La sal saludable - Néstor Palmetti - E-Book

La sal saludable E-Book

Néstor Palmetti

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Los mitos de la hipertensión El lado oscuro de la sal blanca La medicina de la sal de roca y del agua de mar Tal vez parezca extraño o exagerado dedicar toda una monografía para hablar de algo tan simple como la sal. También puede resultar inverosímil que a través de una sustancia tan sencilla y abundante podamos enfermar, o bien mejorar nuestra calidad de vida y lograr el reequilibrio funcional de nuestro organismo. Para comprender los secretos de la sal, resulta esencial conocer a fondo lo que sucede con esta sustancia tan apreciada en la antigüedad y tan denostada en nuestros días. De ese modo evitaremos caer en los corrientes errores que nos conducen, por exceso o por defecto, a la enfermedad. Este conocimiento, tan elemental como poco divulgado, nos abrirá la percepción hacia realidades más profundas que tienen que ver con la correcta nutrición y fundamentalmente con la buena salud.

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Seitenzahl: 118

Veröffentlichungsjahr: 2022

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LA SAL SALUDABLE

Los mitos de la hipertensión

El lado oscuro de la sal blanca

La medicina de la sal de roca y del agua de mar

Palmetti, Néstor Rene

La sal saludable / Néstor Rene Palmetti. - 2a ed. - Villa de Las Rosas : Néstor Rene Palmetti, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: online

ISBN 978-987-88-6928-5

1. Alimentación Natural. I. Título.

CDD 641.56323

Esta publicación está basada en experiencias, investigaciones y observaciones personales del autor, que no es médico. La intención de la obra es informar, no debiéndosela considerar sustituto de las opiniones de los profesionales del arte de curar, a quienes el lector deberá siempre consultar a propósito de cuestiones relacionadas con su salud y ante síntomas que lo ameriten. El autor declina expresamente toda responsabilidad ante cualquier efecto perjudicial para la salud que derive del uso o aplicación de la información aquí contenida.

La Sal Saludable- Segunda edición

Autor: Néstor Palmetti

ISBN 978-987-88-6928-5

© 2022 Néstor Palmetti (5885 Villa de Las Rosas, Córdoba).

Edición de autor. Libro de edición argentina.

Queda hecho el depósito que establece la Ley 11.723.

Para solicitar aclaraciones:

Néstor Palmetti

Técnico en Dietética y Nutrición Natural

Director del Espacio Depurativo

5885 Villa de Las Rosas - Traslasierra (Córdoba)

Tel (03544) 494.871 - 483.552

[email protected]

www.nestorpalmetti.com

Índice

INTRODUCCION

EL MITO DE LA SAL Y LA HIPERTENSIÓN

DE ORO BLANCO A VENENO COTIDIANO

El Plasma de Quinton

EL LADO OSCURO DE LA SAL DE MESA. ¿PORQUÉ VENENO COTIDIANO?

El problema de la refinación

El problema de la aditivación

El problema del sodio

PERJUICIOS DE LA SAL REFINADA

Retención de líquidos

Obesidad y celulitis

Cristalización y esclerosis

LA CUESTIÓN ENERGÉTICA

ALTERNATIVAS A LA SAL REFINADA

LA MEDICINA DE LA SAL ANDINA O SAL DE ROCA

Solución salina o salmuera

Nutrición animal

Baños de inmersión

Conservación natural de piscinas

Lavados corporales

Masaje energizante

Empleo terapéutico

LA FUENTE MAS NATURAL: EL AGUA DE MAR

¿Cómo utilizar el agua de mar?

Otras visiones sobre el agua de mar I

Otras visiones sobre el agua de mar II

APÉNDICE

ANÁLISIS DE COMPOSICIÓN DE LA SAL DE ROCA

CODIGO ALIMENTARIO ARGENTINO

LA COINCIDENTE VISION DEL DR. MERCOLA

ACERCA DEL AUTOR

INTRODUCCION

Tal vez parezca extraño o exagerado dedicar toda una monografía para hablar de algo tan simple como la sal. También puede resultar inverosímil que a través de una sustancia tan sencilla y abundante podamos enfermar, o bien mejorar nuestra calidad de vida y lograr el reequilibrio funcional de nuestro organismo.

