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Terry Wings lo pierde todo debido a un incendio en su hogar. El joven de 16 años, luego de perder a su familia y haber actuado de manera ingrata cuando ellos estaban vivos, se ve enfrentado a una realidad completamente distinta con su familia adoptiva y nuevo colegio. En una conversación con el policía York, Terry se da cuenta que el incendio que destruyó su hogar no fue un accidente. Esto lo llevará a querer encontrar a las personas responsables del crimen y proteger a otras posibles víctimas desde su nueva vocación: ser bombero. Gracias a todos los obstáculos, Terry aprenderá a perdonarse a sí mismo por sus antiguos comportamientos, a apreciar lo que tiene y mejorar para seguir adelante y formarse como la persona que quiere ser. *Lectura recomendada a partir de los 13 años.
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Seitenzahl: 301
Veröffentlichungsjahr: 2023
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EL JOVEN BOMBERO
© Gerardo Rocha, 2023
© Pehoé ediciones, abril 2023
Pehoé ediciones
San Sebastián 2957, Las Condes
Santiago de Chile
R.P.I. Nº 1053032021
ISBN Edición Impresa: 978-956-6131-62-5
ISBN Edición Digital: 978-956-6131-63-2
Edición: Katherine Hoch
Diagramación: Josefina M. Gajardo
Ilustración de portada: Teresa Rocha Urzúa
Diagramación digital: ebooks [email protected]
La reproducción total o parcial de este libro queda prohibida, salvo que se cuente con la autorización del editor.
Dedicado a mi familia, a mi padre Gerardo, a mi madre Alicia, a mis hermanas Teresa y Beatriz, a mis hermanos Cristóbal y José Gabriel, a mis abuelas Alicia y Carla, y a la memoria de mis abuelos Gerardo y Aldo. Los amo mucho, y agradezco profundamente tenerlos.
Índice
Dedicatoria
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Epílogo
Recursos y ayuda para la prevención del suicidio
Sobre Mí
Capítulo1
Se acerca cada vez más el cumpleaños de Terry. Lo único que está en su cabeza ahora mismo es el nuevo computador que quiere hace tanto tiempo, y por lo mismo, está emocionado de poder recibirlo de parte de sus padres.
Ellos, al momento de escuchar la petición de su hijo, se vieron conflictuados, ya que a pesar de su situación económica estable, están enviando todo el dinero a una cuenta para apoyar a Terry y Gwen en sus vidas futuras, cubriendo gastos de universidad, hogar y demás. Aunque le hayan comunicado esto a su hijo, él se veía confiado en que igual iba a recibir el computador.
Terry viene llegando del colegio, ansioso por terminar el único día que le queda para su cumpleaños el viernes. Durante su adolescencia, no se ha dedicado mucho a este lugar, hace simplemente lo justo y necesario para poder cumplir, y le cuesta relacionarse con sus compañeros. La verdad es que preferiría estar en su cama todo el día sin hacer nada, en vez de estar yendo a la escuela. Sus notas tienden a ser regulares: no se esfuerza en sus tareas y trabajos. Si lo hiciera, podría ser uno de los mejores de la clase, piensa su madre.
Cuando llega a casa, apenas saluda a su hermana Gwen y a su mamá, y se va derecho a su pieza. Este jueves, su padre viene llegando del trabajo y como es de costumbre, va a ver a Terry para saludarlo. El padre se detiene un poco en su habitación para hablar, su hijo va a cumplir 16 años y todavía siente que tiene una actitud inmadura. Es ahí cuando llega la madre a decirle a Terry que ayude a hacer la cena, pero primero se sienta junto al padre para hablar con su hijo. Ambos son ignorados gracias a su celular.
–Terry, deja eso un rato –dice el padre tranquilamente.
Y su hijo, con una cara amargada, lo deja en su velador.
–¿Qué quieres? –pregunta el joven con tono de desagrado.
–Hijo, ya vas a cumplir 16 años, y pensamos que es importante hablar sobre tu actitud frente a la familia –continúa la madre.
–¿Qué hay con eso? –responde Terry.
–Tu madre y yo sentimos que últimamente has tenido una actitud negativa en casa, apenas hablas con nosotros, estás todo el día en tu pieza y ni siquiera comes en el comedor –comunica el padre.
–Además, tu hermana, que ha estado siempre para ti, ve que ya no la reconoces y no le hablas, algo que la tiene un tanto desanimada –comienza a agregar, mientras Terry lo mira intrigado–. Desde que naciste, ella ha tratado de guiarte para que seas un buen hombre, y no solo eso, sino que también te ha estado acompañando siempre, compartiendo contigo, apoyándote en las tareas y en tus relaciones escolares, y hasta jugando contigo cosas que a ella no le llaman la atención solo para pasar tiempo junto a ti. Sentimos que no has sabido darle las gracias a tu hermana.
