Historias destacadas - Pablo Albella - E-Book

Historias destacadas E-Book

Pablo Albella

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Beschreibung

"La editora me pidió que escriba una contratapa. Y me pareció atinado escribir una tapa en contra, es decir, una lista de las cosas a las que me opongo: A las expensas: ¿Qué clase de concepto es este? ¿Por qué se llaman así? ¿Quiénes son las pensas y por qué le tengo que pagar a su ex? ¿No debería estar dentro del precio del alquiler? ¿Para qué lo separan? #Ridículo A pensar todos los días qué hacer de comer: Sí, yo sé, me vas a decir que haga un plan y coma/cocine todos los días lo mismo, pero ya la viví, mi abuela cocinaba así y, si bien era muy práctico, tomar sopa todos los lunes era TOTAL y COMPLETAMENTE aburrido y rutinario. Rutina o incertidumbre, no hay respuesta correcta. A que me digan señor: No soy, no seré ni me comportaré como un señor. Esa palabra me huele a bigote, boina y diario en un café un sábado a la mañana en un bar mientras me da el solcito en la cara. Aunque, ojo, ese plan no me disgusta para nada. Bueno, la lista claramente es más larga, pero me quedé sin espacio. De esto y de muchas preguntas, historias, descubrimientos, curiosidades y reflexiones sobre la vida +30, se trata Historias destacadas, mi primer libro que escribí e ilustré yo mismo. Espero que te divierta mucho leerlo tanto como a mí hacerlo".

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Seitenzahl: 137

Veröffentlichungsjahr: 2024

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©2024, Pablo Albella

©2024, RCP S.A.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopias, sin permiso previo del editor y/o autor.

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Diseño y diagramación: B de Vaca

Foto de tapa: Carlos Aguilar Uriarte

Primera edición en formato digital: mayo de 2024

Versión 1.0

Digitalización: Proyecto451

ISBN edición digital (ePub): 978-950-556-989-2

Albella, Pablo

Historias destacadas / Pablo Albella. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2024.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-950-556-989-2

1. Autobiografías. 2. Humor. I. Título.

CDD 808.8035

A todos los adultos funcionales que necesitan un respiro de la vida en serio.

Para todos los que sentimos que la adulteznos llegó prematuramente.

A toda persona que haya pasado por el calvario de hacer un trámite por primera vez.

¡Holaaaaaa! ¡Hacía tanto tiempo que no nos veíamos! Bueno, en realidad, si me ves en las redes quizá sí nos vimos hoy, o ayer, no sé. O capaz no tenés idea de quién soy y agarraste este libro por casualidad, para hacerte el distraído, esconderte de alguien o porque se cortó internet.

Por las dudas, te cuento, yo soy Hola está Pablo.

Bueno, soy Pablo, @holaestapablo es mi “dirección” de Instagram, plataforma en la que nació esta idea de hacer humor con todas estas cosas que nos pasan a los mayores (a veces muy mayores y a veces menores) de 30 años.

Pero este libro no es sólo sobre eso, este libro es una especie de bitácora de historias, vivencias y aprendizajes que fui viviendo y recopilando en estos años, y por eso se llama HISTORIAS DESTACADAS.

¿Es un libro de cuentos? Aaaalgo así. ¿De tips? Puede ser. ¿De recetas? No, pero si querés podés usarlo como plato de sitio (no sé por qué lo harías, pero te autorizo a hacerlo).

Principalmente este libro es una charla entre amigos, y como toda charla vos también podés participar. A lo largo de estas HISTORIAS DESTACADASvas a encontrar códigos QR que vas a poder escanear con tu celu para ampliar alguna de las historias, contar tus propias experiencias, dejar mensajes y muchas cosas más.

De manera ordenada: siguiendo la numeración de las páginas, tal como lo haría toda persona de Virgo, Capricornio o Tauro, en cuyo caso, el índice y un marcador de hojas, te será de gran ayuda.

De manera mística: cerrás los ojos, pasás las hojas rápido y frenás. La historia en la que frenes será un mensaje que el universo quiere darte en este momento de tu vida.

De atrás para adelante: quizás se te complique entender un poco las historias si empezás por el final, peeeero acá no estamos para juzgar a nadie, así que si te gusta, hacelo.

Todos los nombres y personajes que aparecen en este libro así como sus características y acciones son producto de mi imaginación. Si bien las historias pueden ser reales, sus personajes fueron modificados y renombrados.. Por ende, no gugleés, porque no vas a encontrar a las personas que estás esperando ver.

