La palabra sin centro - Giuseppe Gatti Ricciardi - E-Book

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Giuseppe Gatti Ricciardi

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Beschreibung

La cultura occidental que ha vivido la fase del tránsito del siglo XX a la presente centuria se ha caracterizado por una continua recomposición de las figuras del “aquí” y del “alla”, según una tendencia –particularmente difundida en el ámbito hispanófono– que ha determinado la superación del concepto de frontera espacial, así como la disolución de la idea de identidad nacional. Ante este nuevo estatus de difuminación de lo autóctono, en el que las escenas globalizadas protagonizadas por los intelectuales contemporáneos se convierten en sitios de alta volatilidad, la obra de Leonardo Rossiello Ramírez (Montevideo, 1953, afincado en Suecia desde finales de los años setenta) refleja un mundo en que los individuos viven equilibrios geo-culturales inestables que conducen a la elaboración de motivos literarios supranacionales y desvinculados de todo anclaje al territorio. En el presente ensayo, que analiza parte de la produción cuentística de Rossiello Ramírez además de su primera y tercera novela, se intenta demostrar cómo la “palabra sin centro” de la narrativa rosselliana representa un conjunto de formas de vida polígamas respecto del lugar: esto –sin embargo– no lleva al escritor a dibujar una trayectoria vital y literaria apátrida, sino más bien a presentar una propuesta artística en que el desarraigo del espacio físico refleja una postura que apunta a una “des-territorialización” consciente de la escritura.

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Veröffentlichungsjahr: 2022

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Giuseppe Gatti Ricciardi

La palabra sin centro

isbn: 978-88-7853-712-5 isbn ebook: 978-88-7853-592-3
Imagen de cubierta: Domingo de silencio (2009), Giuseppe Gatti Riccardi
Riproduzione vietata ai sensi di legge (art. 171 della legge 22 aprile 1941, n. 633)
Ebook realizzato da Cristina D'Andrassi
Edizioni SETTE CITTÀ Via Mazzini 87 01100 Viterbo tel 0761 304967 fax 0761 1760202 [email protected] www.settecitta.eu

© Derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el consentimiento previo del autor.

ISBN: 9788878535923
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Indice dei contenuti

A MODO DE INTRODUCCIÓN

VERSATILIDAD DESPUÉS DE LAS UTOPÍAS

UNIVERSALISMO DESDE EL MARGEN

ESTRUCTURA Y PROPÓSITOS DEL ENSAYO

1. EXTRANJERÍA Y ARRAIGO EN LA NARRATIVA ROSSELLIANA DE LOS AÑOS NOVENTA DEL SIGLO XX: LA CUENTÍSTICA

1.1 ¿NUEVAS FRONTERAS LITERARIAS?

1.2 UNA VISIÓN QUE SUPERA LOS LIMINES

1.3 FUGA, INSILIO Y BÚSQUEDA DEL “YO” EN LA COSTA

1.4 ESCAPISMO EN ESPACIOS YERMOS: ¿CÓMO TRASCENDER LO LOCAL?

2. PRESERVACIÓN DE LA PALABRA, INVERSIÓN DE LOS MODELOS DE GÉNERO Y DESLICES DE LA FE EN LA MERCADERA

2.1 UNA ESCRITURA INTERSTICIAL

2.2 LÍMITES IMPUESTOS, BARRERAS INVISIBLES

2.3 PARODIA Y REESCRITURA BÍBLICA A TRAVÉS DE LA INVERSIÓN DE LOS GÉNEROS

2.4 LA PALABRA COMO PRESERVACIÓN DE TRADICIONES ATÁVICAS

2.5 LA LIBRE ELECCIÓN DE LA CREENCIA

3. LA PALABRA NO-NEUTRAL: SEDUCCIÓN POR LA ESCRITURA Y RACISMO RECREADO EN SOL DE BRUJAS

3.1 PLANOS TEMPORALES CRUZADOS

3.2 DIÁLOGO CON EL URUGUAY MODÉLICO: ENTRE BUROCRACIA Y ACELERACIÓN SOCIAL

3.3 UN RESCATE CRÍTICO DE LA HISTORIA DEL SIGLO XX: DOMINACIÓN Y EXPLOTACIÓN EN TELA DE JUICIO

3.4 OTRA DELACIÓN DE LA HISTORIA: EL JARDÍN PRIVADO DEL REY

3.5. LA PALABRA SEDUCTORA

SECCIÓN BIBLIOGRÁFICA

1 - BIBLIOGRAFÍA SOBRE EL AUTOR

2 - BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

GIUSEPPE GATTI RICCARDI.

