El soñador de Providence - Carlos G. Gurpegui - E-Book

El soñador de Providence E-Book

Carlos G. Gurpegui

0,0

Beschreibung

Para muchos, la figura de H. P. Lovecraft (1890-1937) supone la definitiva fusión entre los últimos coletazos del terror gótico, derivados de Edgard Allan Poe, con la literatura weird y la ciencia ficción que ayudó a asentar el género. Sus creaciones, seres extraños a la Tierra, de inmenso poder y ocultas intenciones, se han filtrado profundamente en la sociedad a lo largo de los años gracias a su poderoso impacto entre los aficionados del género. El arrebatamiento de la importancia del ser humano en el cosmos, el temor a la existencia de criaturas más antiguas que la Tierra y el descubrimiento de la ausencia de Dioses y protectores se ocultan detrás de creaciones como Cthulhu, Nyarlathotep o el Necronomicón. Pensamientos estéticos, filosóficos y narrativos que salen a la luz a través de los sueños y la reflexión alrededor de su obra. El Soñador de Providence es un minucioso estudio de las últimas teorías y trabajos sobre Lovecraft, un viaje a través de sus maestros, compañeros de pluma y sus obras que pretende servir como puente para construir una nueva imaginería sobre el autor en nuestro idioma. El libro analiza también la influencia que sus creaciones han tenido en el lenguaje y las mecánicas empleadas en los videojuegos, así como en otros ámbitos como los juegos de mesa o de rol. El lector encontrará también en este libro diferentes reflexiones sobre algunos de los videojuegos más importantes basados en la obra del autor y sobre otros títulos que beben profundamente de su filosofía y visión estética.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 462

Veröffentlichungsjahr: 2023

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



 

 

El soñador de Providence.

El legado literario de H. P. Lovecraft y su presencia en los videojuegos

Primera edición: Marzo 2018

Segunda edición: Junio 2018

ISBN: 978-84-190844-2-2

©2017 Ediciones Héroes de Papel, S.L.,

sobre la presente edición

P.I. PIBO. AV. Camas, 1-3. Oficina 34. 41110

Bollullos de la Mitación (Sevilla)

Autor: Carlos G. Gurpegui

Edición: Isaac López Redondo

Arte y maquetación: Ezequiel Sona

Corrección: Ricardo Martínez Cantudo y Daniel García Raso

Producción del ePub: booqlab

© Todas las imágenes incluidas en el libro tienen sus respectivos propietarios, licenciatarios y/o titulares de contenido, y han sido incluidas en el libro a modo de complemento para ilustrar el contenido del texto y/o situarlo en su contexto histórico y/o artístico. En caso de que existiera cualquier tipo de error en la identificación de los respectivos titulares o ausencia en la identificación de los mismos, puede ponerse en contacto con la editorial para subsanar el posible error en futuras ediciones.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).

A mis padres, por no escatimar nunca en libros.

A mis terrores nocturnos,por ayudarme a ver más allá de la barrera del sueño.

ÍNDICE

0. PRÓLOGO

1. ¿POR QUÉ LOVECRAFT?

2. LA LEYENDA DE LOVECRAFT

3. UNA BREVE NOTA BIOGRÁFICA

4. SU LITERATURA

El primer maestro: Edgar Allan Poe

El cosmicismo de lord Dunsany

El panteón de maestros

5. EL CICLO ONÍRICO

6. HORROR CÓSMICO

7. LOS MITOS DE CTHULHU

El círculo lovecraftiano

Post Mortem: August Derleth

Los Mitos de Derleth

8. JUGANDO A LOS MITOS

9. INFLUENCIA EN LOS VIDEOJUEGOS

La (no) presencia de Lovecraft en los videojuegos

Mecánicas para el horror cósmico

10. VARIACIONES DEL HORROR CÓSMICO

El tríptico de Infogrames

Eternal Darkness: Sanity’s Requiem. El hijo bastardo

Adaptando Innsmouth. Call of Cthulhu: Dark Corners of the Earth

Frictional Games y su mirada. Penumbra y Amnesia

Encuentra tu valía en el mundo de la vigilia. Bloodborne

La luz del espacio exterior. Everybody’s Gone to the Rapture

11. QUE NO ESTÁ MUERTO LO QUE PUEDE YACER ETERNAMENTE

12. BIBLIOGRAFÍA

13. AGRADECIMIENTOS

PRÓLOGO

En una entrevista reciente a Nagabe sobre La pequeña forastera, uno de mis cómics favoritos, hablaba de lo complicado que resulta dosificar la información a la hora de construir una obra. De cómo arruinar una historia siendo explícito, o de cómo diluirla al tratar de sugerir demasiado.

Hay bastante diferencia entre «contar» e «insinuar»; entre «historia» y «atmósfera»; y entre decir que la gente es «desagradable» o «esas gentes son tan silenciosas y hurañas que uno tiene la impresión de verse frente a un recóndito enigma del que más vale no intentar averiguar nada». La diferencia es el juego; decirte que no vayas para que lo hagas corriendo. Tratar al lector como a un observador diegético, que asume su parte en la propia narrativa; y no como a un receptor externo, ajeno a la historia. ¿Os suena de algo?

Carlos me ha pedido que escriba estas líneas porque, entre otras cosas, sabe que me encanta Bloodborne y el sentido de omisión a la hora de contar historias; algo que yo misma intento incorporar en mi trabajo.

Y si en algo destacaba H. P. Lovecraft era en su manera de trabajar con lo ausente más que con lo presente. Incitándonos a construirlo, como el espacio intermedio entre viñetas cuando lees un cómic, o tratas de comprender una elipsis en cualquier otro lenguaje. Algo que solo es posible variando la densidad del aire, hasta atraparte, en un ejercicio narrativo que salta de la página y se magnifica al ser interpretado.

Todos los que le hemos leído, nos hemos apropiado de esas descripciones abstractas o finales abiertos. Hemos temido dormirnos, y despertarnos; y hemos alterado nuestros espacios felices bajo la luz de la luna, con ilusiones esculpidas minuciosamente gracias a su forma de narrar.

Son imágenes que hemos sentido en nuestro pensamiento, que nos emocionan y aterrorizan en pequeños momentos de introspección. Y que, a pesar de su ambigüedad, se muestran tan claras que hacen que me pregunte si Lovecraft habría tratado de dibujar alguna vez; o si le habría gustado.

Yo siento que alguien me corta las manos cada vez que escribo sin poder ilustrar, y no puedo evitar apropiarme de cosas cuando se trata de lo contrario. Incluso de las más absurdas, como haber llegado a pensar que Spiderman me pertenecía solo a mí, cuando era yo quien lo movía por la página. Sin embargo, cada vez que ha aparecido algún valiente a pedirme que dibujase a Cthulhu, se ha llevado una castaña. Ni una mínima sombra de lo que debería ser. Lo mismo que veo yo ante cualquier representación de los Mitos, por muy buena que sea.

