¿Está usted de broma Sr. Feynman? - Richard P. Feynman - E-Book

¿Está usted de broma Sr. Feynman? E-Book

Richard P. Feynman

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Beschreibung

Richard Feynman no ha sido sólo uno de los físicos teóricos más destacados del mundo sino también una personalidad insólita y genial cuyas investigaciones le valieron el Premio Nobel de Física de 1965. En su biografía y en su obra se dan cita la curiosidad irrefrenable, el escepticismo empedernido, el sentido del humor, el gusto por la travesura, la más vasta cultura y el más penetrante ingenio. Feynman es seguramente la única persona en el mundo que ha explicado física a cerebros como Einstein, Von Neumann y Pauli y que ha tocado los bongos en una compañía de ballet, que ha sido declarado deficiente mental por el ejército de Estados Unidos y que ha obtenido un Premio Nobel. "¿Está usted de broma, Sr. Feynman?" recoge las conversaciones mantenidas a lo largo de una serie de años con Ralph Leighton, quien se encargó de grabarlas y transcribirlas.

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Seitenzahl: 663

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Richard P. Feynman

¿Está usted de broma,Sr. Feynman?

Aventuras de un curioso personaje tal como le fueron referidas a Ralph Leighton

Recopilación de Edward Hutchins

Prefacio

Las historias y anécdotas relatadas en este libro han sido recopiladas de manera intermitente e informal a lo largo de siete años de tocar muy placenteramente el tambor con Richard Feynman. Me ha parecido que cada una de las historias, tomada por sí misma, es divertida. Pero lo verdaderamente asombroso es el conjunto: a veces cuesta creer que a una sola persona le hayan podido suceder tantas cosas, a un tiempo descabelladas y maravillosas.

¡Que una persona haya podido inventar por sí sola tantas inocentes diabluras en tan sólo una vida ha de servirnos , sin duda, de inspiración!

Ralph Leighton

Prólogo

Recuerdo el momento exacto en que me enamoré de Richard Feynman.

Estábamos de vacaciones en Santa Barbara. Aprender es para mí la mejor forma de esparcimiento: fuimos a la biblioteca de la universidad local y tomamos en préstamo un lote de películas didácticas (eran mediados de los ochenta). Entre ellas, las famosas Lecciones Cornell impartidas por Feynman.

Pasábamos el día en la playa, pero por la noche poníamos el proyector y veíamos a Feynman. Me tenía hipnotizado. Siempre he sido fan de temas científicos, pero Feynman hacía la física amena y accesible como nadie hasta entonces. Explicaba temas complejos, como la gravitación, con palabras sencillas que todos entendemos, y lograba que sus estudiantes estuviesen pendientes de sus palabras ayudándose de historias cautivadoras. Sus lecciones me causaron tal impresión que acabé trabajando con Microsoft para publicarlas en línea, de modo que, quienes quisieran, pudieran disfrutarlas gratuitamente.

Pero Feynman no era solamente un científico increíble y un maestro formidable. Ha sido uno de los personajes más interesantes de su tiempo. Se comprende por qué viendo al rector de Cornell en la presentación de la primera de sus lecciones; el rector prescinde rápidamente de la habitual reseña biográfica y habla, en cambio, de lo que hace a Feynman tan especial: el alto concepto que les merece a sus colegas, su destreza en abrir cajas fuertes, su talento percusionista con los bongos.

Cuando Feynman tuvo por fin ocasión de hablar, comenta, en broma, que cuando le invitan a tocar los bongos, «al presentador nunca le parece necesario mencionar que también me dedico a la física teórica».

Ese comentario es Feynman en una píldora. Su sentido del humor y su «gancho» para generar mitos sobre él son las poderosas razones de que ¿Está usted de broma, Sr. Feynman? sea todavía un clásico, transcurridos más de treinta años desde su primera publicación.

Tal es el encanto de las historias que contiene este libro, que los lectores querrán de seguro compartir con amigos y familiares. Para mí, la preferida trata de su primera visita al Laboratorio Nacional Oak Ridge, estando Feynman trabajando en el Proyecto Manhattan. Un grupo de militares le pidió que detectase puntos débiles en un plano maestro del laboratorio, pero Feynman no sabía interpretar esa clase de planos. Señaló entonces un recuadro marcado con una X y preguntó qué ocurriría si una válvula se bloquease, con la esperanza de que alguien le corrigiera y le revelase el significado de aquel símbolo.

