Favaloro - Ariel Bibbó - E-Book

Favaloro E-Book

Ariel Bibbó

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El doctor Favaloro fue un destacado cirujano cardiovascular argentino, inventor del famoso Bay Pass. Este libro relata su vida, sus preocupaciones, su compromiso social, su obra. Reconocido en todo el mundo, Favaloro mantuvo su humildad durante su vida. Hijo de una costurera y un carpintero, René Favaloro fue y es un ejemplo de rectitud moral, honestidad y compromiso social. Este libro escrito por el investigador Ariel Bibbó, trae esperanza en el ejemplo que nos dejó el Dr. Favaloro.

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Seitenzahl: 195

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Favaloro

Con el corazón en la mano

Ariel Bibbó

Favaloro

con el corazón en la mano

EDITORIAL MARTIN

Índice de contenido
Portada
Portadilla
Legales
CAPITULO I
Presentación
Prólogo
Un dolor incurable
Para trabajar ¿hay que afiliarse?
CAPITULO II
La Pampa
CAPITULO III
Las Obras Sociales
CAPITULO IV
Un sueño de Estados Unidos
«Amoralidad»
No confundir honestidad con debilidad
CAPITULO V
«El que no llora no mama…»
CAPITULO VI
Generosidad e idéntico estilo de vida
CAPITULO VII
El suicidio
La autopsia del dolor
Su último amor
CAPITULO VIII
«Cuando un amigo se va»
CAPITULO IX
Se pudo haber evitado el final
CAPITULO X
Epílogo
CAPITULO XI
Apéndice
A la medida de Favaloro
Reconocimientos y distinciones

Bibbó, Hugo Ariel

Favaloro : con el corazón en la mano / Hugo Ariel Bibbó. - 1a ed. - Mar del Plata : Martín, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-543-228-4

1. Biografías. I. Título.

CDD 610.92

Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización del autor.

ISBN: 978-987-543-228-4

Mail del autor: [email protected]

Primera edición en formato digital: marzo de 2022

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto 451

Este libro está especialmente dedicado a mi primo Claudio Arias, quien nos dejó repentinamente. Su sabiduría y ejemplo me ayudaron a terminar este ejemplar por demás deseado.

«Las personas buenas no nos dejan jamás, sólo hay que saber encontrarlas en las cosas bellas de la vida», A.B.

CAPITULO I

Es apasionante volver a pensar en un proyecto que con el trascurrir del tiempo se vaya cristalizando. Escribir un libro tiene un sabor muy especial ya que nos transporta de un lado a otro sea cual sea el personaje en cuestión. En mi carrera como escritor, me he abocado al análisis revisionista de hombres y mujeres de la historia argentina que han dejado un legado para la sociedad o la política. No concibo aquello del recuerdo solamente, sino que vuelvo la mirada hacia atrás y desde allí la construcción de un nuevo presente. Esa tarea resulta gratificante y valorada cuando los documentos históricos son contrastados con testimonios orales que nos permiten conocer al investigado con más profundidad. Esta gimnasia investigativa nos lleva a recorrer los lugares más inesperados del mundo y a conocer personas entrañablemente maravillosas de las que uno se nutre para seguir inmerso en este terreno.

Particularmente, me suelo detener en momentos puntuales de nuestra historia y desde allí comienzo a utilizar los métodos que la investigación nos permite para alcanzar las verdades, siempre subjetivas, y llenar los espacios en blanco con argumentos pensados y elaborados que den un marco propicio para arribar al final esperado. Ese final, lleno de verdades, es subjetivo porque, ante cada testimonio o bibliografía que se utilice como documento, tiene la impronta personal de quien lo escribió o lo contó. No todos se pueden despegar del personaje analizado. Hay algunos que escriben soltando intereses propios y la historia se tiñe de matices pasionales y personales.

En mi caso, busco el claro y oscuro del personaje, más allá del cariño o la simpatía que uno pueda tener. Entiendo, que así se construye la «verdadera» historia, que al fin de cuentas termina siendo cuestionada, ya que los caminos de la interpretación se pueden bifurcar una y otra vez.