Lovecraft nos ha hecho sospechar, soñar… fantasear con lo sublime. Con lo que se encuentra a años luz de distancia de lo que consideramos humano.

Después de haber jugado al rol de La llamada de Cthulhu en numerosas ocasiones, a varios videojuegos que se analizan aquí; después de perseguir portadas de libros, cómics y bestiarios, podría decir que estoy familiarizada con representaciones de muchas de estas ideas. Pero en cierto modo no puedo dejar de pensar que cuando esas formas llegan a mí, ya se han desvanecido todos sus fantasmas. Se han ido porque si los viésemos, estaríamos locos o muertos. Porque así nos lo ha contado. Como limpiar el musgo de unas ruinas de piedra para poder reutilizarla, o cortar la maleza de un camino abandonado para atravesarlo; concretar los Mitos nos permite manipularlos, sí, pero al alto precio de perder la magia.

Y sin embargo, a pesar de entenderlo, cada vez que he tenido que acercarme al terror como género, esos mismos fantasmas siempre tratan de volver a mí. Los pólipos, el mar, lo viscoso, la locura, el espacio…

Y me obligo a tratar de sustraer ese residuo embriagador de lo que no debo ver, para que otros sí lo hagan. El mismo residuo que ha afectado a muchos más, que reconozco cuando su obra me susurra enigmas en un lenguaje conocido, y me alcanza en mayor o menor medida.En el fondo, hay mucho que agradecer a Lovecraft por no dibujar y limitarse a sugerírnoslo con palabras. Y por no haber tenido reparos en ceder su imaginario para construir algo mayor. No solo con nosotros, los lectores, si no con alumnos y coetáneos, a los que él mismo publicaba en Weird Tales; como un director de juego que integra en el canon relatos paralelos de sus jugadores.

Intencionado o no, Lovecraft ha creado un tablero con sus propias reglas cósmicas y nos ha invitado a todos. Porque, en realidad, nunca fueron solo historias, personajes, criaturas… sino, más bien, códigos y patrones que nos exponen un mundo tan ajeno como familiar.

El suyo.

Un generoso legado, que tiene más valor que cualquier estructura de ficción tradicional.

El libro que tenéis en las manos parte de una pregunta para acabar con otra. Y plantea un recorrido calculado y fascinante sobre la vida del autor y las múltiples interpretaciones de la misma, analizando objetivamente las distintas fuentes con la intención de inspirar y nunca interferir en nuestras propias reflexiones.

Porque a Carlos no le interesa posicionarse. Le interesa que entendamos las reglas para que también podamos jugar libremente con el weird lovecraftiano, como aquellos que sí pudieron pedir permiso lo hicieron antes.

Quién sabe, tal vez a H.P. le habría gustado.

Emma Ríos, autora de cómics

¿POR QUÉ LOVECRAFT?

En el momento que escribo estas palabras hay más de media docena de videojuegos en desarrollo que toman algo prestado de la figura de Lovecraft. Muchos de ellos se encuentran dentro de la esfera comúnmente denominada indie y es probable que más de uno se quede por el camino. Otros, los menos, tienen algo más de presupuesto aunque no se acercan a lo que supone un desarrollo AAA. Aunque la figura del autor siempre ha atraído a un nutrido grupo de desarrolladores y a un todavía más amplio grupo de jugadores, el acercamiento de la industria a sus textos siempre ha sido irregular y casi siempre desde las esferas más alejadas de la corriente más mainstream de la propia industria.

Este interés por parte del mundo independiente hacia la literatura lovecraftiana no deja de tener cierta correspondencia con la propia existencia de cierto movimiento literario alrededor del autor de Providence. Desde la muerte del autor en 1937 han sido cientos los escritores que se han adentrado en su creación ampliando hasta lo inimaginable su universo ficcional. Estos textos han venido de la mano de autores tan consagrados como Alan Moore, Neil Gaiman, Caitlyn K. Kiernan, Stephen King y un buen puñado de autores ya asentados que no dudan en rendir tributo a su maestro. Sin embargo, es cierto también que por regla general esta ampliación se ha llevado a cabo entre los bastidores de la publicación amateur y el pastiche ha campado a sus anchas haciendo que buena parte de esta literatura derivada del autor sea una revisión constante y vacía de lugares ya conocidos. Esto no sucede únicamente en el terreno literario sino que el cómic y el videojuego también se han visto inmersos en esta explotación.

Aunque esto no puede ser trasladado a todos y cada uno de los relatos y novelas escritos desde la muerte del autor, no deja de existir un sentir generalizado de vacío que imperó tras su muerte. El saber que no habría más textos del maestro no hizo que la Weird Tales, su principal compradora de relatos, dejara de recibir cientos de peticiones de nuevo material, lo cual forzó a realizar constantes reediciones para tratar de contentar a un incipiente fandom. Hoy en día gran parte de las publicaciones existentes alrededor de la figura de Lovecraft no dejan de tener cierto componente onanista y buscan volver una y otra vez sobre las pautas y estructuras iniciales.

Pocos autores han creado una corriente de seguidores que se lancen a la escritura como lo ha hecho Lovecraft. Basta un vistazo por las estanterías de cualquier librería para encontrar más de un tomo recopilatorio de relatos de diferentes autores alrededor de la siempre presente figura de Cthulhu. Desde autores noveles que dan sus primeros pasos en la literatura de terror hasta grandes figuras se han interesado por la creación de textos con referencias constantes a su obra. Los relatos de un autor de provincias norteamericano parecen haber marcado para siempre a generaciones enteras de creadores.

Estos acercamientos a sus relatos no se llevan a cabo exclusivamente desde el ámbito literario y ya en vida del autor se trató de llevar su obra a diferentes medios audiovisuales. Decenas de películas, cómics, juegos de mesa o de rol toman como punto de partida, o como premisa principal, algunos de sus trabajos. Sin embargo, y generalizando de nuevo, pocas son las obras que terminan de acercarse a la visión original del autor. Sus seguidores parecen seguir esperando aquella obra derivada de sus creaciones que le haga justicia. ¿Y qué entendemos entonces por justicia? El ferviente seguidor a menudo mira hacia el terreno del cine, del cómic, del videojuego o de los juegos de mesa y suspira ante la ausencia de una obra que suponga la perfecta traslación de aquello que le ha marcado. A pesar de la cantidad de trabajos en diferentes medios surgidos de la obra madre, pocos consiguen transmitir algo similar a los escritos de Lovecraft y terminan dejando cierto poso de disgusto.

Sin embargo, como a menudo sucede con el público, uno encuentra la eterna dicotomía entre «lo nuevo» y «lo de siempre». Buscar un relato que te recuerde directamente a los originales pero que no sea una copia exacta de los mismos y que, por el contrario, no se aleje de las reglas establecidas para tratar de explorar los mismos fondos. Esta tesitura se hace más acuciante cuando uno empieza a diferenciar, como haremos más adelante, entre la literatura original de Lovecraft y aquella derivada de sus textos o de sus pupilos.