–Ella está bien, está a punto de salir del colegio y va a poder entrar a la universidad para hacer lo que quiera, no me necesita –responde Terry.
–Eso es lo que tú piensas –siguió la madre–. Pero en realidad extraña tu presencia y desea que hagas algo por ella de vez en cuando. Con que estés ahí acompañándola es suficiente, solo quiere pasar tiempo contigo. Y lo mismo va para nosotros. Eres nuestro hijo, y te amamos profundamente, no queremos que te alejes. Si pudieses estar con nosotros tan solo un rato al día, en la cena o en algún otro momento, significaría mucho para la familia. Y además, tú sabes que estamos los tres, tu padre, tu hermana y yo para ayudarte.
–Terry, es importante que mires a tu alrededor y des gracias por lo que tienes –añadió el padre–. Si vives agradeciendo, vas a estar siempre más feliz, y vas a saber disfrutar lo que tienes. Nunca sabes cuando todo esto puede desaparecer. La vida se acaba, y tú tienes que hacer de la tuya lo que más se pueda.
–Es bueno que te des cuenta de las personas que tienes y lo que te entregan, y hacerles saber que las aprecias –prosiguió la madre.
Terry los miró un poco, pensando en lo que decían, y luego solo cubrió con su manta la parte de arriba de su cuerpo, tratando de ignorar a sus padres porque sabe que lo que dicen es cierto.
–¿Nos quieres ayudar a preparar la cena?
Terry no respondió, y se cubrió con sus sábanas hasta esconder su cara. Sus padres, todavía preocupados por su hijo, deciden dejarlo en su pieza, considerando que sería mejor darle un pequeño espacio para pensar. Luego se dirigen a la cocina a preparar la cena.
Pasaron 30 minutos y la cena estaba servida. Esta vez Terry sí se sentó en el comedor tras pensar en lo que sus padres le habían dicho. Sabía que lo que decían es cierto, pero no sentía que tenía la voluntad para cambiar su actitud, todavía no sabía ni quién era, pero iba a hacer un esfuerzo para estar más con su familia. También, pensaba que si hacía algo este día, podría hacer que sus padres consideren darle el computador que tanto deseaba, que después de todo, sabía que se lo iban a dar, aunque se lo hayan negado.
En la mesa se sentó junto a Gwen, y la saludó por primera vez en el día. Su hermana, lo saluda devuelta con una sonrisa en su cara.
Iban a cenar porotos, algo que a Terry no le gustaba, pero hizo un esfuerzo esta vez y se quedó sentado comiendo. Mientras la noche avanzaba, veía con más claridad las razones de hacerlo que le habían mencionado sus padres.
Terry se animó y abrió su mente un poco.
–Saben, me quedan solo 2 años en el colegio, y es bastante pero no tengo idea qué quiero hacer con mi vida. Todavía no sé cuál es mi propósito. La verdad es que no me siento animado y si soy sincero, lo único que hago es estar acostado en mi cama todo el día viendo el celular –dijo mientras jugaba con la cuchara en el plato de porotos.
–Ya llegará el momento en que se te abra el camino –responde Gwen sonriendo–. Lo único que sé, es que, si le pones de tu esfuerzo y dedicación a algo, vas a lograr cosas maravillosas. A mí solo me faltan un par de meses para salir del colegio, y fue este año cuando estuve totalmente segura de querer ser doctora.
–Tienes razón, me falta todavía –respondió Terry con una sonrisa, mientras se esforzaba por terminar el plato de comida.
Luego, continuaron hablando del día de cada uno. Al padre le había ido bien en la oficina, a Gwen le había ido bien en una prueba que había realizado, Terry había presentado un cuadro en su clase favorita de arte y la madre se había dedicado a ayudar a Gwen en sus planes para cuando salga del colegio, buscando universidades, escuela de conductores, libros de estudio y otras cosas.
Esta noche fue muy especial: los padres y Gwen por fin veían que Terry se abría un poco, y esperaban que ojalá empezara a tener una conexión más profunda con ellos. Él también sentía que estaba mejorando de a poco.
Lo único que le preocupaba a los padres de Terry, era si recibiría bien el regalo que le tenían para su cumpleaños, porque no era el computador que tanto esperaba. Ahora, se dirigen hacia Terry y le mandan un saludo de buenas noches. Él lo recibe de mejor manera esta vez, incluso les devuelve el saludo.
Gwen, más tarde, va a la pieza de su hermano y se queda con él, ambos están sentados en un sofá que Terry tiene en la habitación.
