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Humanas despiertas muestra a través de la biografía de cinco mujeres feministas de carreras profesionales dilatadas y reconocido prestigio internacional una renovada visión del mundo. Sus intervenciones y acciones en distintos contextos territoriales están transformando la vida de las personas, aportando otras miradas de la economía centradas en el cumplimiento de los derechos humanos y en el respeto a los límites del planeta. Su forma de trabajar por la humanidad parte de la reflexión y del hacer en comunidad. Son mujeres-guía, que se han implicado en cada una de sus responsabilidades, en algunos casos a costa de su vida. De diferentes orígenes y profesiones todas tienen en común una serie de valores que este relato va desgranando con la sola pretensión de contribuir a vuestro propio despertar. Os sorprenderán que sus acciones, siendo profesionales excepcionales en sus diversos ramos: académico, político, económico o social, son realistas, concretas, posibles y replicables. Ellas han creado otros lenguajes, sencillos a la par que universales, visuales a la par que comprensibles, asertivos a la par que directos. Os invito a que descubráis a través de sus vidas y acciones nuevos caminos a explorar para transformar nuestro incierto y complejo mundo, y espero que como ellas no lo hagáis solas. ¡Despertad humanas y hacer comunidad!.
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Seitenzahl: 135
Veröffentlichungsjahr: 2023
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INTRODUCCIÓN
ANÁLISIS
DESARROLLO
CONCLUSIONES
BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES
Nunca me había interesado por la Economía. Es más, criticaba abiertamente a aquellas personas a las que “les daba” por estudiarla. Tenía muchas ideas preconcebidas en torno a las motivaciones para dedicar toda una vida profesional a una disciplina tan banal, cuyo objetivo era obtener beneficios económicos y conseguir poder. Al menos, eso creía yo hasta que descubrí “la otra economía”, la ciencia social, la herramienta útil para el bien común.
Para llegar a este punto he pasado por una transición personal, y lo cierto es que lo he hecho de la mano de mujeres.
La economía que yo conozco y sobre la que me permitiré reflexionar en estas páginas, tiene nombres de mujeres, las cuales vienen trabajando para que se mida el progreso económico o el desarrollo con otros indicadores, más allá del producto interior bruto (PIB), y para que esta ciencia social sea realmente una herramienta y no un fin en sí misma. No todas ellas son economistas, pero a todas, las he escuchado hablar de personas y de planeta, de economía social y solidaria, de límites del crecimiento o de economía de los cuidados, feminista y ecológica.
Yo vengo de las Ciencias Biológicas y la transición personal de mi mirada hacia la Economía, tiene mucho que ver con mi trayectoria profesional, con el papel que vienen desarrollando las mujeres tanto en la esfera productiva como en la reproductiva, y con el feminismo.
Como funcionaria de medio ambiente tuve la oportunidad de participar en el desarrollo de procesos de implementación de programas de sostenibilidad local, como las Agendas 21 (nacidas como herramientas de planificación local a partir de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, en 1992), con los que empecé a familiarizarme con el concepto de sostenibilidad. Este concepto, ampliamente utilizado, define aquellas acciones que permiten satisfacer las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas, garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico, el cuidado del medio ambiente y el bienestar social. Fue acuñado por primera vez, en el Informe Brundtland de 1987 Nuestro futuro común (Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y el Desarrollo, 1987), coordinado por Gro Harlem Brundtland. Médica de formación y política de vocación y servicio, sus aportaciones han sido claves no sólo para el medio ambiente y la salud pública global, sino para la economía. Ella nos relata en el prólogo de dicho informe, la necesidad de coordinar la acción política y la responsabilidad, para un futuro común y un sistema económico de cooperación, como senda para un desarrollo sostenido. Introduce de manera clara, la imposibilidad de separar el “medio ambiente” y el “desarrollo” y vincula la pobreza, la desigualdad y la degradación ambiental. Nos habla, de cómo fue el desarrollo del trabajo del equipo que coordinó en el transcurso de los tres años que duró la redacción del informe, haciendo hincapié en cómo se fueron desvaneciendo entre las personas integrantes de dicho grupo, los nacionalismos, las divisiones artificiales entre países, incluso en momentos de tragedias de impacto internacional, como el accidente del reactor nuclear en Chernobil, o la crisis de medio ambiente y desarrollo en África por la sequía, que causó la muerte a más de un millón de personas. También narra, cómo apareció la preocupación común por el planeta en que vivimos y por las entrelazadas amenazas ecológicas y económicas a las que los pueblos, instituciones y gobiernos se enfrentaban. Ella, abogaba entonces, por el espíritu de amistad y comunicación abierta, la conjunción de las mentes, el proceso de aprendizaje y de compartir, que fue de gran valor experiencial para todas las personas que formaron parte de la comisión redactora, y para el mensaje contenido en el propio informe (WHO, 1998). Rezuma sabiduría, porque puso el foco en el medio plazo, y resaltó la importancia de traducir las palabras empleadas a un lenguaje que alcanzara el corazón de los jóvenes, para asegurar los cambios sociales necesarios y rectificar el rumbo del desarrollo. “El refuerzo de la comprensión mutua y el espíritu común de responsabilidad son esenciales en un mundo dividido” (Brundtland, 1987), así lo expresaba.