En todo este tiempo, no tengo más que palabras de agradecimiento para mis lectores, por sus críticas, siempre constructivas, y los aciertos que en esta profesión resultan a veces cuestionados. Leer, investigar y escribir luego otorgan la plenitud de la libre expresión de la cual hoy hago nuevamente uso. A aquel que tenga este ejemplar en sus manos, le deseo fervientemente un goce sano de nuestra historia, valorando los conceptos aquí vertidos que surgen de una investigación minuciosa y exhaustiva.

Prólogo

Es difícil poder describir con palabras lo que significa para mí escribir el prólogo de un libro el cual me emociona doblemente, en primer lugar porque se trata del pedido de quien es para mí un entrañable y querido ex alumno - Ariel Bibbó - y luego por tratarse de la figura del prestigioso médico, René Favaloro, a quien tuve la suerte de descubrir, allá por el año 1992, que si bien sabía de su existencia, nunca me había detenido en su persona.

Trataré en este prólogo, de resaltar, apenas, algunos mensajes del Dr. Favaloro, donde con gran claridad vuelca su pensamiento respecto de cuáles son los valores que como ciudadanos debemos rescatar para poder tener un país más igualitario, más solidario y más humano.

En el verano de 1992, tuve la inmensa satisfacción de introducirme en la lectura de lo que para mí es la obra más maravillosa y llena de sabiduría, leída en mucho tiempo, ella fue «Recuerdos de un médico rural», donde lo descriptivo es realmente excelente y encierra una gran sabiduría, destacando toda la obra los valores esenciales que son necesarios rescatar.

A partir de ese momento tuve la oportunidad de intercambiar alguna comunicación escrita con este hombre maravilloso, de quien brotaba humanidad a cada paso. Convencida en la necesidad de compartir su mensaje, comencé una cruzada en los colegios donde era profesora, dando a conocer a los alumnos la figura y obra de nuestro René G. Favaloro. Tarea que no sólo llegó a los jóvenes, sino también a los profesores, quienes entendieron la necesidad de incorporar su figura dentro de la escuela, con el objeto de promover valores esenciales en la vida de los jóvenes. Es así, como llegan a las aulas

«Recuerdo de un médico rural» y «Conoce Usted a San Martín», a mi criterio dos obras maravillosas escritas por el médico. Recuerdo un día haber entrado al aula de tercer año de la Escuela Nacional de Balcarce, donde había un grupo humano maravilloso, y ver un hermoso afiche donde los alumnos habían puesto una imagen del doctor publicada en una revista del fin de semana, con su poncho color marrón y una frase de su autoría: «Quisiera dejar el pequeño lugar en el que vivo más limpio, más sano, más bello, más justo», algo que me emocionó mucho y que nos acompañó durante todo el ciclo lectivo. Entendí, quizás por ese amor que sentía por el doctor (recuerdo debatirme entre ir a dar clases o quedarme a ver al médico en los almuerzos televisivos, videos que conservo como trofeos), lo que se puede hacer desde la escuela con la humanidad de los alumnos, cuando lo que se enseña se lleva en el alma.

Favaloro en todos sus reportajes decía: «Está todo trastocado, estoy preocupado, estuve en un colegio de San Isidro y los chicos me decían ‘¿De qué sirve leer libros?’. Esto para mí es decadencia. Pregunté quién leyó el Martín Fierro y sólo dos o tres levantaron la mano. Los profesores contestan: No estaba en el programa. Entonces habría que replantear seriamente los programas. A mí, mis viejos maestros me despertaron el amor por la lectura. Yo no sé si estaba en el programa o no».

Siempre tuve una gran devoción por la figura de Favaloro, sin duda sus palabras calaban lo más hondo del ser humano, todos coincidimos en su abnegación y renunciamiento. Uno de sus libros preferidos era El Quijote, y algunos han pensado que él tiene una semejanza con el protagonista, y esta analogía es real en el sentido de su lucha por un ideal.

Un principio que gobernó su vida profesional fue su dedicación a la docencia. Decía: «El médico íntegro es el que siente sinceramente que lo más importante es el paciente, y que éste es el único privilegiado... Nosotros tuvimos la suerte, me refiero a mi generación, de tener maestros de medicina que nos inculcaron que la conciencia del paciente era tan importante como su dolencia orgánica. Saber interpretar el alma de la persona enferma ayuda en la decisión del tratamiento a seguir. Fuimos educados en una facultad donde los profesores, de una calidad moral excepcional y una transparencia ejemplar, conocían a sus estudiantes. Eran bellísimos seres humanos antes que médicos. Hombres completos, todos ellos, que hablaban de una forma de vivir y, además, enseñaban medicina».