Feynman tuvo tanta suerte como talento, porque el símbolo no sólo representaba una válvula, sino que se hallaba en una zona problemática que era necesario arreglar. Sus colegas se maravillaron de su acierto y le preguntaron cómo podía saberlo. Su respuesta fue, como siempre, sincera y sin rodeos: «Uno intenta averiguar si es una válvula o no».

Hans Bethe, físico nuclear y premio Nobel, dijo en cierta ocasión que el Dr. Feynman era «un mago». Está en lo cierto. Hace falta un toque de magia para que la ciencia sea tan amena, tan irresistible y tan sencilla como Feynman la hacía. Tanto si ésta es su primera lectura de ¿Está usted de broma, Sr. Feynman? como si es la quinta, confío en que disfrute con ella tanto como yo.

Bill Gates

Introducción

Confío en que no serán estas las únicas memorias que publique Richard Feynman. Sin duda, las reminiscencias aquí presentadas nos pintan, real y genuinamente, gran parte de su carácter: su necesidad, casi compulsiva, de resolver problemas, su provocativa malicia, su indignada impaciencia ante la falsedad y la hipocresía, y su talento para quedar por encima de quien trate de imponérsele. Es libro este muy grato de leer. Escandaloso, chocante y, empero, cálido y muy humano.

Por todo ello, tan sólo toca de pasada la que ha sido y es piedra angular de la vida de Feynman: la ciencia. Ciencia que en el libro solamente vemos acá y allá, a modo de telón de fondo de una anécdota o de un acontecimiento, pero nunca como el punto focal de su existencia, como bien saben generaciones de alumnos y colegas suyos. Tal vez no haya otro remedio. Tal vez no haya otra forma de construir una serie de sabrosas historias sobre sí mismo y sobre su obra como ésta: el reto y la frustración, la excitación que produce la visión, la hondura del gozo que la comprensión científica produce, y que ha sido la fuente de felicidad de su vida.

Recuerdo, de cuando fui alumno suyo, lo que pasaba cuando íbamos a recibir sus lecciones. Se plantaba en la parte delantera de la sala, sonriéndonos conforme íbamos entrando, tabaleando con los dedos ritmos complicados sobre la negra superficie de la mesa de experimentos que corría de un lado a otro del aula. Mientras los rezagados iban ocupando sus asientos, cogía la tiza y la hacía girar rápidamente entre sus dedos, lo mismo que un jugador profesional con una ficha de póker, sonriendo todavía feliz, con la sonrisa de esa broma que sólo uno mismo conoce. Y después, sonriente aún, nos hablaba de Física, ayudándonos con sus ecuaciones y sus diagramas a compartir su comprensión. No era ninguna broma secreta lo que traía a sus labios la sonrisa y lo que hacía chispear sus ojos; era la Física. ¡El gozo de la Física! Este gozo era contagioso. Grande ha sido la fortuna de quienes nos hemos contagiado con él.

He aquí, lector, su oportunidad de verse irradiado por el gozo y alegría de vivir, al estilo de Feynman.

Albert R. Hibbs

Senior Member of the Technical Staff

Jet Propulsion Laboratory

Instituto Tecnológico de California

Datos vitales

Algunos hechos sobre mi vida: nací en 1918, en una pequeña villa llamada Far Rockaway, justo en las afueras de Nueva York, cerca del mar. Allí viví diecisiete años, hasta 1935. Estudié cuatro años en el MIT, y después fui a Princeton, a mediados de 1939. Estando en Princeton comencé a trabajar en el Proyecto Manhattan, y al final me trasladé a Los Alamos en abril de 1943, donde estuve hasta algo así como octubre o noviembre de 1946, en que ingresé en Cornell. Me casé con Arlene en 1941. Murió de tuberculosis en 1946, estando yo en Los Alamos.

Permanecí en Cornell hasta 1951. Visité Brasil en 1950, y pasé medio año allí, en 1951; después ingresé en el Caltech, en donde he permanecido desde entonces.

Visité Japón durante un par de semanas, a finales de 1951, y otra vez algunos años más tarde, cuando me casé con mi segunda esposa, Mary Lou.

Ahora estoy casado con Gweneth, que es inglesa, y tenemos dos hijos, Carl y Michelle.

R. P. F.