A MODO DE INTRODUCCIÓN

Los personajes no nacen como los seres humanos del cuerpo de su madre, sino de una situación, una frase, una metáfora en la que está depositada, como dentro de una nuez, una posibilidad humana fundamental que el autor cree que nadie ha descubierto aún o sobre la que nadie ha dicho aún nada esencial.

(Milan Kundera, La insoportable levedad del ser)

La literatura no está sometida a la prueba de la verdad, sus proposiciones no pueden ser enfrentadas con los hechos externos; solo pueden ser juzgadas interiormente, relacionando unas con otras dentro del texto y por lo tanto registrando su coherencia más que su exactitud histórica.

(Ángel Rama, La ciudad letrada)

Nos resulta menos difícil imaginar haber sido algo que saber lo que somos, y más fácil proyectar esa imagen huidiza sobre la roca de una existencia maciza cuyos contornos aprehendemos con un simple vistazo, que perseguirla en los meandros de la memoria.

(Marc Augé, Travesía por los jardines de Luxemburgo)

VERSATILIDAD DESPUÉS DE LAS UTOPÍAS

Toda tentativa de aproximación desde el punto de vista sociohistórico a la producción literaria de la República Oriental del Uruguay de las últimas cinco décadas del siglo XX y de los primeros quince años de la centuria presente necesita de un acercamiento al contexto cultural local de la primera mitad del siglo pasado. El ejercicio de regreso a los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial pone en evidencia cómo la primera mitad del siglo XX ha representado – en las letras uruguayas – una época marcada por cortes abruptos y rupturas radicales con las pautas estilísticas y temáticas indicadas por los autores anteriores: tanto la generación del 900, como la del 30 y la del 45 habían desarrollado – cada una según modalidades estéticas propias y líneas conceptuales características – una serie de actitudes “parricidas”, planteando un discurso de profundo revisionismo ante la elaboración cultural anterior.

Con el objetivo de crear un marco cronológico de alcance social para nuestro estudio, dedicado a la obra narrativa del escritor uruguayo Leonardo Rossiello Ramírez (Montevideo, 15 de abril de 1953), es menester observar cómo en un sistema de larga tradición democrática, como había sido Uruguay a lo largo de las primeras seis décadas del siglo XX, las polémicas culturales y los procesos de revisionismo de la primera mitad del siglo XX se justificaban por la falta de crispación social y política, y desembocaban en debates sobre la necesidad de un mayor rigor intelectual en relación a los mayores.

La Generación del 45, en particular, se caracterizó – según recuerda Fernando Aínsa en Nuevas fronteras de la narrativa uruguaya – por una actitud abiertamente polémica vuelta a la condena de “el facilismo y la insustancialidad poética [...] de una cierta literatura oficialista y la reivindicación de un lúcido rigor intelectualizado poco proclive al lirismo” (Aínsa, 1993: 22). Es a partir de la definitiva afirmación de la Generación del 60 cuando comienza a articularse una fase de continuidad literaria entre las promociones más jóvenes y la generación anterior: el motivo de fondo que desencadena esta conexión generacional reside en la crisis del sistema social, económico y político uruguayo, que ya se había empezado a manifestar en formas apenas perceptibles después del golpe de Estado incruento del abogado Gabriel Terra (31 de marzo de 1933) y que, a finales de los 60, muestra descaradamente todas sus grietas.

La instauración de la dictadura militar (27 de junio de 1973) [1] y la pérdida de las libertades básicas – si bien responsables de haber determinado, durante al menos dos décadas, un quiebre insanable en la producción cultural nacional – tuvieron el efecto virtuoso de hacer “volar en pedazos las divisiones que podrían haber llegado a enfrentar en lo literario a escritores de generaciones diferentes. Otras preocupaciones debieron unirlos antes y después, sobre cualquier diferencia estética” (Aínsa, 1993: 22). La necesidad de erigir una estructura conceptual de defensa común frente a la opresión se convirtió en una exigencia compartida capaz de acercar a los integrantes de las dos promociones y contribuyó a que desapareciera cualquier afán de establecer rígidas barreras estéticas y temáticas entre los dos bloques generacionales.