«Entendíamos –porque lo llevábamos en el alma– que el acto médico debe estar rodeado de dignidad, caridad, igualdad, piedad, sacrificio, abnegación y renunciamiento».

En su libro «Conoce Ud. a San Martín», que a mi humilde entender, es un libro de cabecera, manifiesta que dentro de sus lecturas ocupa un lugar preferencial el General Don José de San Martín con quien durante largos años ha estado dialogando a través de diversos libros. Y, refiriéndose a la presencia actual del libertador, convencido que San Martín nos puede ayudar, con sus defectos y virtudes, rescata algunos de sus mensajes, y expresa: «Su vida fue, sin ninguna duda, la demostración más acabada de que todo, absolutamente todo aquello que queremos y pretendemos alcanzar y desarrollar se consigue con esfuerzo».

[…] «Quede claro, entonces, que el primer mensaje es el esfuerzo que lleva implícito el sufrimiento y que tiene como premio el inmenso goce espiritual del deber cumplido».

Y continúa […] «Es evidente que la honestidad constituye otro legado importante de San Martín, en especial para aquellos que cumplen tareas de gobierno, en un país como el nuestro, que a lo largo de su existencia, ha hecho de lo opuesto -la deshonestidad- algo tan frecuente hasta ser considerado como típico o característico del proceder argentino, público o privado».

A poco de haber llegado al país, en un programa televisivo se le preguntó a qué atribuía la decadencia argentina, contestó: «A una sola cosa: la falta de moral»; y agregó: «Existe desde la presidencia para abajo. Estoy convencido que sin honestidad no hay proyecto posible para el futuro. Hará falta una larga tarea educativa que debe comenzar desde las funciones de gobierno para revertir esta situación».

Y finalizando su obra en un diálogo profundo con el libertador, dice: Coincidamos nuevamente: «Las leyes no pueden alcanzar su influencia a hombres que en razón de su educación las ignoran como sucede a la masa de nuestro pueblo y he aquí por la cual se halla la revolución en permanencia».

Favaloro, un hombre convencido, que «de antemano debemos comprender que el camino a recorrer será largo y doloroso, y que al momento de partir estaremos acompañados por aquellos recuerdos que embellecieron y purificaron nuestro alma». (René Favaloro en Don Pedro y la Educación, pag.344 y 346).

Favaloro, un hombre con profundidad de pensamiento y frontalidad en el discurso, un hombre que trabajó toda su vida en pos de ideales de perfeccionamiento intelectual, cultural y social. Un hombre cuya vida es un permanente llamado a la reflexión, no sólo de los argentinos, sino de la humanidad. Un hombre que podremos seguir descubriendo, a partir de este libro que con tanta pasión escribe Ariel, y que sin duda nos permitirá reflexionar acerca de la necesidad de cambio que tanto lo preocupaba.

Favaloro, un ejemplo a seguir.

Profesora Susana Melcon

«Nadie piensa, donde todos lucran; nadie sueña, donde todos tragan».

José Ingenieros.

Un dolor incurable: la corrupción

La Real Academia Española (RAE) define la corrupción como la acción y efecto de corromper (depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar). Se utiliza para nombrar al vicio o abuso en un escrito o en las cosas no materiales.

La corrupción se caracteriza fundamentalmente por:

-Transgredir una norma

-La obtención de beneficio propio

-Quien corrompe, intento de encubrir activamente su comportamiento

-La manipulación o transgresión encubierta de las normas que rigen una organización racional en busca del beneficio privado.

Algunos ejemplos son: manejo indebido de bienes o fondos públicos y/o privados, manejo indebido y ocultamiento de información, negociaciones incompatibles y lavado de dinero. Sobre este último, se destaca la participación en la legalización de un capital obtenido de fondos irregulares (como el narcotráfico).

La corrupción en el ámbito público comprende a asuntos y bienes que son de toda la comunidad y que, por lo tanto, no son apropiados por nadie. Mientras que la corrupción en el ámbito privado abarca asuntos de particulares, especialmente de aquellos referentes a la propiedad, la riqueza y el lucro.

Las fuentes de corrupción, si bien son numerosas, se originan principalmente en aquellos países con un nivel de pobreza alto o relativamente alto. Y a la vez, los líderes corruptos provocan un mayor aumento en el nivel de pobreza de este país.