Tengo que decir, que Gro ha sido una mujer fundamental para empezar a despertar mis inquietudes por la economía (sin ser ella economista), pero también tengo que confesar que no supe durante muchísimos años que se trataba de una mujer. El llamado Informe Brundtland, como se le conoce, me tenía totalmente despistada con el género de su autor/a. Jamás pensé que pudiera tratarse de una mujer, y ni mucho menos me planteé averiguarlo, porque no albergaba dudas sobre su autoría, ¡era de un hombre!. No fue hasta que empecé a formarme en igualdad de género, y a conocer la biografía de las muchas mujeres ignoradas, no reconocidas por la historia, o los medios de comunicación, cuando casualmente surgió un día el nombre de Gro H. Brundtland y fue una sorpresa agradable saber que se trataba de una mujer, aunque también me hizo sonrojar mi ignorancia.
Dicho esto, empecé a sentir que cuanto más profundizaba en los procesos de sostenibilidad, más conocimientos me faltaban, sobre todo los relacionados con los aspectos económicos. Las tres variables, (ambiental, social y económica) del desarrollo sostenible, tenían que estar en equilibrio como proponía el informe de Gro, y necesitaban interactuar desde sus diversas miradas para activar el cambio hacia un futuro que no estuviera comprometido por las actividades humanas.
Por mi formación como bióloga, los ecosistemas, las relaciones entre especies, las diversas escalas, transiciones y ecotonos no me resultaban desconocidas. También estaba familiarizada con procesos de participación ciudadana e iniciativas sociales, a través de la implantación de las Agendas 21. Estos, me habían permitido conocer las prioridades de las poblaciones locales de mi entorno y planificar diversos escenarios de acción a corto y medio plazo.
Tenía la necesidad de poner en práctica esas acciones, conocer las diversas herramientas que ofrecía la economía para la ejecución de proyectos y programas, y no quedarme solo en el marco de los análisis. ¡Necesitaba saber Economía!.
La pregunta era, ¿qué economía?, y ¿con quiénes?.
He de decir en este punto, que mi incursión en el activismo feminista y la novedosa Agenda 2030, (aprobada en 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, que establece una visión transformadora hacia la sostenibilidad económica, social y ambiental de los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas que la suscribieron, que pone a las personas en el centro y llama a un cambio en nuestro modo de desarrollo a nivel planetario, así como a la actuación para la mitigación y adaptación al cambio climático), fueron los motores que necesitaba para arrancar.
La combinación del activismo feminista, con la formación en la llamada “economía heterodoxa”, y la voluntad personal de promover proyectos locales de innovación social, han ido consolidando mi transición personal, y mi nueva mirada hacia la economía, mirada que voy construyendo desde la experiencia, pero también desde la formación y la investigación.
En este camino, ha sido imprescindible para mí, la referencia de diversas mujeres feministas. Sus conocimientos, energías, intervenciones, motivaciones, actitudes de escucha activa y su acompañamiento a las demás, están contribuyendo a labrar un camino de esperanza activa hacia un futuro sostenible. Ellas han partido del conocimiento, pero también del reconocimiento al trabajo colectivo y cooperativo, del valor de los bienes comunes y de los saberes ancestrales, reconectando así con la Naturaleza. Están co-creando la urgente transición socioecológica que demanda este momento vital, lleno de incertidumbres, riesgos y esperanzas.
