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Emmy Noether es la matemática más importante de la historia y una de las científicas más destacadas de todos los tiempos. A pesar de ello, continúa siendo una desconocida para casi todos. Mujer, judía y matemática en la Alemania del primer tercio del siglo XX, superó todas las barreras que la vida y la sociedad le impusieron. A partir de una aproximación cercana, pero rigurosa, El árbol de Emmy nos descubre la vida de una personalidad excepcional, a la que Albert Einstein consideraba un genio, y nos introduce en la historia de muchas otras mujeres matemáticas, en un ámbito que fue y sigue siendo en gran medida masculino. Cada capítulo se cierra con hilos de Twitter que amplían la lectura y enriquecen la mirada de los lectores. Han corrido a cargo de Enrique Borja (@Cuent_Cuanticos), Clara Grima (@ClaraGrima) y Alberto Márquez (@twalmar).
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Seitenzahl: 106
Veröffentlichungsjahr: 2019
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El árbol de Emmy
Emmy Noether, la mayor matemática de la historia
Eduardo Sáenz de Cabezón
Primera edición en esta colección: octubre de 2019
© Eduardo Sáenz de Cabezón, 2019
© de los hilos de Twitter, Enrique Fernández Borja, Clara Isabel Grima Ruiz y Alberto Márquez Pérez, 2019
© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2019
Plataforma Editorial
c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona
Tel.: (+34) 93 494 79 99 – Fax: (+34) 93 419 23 14
www.plataformaeditorial.com
ISBN: 978-84-17886-20-2
Diseño de portada: Ariadna Oliver
Realización de cubierta y fotocomposición: Grafime
Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).
Para Adriana, Claudia, Dorleta, Edith, Elena, José, Laura, Noemí, Rocío y Sílvia.
Un árbol con hilos
1. Transformación
2. Inmovilismo
3. Giro
4. Ciclo
5. Núcleo
6. Simetría y conservación
7. Abstracción
8. Sistema
9.
Heimweh
Epílogo
Cubierta
Portada
Créditos
Dedicatoria
Índice
El árbol de Emmy
Colofón
Este es un libro sobre Emmy Noether y es también un libro sobre mujeres matemáticas. La idea de escribir este libro surgió tras una serie de tuits que dediqué a mujeres matemáticas durante un mes a finales de 2017. Cada día tuiteaba el nombre y la fotografía de una matemática relevante y pedía a la gente que aportara información sobre ellas. Fue una experiencia muy interesante. El grupo de divulgadores científicos llamado Los Tres Chanchitos (Enrique Borja, Clara Grima y Alberto Márquez) se lo tomó con mucho entusiasmo y entre los tres acabaron produciendo unos magníficos hilos de Twitter sobre la ciencia que produjo cada una de las matemáticas que yo nombraba. Cuando, a la vista de esta iniciativa, María Alasia y Jordi Nadal, de Plataforma Editorial, me ofrecieron la posibilidad de escribir un libro sobre mujeres matemáticas, inmediatamente tuve dos cosas claras: por un lado, la base del libro debía ser Emmy Noether, la matemática que más admiro y probablemente la científica cuyos logros están a mayor distancia de su reconocimiento, distancia que se debe exclusivamente al hecho de ser mujer. Y, por otro lado, los hilos de Los Tres Chanchitos debían estar presentes, para que quien leyera el libro pudiera asomarse, siquiera un poco, a la ciencia que desarrollaron las mujeres que pueblan este libro y se despertara cierto interés por sus matemáticas además de por sus personas.
Este libro es pues un árbol con hilos. Cada capítulo va recorriendo la vida de Emmy Noether, y al hilo de esa vida, que es el tronco principal del libro, van surgiendo en un aparte las vidas de otras mujeres que de forma excepcional contribuyeron a la historia de las matemáticas. Finalmente, cada capítulo contiene algunos de aquellos hilos de Twitter que Los Tres Chanchitos escribieron sobre las matemáticas de estas mujeres, la ciencia que desarrollaron, algunas de sus contribuciones. Estos hilos pueden leerse de forma independiente al resto del libro, ya sea de paso al atravesar los capítulos o al finalizar la lectura de todo el libro.
Que esta pequeña obra sirva para dar a conocer a la mujer que me descubrió el poder del pensamiento abstracto y me llevó a dedicarme a las matemáticas.
