Jesús un evangelio de amor - David Hoffmeister - E-Book

Jesús un evangelio de amor E-Book

David Hoffmeister

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Beschreibung

Jesús quiere que estemos contentos y felices. Quiere que nuestros hermanos y hermanas vean nuestro rostro de felicidad y sepan cuánto ama Dios a su Hijo. El mensaje que Jesús dio a los Apóstoles y a los mensajeros antes de desaparecer y ascender de vuelta al Padre fue: « Sed felices. Vuestra naturaleza es estar alegres. Debéis ser testigos de esa alegría para que todos sepan que Dios es amor».

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Seitenzahl: 445

Veröffentlichungsjahr: 2024

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PRIMERA EDICIÓN EN ESPAÑOL: ABRIL DE 2024

Título original en inglés: Jesus: A Gospel of Love

©  David Hoffmeister, 2024

©  Living Miracles Publications, 2024

©  Cangrejo Editores, 2024

Transversal 93 núm. 63-76 Int. 16, Bogotá, D.C., Colombia

Telefax: (571) 601 276 6440; 601 541 0592

[email protected]

www.cangrejoeditores.com

ISBN: 978-958-5532-76-2

DIRECCIÓN EDITORIAL:

Leyla Bibiana Cangrejo Aljure

PRODUCCIÓN EDITORIAL:

Víctor Hugo Cangrejo Aljure

PREPRENSA DIGITAL:

Cangrejo Editores

DISEÑO GRÁFICO:

Sandra Liliana González Bolaños

DISEÑO CARÁTULA:

Peter Kirk, Marcela Garnica Sandoval

TRADUCIDO AL ESPAÑOL:

Gabriela Canales López, Nuria Cobo

CORRECCIÓN DE CONTENIDOS:

Marina Colombo, Lorena Vega Bossio, Marcela Garnica Sandoval

A menos que se indique lo contrario, los textos de las Escrituras utilizados en la edición en español de esta obra están tomados de la Biblia de América Edición Popular.

Todos los derechos reservados, ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en sistema recuperable o transmitida en forma alguna o por algún medio electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros, sin previo permiso escrito de Cangrejo Editores.

El texto y las afirmaciones que contiene esta obra son de la exclusiva responsabilidad del autor. Ni los editores, ni el impresor, ni los distribuidores, ni los libreros tienen responsabilidad por lo escrito en esta obra.

Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions

CONTENIDO

NOTA DEL EDITOR

INTRODUCCIÓN

1. ¿QUIÉN ES JESUCRISTO?

2. JESÚS, ¿CUÁL ES MI RELACIÓN CONTIGO?

3. HABLANDO DE LA PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO

4. HABLANDO DE LA CREACIÓN Y LA CAÍDA DEL HOMBRE

5. ¿CÓMO SE ELIMINA EL MIEDO?

6. ¿ES LA PERCEPCIÓN DISTORSIONADA —LA FALTA DE VISIÓN— EL PROBLEMA PRINCIPAL?

7. ¿CUÁL ES LA RELACIÓN ENTRE LO QUE PERCIBO Y LA REGLA DE ORO?

8. ¿QUÉ ES UN MILAGRO?

9. HABLANDO DE LAS BIENAVENTURANZAS

10. ¿QUÉ ES EL DIABLO?

11. ¿QUÉ ES LA TENTACIÓN?

12. HABLANDO DE LA PERFECTA IGUALDAD

13. HABLANDO DE CARIDAD

14. ¿QUÉ SIGNIFICA ESTAR EN QUIETUD?

15. ¿EXIGE DIOS ALGÚN SACRIFICIO?

16. ¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE LA CRUCIFIXIÓN?

17. HABLANDO DE LA RESURRECCIÓN

18. HABLANDO DEL JUICIO FINAL

19. ¿CÓMO ACABARÁ EL MUNDO?

20. ¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE DAR FRUTO?

21. ¿QUÉ SIGNIFICAN ESTOS DICHOS?

22. HABLANDO DEL TIEMPO Y DEL SIGNIFICADO DE NACER DE NUEVO

23. HABLANDO DEL JUICIO

24. HABLANDO DE LA ORACIÓN

25. HABLANDO DE UNIÓN Y LA RELACIÓN SANTA

26. HABLANDO SOBRE LA LUJURIA, LAS FANTASÍAS Y LOS DESEOS DE LA CARNE

27. HABLANDO DE CELIBATO Y CASTIDAD

28. ¿CÓMO QUIERES QUE VEA EL CUERPO?

29. HABLANDO SOBRE EL ENGAÑO DE BUSCAR Y SOSTENER ÍDOLOS

30. ¿CÓMO SE LOGRA LA CURACIÓN?

31. HABLANDO DE INTENTAR SERVIR A DOS AMOS

32. ¿QUÉ SIGNIFICA DISCERNIR ENTRE LO REAL Y LO IRREAL?

33. ¿TODAS MIS DISTORSIONES SURGEN DE MIS PENSAMIENTOS DE ATAQUE?

34. ¿QUÉ SIGNIFICAN TODAS LAS PARÁBOLAS SOBRE LA «VIGILANCIA»?

35. DISTINGUIR ENTRE LA LEY DEL AMOR DE NUESTRO PADRE Y LAS LEYES FICTICIAS DEL EGO

36. HABLANDO DEL DINERO Y LAS POSESIONES

37. ¿QUÉ PENSAMIENTOS DEBO DEDICAR A MIS NECESIDADES TERRENALES?

38. ¿NECESITO HACER PLANES PARA SEGUIRTE?

39. ¿CÓMO SABRÉ QUÉ PALABRAS DECIR?

40. HABLANDO DE LA CONFIANZA

41. ¿Y SI NO PUEDO HACER LO QUE ME PIDES?

42. HABLANDO SOBRE TU APARICIÓN EN EL CAMINO DE EMAÚS

BIBLIOGRAFÍA

NOTAS AL PIE

NOTA DEL EDITOR

Cada capítulo en este libro está estructurado en 3 secciones. La primera comienza con una cita bíblica, seguida de una parte con enseñanzas de David Hoffmeister, que están divididas por un ícono en forma de corazón. Al final de cada capítulo, encontrarás un apartado dividido por un ornamento que contiene parábolas o enseñanzas más profundas de David.

Esperamos que esta estructura te proporcione una experiencia de lectura significativa y enriquecedora, y te animamos a profundizar en cada sección a medida que vayas leyendo el libro.

