El libro de Jeremías - Dr. Brian J. Bailey - E-Book

El libro de Jeremías E-Book

Dr. Brian J. Bailey

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El libro de Jeremías es una revelación del corazón y sentir del Dios tierno y amoroso, que extendió Su mano a Su pueblo descarriado. Este estudio del Dr. Brian J. Bailey muestra al Señor como el Alfarero Quien nos está moldeando como al barro sobre Su rueda.  El mensaje de Jeremías nos da ánimo ya que el Señor desea dar una esperanza a aquellos que se han desanimado por errores cometidos en el pasado, al volver a formarlos como una nueva vasija escogida, hecha hermosa para la casa del Maestro.

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El libro de Jeremías

en la casa del Alfarero

Título original: “The Book of Jeremiah, In the Potter’s House”

© 2000 Brian J. Bailey

Versión 1.1 en inglés, revisada en septiembre 2017.

Título en español: “El libro de Jeremías, en la casa del Alfarero” 

© 2006 Brian J. Bailey

Versión 1.1 en español revisada en julio 2017

Publicado por Zion Christian Publishers.

Libro de texto de Zion Christian University.

Usado con permiso. Todos los derechos reservados.

Diseño de portada:

© 2006 Zion Fellowship, Inc.

Todos los derechos reservados.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico o mecánico, sin permiso por escrito del editor, excepto en el caso de citas breves en artículos o reseñas.

A menos que se indique lo contrario, las citas son tomadas de la Santa Biblia, versión Reina-Valera © 1960, propiedad de las Sociedades Bíblicas Unidas.

Traducción: Gabriela Belcore y Raimundo J. Ericson

Edición: Raimundo J. Ericson

Publicado en formato e-book en enero 2021

en los Estados Unidos de América.

ISBN versión electrónica (E-book)  1-59665-484-8

Para obtener más información comuníquese a:

Zion Christian Publishers

Un ministerio de Zion Fellowship, Inc

P.O. Box 70

Waverly, NY 14892

Tel: (607) 565-2801

Llamada sin costo: 1-877-768-7466

Fax: (607) 565-3329

www.zcpublishers.com

www.zionfellowship.org

Agradecimientos

Al equipo editorial de ZCP: Stephen Brogan, Elizabeth Humphreys, Sarah Humphreys,  David Kropf, Justin and Sarah Kropf, Hannah Schrock, Caroline Tham, y Suzanne Ying.

Al equipo editorial de la versión en español: IBJ Guatemala y Zion Christian Publishers, Waverly, NY en los Estados Unidos de América.

Queremos extender nuestro agradecimiento a estos amados, pues sin sus muchas horas de invaluable ayuda, este libro no habría sido posible. Estamos verdaderamente agradecidos para la gloria de Dios por su diligencia, creatividad y excelencia en la compilación de este libro.

Prefacio

El profeta Jeremías, más que ningún otro hombre, tenía un corazón tierno como el de una mujer. Su corazón era como una porcelana fina, frágil y exquisitamente diseñada. Los muchos sufrimientos de Jeremías hicieron de él un hombre profundamente compasivo; sin embargo, su valentía hacía que no retrocediera en ningún momento. Dios lo hizo como a una columna de hierro para resistir a sus muchos adversarios (Jer. 1:10).

En el profeta Jeremías vemos la mansedumbre y la humildad del Jesús compasivo, además del coraje del Mesías que volcó las mesas de los cambistas y reprendió a los líderes religiosos de su tiempo. Dios dijo a Jeremías: “Te he puesto entre mi pueblo como vigía y atalaya, para que escudriñes y examines su conducta” (Jer. 6:27, NVI). Jeremías era también el profeta llorón cuyos labios consagrados declararon los tiernos ruegos de Jehová a un pueblo pecador y rebelde.

El libro de Jeremías es un estudio y una revelación del corazón y los sentimientos del Dios tierno, amoroso, que va en busca de un pueblo descarriado que se encamina obstinado hacia su propia destrucción. Jeremías fue rechazado por su propia generación, pero incontables generaciones posteriores lo han honrado. El libro de Jeremías pone al descubierto también la extraordinaria batalla por las almas de la humanidad que se lleva a cabo en nuestro tiempo. Antes de la Segunda Venida de Cristo, esa batalla se intensificará aún más. Mi oración es que este libro sea una bendición para usted.

Brian J. Bailey, Ph. D., D.D.

Introducción

Jeremías fue uno de los cuatro profetas mayores de Israel. Los otros tres fueron Isaías, quien lo precedió por alrededor de cien años, Daniel y Ezequiel, los contemporáneos de Jeremías que profetizaron durante el cautiverio en Babilonia. Jeremías era más antiguo que ellos en el sentido que comenzó su ministerio en el año trece de Josías, rey de Judá, mientras que los ministerios de ellos comenzaron en el primer y segundo cautiverios respectivamente, durante los reinados de Joacim y Joaquín.

El libro de Jeremías no sigue un orden cronológico como el de Ezequiel, y tampoco está organizado temáticamente. Para aquellos estudiantes que necesiten esa información para sus estudios, hemos agregado un apéndice con una tabla cronológica que ofrece un panorama más amplio y completo de la vida y los tiempos de Jeremías. En este comentario hemos decidido seguir el formato compilado por los escribas de la antigüedad.

Además de las referencias históricas que ayudan a entender el contexto de las profecías, el libro de Jeremías tiene numerosos informes literarios sobre temas que han tenido un impacto duradero sobre el pueblo de Israel y también sobre la Iglesia de Jesucristo. Para aquellos que quieran referirse a estas veneradas historias y alegorías, dichos temas están señalados en el siguiente bosquejo de El libro de Jeremías.