La corrupción sistematizada ocurre cuando ésta ha pasado a formar parte del sistema. A su vez, se transforma en el principal enemigo de los que luchan contra este flagelo. Una de las causas que originó esta sistematización es la existencia de sueldos públicos por debajo del salario mínimo. Así, los funcionarios públicos dejan de valorar su trabajo y se ven obligados a aumentar su salario mediante fuentes externas, llegando a una baja motivación para obtener ascensos, haciendo méritos y retroalimentando el sistema corrupto.

Otra práctica corruptiva de funcionarios públicos es la extorsión, mediante la que se les exige pagos extras a los contribuyentes, pagos extras para brindar servicios públicos. Todas estas prácticas corruptivas se encuentran bajo el título de «corrupción menor».

Más alarmante que la corrupción menor son los abusos de poder burocrático que se realizan en sistemas rígidos con múltiples fuentes de poder monopolístico.

Existen actividades asociadas con el abuso de poder discrecional burocrático, las cuales son llevadas a cabo por ministros que «venden» su poder; oficiales que embolsan porcentajes de los contratos gubernamentales, transfiriendo el dinero a cuentas bancarias en el exterior; funcionarios que consiguen contratos de gobierno para sí mismos, y partidos políticos que utilizan la perspectiva de llegar al poder y obtener «rentas» de negocios internacionales a cambio de contratos gubernamentales.

Las empresas locales e internacionales sienten la presión de pagar sobornos, y justifican la acción de dos maneras. Primero, como una necesidad de negociar y de adaptarse a las prácticas locales para obtener un contrato de gobierno. Segundo, se basan en la tolerancia social y difunden la postura mediante la cual el negocio sirve para crear fuentes de trabajo.

Lamentablemente para los argentinos, la corrupción está enquistada, diría, en el lenguaje diario, debido a los mecanismos de gobierno que hicieron «poco creíbles» acciones a favor del pueblo; por caso, altos mandatarios cuestionados por sus deberes de funcionarios públicos, el manejo de fondos irregulares de los gremios, la deuda social, alcanzada por el índice de pobreza que en nuestro país siempre fue importante, las obras sociales y sus retornos, por sólo citar algunos, ya que la lista sería interminable.

En esta sociedad, que pareciera irreconciliable, los actos de gobierno han generado una división tan grande en el pueblo argentino, que ponernos de acuerdo sin discutir una idea, resulta imposible. Existe una mirada radicalizada de las cosas. Es blanco o negro. No se admiten grises.

Estas acciones alcanzaron tristemente a la medicina. En reiteradas oportunidades el propio René Favaloro habría denunciado presiones para aceptar retornos y poder cobrar en tiempo y forma las prestaciones realizadas, cuestión que nunca aceptó y como pocos denunció. La corrupción se hizo presente poniendo al médico rural al borde del precipicio, empujándolo de a poco al abismo.

Una situación aceitada en la medicina actual a la que muchos acceden para no demorar el cobro de sus prestaciones y que como tantas otras maniobras corruptivas, se han convertido en algo natural. Favaloro, por el contrario, jamás avaló una práctica de este tipo. En su carta de despedida dejó en claro cómo funciona el sistema en nuestro país: Estado - Salud - Obras Sociales - Pacientes.

«Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromisoconmipatria.Nuncaperdímisraíces.Volvíparatrabajar endocencia,investigaciónyasistenciamédica.Laprimeraetapaenel Sanatorio Güemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de post grado a todos losniveles.

Ledimosimportanciatambiénalainvestigaciónclínicaendonde participaron la mayoría de los miembros de nuestrogrupo.

En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales.Elsanatorioteníacontratoconlasmásimportantesdeaquel entonces.

La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada).

Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente. Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía.

A pesar de que los directores aseguraban que no habíaretornos, yoconocíaquesíloshabía.Devezencuando,apedidodesudirector, saludabaalossindicalistasdeturno,queagradecíannuestrotrabajo. Este era nuestro únicocontacto.

A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación.PrimeroconlaayudadelaSEDRA(Sindicatodediariosy revistas), creamos el departamento de investigación básica quetantasatisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto deCardiología y Cirugía Cardiovascular. Cuando entró en funciones, redactélos10mandamientosquedebíansostenersearajatabla,basados en el lineamiento ético que siempre me haacompañado.

