La temporada de mi vida - Oriol Romeu - E-Book

La temporada de mi vida E-Book

Oriol Romeu

0,0

Beschreibung

"La temporada de mi vida" es un libro-diario en el que Oriol Romeu relata su día a día a lo largo de la temporada futbolística 2020-2021. Es una obra cercana, fresca, en la que el autor se expresa de forma sincera y tal como es. Si bien el fútbol es el hilo conductor, este diario nos permite conocer otras facetas de la vida de los profesionales de este deporte. Y la suya, sin duda, no es como imaginamos. Nos habla, entre otras cosas, de recuerdos de la infancia, de cómo se organiza en su día a día, cómo afronta las lesiones y cómo ha vivido el nacimiento de su primer hijo. En este diario se desnuda para mostrar sus alegrías, frustraciones y reflexiones. El objetivo final es compartir sus vivencias para poder inspirar a otras personas.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 380

Veröffentlichungsjahr: 2021

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



© Oriol Romeu, 2021

Derechos de edición reservados: Oriol Romeu

Prólogo de Juan Mata

Traducción y corrección en castellano: NM Traducciones

Maquetación: Vadebooks

Editorial: BoD - Books on Demand GmbH

www.bod.com.es - [email protected]

Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro pueden reproducirse sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright. El autor y el editor le proporcionan este libro solo para uso personal. Respete la cultura.

Tabla de contenidos

Prólogo de Juan Mata
Introducción
Eliminados de la Copa
Ieié, Pedro Vidal Solà…
El motivo que me hizo imparable
Next challenge…
Decidir
¡29 y seguimos! Reflexiones...
Burnley
¿Y ahora qué?
Pérdida de grasa
Comparaciones
Los peligros del ego
Mis inicios en Londres
Seguimos caminando
Pichichi
F*** redes sociales
El valor más preciado
Eliminar las distracciones
Records del Chelsea
¿Renovamos o no?
Un año y un día del 9-0
¿Vamos a hacer historia?
¡Líderes! Pero por poco tiempo
No todo es de color de rosa
¡Es un niño!
Pies en el suelo
¿En qué te fijas?
Uno de los descubrimientos que me ha cambiado la vida
Flâneur y mis fórmulas
Querida Lluna
La relación con el dinero
Manchester United
El viaje más inspirador
Mi primera asistencia en la Premier
Palabras de Guardiola
Pospartido contra el City
Fuck off position
Mi relación con las tarjetas amarillas
Objetivos 2021
2021
La primera en la frente
Doctor
Esto también pasará
El momento más duro de la temporada
Villa y reca...
...idita
Vulnerabilidad
Una vez más
What stands in the way becomes the way
Bielsa y la abuela Maria
Impredecible y bonita
Toca pasar por el mecánico
Claridad. Productividad. Satisfacción personal
Una semana y un día
¿Cómo hacer mejorar a un club?
Similitudes entre los que llegaron a la cima
6 semanas, la honestidad y nuestro legado
¡Claro que sí, doctor!
¿Viajamos?
Sin final, pero con muchas otras ilusiones
El día más bonito de nuestra vida
¿Estás preparado?
Volvemos a la pista de baile
Resumen de la temporada
Mi columna vertebral
Signaling y la regla de oro para ser futbolista ;)
Adiós, libro
Agradecimientos
Notas al pie

Prólogo de Juan Mata

Ori o el arte de la bondad

Cobham, ciudad deportiva del Chelsea FC, en algún momento de 2011. Vamos 20-20 y hay que ganar con diferencia de dos puntos. Saca Ori. Sí, estamos jugando al ping-pong y el partido del siglo está a punto de terminar. De hecho, terminará tan pronto como él quiera. Noto mi mano encogida y la pala tiembla. Saca y fallo el resto. Punto de partido para Ori. Saco yo. No sé ni cómo sacar, porque veo su mitad de mesa cada vez más y más pequeña. Sudo y noto que mis pulsaciones suben. Saco, resta, la paso, me ataca, me defiendo como puedo… y me machaca. Otra vez. Siempre me gana. Es el único que me gana. Me tiene ganada la batalla mental al ping-pong, me tiene ganado como persona para siempre.

Vamos a ducharnos, subimos a comer, nos vamos a Londres. Ori y yo vivimos en la misma urbanización, en el mismo edificio… Aparcamos un coche al lado del otro… Ahora que lo recuerdo, me paro a pensar en por qué no vivíamos juntos. Aunque prácticamente lo hacíamos. Yo había llegado a la capital inglesa hacía bien poco desde Valencia y él desde Barcelona unas semanas antes. Dos jóvenes, uno más que el otro, dispuestos a comernos el mundo y disfrutar la nueva etapa que se presentaba en nuestras vidas: jugar en la Premier League inglesa, en todo un Chelsea. Wow.