Ya a finales de los años 60, en el periodo inmediatamente precedente a la toma de poder de los militares, una significativa generación de escritores – entre ellos recordamos los nombres de Eduardo Galeano (1940-2015), Hugo Giovannetti Viola (1948), Sylvia Lago (1932), Juan Carlos Legido (1923-2011), Cristina Peri Rossi (1941), Teresa Porzecanski (1945), Julio Ricci (1920-1995), Ricardo Prieto (1943-2008), Mauricio Rosencof (1933) y el mismo Fernando Aínsa (1937) – había relegado la tradición folclórica del país a un lugar marginal, promoviendo una construcción ideológica que remitía a una escritura más comprometida y que ponía un freno al exceso de referencias a tópicos heredados de lo popular que hasta entonces se habían aceptado como rasgos idiosincráticos, valiosos y necesarios en la producción literaria nacional [2].

Esta revisión conceptual provoca una paulatina pérdida de vigencia de ciertos modelos hegemónicos de la narrativa local (y continental) e inaugura una nueva etapa que es común a toda la narrativa hispanoamericana: los intelectuales transitan desde una fase de esperanzas utópicas (que abarca, a grandes rasgos, el periodo que va desde 1959 hasta 1972) a otra, inmediatamente posterior, en que buscan “escribir, desde el fragmento, desde las esquirlas de los proyectos utópicos de los años sesenta, esas historias otras, locales, que dialogan con el contexto global e interrogan a una Latinoamérica siempre cambiante” (Montoya Juárez/ Esteban, 2008: 8).

La producción artística de la generación mencionada no solo muestra un rigor literario ausente en las obras anteriores sino que enlaza, solo en un principio, con los proyectos utópicos a los que aluden Jesús Montoya Juárez y Ángel Esteban en su ensayo “Narrativa latinoamericana más allá del aeropuerto”: se hace aquí referencia al descubrimiento inicial por parte de estos escritores de la creencia en una liberación política del subcontinente, que había sido avalada por el inicial triunfo de la revolución cubana en 1959.

En ese contexto de esperanzas y expectativas, que se revelarían en gran medida utópicas, la Generación de los 60 representa el necesario antecedente de la promoción a la que pertenece Leonardo Rossiello: una camada de escritores que absorbe la herencia de una literatura deliberadamente descolocada y la reelabora con una mirada que nace de su misma colocación en un “límite” y de una gestación literaria marcada por la censura cuando no por una abierta represión [3].

Los narradores de la generación de Carlos Liscano (1949), Juan Carlos Mondragón (1951), Hugo Burel (1951), Silvia Larrañaga (1953), Mario Delgado Aparaín (1949), Rafael Courtoisie (1958), Milton Fornaro (1957), Ercole Lissardi (1951), Alicia Migdal (1947), Tomás de Mattos (1947-2016) y el mismo Rossiello se han tenido que enfrentar al desafío de entablar nuevas voces discursivas, en algunos casos desde la experiencia del exilio, y a la definitiva desaparición de las esperanzas utópicas de la década de los sesenta. Un eclipse de valores que ha lidiado (en muchos casos desde el extranjero) con la ardua tarea de rescatar fragmentos de aquella ilusión, así como sugiere Teresa Porzecanski – antropóloga y escritora ligeramente anterior a la generación de los narradores mencionados – en una entrevista con Mónica Flori: “Creo que el ser humano no se puede divorciar de las utopías. Quiero mostrar que mis personajes – que son secundarios o terciarios y que no tienen vidas protagónicas – sin embargo tienen sus utopías” (Flori, 2008: 3).

Los intentos de salvaguardia de las nuevas y antiguas utopías conectan con una reflexión de caracter sociológico que puede ser útil para nuestro estudio: en las sociedades tardo-modernas no es infrecuente encontrar señales de ciertos procesos que sugieren que – pese a la presencia de variados fenómenos de aceleración social y de flexibilidad en los intercambios y en las comunicaciones – un verdadero cambio ya no es más posible ni practicable. Estos indicios, que han sido analizados por Jean Baudrillard, Frederic Jameson y Paul Virilio entre otros, y recuperados por Hartmut Rosa, remiten a una lectura del presente por la que el sistema social parece estar cerrándose y por la que “la storia sta arrivando alla sua fine, caratterizzata da una forma di stasi iperaccelerata, o di inerzia polare” (Rosa, 2013: 39).

