aunque Ioanna dejaba ver que sus dos hermanos con frecuencia no iban a misa) e impregnaría de una u otra manera los futuros versos de Yorgos. Cuando Ioanna le dijo a Yorgos: «Qué hermoso poema, “El rey de Asini”», él respondió: «Viene de Dios». Cuando le regaló a Ioanna su traducción del Apocalipsis al griego moderno, le dijo, sonriendo: «Ves, Ioanna, cada uno tiene su manera de rezar».12 Cuando ya estaba agonizando, Yorgos le pidió a Ioanna: «Enciende una vela por mí». Frente a su casa en Atenas se alzaba la iglesia de Ayía Sotira, donde muchos jóvenes fueron a despedirse del poeta tras su muerte, en 1971. Tsatsos consideró «deuda sagrada» escribir sobre su hermano Yorgos. Así lo hizo en su libro Mi hermano Yorgos Seferis. Esta biografía cuenta los primeros cuarenta y cinco años de la vida del poeta y mereció el Premio Nacional de Biografía Novelada en 1974, año en el que cayó la dictadura de los coroneles contra la que se manifestó Seferis. Tsatsos dedicó el premio a los greco-chipriotas. Ese mismo año, las tropas turcas invadieron Chipre, tras la excusa que les proporcionó el dictador griego Ioannidis: la intención de la junta militar de invadir la isla, promoviendo un golpe de estado, para que pasara a formar parte de Grecia, proceso conocido como «Ένωση», «Unificación». Todo esto provocó una serie de hostilidades entre ambos países que todavía no han cesado.

De su hermano Ánguelos, Tsatsos escribió que era de pocas palabras, cuidadoso con cada una de ellas, sensible e inclinado al silencio. Fue poeta13 y traductor de Hamlet, obra a la que dedicó muchos años. Durante la invasión nazi estuvo encarcelado un tiempo. Tras esa experiencia decidió emigrar a Nueva York. Murió en Monterrey, donde daba clases de griego en la Escuela de Oficiales. Su vida se apagó mientras dormía, con el Fedón de Platón abierto entre las sábanas. No llegó a cumplir los cuarenta y cinco años.14

***

Se preguntaba la poeta por qué, en las horas más felices, siempre subyacía en la mente de los tres hermanos una tristeza inexplicable. Y a continuación citaba el mito de Ánguelos Sikelianós:15 cómo, cuando en una casa muere el primer vástago, su alma regresa a todo lo que nace más tarde. Regresa con la tristeza por la injusticia y con la ternura por la vida que no vivió. Todo esto surgió porque el primer hijo de los Seferiadis había muerto. Como dice la poeta, quizás ese era su secreto. Y se pregunta: ¿quizás la creación es la ley de una nostalgia no dilucidada?

Y el mito conduce al mitógrafo. Un día, durante la primavera de 1936, Yorgos le dijo a su hermana Ioanna: «Mañana Ánguelos Sikelianós hablará sobre Palamás.16 ¿Vamos a escucharle?». Relata la poeta que aquella fue la ocasión en que lo escuchó por vez primera. Quedó fascinada por la contención, la grandeza, la austeridad, por el sentido y el tono de su voz. Y se entusiasmó cuando, como ella misma nos narra, Sikelianós llegó a la escalera de Jacob, donde el poeta lucha cuerpo a cuerpo con el mismo Dios. Al regresar, Ioanna le preguntó a su hermano: «¿Por qué los momentos hermosos se apagan tan pronto en el tiempo inmediato?». A lo que Yorgos le respondió: «Escríbele algunas palabras, il faut encourager les artistes». Tsatsos le escribió para felicirtarle. A los dos días, Dimitris Kapetanakis17 le trajo un rollo de papel grueso atado con un cordel, el «Carmen occultum».18 Según Tsatsos, Sikelianós directamente provocaba fascinación, vivía para lo bello. Solo él podía recitar sus versos y hacer que su significado tomara consistencia. Tsatsos recuerda el verano de 1936, ella sola con sus dos hijas en la isla de Éguina. Sikelianós vino en una camioneta desde Faneromeni,19 con todo tipo de comodidades y caprichos: nevera, naranjas y dulces que le encantaban. Fueron juntos hasta Afea.20 Hechizado por la belleza del lugar, comenzó a recitar unos versos, que había compuesto en ese mismo instante.

***

El marido de la poeta, Konstantinos, en su casa de la calle Kydacineon número 9, dirigió desde 1931 hasta 1940 la Academia Tsatsos, a cuyas reuniones asistía buena parte de los grandes escritores y filósofos de la época en Atenas: Odysseas Elytis, Yorgos Sarantaris, Dimitris Kapetanakis, Panayís Papaliguras, Ioannis Pesmasoglu, Nikólaos Burópulos, Cornelius Castoriadis, Yorgos Vlajos, Yorgos Mitsópulos, Apóstolos Sajinis, Ánguelos Vlajos o Tasos Azanasiadis.