En este texto, para claridad del lector, cuando se utilizan las palabras «ego», «satanás» o «el error» (como sinónimos). Y cuando se habla de «forma» se refiere al mundo material o la materia finita, es decir, que tiene final. Asimismo, la expiación es la corrección.

INTRODUCCIÓN

Jesús: un evangelio de amor es una respuesta a la oración del corazón de una relación presente, íntima y profunda con Jesús.

Las enseñanzas y la vida de Jesucristo han inspirado e influido a miles de millones de personas en los últimos dos milenios. Su mensaje de amor, compasión y perdón continúa resonando en personas de todos los orígenes y creencias.

Los capítulos de este libro contienen versículos bíblicos y enseñanzas del místico David Hoffmeister, que ofrecen una respuesta directa a preguntas como: «Jesús, ¿cuál es mi relación contigo? ¿Qué es un milagro?» y «¿cómo acabará el mundo?».

Esta obra pretende profundizar en la comprensión del mensaje de amor de Jesús e inspirar a los lectores a vivir una vida guiada por Cristo.

Tanto si eres creyente, un buscador o simplemente sientes curiosidad acerca de Jesús y sus enseñanzas, David te ofrece una indagación rica e inspiradora de algunas de las cuestiones más profundas. A través de este texto, los lectores pueden descubrir el poder transformador del amor y el mensaje imperecedero de confianza y fe que Jesucristo sigue ofreciendo.

Jesús: un evangelio de amor es una puerta de acceso para abrirnos a una profunda autorrealización; para abrirnos a la idea de que somos la mente de Cristo, de que somos el amor mismo.

Que este libro nos reconforte y nos bendigaen nuestro viaje de regreso a Dios.

1. ¿QUIÉN ES JESUCRISTO?

«De camino hacia la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Ellos le contestaron: —Unos que Juan el Bautista; otros que Elías; otros que Jeremías o uno de los profetas. Jesús les preguntó: —Y según ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Simón Pedro respondió: —Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». (Mateo 16:13-16)

Jesús fue un hombre que vio la faz de Cristo en todos, reconociendo así la naturaleza universal del amor de Dios. Jesucristo es, pues, un símbolo del amor eterno de Dios y un guía amoroso para recordar la unidad perfecta con Dios.

Jesús les dijo a los apóstoles: «Seguidme». ¿No es genial? Un pescador y un recaudador de impuestos, y Jesús les dice: «Seguidme». Y ellos simplemente le miraron a los ojos, e hicieron algo asombroso. Los personajes dejaron sus negocios, su pesca, y sus familias. Lo dejan todo y le siguen. Debe haber sido una presencia increíble.

Imagínate que algo así ocurre en tu vida. En medio de una de tus jornadas habituales, aparece una persona y te dice solamente dos palabras. Y lo extraño es que le miras a los ojos y dices: creo que tienes razón; no quiero seguir siendo una figura en este sueño. Quiero despertar a la eternidad. Es el llamado de la eternidad.

Quiero llevarte 2000 años atrás, a ese punto donde se encontraba Jesús. Él estaba creciendo, y sentía dentro de su corazón que tenía un destino. Y ahora sabemos que su destino es el destino de todos nosotros. Conocer a Dios y conocer nuestra fuente es un destino compartido. Y, sin embargo, Jesús tuvo que practicar la oración, la fe y la paciencia. Cuando llegó el momento, se abrió y comenzó a extender la presencia del Espíritu, de la cual se había vuelto plenamente consciente.

Jesús es el símbolo de esa profunda devoción y presencia a la que acudimos en busca de inspiración, guía e instrucción.

Mucha gente se pregunta acerca de la diferencia entre el camino espiritual de un monje que dedica doce horas al día a la meditación y el de alguien como la Madre Teresa, que está en constante movimiento. A pesar de las aparentes diferencias, se trata de la misma presencia interior. Es el Espíritu quien te guía para alcanzar esa presencia «Yo Soy». Sea como fuere, eres usado, y todo es para llevarte a esa experiencia.

Doy charlas por todo el mundo, y las charlas en sí mismas no significan nada. Es de Su Presencia de donde surgen las charlas. Incluso la presencia será asumida por el ego y transformada en un conjunto de palabras, en un sermón, en una charla, en una discusión que será grabada para la posteridad. Simplemente he descubierto que la manera más fácil de llegar al Espíritu del Amor, al Espíritu de Dios y a la Presencia de Dios es, sencillamente, escuchar y seguir la guía.

Y si pudieras oírlo y solo hicieras eso, no sería suficiente. Aunque pudieras escuchar a Jesús hablando en tu mente —si pudieras escuchar al Espíritu Santo claramente como en una conversación— aun así no te ayudaría si no lo sigues. Aunque pudieras escucharlo con perfecta claridad, palabra por palabra y sin distorsión, no te ayudaría a menos que lo siguieras.

Cristo es una idea divina perfecta, y Jesús es el nombre de aquel que demuestra, representa o simboliza esta idea divina. El nombre de Jesús representa un amor que no es de este mundo, porque el amor es eterno y el cosmos es temporal.

Jesucristo es, por lo tanto, un símbolo, y el amor que representa su nombre es el Espíritu que es uno con Dios. Cristo es nuestra verdadera identidad. La filiación es sinónimo de Cristo, y Jesús es el nombre de uno que reconoció la faz de Cristo en todos y despertó del sueño del mundo.

Jesús es una demostración del amor de la filiación. Jesús señala a Dios como merecedor de reverencia, y se adora a Dios cuando se comparte o extiende el Espíritu del amor de Dios. La actitud con la que uno trata a sus hermanos y hermanas es la actitud que uno tiene con el Creador, pues estas actitudes son una.

«Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y amplio el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por él. En cambio, es estrecha la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que lo encuentran». (Mateo 7:13-14)

«Así los últimos serán primeros, y los primeros serán últimos». (Mateo 20:16)

«Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas». (Mateo 11:29)

La mansedumbre es fortaleza, y en verdad los mansos han conquistado el mundo. El ego promociona la lucha, el enfrentamiento y «ponerse en pie» a favor de la verdad en contra de un hermano. Alinearse de forma activa con Jesús implica deponer la espada de los juicios. El amor jamás se opone a nada. Oponerse a un hermano tan solo demuestra debilidad.