Lovecraftiano. Esta etiqueta se termina convirtiendo en una suerte de imán para aquellos lectores que buscan revivir unas determinadas sensaciones. En ocasiones, un gran número de lectores se acercan a diferentes productos culturales así etiquetados esperando encontrar una serie de patrones muy definidos: libros prohibidos, cultos secretos, investigadores con chaqueta y (que no falten) criaturas surgidas de los rincones más terribles del espacio. Pero… ¿qué hay realmente de fondo en la literatura de Lovecraft? ¿De qué manera dicha etiqueta puede encajar mejor? ¿Es necesario que todo lo anterior aparezca en un mismo relato para recordarnos verdaderamente a los del autor?

La imagen que una gran parte de la sociedad tiene de la figura del autor de Providence deviene directamente de su representación en diferentes medios. ¿De qué manera se ha pervertido, y hasta qué punto, su vida y obra? En parte, este libro es un vistazo a la vida de Lovecraft, un acercamiento a su obra desde diferentes perspectivas para tratar de crear una imagen mental más o menos sólida de lo que supusieron sus relatos y su pensamiento tanto para el lector más veterano como para el recién llegado.

Este intento de resignificar parte de la imagen colectiva que se tiene del autor no corresponde simplemente a tratar de actualizar dicha imagen derivada de diferentes obras culturales y textos desfasados (por el propio tiempo o por la poca rigurosidad de sus autores), sino que corresponde a un paso previo al pensar sobre el autor. Este querer reflexionar sobre el fondo de la literatura de Lovecraft y de su círculo de amigos más cercano busca hacer que el lector reflexione a la vez que se adentra en los pliegues de su pensamiento. No pretende ser esta la obra definitiva sobre la vida de Lovecraft, sino convertirse en un conducto para la reflexión, una suerte de diálogo a tres bandas buscando siempre hacer que el lector se replantee su propia imagen del autor, de su obra y de su influencia posterior en los medios de manera natural.

Es por eso que una buena parte de este texto está dedicada a acompañar al lector a través de determinados momentos de la vida de Lovecraft, repasando algunas de sus relaciones más importantes y tratando de arrojar cierta luz sobre el oscurantismo reinante alrededor de su figura. El lector interesado en su vida y obra, más allá de la lectura casi adictiva de sus relatos y sucedáneos, puede no encontrar nuevos datos si ya se ha adentrado en algunas de la biografías existentes. Sin embargo, la intención de esta primera panorámica vital de Lovecraft no es repasar cada día de su vida sino iniciar, lentamente, el juego que propone este libro.

Repasaremos también algunos de los autores más importantes dentro del amplio bagaje literario, científico y filosófico de Lovecraft. A través de estas pinceladas el lector conocerá a algunos de los precursores de la literatura lovecraftiana entrando así, poco a poco, en la propia reducción estética y filosófica realizada por el autor durante toda su vida antes de adentrarse de lleno en su propias creaciones. De la misma manera tendrán también cabida sus relaciones con otros autores que le fueron contemporáneos, algunos de los cuales fueron verdaderos amigos en vida del autor.

La propia obra literaria, tanto en el campo de los relatos como de la poesía e incluso el ensayo, estará presente en las páginas de este libro. Una vez que hayamos recorrido, aunque sea de manera breve, su bagaje vital y su aprendizaje literario nos adentraremos en sus propias creaciones. Las bases filosóficas y estéticas que sostienen su teoría del horror cósmico, sus precursores, sus relatos más representativos y los motivos por los que, para determinados autores, tienen un importante peso tanto dentro de su propia literatura como en la literatura universal.

La reformulación de todo el universo ficcional lovecraftiano realizada por Derleth tendrá también una presencia importante hacia el ecuador de este texto. Con esta contraposición entre las visiones de un autor y otro pretendemos introducir de lleno al lector en la reflexión que reina siempre a lo largo del libro. ¿Qué significa que una obra beba directamente de Lovecraft? En palabras más llanas, ¿qué hace que una obra pueda ser llamada lovecraftiana? Esta, y no la inclusión de decenas de datos, fechas y listados (por otro lado fácilmente accesibles), es la verdadera intención original del texto: hacer reflexionar al lector, tanto al investigador veterano de lides lovecraftianas como al novato, a medida que avanza en la lectura.

Finalmente, y casi a modo de coda, revisaremos algunas de las obras más reconocibles del videojuego dentro de lo lovecraftiano sin pretender ser, en ningún momento, la última palabra en lo referente a las mismas. Si se ha cumplido el objetivo del libro, cuando el lector llegue a la última parte, centrada en el terreno del videojuego, debería hacerlo con su propia visión de lo que significa que algo sea o no lovecraftiano y tendrá en su cabeza su propio listado de obras y ejemplos. Espero, y es parte del objetivo del libro, que el lector se adentre en este último bloque con una mentalidad mucho más abierta respecto a las influencias y obras con marcado carácter lovecraftiano. Porque el objetivo, en última instancia, no es pontificar sino tratar de llevar el debate más allá de la opacidad reinante alrededor de la figura de Lovecraft en determinados aspectos y llamar la atención sobre la importancia del fondo sobre la forma a la hora de hablar de ciertas influencias en el medio.

¿Por qué Lovecraft? Stephen King describe en Danza macabra su primer encontronazo con la obra de H. P. Lovecraft. En una caja de su padre ausente encontró, entre muchos otros libros, una antología de relatos del autor. Lo leyó hasta la saciedad y un par de semanas después este pequeño tesoro desapareció, según sus sospechas sustraído por su tía Ethelyn, pero el daño ya estaba hecho: «Ya había encontrado el camino. Lovecraft, por cortesía de mi padre, me lo había mostrado». Con unos doce años descubrió King a Lovecraft y de manera similar conocí yo los textos del autor. Una tarde, buscando algo para leer en casa de mi padre, topé con una pequeña edición de bolsillo de Alianza Editorial de principio de los ochenta que recogía algunos de sus textos. Al igual que Stephen King, me vais a permitir esta comparación, tampoco fue mi primer acercamiento a una obra de terror (aunque sería incapaz de decir claramente cuál fue mi primera película u obra de esta naturaleza). Sin embargo, sí puedo decir que los textos de Lovecraft fueron los primeros en quedarse profundamente clavados en lo más profundo de mi mente. Aquella primera lectura de Las ratas de las paredes no se olvida fácilmente.

Poco tiempo después, en otra de mis incursiones por mi casa en busca de nuevos libros o cómics viejos para leer, encontré en el sótano, esta vez del domicilio materno, una pequeña bolsa de plástico abandonada por un familiar. La bolsa contenía un puñado de dados de diferentes caras y un manual de La llamada de Cthulhu: el juego de rol publicado por la ya extinta Factoría de Ideas en 1998 y que correspondía con la edición 5.5 de Chaosium. De nuevo, como con el terror, la lectura de aquel manual no era mi primer encontronazo con los juegos de rol pero rápidamente se convirtió en una lectura compulsiva que se mezclaba, en esa ocasión, con la creación de partidas basadas en sus relatos.