–Terry, ánimo, sé que cuando llegue la oportunidad, vas a saber qué hacer con tu vida –le decía Gwen mientras ponía su brazo alrededor de él–. Aunque no lo creas, tú estás hecho para grandes cosas. Sé que ahora te está costando poner de tu parte para cumplir los deberes que tienes, pero siempre es importante entregar lo mejor de ti aunque cueste, poder superarse y hacer lo mejor posible, así lograrás ver lo contento que uno está al cumplir lo que se propone.
Terry miraba a su hermana mientras le hablaba, impresionado por toda la fe que le tenía.
–No creas que nosotros no te valoramos –siguió la hermana–.
El joven bajó la cabeza por un segundo.
–¿Te acuerdas cuando fuimos a subir el cerro, y a todos nos estaba costando mucho? Tú seguiste y seguiste, hasta llegar a la cima antes que todos nosotros. Estabas exhausto, pero diste todo de ti para lograrlo. ¡Eso demuestra que tienes la fuerza y dedicación para hacer lo que tú quieras! –prosiguió diciendo Gwen, mientras Terry subía su cabeza, pero luego bajaba su mirada.
–O todas las veces en que has ayudado a nuestra vecina abuela Amy a regar sus plantas, ir a comprar alimentos o medicamentos.
–Eso es porque mamá me obliga –respondió Terry mientras bajaba más la mirada.
–No, ella no te obliga. Solo te avisa que necesita ayuda y tu partes de inmediato a ayudarla. No te subestimes, Terry –le dijo Gwen.
–Pero una vez me equivoqué, le traje un medicamento que no era para su tratamiento porque iba demasiado apurado ese día y ella casi se desmaya…
–Sí, pero así uno aprende. También tienes que entender que no siempre las cosas te van a salir bien, somos humanos y nos equivocamos. Ahí lo importante es buscar una solución y pedir disculpas, tal como lo hiciste al llevarla a papá para que fueran al hospital, mientras tú insistías con tus disculpas –dijo mientras ambos se reían levemente. Y aunque a veces es difícil, también uno tiene que perdonarse a sí mismo, reconociendo que somos personas que se pueden equivocar.
–Todo esto suena complicado, ¿acaso tú lo has podido lograr?
–En eso trabajo siempre. Puede sonar difícil, pero cuando uno va creciendo, madurando y aprendiendo, te vas dando cuenta de cosas. Yo también tengo debilidades, pero uno solo tiene que seguir adelante, intentando ser la mejor versión de ti mismo, tratando bien a las personas que te rodean y practicando los valores que nos han enseñado nuestros papás. Te tiene que salir naturalmente eso sí, con tu propia personalidad.
–Supongo que te entiendo…
–Y con respecto a tu profesión, ya verás cómo te abre el camino a algo para ti. Yo encontré el mío. Tanto te he hablado de la medicina y a ti no te interesa, pero algo debe haber que te llame la atención y que coincida contigo. Solo tienes que encontrarlo –le dijo Gwen a Terry.
–Hermano, ten claro que cada uno encuentra la manera de ayudar a las personas en su camino –añadió la hermana, mientras ambos se compartieron sonrisas leves.
Ya se estaba haciendo tarde, por lo que se despiden.
–Buenas noches, hermano. Te amo –le dice mientras se para del sillón. Terry se dirige a su cama.
–Buenas noches –le responde.
Gwen, con una sonrisa media fingida, sale de la habitación. Estaba esperando que le dijera te amo devuelta, pero está bien, su hermano estaba creciendo y tratando de ver quién era. Ella solo pensaba en el cariño que quería darle en su cumpleaños.
Capítulo2
Al día siguiente, Terry despierta al amanecer y toda la familia se levanta para decirle feliz cumpleaños. Le dan un rico desayuno: huevo revuelto con queso y tomate, y una porción de pan hallulla. Su favorito. Terry lo recibe con felicidad, y se prepara para ir al colegio.
Justo este día tenía una prueba de una asignatura en la que debía subir sus notas. No había estudiado, pero luego de su conversación con su hermana el día anterior, durante la noche estudió lo más que pudo. La jornada escolar terminó con la prueba, en la que estuvo algo nervioso, pero salió contento sabiendo que, dio lo mejor de sí mismo en sus estudios.
A la salida del colegio, caminando hacia la puerta, Terry escuchó a varios de sus compañeros hablando acerca de computadores potentes, uno de los cuales era el que había pedido para su cumpleaños. Nunca se había atrevido a hablar mucho con ellos, pero esta vez intentó interactuar, pensando que si les decía que recibiría aquel aparato, podría convertirse en su amigo.
–Saben, yo recibiré ese computador hoy, ¡es mi cumpleaños!
–¡Increíble! –responde uno de los compañeros–. Ese computador es uno de los más potentes que hay.
–¡Podrían venir a mi casa a jugar en él! –le contestó al grupo.