BOSQUEJO

I.  El llamamiento de Jeremías (1:1-19).

    A.  Introducción (1:1-6).

    B.  Definición del llamado (1:7-10).

    C.  Las dos señales (1:11-16).

          1. La vara de almendro (1:11-12).

          2. La olla hirviente (1:13-16).

    D.  Jeremías es fortalecido contra sus opositores (1:17-19).

II.  Profecías relacionadas con Judá (2:1–45:5).

    A.  Los doce mensajes proféticos condenatorios (2:1–25:38).

          1. El  pecado consciente de Judá (2:1–3:5).

          2. Judá será juzgada (3:6–6:30).

          3. La adoración hipócrita de Judá (7:1–10:25).

          4.  Judá quebranta el pacto (11:1–12:17).

          5.  La promesa de la restauración de Israel (13:1-27).

          6.  La intercesión a favor de Judá (14:1–15:21).

          7.  La promesa de restauración para Judá (16:1–17:27).

          8.  La casa del alfarero (18:1–20:18).

          9.  Contra los reyes de Judá (21:1–23:8).

        10.  Contra los falsos profetas (23:9-40).

        11.  Las cestas de higos (24:1-10).

        12.  El cautiverio de setenta años (25:1-38).

     B.  Las batallas de Jeremías (26:1–29:32).

          1.  Amenaza contra la vida de Jeremías (26:1-24).

          2  Las naciones que serán entregadas al cautiverio babilónico (27:1-22).

          3.  El conflicto con el falso profeta Hananías (28:1-17).

          4.  Cartas a los exiliados (29:1-23).

          5.  Las cartas de otro falso profeta (29:24-32).

     C.  La futura restauración de Israel (30:1–33:26).

           1.  El regreso a su tierra (30:1-24).

           2.  La restauración de la nación (31:1-40).

           3.  La reconstrucción de Jerusalén (32:1-44).

           4.  La reafirmación del pacto de Dios con Israel (33:1-26).

     D.  La caída de Jerusalén (34:1–45:5).

           1.  Profecías anteriores a la caída de Jerusalén (34:1–36:32).

                a.  Juicio pronunciado sobre el rey Sedequías (34:1-7).

                b.  La renovación del pacto de libertad para esclavos hebreos (34:8-22).

                c.  Los recabitas fieles (35:1-19).

                d.  El mensaje del rollo (36:1-32).

           2.  Eventos anteriores a la caída de Jerusalén (37:1–38:28).

                a.  La primera reunión con el rey Sedequías (37:1-10).

                b.  Jeremías es encarcelado (37:11-16).

                c.  La segunda reunión con el rey Sedequías (37:17-21).

                d.  Liberación de la segunda experiencia de encarcelamiento (38:1-13).

                e.  La tercera reunión con el rey Sedequías (38:14-28).

            3.  Eventos simultáneos a la caída de Jerusalén (39:1-18).

                a.  El rey Sedequías es capturado (39:1-10).

                b.  Jeremías es liberado y atendido (39:11-14).

                c.  La recompensa de Ebed-melec (39:15-18).

            4.  El ministerio de Jeremías después de la caída de Jerusalén (40:1–44:30).

                    a.  El ministerio de Jeremías al remanente en Judá (40:1–42:22).

                    b.  El ministerio de Jeremías al remanente en Egipto (43:1–44:30).

               5.  El mensaje personal de Dios para el escriba Baruc (45:1-5).

III. Profecías contra naciones extranjeras (46:1–51:64).

     A.  Egipto (46:2-28).

     B.  Filistea (47:1-7).

     C.  Moab (48:1-47).

     D.  Amón (49:1-6).

     E.  Edom (49:7-22).

     F.  Damasco (49:23-27).

     G.  Cedar y Hazor (49:28-33).

     H.  Elam (49:34-39).

      I.  Babilonia (50:1–51:64).

IV.  Notas históricas (52:1-34).

     A.  La captura de Jerusalén (52:1-11).

     B.  La destrucción de Jerusalén (52:12-23).

     C.  Los exiliados van a Babilonia (52:24-30).

     D.  Joaquín es favorecido (52:31-34).

Primera parte

EL LLAMAMIENTO DE JEREMÍAS

1:1-19

A. Introducción (1:1-6)

B. Definición del llamado (1:7-10)

C. Las dos señales (1:11-16)

D. Jeremías es fortalecido contra sus opositores (1:17-19)

Introducción (1:1-6)

1:1-3“Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín. Palabra de Jehová que le vino en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado. Le vino también en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta la cautividad de Jerusalén en el mes quinto”.

En el comienzo de su ministerio, Jeremías profetizó al mismo tiempo que Sofonías. Se nos dice que Jeremías fue llamado en el año trece del reinado del rey Josías de Judá. En el año dieciocho del reinado de Josías, el Señor dio el avivamiento más grande que Israel haya conocido en toda su historia (2 Cr. 35:18-19). Este avivamiento estuvo liderado por tres jóvenes: Jeremías (de aproximadamente 27 años de edad), Josías (de 26) y Sofonías, quien probablemente tenía algunos años menos.

El avivamiento de Josías tiene gran importancia para nuestro tiempo, porque precedió al sitio de Jerusalén y su consiguiente caída ante los babilonios. Las Sagradas Escrituras registran tres grandes sitios de Jerusalén, cada uno de los cuales estuvo precedido de un avivamiento muy importante:

1. El sitio asirio, en el año catorce del reinado de Ezequías, siguió al avivamiento que se produjo en el primer año del reinado de Ezequías.

2. Los tres sitios principales de los Babilonios (finalizados con la destrucción de Jerusalén en 586 a.C.) se produjeron casi cuarenta años después del avivamiento producido en el año dieciocho del reinado de Josías.

3. El sitio de Jerusalén bajo Tito en 70 d.C. (que culminó con el saqueo y destrucción del templo) sucedió después del avivamiento de la Iglesia de los primeros tiempos y los ministerios de Juan el Bautista y el Señor Jesucristo.

El sitio de Jerusalén en los últimos días (Zac. 12) culminará con la Segunda Venida del Señor. No obstante, podemos decir, con total autoridad bíblica, que el último sitio de Jerusalén estará precedido por un avivamiento de alcance mundial, de modo que se cumplan todos los tipos y antitipos. Digno es de señalar que todos estos avivamientos mencionados fueron guiados por hombres relativamente jóvenes: Ezequías y Josías tenían veintiséis años de edad, y Juan y Cristo tenían treinta. Por lo tanto, podemos esperar que Dios use a muchos hombres y mujeres jóvenes durante el avivamiento en estos últimos días.

El ministerio de Jeremías

El ministerio de Jeremías puede dividirse en tres partes principales:

1. 627-605 d.C.  Jeremías profetizó durante el tiempo en que Judá estaba amenazada por Asiria y Egipto.

2. 605-586 d.C.  Jeremías profetizó mientras Jerusalén era rodeada y asediada por los babilonios.

3. 586-576 d.C.  Jeremías ministró primero en Jerusalén y luego en Egipto. La tradición señala que murió apedreado en Egipto por los judíos que lo llevaron allí.

1:4-6“Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño”.

