Sangre Homosexual - Victor Perez - E-Book

Sangre Homosexual E-Book

Victor Perez

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Beschreibung

Dash era un vampiro del clan del norte.
Una tribu olvidada, apartada del mundo.
Hasta que el destino se interpuso.
Hasta que conoció a una mortal…

.. y a su hermano, Danny.
Su nuevo sirviente. Su nuevo amante.
Su nuevo compañero para la eternidad.
Pero entonces, llegaron los problemas.

Algo estaba pasando en las sombras.
En el mundo de los no-humanos.
Estaban cayendo como moscas.
Siendo atacados, por algo invisible.

Hasta que descubrieron lo que era.
Hasta que pudieron pelear contra el…
… y dejar de luchar contra si mismos.
Dejar de luchar contra su relación.

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Veröffentlichungsjahr: 2020

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Sangre Homosexual

Romance Gay, Erótica y Fantasía Mágica con el Vampiro Gay

 

Por Victor Perez

 

© Victor Perez 2020.

Todos los derechos reservados.

Publicado en España por Victor Perez.

Primera Edición.

 

 

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Índice

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

 

 

 

 

1

Dash era un vampiro de clase baja. Su clan había sido segregado al norte de Inglaterra durante siglos, luego de perder las batallas decisivas de Gales e Inglaterra contra los clanes del sur. En otras circunstancias, no hubiese sido tan grave, pero ser relegado al norte implicaba que todos debían tener menos cosas que los del sur, los cuales gozaban de una variedad de alimentos mucho más amplia que la que tenían en las tierras escocesas.

Su familia se había visto mal durante varios inviernos, pues no podía cazar tan frecuentemente, debido a que no había tanta variedad de personas sin techo por las ciudades de Escocia. La región del norte era menos poblada que el sur, lo cual implicaba que había menos centros urbanos en donde los vampiros pudieran realizar sus actividades.

Como parte de los acuerdos firmados entre los clanes en la convención de 1657 en Transilvania, los vampiros se comprometían a ocultar su identidad del mundo exterior a través de distintos métodos, con tal de evitar que los humanos dieran con ellos y causaran una desgracia entre la poca población que existía a nivel mundial de los inmortales.

Dash había participado en su clan como cazador durante varios años, más de los que podía contar. Durante todo ese tiempo, había visto como sus padres se desgastaban poco a poco, al punto de que él juraba que hubiera sido mejor clavar una estaca en su corazón para terminar con su sufrimiento.

Mucha gente confundía en el mundo humano la inmortalidad como la incapacidad de no ser asesinado por algo. Los vampiros vivían eternamente si ellos querían, pero estos podían ser exterminados de la faz de la tierra en un abrir y cerrar de ojos por diversos medios. Uno de los más populares era la decapitación, la cual sería seguida del incendio del cuerpo de los vampiros para evitar dejar cualquier rastro.

Otro era la muerte por estaca, la cual era la más usada en el pasado, pues terminaba de destruir el corazón de un vampiro en un instante. Contrario a la creencia popular, los vampiros podían andar perfectamente por la luz del sol, sólo que los mismos agotaban sus energía más rápido con la misma. Usualmente era más común operar de noche, pues de esa manera, los mortales del mundo no notaban los movimientos que los vampiros tenían en dicho mundo.

La mejor manera de alimentarse era la sangre humana, aunque el clan del norte había descubierto la manera de sobrevivir sin la misma cuando era necesario, usando la sangre los animales salvajes para conseguir saciar su sed. Esto era lo más parecido a ser “vegetariano” en el mundo vampiro, pero no se saciaba del todo cuando tenía que recurrir a este tipo de prácticas.

Dash vio que las calles de Glasgow se encontraban desoladas, por lo que se sentó en un banco a descansar para ver si veía a algún alma en pena acercarse por ahí. En vista de que era invierno, había conseguido traer en las últimas emanas, a personas indigentes al clan, pero todas estas personas habían durado poco tiempo.