Las sociedades modernas parecen ya no disponer más de nuevas energías y de nuevos empujes endógenos, lo cual convertiría la enorme velocidad de los eventos y de los cambios en fenómenos sociales que acontecen solo en la superficie, que ya no serían más capaces de ocultar la inercia cultural y estructural que marca el presente. Afirmar que “le societá moderne non dispongono piú di visioni e di energie nuove (prime fra tutte le energie utopiche)” (Rosa, 2103: 39), significa recuperar un discurso más amplio sobre la posthistoria que alude a la interconexión entre aceleración, competencia y crecimiento, entendidos como principios que actúan en un plano superficial, dejando intactas las estructuras profundas de las sociedades, ya incapaces de creer y de crear.

En el plano literario el intento de salvaguardar utopías, recientes o anacrónicas, dentro de la promoción literaria a la que pertenece Rossiello, produce un “acto creativo y escritural” en un ámbito cultural globalizado en que se hace evidente la tendencia a reivindicar la superación de los parámetros propuestos por las novelas de los años 60. Las novelas ya no funcionan más – como consecuencia de la desaparición de las utopías – como definidores de las corrientes temáticas y estilísticas hegemónicas de la narrativa hispanoamericana y, mucho menos, nacional. Al contrario, “para ser universales, las prosas de hoy también abandonan las ideologías, las normas, los –ismos de todo tipo. Desaparecen la política, las utopías y la religión” (de Chatellus, 2011: 160).

Si la reflexión se extiende al ámbito de la producción literaria occidental, la etapa de creación de la new global novel (hija de la globalización socio-cultural) remite a un proceso evolutivo extendido en el tiempo: un proceso que – desde el punto de vista de los aspectos morfológicos del quehacer literario – comienza con la larga fase de la “novela moderna” (inaugurada a mediados del siglo XVIII, cuando el texto de ficción empieza a englobar porciones cada vez más extensas de la realidad) y recorre todo el siglo XIX hasta llegar a su culmen en los años 20 del siglo XX, y producir su último gran resultado en los años 60 de la misma centuria. En efecto, muchas de las novelas del boom pueden verse como el canto del cisne de la novela moderna: pensemos, en particular, en al menos una mitad de las narraciones largas de Mario Vargas Llosa. Si se reflexiona sobre su doctrina de la “novela total” y sobre títulos como La guerra del fin del mundo, se observa una voluntad escritural de totalidad, lo cual es uno de los elementos distintivos, quizá incluso el rasgo más distintivo, de la modernidad. Del mismo modo, títulos como Cien años de soledad de por sí son plenamente modernos, por hacer explícito su propio afán explicativo, abarcador, experimental y expansivo [4].

Si la etapa de la posmodernidad, cuya recepción en el campo filosófico se debe a la obra de Jean-François Lyotard La condición posmoderna (1979), puede colocarse entre los años 60 y los años 80 del siglo pasado es porque es durante ese periodo cuando desaparecen las nociones de verdad y de razón, y cuando se hunde toda construcción fundada en los grandes récits monocausales – a los que hacía alusión Lyotard – que habían garantizado, hasta ese momento, la cohesión y la persistencia de la idea misma de historia. Es así que en la tarea de identificar una fecha en que fijar emblemáticamente el fin de la modernidad, podría afirmarse que esta se agota precisamente por los años del Flower Power, de la llegada del Hombre a la luna o de la muerte del Che Guevara. Son justamente los mismos años en que estas novelas explicativas y abarcadoras alcanzan su mayor potencia y expansión. La Grand Histoire, es decir, le grand récit de Lyotard empieza a dejar lugar a una colección de petites histoires, y a la sorna y la ironía (pensemos en las novelas de Manuel Puig), de ahí en más, sin mayores pretensiones de regreso [5].