Ahora sí, basta de cháchara, ponete cómodo, acercate un tecito o un mate y vamos al chisme. Reeeesulta queeeeee…..

A veces la vida te cruza de manera aleatoria con personajes que tienen algo para enseñarte. Éste, definitivamente, no fue el caso.

¿O sí?

Con Vito nos conocimos una tarde de mucho, mucho frío. Yo salía del gimnasio en short (porque ya demasiado que iba, mirá si encima me iba a poner algo incómodo) y él salía de un almacén con uno de sus nietos, un niñito de unos 5 años.

Yo buscaba mi auto porque siempre me olvido dónde lo dejo, y Vito, también. La situación me pareció graciosa, los dos con la llave en al aire, tratando de encontrar nuestro auto, es más, cuando lo miré, vi que tenía ojos claros y era bastante alto. De hecho, recuerdo que por un momento pensé: “Si me dejo el bigote, en unos años voy a ser este señor. ¡JA!”.

De pronto, Vito entró en pánico y empezó a gritar como un desquiciado.

El nene empezó a llorar y todo fue un caos. De inmediato me acerqué, le pregunté si estaba bien, me dijo que sí, que todo tranqui. ¡Jajaja!, mentira, estaba desesperado porque le habían robado el auto. Le pregunté si podía llamar a algún familiar, pero me dijo que no, ¡que había dejado el celular adentro del auto! Y gritaba: “¡Y la bolsa! ¡La bolsa! ¡Me van a matar!”. Empezó a gritar entre sollozos y puteadas. Le pregunté qué había en la bolsa, pero miró al nene y me dijo: “No te puedo contar, es muy peligroso”.

Entramos al único local vacío para tranquilizarnos todos un poco (porque a esta altura ya me temblaban las patitas a mí también) que por suerte, o por desgracia, era una heladería. Una vez que le compré un helado a Nico (el nieto, para distraerlo de la situación), intenté calmar a Vito, pero él seguía muyyyyalterado.

Le ofrecí llevarlo a la comisaría, para ver si podían ayudarlo, y me dijo que sí, que urgente, pero me pidió que lo acompañara, CAMINANDO, así podría calmarse y pensar un plan. ¿Un plan?Entonces pensé: ¿¿QUÉ ESTÁ PASANDO?? Pero hacía frío, era tarde y me daba pena, así que allá fuimos los tres. Segundos antes de entrar a la comisaría, Vito respiró hondo, se dio vuelta y me dijo en secreto: “Ni se te ocurra mencionar la bolsa”, y ENTRÓ.

Ya en la comisaría, una oficial se acercó y se quedó charlando con Nico, el nietito, mientras Vito y yo pasamos a una oficina. Al atravesar el umbral, Vito se desplomó, preso de un ataque de nervios.

Para esa altura yo ya no entendía nada, y por unos instantes pensé: “Acá termino en cana con Vito”. Como no se calmaba, el comisario empezó a hacerme preguntas a mí, asumiendo por el parecido físico que yo era su hijo, a lo que inmediatamente, en un valiente acto de lavarme las manos, respondí: “No lo conozco, no sé quién es, no sé nada”.

Me pidió que me quedara porque iba a ser testigo del caso. ¡AY DIOS MÍO! ¡Qué tendrá este señor en la bendita bolsa, que además anda con una criatura a la que “llama” su nieto! Falta que ahora quede pegado en una red de jubilados asesinos narcotraficantes y secuestradores de niños.

Cuando logramos que Vito se calmara, informó la patente del auto: AFKXXX y contó que no sabía el número de ningún familiar porque se había dejado el celular adentro. El comisario preguntó si no había nada más en el auto. Vito miró a su nieto, me miró a mí y respondió: “NADA”. Imaginarás que para ese momento yo ya estaba rezando el ave maría hasta en jeringoso.

Ya eran las 11 de la noche, y yo seguía en short, temblando mitad de frío mitad de cagazo, en una comisaría, con un desconocido, un niño y un auto con una bolsa misteriosa desaparecida. Después de un par de horas, logramos ubicar al hijo (el papá del niño), quien además de estar súper preocupado por la desaparición de ambos familiares, había llamado a la misma comisaría desesperado.

Ya todo se iba arreglando, él los pasaría a buscar por la avenida donde sucedió el hurto. Yo sólo quería huir. Pero el comisario me pidió que acerque a Vito y a su nieto al punto de encuentro, y sinceramente no estaba en condiciones de contradecirlo.