Una de las cosas que no podían hacer sus hermanos vampiros era no despertar el pánico general. Sí un clan secuestraba a muchas personas para absorber su sangre, estoy causaría un titular en los periódicos como: “Sin techo son asesinados extrañamente”, lo cual solía pasar de vez en cuando.

El concilio de vampiros, se reunía una vez al año en Transilvania para discutir estos incidentes, y aquellos clanes que hubiesen causado mucha atención, serían excomulgados de este. Ser excomulgado significaba que no contarías con la protección del concilio si descubría tu identidad, ni harían nada para ayudar en una situación de riesgo con otros excomulgados. Muchas veces, era común escuchar que los vampiros excomulgados peleaban entre sí hasta la muerte para ganar territorio en el camino salvaje, mientras que otras leyendas aseveraban que estos tenían escondido entre los bosques de Inglaterra, varias viviendas para apartarse de la sociedad.

Lo cierto era que habitar en cualquier sitio como un excomulgado era totalmente estigmatizado en la sociedad vampírica, pues muchos de los otros clanes solían agreder físicamente o hasta matar a dichos vampiros cuando se acercaban hasta sus tierras.

Irónicamente, los excomulgados eran raramente vistos, así que no había forma de interactuar con ellos como se solía hacer con los otros clanes. Según había escuchado, Dash no tenía noticias de un vampiro excomulgado en los últimos años, ya que desde hace tiempo que las leyes del concilio se respetaban al pie de la letra por varios miembros de la comunidad, logrando el orden que tanto anhelaban para prosperar.

Justo cuando estaba pensando en retirarse, escuchó unos pasos a lo lejos. Un hombre de estatura mediana y un cabello rojizo caminaba por la calle con las manos en sus bolsillos.

Aunque podría haberse ido de allí, el joven parecía que era otro sin techo, y su estomago le estaba exigiendo algo de comida antes de regresar a casa con sus padres. El chico en cuestión llevaba un pequeño carrito con algo de basura que había recolectado, la cual probablemente dejaba en el basurero municipal para conseguir algunos euros para pagar su comida del día.

Con paso amenazante, se dirigió con lentitud hacia el joven, hasta que de repente pasó lo más inesperado.

Una fragancia como las rosas inundo su mente. Lo cual era prácticamente imposible, pues su olfato no estaba entrenado para percibir ese tipo de olores como antes, ya que los años lo habían entrenado para captar otros aromas con más fuerza que los tradicionales.

Y sin embargo, ahí estaba, sintiéndose drogado por la manera en que olía aquel chico tan especial. Aunado a eso, sentía que su organismo se llenaba de una especie de descargar eléctrica, la cual iba desde la cabeza a los pies. Desde hace siglos, cuando fue convertido por su padre cuando era un hombre adulto, él había dejado de experimentar sensaciones en su corazón, pero la aparición de aquel chico le había causado una presión muy fuerte en dicha zona.

El hombre en cuestión levantó la mirada para fijar sus dulces ojos verdes en las pupilas rojas de Dash, quien no podía dejar de apreciar la cara de aquel sujeto como si fuese lo más hermoso que hubiese visto en todos los años que había estado viviendo en aquel mundo.

- ¿Necesitas algo? -Preguntó el chico con un tono suave que se le hizo angelical a sus oídos.

Dash quería decir “a ti”, pero de cierta manera pudo controlarse. Si pudiera sonrojarse, probablemente tendría la piel roja como un tomate, pero la mortificación interna que sentía era más que suficiente. La vergüenza de abrir su boca y parecer un idiota era algo que le dolía más que una estaca clavada en el corazón, pero no podía dejar de deleitarse con cada segundo que pasaba con él.

Era definitivo, ese chico tenía algo especial, algo que debía ser suyo e iba a lucha para hacer que se quedara.

Justo cuando iba a abrir la boca, algo extraño comenzó a ocurrir en la calle.