La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporadamáslatareadelosprofesionalesseleccionadoshizoque no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupciónimperanteenlamedicina(partedelatremendacorrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar loslineamientoséticos,comoconsecuencia,jamásdimosunsolopeso de retorno… Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto. ¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmenteconeldinerodelasobrassocialesquecorresponde a la atenciónmédica.

LomismoocurreconelPAMI.Estolopuedencertificarlosmédicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementadoalolargoyanchodetodoelpaís.Valgaunsoloejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente).

Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estosúltimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda lademanda.

El que quiera negar que todo esto sea cierto que acepte que rija enlaArgentina,elprincipiofundamentaldelalibreeleccióndelmédico, queterminaríaconlosacomodadosdeturno.Lomismoocurreconlos pacientesprivados(incluyendolosdelamedicinaprepaga)elmédico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana(1)1, sabe, espera, recibir una jugosa participación delcirujano.

¡Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más! ¿De dónde proviene este infundio? Muy simple: el paciente es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debeser operado. El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo loopere.

¿Perocómo,ustednosabequeFavaloronooperahacetiempo?‘Yole voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe’. ¡El cirujano‘derealvalor’ademásdesucapacidadprofesionalretornará al cardiólogo mandante un 50% de loshonorarios!

Variosdeesospacienteshanvenidoamiconsultanoobstantelas ‘indicaciones’ de su cardiólogo. ‘¿Doctor, usted sigue operando?’ y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad desiempre.

Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional.

ConcurrenalosCongresosdelAmericanCollegeodelaAmerican Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna ‘lecture’ designificación. AsíocurriócuandoladePaulD.WhitelectureenDallas,decenasde cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos.

Pero aquí, vuelven a insertarse en el ‘sistema’ y el dinero es lo que más les interesa.

La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en susconsultorios. Allílesexplicanendetalleslosmecanismosdelretornoylosporcentajes querecibiránnosolamenteporlacirugía,losmétodosdediagnóstico no invasivo (Holter, Eco, Cámara y etc., etc.) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., estánincluidos…

No es la única institución. Médicos de la Fundación me han mostradolashojasquelesdejancontodomuybienexplicado.Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitaránuevamentealcardiólogo,explicaráendetalle«laoperación económica»yentregaráelsobrecorrespondiente.Lasituaciónactual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar detarearealizada,incluyendopacientesdealtoriesgoquenopodemosrechazar. Es fácil decir ‘no hay camasdisponibles’.

Nuestro juramento médico lo impide. Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregandeudasportodoslados,lasquecorrespondenalaconstrucción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses… Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo secomplica.

En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben.

Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100millonesdedólarescadauna.Aquí,nisoñando.Realicégestiones enelBIDquenosayudóenlaetapainicialyluegopublicitóenvarias desuspublicacionesanuestroinstitutocomounodesuslogros.Envié cuatrocartasaEnriqueIglesias,solicitandoayuda(¡tirantantodinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperandoalguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para unainstitución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta ¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente? Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacenpagar.

Lamayoríadeltiempomesientosolo.Enaquellacartaderenuncia alaClevelandClinic,ledecíaalDr.Efflerquesabíadeantemanoque iba a tener que luchar y le recordabaque:

Don Quijote era español. Sin duda la lucha ha sido muy desigual.

El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse.

Hemostenidovariasreuniones,miscolaboradoresmáscercanos, algunosdeelloscompañerosdeluchadesdenuestrorecordadoColegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al‘sistema’.

Síalretorno,síalana-ana…‘Pondremosgenteaorganizartodo’. Hay ‘especialistas’ que saben cómo hacerlo. ‘Debes dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabes nada, que no estás enterado’. ‘Debes comprenderlo si quieres salvar a laFundación’.

¡Quién va a creer que yo no estoy enterado!

En este momento y a esta edad terminar con los principioséticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamentedifícil.

No puedo cambiar, prefiero desaparecer. Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos:

«Amínomehaderrotadonadie».Yonopuedodecirlomismo.Amíme haderrotadoestasociedadcorruptaquetodolocontrola.Estoycansado de recibir homenajes y elogios a nivelinternacional.

Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular. El año pasado debí participar envariospaísesdesdeSueciaalaIndiaescuchandosiemprelomismo.

¡La leyenda, la leyenda!».