Esas dos primeras lecturas, tanto la literaria como la lúdica, marcaron profundamente mi visión de la literatura. Luego llegaron los King, los Matheson, los Blatty o los Barker, por mencionar a unos pocos, pero el poso inicial de Lovecraft siempre se mantuvo al mismo nivel. Por una u otra razón determinados autores se pegan a uno y, sin importar los años que pasen, se disfruta igual de su lectura y nunca se deja de pensar en sus obras. Todavía hoy, cerrando estas líneas, no sé qué responder a la pregunta que me hace mi madre por teléfono: ¿Por qué un libro sobre Lovecraft? No sabría responder a pesar del tiempo invertido a lo largo de mi vida, y en los últimos tiempos, a su lectura y a la investigación a su alrededor. Lo cierto es que durante los últimos años de la carrera, cuando me empecé a interesar por el videojuego como objeto teórico más allá del ocio, tenía una idea muy potente en la cabeza: escribir un libro, un texto o lo que fuera, que hablase en profundidad de la figura de Lovecraft en relación con el mundo de los videojuegos y, en parte, en relación con el mundo del ocio alternativo en general. Ahora, varios años después de aquella utópica idea, el libro por fin está en las manos de los lectores y a pesar de ello sigo sin tener una respuesta.

¿Por qué Lovecraft? Quizás después de leer este libro el lector pueda decírmelo.

LA LEYENDA DE LOVECRAFT

«Los americanos quisieron explicar los monstruos de Lovecraft haciendo de este un monstruo». Estas palabras de Maurice Lévy en su ponencia «Les Monstres de lovecraft» durante el ciclo Actualité du Fantastique en 1967 contienen en su interior una de las reflexiones más profundas alrededor de la figura del autor de Providence que se han hecho jamás. Howard Phillips Lovecraft se ha convertido con el paso de los años en uno de los personajes más enigmáticos y complejos de la literatura moderna. Un hombre devorado por su propia leyenda alimentada por la leña de decenas de incompletas y sesgadas visiones sobre él y su obra. Rodeado de tentaculares criaturas y tierras surgidas de la más remota profundidad del sueño, se ha terminado por convertir en la criatura más extraña de su creación. No nos encontramos frente a un Ziggy Stardust creado por él mismo como alter ego de cara a la galería (para ello ya tenía a Randolph Carter) sino de un constructo social e histórico que se ha ido formando letra a letra y que desde los años ochenta se intenta matizar.

La iconografía popular nos presenta a Lovecraft como un ser extraño que parece más surgido de sus propios relatos que de los albores del siglo xx. Retraído, solitario, racista, clasista, reprimido sexualmente, incapaz de amar o de sentir nada, inútil para cualquier trabajo que no fuera escribir y cargado de temores y extrañas manías que convertían su vida en un pequeño y particular infierno. Un infierno del que solo se sentía a salvo tras la seguridad de su querida Providence, quizás su verdadero amor a lo largo de toda su vida. Sin embargo, como suele ser habitual, esta imagen que ha llegado hasta nuestros días se ha visto enturbiada por las brumas del tiempo impidiéndonos discernir entre el Lovecraft real y el Lovecraft creado por el imaginario colectivo. Algunas de las cosas que se dan por sentado no son más que prejuicios de sus posteriores biógrafos o malas interpretaciones de sus escritos (tanto literarios como epistolares).

La vida y obra de Lovecraft, entre el 20 de agosto de 1890 y el 15 de marzo de 1937, han rellenado verdaderos océanos de tinta desde que aquel joven poser de Providence comenzara su carrera como escritor. El paso de los años le convirtió en un peculiar personaje literario y para muchos su propia vida es más interesante que su creación literaria. Podemos hablar de una «Leyenda de Lovecraft», como la denomina S. T. Joshi que se convirtió, con el paso de los años, en el foco de atención de muchos autores. Aunque este interés sirvió para aupar al autor al podio de los escritores de terror también enterró el fondo de su literatura debajo de una gruesa capa de errores biográficos e interpretativos. En cierto modo, ese morbo derivado de la leyenda de Lovecraft ayudó a la expansión del autor haciendo que sus lectores se interesasen en su vida.

Lo cierto es que pocos autores han suscitado tanto interés entre sus lectores como lo ha hecho Lovecraft. No es extraño encontrar fanáticos seguidores de su obra que se adentran lentamente en los entresijos de su vida tratando de desentrañar sus motivos para escribir y, por qué no decirlo, buscando el morbo de una figura que se ha vendido como una suerte de monstruo literario. Sin embargo a menudo el acceso a la información alrededor de su vida y obra se encuentra muy sesgado. En ocasiones es un sesgo derivado de los propios intereses y creencias del autor en cuestión y en otras ocasiones son sesgos que derivan de la falta de información y fuentes escritas del momento.

Desde la muerte del autor decenas de autores han escrito sobre su obra, su vida y su forma de entender la literatura. Tan pronto como Arkham House, la editorial fundada por Derleth y Wandrei en 1939 para unificar y distribuir la obra de Lovecraft, comenzó a rodar surgieron los primeros acercamientos a su vida y obra. Es interesante hacer un breve repaso por alguno de estos libros para comprender de qué manera se ha ido modificando el tratamiento del autor por parte de muchos estudiosos y qué aspectos del mismo han sido constantes a través del paso de los años.

El primer gran acercamiento, como no podía ser de otra manera, vino de la mano de August Derleth dentro de la propia editorial Arkham House. En 1945 vio la luz H.P.L.: A Memoir, este primer intento de crear una biografía del autor se quedó en algo sesgado. Es un primer texto que cojea por la falta de información y de fuentes en aquel momento y cargado, además, de las propias ideas y visiones de Derleth sobre la obra de su mentor. El salto de los textos del autor hacia Europa y su extensión por Estados Unidos, hicieron que muchos teóricos y estudiosos de la literatura se acercaran a su vida. En 1950 se leyó en la Universidad de Brown la tesis titulada Howard Phillips Lovecraft: A Self-Portrait, la primera dedicada al autor y el primer documento puramente académico que se centraba en su figura. La visión de James Warren Thomas, autor de dicha tesis, se enfocaba en el período neoyorquino del autor (1924-1926) atendiendo sobre todo al profundo racismo que brotó en él durante esos años. James Warren quedó horrorizado, y no es para menos, ante algunas de las declaraciones de Lovecraft y centró la totalidad de su texto en atacar su racismo. La revisión y constante sombra del racismo en la vida del autor de Providence es algo que siempre está presente cuando se habla de su figura. Recientemente The World Fantasy Award se encontró en medio de una intensa disputa sobre la pertinencia de utilizar un busto de Lovecraft como trofeo debido a su racismo.