Mientras volvíamos (CAMINANDO también) intenté distraer mi cabeza todo lo posible, para no hacer la pregunta que todos nos estamos haciendo: ¿QUÉ HAY EN LA CONDENADA BOLSA? Al dar la vuelta en una de las esquinas, vi estacionado un auto rojo patente AFKXXX. Parpadeando, muy lento le digo a VITO: “¿Ese no es tu auto?”. ¡SÍ, claro, era su auto!

Vito olvidó que había dejado estacionado su auto a la vuelta.

Sentó a su nieto atrás, cerró la puerta, y corrió a abrir el baúl con la misma energía con la que un +30 abre un delivery, sacó la bolsa, se arrodilló y celebró.

Juntando todas mis fuerzas, intenté no mirar, pero no pude. Lo vi. Era una bolsa negra de consorcio, de la que Vito extrajo una PlayStation. Me miró y me dijo con señas: “Mañana es su cumple”.

Entonces supe que Vito no era traficante, no era narco, era un abuelo que había gastado toda su jubilación en un regalo sorpresa para su nieto.

Volviendo a las cosas que me unían con Vito Vittorussi, me puse a pensar en que realmente él podría ser mi yo del futuro. Con la diferencia de que yo no tengo hijos, no creo que llegue a esa edad con todo ese pelo, ni tengo acento italiano. De hecho, creo que lo único que me unía con él es el nivel de distracción. Por eso, creé este test (para nada inspirado en situaciones que me hayan pasado a mí) para ver qué tan Vito Vittorussi sos.

Encerrá con un círculo o resaltá con tu color preferido la opción que mejor represente tu nivel de identificación:

A menudo doy por seguro cosas que no sé si son reales o inventadas por mí.

Nunca me pasó

Me podría pasar

Me re-podría pasar

Al menos una vez me volví en colectivo o taxi porque me olvidé que había ido en auto.

Nunca me pasó

Me podría pasar

Me re-podría pasar

Fui capaz de llegar doce horas antes al aeropuerto por no entender o mirar si el horario era am o pm.

Nunca me pasó

Me podría pasar

Me re-podría pasar

No chequeé si el micrófono de la videollamada estaba silenciado y mandé una frase polémica (aplica para tener la cámara encendida y no acordarse).

Nunca me pasó

Me podría pasar

Me re-podría pasar

Entré al menos una vez en el auto equivocado pensando que era mi taxi.

Nunca me pasó

Me podría pasar

Me re-podría pasar

Nivel de Vito en sangre: Nulo.

Sos un Vito en potencia, empezá a tomar precauciones.

¡Fijate ya mismo si dejaste la pava o la olla en el fuego, Vito! ¡SOS UN PELIGRO!

1.

Que de la nada, el lavarropas haga un ruido nuevo.

2.

Que caiga gente a su casa sin avisar.

3.

Darse cuenta de que algo que estuvo buscando hace una hora, lo tenía en el bolsillo/mano/cabeza (por si son los lentes).

4.

No entender las canciones de moda.

5.

Que lo llamen por teléfono sin avisarle por mensaje antes.

6.

Que alguien tire basura en la calle.

7.

Que la gente diga que su casa está desordenada y en realidad no lo está.

8.

Que le aparezca una deuda.

Todos tenemos una caja de recuerdos. Esa caja que antes guardaba un par de zapatillas y ahora guarda nuestros tesoros más importantes (y no tanto). Yo hace poco encontré la mía, y lo que había adentro me sorprendió.

Las madres suelen guardar nuestras cositas, nuestras chanchadas, esas basuritas que en el momento de la infancia/preadolescencia creemos que serán tesoros infinitos, y que, con el tiempo, ocupan en el garaje el lugar de la caja de las luces de navidad.

Un día pasa que las madres te mandan un mensaje y te dicen:

Es como si con su jubilación viniera un decreto de minimalismo en el que abandonan su rol de madres acumuladoras de tesoros familiares y se convierten en verdugos de los recuerdos. (¿Existe la palabra verdugas? Siento que es muy parecido a verduras o verrugas… Capaz por eso no existe).

A la mía le pasó algo así. Por suerte, tengo bastante espacio en casa, así que logré salvar mi caja de recuerdos. Cuando la abrí, descubrí que no era una caja, era un ARTILUGIO MÁGICO DE VIAJE EN EL TIEMPO, en el que podía ver una radiografía exacta de quién había sido yo en esa etapa de mi vida.