El llamado del Señor a Jeremías tiene un profundo significado teológico, especialmente para el tiempo en que vivimos. Mientras él estaba en el vientre de su madre el Señor lo conoció y lo ordenó como un profeta a las naciones. Tenemos aquí algo muy similar a las palabras del apóstol Pablo en Gálatas 1:15: “Sin embargo, Dios me había apartado desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia” (NVI).

Necesitamos entender que cada uno de nosotros era un alma viviente al ser concebido, tal como señala el rey David en Salmos 139:13: “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre”. Por esta razón, podemos afirmar con toda certeza que el aborto es el asesinato de un niño que aún no ha nacido.

Otro aspecto del llamado de Jeremías dentro del vientre es que ilustra la verdad expuesta en Romanos 8:29-30: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”.

En Su conocimiento anticipado con respecto a la manera en que cada uno va a responder a Su llamado, Dios elige a las personas para la obra y ministerio que Él quiere que lleven a cabo. En Hechos 9:15-16, Dios llamó a Pablo un instrumento elegido: “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre”.

Como hemos leído, el llamado del Señor llegó a Jeremías cuando estaba en el vientre de su madre. Según la tradición judía, Jeremías tenía alrededor de veintiún años cuando Dios lo llamó al ministerio. El Señor dijo a Jeremías que había sido ordenado para ser un profeta. Jeremías respondió: “¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño” (Jer. 1:6). La respuesta de Jeremías es similar a la respuesta de muchos siervos de Dios cuando reciben su llamamiento divino de parte del Altísimo. En el caso de la zarza ardiente, Moisés dio una respuesta parecida; y recordemos que en ese tiempo tenía ochenta años de edad (ver Ex. 4:10).

Recuerdo bien cómo me sentí abrumado cuando Dios me llamó a mí al ministerio. Sentí en ese momento que había muchas otras personas más capaces que yo. Mientras meditaba sobre esto en ocasión de un culto de adoración guiado por uno de los integrantes del cuerpo docente de la escuela bíblica a la que yo había asistido, ese ministro dijo proféticamente: “De los millones de personas que invocan mi nombre, ¿no elijo yo con cuidado a los que llamo a mi servicio?”

Era como si el Señor estuviese leyendo los pensamientos y los intentos de mi corazón en ese preciso instante, lo cual, en realidad, era lo que estaba haciendo. Entonces le pedí al Señor que me guiara para integrarme a Su plan y Sus propósitos para mi vida. Hoy, después de casi cincuenta años en el ministerio, todavía me llena de asombro y profunda gratitud el hecho de que el Señor se dignara elegir para el ministerio a una persona tan indigna como yo.

Definición del llamado (1:7-10)

1:7-9“Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca”.

Cuando el Señor llama a personas al ministerio, las provee de las herramientas necesarias. Dios dio a Jeremías la seguridad de que lo libraría de sus fuertes enemigos. Dado que el mensajero debía tener el mensaje, el Señor tocó la boca de Jeremías y puso en ella Sus palabras. Cuando predicamos la Palabra de Dios delante de las personas, ministramos como los oráculos de Dios (ver 1 P. 4:11).

Debemos buscar al Señor para recibir la promesa de Isaías 59:21: “Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre”.

Entonces el Señor dio a Su profeta Jeremías autoridad sobre las naciones. Las palabras que pronunciaría sobre las naciones serían una sentencia inapelable y tendrían cumplimiento, tanto para bien como para mal. El propósito de las profecías de Jeremías era quitar de Israel el mal y reemplazarlo con el fruto de la justicia (rectitud).

1:10 “Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar”.

Los métodos que debía aplicar Jeremías para eliminar este mal se describen en las cuatro acciones siguientes:

1. Arrancar todas las malezas que están en la tierra de nuestro corazón, como las falsas doctrinas y las obras de la carne (Gá. 5:19-21).

2. Destruir, en el sentido de derribar la pared de separación entre el hombre y Dios (Ef. 2:14). Se refiere también a la abolición de la enemistad en nuestra mente, que resulta de practicar malas obras, como señala Colosenses 1:21: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado”.

3. Arruinar, de manera tal que los enemigos de Dios nunca volvieran a levantarse. No sólo aquellos enemigos que son externos a nosotros, sino las ataduras espirituales que nos llevan cautivos en contra de nuestra voluntad.

4. Derribar, lo que, espiritualmente, puede referirse a deshacerse de toda maquinación malvada y pensamiento maligno, como dice Pablo en 2 Corintios 10:5: “Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.

Las dos acciones siguientes sirvieron para hacer que Israel volviera a ser fructífero:

1. Edificar, que habla de la construcción de un edificio material y puede referirse a la acción de edificar a la Iglesia (Ef. 2:20-21) y a edificarnos sobre la santísima fe. Judas 1:20 dice: “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo”. No sólo debemos derribar y quebrar todo yugo de pecado en nuestra vida, sino que debemos ser edificados en Cristo.

2. Plantar, que hace referencia a nuestros corazones como el jardín o el huerto del Señor, plantado por Él. Así como a Jeremías se le dijo que plantara, nosotros debemos plantar la Palabra de Dios en nuestros propios corazones y en los de otros, de manera que crezca en nosotros y produzca el fruto apacible de la justicia (Gá. 5:22-23; 1 Co. 3:8-9).

Las dos señales (1:11-16)

En los versículos 11 al 16, Jeremías recibe dos señales del Señor: Una vara de almendro (1:11-12) y una olla que hervía (1:13-16).

1. La vara de almendro (1:11-12)

1:11-12“La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra”.

El Señor dio en primer lugar a Jeremías una visión de una vara de almendro, que es el primer árbol que brota en el año. Con esto, Dios estaba señalando que lo que Él declararía por medio de Jeremías se cumpliría pronto. No sólo se cumplirían rápidamente las palabras de Jeremías, sino todas las palabras que habían declarado los profetas a lo largo de la historia de Israel. De manera especial, se cumplirían las maldiciones que declaró Moisés sobre Israel, para el caso de que ellos se apartaran de Dios (Dt. 28:49).

Dios dijo que Él se apresuraría a llevar a cabo estas cosas. Esta afirmación debe entenderse en el contexto de la totalidad del período de reposo de Israel en la Tierra Prometida. El Señor dijo estas palabras a Jeremías en el año trece del reinado de Josías. Aún le quedaban a este rey otros dieciocho años de gobierno. A Josías lo sucedieron cuatro reyes: Joacaz (3 meses), Joacim (11 años), Joaquín (3 meses) y Sedequías (11 años). A Joacaz también se lo llama Salum y a Joaquín se lo llama también Jeconías.