Una mujer sentada en el banco de un parque. Las manos sobre el regazo, la mirada indiferente posada sobre el árbol que tiene delante. Una mirada sin presencia, sin contacto, un mero fenómeno físico sin implicación de la conciencia. Ni la del árbol, por supuesto, ni la de la mujer. En realidad, a esta mujer le daría lo mismo que el árbol no estuviera allí y al árbol no le importa nada la presencia de esta mujer ni la de ninguna otra. No hay contacto entre ellos y, sin embargo, se encuentran uno frente a otro, simétricos, dos formas de vida aparentemente estáticas que ocultan una intensidad difícil de apreciar desde fuera.
Sabemos poco sobre esta mujer sentada en el parque, pero pronto sabremos más. Apenas nos interesan de momento su nombre, su edad y las circunstancias de esta tarde de abril. Su nombre es relevante porque se trata de una mujer real, incluso conocida, se llama Emmy. Emmy Noether. No podemos inventar su nombre, y tal vez es lo único que no podamos inventar en esta escena. Pero nada nos impide imaginarla en un parque, sentada en un banco, mirando a un árbol. Tal vez ni siquiera esté mirando, a veces en nuestro campo visual se hallan cosas o árboles o personas a las que en realidad no somos conscientes de estar viendo.
La edad de esta mujer nos importa menos, pero es un dato que tampoco podemos inventar, que nos impide olvidar que estamos hablando de una persona real que habitó un tiempo y un espacio concretos, las fronteras de una vida que terminará demasiado pronto. Es arriesgado decir demasiado en esta frase porque la palabra implica una valoración sobre la duración de la vida, algo que no nos corresponde en ningún caso. Es demasiado pronto porque hubiéramos preferido que Emmy viviera más, como se verá. Acaba de cumplir cincuenta y tres años hace unos días y, desde luego, no ha malgastado el tiempo que hasta el momento se le ha concedido.
Finalmente, las circunstancias de esta tarde responden también a datos históricos, aunque los hechos no ocurrieran tal como nos vienen a la imaginación. Estamos a principios del mes de abril de 1935 y a Emmy le acaban de diagnosticar un tumor pélvico. No sabemos si la noticia le fue comunicada por la mañana ni si la tarde después de que el diagnóstico le fuera revelado Emmy se sentó en un banco de un parque de la ciudad en la que vivía en ese momento, Bryn Mawr, en los Estados Unidos de América. Este de Bryn Mawr es, por cierto, otro dato histórico. Ignoramos completamente si los hechos incluyen que mirara un árbol o que sus manos estuvieran sobre su regazo. Un tumor pélvico. Un diagnóstico así ineludiblemente convierte la propia muerte en algo tangible y concreto. Pasa de ser una idea a ser un dato, adquiere dimensiones mensurables, espacio y tiempo más o menos cercanos, pero ya presentes. ¿En qué momento pensamos conscientemente, por primera vez, que también nosotros vamos a morir? Demasiado pronto. Somos mudos ante la muerte, apenas podemos balbucear algo sobre ella, pero, desde luego, no nos deja sordos. La muerte, la muerte propia, nos habla con claridad, nos hace preguntas y nos invita a valoraciones. ¿Qué cambios ha experimentado el mundo por el hecho de que yo haya permanecido, vivido, actuado en él durante treinta, cuarenta, ochenta o cincuenta y tres años?
Sepamos un poco más sobre esta mujer que estamos imaginando sentada en un banco. Dispongamos un tablero de coordenadas. En esta época el nombre lo marca todo. Noether es un nombre alemán. Hace apenas un año y medio que Emmy vive en los Estados Unidos de América. Recordemos que estamos en 1935 y es preciso saber que Emmy es judía. Hitler es Reichskanzler desde enero de 1933. No lo hemos dicho todavía y conviene hacerlo cuanto antes: Emmy Noether es profesora de matemáticas. Precisemos: es matemática. Ocurre que hay disciplinas cuyo nombre coincide con el de la mujer que se dedica a ellas, como la matemática o la música. Por eso algunas mujeres se sienten extrañas o presuntuosas diciendo: «Soy matemática» o «Soy música». Emmy es matemática. Dejémoslo claro: es una de las mentes más brillantes de su tiempo, y el suyo fue un tiempo de mentes que brillaron intensamente. ¿Cuál de todas es la coordenada principal que nos permite entender a esta mujer? ¿Hay alguna más importante que las demás? ¿Es Emmy fundamentalmente una mujer judía? ¿Es ante todo una judía alemana? ¿Es su genialidad lo que destaca? ¿Es su peculiar profesión de matemática? Quizá podemos decir que en esta escena imaginada ella es ante todo una mujer a la que acaban de diagnosticar un cáncer. Y eso siempre conlleva la asunción de una forma distinta de soledad. Emmy nunca fue una mujer solitaria, fue una mujer única, es verdad, pero no solitaria. Algo así como un árbol, porque todo árbol es, en realidad, una colectividad, aunque no tenga otros árboles alrededor, aunque esté plantado en medio de un parque y tenga una mujer sentada enfrente que ni siquiera lo ve.