De manera paralela y aunque también fútil, ese mismo año de 1945 se alzó la primera voz contraria a la imaginería popular que se estaba gestando alrededor del soñador de Providence. Paul Cook, amigo en vida de Lovecraft, escribió un editorial en su revista The Ghost sobre los años posteriores a la muerte del autor y la falsa representación que se estaba haciendo de su vida. Algunas de las palabras, recogidas en el prólogo de An Epicure in the Terrible, dicen así: «Se está haciendo un daño irreparable a Lovecraft con alabanzas indiscriminadas y poco inteligentes, con una falta de crítica imparcial e inteligente, y con un retorcido sentido de lo que se le debe a través de la publicación de sus obras»1. Sin embargo, Cook murió en 1948 y prácticamente ahí quedó la primera resistencia alrededor del uso y la gestión que estaban haciendo algunos individuos sobre el legado de Lovecraft. Es interesante cómo Cook habla por igual de las alabanzas sin sentido y la falta de una crítica pausada y seria alrededor de su trabajo. Todavía faltarían un par de decenas de años para conseguir esa profundidad que su amigo pedía para el estudio de los trabajos de Lovecraft.

A la vez que esta figura se creaba en las mentes de los lectores de medio mundo su obra recibía el reconocimiento de algunos de los expertos más importantes del momento. Críticos como Peter Penzoldt (autor de The Supernatural in Fiction) se fijan en su trabajo y le dedican un puñado de páginas en sus recopilaciones sobre autores americanos. El propio Jorge Luis Borges le otorga en su Introducción a la literatura norteamericana (1967) el mismo número de páginas que a Edgar Allan Poe. Sin duda alguna, esta comparación con Poe es uno de los mayores halagos que uno podía darle a Lovecraft debido al amor que profesaba por la obra del padre del cuento de terror moderno. Su obra estaba comenzando a salir de los bajos fondos de la literatura que suponía lo pulp.

Algunos de los autores que tomaron la batuta a la hora de desentrañar el pasado de Lovecraft seguían muy unidos a la línea de pensamiento de Derleth. Uno de estos autores fue el también escritor Lin Carter, quien publicó en 1972 Lovecraft: A Look Behind the Cthulhu Mythos, donde sustenta pensamientos derivados del fundador de Arkham House. Este libro supuso el asentamiento de muchas ideas erróneas sobre Lovecraft aunque incluye algunas reflexiones muy interesantes sobre el corpus de relatos representativo de los Mitos de Cthulhu.

En 1973 un grupo de aficionados a la literatura del autor fundó el colectivo The Esoteric Order of Dagon dedicado a publicar e intercambiar revistas de temática lovecraftiana y diferentes ensayos y trabajos. La vida de Lovecraft, todavía sin una obra que le hiciera justicia, se convertía en objeto de estudio por parte de seguidores, compañeros escritores o antiguos amigos del propio autor. Todavía faltaba la biografía completa que unificara estas visiones y que saciara la sed de todos aquellos interesados por la vida de Lovecraft. Sin embargo, y por desgracia, esta primera biografía con intención unificadora no fue más que la encargada de terminar de consolidar la denominada leyenda de Lovecraft, un constructo que todavía hoy en día se encuentra en proceso de desmantelamiento.

1975 fue el año que marcó definitivamente la visión colectiva que se posee de Lovecraft. Se publicaron al mismo tiempo tres obras sobre el autor, siendo la primera y la más importante Lovecraft: Una biografía escrita por L. Sprague de Camp, un prolífico autor de fantasía y ciencia ficción. La obra de Sprague de Camp fue la que alcanzó mayor importancia y la más difundida por todo el mundo. En España sigue siendo la única biografía, vendida como tal, existente en nuestro idioma. Sin embargo, el trabajo de De Camp está plagado de errores que lo convierten en un arma de doble filo. A pesar del trabajo de campo que realizó el autor, entre tres y cuatro años de lecturas, entrevistas e investigaciones (leyendo incluso textos que se creían perdidos), el producto final es un libro donde Lovecraft sale muy mal parado y no siempre por méritos propios. Maximiza sus defectos hasta crear esa idea de monstruo con la que comenzábamos este apartado. Se le reduce a un mal escritor, un egoísta, un racista y un clasista. El texto está plagado de ataques hacia la figura de Lovecraft y las personas de su alrededor, especialmente a su madre Susan a la que culpa de todo. Esta visión tan personal de Sprague, y la ausencia de mención alguna a la filosofía detrás del autor (punto que Joshi estudiaría hasta la saciedad en trabajos como H. P. Lovecraft: The declining of the West) nos hacen olvidar otros pequeños errores como las citas mal hechas, las fechas cambiadas o incluso las atribuciones erróneas que terminan por confirmar que el trabajo de Sprague, si bien un esfuerzo reconocible, es, cuanto menos, insuficiente. El mayor problema derivado de esta biografía no es su falta de precisión sino que se ha mantenido durante años (y en España lo sigue siendo) como la biografía más importante sobre el autor y único punto de referencia.

El trabajo de Sprague de Camp no pasó inadvertido entre aquellos que habían conocido en vida a Lovecraft, y Frank Belknap Long, su amigo personal y autor de relatos de horror cósmico, escribió ese mismo año de 1975 Howard Phillips Lovecraft: Dreamer on the Nightside que se convertiría en una pequeña memoria que trataba de restablecer parte del honor de su amigo. La imagen tan terrible que dejaba el trabajo de Sprague de Camp encuentra en el texto de Long un pequeño contrapeso que, aunque cargado de pequeños errores y subjetividades, terminaba siendo una sincera carta de despedida a su amigo. Por último, también en 1975, veía la luz Lovecraft at Last, escrito por Willis Conover, quizás el mejor trabajo de los tres que compartieron año de lanzamiento, un pequeño texto realizado por un autor que conoció epistolarmente a Lovecraft cuando era tan solo un crío. El retrato que podemos extraer del trabajo de Conover nos presenta una imagen que, si bien aún estaba alejada de la realidad, se mantenía ajena a la catalogación de Lovecraft como monstruo indescriptible y evitaba también subjetivismos propios de aquellos que tenían una estrecha relación emotiva con él.

Treinta años después de la muerte del autor de Providence su imagen parecía estar perdiéndose en la bruma de lo subjetivo. Buena parte de sus lectores había entendido la literatura del autor a través de sus magnificados problemas sin pararse a leer entrelíneas ni tratar de profundizar en los procesos mentales y creativos que le habían costado la vida. Sin embargo, por suerte para todos nosotros, el paso del tiempo alejó a aquellos más cercanos a la línea marcada por Derleth y a aquellos influidos por sus propios recuerdos del estudio del autor. Permitiendo así que nueva sangre se sentara delante de sus relatos y cartas para tratar de desentrañar la verdad tras la máscara que se le había creado. En los años ochenta la obra de Lovecraft se encontraba extendida por casi todo el mundo a través del trabajo de Arkham House y de las múltiples traducciones de su obra. Habían pasado más de cuarenta años desde la muerte del autor en 1937 y la visión popular que existía sobre su persona se alejaba cada vez más de la realidad.