Aunque Dios dijo a Jeremías que se apresuraría a juzgar a Israel, el juicio no se hizo efectivo por otros cuarenta y un años, cuando Jerusalén finalmente fue destruida en 586 d.C. Dicho sea de paso, el profeta Jeremías habría tenido alrededor de sesenta años cuando se produjo la caída de Jerusalén.

2. La olla hirviente (1:13-16)

1:13-14 “Vino a mí la palabra de Jehová por segunda vez, diciendo: ¿Qué ves tú? Y dije: Veo una olla que hierve; y su faz está hacia el norte. Me dijo Jehová: Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de esta tierra”. Esta olla que hervía, lo cual es un símbolo de problemas, estaba orientada hacia el norte. El significado de la señal era que Israel experimentaría tiempos de turbulencia y conflictos muy serios, ya que casi todos los enemigos de Israel estaban al norte.

1:15-16“Porque he aquí que yo convoco a todas las familias de los reinos del norte, dice Jehová; y vendrán, y pondrá cada uno su campamento a la entrada de las puertas de Jerusalén, y junto a todos sus muros en derredor, y contra todas las ciudades de Judá. Y a causa de toda su maldad, proferiré mis juicios contra los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños, y la obra de sus manos adoraron”.

Luego el Señor declara, en esencia, que se cumplirá la profecía de Moisés que se encuentra en Deuteronomio 28:49. Moisés había señalado que este juicio vendría sobre los hijos de Israel si no servían al Señor con alegría. La Biblia señala a menudo la necesidad de servir al Señor con un corazón gozoso (Jl .1:12). Dios traería a todas las naciones del norte contra Jerusalén. La expresión “los reinos del norte” se refiere a Babilonia y todos sus satélites.

Jeremías es fortalecido contra sus opositores (1:17-19)

1:17“Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos”. Un profeta y ministro del Evangelio es la voz de Dios para Su pueblo. Por lo tanto, debemos ser siempre fieles en presentar la totalidad del consejo de Dios. De manera parecida a lo que expresó en Su encargo a Josué (Jos. 1:5-9), Dios dijo a Jeremías que no se asustara por la cara que pusieran aquellos a quienes debía entregar el mensaje del Señor. El temor a las personas es una trampa (Pr. 29:25, NVI). Si no somos fieles en la entrega del mensaje puro de Dios, sin adulterarlo y sin diluirlo, el Señor nos avergonzará delante de Su pueblo.

1:18-19“Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra. Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte”. Dios, en Su fidelidad, capacita a Sus siervos para la tarea que les encomienda. Él dijo que pondría a Jeremías como una columna de hierro que nadie podría vencer. Con toda certeza, Jeremías iba a experimentar la promesa de Isaías 54:17: “No prevalecerá ninguna arma que se forje contra ti; toda lengua que te acuse será refutada. Ésta es la herencia de los siervos del SEÑOR, la justicia que de mí procede—afirma el SEÑOR—” (NVI).

Segunda parte

PROFECÍAS RELACIONADAS CON JUDÁ

2:1–45:5

A. Los doce mensajes proféticos condenatorios (2:1–25:38)

B. Las batallas de Jeremías (26:1–29:32)

C. La futura restauración de Israel (30:1–33:26)

D. La caída de Jerusalén (34:1–45:5)

Los doce mensajes proféticos condenatorios (2:1–25:38)

En Jeremías 2:1 al 25:38 hay doce mensajes proféticos condenatorios:

1.   El  pecado consciente de Judá (2:1–3:5).

2.   Judá será juzgada (3:6–6:30).

3.   La adoración hipócrita de Judá (7:1–10:25).

4.   Judá quebranta el pacto (11:1–12:17).

5.   La promesa de la restauración de Israel (13:1-27).

6.   La intercesión a favor de Judá (14:1–15:21).

7.   La promesa de restauración para Judá (16:1–17:27).

8.   La casa del alfarero (18:1–20:18).

9.   Contra los reyes de Judá (21:1–23:8).

10. Contra los falsos profetas (23:9-40).

11. Las cestas de higos (24:1-10).

12. El cautiverio de setenta años (25:1-38).

El primer mensaje profético: El pecado consciente de Judá (2:1–3:5)

En Jeremías 2:1 al 3:5 encontramos los primeros doce mensajes proféticos contra Judá. El primer mensaje profético habla acerca del pecado consciente y voluntario de Judá.

El amor del desposorio de Israel (2:1-4)

2:1-4“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada. Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos, dice Jehová. Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel”.

El Señor monologa recordando la relación inicial de Israel con Él, cuando el pueblo caminaba a través del desierto a las órdenes de Moisés, rumbo a la Tierra Prometida. Eran un pueblo santo, y todo aquel que lo atacara tocaba a la niña de Sus ojos. Israel buscó la presencia del Señor, de la misma manera que una joven novia busca la compañía de su esposo. Tristemente, los israelitas fracasaron en cuidar su primer amor.

Es sumamente importante, mis amados, que siempre alimentemos y reavivemos con nuestra esposa o esposo el amor que tuvimos de novios. Muchos matrimonios se derrumban por falta de amor. Muchas parejas se enamoran y se casan, pero luego dejan de amarse porque no alimentaron su amor el uno por el otro. Invierta usted en su matrimonio y cosechará los incontables beneficios.

En Apocalipsis 2:4 vemos que los creyentes de la iglesia en Éfeso fueron severamente reprendidos por el Señor, porque lo habían dejado y habían desatendido su primer amor. Cuánto necesitamos clamar al Señor como hizo el rey David: “Vuélveme el gozo de tu salvación” (Sal. 51:12). De un corazón que ama, fluye gozo. Regocijémonos siempre en manera abundante en nuestro amado y bendito Señor, de manera que vivamos en una siempre creciente relación de amor con Él.

Israel abandonó al Señor (2:5-8)

2:5-7“Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos? Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre? Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad”.

Israel abandonó al Señor. Los hijos de Israel ya no lo buscaban como en los tiempos de su peregrinación por el desierto. Ya no rememoraban todos aquellos acontecimientos asombrosos cuando los ancianos se reunían en las puertas de las ciudades.

2:8“Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha”.

En el tiempo de Jeremías los ministros no conocían al Señor de una manera personal. No habían experimentado personalmente la salvación de Dios. Los sacerdotes no conocían al Señor; los pastores no andaban en rectitud; y los profetas estaban influenciados por espíritus engañadores. Tal es la suerte de la Iglesia que pierde su primer amor por el Señor.

