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Diego y Leonardo habían terminado la universidad.
Vivian juntos. Pero ambos eran víctimas de su enfermedad.
El Virus “Sexforce”, una plaga de feromonas sobre la tierra.
Y sin tratamiento, vivías para tener sexo con otro paciente.
Aun así, eran muy diferentes.
Leonardo era confiado y orgulloso.
Diego era tímido y pasivo. El sumiso.
Y Leonardo nunca reconocería que estaba con el…
… no para algo más que tener sexo.
¿Verdad?
Pero si era así…
¿Por qué su corazón palpitaba al verlo?
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Veröffentlichungsjahr: 2020
Índice
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
1
El virus “SexForce” era una enfermedad que muchos consideraban que había mutado de alguna enfermedad venérea conocida, adquiriendo todo tipo de propiedades particulares que hicieron que esta se propagara por el mundo de manera masiva en poco tiempo, causando fuertes estragos en la sociedad a causa de la naturaleza agresiva del mismo. El virus como tal, no causaba la muerte del que lo portaba, pero si lograba hacer que el individuo afectado se comportara de forma desinhibida con la persona que este afectara.
Cuando una persona que sufría del virus se juntaba con otra cuyo cerebro reaccionaba positivamente a las feromonas inducidas por esta enfermedad, el libido entre ambos aumentaba de manera exponencial, teniendo el mismo efecto que una droga estimulante para el sexo, pues potenciaba las sensaciones de ambas partes a niveles cósmicos.
No obstante, no todo era tan bueno, pues el virus hacía perder el control de sus victimas, logrando que la realidad de estas fuera afectada al punto de que no manejaban el actuar de sus acciones, causando efectos colaterales graves. En muchas ocasiones, las victimas eran violadas; y en un gran número de casos, podían llegar a sufrir otras cosas que las marcarían de por vida, tales como enfermedades o efectos psicológicos que requerían atención medica.
Era por eso que el mundo requirió de una constante vigilancia para prevenir que casos así se hicieran comunes, de tal manera que se organizó a los países del mundo para crear una cura, la cual pasó a denominarse “Interruptor”, aunque también se conocía como supresor por el efecto que tenía. El mismo, no curaba como tal el virus, pero si mantenía al limite el desenvolvimiento de este, consiguiendo evitar que las feromonas del mismo se esparcieran peligrosamente por el ambiente.
Se decía que una persona que estaba constantemente expuesta a las feromonas de alguno de los infectados, terminaría por contagiarse de la enfermedad, pero otros promovían una leyenda urbana en la cual aseveraban que si dos personas contagiadas se juntaban, entonces significaría que habían encontrado a su “pareja” para toda la vida, destinada a tener sexo con esa persona hasta que sus cuerpos no dieran más.
Pero nunca se habían confirmado estas teorías, pues investigar el virus costaba mucho dinero y era muy riesgoso para los gobiernos del mundo en general, de hecho, en varias ocasiones tuvieron que suspender sus investigaciones debido a que sus científicos se terminaban contagiando entre ellos mismos.
Una cosa habían arrojado algunas investigaciones recientes en las cuales de había usado el uso de los supresores: El virus no se propagaba una vez el afectado estaba con otra pareja. Parecía como si el propósito original de dicho virus, fuera promover la monogamia, pues una vez que este estaba con una pareja, las personas a su alrededor no se contagiaban con las feromonas de este.
Era difícil el determinar el por qué, pero los científicos de diversos laboratorios decían que el virus afectaba el cerebro como un todo, tambaleando los pilares del pensamiento humano y consiguiendo que todo lo que el cerebro consideraba común, sufriera un giro de ciento ochenta grados. De igual forma se había comprobado, que el virus era capaz de alterar la sexualidad de la gente, llegando a hacer que los afectados tuvieran relaciones con gente de su sexo opuesto.
Los años hicieron que el “SexForce” fuera un virus como el resfriado, en donde todos convivían con él de la manera más tranquila posible, sabiendo que quizás nunca podrían conseguir una cura para este. Era por eso que había campañas constantes par ala educación sexual de los jóvenes, incluso en la universidad, en donde se suponía que los adultos jóvenes estaban más propensos a estar expuestos.
Pero la historia había sido bastante bizarra con Diego, un joven de estatura alta, contextura física musculosa, ojos verdes y unos cabellos castaños que a veces parecían pelirrojos con la luz del sol conforme pasaban los años. Su apariencia no era fea o poco agraciada, pero sus lentes, así como su peculiar estilo de vestir, terminaban por costarle muchas citas con la gente, por no mencionar el hecho de que su personalidad no lo ayudaba en nada.
Desde muy pequeño había sido diagnosticado con Asperger, un síndrome que era considerado parte del espectro autista hoy en día, sin embargo, no había tenido problemas para aprender a leer, escribir o hacer cualquier otra actividad, pero sus comportamientos siempre iban en contra de lo “tradicional” en clase.