Luchar por o en contra de algo en el nivel de la forma implica que crees que la forma es real a la vez que te mantienes inconsciente del contenido que hay tras ella. Sin embargo, solo encontrarás paz si tomas conciencia del contenido o el propósito del Espíritu Santo. La ira pide que haya un chivo expiatorio. Sin embargo, si aceptas que el ataque es imposible, también aceptarás que la ira y la proyección son imposibles. A eso se refería Jesús cuando dijo: «Dichosos los mansos porque heredarán la tierra».

El Espíritu Santo no opera «en el mundo» sino en la mente que cree que se encuentra en el mundo. Al hacerlo de esta manera, la mente puede reconocer en primer lugar que inventó el mundo. Una vez que la mente deja ir el deseo de proyectar el error de la separación «hacia afuera», hacia el resto del cosmos y aparte de ella misma, acepta la Expiación y se da cuenta de que no existe nada fuera de la mente.

Expiación y percepción sanada significan lo mismo. Es algo muy distinto a decir «Espíritu Santo, por favor, ven al mundo y cambia mis circunstancias: encuéntrame un aparcamiento, ayúdame a ganar la lotería, sana mi cuerpo». La Expiación ha transformado la ilusión en realidad y la oscuridad en luz. Mantener la creencia de que el Espíritu Santo puede cambiar un mundo objetivo que se encuentra fuera de mí es un error. Cuando se liberan los pensamientos de ataque aparece una conciencia de totalidad: el mundo perdonado, la mente que todo lo incluye.

El ego es una creencia en lo concreto y lo específico, y solo puede malinterpretar el sueño del mundo. Por lo contrario, el Espíritu Santo no entra en el mundo. Las ilusiones no contienen la verdad. El Espíritu Santo elimina las creencias falsas, llevándolas o elevándolas a la Luz. El perdón no hace nada ni lleva a cabo ninguna actividad. Tan solo brilla de forma calmada y pasiva, y ve lo falso como falso.

Así, el Espíritu Santo trabaja en la mente para liberar completamente el sistema de creencias falsas del ego. Debido a que el ego interpreta el ser como un cuerpo que se encuentra en un mundo externo a él mismo, es el ego quien atribuye situaciones y eventos al Espíritu, diciendo cosas como «el Espíritu me encontró sitio para aparcar o el Espíritu me ayudó a perder 10 kilos». Esas son interpretaciones «personales», ya que se cree que el Espíritu Santo trabaja con diferentes cuerpos, objetos, eventos y situaciones en lugar de con la mente dormida que cree en esas cosas. El Espíritu Santo no percibe el mundo de la misma manera en la que lo perciben los ojos del cuerpo. La perspectiva del mundo perdonado del Espíritu Santo no es personal porque abarca todo y es completa.

«Entonces dijo a sus discípulos: —La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la cosecha que envíe obreros a recogerla». (Mateo 9:37-38)

«Entonces Jesús les contó esta parábola: Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, construyó un lugar para hacer el vino y edificó una torre. Después la arrendó a unos viñadores y se ausentó. A su debido tiempo envió un siervo a los viñadores para que le dieran la parte correspondiente de los frutos de la viña. Pero ellos lo agarraron, lo golpearon y lo despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió otro siervo. A este lo maltrataron y lo ultrajaron. Todavía les envió otro, y lo mataron. Y otros muchos, a los que golpearon o mataron. Finalmente, cuando ya no le quedaban más, les envió a su hijo querido pensando: “A mi hijo lo respetarán”. Pero aquellos viñadores se dijeron: “Este es el heredero. Matémoslo y será nuestra la herencia”. Lo capturaron, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña». (Marcos 12:1-8)

«Si el mundo los odia, recuerden que primero me odió a mí. Si pertenecieran al mundo, el mundo los amaría como cosa propia; pero como no pertenecen al mundo, porque yo los elegí y los saqué de él, por eso el mundo los odia. Recuerden lo que les dije: “Ningún siervo es superior a su señor”. Igual que me han perseguido a mí, los perseguirán a ustedes; y en la medida en que pongan en práctica mi enseñanza, también pondrán en práctica la de ustedes. Los tratarán así por mi causa, porque no conocen a aquel que me envió. Si yo no hubiera venido o no les hubiera hablado tan claramente, ellos no serían culpables; pero así no tienen disculpa por su pecado. El que me odia a mí, odia también a mi Padre. Si yo no hubiera realizado ante ellos unas obras que ningún otro ha hecho, no serían culpables; pero ahora, a pesar de haber visto estas obras, siguen odiándonos a mi Padre y a mí. Así se cumple lo que ya estaba anunciado en su ley: Me han odiado sin ningún motivo». (Juan 15:18-25)

El mundo, visto a través de los ojos y escuchado a través de los oídos, es una pantalla de imágenes. El mundo no es más que un reflejo borroso de los pensamientos de ataque de la mente engañada. Si te vuelves consciente de estos pensamientos de ataque y estás dispuesto a dejarlos ir, estás dispuesto a limpiar a cinta de la película y dejar ir los juicios que no dejan pasar la luz de la conciencia. Para que se den los milagros es necesario que haya un deseo de dejar que la luz brille sin interferencias. Cuando esto ocurre, la pantalla se va iluminando más y más. Al no existir un mundo separado de la mente, el mundo te reflejará la luz de tu mente.

La mente se abre a la perspectiva del Espíritu Santo, que refleja la percepción sanada, a medida que deja ir el sistema de creencias del ego que habla de separación y percepción distorsionada. Se trata de un punto de vista que refleja Amor y Unidad y que provee una interpretación completa del Universo. Ahora que la mente está alineada con la perspectiva del Espíritu Santo, el cosmos se convierte en un momento que atestigua la unidad del Amor abstracto. Así, darse cuenta de que no existe un mundo aparte de la mente es estar abierto al recuerdo de la Unidad abstracta y eterna que no tiene opuestos. La verdad es simplemente eso.