–¡Sería genial!
Se despiden, y Terry se dirige al auto donde están su hermana y papás esperándolo para irse a casa.
Al llegar, el joven se encuentra con la sorpresa de que está toda la casa decorada con sus colores y temáticas favoritas, y les da un abrazo de felicidad a su familia por recibirlo de esta manera. Luego, esperando mientras llegaba su abuela Amy, se va a jugar su videojuego favorito. Se trata de actuar como un héroe con una espada, viviendo en una isla flotante. El objetivo es ir en una aventura para salvar a la mejor amiga del personaje principal, que había desaparecido. Terry todavía no sabía porqué le gustaba tanto ese juego, pero lo que tenía claro era que cada vez que lo jugaba, disfrutaba mucho.
Él seguía emocionado, quería recibir el computador. Tenía un computador para jugar y ver películas, pero no se conformaba con ese. Justo a tiempo de la hora de almuerzo la abuela Amy llegó al hogar y empezaron a festejar. Se sientan en la mesa para comer una de las comidas favorita del cumpleañero: empanadas.
Los padres de Terry las habían preparado con la receta de la abuela, que había sido heredada. El cumpleañero no sabía cómo lo hacían, pero las empanadas que preparaban eran una de las cosas más ricas del mundo, no se comparaba con ninguna otra cosa.
Gwen y la abuela Amy comieron empanadas de queso, el padre empanadas napolitana, la madre vegetariana con verduras y Terry comió de pino.
Compartieron y rieron, cada uno saboreando la empanada de su elección, mientras conversaban de distintos temas.
Luego de disfrutar de esas excelentes empanadas, proceden a servir la torta y cantarle feliz cumpleaños. Era una torta de mil hojas manjar, favorita de Terry. Al término del canto, cuando el cumpleañero se vio incómodo, pide sus deseos. El primero se trataba del computador. El segundo y tercero, luego de pensarlo bastante, fue acercarse más a su familia y que pudiera crecer en una mejor persona, pensando en lo que su familia le había hablado el día anterior. Todos sacaron un pedazo, y disfrutaron de la maravillosa torta.
Los padres retiran los platos, y luego de demorarse dentro de la cocina, salen con el regalo de Terry.
El joven, emocionado, observa a sus padres que se acercan, pero está decepcionado porque el regalo que tienen en la mano no es del porte del computador que quería.
–¿Qué es esto? –pregunta molesto.
–Hijo, tú sabes que estamos ahorrando para poder darle a Gwen y a ti un buen futuro –empieza respondiendo la madre–, no podremos darte el computador este cumpleaños. En vez de eso, hemos decidido darte algo mucho más especial.
–Pero yo les dije que quería eso, ¿no ven que he apoyado a la abuela con sus cosas, estudié para la prueba de hoy y ayer cené con ustedes? ¡Me merezco ese computador! –responde Terry decepcionado y enojado, pensando en que sus compañeros lo tratarían de mentiroso.
–¿Entonces todas esas cosas las hiciste solo para recibir algo a cambio? –pregunta el padre decepcionado.
Terry miró a su padre con duda y rabia, admitiendo dentro de sus pensamientos que en realidad se enfocó en lo que recibiría a cambio.
–Hijo, cuando haces algo, te debe salir del corazón, no debe ser necesariamente porque buscas algo a cambio –sigue la madre tranquilamente–. De todas maneras, apreciamos que hayas hecho esas cosas, todavía estás creciendo y aprendiendo.
–Terry –empieza esta vez la abuela–, toma este regalo como una muestra de amor que te tenemos. Eres joven, y seguirás aprendiendo y madurando. No sé qué era lo que querías, pero yo creo que este regalo será mucho mejor.
Por favor, acepta nuestro regalo –dice Gwen con una voz amigable, tratando de animar a Terry como los demás–. Lo hicimos con mucho cariño. Te amamos Terry, y no te preocupes sobre lo demás ahora. Solo disfruta de este momento, nosotros estamos aquí para ti.
El hermano siguió con la cabeza agachada, tratando de considerar lo que le decía su hermana y familia, pero al final no lo hizo.
En un evento impulsivo, Terry, enojado, agarra el regalo de las manos de su madre.
–Ya, dame tu porquería de regalo –dice mientras se lo quita y se va corriendo para salir de la casa.
El padre, no soportando el gesto de su hijo, trata de alcanzarlo, pero la madre lo detiene.
–Déjalo, mi amor –le dice a su marido mientras lo detiene con una mano en su pecho–. Deja que refresque su mente y piense bien, luego volverá.
Ante esto, los familiares se vieron sorprendidos y preocupados, pero la que estaba más afectada era Gwen; se veía lo mucho que estaba preocupada por su hermano menor.