Para comprender los secretos de la sal, resulta esencial conocer a fondo lo que sucede con esta sustancia, tan apreciada en la antigüedad y tan denostada en nuestros días. De ese modo evitaremos caer en los corrientes errores que nos conducen, por exceso o por defecto, a la enfermedad. Este conocimiento, tan elemental como poco divulgado, nos abrirá la percepción hacia realidades más profundas que tienen que ver con la correcta nutrición y fundamentalmente con la buena salud.

A nuestro juicio, el moderno problema de la sal radica en que nos movemos en los extremos: pasamos de intoxicarnos cotidianamente con su forma industrial refinada, a desarrollar un complejo fóbico en su contra. La falta de información -por obvias razones que se comprenderán con la lectura del artículo- hace que las personas enfermas -sobre todo aquellas con disfunciones circulatorias- se vanaglorien de hacer una dieta “sanita, sin nada de sal”. Como hemos visto en el libro “Grasas Saludables”, sin materia grasa es imposible el equilibrio vital. Lo mismo ocurre con la sal. Sin el aporte cotidiano de sal, el organismo irá perdiendo su calidad funcional, y sin que lo vayamos notando, marcharemos rumbo a un callejón sin salida. El tema es: ¿cuál sal nos cura y cuál sal nos mata? A ello intenta responder este trabajo.

Comenzaremos transitando uno de los mitos modernos más arraigados en nuestro sistema de creencias: la sal es causa de la hipertensión. De allí nace nuestra típica aversión cultural, sin comprender que el problema se origina en nuestro moderno y desordenado estilo dietario, siendo la refulgente sal de mesa refinada, apenas una parte de la cuestión.

Luego deberemos ahondar en la historia de la humanidad y la evolución tecnológica, para comprender las razones por las cuales la sal pasó, de ser considerada “oro blanco”, a convertirse en un “veneno cotidiano”. Allí abordaremos los problemas de la refinación y la aditivación de la sal blanca, y el nefasto exceso de sodio en nuestros habituales alimentos industrializados.

Habiendo comprendido las distintas facetas de la problemática de la sal en la moderna producción alimentaria de gran escala, será el momento de abordar los perjuicios que tal consumo genera en nuestro organismo. Allí veremos cómo el cuerpo intenta neutralizar la cotidiana intoxicación mediante variados mecanismos y cómo sucumbe ante la crónica agresión.

De allí pasaremos a considerar un aspecto casi ignorado en la temática alimentaria: la cuestión energética. La sal resulta un elemento ideal para visualizar un concepto esencial en la nutrición, término entendido como cotidiano aporte reconstituyente y revitalizante de los organismos vivos.

Luego consideraremos las diferencias entre las diferentes opciones de sal que ofrece el mercado de la alimentación natural, como alternativa a la desequilibrada sal blanca de mesa. Posteriormente nos introduciremos en el uso de la desconocida y apreciada sal de cristal de roca ó sal andina, abordando sus distintas utilizaciones nutricionales y terapéuticas. Finalmente retomaremos los conceptos energéticos para describir un interesante campo de aplicación de la sal andina: las lámparas que funcionan como naturales ionizadores ambientales.

Por último transcribimos el Código Alimentario Argentino y su normativa respecto a la sal de mesa, donde el lector podrá comprobar cómo “nos protege” la ley. Al final de este recorrido, esperamos que el lector esté en condiciones de discernir con objetividad cuales son las sales que matan y cuáles son las sales que curan.

Néstor Palmetti

Técnico en Dietética y Nutrición Natural

Director del Espacio Depurativo

Creador del Proceso Depurativo

www.nestorpalmetti.com

EL MITO DE LA SAL Y LA HIPERTENSIÓN

Antes de entrar de lleno en el tema de la sal, es bueno apelar al sentido común para cuestionar nocivos mitos, muy arraigados en nuestro moderno sistema cultural, pero que a causa de sus falencias, son un obstáculo a la hora de resolver problemas. Uno de ellos asevera que las dificultades circulatorias son consecuencia del consumo de sal y grasas. Si esto fuese una verdad absoluta, aquellos pacientes que hacen dietas carentes de dichos elementos, deberían recuperar rápidamente la salud y abandonar la ingesta de medicaciones. Sin embargo, y pese a la privación dietaria, los fármacos se hacen “de por vida”, los síntomas se multiplican y la calidad de vida se degrada.