Esta década de los ochenta marcó el inicio del cambio en el estudio de su vida y obra. No fue una aparición milagrosa de entre la nada sino que surgió de una corriente subversiva de autores y revistas amateur que habían estado trabajando alrededor de los escritos de Lovecraft, nadando a contracorriente para tratar de paliar el daño que Derleth y su círculo había hecho y sobre el que nos centraremos más adelante. Estos años de trabajo en la sombra cristalizaron finalmente en la aparición en 1980 de uno de los trabajos más importantes alrededor de la figura de H. P. Lovecraft. S. T. Joshi publicó H.P.Lovecraft: Four Decades of Criticism marcando un punto de no retorno en la literatura sobre el autor. En el volumen, Joshi recoge ensayos y trabajos biográficos sobre la vida de Lovecraft publicados durante los últimos cuarenta años permitiendo que aquella corriente subversiva de estudiosos saliera a la luz. De manera paralela se encargó de la revisión de todo lo que se había escrito sobre Lovecraft, se enfrascó en la escritura de una completísima biografía de Lovecraft y descubrió, con tan solo leer los originales, que los relatos que medio mundo había leído estaban plagados de faltas y errores por lo que él mismo revisó todos y cada uno de ellos para su posterior publicación.

Durante los años posteriores la figura de Joshi se fue convirtiendo poco a poco en el principal pilar alrededor del que giran buena parte de los estudios relacionados con la obra y vida de Lovecraft. Corrigió y editó de nuevo todos los textos del autor de Providence, organizó seminarios, revistas académicas y participó en decenas de publicaciones sobre él en colaboración con un buen puñado de editoriales diferentes. Su trabajo más importante vio la luz en 1996 bajo el nombre de H.P. Lovecraft: A Life que se convirtió en la biografía más completa de Lovecraft. Por fin se publicaba, tan solo 59 años después de su muerte, un trabajo serio, riguroso y completo alrededor de su vida. Sin embargo, muestra del perfeccionismo y del amor que Joshi profesa por la obra del autor, pasó los siguientes años completando más aún su biografía hasta que en el año 2013 vio la luz la versión definitiva (al menos hasta ahora) en dos inmensos volúmenes bajo el nuevo nombre de I am Providence: The Life and the Times of H. P. Lovecraft. Este nombre, además de marcar la importancia de su pueblo natal para el autor, deja clara la imposibilidad de separar la vida de Lovecraft del tiempo que le tocó vivir durante sus 46 años de vida. Sin lugar a dudas los trabajos de Joshi son algunos de los más completos. Su visión está muy marcada por la filosofía y la estética del autor, parcelas muy poco tratadas hasta su llegada. La figura de Joshi es fundamental y fundacional para los estudios modernos alrededor del autor hasta el punto de que el propio Alan Moore le incluye como personaje en su Providence.

W. Scott Poole firma, en 2016, el ensayo In the Mountains of Madness: The Life and Extraordinary Afterlife of H. P. Lovecraft (nominado a los Bram Stoker Awards 2016) que se convierte por mérito propio en uno de los más interesantes y actualizados sobre el autor. En él Poole intercala un interesante estudio histórico de la América del momento con la vida y obra del escritor y sus relaciones con su alrededor. Es interesante ver de qué manera su mente de historiador difiere de los pensamientos de Joshi estableciendo una suerte de diálogo interno. En su libro podemos encontrar una revisión muy contemporánea de algunos de los temas más complejos de la vida de Lovecraft como su racismo o su relación con el sexo desde un prisma muy diferente al que presenta Joshi en su biografía.

Por desgracia, el campo de los estudios alrededor de la imagen y obra de Lovecraft en nuestro país se encuentra todavía anclado en la visión tan desfasada de Sprague de Camp. Los trabajos de Joshi no están traducidos al español y su acceso, según la obra, puede ser bastante complicado y caro. Mucha de la literatura alrededor de Lovecraft se publicó en pequeñas editoriales o con tiradas muy escasas por lo que conseguir una copia de ellas desde España puede ser relativamente complicado. Nos encontramos en un erial teórico alrededor de la figura del autor a pesar de que España fue uno de los primeros países en traducir la obra de Lovecraft.

Hasta la publicación, en el año 2016, de H. P. Lovecraft: El caminante de Providence, escrito por Roberto García Álvarez, no existía otro texto de importancia sobre la vida de Lovecraft sin tratar de desmarcarse de la imaginería creada por Sprague de Camp en su obra, con las excepciones de los prólogos escritos por Rafael Llopis para Alianza Editorial o Juan Antonio Molina Foix para Valdemar. El libro de García Álvarez trata de alejarse, como hizo Joshi en su día, de los ataques velados como crítica que había recibido el autor por parte de críticos y teóricos como Colin Wilson o el citado Sprague de Camp. El caminante de Providence puede servir como punto de no retorno dentro de la imaginería colectiva española alrededor de Lovecraft abriendo la mente a una reinterpretación completa de la vida del autor. Casi a modo de compendio de todo el trabajo inédito en español de Joshi Roberto entrelaza la vida, la obra, el momento temporal y el pensamiento de Lovecraft tratando de desdemonizar la imagen del escritor. En los huecos vitales existentes, como en toda revisión de una vida setenta años después, García Álvarez evita tomar por verdaderas algunas teorías antiguas y poco fundamentadas consiguiendo alejarse en mayor o menor medida de esta «Leyenda de Lovecraft».

Desde su muerte en 1937 la vida y el trabajo de Lovecraft se han convertido en un fértil campo de investigación que se ha ido acotando y trabajando de manera cuidadosa. Los primeros y deficientes trabajos, ya fuera por su exagerada pasión y ceguera o por sus ataques sin pudor, dieron paso a otros más rigurosos gracias a una nueva corriente de escritores. Esta mejora de los trabajos alrededor de la figura de Lovecraft ha ido permeando poco a poco a otros países y a otros campos haciendo aumentar el volumen de estudios que orbitan alrededor de Providence. A pesar del pequeño erial que parece ser España para este tipo de reflexiones, bien por la ausencia de traducciones o bien por la falta de autores, sí podemos encontrar casos como el de García Álvarez o las tesis doctorales Los mitos de Cthulhu como movimiento literario de R. Muñoz Casado presentada en 2012 o Communal Decay: Narratological and Ideological Analysis of H. P. Lovecraft’s Fiction de J. L. Pérez de Luque en 2013. Como podemos ver, la revisión en nuestra lengua del autor queda relegada a esferas altamente academizadas o a pequeños reductos literarios que navegan a contracorriente.