El joven, luego de correr lo más lejos posible, se detiene y se esconde en un rincón de la calle bajo un árbol grande. Con el enojo, ve lo que está escrito en el envoltorio del regalo: «Feliz cumpleaños, Terry. Te amamos y admiramos, sabemos que eres una gran persona». Al leerlo, lo ignoró y tiró el regalo a un lado, mientras trataba de controlar su ira. Pero fue ahí cuando empezó a pensar, y se arrepintió de lo que había hecho. Recordó los dos deseos que había pedido.
–Soy un malagradecido –dijo Terry en voz alta, arrepentido y triste, mientras pensaba que él podría actuar mucho mejor en un momento así.
Después de su reflexión, tomó el regalo y empezó a correr devuelta a casa. Iba cerca, cuando escucha una explosión gigante en su hogar. Terry quedó impactado de lo que veía, y luego abrió sus ojos. Mientras corría, veía la casa transformándose en escombros prendidos en llamas.
–¡No, no, no! –decía una y otra vez mientras volteaba su cabeza de lado a lado.
Llegando a su casa y soportando el calor proveniente de la explosión, se dirigió rápidamente a los escombros, y desesperadamente, al no ver a ninguno de sus familiares, empezó a gritar.
–¡Abuela!
–¡Mamá!
–¡Papá!
–¡Gweeeeen!
Llamó a los bomberos desesperadamente, diciéndoles la dirección y que se apuren lo más que puedan, mientras le costaba respirar por el fuego.
Entremedio de los escombros vio a su abuela. Trató de revisar su pulso y al mismo tiempo trataba de respirar encima de todo el humo. A su izquierda, estaban sus padres acostados en el piso con todo el cuerpo quemado.
–¡Esto no puede estar pasando! –grita Terry, mientras le venía un llanto que no podía controlar.
Fue ahí cuando vio a su hermana, todavía con vida, debajo de unos pedazos grandes de madera.
–¡Gwen! –gritó el hermano mientras se acercaba a ella.
–Gwen, ya llamé a los bomberos –le empezó a decir mientras trataba de controlar su llanto y le tomaba la mano–. ¡Ahora déjame sacarte de aquí!
–Terry, no queda mucho tiempo. Solo te quería ver –le responde la hermana mientras se le dificulta la respiración.
–Gwen, no, no, no. Lo siento tanto, ¡lo siento mucho!
–¡Qué he hecho, soy un desastre! –le dice mientras se le genera un gran llanto, nuevamente.
–No Terry, no lo eres. Eres humano, como cualquiera de nosotros. Te amo hermano, mucho. Vas a llegar a ser un gran hombre, yo lo sé.
–¡Gwen, no! ¡No me dejes, te necesito!
–Vas a lograr grandes cosas, solo tienes que encontrar tu camino.
–Gwen, te amo, los amo, ¡lo siento! –dijo el hermano mientras Gwen cerraba sus ojos.
–¡Nooooooo!
Terry lloraba y lloraba. No podía creer lo que vivía, acababa de perder a toda su familia.
Llegaron los bomberos rápidamente. Vieron a Terry y lo llevaron afuera de la casa, puesto que no quería dejar a su hermana. El joven empezó a tener dificultades para respirar debido al fuego y llanto que manifestaba, por lo que Steve, un bombero, lo intentó calmar y le dio una máscara de respiración. Gracias a él, Terry pudo recuperar el aliento de a poco.
Capítulo3
Terry fue trasladado a la estación de policía, para dar su testimonio sobre lo que vio y para buscarle un nuevo hogar. Él estaba más calmado, pero se veía en un estado de shock. Tenía una enorme ansiedad por los últimos momentos que había vivido con sus familiares, y miedo a su futuro.
Después de un rato, llega un oficial. Se sienta al lado de Terry de una manera muy amigable:
–Hola, soy el oficial York, vengo a hablar contigo. ¿Está bien? –le pregunta el policía con mucha tranquilidad.
El joven, simplemente asiente con la cabeza, sin ninguna expresión en su cara.
–Cuéntame, ¿qué viste? –preguntó el policía luego de una pausa.
Terry no quería recordar ese momento, pero sabía que lo que pasó había sido un ataque, no un accidente. Él vio una explosión muy grande en su casa, y nada dentro de ella pudo haber causado algo así. No sabía si estaba listo para hablar de eso, pero lo quiso hacer de todas maneras para darle a su familia la justicia que merecían.
–Lo único que vi fue una explosión que empezó a derribar mi casa y a dejarla en llamas –respondía Terry tratando de estar calmado y mirando al suelo–. Pasó realmente de la nada, no había ningún rastro de dónde pudo haber provenido, pero lo que sí sé, es que no fue un accidente, fue un ataque.