La salvación reside verdaderamente en Cristo y la luz ha llegado. Cristo es el cordero de Dios y el cordero representa la inocencia. El cordero es de un blanco puro como símbolo de la pureza de la inocencia. La inocencia «no resiste al mal» porque ha vencido la creencia en la muerte. ¿Y qué era la culpa sino la convicción de que existía la muerte? Aunque la inocencia de Cristo realmente ha eliminado «los pecados del mundo», Dios no requiere ningún sacrificio. La Expiación se asocia con la inocencia más que con el sacrificio. Está escrito de la siguiente manera: «Porque quiero amor, y no sacrificios, y prefiero el conocimiento de Dios, más que los holocaustos». (Oseas 6:6)

«Tendría que decirles muchas cosas más, pero no podrían entenderlas ahora. Cuando venga el Espíritu de la verdad, los iluminará para que puedan entender la verdad completa. Él no hablará por su cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído, y les anunciará las cosas venideras. Él me glorificará, porque todo lo que les dé a conocer, lo recibirá de mí. Todo lo que tiene el Padre, también es mío; por eso les he dicho que todo lo que el Espíritu les dé a conocer, lo recibirá de mí». (Juan 16:12-15)

El momento es ahora. Utilizo el término «misticismo» para referirme a la unión con Dios en Cristo, y utilizo términos de la Biblia, del ámbito cristiano, de la educación, psicológicos, musicales o de las películas, entre otros, que el Espíritu Santo me facilita. Me regocijo en permitir que el Espíritu Santo hable, escriba, cante y exprese la Presencia del Señor Jesucristo. Sé que en tu corazón entiendes lo que quiero decir, porque compartimos el corazón de Cristo.

Dios es totalmente ajeno al concepto de sacrificio. Sacrificarse de cualquier manera es una violación del mandamiento: «Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso».

La inocencia de Dios es el estado mental verdadero de Su Hijo. En ese estado, tu mente conoce a Dios porque Dios no es simbólico, Dios es un hecho. Al conocer a Su Hijo como es, te das cuenta de que la Expiación, no el sacrificio, es el único regalo apropiado que se puede poner en el altar de Dios, en el cual no se permite nada que no sea perfecto. Los inocentes comprenden la Verdad, por eso sus altares son verdaderamente radiantes.

Cristo está esperando que lo aceptes como tu Ser, y su plenitud como tuya. Pues Cristo es el Hijo de Dios, quien vive en Su Creador y refleja Su gloria. Cristo es una extensión del amor y la belleza de Dios, tan perfecto como Su Creador y en paz con Él. Bendito sea el Hijo de Dios, cuyo resplandor proviene de Su Padre y cuya gloria desea compartir igual que Su Padre la comparte con Él. En el Hijo no hay condenación porque tampoco la hay en el Padre. Al compartir el amor perfecto del Padre, el hijo debe compartir lo que es suyo, o no conocerá al Padre o al Hijo. La paz sea contigo, tú que descansas en Dios.

«Les he dicho todo esto, para que puedan encontrar la paz en su unión conmigo. En el mundo encontrarán dificultades y tendrán que sufrir, pero tengan ánimo, yo he vencido al mundo». (Juan 16:33)

«El vencedor recibirá esta herencia, pues yo seré su Dios, y él será mi hijo». (Apocalipsis 21:7)

Únicamente el ego parece experimentar culpa. Alégrate de que no eres el ego. El ego asocia «regalos» con cosas, dinero y comportamientos. El Espíritu sabe que los regalos son los pensamientos de Dios. Los «regalos» del ego jamás satisfacen por completo el anhelo de dar y recibir; sin embargo, los milagros llenan el «almacén» de una mente abierta y deseosa de que se realicen milagros a través de ella. Da el milagro como una ofrenda del momento presente. Todo el mundo es bendecido en el instante santo de la conciencia de Cristo. Siente la maravilla de ser todo y extenderlo todo sin límites. El Espíritu no espera nada a cambio y provee todo simplemente por razón de ser. Eso es lo que significa dar como Dios da. En Dios no hay escasez ni falta. Cuando se descubre que el ego no es nada, se comprende que la culpa es imposible. Ninguna baratija puede dar el regalo del perdón.

La oración sincera del corazón siempre es respondida a través de la iluminación, y más allá de lo que se pueda decir, en el fondo siempre existe el deseo de conocer la verdad del Ser. Nuestra voluntad es perdonar y estar en paz, porque la paz duradera es nuestra herencia como el Cristo que somos. Este mundo está lleno de símbolos, y como Jesús dice, las palabras son símbolos de símbolos, doblemente alejadas de la realidad. Dios responde la oración del corazón. Cualquier pregunta o duda siempre es acerca de nuestra identidad, y está bien recordar que las palabras se fabricaron para mantener la creencia en la separación.

Los vestigios de culpa son creencias que aún no se han cuestionado y, por tanto, aún se sostienen como ciertas. En la raíz de estas creencias se encuentra la creencia de que el tiempo es lineal en vez de simultáneo. A medida que los vestigios de culpa se van liberando, la paz vuelve a la conciencia. Puedes calcular el «éxito» de tu entrenamiento mental en función de la paz que experimentas.

«Jesús les respondió: Les aseguro que antes que Abraham naciera, Yo soy». (Juan 8:58)

«Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin». (Apocalipsis 21:6)

Las palabras «Satanás», «infierno» y «pecado» describen la creencia en la separación de Dios —también llamada la «caída» de la Gracia—. A esto se refiere en la Biblia cuando dice «El amor perfecto destierra el temor». En el Génesis, el árbol del conocimiento del bien y del mal representa la creencia en la dualidad, y morder la manzana representa intentar hacer algo que es imposible. Dios, al ser Amor y Unidad pura, hace que la dualidad sea físicamente imposible. El mundo, tal como se percibe con los cinco sentidos, es un sueño en el que la separación de Dios ha sucedido. En la Biblia se explica que Adán se durmió, más en ningún lugar de la Biblia se dice que Adán (que representa al ser humano) se despertara; y, sin embargo, el Evangelio revela claramente que Jesús despertó a la verdad de la realidad: «El Reino de Dios ya está entre ustedes» y «Mi Reino no es de este mundo» y «Antes que Abraham naciera, Yo soy». Cristo es la mente despierta, la Presencia Yo Soy, la Identidad creada por Dios eternamente en Su Mente.

La Expiación es la corrección del aparente error de haberse separado de Dios. La Expiación y el perdón universal están disponibles para todos. La mente que eligió aceptar la Corrección volvió a Cristo, eligió o se recordó a sí misma como el Cristo, como el Hijo de Dios. Para que nos sirviera a todos como ejemplo, Jesús aceptó de buen grado la Corrección y el recuerdo de su origen como Cristo en Dios. Esta decisión es la única que puede compartirse, porque es imposible separarse o alejarse de Dios. Esta es la razón por la que no existe un «infierno eterno», porque el Espíritu Santo corrigió la identidad falsa y el despertar es simplemente una cuestión de aceptar la Expiación.