 

_____________

1 Traducción del Autor (TdA).

UNA BREVE NOTA BIOGRÁFICA

«Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en el número 194, posteriormente 454, de Angell Street, en Providence. Desde ese mismo instante su vida quedaba ligada a la pequeña ciudad de Rhode Island. Un lazo que se mostraría más poderoso que cualquier otro que jamás llegase a tener con nadie (más que con su madre, Sarah Susan, sus tías, su esposa Sonia o cualquiera de sus amigos más allegados). Nació y murió en Providence y en su pequeña y sencilla tumba se puede leer una frase que resume mejor que cualquier texto la relación con su ciudad natal: «I am Providence». La arquitectura y ambientes de la capital de Rhode Island fueron la única constante en su vida. Providence fue tabla de salvación y a la vez causa de muchos de los problemas que le persiguieron durante toda su vida.

No pretendo desmenuzar aquí la vida y obra de Lovecraft ya que considero que otros lo han hecho antes y mucho mejor que yo. Sin embargo, sí creo conveniente sobrevolar su vida para tratar de crear una pequeña imagen visual de Lovecraft y construir, en medida de lo posible, una imagen mental para los lectores ajenos a su vida y recordar, para los conocedores, sus elementos vitales más importantes a la hora de construir su ficción y su imagen popular posterior.

Así se describía a sí mismo el autor en una carta dirigida a Rheinhart Kleiner escrita en 1920:

…Describiría mi propia naturaleza como tripartita, mis interesantes consisten en tres grupos paralelos y separados: (a) El amor por lo extraño y lo fantástico. (b) El amor por la abstracta verdad y la lógica científica. (c) El amor por lo antiguo y permanente. Diversas combinaciones de estas tres cosas seguramente expliquen al completo mis extraños gustos y excentricidades2.

En esta somera e indexada descripción podemos encontrar el núcleo primordial de su propia personalidad y de gran parte de su literatura que, como él mismo dice, podría ser construida en base a combinaciones de los tres citados elementos. A la temprana edad de 8 años ya podíamos encontrar asentados buena parte de estos puntos descritos por él mismo y que se mantuvieron, en mayor o menor medida, durante el resto de sus días.

La infancia de Lovecraft ha sido tratada por muchos autores como un pequeño infierno que moldeó, para mal, la personalidad del autor. Sin embargo, Lovecraft siempre habló de su infancia en Providence como un tiempo feliz, quizás el más feliz de su vida, alejado aún de los problemas de una complicada etapa adulta. A la temprana edad de 2 años y 8 meses su padre fue internado y cuando contaba con 7 años y 11 meses falleció. El joven Lovecraft quedó a cargo de su madre Susie y de sus tías junto con el apoyo del abuelo Whipple Van Buren Phillips. Todos ellos moldearon, de una u otra manera, al autor hasta convertirlo en lo que fue.

Durante estos primeros años de vida, Lovecraft, quien siempre defendió tener recuerdos desde los tres años, formó buena parte de los rasgos que él mismo describía en la carta citada. Siempre recordaría su infancia con ternura y como uno de los períodos más felices de su vida por la cercanía con su madre, su familia y con su querida casa familiar. Tuvo una infancia donde la juventud y saber hacer económico de su abuelo, hasta que una serie de problemas con sus negocios llegaron, le permitieron criarse sin pensar jamás en lo monetario y recibiendo siempre lo necesario para saciar sus intereses científicos y culturales.

Durante estos primeros años surgió también su amor por lo extraño y lo fantástico a través de su precoz lectura de Las mil y una noches que devoró con apenas 5 años. Esta lectura supuso el primer paso hacia sus posteriores relatos y el punto de partida de las siempre constantes influencias árabes en su trabajo. Tanto impacto causó en él la imaginería árabe que no dudó en pasar cierto tiempo coqueteando con los arabismos. Fue en ese momento cuando surgió el nombre de Abdul Alhazred (el árabe loco autor del Necronomicón). Años después sería incapaz de recordar si fue un nombre sugerido por un familiar o si fue genuinamente inventado por él. Su madre y su abuelo, a través de su fondo bibliográfico, permitieron que el joven Lovecraft se embarcara en estos juegos entre lo literario y lo vital siendo apenas un crío. Su madre jamás puso ninguna traba a los intereses literarios de su hijo y le permitió leer cualquier libro e incluso ella misma incentivaba dichas lecturas que le abrieron la puerta al weird.

Esta primera etapa árabe dio paso a una etapa grecorromana tras el descubrimiento de los clásicos. El impacto fue tan fuerte que, a pesar de su posterior antirreligiosidad en la edad adulta, llegó a desarrollar cierta creencia real en los antiguos dioses. Cambió su nombre a L. Valerius Messala y se dedicó a torturar a cristianos en anfiteatros imaginarios y a llevar a cabo rituales a los dioses en el jardín del domicilio familiar. Esta influencia se dejará ver posteriormente en algunos de sus relatos como El árbol (1920)3 o el misterioso sueño romano que tuvo y que cedió a Frank Belknap Long para The Horror From The Hills (1931).

La infancia de Lovecraft no distó demasiado de la de cualquier otro crío de la época. Hasta que comenzó la escuela en 1898 fue un niño algo solitario que disfrutaba de la lectura y de jugar con sus juguetes, especialmente con aquellos con los que podía crear enormes escenarios y pueblos para crear sus propias historias. Como tantos otros chavales aprendió a montar en bicicleta a los 10 años tras recibir una como regalo de su madre y recordaba con cariño en sus cartas las tardes montando en ella. La pasión que profesó durante toda su vida por montar en bicicleta fue el único atisbo de cultura del deporte en el autor. La escuela le permitió salir del ambiente familiar y tener amigos de su edad llegando a formar una pequeña pandilla con la que fundó la Agencia de Detectives de Providence influidos por la literatura de Conan Doyle y Poe. Fue a clases de violín y aunque tenía cierto talento para la música (y para el canto) lo dejó… En definitiva podemos hablar de una infancia relativamente normal que ha pasado desapercibida para muchos por culpa de ciertos aspectos más fuera de lo común que han sido magnificados.

La relación con su madre, Sarah Susan, es una de las relaciones más complejas que jamás llegó a tener el autor. Para muchos la influencia de Susan fue la causante de muchos de los problemas que llegó a tener durante su vida y para otros fue indispensable a la hora de crear la imaginería literaria y su pasión por la escritura. Sería descabellado negar alguna de las dos posibilidades ya que el autor siempre mantuvo cierta relación de amor/odio con ella. En ocasiones el punto en el que más se incide a la hora de hablar sobre el peso negativo de su madre es la relación de Lovecraft hacia el sexo: los vestidos de niña, el desprecio de la madre por el físico de su hijo, el supuesto puritanismo materno y la posible contracción de sífilis de su padre por una prostituta se entremezclan durante los primeros años de vida de Lovecraft.