Sólo había tenido una relación, y esa fue con su amiga Sabrina, pero la misma no funcionó debido a que estaba claro que a él no le gustaban las mujeres. Lo bueno era que ella entendió perfectamente que esto era algo para respetarse, pero ella siempre fue de las que creía que la persona que conociera y se ganara su corazón, sería la persona más inesperada de todas.
Al final, parecía que ella tenía razón, pues fue durante su último año en la universidad como programador web, en el que conoció al hombre que le robó el corazón con tan sólo mostrar su presencia. Su nombre era Leonardo, y su figura atlética contrastaba con su facciones delicadas, llegando a pensar que no tenía más edad que él.
Sus ojos verdes como un árbol en el bosque, sus cabellos negro azabache, su estatura promedio y su porte orgulloso eran un imán para todas las mujeres del salón, lo cual le dio la fama bien merecida de “gigolo” entre sus compañeros de clase. Aunque las señales estaban allí y le decían que no perdiera su tiempo con semejante hombre, no podía evitar mirarlo con ojos soñadores cada vez que este entraba a clase.
Pero fue aquel fatídico día que lo olió en el que todo cambio. Usualmente ignoraba cuando este entraba con sus amigos, pero en aquel entonces, un asqueroso aromar entró por sus orificios nasales. Un aroma mezclado con sexo, sudor y otra cosa que no podía determinar, por lo que no pudo ocultar su desagrado para salir corriendo a su cuarto a bañarse por pensar que era él.
Pero al parecer, había sido demasiado expresivo con su cara, pues el chico se lo tomó muy a pecho cuando lo volvió a ver en la cafetería, llegando a mostrar una actitud déspota mientras estaba buscando su comida. A pesar de que le regresó su billetera, Diego no sabía si en alguna oportunidad volvería a hablar con él, pero se alegró muchísimo de que su profesor los juntara a él y a Leonardo para realizar un proyecto juntos.
Siempre había sido muy extrovertido y apasionado con el animé, era una afición que había desarrollado para combatir la soledad del mundo, pues en los videojuegos y en las series que veía en su computadora, encontraba aquello de lo que carecía de la gente, un lugar en donde podía reír como era él. Por eso no se sorprendió cuando al mostrarle el disfraz que había traído para que posara al pintar su retrato, Leonardo reaccionara de manera poco amable, diciéndole varias cosas que ya sabía que eran hirientes.
De todas formas, con algo de persuasión de su parte, consiguió hacer que el chico se lo pusiera, cumpliendo así una fantasía personal. Aunque la conversación entre ellos fluyó de manera casual luego de eso, algo hizo que perdiera el control desmedidamente y es que Leonardo (adrede) había dejado de tomar su supresor, causando que él sucumbiera a las tentaciones de las feromonas de su “SexForce”.
Pero parecía que el morocho no había planeado bien las cosas, pues no contaba con que Diego hacía bastante ejercicio en su habitación, lo que le otorgaba una fuerza muy superior a la de él y que terminó por subyugarlo en la cama, teniendo el sexo más salvaje y violento que haya recordado nunca.
Irónicamente, esta experiencia parecía haber sido bastante placentera para ambos, pues Diego podía sentir un cambio de actitud en Leonardo luego de pasar aquel momento juntos. Es por eso que se decidió hablar con él y confesar su atracción, buscando así lograr lo que no puedo antes, salir como pareja.
Leonardo no estaba muy interesado en la idea al principio, pero terminó aceptando, algo que era suficiente para él, pero algunos comportamientos innecesarios como el coqueteo o el desinterés lo molestaron de sobremanera, aunque tenía que reconocer que el chico no salía con él porque sintiera lo mismo, eso era algo que se notaba a leguas.
Lo cierto es que con el pasar de los días, Leonardo amilanó su carácter un poco más, respetando el hecho de que estaban saliendo y de que no quería terceros en su “relación”. Aunado a esto, ambos compartieron un grato momento durante el día de Acción de Gracias, en el cual visitaron a la familia de Leonardo luego de varios años, poniendo fin a una rencilla que tenía en el pasado con el padre del mismo.
Leonardo confesó en una oportunidad que sus sentimientos no eran muy claros, y que no estaba seguro de adónde irían a parar, pero Diego aún guardaba esperanzas en su corazón, ya que una conversación con su mejor amiga Sabrina, le demostró que Leonardo estaba bastante celoso de aquellos que se acercaban a él, confirmando así que había un aprecio mutuo entre los dos.
Fue así que el tiempo pasó, y las oportunidades para tener sexo se incrementaron, ya que poco a poco se acercaba la navidad, así que el trabajo que tenían en la universidad no era tan elevado como en otras ocasiones. Diego pensaba que no podía estar pasándola mejor, pero Leonardo se mostraba algo resistente a discutir con él si pasaría la navidad con su familia, pues ya que habían estado con sus padres, era justo que hicieran lo propio.