ESTAS SON LAS NOTAS QUE FUI TOMANDO:

En casi todos se cumplía la siguiente ley: mientras más rosa o mujeres ilustradas con vestido largo y paraguas con flores hubiera en la tarjeta de invitación, más chances de que el suvenir fuera una figura de yeso y tenga plumitas de colores.

Y espero por tu bien, Leo, que también sigas teniendo la otra mitad de la moneda/collar partida al medio que yo aún conservo. Qué sabio que era, un solo amigo, un regalo de cumple, una juntada… bua, cosas que pasan.

Encontré varios “chats”, en papel obvio, en los que se me ubicaba dentro de los primeros puestos de los más lindos del grado (en la escala del 1 al 10, nunca el 1) lo que me hace pensar que si los guardé es porque es algo que no era habitual, lo que me ubica en la categoría de “semilindo”.

Encontré un diario íntimo de mis 13 años. Es sorprendente cómo cualquier evento, así sea un dolor de cabeza, una tarea, una pelea entre hermanos o la más mínima llovizna, desataba una catarata de dramas, cuestionamientos y montaña rusas emocionales dignas de una tira diaria de telenovela.

Mi psicóloga me contó que es importante mantener vivo al niño interior. No me acuerdo bien por qué ya que una mosca que me daba vueltas me desconcentró.

Supongo que porque nos da esa inocencia que nos permite ver las cosas del mundo (incluye a las personas) desde una mirada más libre de prejuicios. La cosa es que yo me di cuenta de que mi niño interior está RE-bien. Por eso abajo te dejo las señales por las cuales llegué a esa conclusión:

Cuando duermo poco me empaco. Y a veces me largo a llorar de la nada sólo porque tengo sueño. O hambre. O ambas.

Me creo todo lo que pasa en las pelis o series. No puedo imaginar que son actores, o que no es real. Esta es una de las razones por las que no puedo ver películas de terror. Tampoco El rey león.

Sigo llamando a mi vieja para que me ayude cuando algo me supera. Aplica para recetas, accidentes, trámites o crisis laborales.

Todavía colecciono cosas. Stickers que pego en el termo, bolsitas copadas que guardo adentro de otras bolsitas, imanes, recetas del médico, culpas, etc.

Soy mal perdedor. No me vayas a tocar y decir “sos la mancha” porque hasta que no quede la casa explotada y vos con la mancha ese juego no se termina.

Cuando me quedo solo en casa me pongo a cocinar y a conducir un programa de cocina en vivo. En diferentes idiomas (porque se emite en varios países).

Uno de los tesoros que encontré mientras revisaba la caja que mi mamá casi deja sin techo, fue una carta que me hice a mí mismo a mis 10 años. Encasillarla en tragicomedia sería limitarla, así que mejor la leemos juntos.

¡Hola, yo! ¿Cómo va? Yo acá, tomando una chocolatada fría.

Mientras veo cómo Georgina y Coco se pelean.

¿Qué tul vos? ¿Los chicos? ¿Cómo se porta el Benja, la Marti y Dexter?

Seguro a ellos les encanta que tengamos un tobogán en el living, ¿no? ¡Sabía que les iba a gustar!

¿Ya tenemos perro o estamos esperando que los chicos cumplan 12 como nos pasó a nosotros? Porfa, prometeme que cuando tengan va a dormir con vos.

¿Y nuestra esposa, qué tal? Seguro ella puede conseguir alguno de la veterinaria en la que trabaja, o uno de la calle y curarlo para adoptarlo.

Espero que estés disfrutando de esa oficina en el último piso, con vista al mar que tiene una maquinita de helados escondida.

Tengo tantas cosas para preguntarte… ¿Es verdad que las chicas lloran sangre una vez al mes? ¿Conocimos a Papá Noel? ¿Ya nos podemos teletransportar? ¿Sigue viva Mirtha Legrand?

Ojalá estemos bien. Me voy a poner la mesa porque hoy vienen todos a comer milanesas a casa y eso me hace feliz.

Cuando somos chicos no entendemos muchas cosas, pero principalmente las decisiones de nuestros padres. ¿Hasta dónde fui capaz de llegar por un capricho? Leelo en la siguiente historia.

Cuando era chico era bastante caprichoso. Podría justificarme con que soy el