He empezado por Gro Harlem Brundtland a la que volveré más adelante, para analizar esos valores que emanan de su informe y que proponen cambios sustanciales en las formas de liderazgo y gobernanza. No sé si ella en aquel momento, incluyó los párrafos personales y de agradecimiento en el prefacio del informe Brundtland, siendo consciente de la importancia de las claves que estaba ofreciendo para avanzar hacia un futuro común; y al mismo tiempo, del renovado valor que más de tres décadas después han adquirido sus palabras. Muchos investigadores critican en la actualidad que el Informe Brundtland no es rupturista con el sistema socioeconómico dominante, pero no han reparado seguramente en el prólogo de dicho informe, que dice mucho de quien coordina el trabajo, y de lo que subyace de innovador más allá de la definición más o menos acertada de desarrollo sostenible, vista con ojos de hoy, 35 años después.
Pero quería introducir a otras mujeres que están formando parte de lo que llamo, mi nueva mirada hacia la economía.
Quiero presentar a una mujer referente en mis inicios en el activismo feminista, que reforzó esa idea que atraviesa el Informe Brundtland sobre que el medioambiente y el desarrollo son indivisibles, y cómo esta unión está muy presente en las luchas que las mujeres indígenas están llevando a cabo, incluso pagando con su vida la defensa de sus pueblos/tierras (en el concepto amplio de esta palabra), sobre la que reflexionaremos.
Berta Cáceres Flores, es una “REFERENTE” en la defensa de los derechos humanos, del territorio y de las mujeres. Fue asesinada por esta causa, pero sembró en muchos corazones un espíritu de lucha colectiva por la vida, por la identidad, por la igualdad y la justicia social.
Conocí su nombre a través del activismo, en el colectivo feminista del que formo parte, Mujeres 24 horas, y dada su vinculación con la defensa territorial se ha convertido para mí en un ejemplo a seguir. Soy, como dije, licenciada en Biología, y funcionaria pública en un país europeo, España. Esta dedicación, me ofrece la oportunidad de disponer de herramientas y recursos, para proponer medidas que salvaguarden el territorio y el patrimonio natural. Las acciones de Berta para proteger el territorio lenca en Intibucá y La Esperanza (Honduras), frente a los megaproyectos de las empresas multinacionales y madereras que violan los derechos ambientales, y las propiedades territoriales de las comunidades indígenas originarias de Honduras, son una motivación para seguir contribuyendo con mis acciones, desde los diversos ámbitos en los que pueda participar, a la preservación del patrimonio natural que hemos recibido, para las generaciones futuras y hacia un desarrollo sostenido o sustentable. Hago esta comparación porque si alguna vez me “desinflo”, siempre pienso en que Berta, luchaba por causas aún más complejas, y lo tenía muchísimo más difícil, y jamás cejó en su empeño, su deseo.
Volveré después al análisis de los conflictos entre medio ambiente, desarrollo y territorio y cómo se propone su abordaje desde los ecofeminismos, cuyos planteamientos sintonizan a la perfección con las formas de vivir que defendía Cáceres.
Sólo añadiré en esta introducción, la importancia que tiene en la trayectoria de Berta Cáceres la figura de su madre, y cómo su personalidad y acciones tienen mucho que ver con una cultura matriarcal basada también en la lucha por los derechos humanos. Su madre, doña María Austra Berta Flores, partera, enfermera y alcaldesa, brindó servicios de salud a refugiadas salvadoreñas durante la guerra civil de El Salvador, y su figura permeó en Berta. El asesinato de Berta Cáceres en su casa, fue juzgado por el Tribunal Penal Nacional de Honduras que condenó a siete hombres y determinó que habían sido contratados por ejecutivos de DESA, empresa que estaba construyendo una hidroeléctrica en territorio indígena lenca. La denuncia del modelo económico extractivista, entre otros, le costó la vida.
Cuando inicié los estudios de Economía y Desarrollo Territorial, llegó a mi mundo mi tercera referente, Kate Raworth. De nuevo la interacción entre los límites planetarios y el crecimiento económico tomaban forma en el “donut de Raworth”.
Esta economista inglesa, propone alternativas al modelo económico imperante en su obra “Economía rosquilla: siete maneras de pensar la economía del siglo XXI”. Me llama la atención, cómo explica su alejamiento de la economía tras su paso por la Universidad de Oxford, para volver a ella tras su experiencia con la maternidad, cuando, cambiando pañales, fue plenamente consciente de que la economía configura el mundo en que habitamos, y que esta disciplina la había configurado a ella por la “vía del rechazo”. Volvía, dijo: “para darle la vuelta y utilizar las herramientas brindadas por el pensamiento económico para alcanzar los objetivos a largo plazo de la humanidad, llegando así a su famosa “rosquilla””. Ella establece que entre los dos círculos concéntricos de la “rosquilla”, que representan la base social y el techo ecológico, existe un espacio seguro para vivir, en el marco de los límites planetarios, y definido dicho espacio, propone alternativas económicas para lograrlo. Se basa en las llamadas “economías heterodoxas” como la economía de la complejidad, la economía ecológica, la economía feminista, la economía institucional y la conductual.