Emmy se pone las gafas, se levanta del banco y se dirige a casa. Hay cosas que dejar preparadas antes de la operación.
De Samuel a Nöther y de Nöther a Noether. El bisabuelo tuvo que cambiar de apellido. No estaban permitidos los apellidos judíos en el Gran Ducado de Baden. Un edicto que desconecta a los hijos de Abraham de sus antiguas raíces. Los judíos de Baden se sienten en este final de siglo, que es en realidad el final de toda la historia, como ramas sueltas de un árbol más antiguo que esa historia que les niega asiento. Elías Samuel pasó a apellidarse Nöther. Y su hijo Max volvió a cambiar el apellido, de Nöther a Noether. Max Noether, el padre de Emmy, es matemático, y este es, por supuesto, un hecho relevante en este relato. Emmy, la única niña de Max y Amalia, la mayor de cuatro hermanos, es una muchacha despierta, inteligente, suavemente tenaz y que disfruta del baile y de los estudios. Es bonito imaginarla bailando sola: el cuerpo robusto, los brazos fuertes, las manos abiertas y con las gruesas gafas y la sonrisa franca desde la que eligió asomarse al mundo. También podemos imaginarla bailando con alguno de sus hermanos, o en uno de esos bailes tradicionales en grupo en que los movimientos siguen pautas antiguas. La creatividad en la ejecución de los giros establecidos y los gestos fijos de los bailes tradicionales son fruto exclusivo de la personalidad del danzante. De la danzante, en este caso, a la que podemos visualizar ejecutando suavemente, con los ojos cerrados, las vueltas y los saludos. Hay personas que bailando solas inventan el ritmo de todos.
A Emmy también le gusta estudiar y pasa la mayor parte del tiempo repasando las lecciones. No le resulta difícil comprender las materias, identifica con facilidad las ideas principales y las secundarias, las relaciones entre ellas, los puntos clave. Es rápida, muy rápida. Su forma de aprender consiste en reducir toda la materia a un esqueleto esencial a partir del cual reconstruye cada detalle. Es capaz de razonar con agudeza y su retentiva es notable. Emmy estudia y su rostro despliega la misma sonrisa limpia y despreocupada con la que disfruta del baile. En medio del desconcierto de la pubertad, el estudio es un refugio, un lugar en el que todo depende todavía de la voluntad y el esfuerzo. La adolescencia es en el ambiente prusiano siempre una rebelión. Lo es en cualquier parte del mundo, pero más aún en Prusia, donde cada desviación de la rigidez se califica de extravagancia. Las lecciones son castigo y abrigo. Sin sacudidas imprevistas, sin alteraciones vergonzantes, el estudio es un entorno controlado, mientras que el cuerpo se empeña en ser un extraño que quiere acapararlo todo.
En casa de Max Noether, en Erlangen, son frecuentes las visitas de colegas y amigos. Otros matemáticos cuya conversación incluye a veces discusiones sobre conceptos especializados, asuntos de una ciencia que todos consideran más una forma de vida que una profesión, una forma de ver el mundo que busca describir lo esencial que subyace a lo cambiante. Charlan también sobre el incierto futuro, la preocupante situación política en el cambio de siglo o sobre la universidad y sus pequeñas intrigas. La política, la administración y las antiguas universidades son máquinas pesadas, presas de su propia inercia, a las que resulta muy difícil hacer cambiar de dirección. Terribles máquinas ciegas que no reparan en la existencia de los hombres y las mujeres que las forman. No es fácil obligarlas a modificar el sentido de su movimiento, no al menos luchando contra la inercia.
Los matemáticos son aparentemente ajenos a la marcha de estos mecanismos, ante los que solo cabe la resignación. Pero nada más lejos de la realidad, son seres analíticos que no se pliegan con facilidad a lo arbitrario de la historia, que se alinean con los idealismos antes que con el pragmatismo de la política definida como compromiso de gestión e intrigas. La conversación sube de tono cada poco y Emmy simula escandalizarse ante los inofensivos arrebatos de estos artistas que ejercen un arte todavía desconocido para ella.