En vista de que él no cooperaba, decidió tomar cartas en el asunto, así que la noche anterior al receso de navidad, Diego decidió cortar por la mitad el supresor de Leonardo, reemplazando el resto con un placebo que no causaría ningún efecto. Aunque este bajaría el nivel de libido entre ambos, si causaría que las piernas del hombre temblaran al punto de ser incapaz de luchar contra su fuerza, lo que le permitiría que este ejecutara su plan a la perfección sin miedo alguno de hacerle daño a el chico de ojos verdes.
Cuando Leonardo entró a su habitación pudo sentir un ligero aroma dulce e intoxicarte que se le hacía muy familiar, era el olor de las feromonas. Afortunadamente, este olor no eran tan fuerte como la otra vez, pues sólo podía sentirlo como si fuera una especie de perfume ligero que el joven se había echado antes de venir. Sin embargo, era posible notar que los efectos de estas feromonas lograban que salivara y comenzara a sudar, impaciente por comenzar el coito con el chico.
Domando sus emociones, se concentró en otra cosa, pues no quería que todo acabara tan rápido, primero necesitaba “arar el terreno” antes de plantar la “semilla de la discordia”.
- Hola Leonardo, ¿cómo te fue hoy? -Preguntó curioso y sonriente mientras veía cómo el chico dejaba su abrigo en el perchero.
- Bien… aunque el estúpido de mi profesor de español quiere que haga una presentación sobre la navidad en Venezuela, ¿no tiene idea de que ningún profesor está mandando trabajos ya? -Comentó con mucho fastidio en su voz antes de quitarse los zapatos.
- Siempre hay algún profesor que quiere mandar algo en estas fechas para “animar” a la clase, pero estoy seguro de que no será gran cosa.
- Sí, pero ahora tengo que buscar cosas estúpidas de este país tercermundista que no pienso visitar en la vida, ¿puedes creer que en este tienen una tradición de año nuevo que consiste en sacar las maletas? Por dios… -Replicó de manera despectiva.
Diego vio con el ceño fruncido durante algunos segundos a Leonardo, intentando hacer notar en que se había equivocado con su mirada. Resoplando frustrado, Leonardo hizo un gesto con la mano para restarle importancia a su comentario.
- Bueno, bueno, perdón, un país que no merece lo que le está pasando y cuya gente es muy buena, ¿así?
- Gracias, sabes que no me gusta cuando te expresa de esa manera. -Dijo molesto por el comentario despectivo que había dicho anteriormente.
- De verdad siento que te tomas muy a pecho ciertas cosas Diego. -Argumentó mientras comenzaba a retirarse los calcetines y a desabrocharse la camisa.
- ¿Es acaso tomarse a pecho el querer que la gente no usa tan a la ligera algunas palabras ofensivas? -Preguntó de manera inquisidora al mismo tiempo que imitaba sus acciones.
- ¡Suficiente! No viene aquí a hablar de moralismos sobre el progresismo moderno y la derecha, ¿de acuerdo? Basta de hablar tanto y concentrémonos en lo que importa. -El tono con el que habló bastante cortante, acercándose hacia donde esta él para después sentarse en su regazo.
- Pues que así sea… -Fue lo último que dijo antes comenzar a besarlo con fuerza.
La pasión entre ambos era como una especie de volcán que hacia erupción cada vez que se tocaban, mientras que las manos de cada uno, eran como serpientes que buscaban enrollarse lo más posible con tal de conseguir sentir el calor de los dos más cerca de su cuerpo.
Poco tiempo pasó para que ambos comenzaran a quitarse la ropa, momento en el que las feromonas que tenía Leonardo, se alborotaran por dejar expuesta tanta carne. Aunque no era mucha la dosis que le había quitado a su supresor, Diego juraba que el efecto era realmente fuerte, pues su miembro no dejó de estar tieso en todo momento.
Era como si la sola presencia de Leonardo hiciese que todo lo que consideraba sensato perdiera sentida, y estaba seguro de que el efecto sería igual aún si no estuviera influenciado por el supresor.
Al ver que los besos se hacían más y más demandantes, Diego aprovechó la oportunidad para terminar de quitarse lo que quedaba de ropa, procediendo a dedicar su atención en la piel de del torso de Leonardo, quien respiraba agitadamente a causa de las caricias que las yemas de los dedos de Diego propiciaban a todo su ser.
Cuando por fin sentía que ya no podía más, decidió ponerse en posición para tener sexo, buscando el famoso preservativo en su mesa de noche para ponérselo, mientras que el joven de cabellos negros seguía tocándose al mismo tiempo que emitía dulces gemidos. Una vez que finalizó su tarea, procedió a introducirse en el pequeño agujero de Leonardo, el cual parecía que ya estaba más que acostumbrado a su glande, pues no necesitó de mucho esfuerzo para introducirse.
Era sumamente placentero estar dentro de él, y las constantes embestidas acompañadas de hasta gritos de Leonardo eran una señal de que este también disfrutaba mucho de dicho contacto. Luego de haber pasado al menos veinte minutos en ese vaivén constante, Leonardo quería levantarse de la cama, pero con sus brazos impidió esto comenzó a seguir penetrándolo de nuevo.