Lo “no-plausible” ínsito en la idea de historia que surge a partir de los años 80 caracteriza la etapa posmodernista según la visión de Marc Auge (surmodernité), de Anthony Giddens (metamodernidad), de Gilles Lipovetsky (hipermodernidad) o de Fredric Jameson, y confluye en un discurso holofóbico, por el cual se desvanece toda ambición de totalidad. Es en esta fase cuando hacen su aparición en el mercado

manufatti culturali di tipo ludico e superficiale, derivativo e pluralistico, confezionati da una società postfordista in cui al primato della produzione si sarebbe sostituito il dominio del consumo come stile di vita. Individui promiscui e versatili, diffusi e provvisori […] avrebbero goduto infine di credenziali di libertà più autentiche che nel passato (Calabrese, 2005: 28)

La versatilidad de los sujetos y de las condiciones sociales, y la necesidad de una escritura que dé cuenta de las nuevas subjetividades, mediante la hibridación de dos o más estilos formales (de ahí el auge del ecleticismo de la escritura misma) y el uso de la cita como forma de disgregación de la propiedad autorial, implican la necesidad de un cambio en la aproximación al estudio de la producción novelística del continente hispanoamericano (y de Uruguay en particular) a partir de mediados de los años 80. Es necesario alejarse de la búsqueda de moldes depositarios de una “latinoamericanidad” presuntamente auténtica, en favor de una complejidad de modos, motivos y formas que cultivan el descentramiento multicultural. La nueva literatura continental

recorre caminos que asumen la complejidad de unos tiempos en los que contradictoriamente la diferencia puede ser también una forma de la ubicuidad del imperialismo, la fragmentación y diversidad cultural la contracara de la estandardización mundial, la internacionalización y el cosmopolitismo una redefinición de aspectos locales que se habían desatendido (Montoya Juárez/ Esteban, 2008: 8).

Este breve preludio sociohistórico – que introduce una reflexión acerca del diálogo entre posibles utopías postmodernas y la globalización multicultural sobre la que volveremos en breve – permite entrar más en profundidad en el objeto de nuestro análisis y definir sus propósitos, que se centrarán en el estudio de una vertiente de la obra narrativa de Leonardo Rossiello, a partir de su condición de exiliado en Suecia desde los años de la dictadura militar. Ya establemente instalado en el país escandinavo, el escritor objeto de nuestro acercamiento se desempeña en la actualidad (2015) como profesor en el Institutionen för Moderna Språk de la Universidad de Uppsala impartiendo clases de texto, teoría literaria e historia de la literatura.

El grupo, o conjunto de narradores, al que pertenece Rossiello, constituye una promoción que Gerardo Ciancio define con la expresión generación escindida: las características de sus integrantes remiten a una configuración heterogénea tanto en lo que se refiere al lugar de la escritura como a sus condiciones, puesto que algunos de sus miembros han seguido escribiendo

con las cotas y límites del caso, en lo que se denominó “insilio”, otros, “insiliados” por fuerza en las cárceles, insistieron, en medio de las condiciones más adversas, en la pasión y el compromiso con la escritura literaria, otros (dentro de los que ubico a nuestro autor), desde el afuera que supone todo exilio, fueron formándose, escribiendo, publicando, arrojados a otras culturas, a otras lenguas, a otras cotidianeidades (Ciancio, 2008: s.r.).

Ante la evidencia de que cada uno de los exiliados ha vivido en un “afuera” en que la cultura y la lengua de recepción implican un desafío distinto al tránsfuga, y ante la evidencia de que el término mismo “globalización” ha ido padeciendo un proceso paulatino de erosión semántica a causa de un uso excesivo e indiscriminado, nuestra aproximación a la narrativa de Rossiello evita entrar en cuestions terminológicas que se tambalean entre la definición de “globalización como proceso” y la de “globalización como condición” [6].

Excluimos de nuestro alcance el análisis del posible valor manipulador del término al que alude Bernat Castany Prado en su ensayo Literatura posnacional: nuestro enfoque no se plantea reflexionar sobre la globalización como efecto de las definiciones neoliberales que detentan el control hegemónico de todo discurso sobre la globalización, y por ello propondremos en el apartado que sigue otro tipo de acercamiento.