La voluntad de Dios es que el Espíritu siempre esté en el Cielo y, por lo tanto, así es. Dios se comunica contigo a través del Espíritu Santo. Ya que percibes a tus hermanos y hermanas en la forma en tu conciencia, tiene sentido decir que todos aceptarán dicha Corrección a su debido tiempo, pues es una decisión que no se puede rechazar. El amor de Dios todo lo abarca y no tiene nada que ver con el concepto que el ego tiene del rechazo. El Amor es inclusión absoluta, y el error no significa nada en el contexto del Amor. Dios no creó el tiempo y, por lo tanto, es necesario que se vea la imposibilidad del tiempo lineal. En el instante santo no existe el tiempo: el momento presente es la puerta hacia la eternidad.

La percepción renace, o se ve por primera vez, cuando el propósito del mundo del Espíritu Santo reemplaza el propósito de separación del ego. Y, una vez que se ha aceptado la Expiación, la percepción ya no es necesaria. La Mente divina es totalmente abstracta (amorfa) y la Creación es la luz del entendimiento. Dios, al ser Eterno, no necesita dar pasos. Dado que la Creación Es, trasciende los conceptos de Alfa y Omega, principio y final. Cristo es la creación de Dios, y, por lo tanto, no tiene ni principio ni fin. La idea de Cristo es eterna y jamás se separó de su Fuente eterna. Probablemente, hayas oído la expresión «perdona y olvida». A medida que el mundo de la ilusión se desvanece, se recuerda a Dios y a Cristo.

La percepción verdadera, el sueño feliz, la salvación, el mundo real, etc., hacen referencia al mundo perdonado que queda una vez se liberan todos los juicios. Bajo esta perspectiva, la percepción es total porque no hay división alguna. Este es el Punto de Vista del Espíritu Santo. El presente es antes que el tiempo fuera o antes de que pareciera ser. Por lo tanto, las afirmaciones «Antes que Abraham naciera, Yo soy» y «El Padre y yo somos uno», son un reflejo de esta perspectiva. O, por decirlo de manera simple, el conocimiento es. El ser puro no habla ni reflexiona. El cosmos y el cuerpo se dejan a un lado a modo de «paso final» antes de recordar aquello que es, el ser puro, el conocimiento.

Cuando estaba en la escuela de postgrado, solía dar largos paseos por el bosque y reflexionar sobre el propósito de mis estudios. Y el ego me daba razones basadas en el miedo a las consecuencias, como que necesitaba un título para tener un buen trabajo o que no quería tener una relación y no tener dinero. Todas las razones que me mantenían allí estaban basadas en el miedo, en el miedo a las consecuencias. Pero, en el fondo, podía sentir que mi vida tenía un propósito mayor.

Ser consciente de esta pobre motivación vital me puso en contacto con un profundo deseo de abrirme a la guía del Espíritu Santo. Me preguntaba: ¿Por qué estoy aquí?, ¿tengo miedo de algo?, ¿hay algo que me impulsa a recibir toda esta educación?, ¿hay algo que me empuja desde lo profundo?, ¿tengo miedo de algo más que de lo que el mundo llamaría una vida plenamente comprometida? Cuanto más interiorizaba las preguntas, más me mostraba Jesús que lo que yo quería era libertad, paz, felicidad, alegría, amor, e intimidad. Me mostró que tenía muchas creencias acerca de lo que uno debe hacer en el mundo para conseguir esas cosas. Y que esas creencias eran las que me estaban dirigiendo. Me dijo:

«Si me escuchas a mí, te mostraré cómo experimentar las cosas que quieres a través de mí. En otras palabras, si me escuchas y después me sigues, lo que deseas vendrá del interior de tu mente. No vendrá de ningún acontecimiento o resultado en el mundo».

Esto me orientó en la dirección correcta. Al principio, me asombró ver que un gran porcentaje de mis acciones estaban motivadas por el miedo a las consecuencias. Podría haber sido tentador juzgarme a mí mismo en ese momento, pero estaba decidido a no hacerlo. Estaba feliz de descubrir lo enganchado que estaba al miedo a las consecuencias. Estaba feliz de empezar a desengancharme con la ayuda de Jesús y del Espíritu Santo. Me parecía muy práctico. Era algo que podía observar y reflexionar. Sabía que iba a ser un gran trabajo, que no iba a ser tomarme una pastilla y despertar al día siguiente sin miedo. Sabía que iba a requerir observación y entrenamiento mental.

2. JESÚS, ¿CUÁL ES MI RELACIÓN CONTIGO?

«Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí no pueden hacer nada». (Juan 15:5)

«Porque a los que conoció de antemano, los destinó también desde el principio a reproducir la imagen de su Hijo, llamado a ser el primogénito entre muchos hermanos». (Romanos 8:29)

«Ustedes sean perfectos, como el Padre celestial es perfecto». (Mateo 5:48)

No entramos al Cielo a través del miedo. Eso fue algo que algunos cristianos muy sinceros malinterpretaron. La cita bíblica: «Teme a Dios y cumple sus mandamientos». (Eclesiastés 12:13) simplemente significa asombrarse ante Dios. Realmente, Dios es asombroso. Y deberíamos sentirnos sobrecogidos, pero no aterrorizados ante Dios. No necesitamos temblar en presencia del Creador del Amor. Eso no tiene ningún sentido en absoluto.

El ego no es más que la creencia de que puedes crearte a ti mismo, y la solución, la Expiación, no es más que la comprensión de que Dios te creó perfecto. Una oración para recordar esto es: «Permíteme aceptarme tal como Dios me creó, en lugar de intentar utilizar el tiempo y el espacio para inventarme, reinventarme y mejorarme a mí mismo».

El miedo surge de la creencia de que uno puede ser autor de sí mismo. La paz viene naturalmente a quien reconoce a Dios como el Autor de sí mismo. Tú y el Padre sois uno (en Espíritu), y esto se conoce en el Cielo. El yo personal fue un intento demente de negar este simple hecho, fabricando un «opuesto» al Amor Eterno. Sin embargo, el Amor es todo lo que hay y no tiene «opuesto». ¡Esta experiencia es la alegría del despertar! La paz y el perdón van juntos, porque ambos permiten la liberación de la ilusión de un yo separado. El perdón es el final del autoengaño. Mora en la paz, porque Dios es el Autor de la realidad —que es el yo como Cristo— y nada puede cambiar el Amor Eterno.

«Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él».(Proverbios 23:7)

El ego es la creencia de que es posible fabricar un ser o un mundo aparte de Dios o el Espíritu. El ego es el intento falso de fabricar un ser diferente a Dios. También es el intento de usurpar el lugar de Dios como creador de la realidad. La Expiación es el reconocimiento de que este intento es imposible porque la Mente no puede crear más allá de sí misma. Crear falsamente o proyectar es, por tanto, imposible, y la forma y la percepción, por consiguiente, no tienen ningún sentido. El significado de la vida se encuentra en ser tal como Dios creó tu verdadero Ser (Espíritu). A causa de esto, lo único que se puede hacer con el mundo perceptual es perdonarlo o liberarlo para que se pueda recordar la creación (el Espíritu). El recuerdo del Cielo sigue ahí, aunque parece que se ha olvidado y sacado fuera de la conciencia al creer en el ego. El Espíritu crea y el ego fabrica y, sin embargo, la Expiación muestra que la creación es real y que la creencia del ego en la separación de Dios jamás ocurrió. Eso es sanar. Eso es la iluminación.

Jesús enseñó muchas de sus lecciones a través de parábolas, que vendrían a ser como las películas de hoy en día. Las parábolas o las películas nos permiten tener una experiencia muy viva de qué es lo que estamos pidiendo en verdad. Todos deseamos pertenecer, ser felices, sentirnos alegres, aprender a relajarnos en el presente y vivir una vida sin esfuerzo, pues así fue como Dios nos creó, en lugar de intentar construir algo por nosotros mismos o de conseguir algo en este mundo. Esto es así porque Dios nos creó como Espíritu y el Espíritu es perfecto. El Cielo es perfecto. ¿Para qué hablar de otra cosa que no sea el Cielo? ¿Por qué no hacemos que el nirvana sea nuestro programa por defecto, volvemos a ese programa y hacemos que el modo por defecto del Cielo sea permanente?

«Jesús le respondió: —Yo soy el camino, la verdad y la vida.Nadie puede llegar hasta el Padre, sino por mí». (Juan 14:6)

«El Padre y yo somos uno». (Juan 10:30)

«Ya escucharon lo que dije: —Me voy, pero regresaré a ustedes. Si de verdad me aman deberían alegrarse de que me vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo». (Juan 14:28)

Cuando se trata de aceptar la Expiación o la salvación, la Biblia puede ser una herramienta muy útil. La Palabra de Dios, o el Espíritu de Dios, siempre está disponible para el alma que está abierta, deseosa y receptiva. El propósito de las Escrituras es facilitarnos los medios para aceptar la Expiación o el perdón completo y así recordar nuestra unión eterna con Dios. El Espíritu Santo interpreta las Escrituras con el propósito de despertar a la verdad. En el Evangelio, se expresó así: «El Padre y yo somos uno» y «Así conocerán la verdad y la verdad los hará libres». (Juan 8:32) El Cielo es el estado de nuestra unión eterna, la verdad de nuestro ser, y el ahora es la aproximación más fiel al Cielo. A eso se refiere Jesús cuando dice: «Vayan y proclamen que está llegando el reino de los cielos». (Mateo 10:7) El Cielo no es un lugar o una ubicación, sino más bien un estado mental (sentirse feliz y en paz). El Cielo es eterno, y también lo es la Palabra de Dios (el Espíritu), los cuales jamás pasarán. El cosmos con sus planetas, estrellas, la tierra, el tiempo y el espacio sí son temporales y pasarán.

Hay un pasaje en la Biblia muy conocido en el que Jesús se encuentra con una mujer en un pozo y ella se pone nerviosa al ver que él es judío, ya que es samaritana y los samaritanos no deben relacionarse con los judíos. Según las normas sociales, no debería estar siquiera hablando con él, y Jesús va y le dice: «Ve en busca de tu marido» o «llama a tu marido».

Pero ella no tiene un marido, está relacionada con más de un hombre. Así es que él le hace una pregunta que despierta en ella más miedo e inseguridades. Tráeme a tu marido; pero ella se encuentra en más de una relación.

Ella huye corriendo aterrorizada a contarle a todos sus amigos que se ha encontrado con un profeta que ha leído su mente y todos sus pensamientos. Sin embargo, volviendo atrás en la historia, cuando él pronuncia la famosa frase: «El que beba del agua que yo quiera darle, nunca más volverá a tener sed». ¡Guau!, eso es mucho más que leer la mente. Cristo está hablando a través de él. Bebe del Espíritu. Bebe del Padre Celestial. Bebe de tu Fuente. Bebe de tu Creador supremo. Bebe de la Causa. Y como el Cristo, ya nunca más volverás a tener sed.

Cuando la mujer en el pozo trata de sacar agua, esa es su respuesta. Así, Jesús lleva su enseñanza mucho más allá del nivel de la forma, utiliza una situación básica del mundo, para enseñar el “Yo Soy”, la eternidad. Eso es Cristo, ese es nuestro destino. Alcanzar el estado mental en el que jamás volveremos a tener sed.

«Entonces Jesús afirmó: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que esté vivo y crea en mí, jamás morirá». (Juan 11:25-26)

Estamos entrenando nuestra mente para que escuche solo a una voz. Por eso Jesús es un ejemplo tan magnífico de alguien que muestra el camino. Al final, se pone de manifiesto que él escuchó solo una voz. No cambiaba de la una a la otra, como quieren mostrar algunas películas basadas en Jesús como La última tentación de Cristo. Allí aparece en la cruz mirando a María Magdalena y sintiendo dolor. Se lo representa siendo tentado en la cruz. Sin embargo, en el momento en el que llegó a la cruz ya había superado la tentación. ¡Desde hacía tres años escuchaba una sola voz!

Cuando empezó su ministerio público decía cosas como «Antes que Abraham naciera, Yo soy», o «Yo soy el camino, la verdad y la vida». No era un hombre el que hablaba. Una persona no dice «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Es la voz del Espíritu divino. Así es que finalmente se trata de darse cuenta de que la Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad. En términos de percepción, el Espíritu Santo siempre es la elección de la felicidad. Es la decisión que me llevará a la felicidad eterna. Es el camino, la verdad y la vida. Es la escotilla de escape.

«El Cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán». (Mateo 24:35)

Al tener la experiencia del perdón, debes experimentar que todas las creencias específicas son completamente falsas. Como resultado, tu mente se ubica en un estado de apertura —apertura mental absoluta, inclusión total y aceptación—.