Cuán cierto es esto con respecto a las denominaciones y comunidades a través de toda la historia de la Iglesia, que comenzaron por fuegos de avivamientos. Apenas unos pocos años después de la muerte de su fundador tomaron la senda del profesionalismo religioso, y sus ministros en muchos casos no conocían al Señor como resultado de una experiencia personal. Apenas dieciséis años después de la muerte de Juan Wesley, el movimiento metodista prohibía las reuniones al aire libre, que eran uno de los canales principales de todos los avivamientos wesleyanos. Por esa razón surgieron los “metodistas primitivos”, para llevar al movimiento a sus objetivos originales.

Vemos este mismo problema en la Iglesia del Nuevo Testamento. El Señor reprendió a la iglesia en Éfeso, que había experimentado un gran avivamiento, porque habían dejado su primer amor (Ap. 2:4). Debemos recordar siempre que, más de lo que desea usarnos en el ministerio, el Señor quiere que tengamos una relación íntima con Él. Nuestro primer llamamiento es a amarlo con todo nuestro corazón.

El Señor contiende con tres generaciones (2:9-13)

2:9-12 “Por tanto, contenderé aún con vosotros, dijo Jehová, y con los hijos de vuestros hijos pleitearé. Porque pasad a las costas de Quitim y mirad; y enviad a Cedar, y considerad cuidadosamente, y ved si se ha hecho cosa semejante a esta. ¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha. Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran manera, dijo Jehová”.

El Señor invitó a los israelitas a ir más allá del mar a la tierra pagana de Quitim (Chipre) y al desierto de Cedar. Cedar, el segundo hijo de Ismael, era nieto de Abraham (Gn. 25:13; 1 Cr. 1:29). Se cree que los descendientes nómadas de Cedar vivieron al este de Egipto y al sur de Israel (Gn. 25:18). Dios desafió a esta generación de israelitas a observar que los pueblos paganos no cambiaban sus dioses. Sin embargo, Israel no había permanecido fiel al único y verdadero Dios: Jehová.

La fuente de agua viva

2:13“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”.

El versículo 13 es uno de los versículos claves en el libro de Jeremías. Aquí el Señor habla de los dos males o pecados principales que habían cometido los israelitas. En primer lugar, habían dejado al Señor, la fuente de agua viva. En segundo lugar, se habían hecho cisternas o sustitutos para la Fuente de agua viva. Sin embargo, estas cisternas cavadas con manos humanas estaban rotas y no podían retener el agua. En otras palabras, el Señor les quiere decir que estas “cisternas rotas”, que eran sustitutos para Él, no podían satisfacerlos.

Aunque Israel tenía muchas fuentes de agua y manantiales naturales, muchos israelitas construían cisternas para tener agua en tiempos de sequía. Sin embargo, estas cisternas eran bastante frágiles y se podían romper fácilmente en esa región del mundo propensa a los terremotos. Es una lección para todos nosotros. Muchos rechazan a Cristo, “la Fuente de agua viva” que es el único que puede dar satisfacción, y buscan su satisfacción básicamente en cuatro aspiraciones:

1.  El amor humano: La búsqueda del amor humano está resumida en su más clara expresión en el caso de la mujer samaritana, quien había estado casada con cinco hombres y que en ese momento vivía con un hombre que no era su esposo (Jn. 4:16-18). Ella buscaba la satisfacción en el amor humano, pero nunca la encontró hasta que conoció a Jesús. Sólo el amor de Cristo puede hacernos sentir realizados.

2. El deporte: Proverbios 21:17 dice: “El que ama el placer [o el deporte] se quedará en la pobreza” (NVI). Los deportistas profesionales están entre los que más dinero ganan. ¿Por qué? Porque acaparan el tiempo y la atención de multitudes de personas y las apartan de la búsqueda de Dios.

Los eventos deportivos de los domingos mantienen a muchísimas personas fuera de la iglesia. No es mera coincidencia que se jueguen los domingos; todo es parte del plan de Satanás para apartar del Señor a la gente. Muchas de las máximas estrellas del deporte terminaron sus vidas en total soledad y miseria. ¿Por qué? Porque el deporte no puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón.

Cuando yo era joven, practicaba el fútbol semi profesional en Inglaterra. En una ocasión, mientras observaba un partido sentado entre miles de aficionados, el Señor me habló: “¿Qué estás haciendo aquí?” Me mostró muy claramente que debía abandonar el fútbol semi profesional si quería dar cumplimiento a Su llamado en mi vida.

3.  El dinero: Eclesiastés 5:10 dice: “El que ama el dinero, no se saciará de dinero”. Sabemos que el amor al dinero es la raíz de todos los males (1 Ti. 6:10). Muchas personas pasan toda su vida tratando de ser ricas. Cuando finalmente lo logran, se dan cuenta que no son felices, porque el dinero no puede darnos satisfacción.

4. El poder o la posición social: Muchos piensan que tener poder o alcanzar una cierta posición social los hará felices, pero estas cosas tampoco pueden satisfacernos. Analicemos la parábola de Jotam en Jueces 9. En esta parábola había cuatro árboles: el olivo, la higuera, la vid y la zarza. Tres de estos árboles daban fruto: el olivo, la higuera y la vid. Solo la zarza, que no daba fruto, estaba dispuesta a gobernar sobre los demás. ¿Por qué? Simplemente porque los otros necesitarían renunciar a su aceite, su dulzura y su alegría, a fin de asumir ese poder.

El amor humano, los deportes, el dinero y el poder nunca pueden satisfacer los deseos y anhelos más profundos de nuestro corazón. Únicamente Cristo, el cual nos ha sido hecho por Dios, sabiduría, justificación y poder (ver 1 Co. 1:24, 30), puede satisfacer nuestra alma. Yo creo que la mayoría de las personas se esfuerzan por lograr, en el transcurso de su vida, por lo menos una de estas cuatro cosas; si acaso no las cuatro.

El rey Salomón, quien lo probó todo debajo del sol, declaró al final de su vida que todos estos objetivos del mundo son “vanidad”. Salomón, quien en una época temprana de su vida tuvo una relación íntima con el Señor, dejó de beber de la Fuente de agua viva y buscó las “cisternas rotas” que no podían darle satisfacción. Trató de encontrarla en el amor humano, por lo que llegó a tener 700 esposas y 300 concubinas (1 R. 11:3), pero ni siquiera el amor de mil mujeres pudo darle satisfacción.