Entonces, ¿no es lícito pensar en un error de concepto? Más que eliminar, ¿no habría que hablar de calidad de sal y grasa que ingerimos? ¿Y no habrá acaso otra causa más profunda del problema? Estas preguntas nos llevan a profundizar en otro falso concepto: ¿qué es la hipertensión? La visión culturalmente dominante nos indica que, a causa de una “deficiencia” -casi siempre atribuida a los genes, el estrés o a la edad- el corazón bombea en exceso, agitando el fantasma del infarto y la arteriosclerosis. Ahora bien, ¿por qué “traviesa” razón, nuestra bomba sanguínea se empeña en trabajar en exceso para incrementar la fuerza de empuje sobre la sangre? ¿Será que el corazón obtiene algún beneficio por este desgaste de energía? Resulta obvio que no, y conociendo los delicados mecanismos que rigen nuestro funcionamiento orgánico (homeostasis ó tendencia al equilibrio), ¿no será que nosotros mismos estamos obligando al corazón a bombear con más fuerza de la necesaria?

Aunque no somos partidarios de considerar al organismo como una máquina, hagamos por un momento una analogía entre el sistema circulatorio y un mecanismo hidráulico. Resulta obvio que en un circuito estable y sin pérdidas de fluido, las razones para tener que incrementar la presión de una bomba es una sola: el aumento de la viscosidad del fluido. A mayor viscosidad del líquido, mayor necesidad de empuje para mantener la eficiencia funcional del circuito. Este sencillo razonamiento nos conduce directamente a focalizarnos en la “viscosidad” de la sangre, el fluido de nuestro aparto circulatorio.

Los desechos que vamos incorporando diariamente a nuestro cuerpo a través de una alimentación de mala calidad, en la cual la sal y las grasas son solo una parte, superan con creces la capacidad natural de eliminación de los emuntorios. Estos órganos especializados en la limpieza corporal (hígado, riñones, intestinos, pulmones, piel, sistema linfático) se ven desbordados en la tarea cotidiana, al ser más lo que entra que lo que sale. La sangre, sobrecargada de elementos tóxicos, se hace cada vez más espesa y viscosa, disminuyendo la velocidad de circulación. Los desechos comienzan a depositarse en las paredes de los vasos sanguíneos, los cuales ven gradualmente reducida su sección y esto dificulta la irrigación.

Todo ello es apenas una parte del estado de ensuciamiento corporal, que tan bien definiera el Dr. Jean Seignalet y que, en mayor o menor medida, afecta a toda sociedad volcada a la alimentación industrializada. El ensuciamiento es un fenómeno de las últimas décadas, generado por la antinatural forma de alimentarnos y el total olvido del mantenimiento depurativo. El problema comienza cuando el alimento cotidiano no está adaptado a nuestra fisiología. Entonces la digestión de la comida es insuficiente, la flora se desequilibra, se genera putrefacción, inflamación y enlentecimiento del bolo alimenticio.

Esta combinación de factores genera un peligroso incremento de la permeabilidad intestinal, lo cual permite que gran cantidad de macromoléculas alimentarias y bacterianas, atraviesen fácilmente la delgada mucosa intestinal. De ese modo, gran cantidad de sustancias inconvenientes se vuelcan rápidamente al flujo sanguíneo, espesándolo y ensuciando los órganos irrigados. Con el paso de los años se generan graves problemas ulteriores, como la hipertensión, los problemas cardiovasculares, el colapso de la función hepática y el “tilde” del sistema inmunológico. Luego de 30 años de tratar y remitir casos incurables, es importante lo que concluyó el Dr. Seignalet:

“Es el balance entre los aportes y las salidas de desechos, lo que determina la evolución de la enfermedad:

•cuando los aportes superan las salidas, más o menos tarde podemos esperar una enfermedad;

•cuando las salidas superan los aportes, el retorno a la normalidad es factible;

•la eliminación parcial de los desechos se traduce en una mejora;

•la eliminación total de los desechos se traduce en una remisión completa”.