La temperatura bajó algunos grados, logrando que el aliento del joven fuera visible ante los ojos de Dash. Poco a poco, parecía como si los alrededores comenzaban a congelarse, causando que los bombillos de las luces de la calle fueron apagándose. Dash no podía sentir el frio en su piel de la misma manera que los humano, pero su cuerpo tenía la habilidad de detectar los cambios en el clima de una manera particular, sus pelos en el cabello comenzaban a erizarse de manera extraña, casi como si hubiera mucha humedad y él se hubiese colocado espray para el pelo.

Dash nunca había experimentado un aura así, ni siquiera cuando peleó contra aquel excomulgado hace varios siglos atrás, pero antes de pensar en sí mismo, no podía evitar que su cerebro se centrara en el chico desconocido que estaba en frente de él. El joven en cuestión, estaba tiritando y mirando a todos lados desesperados, casi como si quisiera encontrar la fuente de dicho frío.

Sin poder aguantar un segundo más, abrazó al pelirrojo con fuerza, consolándolo e intentando brindarle calor. Algo tenían los vampiros que ellos mismos no percataban, pero al parecer, los humanos podían sentir que eran más calientes cuando había temperaturas bajas, y más fríos cuando había temperaturas altas.

- ¿Qué… qué pasa? -Demandó saber confundido el desconocido mientras abrazaba a Dash con fuerza.

El vampiro juraba que iba a devorar a aquel hombre. Se sentía extremadamente bien y placentero el contacto de su piel fría con la suya. Dash se preguntaba cómo era posible que aún sintiera deseo de tener relaciones hasta el alba con aquel sujeto, cuando en los últimos siglos no había estado con nadie en ese plano por estar “muerto”.

- No sé… pero quédate conmigo, no es seguro que estés sometido al frío, podrías terminar muriendo.

Luego de varios minutos, una extraña figura como si fuera un fantasma se materializó pocos metros más allá de donde estaban. Dash no podía ver nada, pero la figura tenía piernas, tenía más de dos metros de altura, estaba cubierta con un manto de colo gris que parecía hecho de vapor. Las manos de la misma eran esqueléticas y largo, así como también exhibía una extraña venda de color rojo sangre que tapaba sus ojos.

En el sitio donde había aparecido, estaba sentado un hombre sin techo, el cual se encontraba totalmente dormido por los efectos del alcohol y las drogas, si tomaban en cuenta las botellas vacías que había a un lado de aquel banco.

La criatura alzó su mano para apuntar a aquella persona, y de su dedo, Dash comenzó a apreciar algo completamente inusual. Un hilo de color blanco comenzó a salir del cuerpo del hombre, casi como si este estuviera siendo succionado por una pequeña aspiradora que se localizaba en aquel dedo decrepito.

Luego de varios segundos, la figura decidió terminar con lo que sea que hubiese estado haciendo, dejando al hombre tranquilo. Aquella cosa volteó su cabeza para observar a Dash y al sujeto que estaba abrazando. Con un pequeño movimiento, tronó los dedos para desaparecer en aquella extraña marea de frío que había inundado el ambiente hasta hace algunos segundos.

Dash parpadeó sin poder comprender la situación, le parecía totalmente inverosímil lo vivido, pero con rapidez volteó sus ojos hacia la figura de aquel hombre que había estado abrazando. El pelirrojo en cuestión se encontraba más relajado debido a la vuelta a la normalidad del ambiente, separándose un poco de Dash con una expresión de incredulidad, casi como si todo aquello fuera una simple fantasía y el estuviera a punto de despertar.

- ¿Qué… qué fue lo que pasó? -Demandó saber con voz ronca al separarse de Dash.

El vampiro alzó una ceja confundido, pues no podía comprender cómo era posible que él hiciera esa pregunta si habían presenciado todo en carne propia.

- ¿Acaso no viste lo que pasó?

- ¿Ver qué? -Respondió él con una expresión que indicaba su ignorancia sobre el tema.

- ¡Aquella cosa! ¡La cosa alta que se acercó hasta ese hombre! -El tono de Dash parecía rayar en la desesperación cuando señalaba el punto en donde había estado la criatura.

- ¿Qué pasa con ese hombre?