Elfo Afeminado - Victor Perez - E-Book

Elfo Afeminado E-Book

Victor Perez

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Beschreibung

Los elfos eran criaturas pacíficas.
En simbiosis natural con el bosque.
Evitando a los humanos y su guerra.
Pero Solas era el vigía, el guardián.

James había entrado en su territorio.
Y eso era un problema, grave.
La atracción sexual, también.
Y entonces lo atacaron. A muerte.

Le salvo la vida, pero revelándose.
Ya no había donde ocultarse.
Pero había una relación que forjar.
Y ahí no había acabado todo.

¿De dónde venía aquel ataque?
¿Aquella energía negativa?
Ahora Solas tenía dos trabajos.
James, y su atacante.

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Veröffentlichungsjahr: 2020

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Elfo Afeminado

Romance, Erótica y Fantasía con el Elfo Homosexual

 

Por Victor Perez

 

© Victor Perez 2020.

Todos los derechos reservados.

Publicado en España por Victor Perez.

Primera Edición.

 

 

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Índice

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

 

 

 

1

 

Solas se encontraba contemplando en silencio la selva. No había visto rastro de humanos en lo que había pasado el día, así que era otra ocasión para aburrirse. Debido a que habitaba en la selva de Darien de Panamá, era casi imposible que los exploradores llegaran con voluntad propia a dicho sitio, pues esa selva era reconocida por varios como uno de los lugares más peligrosos y horribles del mundo.

La mayoría de estos inmigrantes, salían de diversas partes del mundo en donde enfrentaban problemas con la dictadura de sus países, por lo que era común ver a gente de Nigeria, Arabia Saudita o hasta China, intentando salir del infierno en donde estaban para conseguir un futuro mejor.

Varios eran los que querían intentar cruzar el sitio para llegar hasta Panamá, queriendo de esa manera emprender su viaje hacia el norte, en donde intentaría cruzar más y más fronteras de los mortales, sólo para terminar presos por algunas de las autoridades de dicho país.

Aunque Solas no tenía idea del destino que le deparaba a esas personas una vez que eran presas, él debía confesar que más de una vez pensó que sería interesante conocer más sobre aquel mundo mucho más allá de las fronteras de su gente.

Los elfos habían dejado de tener contacto con los humanos desde hace muchos siglos atrás, pasando a dedicarse al cuidado y protección de los bosques, así como la práctica libre de la magia sin ningún tipo de restricciones.

Desde los tiempos ancestrales, los humanos nunca entendieron las habilidades de cada uno de los que habitaban el mundo del bosque. El hablar con los animales, usar el mana como fuente de energía o consumir alimentos orgánicos en vez de carne animal, era algo que los mortales consideraban propio de herejes. Ilusamente, buscaban que los elfos hicieran hechizos curativos o les garantizaran la inmunidad a cualquier cosa durante la guerra. Pero estas criaturas de orejas puntiagudas no hacían tal cosa, o al menos no de esa manera.

Los elfos usaban los poderes de la naturaleza para fines específicos, uno de ellos era predecir el futuro, así como saber en dónde era el mejor sitio para conseguir ingredientes para hacer pociones que restituían la energía de las personas con un sólo trago. Pero la naturaleza era sabia, nunca le ofrecería ningún tipo de ayuda a aquellos que la han dañado, y la mayoría de los humanos le habían faltado el respeto de varias maneras, por lo que los espíritus siempre negaban colaboración de cualquier tipo con los humanos en cuestiones de sanación o predicción.

A lo largo del globo, los elfos habían sido perseguidos en cada continente en el que habían estado. La búsqueda por encontrar la paz llevó a un pequeño grupo hasta Panamá, en donde decidieron establecerse durante varios siglos, por lo que esparcieron su mensaje por el resto del globo terráqueo, con tal de que sus hermanos supieran de su nuevo hogar.

Conviviendo incluso con los aztecas y los mayas en momentos específicos, y observando la muerte y el conflicto que había traído el proceso de la colonia cuando llegaron los hombres de Europa y colaboraron con varios pueblos indígenas hartos de los abusos de dichos imperios, los elfos también se quedaron para evidenciar el progreso con el pasar de los años de dichos países.

Gracias al contacto con los pueblos maya y azteca, los elfos habían comprendido cómo hacer diferentes diseños para su arquitectura, construyendo en los bosques su nueva patria, la cual ocultaban del ojo humano con diversos hechizos de toda clase que lograban bloquear las vistas de los extraños al pasar por encima con sus aviones.

Solas había crecido en una familia de exploradores, por lo que había sido entrenado en todos los aspectos posibles para aprovechar de la mejor manera los recursos de su entorno. Sabía cómo hacer pociones de defensa, como alimentarse de los troncos y cómo crear armamento con tan sólo un par de piedras al aire libre, por lo que su preparación era excelente a la hora de confrontar al peligro de cualquier clase.

Ese día, Solas había escuchado de un extraño que deambulaba por la selva, por lo que su padre le había dicho que debía ir a buscar inmediatamente información sobre aquel desconocido e investigar que este no fuera un enemigo sobrenatural que lo que quería era destruir a su pueblo como hacían algunos locos que procuraban oro.

Los elfos a veces enfrenaban a diversos espíritus malignos que solían seguir el rastro de mana hasta su ciudad, lo cual hacía que estos usaran hechizos defensores para protegerse de los mismos, pues la barrera mágica que tenían no podía aguantar durante mucho tiempo los ataques de la oscuridad de estos monstruos.

