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Los hombres lobos eran infames.
Agresivos, temidos, impredecibles.
Pero querían sobrevivir.
Y no eran estúpidos.
Por eso se alejaron.
Se exiliaron por voluntad propia.
En pequeñas comunidades…
… por todo el planeta.
Vlad era uno de esos licántropos.
Uno sin contacto con los humanos.
Hasta que vio a uno…
Y sintió esa conexión primal.
Él era su pareja. Debía serlo.
Sin embargo, no todo iba a ser fácil.
No con aquella presencia oscura.
Aquel mal oculto en su territorio.
Y desde luego…
… no con los rumores de guerra.
Una nueva guerra mundial…
… contra aquella oscuridad.
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Veröffentlichungsjahr: 2020
Pelaje Homosexual
Romance, Erótica y Fantasía con el Licántropo Gay
Por Victor Perez
© Victor Perez 2020.
Todos los derechos reservados.
Publicado en España por Victor Perez.
Primera Edición.
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La Bestia CazadaRomance Prohibido, Erótica y Acción con el Chico Malo Motero
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Índice
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
1
La última guerra contra los Nocturnus había dejado secuelas demasiado profundas en los hombres lobo. De las criaturas sobrenaturales que habían luchado en la misma, ellos habían sido los que se habían llevado el golpe más profundo, pues a diferencia de los vampiros, ellos no podían regenerar las partes de su cuerpo cuando eran dañados, quedando lisiados por el resto de sus vidas inmortales.
Luego de que ambos lucharan mano a mano, los vampiros y los lobos se separaron, buscando un mejor lugar en el mundo para recomponer a sus comunidades, cosa que los licántropos hicieron en Rusia, mientras que los otros se dirigieron a las tierras de Inglaterra y gran parte de Europa.
La decisión de ir a Rusia vino acompañada de muchas quejas por parte de la gente, quien alegaba que el ambiente no era el más propicio para tener una vida, pero el consejo de lobos dictaminó que era el sitio perfecto, pues había muy pocas personas en la región de Siberia como para que los humanos fueran a darse cuenta de su presencia, por no mencionar que Rusia estaba bastante deshabitada en el Este de la nación, así que muchos podrían mantener en secreto su cultura durante mucho tiempo.
Y así fue.
Los lobos consiguieron lo que querían, formando pueblos enteros con su gente y mezclándose en algunas oportunidades con los humanos, que tarde o temprano eran convertidos a la raza de los hombres lobo, asegurando así que el secreto de su existencia se mantuviera por los años.
Sin embargo, muchos hombres lobos se percataron de que el “mestizaje” con los humanos convertidos, tenía como consecuencia que su inmortalidad se diluyera, por lo que gran parte de las nuevas generaciones de lobos nacidos en Rusia, no vivían más allá de dos siglos. Aunado a esto, tenía que tomarse en cuenta el factor de la pareja o “impresión”.
Esto era prácticamente el proceso de selección natural que todo ser sobrenatural tenía y que sólo acontecía una vez en la vida. No había forma de determinar cuándo una persona podría sentirse atraída a otro individuo, pero lo cierto es que pasó mucho durante los últimos siglos. Cuando esto acontecía, el corazón del lobo en cuestión, se “amilanaba” para latir a la misma velocidad que el de su pareja, lo cual se entendía que moriría con esta en su debido momento, ergo la perdida de la inmortalidad de muchos licántropos.
Raras eran las veces que un licántropo conocía a otro similar para pasar la eternidad junto a ellos, esto era considerado algo “único” y especial, por lo que sólo estas personas podían permanecer en el concejo de lobos, pues su sabiduría antecedía a la que cualquiera de los presentes pudiera tener debido a los años que habían pasado en este mundo.
Por eso era que hoy en día la población de licántropos estaba “en decadencia”, con cada unión que ocurría con un humano, había otra “degeneración” de la genética de los hombres lobos, los cuales vivían cada vez menos tiempo y acercándose más y más a los hombres de la tierra en la que vivían en materia de longevidad, aunque sus habilidades sobrenaturales permanecían completamente intactas cabe destacar, algo que resultaba una ventaja en un clima tan frío como el de Siberia.
Es así como entonces, se había determinado que para conseguir comida, los hombres lobos debían organizarse, pues el clima era bastante implacable, lo cual podía convertir una perfecta tierra de cosecha en un erial. Los hombres lobos habían conseguido volverse omnívoros con los años de mezcla con los humanos, lo cual había ampliado aún más sus posibilidades de alimentación, pero esto no significaba que la tuvieran más fácil.
