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El Virus “Sexforce”. Feromonas descontroladas.
Un amenaza global para todo el planeta.
Una vez contagio, estabas perdido... si no te tratabas.
El sexo salvaje con otro paciente se convertía en tu vida.
Leonardo y Diego sufrían la enfermedad.
Y la habían compartido juntos.
Sesión de sexo tras sesión de sexo.
E incluso… ¿una relación más profunda?
Pero las cosas habían cambiado.
Diego había traicionado a Leonardo.
Y ahora, Leonardo le necesitaba más que nunca.
¿Se habría vuelto inmune?
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Veröffentlichungsjahr: 2020
Hombres Inmunes
El Virus del Sexo Salvaje
Por Victor Perez
© Victor Perez 2020.
Todos los derechos reservados.
Publicado en España por Victor Perez.
Primera Edición.
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La Bestia CazadaRomance Prohibido, Erótica y Acción con el Chico Malo Motero
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Índice
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
1
El mundo era realmente injusto, en el pasado, si él hubiese tenido la oportunidad de repensar las cosas, quizás habría tomado otro camino, pero ya el tiempo había decidido lo que tenía que hacer y ahora ya era muy tarde para mirar hacia los errores cometido. Leonardo Di Martino era un hombre bastante ambicioso en la vida, siempre había querido triunfar en la industria como animador profesional, pues creía que este arte podía crear todo tipo de mundos inauditos que sólo existían en su imaginación y hacía realidad con su pluma.
Pero ahora que estaba trabajando en un estudio grande de animación asociado a la compañía Disney, podía apreciar con claridad que no era tan fácil, el mismo estaba lleno de todo tipo de reglas y paramentos que jamás pensó que terminaría realizando en su vida, pues siempre creyó que lo que conocía de diseño animado estaba limitado a su tableta. Diseñar en 3D era algo novedoso y complejo, pues esto podía llegar a tomar horas de trabajo y una de las cosas que más demandaba aquella pasantía en dicho estudio era la innovación, pues sólo los más creativos podían conseguir trabajo una vez terminado el programa.
En su ambiente laboral también le costó conseguir amigos, a excepción de una chica que también era pasante y proveniente del sur de Arizona, su nombre era Kathy. Aunque ella no era una “bomba”, realmente era una chica adorable, alta, ojos castaños, cabello marrón y piel morena que brilla con la luz de los bombillos del estudio. Kathy siempre se había mostrado amable con él, siendo la más propensa a iniciar una conversación que los demás de su grupo, aunque también podía notar un cierto interés en ella por querer algo con él.
Desde que se mudó a Los Ángeles, había pensado en varias ocasiones que jamás tendría la oportunidad de estar con otra mujer en su vida, pues cuando había decidido mudarse a dicha ciudad, lo había hecho con el que era su “pareja o amigos con derecho” Diego, el cual era un compañero de la universidad que conoció gracias desafortunadas circunstancias.
Resulta que por el mundo rondaba el “fantasma” del virus “SexForce” el cual era conocido por inhibir las emociones libidinosas más fuertes que los humanos tenían en su subconsciente, potenciando a niveles sobrenaturales las ansías y capacidades para tener sexo. Durante mucho tiempo, Leonardo había usado para su beneficio personal dichas habilidades que le proporcionaba más placer carnal con su amigo, todo por querer probar cómo sería tener sexo con un hombre como él luego de un “desplante” que sufrió de su parte.
El sexo con Diego era… fuera de las proporciones que había imaginado, llegando a tornarse adictivo, por lo que de alguna forma extraña, llegaron a acuerdo en el que ambos mantendrían una “relación” exclusiva para tener sexo, aunque jamás habían puesto sobre la mesa que eran una pareja o algo así, Leonardo no sabía de otro tipo de comportamiento similar al de una pareja que el que habían tenido.
Sus amigos lo aprobaban, su familia lo aprobaba, parecía como si el universo entero estuviera conspirando en su contra para hacer que él hiciera lo propio y saliera con este hombre con el cual disfrutaba de lo mejor del sexo. No obstante, el tiempo con Diego no dejaba de hacer que pensara en que su cuerpo se estaba volviendo dependiente del mismo, al punto de que dudaba de que en algún punto pudiese volver a estar con cualquier espécimen del género femenino.
Cada vez que compartía con Leonardo, sentía que las ganas de querer estar con alguien más se iban más y más lejos, haciendo que mente volara por los aires, evitando así que se concentrar en cosas importantes. Fue así como empezó a aparecer en su cabeza, la idea de que debía intentar tener algo más, una aventura o algo distinto que le hiciera recordar la sensación de estar con una mujer, y la verdad era que Kathy le había dado todas las muestras de interés posible, así que supuso que lo mejor era invitarla al apartamento.
El plan era obvio, simplemente tendría algo rápido con la chica aprovechando que Diego no iba a llegar hasta mucho más tarde se su trabajo en Warner Brothers Inc y luego se despediría como si nada, demostrando así que no era dependiente de ninguna manera del chico de cabellos castaños que lo hacía enojar y reír en tantas oportunidades.