[1] El 27 de junio de 1973, el entonces presidente de la Républica Oriental del Uruguay, Juan María Bordaberry, gracias al apoyo de las Fuerzas Armadas, decidió disolver las Cámaras de Senadores y Representantes; inmediatamente después, creó un Consejo de Estado con funciones legislativas y de control administrativo. El Consejo de Estado fue encargado de una serie de reformas constitucionales que reafirmarían los “principios republicanos-democráticos”, mientras Bordaberry y los altos mandos militares se preocupaban por restringir (o aniquilar) la libertad de pensamiento.
[2] Frente a esa línea dominante, todavía anclada a una narrativa de escenarios rurales y realistas, los autores de la Generación del 60 se desvinculan de la tradición y elaboran textos que por primera vez se desligan del manido enfrentamiento entre la ciudad y el campo, acabando así con tópicos trillados y consuetudinarios.
[3] Aludir a la “mirada descolocada” de los escritores pertenecientes a la Generación del 60 significa volver atrás la mirada hacia “aquellos ῾raros᾽ que se erigían como alternativas solitarias en un panorama más fácilmente asimilable al canon establecido (como un Felisberto Hernández, una Armonía Somers o un L. S. Garini, entre otros) [y que] a fines de los años sesenta y principios de los setenta comienzan a constituirse, además, en paradigmas de una literatura con cultores y lectores cada vez más numerosos. Los nombres de Mario Levrero y Héctor Galmés se imponen como vectores indispensables en este proceso” (Duarte Llorca, 1993: 6).
[4] Mabel Moraña en su ensayo Crítica impura, reflexiona acerca de esta temporalidad de la literatura universal y de la fuerza de un cierto imaginario epocal vinculado con la pretensión abarcadora de la novela del boom hispanoamericano; por un lado, insiste Moraña en la importancia de la fabulación como forma de reubicar en el centro de la cultura occidental el mundo hispanoamericano; por otro lado, en el plano nacional, reflexiona sobre el ensanchamiento de los intereses de los intelectuales uruguayos en la década del 60: “Si la literatura del boom inauguraba dentro de América Latina, pero también en sus repercusiones internacionales, una polifonía de voces y versiones que de alguna manera ῾fabulaban᾽ la historia americana y reinstalaban la vasta región en el imaginario occidental, al mismo tiempo, en la dimensión más acotada de las culturas nacionales, las transformaciones no eran mens notorias. En el Uruguay, el sector intelectual, que fuera protagonista de primer orden en nuestra sociedad democrática, de fuerte tradición civilista, educado en la fe de la modernidad eurocéntrica, ilustrada y humanística, se fue abriendo progresivamente hacia una praxis mucho menos autorreferida, dominantemente orientada hacia el socialismo, crítica, inquisitiva y receptiva de dimensiones ideológicas y culturales que acercaba la ῾nueva sensibilidad᾽ desde otras latitudes” (Moraña, 2004: 127-128).
[5] En el ensayo www.literatura.global. Il romanzo dopo il postmoderno, Stefano Calabrese sistematiza el desarrollo cronológico que marca el tránsito de la novela moderna del siglo XVIII hasta la posmodernidad y adelanta de unos treinta años esta etapa de pasaje; sostiene Calabrese que “il romanzo moderno si prolunga sino agli anni Venti del Novecento; la fase attiva del posmodernismo inizia negli anni Trenta e sopravvive a se stessa già negli anni Ottanta; a questa data, la ristrutturazione dei meccanismi insieme culturali, editoriali, identitari, antropologici ha prodotto come risposta la genesi di un romanzo della globalizzazione o global novel (l’espressione new global novel avrebbe forse avuto un grado maggiore di political correctness)” (Calabrese, 2005: VIII).
[6] En Literatura posnacional, Bernat Castany Prado alude explícitamente a esta doble lectura de la palabra e insiste en cómo el término globalización “ha sido utilizado para referirse tanto a un proceso o conjunto de procesos como a una condición social, una condición económica, un sistema, una tendencia o una época histórica. Lo que ha dado lugar a definiciones circulares y tautológicas como las que afirman, por ejemplo, que la globalización (como proceso) trae globalización (como condición)” (Castany Prado, 2007: 14).

UNIVERSALISMO DESDE EL MARGEN

En un contexto socio-histórico en el que la separación entre individuos se vuelve cada vez menos plausible y más difícil, y en el que nadie ya puede sentirse firmemente amarrado a un territorio socio-cultural estable y definitivo, la dificultad de controlar los procesos migratorios internacionales, de manipular los movimientos y flujos de capitales, de ejercer formas de censura de palabras e imágenes crea una nueva dialéctica del espacio-tiempo. La revisión de las coordenadas espacio-temporales se relaciona con un desborde “por el cual se disocian, mezclan, recomponen las figuras del ῾aquí᾽ y el ῾allá᾽, pero disociaciones, recomposiciones y mezclas tienen lugar un poco todo el tiempo y un poco en todas partes” (Laddaga, 2010: 52).