De la figura de Raworth, destaco su capacidad para impulsar la creatividad en el diseño del pensamiento económico, tan necesaria para afrontar la transición socioecológica en la que toda la humanidad está inmersa.
Cuando pensamos en teorías económicas, Kate diría: “nunca te imaginas una rosquilla azucarada, como elemento sobre el que definir los indicadores económicos, sino gráficas de líneas quebradas, rectas, parábolas o exponenciales, y muchos números de difícil interpretación”. (Raworth, 2017).
El desafío que Raworth propone, pasa por “volver a redibujar el mundo con un lápiz, herramienta de la economía más potente que el dinero o el álgebra”. Volveremos para desgranar los valores y reflexiones que emanan de su obra.
La cuarta de las mujeres que motivan mi transición y una de mis autoras referente en el proyecto de tesis doctoral que estoy desarrollando sobre economía de los cuidados, en el marco del Programa de Doctorado de Estudios Interdisciplinares de Géneros en la Universidad de Huelva, es Amaia Pérez Orozco.
Es economista, feminista y activista social. Amaia nos invita en todo momento a atrevernos a afrontar la transición, poniendo en el centro la sostenibilidad de la vida, y para ello propone trabajar desde la responsabilidad colectiva.
Para mí la fuerza de sus planteamientos, radica en la coherencia entre el pensamiento económico que propone, y las acciones y proyectos que desarrolla para llevarlo a la práctica, sin olvidar que a través de la batería de preguntas que inundan sus textos, resalta siempre la importancia de la reflexión y exploración colectiva en todo el proceso.
Ha puesto el foco, en el enorme papel que tienen todos los niveles de la sociedad: institucional, hogares, comunidad, en los trabajos de cuidados, y está incidiendo políticamente con su participación activa en diversos ámbitos, académico, activista, colectivos, etc., en la necesidad de transformar las políticas públicas de cuidados para una vida digna de ser vivida.
Esa fuerza, y el convencimiento de que “la economía feminista es muchísimo más que proponer alternativas al sistema capitalista, sino que trata de ir a la raíz del funcionamiento del sistema socioeconómico y transformarlo, poniendo en el centro los trabajos que de verdad importan, más allá de que sean asalariados o no” , encarna una revolución en la que tenemos que participar todas. Es también muy importante su llamada sincera a la acción colectiva, y a la proactividad en lo cotidiano, porque nos avisa que en caso de no ser capaces de implicarnos, otros lo harán y no en el marco del bien común.
Amaia Pérez Orozco, nos llama a hacer comunidad. Y además, ofrece algunas claves sobre cómo hacerla y, cómo impulsarla desde lo local, pero también desde la política pública.
Por último, abordaré la figura de una mujer africana, economista, brillante, galardonada este año 2022 por la ONG Harambee, con el premio a la promoción y la igualdad de la mujer africana.
Es Franca Ovadje. Esta nigeriana, hija de un empleado de banca y una enfermera e integrante de una familia numerosa compuesta por cinco hijos y cinco hijas estudió Economía en las Universidades de Ibadan y Nsukka. Actualmente, sólo el 42% de las personas universitarias son mujeres en su país. Además de impartir docencia en la escuela de negocios más prestigiosa de Nigeria, Lagos Business School (LBS), es cofundadora de un Foro de Mujeres que ofrece asesoría a mujeres emprendedoras a través de diversos programas de capacitación. Cuando habla de su trayectoria no puede olvidar, que a ella para dar clases en la escuela de negocios de su país le exigieron hacer el doctorado, cuando a otros compañeros hombres no se les exigía, y cómo se trasladó a Barcelona para cursarlo, regresando posteriormente para poder impartir las clases. Esto ha cambiado, dice ella, pero no olvida, que aún son muchas las niñas que no acceden a carreras científico-tecnológicas, y a las que también está formando a través de un programa específico.
De ella, me quedo con varias claves que contribuyen a forjar una nueva mirada esperanzada en que otra economía es posible. La educación, que como ella misma dice, “es el arma más poderosa” y la conciencia social, “para mirar siempre a ver a quién puedes sacar de la pobreza”