York lo miró, tomando en cuenta lo que le decía el joven y todas las posibilidades causas del suceso.
–¿No crees que pudo haber sido un accidente? ¿Quizás un accidente con el gas, combustible de auto o algo más?
–No, nosotros solo estábamos celebrando, mis padres habían usado el horno y no tenemos combustible en casa. Esto fue un ataque, no creo que una explosión tan grande haya sido causada por algo de la casa –le respondió muy convencido, mientras acercaba la mirada a York.
–Ya veo. Gracias por compartir esto. Quiero que sepas que estamos tomando en consideración todas las posibilidades, y que la policía de investigaciones está haciendo todo lo posible para ver qué fue lo que causó esto, así que tú tranquilo.
Hubo una pausa, y Terry volteó su mirada al suelo.
–Lamento decirte que nada se pudo salvar del fuego.
Terry siguió mirando para abajo, pensando en todo lo material que había perdido, pero que no le importaba en lo absoluto.
–Hay más, eso sí –continua el policía–. Según nuestros reportes, el dinero dentro de las cuentas bancarias de tus padres, Peter Wings y Emily Wings, y el correspondiente a tu abuela paterna Amy Wings, se perdió. No queda rastro de ningún billete.
Terry escuchaba pero no le importaba. Dinero o no, casa o no, su familia se había ido, y no creía que podría vivir sin ellos.
–Sin embargo, sí encontramos una cuenta de depósito de parte de tus padres que está totalmente segura –dijo York luego de ver que Terry no le respondía.
–¿Es una cuenta de ahorro? –pregunta el joven mientras levanta su cabeza sorprendido.
–Sí. está a nombre de tu hermana y tuyo, así que me imagino que tienen que ser ahorros para ustedes dos. ¿Tus padres te han mencionado de la existencia de esta cuenta?
–Sí… –responde Terry, con una cara de preocupación luego de sentir que no se merecía recibir eso de parte de sus padres.
El oficial estaba preparado para hablarle a Terry sobre su nuevo hogar, pero vio que él abría los ojos. Se estaba dedicando a recordar mejor sobre la noche aunque le doliera, y esas imágenes que se veían borrosas, ahora se veían más claras, y se empezó a dar cuenta de cosas que no había visto antes.
–¿Qué pasa? ¿Te acordaste de algo? ¿Quizás algún rostro, vehículo o voz que hayas percibido?
–No, eso no –respondió aguantándose un poco la rabia al darse cuenta de lo que había pasado en la noche–. Me acuerdo que la explosión provino de varias partes del alrededor de la casa, por lo que puede ser producto de bombas. Luego vi a mi familia siendo destrozada por su propio hogar, y a mi hermana teniendo dificultades para sobrevivir –continúo diciendo con una lágrima en su cara y con las manos cerradas en forma de puño.
El policía se aguanta unas lágrimas tras escuchar al joven, que es algo que ha tenido que practicar para mantenerse firme en su trabajo. Terry ve esto en su expresión, y se preocupa.
–Lo siento, oficial. Solo estaba tratando de ordenar los hechos en mi cabeza, no quise preocuparlo –dijo con una voz baja.
–No, está bien joven, yo solo estoy haciendo mi trabajo –respondió tratando de mantener aún más la calma–. Muchas gracias por la información. Haremos todo lo posible para seguir el caso y encontrar a los que le hicieron esto a tu familia.
–Sí, lo sé –responde mirando al oficial.
–Bueno, es tiempo de que conversemos sobre tu nuevo hogar. ¿Tienes más familia aparte de los que estuvieron en tu casa hoy?
–No, esa era toda la familia que tenía –respondió mientras agachaba nuevamente la cabeza.
–¿Y tus padrinos?
–Eran mis abuelos maternos, fallecieron hace mucho tiempo.
–Tendremos que encontrarte un nuevo hogar entonces –le dijo York luego de un pequeño silencio–. Sigues siendo menor de edad, así que tendremos que encontrar a alguien que te cuide.
Terry no había considerado eso. Había perdido su casa y todos sus familiares, pero no pensó que iría a vivir con alguien extraño.
–De verdad lamento mucho tu pérdida. Sé lo difícil que debe ser perder a tu familia –le dice el policía mientras le pone una mano en el hombro.
Hubo un momento de silencio, y York se empezó a parar del asiento. Mientras abandonaba la sala, el joven pensó en una de las últimas cosas que le habían mencionado sus padres, siendo la gratitud.
–¡Oficial! –grita Terry mientras York gira la cabeza a verlo. Muchas gracias, de verdad lo aprecio –le dice con una pequeña sonrisa, la primera luego de lo ocurrido.
El policía lo recibe con una sonrisa devuelta.