Fue el hombre más rico de su tiempo (2 Cr. 9:22), tuvo gran poder y ocupó la más alta posición en Israel. Sin embargo, ninguna de estas cosas llegó a darle verdadera satisfacción, porque había dado la espalda al Señor. Salomón había dejado su primer amor, y las cosas de su vida no pudieron reemplazar al Señor. Es que para el Señor no hay sustitutos que nos puedan satisfacer. Son todos “cisternas rotas”. Por lo tanto, aprendamos de la trágica vida de Salomón, que el amor humano, el deporte, el dinero, el poder y la posición social no pueden satisfacernos. Quiera Dios que siempre bebamos únicamente de la fuente de agua viva: el Señor Jesucristo.

Otra lección importante que encontramos aquí en relación con las cisternas rotas, en las que los israelitas almacenaban agua de lluvia, es que no podemos almacenar las bendiciones anteriores y no podemos vivir de la experiencia de ayer. En el desierto, el Señor dio instrucciones claras a los hijos de Israel para que no guardaran el maná que venía del cielo, del día anterior. ¿Por qué? Porque todos los días necesitamos comer algo fresco. Esto resulta especialmente cierto en nuestra vida cristiana. No podemos vivir de nuestra experiencia de ayer con Dios. Algunas personas son “creyentes de campamento”. En otras palabras, se encuentran con Dios en un seminario, un campamento o un retiro, y allí renuevan su compromiso con Cristo, pero luego pasan varios meses sin encontrarse con Dios; hasta el próximo seminario o cruzada. ¡Amados, necesitamos beber de la Fuente de agua viva cada día y todos los días!

Israel vive como un esclavo (2:14-19)

2:14“¿Es Israel siervo? ¿es esclavo? ¿Por qué ha venido a ser presa?” Israel es el primogénito del Señor. En Éxodo 4:22-23, Dios dijo al Faraón: “Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito”. ¿Por qué, Israel, el primogénito de Dios, fue “presa” de la invasión de naciones paganas? Fue a causa de la desobediencia de los israelitas.

2:15“Los cachorros del león rugieron contra él, alzaron su voz, y asolaron su tierra; quemadas están sus ciudades, sin morador”. Los “cachorros de león” representan a los asirios que invadieron Israel y asolaron la tierra, llevando al cautiverio a las diez tribus del Norte. Los israelitas trajeron sobre sí todo este juicio por su gran maldad y su desobediencia a Dios.

2:16-17“Aun los hijos de Menfis y de Tafnes te quebrantaron la coronilla. ¿No te acarreó esto el haber dejado a Jehová tu Dios, cuando te conducía por el camino?” Menfis y Tafnes fueron dos anteriores capitales de Egipto. Menfis (literalmente aquí “Nof”, su nombre hebreo) mencionada también en pasajes como Isaías 19:13, Jeremías 44:1 y Ezequiel 30:13, 16, era la antigua capital de Egipto situada al sur de la moderna El Cairo, en la costa oeste del Nilo. Poco queda de la arquitectura de esta ciudad, que pueda dar testimonio de la gloria y el esplendor que una vez ostentó. Cuando los musulmanes comenzaron a construir El Cairo, se llevaron de los edificios de Menfis todos los materiales que pudieron, y hasta llegaron a desmantelar el templo de Ptah, que probablemente era la estructura más grande y opulenta de la ciudad.

Tafnes era una ciudad situada en el delta del Nilo, en la frontera oriental de Egipto. Se la identifica con Defneh. Por lo tanto, Menfis (Nof) era la capital del antiguo bajo Egipto (al norte) en tanto que Tafnes era la fortaleza fronteriza egipcia situada a unos 40 Km. al sur de la moderna ciudad de Port Said.

El versículo 16 señala que “los hijos de Menfis y de Tafnes”, en otras palabras, los egipcios,  “quebraron la coronilla” a Israel. La NVI dice aquí: “Para colmo de males, los de Menfis y los de Tafnes te raparon la cabeza”, y la DHH dice al final del versículo: “...te rompieron la cabeza”. En lenguaje figurado, los egipcios raparon o afeitaron la cabeza de Israel. Esto podría referirse a la invasión de Sisac durante el reinado de Roboam o a la invasión del faraón Necao durante el reinado de Josías, quien fue muerto por Necao en Meguido.

Es necesario recordar que el libro de Jeremías no sigue un orden cronológico. Ciertamente, ambos reyes avergonzaron a Israel “rapándolo”. Israel estaba dominado por el faraón Necao, quien mató a Josías y luego puso como rey de Judá a Salum, hijo de Josías (cambiándole su nombre por el de Joacaz). Necao reemplazó luego a Joacaz por Eliakim (a quien puso por nombre Joacim). De modo que, en cierta manera, podemos decir que los egipcios en verdad habían roto la cabeza que llevaba la corona de Israel.

2:18 “Ahora, pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿Y qué tienes tú en el camino de Asiria, para que bebas agua del Eufrates?”  Dios pregunta a los israelitas por qué bebían de las aguas de los egipcios y de los asirios. En esencia, les pregunta por qué recurrían a naciones paganas en busca de ayuda cuando deberían recurrir al Dios Todopoderoso. El término que aquí se traduce como Nilo es Sihor, que significa “aguas de un dios”. Las aguas de Sihor formaban el límite de la tierra de Israel (Jos. 13:3). La referencia aquí puede ser a un brazo del río Nilo dentro de Egipto.

Los israelitas estaban recurriendo a los asirios en busca de ayuda de la misma manera que lo habían hecho en el pasado bajo Acaz, rey de Judá, en lugar de recurrir al Señor. Sin embargo, al igual que en el tiempo de Acaz, la alianza asiria no trajo otra cosa que perjuicio a Judá, transformándose en una experiencia amarga para ellos. En 2 Crónicas 28:20-21 leemos: “También vino contra él Tiglat-pileser rey de los asirios, quien lo redujo a estrechez, y no lo fortaleció. No obstante que despojó Acaz la casa de Jehová, y la casa real, y las de los príncipes, para dar al rey de los asirios, éste no le ayudó”

Por lo general sucede que, si recurrimos al mundo por ayuda en lugar de recurrir al Señor, las experiencias son siempre dolorosas y terminamos en una condición mucho peor que la anterior. Aprendamos de los errores de Israel y recurramos siempre al Señor cuando necesitemos ayuda.