Vlad era uno de los encargados de supervisar los recursos para el invierno, los cuales pertenecían a su pueblo de Siningrado. Cada año, su gente se preparaba para el duro invierno en constantes oportunidades, almacenando la mayor cantidad de comida posible para evitar que hubiera hambrunas que provocaran que tuvieran que recurrir a la búsqueda de humanos para comer carne, ya que muchos animales de los que se alimentaban no se encontraban a la redonda en esas fechas.
Ese día, había terminado temprano de hacer la cuenta de cuántas reces había disponibles en los establos, las cuales resultaron ser las precisas para surtir a la población del invierno que se avecinaba. Era otoño y los colores de la zona creaban un paisaje muy placentero, pero Vlad no podía darse el lujo de estar viendo las bellezas naturales de la zona, ya que necesitaba recorrer los alrededores una última vez antes de terminar su guardia.
Su padre era conocido por mucho como uno de los mejores cazadores del lugar, pero él no había heredado dicha habilidad, sino que era más como su madre, muy dado a los números y actividades relacionadas con el esfuerzo pensamiento en la parte aritmética. Pero eso no quería decir que era un “inútil” en la parte física, como buen licántropo, tenía una habilidad innata para correr a grandes velocidades, pero esta se complementaba con su capacidad de análisis.
Ningún detalle se le escapa durante sus guardias, algo que su padre presumía mucho con sus amigos, no así de sus preferencias amorosas. Cada vez que su progenitor era cuestionado por los gustos de su hijo, este desviaba el tema lo más bruscamente posible, alegando que no se metía en la vida personal de este, ya que tenía “respeto” de sus decisiones.
Pero Vlad entendía perfectamente que todo era mentira, su padre no quería reconocer que su hijo sentía atracción por los hombres lobo en vez de las “mujeres” lobo. Desde que era pequeño le gustaba explorar su sexualidad con sus pares, pero su padre se avergonzaba de esto más de lo que debía, pues la sociedad licántropo no era necesariamente homofóbica, a diferencia de la sociedad rusa.
No obstante, era visto de manera negativa que una persona quisiera tener una “pareja permanente” con alguien diferente a su sexo, lo cual causaba que las expectativas que su progenitor tenía para él se fueran por el caño.
Todo comportamiento fuera de la imagen de lobo fuerte e independiente debía ser ocultado y olvidado por completo, algo que iba en contra de sus propios deseos. Vlad siempre había ansiado ser algo más que sólo un licántropo más, por eso siempre fue el primero en sus estudios y uno de los más jóvenes en ingresar a la posición que tenía, pero su padre siempre lo hacía sentir menos con su actitud.
Su madre era otra historia, ella siempre lo apoyó a pesar de sus preferencias, ansiando que la relación entre su hijo y su marido fuera positiva algún día, pero reconociendo que era imposible para el patriarca de la familia, dar su brazo a torcer cuando había tomado una decisión.
Vlad nunca había traído a alguien a casa, pero su padre y él tenía poco contacto en la misma, así que dudaba que este recibiera a alguien para darle la “bienvenida” si algún día conociese a un licántropo que lo acompañara en su camino poro el mundo.
Tan distraído estaba al contemplar aquel escenario ficticio en su cabeza, que no se percató del aroma de un desconocido en aquel bosque de Siberia, hasta al menos dos minutos después de haber estado corriendo.
El lobo de cabellos castaño oscuro, por un momento no supo cómo reaccionar, aquella esencia impregnaba el ambiente como si fuese una flor en plena primavera. Su nariz en su forma de lobo, se deleitaba con alegría con cada inhalación que realizaba, complaciendo a sus pulmones con aquel extraño afrodisíaco.
Vlad no estaba pensando de manera racional, pues sintió como su cerebro era dominado por aquella fragancia tóxica, la cual lo impulsaba a seguir el origen de la misma. Era como una extraña mezcla, la cual tenía en cada una de sus partículas, un toque característico de aquello que el más amaba.
Chocolate caliente. Madera recién barnizada. Y un toque de vainilla que le encantaba ponerle a la comida dulce que hacía su madre.
¿Qué era aquello? Vlad se preguntaba constantemente esto, pero cada paso que daba hacía que experimentara más y más ansías de tenerlo para siempre. Una vez que siguió avanzado, pudo distinguir un hermoso prado en el medio del bosque, el cual tenía a un bello árbol de sauce, el cual aún estaba verde a pesar del cambio de los colores que anunciaban el paso al invierno.
Debajo de aquel árbol, pudo apreciar al ser más bello y especial que haya visto en su vida. Un hombre de cabellos rubios y un cuerpo robusto, pero no obeso, el cual podía deberse a la madera que estaba cargando y se encontraba a su lado. Estaba claro que ese hombre era un leñador de la zona, aunque no recordaba haber visto a ninguna persona como él en las comunidades cercanas, aunque era posible que fuera alguien que visitara aquel sitio de forma esporádica.