Ella aceptó sin ningún problema, cuando llegaron a la casa, él se dispuso a servir unos tragos y a poner un poco de música para poner el ambiente en el punto preciso para poder comenzar con el “flirteo” adecuado, pero algo dentro de su cuerpo le impedía acercarse a Kathy.
Era como si sintiera repulsión de ser tocado por ella, casi como si el hecho de que ella lo acariciara en el cuello o se comportara de manera seductora le pareciera vulgar. Se suponía que aquello no debía de ser así, ¿por qué estaba sintiendo tanto remordimiento? ¿Por qué actuaba como un robot sin emociones cuando ella colocaba sus piernas tranquilamente sobre las suyas? ¿Acaso estaba muerto en su entrepierna que ni siquiera se excitaba?
Hace mucho tiempo le había dicho a Leonardo que él no creía que ambos tuvieran una “relación” e incluso llegó a hacer la apuesta de que si no conseguía un trabajo en California, tendrían que terminar dicha relación. No obstante, el condenado terminó por sorprenderlo, logrando encontrar una oferta laboral en la misma ciudad a la que se mudó.
Con todo eso, aún había cierto temor o indiferencia de asentar una relación formal con él era como si su parte de “gigoló” en su cuerpo se rehusara a querer sentar cabeza con alguien, pero lo irónico de todo aquello, era que no soportaba la idea de ver a Diego con otra persona y más de una vez los celos lo controlaban a más no poder cuando estaba cerca de una mujer.
Unos cinco minutos más y hubiera despachado a Kathy sin ningún remordimiento, pero la vida se empeñaría en hacerlo sufrir a partir de entonces, pues Diego llegó llamando su nombre al apartamento aquel fatídico día, logrando que a este se le bajara la tensión instantáneamente, casi como si sufriera de algún tipo de enfermedad cardíaca.
- ¿Qué haces Leonardo?
Fue lo que escuchó, porque además de eso, no prestó ningún tipo de atención a lo que estaba musitando Kathy, quien trataba de mostrarse efusiva con Diego, pero por lo visto no era estúpida, pues inmediatamente notó la tensión que había entre ambos, la cual era demasiado incómoda para cualquiera, cuando ella salió por la puerta con timidez, Leonardo juraba que sufriría un colapso nervioso.
Al voltearse, Diego dejó detrás un aire cargado de tristeza, pesimismo y traición, el cual hacía que le fuese difícil respirar, por lo que se levantó ipso facto para ir corriendo detrás de él como un vaquero que perseguía a un indio del medio oeste. Leonardo no sabía si la humillación era suficiente como para que se comportase así, pero la actitud que tomaba en ese momento la hacía sin estar consciente de porqué, pues algo en su interior le gritaba que debía hacer lo imposible por aclarar las cosas con Diego antes de que fuese demasiado tarde.
- Oye... yo no he hecho nada en especial... ella quería ver la casa... -Diego en ningún momento se volteó a verlo para hablar con él, de hecho emanaba un aura peligrosa-. Ella es sólo una compañera... no hicimos nada... ni siquiera la toqué, así que no tienes…
Nada, Diego parecía una especie tumba o un fantasma que resguardaba algún lugar, pues este parecía estar más muerto que vivo. En otras circunstancias, le habría dado exactamente lo mismo que se comportara así con él, pero estaba claro que esto no era como las otras veces.
Diego no era como ninguna mujer con la que había estado, él era una persona capaz de hacer sentir a la gente de muchas maneras, y él era el idiota que había decido “probar” algo distinto sólo para tratar convencerse de que era capaz de estar aún con una mujer.
¿Por qué parecía que esta vez estaba siendo impulsado por el desespero de perder a alguien? Era como si su cuerpo se llenara de desasosiego y su alma se inflara con la desdicha de tener que ver partir a algo que él amaba. Amor… esa palabra que le era tan familiar y ajena a la vez, pero que en ese momento era la ideal para explicar varias cosas.
En su vida había tenido amor, amor de familia y de amigos, pero jamás había conocido lo que era el amor de pareja, ¿sería Diego el que se había encargado de demostrarle lo que era el mismo? No estaba seguro, pero si quería luchar por aquello que él creía que era lo más parecido a esa sensación y no quería perder a Diego en el proceso.
Antes de que pudiera volver a hablar, el chico rompió el silencio al llegar a su habitación.
- Estabas solo con una mujer. -Dijo él con un tono arisco mientras se detenía en frente de su puerta.
Cada palabra era una cuchillada más, entonces no sabía cómo podía enfrentar ese problema, pues significaba que debía seguir justificándose, y jamás había sido bueno para ese tipo de cosas.
- ¡Pero ni siquiera me excité o algo! -Exclamó con rabia sin ponerse a pensar que estaba siendo un imbécil de grandes proporciones.