2:19“Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos”. ¿Por qué dejó Israel al Señor? Una razón es que habían perdido el temor del Señor. Ya no temían a Dios. En consecuencia, se volvieron contra Él y no tuvieron temor del castigo divino. Proverbios 8:13 dice: “El temor de Jehová es aborrecer el mal”. Es el temor de Dios lo que nos ayuda a no pecar.

El yugo de esclavitud de Israel (2:20-25)

2:20“Porque desde muy atrás rompiste tu yugo y tus ataduras, y dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso te echabas como ramera”. El Señor recuerda ahora a Israel que en el pasado Él rompió el yugo y la esclavitud de las diversas potencias extranjeras que sojuzgaron a Israel como consecuencia de la desobediencia de los israelitas. Felizmente, cuando Israel se arrepentía, Dios liberaba a Su pueblo. Sin embargo, en cada ocasión, a pesar de que ellos profesaban amarlo, pronto volvían a sus antiguos caminos de pecado, de la misma manera que un perro vuelve a su vómito (2 P. 2:22).

2:21-22 “Te planté de vid escogida, simiente verdadera toda ella; ¿cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña? Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor”. El Señor pregunta a Israel qué fue lo que salió mal. Dios plantó a Israel como una vid escogida, como una semilla verdadera (Sal. 80:8-15), pero luego se degeneró y se transformó en una vid extraña y corrupta que producía uvas amargas. Israel debería haber producido buen fruto, pero no lo hizo debido a su desobediencia. El pecado de Israel era una afrenta al Señor.

2:23-25“¿Cómo puedes decir: No soy inmunda, nunca anduve tras los baales? Mira tu proceder en el valle, conoce lo que has hecho, dromedaria ligera que tuerce su camino, asna montés acostumbrada al desierto, que en su ardor olfatea el viento. De su lujuria, ¿quién la detendrá? Todos los que la buscaren no se fatigarán, porque en el tiempo de su celo la hallarán”.

Dios trae a la memoria la idolatría y la hechicería de Su pueblo al adorar a los baales. Compara a Israel con una dromedaria que es infiel a su compañero en la época del apareamiento. También compara a Israel con una asna salvaje que no ha conocido las restricciones que impone el yugo de un dueño y en consecuencia hace lo que le da la gana. De esta manera, Israel, mirando a su pasado, llega a la conclusión que no existe esperanza para ella en el Señor porque le ha sido infiel, al ir tras naciones paganas y dioses extraños.

El Israel idólatra es reprendido (2:26-37)

2:26-30“Guarda tus pies de andar descalzos, y tu garganta de la sed. Mas dijiste: No hay remedio en ninguna manera, porque a extraños he amado, y tras ellos he de ir. Como se avergüenza el ladrón cuando es descubierto, así se avergonzará la casa de Israel, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, que dicen a un leño: Mi padre eres tú; y a una piedra: Tú me has engendrado. Porque me volvieron la cerviz, y no el rostro; y en el tiempo de su calamidad dicen: Levántate, y líbranos. ¿Y dónde están tus dioses que hiciste para ti? Levántense ellos, a ver si te podrán librar en el tiempo de tu aflicción; porque según el número de tus ciudades, oh Judá, fueron tus dioses. ¿Por qué porfías conmigo? Todos vosotros prevaricasteis contra mí, dice Jehová. En vano he azotado a vuestros hijos; no han recibido corrección. Vuestra espada devoró a vuestros profetas como león destrozador”.

Como un ladrón que es atrapado robando, los israelitas se avergonzaron cuando el Señor los reprendió. Ellos se habían rebajado al llamar a un leño o tronco su padre, y a una piedra su madre. El Señor los desafía a que invoquen a estos dioses en tiempos de problemas a ver si ellos pueden salvarlos. Dios castigó a Sus hijos (refiriéndose a invasiones anteriores de los asirios), pero lamentablemente ellos no aprendieron la lección. Es más, los israelitas mataron con sus propias espadas a los profetas que Dios les envió. Esto podría referirse a Isaías, quien fue muerto por Manasés, como así también al profeta Zacarías, quien fue muerto por Joás. El rey Joás olvidó todas las bondades que para con él había tenido el sacerdote Joiada, padre de Zacarías, y ordenó a sus hombres que lo apedrearan (2 Cr. 24:20-21).

2:31“¡Oh generación! atended vosotros a la palabra de Jehová. ¿He sido yo un desierto para Israel, o tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: Somos libres; nunca más vendremos a ti?” Una vez más el Señor suplica a Su pueblo y les pregunta si acaso Él ha sido para ellos tinieblas o un desierto, en lugar de ser como un campo muy fructífero que les proveyó en abundancia para todas sus necesidades. En su autosuficiencia, los israelitas decían que ellos eran señores y que no necesitaban inclinarse ante el único Dios verdadero ni recurrir a Él en busca de ayuda. Lamentablemente, cuando Dios, en Su gracia, bendice a Su pueblo, ellos a menudo sienten que es gracias a su propia sabiduría que alcanzaron su éxito y no dan al Señor el crédito que le pertenece.

2:32-35“¿Se olvida la virgen de su atavío, o la desposada de sus galas? Pero mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días. ¿Por qué adornas tu camino para hallar amor? Aun a las malvadas enseñaste tus caminos. Aun en tus faldas se halló la sangre de los pobres, de los inocentes. No los hallaste en ningún delito; sin embargo, en todas estas cosas dices: Soy inocente, de cierto su ira se apartó de mí. He aquí yo entraré en juicio contigo, porque dijiste: No he pecado”.

Usando la ilustración de mujeres que tienen mucho apego sus ropas, el Señor pregunta: “¿Puede una mujer olvidarse de lo que tiene en su guardarropa?” ¡Nunca! Sin embargo, lamentablemente, los hijos de Israel habían olvidado a Dios por muchos años. El Señor entonces acusa a Israel por su maldad. Su pueblo cometió fornicación y adulterio, incluido adulterio espiritual, al adorar y amar a otros dioses. Aun la peor de las mujeres podía aprender de Israel alguna otra maldad. Y no solo eso, habían matado a inocentes.

Sin embargo, a pesar de todos sus pecados, los hijos de Israel decían que no habían hecho nada malo. Estaban ciegos a su pecado. Proverbios 30:12 describe con exactitud la condición espiritual de Israel en este tiempo: “Hay quienes se creen muy puros, pero no se han purificado de su impureza” (NVI).