La paz mental es una experiencia que trasciende todas las teologías y conceptos. Hablemos sobre ello. Yo jamás me he encontrado con un extraño. ¿Quién podría ser un extraño? Si el Amor está abierto a todos, entonces todos son bienvenidos. Cuando ocurre esto, hay una sensación de estar en casa. Es la presencia del hogar. Es el punto en el que el Cielo y la tierra dejan de existir como estados separados. Es la enseñanza de que el Cielo está aquí. El Cielo es ahora. No es un estado futuro, ni algo que deseas o esperas que pase.

El perdón es simplemente un nombre que podemos equiparar con felicidad. Si nuestra función mientras percibimos el mundo es el perdón, entonces, dice Jesús, mi felicidad y mi función son una. Son lo mismo.

La creencia de que puedes separarte de Dios se reduce a una cuestión de autoría. La cuestión es la siguiente: ¿Soy yo mi propio autor, o es Dios mi autor? Si Dios es el autor, yo soy Espíritu, porque Dios es Espíritu, y Dios es autor en Espíritu. Si yo soy el autor de mí mismo, es como si le dijera a Dios: «Espera un momento; quiero fabricarme como yo quiero ser. Quiero experimentarme siendo hombre o mujer, masculino o femenino; quiero experimentarme siendo de tal o cual cultura». Esto se conoce como reencarnación. ¿Qué es la reencarnación sino la creencia de que puedo ser el autor de mí mismo? Estoy constantemente rehaciéndome y reinventándome en términos de forma. ¿Lo ves?, esa es la cuestión central: ¿quién es mi autor?

Como humanos, parece que tenemos padres físicos, pero tenemos un padre divino que es nuestro autor en Espíritu. No podemos ser ambas cosas. No podemos ser tanto físicos como espirituales, porque lo material es temporal y lo espiritual es para siempre. Esta es la cuestión central en mi mente: ¿Quién es mi autor?, ¿quién es mi creador?, ¿quién es mi fuente?

Cuando nos confundimos en el nivel horizontal, como con mamá y papá, va a haber culpa. ¿Quién de nosotros no ha tenido resentimientos con sus padres? Pensemos en los adolescentes que a veces dicen a sus padres: «¿Por qué nací?», «¿por qué me tuviste y me trajiste a un mundo tan loco?». La culpa se proyecta sobre la carne, pero la solución es mucho más profunda, se encuentra muy al fondo de la mente. El problema central radica en la identidad. Cada vez que tienes un disgusto de cualquier tipo, la cuestión sigue siendo: «¿Soy el autor de mí mismo, o fue Dios mi autor?».

Tal vez recuerdes que, en la Biblia Jesús, el que muestra el camino, dijo: «¿Por qué me llamas bueno?». Este es Jesucristo hablando: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo Dios». Siempre apuntaba al autor; siempre señalaba al autor; nunca se remite a un sentido personal de sí mismo; siempre señalaba al Creador y eso es humildad; eso es lo apropiado.

Jesús está con nosotros; es como nosotros en todo excepto en una cosa: el tiempo. Él ha trascendido el tiempo, pero es igual a nosotros en todos los sentidos. Y cuando trascendemos el tiempo, decimos: «¡Ah, tú eres yo! He sido el Cristo todo el tiempo, pero simplemente estaba durmiendo, y olvidé quién era y quién era mi autor».

3. HABLANDO DE LA PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO

«También les dijo: —Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: “Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde”. Y el Padre les repartió los bienes.

A los pocos días, el hijo menor recogió sus cosas, partió a un país lejano y allí despilfarro toda su fortuna viviendo como un libertino. Cuando lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en aquella región, y el muchacho comenzó a pasar necesidad. Entonces fue a servir a casa de un hombre de aquel país, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos.

Para llenar su estómago, habría comido hasta el alimento que daban a los cerdos, pero no se lo permitían. Entonces reflexionó y se dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, mientras que yo aquí me muero de hambre!

Me pondré en camino, regresaré a casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme, hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros”. Se puso en camino y se fue a casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, y, profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos.

El hijo empezó a decirle: “Padre, pequé contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme, hijo tuyo”.

Pero el padre dijo a sus criados: “Traigan enseguida el mejor vestido y pónganselo; pónganle también un anillo en la mano y sandalias en los pies. Tomen el ternero gordo, mátenlo y celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y comenzaron la fiesta.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino y se acercó a la casa, al oír la música y los cantos, llamó a uno de los criados y le preguntó qué era lo que pasaba. El criado le dijo: “Ha regresado tu hermano, y tu padre ha matado el ternero gordo, porque lo ha recobrado sano”. Él se enojó y no quería entrar. Su padre salió y trató de convencerlo, pero el hijo le contestó: “Hace ya muchos años que te sirvo sin desobedecer jamás tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos. Pero llega ese hijo tuyo, que se ha gastado tus bienes con prostitutas, y le matas el ternero gordo.”

Pero el padre le respondió: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero tenemos que alegrarnos y hacer fiesta, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”». (Lucas 15:11-32)

Jesús es un revelador. Revela que Dios es puro amor. Dios te ama muchísimo. Nunca te abandonó. Incluso cuando te dormiste y pensaste que le habías dado la espalda a Dios, Él nunca te abandonó. De eso trata la parábola del hijo pródigo, que le gusta tanto a Jesús, y que enseña una y otra vez. Aunque hayas malgastado tu herencia y ocultado la Luz, puedes volver a la Luz. No hay castigo. No hay consecuencias. Todo está bien. Es un amor muy grande.

Es interesante que Jesús repitiera una y otra vez la parábola del hijo pródigo. Debió ser importante para Jesús seguir repitiendo esta parábola en particular. Probablemente, sea una de las parábolas más famosas de la Biblia. Así es que tengo la sensación de que está ocurriendo una especie de activación. Hay una parte de tu mente que sabe que es una llamada auténtica que viene de dentro. También hay una parte de la mente que dice: «Mi mundo está vacío sin ti, cariño».

Conocemos esos sentimientos de vacío, como, «¿Qué sentido tiene?». Es como la canción «Another Day1» de los Beatles. Trata sobre uno de esos días en los que pasamos por los acontecimientos del día, pensando que tiene que haber algo más. No sé lo que es. Tengo la corazonada de que hay mucho más de lo que pueden ver los ojos, que hay un destino. Que mi alma tiene un destino, y que ese destino se cumplirá a través de la alegría. Tendré más y más escalones ascendentes de alegría y una alegría más intensa a medida que avance hacia esta alegría suprema.