Mucho se ha hablado de Lovecraft en relación al sexo. El propio Alan Moore, creador de Watchmen, Promethea y muchas otras piezas indispensables del cómic contemporáneo, le dedicó una historieta. Neonomicon surge de la fusión entre el profundo racismo de Lovecraft y su completa falta de interés hacia el acto sexual en sus relatos. El racismo en su obra será tratado más adelante y podemos decir que la, a priori, falta de sexo en sus trabajos provenía de un rechazo fruto de cierto recato impostado sobre su uso en las obras de arte y de la propia indiferencia del autor hacia el acto sexual. Sin embargo, Lovecraft sí que escribía sobre sexo con relativa frecuencia. Quizás no lo hacía de la manera tradicional y en muchas ocasiones quedaba totalmente soterrado por lo que le rodeaba, pero hay sexo en Arthur Jermyn (1921), lo hay en La sombra sobre Innsmouth, en El horror de Dunwich (1928), en El ser en el umbral e incluso en La llamada de Cthulhu se hacen referencias a rituales orgiásticos. Sí es cierto que el acto sexual suele tener un valor negativo, normalmente derivando en la creación de extraños seres (de aquí surge principalmente la idea de Moore para su Neonomicon), pero no se puede negar la presencia del sexo en su obra. Tampoco se puede pasar por alto la vuelta de tuerca que tiene el sexo en El ser en el umbral con el personaje de Asenath Waite, esposa de Edward Derby. Terminamos sabiendo que durante buena parte del matrimonio de ambos, Asenath no era más que el receptáculo para la mente de su padre Ephraim Waite lo que termina convirtiendo todo en una extraña relación entre dos hombres, uno de ellos en el cuerpo de una mujer.

La aparente ausencia de sexo en su obra se relaciona también con el escaso número de personajes femeninos presentes en su trabajo. Asenath Waite es el único ejemplo de personaje femenino relativamente construido en sus relatos y resulta ser un anciano en el cuerpo de una mujer4. Scott Poole no niega cierta misoginia velada, o no tan velada, en sus relatos debido a la escasa aparición de mujeres y a la posición de víctimas (o señores que poseen a mujeres) que quedan relegadas. Sin embargo, sostiene, sin negar nunca las críticas posibles en esa dirección, que dichos personajes femeninos parecen partir más de una «implacable misantropía más que una simple misoginia», teniendo en cuenta la plana construcción de sus personajes masculinos y del poco cuidado que ponía a la hora de construirlos. Lo cierto, y como veremos más adelante, es que el número de personajes redondos en la literatura de Lovecraft se pueden contar con los dedos de una mano.

El sexo en su obra y la ausencia de más personajes femeninos no deja de relacionarse continuamente con la propia sexualidad y vida amorosa del autor. Y aunque, como todo alrededor de su figura, estamos ante algo muy complejo y capaz de llenar por sí solo un libro, trataremos de aunar algunas de las visiones más aceptadas dentro de este intenso repaso a su figura y leyenda. Curiosamente la vida amorosa del autor y su matrimonio con Sonia Greene son uno de los puntos que más atraen al fandom tanto en su vertiente infantil como en su vida matrimonial.

A Lovecraft le vestían como una niña. Sí, es una de las grandes frases que se dicen siempre que se habla de su pasado y uno de los sucesos que más se esgrimen para acrecentar su excentricidad. Es cierto que sus padres, especialmente su madre, querían haber tenido una niña y el jovencito Lovecraft, poseedor de una melena rubia y rizada de pequeño, parecía más una niña que un niño dentro de los cánones del momento. Su madre, si tomamos las declaraciones de Sonia Greene como ciertas, sí que llegó a vestir con vestidos al joven Howard cuando tendría alrededor de los 3 o 4 años. Con 6 años ya podemos ver fotografías del autor vestido como un chico y con el pelo cortado como tal. Muchos han clamado a los cuatro vientos que este suceso confundió profundamente a Lovecraft creando todo tipo de complejos sexuales y que le indujo a tener cierto rechazo hacia los homosexuales. Joshi descarta rápidamente el asunto aludiendo al matrimonio de Lovecraft con Sonia, a las declaraciones de esta: «Como marido era un amante debidamente adecuado…»5 y, como veremos más adelante, Scott Poole sostiene que la complejidad de la identidad sexual no se puede abordar desde un único punto de vista.

Hoy en día parece más sencillo asumir que nos encontramos ante una persona que sentía verdadera apatía por el acto sexual y que no tuvo ningún interés cercano a lo amoroso hasta conocer a Sonia. Esta primera relación transcurrió lenta y tímidamente desde el primer momento en que se conocieron hasta su repentina y sorpresiva boda. No hablaba de sexo con nadie ni aparecía en sus escritos, al menos de manera directa. Defendía además, y esto sería sorprendente si hubiera tenido algún tipo de rechazo patológico hacia el sexo, la libertad de otros creadores de utilizarlo en sus obras de manera explícita. Para él, firme defensor de cierto recato en la literatura, la libertad creativa de un autor estaba por encima de su opinión. Sin embargo, y como ejemplo del rechazo que sí sentía por otros elementos como el alcohol (fue defensor de la Ley Seca) sí se negaba a su aparición y nunca accedió a tomarlo voluntariamente. A pesar de esta aceptación del sexo en la literatura, Lovecraft no admitía hablar de ello en público, quizás una muestra más de su pose de caballero, e incluso la mera mención de la palabra podía llegar a molestarle6.

Cierta corriente de textos sostiene que, por esa infancia «perturbadora» (nótese especialmente el uso de comillas) como niña, por su rechazo hacia el sexo y por su peculiar matrimonio, Lovecraft fue un homosexual reprimido. W. Scott Poole sostiene que no existen pruebas para aseverar con ligereza algo tan complejo pero sí cree observar cierta «plasticidad en su orientación sexual». Esto, para Poole, no sería nada extraño teniendo en cuenta que durante los años veinte tuvo lugar una «reorganización y reimaginación masiva durante los primeros pasos de la revolución sexual»7 en los Estados Unidos. Otros autores piensan en su sexualidad de manera binaria y sostienen que al rechazar la homosexualidad, y por su matrimonio, lo que hacía era tratar de ocultar su homosexualidad «latente». Lo cierto es que Lovecraft mantuvo, tomando como ciertas las declaraciones de Sonia, relaciones sexuales sin problemas. No obstante ella fue su único interés amoroso, y fue más intelectual que sentimental, y sus muestras de cariño en público eran inexistentes del todo.

Sin embargo, Poole, hablando de esta «plasticidad en su orientación sexual», hace hincapié en que las relaciones sociales del autor parecían tener cierta tendencia homoerótica rodeándose siempre de hombres más jóvenes. «No creo, y me refiero realmente a que no lo sé, que dichas relaciones de Lovecraft con aquellos jóvenes se dirigiera hacia algún tipo de actividad sexual»8