2:36-37“¿Para qué discurres tanto, cambiando tus caminos? También serás avergonzada de Egipto, como fuiste avergonzada de Asiria. También de allí saldrás con tus manos sobre tu cabeza, porque Jehová desechó a aquellos en quienes tú confiabas, y no prosperarás por ellos”. En consecuencia, Dios discutirá con ellos para mostrarles lo malvados que son. El Señor les advierte que permanentemente están mostrando su inconstancia y su infidelidad al cambiar de idea con respecto a cuáles naciones van a tener en alta estima. Les dice que así como Asiria les negó su ayuda en el tiempo de Acaz, Egipto tampoco los ayudará en esta ocasión.

Esto podría referirse a reinado de Joacim, cuando Babilonia era el principal enemigo de Israel. Sin embargo, la Biblia no nos brinda evidencia histórica clara en este sentido. Por lo tanto, el Señor dice que en lugar de ser socorridos por los egipcios, se convertirán en sus prisioneros. Los egipcios les atarían las manos sobre la cabeza, lo cual, según la tradición, era una práctica tanto de los asirios como de los egipcios.

El adulterio de Israel (3:1-5)

El tema de la queja de Dios es que Israel había cometido adulterio con muchos amantes. El capítulo tres de Jeremías comienza con una cita de Deuteronomio 24:1-4: “Si un hombre se casa con una mujer, pero luego deja de quererla por haber encontrado en ella algo indecoroso, sólo podrá despedirla si le entrega un certificado de divorcio. Una vez que ella salga de la casa, podrá casarse con otro hombre. Si ocurre que el segundo esposo le toma aversión, y también le extiende un certificado de divorcio y la despide de su casa, o si el segundo esposo muere, el primer esposo no podrá casarse con ella de nuevo, pues habrá quedado impura. Eso sería abominable a los ojos del SEÑOR. No perviertas la tierra que el SEÑOR tu Dios te da como herencia” (NVI).

3:1“Dicen: Si alguno dejare a su mujer, y yéndose ésta de él se juntare a otro hombre, ¿volverá a ella más? ¿No será tal tierra del todo amancillada? Tú, pues, has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí! dice Jehová”.

Una mujer divorciada que se volvía a casar no podía divorciarse de su segundo esposo y regresar con el primero, porque al hacerlo volvería inmundo todo el territorio. No obstante, Dios invita a la infiel Israel a regresar a Él. Esto nos recuerda el patetismo de la vida de Oseas, a quien Dios ordenó que regresara con su esposa adúltera.

3:2“Alza tus ojos a las alturas, y ve en qué lugar no te hayas prostituido. Junto a los caminos te sentabas para ellos como árabe en el desierto, y con tus fornicaciones y con tu maldad has contaminado la tierra”. Había ídolos en la parte superior de cada monte y montaña de Israel que recibía el nombre de “lugar alto”. La tierra estaba llena de ídolos y adoración a ídolos, y también de inmoralidad. El Señor compara a Su pueblo con los árabes que se juntaban en bandas en espera de atacar a los que pasaban. De la misma manera, los israelitas adúlteros siempre estaban listos para cometer sus pecados atroces. Sin duda, sus pecados habían amancillado la tierra.

Aún hoy en día, muchas ciudades y países están gobernados por ídolos que se colocan en lugares prominentes, como un promontorio o montaña, de manera que todos puedan verlos y adorarlos. Los ídolos son la morada de espíritus inmundos, y estos espíritus gobiernan a los habitantes de las ciudades, pueblos y aldeas que quedan bajo la “mirada” del ídolo. Las personas que adoran ídolos se colocan bajo ataduras religiosas y con frecuencia adoptan la naturaleza del espíritu inmundo que habita en el ídolo que adoran. Por esta razón, durante su reinado, el fiel rey Josías rompió en pedazos todos los ídolos de la tierra que se habían erigido durante el reinado del rey Manasés.

3:3“Por esta causa las aguas han sido detenidas, y faltó la lluvia tardía; y has tenido frente de ramera, y no quisiste tener vergüenza”. Dios dijo que detendría las aguas y la lluvia tardía, que eran tan esenciales para que Israel, una nación agrícola, existiera y prosperara. En nuestros días, debemos recordar que el Señor controla el clima, al que a menudo utiliza para suplicar a las naciones pecadoras. Por desgracia, al igual que una prostituta, Israel no se avergonzaba. Proverbios 30:20 dice: “Así procede la adúltera: come, se limpia la boca, y afirma: Nada malo he cometido” (NVI).

3:4“A lo menos desde ahora, ¿no me llamarás a mí, Padre mío, guiador de mi juventud?” Sin embargo, teniendo presente que Israel es el primogénito de Dios, el Padre Celestial desea continuamente tener una relación de padre-hijo con ellos. Dios deseaba que Israel se volviera a Él, así como un hijo vuelve a su padre a quien ama. La Palabra de Dios enfatiza esto constantemente: El Señor nos creó para que lo amáramos. Él anhela tener una relación de amor con nosotros. Por lo tanto, nunca sustituyamos al Señor con otra cosa en nuestra vida, aun un ministerio o nuestra familia. ¡Dios siempre debe tener el primer lugar en nuestra vida!

3:5“¿Guardará su enojo para siempre? ¿Eternamente lo guardará? He aquí que has hablado y hecho cuantas maldades pudiste”. Israel miraba al pasado. Esperaban que el Señor recordara aquellos días pasados cuando habían clamado a Él como Padre, y no se enojara con ellos. Sin embargo, sus caminos eran tan malvados que no podía apartar Su enojo de ellos. Ésta es una advertencia de que podemos cruzar una línea sin retorno, que sólo nos llevará a un juicio terrible.

El segundo mensaje profético: Judá será juzgada (3:6–6:30)

Llegamos ahora al segundo mensaje profético que encontramos en el pasaje de Jeremías 3:6 a 6:30. Se refiere al juicio que habría de venir sobre Judá.

La rebelde Israel y la desleal Judá (3:6-11)

3:6-11“Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica. Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá. Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó. Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño. Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová. Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la desleal Judá”.

Como ocurre con bastante frecuencia en Jeremías, se nos dice en qué momento la Palabra del Señor vino al profeta. En este caso fue al principio de su ministerio, durante el reinado de Josías. El Señor compara a Israel y Judá con dos hermanas. Una (Israel) se había conducido impíamente y había recibido el castigo evidente de la deportación a otras naciones. La otra (Judá), a pesar de ver los juicios de Dios sobre su hermana (Israel), no oyó las advertencias divinas. Por el contrario, continuó en sus caminos malvados, aunque ofrecía a Dios culto de labios. Debido a esto, Dios dice que la rebelde Israel está más justificada que su hermana desleal Judá.