No nos conocíamos previamente, pero como sabéis todos/as los/las que estáis leyendo estas páginas, desde el primer momento en el que uno conoce a Ori, es imposible no cogerle un cariño verdaderamente especial. Escribo estas líneas con 32 años, en diciembre de 2020, más de 9 años después de aquellos momentos juntos en Londres. Pues bien, hasta hoy, y va a ser hasta el último día de mi carrera como futbolista profesional, que no he conocido ni conoceré a un compañero que sea mejor persona que Ori. Repito, no he tenido ni tendré ningún compañero que pueda ser mejor persona que Ori. Por si no ha quedado claro: que no se puede ser mejor persona que Oriol Romeu, collons.

¿Que por qué soy tan pesado? Porque tengo infinidad de razones para serlo. Porque en un mundo tan competitivo como el nuestro, el fútbol profesional, en el que tus compañeros también son tus competidores, en el que no es fácil entablar relaciones de amistad pura, en el que el individualismo y el egoísmo te acechan constantemente, en el que la crítica y el halago amenazan con engañarte y tergiversar tu esencia como persona, y en el que por desgracia las lesiones se convierten, a veces, en tu fiel compañero de viaje, Ori siempre —y cuando digo siempre es siempre y ante cualquier circunstancia— ha demostrado ser una persona íntegra, honesta, resiliente, sincera, sensible, madura y buena, sobre todo BUENA. Sí que a veces me ha dado alguna patada entrenando, sí. Y que me tenía frito al ping-pong, ya lo sabéis. Pero a Ori le perdono todo.

Este diario que estáis a punto de comenzar es un breve reflejo de la forma de ser de Ori, de sus inquietudes como ser humano, de su personalidad curiosa y alejada del estereotipo de futbolista. Porque sí, Ori es un pedazo de jugador al que es un placer ver jugar, pero es, ante todo, un tío muy especial. Dentro del campo, su toma de decisiones, su inteligencia táctica, su manera de entender el juego, su poderío físico, su entrega total, su ayuda constante e incansable a sus compañeros y sus contados pero espectaculares goles (no sabe meter goles normales, solo golazos) hacen que uno siempre quisiera tenerlo en su equipo. Pero lo que realmente hace especial a Ori es su manera de ser, su generosidad sin límites. Tanta es que me ha permitido estropear con este prólogo —en el que solo puedo expresar una mínima parte de lo que Ori significa para mí— sus interesantes reflexiones que siguen.

Por nuestras clases de inglés con el gran Peter, por nuestros intercambios de recomendaciones de libros y música, por nuestros momentos con el mítico Paco Biosca, por tu maravillosa familia, a la que aprovecho para mandar un abrazo muy fuerte, por nunca olvidar tu esencia, por todos los momentos que vivimos juntos dentro y fuera del campo… Por todo eso y mucho más, te doy las gracias, Ori. Pero, sobre todo, por ser como eres y por demostrar que ser exitoso profesionalmente no está reñido con ser buena persona. Eres un jugador y una persona especial, no cambies nunca, y prepárate… Tengo mesa de ping-pong nueva.

Te quiere,

tu amigo Juan

Introducción

La primera palabra

Septiembre de 2020. Empieza una nueva temporada y me propongo escribir unas páginas. La idea es hacerles un regalo a mi familia y amigos para que puedan conocer mejor mi día a día. Y decido hacerlo en formato diario porque me siento cómodo con él y porque me gusta escribir mis objetivos, analizar los partidos y reflexionar sobre situaciones vividas. Por tanto, leer las entradas de este diario me parece la manera más real de conocerme.

Se acerca la Navidad y cumplo con el objetivo: ¡libro terminado! Los textos quedan bien y recibo comentarios positivos. Hay que mejorar un par de puntos, pero no ha quedado tan mal teniendo en cuenta que es mi primera vez... Al ver que la gente queda satisfecha, me pregunto: ¿por qué no hago una temporada futbolística entera? La temporada va de septiembre a finales de mayo, así que me animo a seguir escribiendo. Las páginas que tienes entre las manos son el resultado de ello.

¿Por qué me hacía ilusión publicar mi diario?