Otro de los amigos de la familia Tsatsos y del mismo Seferis era Yorgos Katsímbalis (1899-1978), el famoso Coloso de Marusi, el protagonista de la novela de Henry Miller. Era miembro de una familia pudiente. Su padre, poeta y traductor de Omar Khayam al griego, le había dejado en herencia una casa llamada «Trianemi», en el barrio ateniense de Marusi, en la colina del mismo nombre. En dicha casa, en 1940, vivieron durante un tiempo Tsatsos y sus dos hijas, Dora y Déspina, mientras su marido se hallaba desterrado en la isla de Skyros por orden del dictador Ioannis Metaxás. Konstantinos envió una carta a Kanelópulos21 en la que deseaba la victoria de la democracia en aquellos momentos definitorios. Metaxás consideró esa afirmación una manifestación de soberbia personal y lo desterró a Skyros, hacia donde partió en 1939, en el barco Milos. En esa casa fueron testigos del torpedeo del crucero de guerra Eli y de la declaración de guerra a Grecia por parte de los italianos. Yorgos Seferis partió hacia Medio Oriente y su padre, Stylianós, hacia Francia.

A diferencia de su hermano Yorgos y de su padre, ella permaneció en Grecia durante la ocupación. El narrador y ensayista Yorgos Ceotokás recordaba en una carta de 1965 un hecho en la vida de Ioanna Tsatsos. Un soldado nazi la seguía por la calle y ella, para despistarlo, se escondió bajo las escaleras de la casa de Ceotokás. En esta carta, él le preguntaba: «¿Por qué no tocaste el timbre? No tenia café que ofrecerte para hacer que volvieras en ti, pero al menos un vaso de agua, quizás algo de coñac» (Kydacineon 9, p. 63). La ocupación nazi creó entre estas familias de intelectuales una serie de redes de colaboración para la supervivencia mutua, aparte de la actividad como miembros de la Resistencia.

Ioanna Tsatsos colaboraba con la Cruz Roja, llevaba aceite y leche a las familias más desfavorecidas, escondía a soldados ingleses de las garras de los ocupantes nazis. Vivió el exilio de su marido en 1939 y la encarcelación de su hermano Ánguelos durante la guerra. Pero su marido volvió del exilio en 1941, el año de la muerte del dictador Metaxás. Él era, por entonces profesor de la Universidad de Atenas, y declaró el 27 de octubre que el día siguiente sería fiesta nacional.22 Sabía que la policía estaba tras él, pero no sabía si la orden de arrestarlo provenía de los griegos o de los italianos. Ioanna Tsatsos tuvo que soportar continuas visitas de la policía, para ver si escondía a su marido en su propia casa. Incluso, de manera irónica, llegó a ofrecer al oficial que venía a preguntar por su marido un sofá para pasar la noche, ante lo cual el policía, azorado, abandonó la casa. A la mañana siguiente, 28 de octubre, muchos estudiantes fueron a su casa gritando que querían ver a Konstantinos. Ioanna les pidió que se dispersaran, por temor a las represalias policiales. Se marcharon sin rechistar. Mientras tanto, Tsatsos protestaba ante los policías, les preguntaba por qué tenían que venir a asustar a sus dos niñas pequeñas, sabiendo que su marido estaba prófugo de la justicia y que lo único que ella hacía era ofrecer leche a las madres que pasaban hambre junto con sus hijos. El arzobispo Damaskinós23 tomó las riendas de la situación y le pidió a Tsatsos que comunicara a su marido que no regresara a casa hasta que él lo dijera. Un día, Damaskinós llamó a Tsatsos para comunicarle que su marido podía volver a casa. Esta cuestión cayó en el olvido por parte de las autoridades, pero la celebración nacional del 28 de octubre de 1940 siguió y sigue siendo uno de los días más importantes del año en Grecia.

Uno de los hechos más dramáticos, de entre los muchos de su autobiografía, es el relato de la ejecución de Jristos Karvunis, que Tsatsos relata en Kydacineon 9, citando la entrada del 27 de noviembre de 1943 de su Diario de la ocupación. Cirujano de profesión, estudió ocho años en Alemania. Tenía clínica propia en la ciudad de Esparta. Un día, en Monodendri, mataron a un soldado nazi. Ante hechos como este, los nazis tomaban represalias terribles y no vacilaban en asesinar a gente inocente.24 En este caso, fueron ciento diez personas, entre ellas cuatro niños de la misma familia, los Tsivanópulos, y el mismo Karvunis. En la entrada del siguiente día, Tsatsos relataba que alguien le había dado más detalles sobre la tragedia. Los nazis, en el último momento, habían otorgado el perdón al insigne científico. Pero Karvunis pidió que dicho perdón se concediera a uno de los niños de la familia Tsivanópulos, para que su madre no tuviera que llorar a los cuatro. Al negarse el oficial nazi, Karvunis se rebeló y les espetó en un perfecto alemán: «Sois un pueblo de bárbaros. Me avergüenzo de haber desperdiciado ocho años en vuestro país. Ocho años tirados, perdidos». El oficial se enfureció y le golpeó con la culata de su arma en un brazo. Cuando descubrieron los cadáveres, se dieron cuenta de que Karvunis tenía un brazo roto.