Como efecto de este conjunto de movimientos de disociación, recomposición y desplazamiento, el intelectual empieza a colocarse dentro de estos procesos de conexión y desconexión, que acarrean también la posibilidad de repentinos incrementos de las posibilidades de comunicación, y comienza a percibirse a sí mismo como parte de un sistema. Este sistema del que el creador es parte se articula según un entramado doble de relaciones: por un lado, mantiene intacta la trayectoria artística individualizada del sujeto, y – por el otro – inserta al intelectual en una red de relaciones y de intercambios que refleja la condición de colectividad pluralizada que marca el tiempo del presente globalizado.

Los intelectuales de la globalización pasan a ser, así, unos

organizadores de procesos en los cuales intervienen no solo en tanto poseedores de saberes de especialista o sujetos de una experiencia extraordinaria, sino como sujetos cualesquiera aunque situados en lugares singulares de una red de relaciones y de flujos. Sujetos abocados a procesos que conjugan la producción de ficciones y de imágenes y la composición de relaciones sociales, campos de actividad de cuyo despliegue se espera que favorezca la apertura y estabilización de espacios donde puedan realizarse exploraciones colectivas de mundos comunes, desplegadas a través de multitudes de fenómenos de intra-acción (Laddaga, 2010: 43).

Esta red de relaciones y flujos, como fenómeno de intra-acción, refleja las condiciones de la que Ulrich Beck define como “segunda modernidad”: la facilidad del intercambio se debe no ya solo al crecimiento exponencial de las comunicaciones sino también al cambio en las estructuras mismas de la comunicación.

En esta arquitectura social, la obra narrativa de Rossiello ofrece una visión del hecho literario que puede leerse como antecedente de una forma de escritura capaz de desdoblarse: por una parte, ya ubicado en uno de esos “lugares singulares” a los que alude Laddaga, Rossiello elabora una poética del exilio interior (o insilio) a partir de una experiencia de desarraigo geográfico. Por otra parte, hace de su posición extraterritorial una herramienta para construir una obra narrativa que enfoca sí el acto de contar desde una perspectiva sesgada, pero lo hace manteniéndose abocado a esos procesos que conjugan la producción artística y académica a la composición de campos de actividad compartidos (en tanto intelectual globalizado, según la definición de Laddaga).

La perspectiva sesgada del escritor en esta “segunda modernidad” es elaborada desde una posición geográfica “al margen” que se traslada a los contenidos y que lo inserta dentro de una historia literaria continental en que

ha habido siempre grandes sectores negligentes que se mantienen fuera de lo estipulado como viable: es más, hacen de esta extraterritorialidad su condición primordial de existencia. Y dicha historia no estaría completa sin contemplar esas líneas descartadas que, desde su exilio, se le enfrentan y le muestran un rostro desoconcido (López Parada, 1999: 20).

Sobre la base de la colocación de la obra narrativa de Rossiello en un marco que incluye voces difícilmente encuadrables en el contexto de la dialéctica entre centro y periferia, es posible identificar los primeros macro-objetivos de la presente investigación.

En primer lugar, cabría verificar la posibilidad de aplicación del concepto de insilio a la narrativa de Leonardo Rossiello. El uso que se propone en nuestro examen del neologismo insilio (término que no ha sido patentado todavía como vocablo con derecho a la inclusión en la normativa lexicográfica del castellano, pues la Real Academia Española no lo admite en la vigésimo tercera edición del DRAE) remite, en primer lugar, a una definición que hace coincidir el concepto de insilio con el de exilio interior, según la definición que ofrece Gloria da Cunha-Giabbai en su estudio El exilio: Realidad y ficción; así lo define la autora: “Exilio interior o insilio, ese exilio en que puede vivir una persona sin necesidad de abandonar la propia patria” (Da Cunha-Giabbai, 1992: 21).

A lo largo del análisis de la obra de Rossiello se intentará subrayar el valor ontológico del término, completando esta primera definición que asocia el concepto de “exilio interior” a un destierro anímico; se hará referencia a un alejamiento existencial que se basa en la persistencia del individuo en un lugar (estar), aun cuando ya resulta imposible ser, como si la permanencia en la propia patria fuera imposible no solo por culpa de obstáculos políticos, ideológicos o socioeconómicos, sino por la pérdida misma del sentido del arraigo o del regreso.