Mientras caminaba por la verdura de Darien, Solas cantaba con tranquilidad al ver el cielo. Le gustaba pasear en sus tiempos libres en la selva, por lo que no veía aquello como un trabajo, sino como un momento de placer que él guardaba para sí en su corazón. Había demasiadas cosas que pasaba por su cabeza cuando estaba en el aquel sitio, pero las que quería dejar atrás estaban en su ciudad.

Responsabilidades. Trabajo. Problemas familiares. Todo quedaba a un lado.

Danaram era la ciudad de los elfos. La única que quedaba en el mundo y que guardaba a cada una de las culturas que habían migrado en búsqueda de un hogar mejor. Esta se irguió con ayuda del mestizaje entre los elfos de diversas culturas, algo parecido a lo que aconteció con los pueblos originarios y los colonos, por lo que era complicado decir hoy en día de qué parte provenía cada elfo, pues todos eran uno solo como pueblo.

Solas detuvo un momento su canto improvisado, al notar algo particular en el suelo, y es que había una serie de huellas que no eran propias de los elfos, pues estas eran mucho más grandes que los pequeños pies de dichas criaturas. Sosteniendo bien su lanza, pudo presentir que había alguien en la cercanías; específicamente hablando, en el área de la cascada que había no muy lejos de allí.

Esperaba no tener que matar al viajero, pues el mismo estaba peligrosamente cerca de dónde estaba su gente y las leyes establecían que de aventurarse en esa parte, tendrían entonces los exploradores que actuar como era requerido para evitar que el conocimiento de Danaram se perdiese con la llegada del ser humano, tal y como siempre solía suceder.

Al acercarse a la cascada, vio como unas cuantas ropas que eran como dos tallas más grandes que la suya, yacían a los pies de un árbol, por lo que debía suponer que el enemigo estaba tomando un baño. Al apartar un poco la maleza que estaba alrededor de dicha fuente de agua, pudo presenciar la visión más hermosa que sus ojos hubiesen podido ver en mucho tiempo, quedándose anonadado con la figura que estaba de pie en el pequeño pozo de agua de la corriente de la cascada.

En el agua de esta, estaba un hombre. Pero este no era un hombre cualquiera, no señor, era un hombre alto, extremadamente fuerte y con un cuerpo propio de los dioses que adoraban los elfos en sus cantos. Su piel era oscura como el carbón, pero esta brillaba con fuerza a la luz del sol, ya que sus gotas caían por la misma de una manera casi poética, resaltando cada uno de sus rasgos más característicos.

El tipo como tal tenía unos hermosos pectorales, los cuales parecían haber sido esculpidos con la misma dedicación que le pusieron al resto de sus piernas. Solas sintió que sus labios comenzaban a babear, jurando que su taparrabo le estaba dando señales claras de que ese trozo de tele no le cubriría nada su erección, aunque eso no le importaba.

Maldiciendo por lo bajo, vio como aquel hombre terminaba de bañarse para salir del agua, a lo cual él no pudo dejar de ver como algo sumamente interesante. Nunca antes había visto a alguien como él en Danaram. Un hombre tan grande como ese era algo inusual, pues los elfos no solían ser muy altos en comparación con los mortales, lo cual siempre les había facilitado el moverse por la jungla con más facilidad sin ser detectados.

El chico no se percató en ningún punto de la presencia de Solas, así que prosiguió a sacudirse cual perro mojado, para después colocarse la ropa que había dejado en el lugar en donde Solas había estado. Viendo más detenidamente lo que hacía, Solas pudo apreciar que debajo de esas ropas había un equipo de artilugios extraños, los cuales no había tenido la oportunidad de ver en otros humanos.

Dándose cuenta de que estaba desperdiciando tiempo al estar allí sin hacer nada, Solas se pellizcó el brazo para salir de su transe. Guapo o no, aquel individuo era un intruso en la selva, y tenía que hacer lo que era debido, por mucho que su cuerpo le estuviera gritando que aquello era una soberana estupidez.

Antes de que pudiera lanzar su flecha, su cuerpo se detuvo un momento para ver al joven de nuevo. Su mente le gritaba que todo aquello era una cosa que lo perseguiría durante mucho tiempo. Siempre había soñado durante muchos años en conocer a una persona del mundo mortal, pues él quería aprender mucho más de aquel lugar con aquellas personas tan particulares.

Su padre había promovido dentro de su cabeza, la idea de que no había forma de que los humanos pudieran cambiar la manera en la que eran, fomentando el desprecio que él sentía por los mismos desde que tenía memoria. El estigma a los humanos se había extendido por generaciones a los patriarcas familiares, incluso después de que muchos de estos perecieran.

Los elfos como tal no eran inmortales, pero se denominaban a los humanos mortales por sus cortos periodos de vida, pues sus hechizos y pociones extendían hasta casi el triple sus expectativas de vida, así que podía decirse que aquella expresión era algo más “despectivo” que otra cosa.

Él siempre había querido saber algo más acerca de dicho mundo, pues parecía que tenían varias cosas que podrían de alguna manera facilitar la vida de los elfos. Una de esas eran los famosos aviones, los cuales les permitían a los humanos desplazarse a distintas partes del mundo en cuestión de horas, ¿cómo podían emular eso si su forma de viaje siempre había sido sus pies?