Terry luego se volteó a pensar nuevamente, y seguía sin poder creer lo que vivía. Mira lo único que le queda de su familia, su regalo. Lee nuevamente las palabras escritas: «Feliz cumpleaños, Terry. Te amamos y admiramos, sabemos que eres una gran persona».
Se quedó ahí pensando si era momento para abrirlo, pero al final decidió que lo iba a abrir cuando sienta que lo que dice ahí sobre ser una gran persona, se haya cumplido, lo que ahora no sentía que era cierto.
Más tarde, entraron unos padres con su hijo. Ellos venían a denunciar un robo de bicicleta que le hicieron al niño. El niño estaba llorando y gritando porque recién ese año se la habían comprado para su cumpleaños y ya no la tendría más. Los padres, preocupados, describían las facciones de los asaltantes según lo que les dijo el niño, mientras el hijo notaba a la distancia a un joven igual de triste que él.
–¿Y a ti qué te pasó? –le preguntó el niño, curiosamente.
–No creo que pueda decirte –respondió Terry sin saber que decir–. Es muy impactante.
–Yo me llamo Harry –dijo el niño, tratando de conectar más con el joven al verlo entristecido igual que él.
–Yo me llamo Terry, Terry Wings –contestó impactado por la voluntad del niño de hablarle de la nada.
Los padres, preocupados por la conversación, se acercaron a su hijo. Él les cuenta con mucho ánimo que acaba de encontrar un nuevo amigo.
Harry nunca fue muy bueno relacionándose con sus compañeros de curso, al igual que Terry, así que se veía muy emocionado por tener el coraje de hablar con alguien, aunque no sea de su edad.
–¿Qué haces aquí, joven? –pregunta el padre de Harry.
–Es complicado…–responde desanimado, tratando de no ser maleducado.
–¿Tienes familia o alguien que venga por ti? Nosotros podemos llevarte a tu hogar si quieres –le dijo la madre.
Terry, aguantándose las lágrimas de los recuerdos que le formaban las palabras «familia», «hogar» y lo que había perdido, soltó un grito.
–¡Ya no tengo hogar! ¡Toda mi familia está muerta! –estalló en lágrimas después de decir eso.
La familia que lo acompañaba se preocupó.
–Perdón, perdón, ustedes son muy amables. Solo que no es mi mejor momento. No fue mi intención gritarles –les dijo Terry mientras se limpiaba las lágrimas y se calmaba.
Los padres de Harry lo siguen mirando preocupados e impactados por lo que escucharon. Mientras ocurría eso, llegó el policía York y saludó a la familia. Es ahí cuando la familia procede a preguntar que le pasó a este muchacho.
–Toda su familia falleció en un incendio –le responde York con un tono bajo–. Ahora estamos buscando una familia que lo acoja.
–¡Qué venga a nuestra casa! ¡Él sería mi hermano mayor! –dice con muchas ansias el niño.
Los padres lo miran con shock al igual que el joven, sin saber cómo reaccionar a la propuesta.
–Pero hijo, nuestra casa solo alcanza para nosotros tres, y no tenemos mucho dinero como para cuidar a otro hijo.
–Mamá, por favor –responde Harry suplicando–, siempre he soñado con tener un hermano. ¡Ahora tienes la oportunidad de tener otro hijo más sin perderlo!
–Harry, tú sabes lo que le duele a tu madre acordarse de eso...
–Lo siento –responde Harry–. Pero tú sabes lo mucho que yo he querido un hermano y ustedes otro hijo. ¡Por favor!
–De verdad no se preocupen. Ustedes se ven como una familia muy linda, y no quiero ser un problema si es que están cortos de dinero. Encontraré otro hogar –se adelantó a decir Terry.
El padre, luego de escuchar esto, reflexiona. Agarra a su esposa del brazo y pide un minuto para hablar con ella.
–Amor, estoy empezando a reconsiderar esto. ¡Puede ser nuestra únicaoportunidaddetenerotrohijo!–leempezóadeciremocionado.
–¿Qué? –responde la esposa impresionada por el entusiasmo de su marido–. No lo sé, Ben…
–Patricia, sé que fue muy difícil la pérdida de Gwen, pero este muchacho necesita la ayuda de alguien, ¡necesita un hogar y una familia! –continúo diciendo Ben, mientras Patricia mostraba una actitud escéptica–. Mira, sé que no tenemos todos los recursos del mundo, pero esta puede ser una manera de darle más vida a nuestra familia, darle un hermano a Harry y tener el segundo hijo que siempre quisimos.
–Sí, me encantaría, pero tengo miedo –le responde angustiada.
–¿Miedo de qué? –le pregunta Ben curioso.