«Y su nombre es: Consejero prudente, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz». (Isaías 9:6)

«Les propuso otra parábola: —Sucede con el reino de los cielos, lo mismo que con un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo. Es la más pequeña de todas sus semillas, pero cuando crece es mayor que las hortalizas y se hace como un árbol, hasta el punto que los pájaros del cielo pueden anidar en sus ramas». (Mateo 13:31-32)

Lo único que se requiere para el viaje hacia el corazón es la voluntad. El trabajo lo realiza el Cristo o el Espíritu interior. Lo que enciende la luz en tu mente es tu voluntad y el poder del Espíritu Santo.

La entrada hacia el interior se abre fácilmente con un poco de voluntad. Los testigos del amor aparecen en cada esquina. Los símbolos brillan cuando miramos con «ojos nuevos», pues nuestro propósito es singular, y vemos reflejos de los pensamientos que apreciamos a nuestro alrededor. La voluntad de comunicarse atrae la comunicación y deshace por completo la creencia en el aislamiento y la separación. Y, a medida que comunicamos amor, nos damos cuenta de que el amor es nuestro ser. Recogemos lo que sembramos y recibimos lo que damos, y yo me alegro profundamente de que este principio divino sea una ley eterna del universo. No pongas límites al dar, y el recibir será percibido como ilimitado e infinito.

Comparte hoy una sonrisa, ríe con alguien, y date cuenta de lo bien que te sientes en tu interior. ¡Cuántas veces me he reído alegremente y cuántas sonrisas de felicidad he compartido con mis hermanas y hermanos! Mientras me dedico a amar y compartir, siento verdaderamente la comunión del corazón. ¡Gracias por unirte a la experiencia de nuestra plenitud! Nuestra unicidad brilla a través de la ventana del corazón e irradia a toda la creación. Amado Hijo de Dios, eres santo. No dejes que nada te impida recordar tu propia santidad.

Jesús contó la parábola del hijo pródigo, en la que uno de los hijos se fue después de reclamar su herencia. Se marchó y utilizó toda su herencia en una vida desenfrenada, hasta que no tuvo nada y pasó hambre, hasta que su único trabajo fue dar de comer a los cerdos y él se comía las sobras. Al cabo de algún tiempo dijo: «Hasta los criados de mi padre tienen más que yo. Tal vez debería volver». Y regresó avergonzado; regresó con culpa y con la cabeza baja.

Pero antes de que llegara a casa, su padre bajó corriendo por el camino para saludarlo y celebrar su vuelta. De la misma manera, nuestra vergüenza, nuestra culpa y nuestras malas acciones son recibidas con los brazos abiertos. El padre solo puede ver la inocencia del hijo, y lo celebra con una fiesta en la que mata un ternero cebado. Entonces, el otro hijo, el hijo obediente, el hijo que intentó ir a lo seguro y hacer todo bien, ve regresar al hermano condenado y dice: «¿Qué está pasando aquí? ¿Una fiesta? Me he quedado aquí obedientemente a tu lado todo el tiempo, y ni una sola vez has matado un ternero para mí. Das la bienvenida a este vagabundo, este traidor, este débil que ha arruinado todo— y haces una fiesta». El hijo obediente está enfadado. Y el padre le dice: «Querido hijo, todo lo que tengo es tuyo; siempre ha sido tuyo. Pero tu hermano, hijo mío, estaba perdido, y ahora se ha encontrado». No hay nada más importante que ser encontrado y encontrar nuestra verdadera herencia de nuevo, sin importar lo que pareciera haber sucedido cuando estábamos perdidos.

Esta segunda oportunidad es la rama de olivo que está ahí para todos nosotros. Dios está diciendo, «Simplemente toma la rama de olivo, toma la rama de la paz». Esta comprensión es lo que significa la segunda venida de Cristo. Es nuestra autorrealización. Cuando alborea la conciencia de nuestro verdadero ser —el conocimiento de que todo está perdonado y de que somos uno en Dios, donde siempre hemos estado— sabemos que no somos más que mente. Esta mente es íntegra y completa. Nunca soñó con el miedo, la pérdida o la separación. Se encuentra libre y feliz en Dios. ¡Está libre de culpa, es inocente!

Todas las enseñanzas de Jesús trataban acerca de amarse unos a otros. La parábola del hijo pródigo es una hermosa parábola sobre el perdón —sobre dejar de lado todos los juicios del pasado y confiar en este Padre amoroso— que está presente para enseñarnos el amor incondicional. Nos enseña a no juzgarnos unos a otros, a no juzgar a otro hermano, sino simplemente estar ahí con los brazos abiertos.

A veces he hecho sesiones con personas que simplemente dejan salir toda la oscuridad que hay en su mente. Me cuentan todos sus pensamientos privados, todos los secretos que nunca han contado a ninguna otra alma viviente del planeta, ni siquiera a su madre o a su padre. Han guardado este secreto durante décadas, y cuando me lo cuentan, simplemente sonrío y les abrazo. Y dicen: «¡Oh, Dios mío!», porque estaban cargando con toda esa culpa. Y no importa cuál sea el secreto porque sé que no es verdad.

Simplemente se trata de ver lo falso tal y como es, de no juzgar a nadie ni a nada basándonos en un secreto, y eso es lo que cura. Solo el ego tiene secretos. El Espíritu Santo no tiene secretos. Dios quiere que todo se revele abiertamente. Dios no es un Dios de secretos o misterios. Ese es el verdadero significado de la confesión. «¿Puedo contarte este terrible secreto que he estado guardando y del que me siento culpable y avergonzado? ¿Puedo contártelo y ser amado?, ¿Me seguirás amando?» ¡Sí, te amaré! Porque es la Presencia de Dios la que nos ama y sabe que ninguno de esos secretos es verdad. Así que realmente funciona. Es muy poderoso.

4. HABLANDO DE LA CREACIÓN Y LA CAÍDA DEL HOMBRE

«Todo fue hecho por Él y sin Él no se hizo nada de cuanto llegó a existir». (Juan 1:3)

Tu realidad es Espíritu, y Dios es el creador del Espíritu. Se podría decir que Dios es el Creador principal. Pero muchas de las enseñanzas sobre ser cocreador con Dios están todavía muy centradas en manifestar, diciendo que puedes usar el poder de la mente para hacer el mundo de la forma que quieras. Pero lo que Jesús está diciendo es que el ego proyectó el mundo, y que no vas a encontrar la felicidad controlando lo que el ego hizo. La felicidad solo se puede encontrar perdonando o liberando lo que el ego hizo.