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Miguel es un niño bastante miedoso, y una de las cosas que más le asusta es el árbol que hay de camino a su colegio. Pero el día en que su perro Gustavino desaparezca entre sus ramas y raíces, no tendrá más remedio que olvidar sus temores e ir a buscarlo.
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Seitenzahl: 25
Veröffentlichungsjahr: 2016
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Edición en formato digital: 2016
© Del texto: Ana Alcolea, 2016
© De las ilustraciones: David Guirao, 2016
© De esta edición: Grupo Anaya, S. A., 2016
Calle Juan Ignacio Luca de Tena, 15; 28027 Madrid
www.anayainfantilyjuvenil.com
ISBN ebook: 978-84-698-1011-8
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Conversión a formato digital: REGA
SOPA DE LIBROS
El abrazo del árbol
Ana Alcolea
Ilustraciones
de David Guirao
5
Todos los días, cuando va al colegio con su perro Gustavino, Miguel ve un árbol que hay al otro lado de la calle.
Es enorme. A Miguel le parece que es tan grande como su casa. Y como la de su abuelo. Incluso como la de su tía Enriqueta.
El árbol tiene muchas ramas que llegan hasta el suelo y que entran en la tierra. O sea, que se convierten en raíces.
6
A Miguel le da miedo el árbol porque las ramas se enrollan en el tronco como si lo fueran a estrangular. Y piensa que un día las ramas del árbol se podrían enroscar en su cuerpo y estrujarlo.
Por eso, cuando pasa cerca de él, cierra el ojo derecho y mira para otro lado. O mira a su perro.
A Gustavino no le da miedo el árbol. En general, no le da miedo nada que se pueda ver. Solo le asustan los truenos y el ruido de la batería del vecino de arriba. Cuando Gustavino tiene miedo se acurruca y se convierte en una bola.
7
8
Una mañana, el cielo estaba muy gris. Tanto, que empezó a llover. Miguel y Gustavino vieron un relámpago que cortó el cielo en dos mitades, y enseguida el estruendo de un trueno llegó hasta sus oídos.
El perro se encogió y se convirtió en una bola. Pero esta vez, la bola Gustavino empezó a rodar sobre el suelo mojado. Y tanto rodó que llegó hasta el pie del árbol que le daba tanto miedo a Miguel.
9
Al trueno siguió un viento tan fuerte que empujó a Gustavino. Y tanto lo empujó que desapareció entre el tronco, las ramas y las raíces del árbol. Miguel se quedó quieto unos instantes. No quería acercarse. Temblaba de miedo por el árbol y porque su amigo no estaba a su lado. Tenía que rescatarlo, pero… ¿cómo?
10
Se acercó tres pasos. Luego cinco. Luego dos más. Miró a través de la maraña de ramas-raíces y no vio nada. Bueno, sí, algo vio. Vio un agujero.
Entonces, Miguel tragó saliva y miró a su alrededor. No encontró a nadie que pudiera ayudarle. Se