Dado que estas problemáticas son todo un tema en sí mismo y exceden el marco de esta obra, recomendamos profundizar la cuestión a través de los libros “Cuerpo Saludable” y “Nutrición Vitalizante”, que brindan todas las herramientas caseras para generar dos acciones básicas del sentido común: limpiar y no ensuciar.

Volviendo al tema de la hipertensión, aquí vamos encontrando la punta del ovillo y entendiendo las razones por las cuales el corazón hace lo que hace. Vemos claramente cuál es la causa profunda de la hipertensión: la sangre sucia y los capilares obstruidos obligan al corazón a bombear con mayor presión a fin de mantener la imprescindible capacidad de irrigación. O sea que la elevación de la tensión arterial no es más que un mecanismo defensivo para preservar las funciones vitales. Sin embargo, frente a una lógica tan sencilla, tratamos de “idiota” a nuestro corazón; ingerimos medicación hipotensora (para reducir la presión) en lugar de limpiar y fluidificar la sangre. Es más, en Lausana (Suiza) están desarrollando una vacuna para la hipertensión!!! Dado que se debería aplicar cuatro veces al año, es fácil imaginar el negocio… que nuestra misma ignorancia sustenta!!!

Si actuásemos con sentido común, no solo nos ahorraríamos los fármacos (con el costo y los efectos secundarios inherentes), sino también el terrible gasto extra de energía que significa para nuestro organismo el cotidiano esfuerzo de elevar la presión sanguínea. Esto permite comprender por qué tanta “fatiga crónica” y tanta falta de energía: estamos malgastando nuestro caudal energético por el simple hecho de ensuciar cotidianamente el cuerpo y no ocuparnos de sus necesidades depurativas.

Por cierto que la pésima calidad de sal y grasas que consumimos, ponen su granito de arena en el espesamiento de la sangre. Pero privarnos por completo de estos nutrientes esenciales es un absurdo total. No se puede concebir el correcto funcionamiento orgánico sin diarias dosis de sal y grasas. Nuestra fisiología es totalmente dependiente de oligoelementos y ácidos grasos esenciales. El tema es sólo cuestión de calidad y cantidad, ¡¡¡pero nunca de abstinencia!!!

Por otra parte, como bien lo explica el Dr. Joseph Mercola en el informe publicado en el apéndice, la regulación de la presión arterial depende del adecuado equilibrio entre sodio y potasio. El organismo necesita potasio para mantener los niveles apropiados de pH en los fluidos y también desempeña un papel muy importante ayudando a regular la presión arterial. Es posible que la deficiencia de potasio sea la responsable de la hipertensión, y no el exceso de sodio. La deficiencia de potasio puede conducir a un desequilibrio de electrolitos y puede provocar una enfermedad conocida como hipocaliemia. Los síntomas incluyen: retención de líquidos, aumento en la presión arterial e hipertensión, irregularidades cardíacas o arritmias, debilidad muscular y calambres musculares, sed continua, estreñimiento.

La razón de nuestra moderna carencia potásica se debe al predominio de la alimentación industrializada y refinada. Como demuestra un informe de The New England Journal of Medicine, nuestros antepasados consumían cerca de 11g de potasio al día y cerca de 0,7g de sodio (relación 16:1). En cambio con la alimentación moderna ingerimos 2,5g de potasio junto con 4g de sodio (relación 0,6:1). Por ello es un hecho que con alimentos procesados tendremos la relación entre potasio-sodio completamente al revés. En cambio con una dieta basada en alimentos fisiológicos (frutas, hortalizas, algas, semillas) estaremos asegurando orden en esta ecuación fundamental, gracias al adecuado aporte potásico (predominante en hojas verdes).

Como dijera el experto en oligoelementos Henry Schroeder: “La sal es la base y el sostén de la vida. La vida comenzó en la salinidad y no se puede librar de ella”. Así como en materia de grasas dependemos del aporte alimentario de ciertos ácidos grasos esenciales que solo sintetizan los vegetales, en materia de sal dependemos de ciertos microminerales (oligoelementos) que también resultan esenciales en aquellas pequeñísimas dosis presentes en el plasma marino. Y la sal no es más que el residuo sólido de dicho plasma, tras la evaporación del agua. De allí la importancia que las antiguas civilizaciones asignaban a la sal. Y de este tema nos ocuparemos a continuación.