–Este joven ha sufrido mucho. ¿Qué pasa si le pasa algo malo? ¿O qué pasa si él se hace daño? No sé si tengamos el tiempo o los recursos suficientes para darle atención médica de salud mental. No quiero perder a otro hijo, no de nuevo.
–Patricia, él estará bien, nos tendrá a nosotros y a Harry, siempre. Ante cualquier dificultad, ahí estaremos nosotros para apoyarlo en lo que necesite.
Patricia mira a un lado, mientras Ben intenta seguirle la mirada.
–Vamos, ¿qué dices?
Patricia, pensándolo, repentinamente alza su cabeza, dejando su gesto de angustia.
–¡Sí! –respondió con una gran sonrisa en su rostro.
Ambos ríen y se dan un abrazo.
–¿Te gustaría vivir con nosotros, Ben, Patricia y Harry Sanderson? –pregunta Ben con una gran sonrisa.
–Bueno, sí –responde el adolescente alejando la vista, mientras los Sanderson con una sonrisa se dan un abrazo entre los tres.
–Voy a jugar con él todo el día, me va a acompañar en el colegio ¡y vamos a ser los mejores amigos! –dice Harry con emoción, y luego abrazándose nuevamente entre los tres e invitando a Terry al abrazo, quien se une solo por el momento, ya que no se ve motivado para andar dando abrazos.
York interrumpe el abrazo y comunica que para que Terry pueda ir a su hogar, primero deben firmar papeles y hacer trámites.
–¡Ahora eres mi hermano mayor! –dice el niño manteniendo su emoción.
–Así parece… –responde con un tono de indiferencia.
Harry se detiene a mirarlo luego de su respuesta y se siente decepcionado. Él esperaba que Terry se sintiera igual de emocionado. Ben llama a Terry, ya que necesita su cédula de identidad y todos sus datos, mientras Harry corre hacia su madre para preguntarle sobre el nuevo miembro de la familia.
–Mamá, ¿por qué Terry no está contento y emocionado por ir a casa con nosotros? ¿No le agradamos?
–No hijo, no es eso –responde Patricia mientras le hace cariño en el pelo–. Lo que pasa es que Terry acaba de perder a toda su familia y nadie puede reemplazarlos. Nosotros actuaremos como una familia para él, pero ten en cuenta que le va a costar acostumbrarse a su nuevo hogar, no está listo todavía para dejarlos ir, y ver que toda su vida va cambiando sin la presencia de ellos, debe ser muy difícil. Le va a tomar tiempo confiar en nosotros.
Harry mira a su madre con cara de preocupación y luego a su nuevo hermano, que está sentado junto a su padre llenando papeles.
–Wow Terry, ¿hoy es tu cumpleaños?
–Así es. Un cumpleaños complicado, ¿huh? –dice levantando la cabeza levemente.
–Feliz cumpleaños, Terry –responde Ben mientras suelta el lápiz y lo mira–. Quiero que sepas que nosotros trataremos de darte el mejor hogar posible.
–Así es Terry –continua Patricia mientras se acerca con Harry–. cuenta con nuestro apoyo con cualquier cosa que necesites. Nosotros estamos para ti. Feliz Cumpleaños, mi amor.
–¡Sí! ¡Feliz Cumpleaños! –exclama Harry, mientras los tres van a darle un abrazo al cumpleañero.
–Gracias –responde mientras se aproximan al abrazo, tratando de fingir una pequeña sonrisa, la que lleva a una lágrima que nadie alcanza a notar mientras se abrazan.
Ahora la familia Sanderson entendía lo que Terry llevaba en su mano: el regalo de cumpleaños que le había dado su familia.
–¿Entonces ese debe ser tu regalo o no? –pregunta Harry curiosamente.
–Sí, sí lo es –responde Terry incómodo.
–¿Y por qué no lo abres?
–No lo quiero abrir todavía. No estoy listo.
Pasó un rato y el trámite ya estaba hecho, y el policía York estaba listo para dejar ir a Terry a su nuevo hogar.
–Cuídate mucho, muchacho –le dice York–. Esta familia se ve muy acogedora y amable. Vas a estar bien.
–Gracias, pero ellos nunca reemplazarán a mi familia –responde con algo de tristeza.
–Es cierto, ellos nunca reemplazaran a tu familia. Pero pueden ser algo especial para ti también. No lo veas como un reemplazo, velos por quienes son, y aprecia su amor y todo lo que te entreguen.
–Sí, supongo… –responde con la mirada hacia abajo.
–Cualquier cosa me llamas, ya tienes mi contacto. ¿Sí? –le dice tratando de seguirle la mirada luego de un silencio.
–Sí oficial York. Muchas gracias por toda su ayuda.
–Por favor, solo llámame York. ¡Y no hay problema joven! –res- ponde con una sonrisa–. ¡Qué estés muy bien!