Si retrocedo unos años, la pérdida de mi abuelo Ieié fue la primera piedra que marcó el camino que me ha traído hasta aquí: publicar mi primer libro. Teníamos una relación muy cercana. Cuando nos dejó, me quedé con ganas de saber más de él, de saber qué pensaba y cómo había afrontado algunas situaciones a lo largo de su vida. Esto me motivó a empezar a plasmar mis propias experiencias en papel, con la ilusión de que algún día mis nietos, hijos, amigos o familiares puedan sumergirse en mi día a día y entenderme o conocerme mejor. ¡Ya sea ahora o dentro de cien años!

Años más tarde, me aficioné a la lectura y cada vez que cogía un libro nuevo me preguntaba si sería capaz de escribir uno como Dios manda. Era una mezcla entre sueño y reto que nunca me decidía a emprender. El hecho de haber leído libros, de haber vivido en diferentes países y culturas y de haber vivido experiencias en el mundo del fútbol me ha dado una perspectiva diferente, y quería compartirla. De hecho, creo que todos tenemos algo que contar y que, si lo compartimos, se pueden extraer muchos aprendizajes de ello.

Así que me animé a hacerlo. De todas formas, no quería hacer un libro como todos los que leía, que siempre tratan sobre una misma idea. En mi diario quería que hubiese diferentes puntos de vista, alegrías y penas, pros y contras... Al fin y al cabo, creo que tener todas las opciones sobre la mesa te ayuda a entender y a escoger cuál te conviene o, al menos, por cuál puedes empezar.

¿Qué vas a encontrar aquí?

El balón se movía rápido, muy rápido. Derecha, izquierda, por el suelo, en el aire... No sabía dónde colocarme. Quería tocarlo, pero era consciente de que iba unas cuantas marchas por detrás. Estaba sorprendido. Más que sorprendido, ¡estaba flipando! Con los jugadores que tenía a mi alrededor y con su nivel. Mi superior me decía: «Oriol, son demasiado buenos, están a otro nivel. No puedes hacer nada».

Pese a todo, insistía en adaptarme y absorber al máximo todo lo que mis ojos estaban viendo. Era una oportunidad única, un momento que había esperado toda mi vida. ¡Y lo tenía ahí delante! Era el momento de disfrutarlo y de aprender tanto como pudiese. Para la gran mayoría de los jugadores era un día más; para mí, en cambio, fue un día mágico que todavía recuerdo como si fuese hoy mismo.

Estaba en medio de un juego de posesión. Los comodines eran Busquets, Messi, Xavi e Iniesta. Supongo que con esta información ya he dejado claro en qué equipo estaba. Para quien esté perdido (¡espabila, chato!), era mi primer entrenamiento con el Barça.

Mis sensaciones al terminar fueron un pelín frustrantes. Había sido un día inolvidable, pero me hubiese gustado tener más protagonismo, haber tocado más el balón. Estaba estirando en el gimnasio y Xavi se puso a mi lado. Siempre había sido uno de mis ídolos, pero el día en que lo conocí como persona pasó a ser un ídolo + referente. Es una persona cercana, dispuesta a ayudar, honesta, clara, natural. Una de esas personas que te encuentras pocas veces en la vida y de quien quieres aprender todo lo que puedas. Bueno, retomando el hilo: Xavi se puso a mi lado y le dije que había alucinado con la posesión y que me parecía increíble la velocidad a la que jugaban. Él asintió y me respondió que no había sido un día muy bueno porque habían cometido muchos errores. «¡Menos mal!», pensé yo.

Unos años más tarde, estábamos analizando mi partido con Damià Estelrich —analista y coach con quien trabajo las mejoras en mi juego— y vimos que en algunos momentos del partido tenía un exceso de relajación. Eso me hacía perder balones un tanto peligrosos. ¿Cómo podíamos mejorarlo? Pensando en un jugador que nos sirviera como referencia. Un jugador que estuviese siempre activado y con una toma de decisiones casi perfecta durante los 90 minutos: «¡Ya lo tengo: Xavi!». Xavi era un espectáculo. No fallaba ningún pase, pero es que, encima, siempre estaba preparado para recibir. Se orientaba bien, revisaba todo el entorno antes de tener el balón... En resumen: era un maestro. Nos pusimos a ver vídeos de Xavi y buscamos cómo mejorar esta activación. «Espera. ¿A ver vídeos? ¿Por qué no le escribo?», pensé. Ese verano me había escrito y tenía su número. ¿Por qué no preguntarle cómo lo hacía? ¿Qué recordatorios utilizaba? Me daba un poco de vergüenza, pero hablándolo con Damià decidimos que sí. ¿Qué podíamos perder? ¿Que no me contestara? No habría ningún problema, lo entendería perfectamente. Así que me decidí a enviarle un audio:

Xavi, ¿qué tal? ¿Cómo estás? Estaba mirando mis partidos y me ha surgido una duda que me gustaría preguntarte, por si me puedes ayudar. En líneas generales, me estoy encontrando muy bien, pero en ciertos momentos del partido me relajo y cometo errores que son evitables. He buscado un jugador que fuese casi perfecto en la activación y la concentración durante el partido como referencia, y he pensado en ti. Tu nivel fue altísimo durante toda tu carrera. Nunca te vi hacer pases por hacer ni movimientos con un exceso de relajación. ¿Cómo lo hacías? ¿Tenías algún tipo de mensaje o ritual para poder estar durante tanto tiempo jugando a tan buen nivel? Ojalá puedas ayudarme. Si andas liado y no puedes contestar, no pasa absolutamente nada. Era para saber tu opinión. Gracias igualmente y te deseo mucha suerte esta temporada.

Pasan unas horas y no contesta, pero al día siguiente, por la mañana, me levanto con un mensaje suyo. Él vive en Catar y, por el cambio horario, seguramente estaba durmiendo cuando le escribí. Ya tengo el highlight del mes o incluso del año. Un mensaje de Xavi hablando de fútbol, dirigido a mí. ¡Guau!

¡Urii, buenos días! ¿Cómo estás? Ya te voy viendo. Estáis muy bien. Me alegro de que estés disfrutando. En el contexto que tú dices, yo he sido un tío muy responsable. Detesto fallar. No puedo fallar. Si fallo, me fustigo. Soy así, me han hecho así en casa. Es una sensación de responsabilidad, incluso ganando 2 o 3 a 0. Soy muy perfeccionista. Siempre quiero hacer bien todo lo que hago. Por eso, cada balón que recibía, que por suerte eran muchos, con el Barça, la selección..., pues hostia, para mí era como si fuese el último balón del partido y aquel balón dependiera de mí. Como si el equipo dependiera de mí y toda la responsabilidad fuese mía. Cualquier balón era el último que iba a recibir y tenía que hacerlo bien. Lo tenía en mente y lo he tenido toda la vida. Es más la forma de ser y la forma de hacer. Al final es lógico que el cuerpo se relaje, sobre todo cuando el resultado es favorable y ganas de 2 o 3 goles. Y yo también perdía balones, Uri, está claro. Y que, por más concentrado que estés, acabas perdiendo el balón porque no has tenido la información necesaria. O por mirar antes de recibir o por mirar a los lados o porque te han presionado bien o te han pegado un viaje. Es normal. Es más la sensación de responsabilidad, de decir: hostia, voy a hacer un partido perfecto, hoy no voy a perder ni un solo balón. Y esto ya lo hacía en un rondo, en un juego de posesión, ya me metía retos individuales. Pues por eso entrenamos, al fin y al cabo, ¿no? Es un sentimiento de responsabilidad que tenía, eh, solo eso. ¿Vale, tío? Cualquier duda que tengas ya lo sabes, aquí me tienes. Un placer, tío. Un abrazo fuerte y mucha suerte, que sigáis así.

Autoexigencia, sentimiento de responsabilidad y hábito de entrenamiento. Puntos que quiero destacar de todo lo que me explicaba en el mensaje. ¡Qué suerte la mía! Poder recibir un consejo de un jugador como Xavi, de una persona que no solo era un gran futbolista, sino que, además, entrenaba y vivía el juego. A Xavi ya lo tenía en un pedestal, pero después de este mensaje... ¡Qué puedo decir!

¿Por qué cuento esta historia? Porque quiero poner un ejemplo de los temas de los que hablaré a lo largo de estas páginas. He tenido la suerte de rodearme de grandísimas personas y creo que, si no lo compartiera, estaría siendo egoísta. En este diario, intentaré explicar cómo he afrontado cada situación en función del momento, y compartiré historias que he vivido, tanto buenas como malas. Enlazo anécdotas del pasado y del presente e intento conectarlas para aclarar lo que quiero explicar. Algunas veces lo he hecho mejor que en otras, pero siempre he buscado el cambio a mejor.

Muchas de las situaciones que explico y de las conclusiones que saco provienen de vivencias personales. Te hablo de las soluciones que me han funcionado a mí, teniendo en cuenta mi carácter, mi personalidad, mi entorno... No querría que lo entendieras como si yo tuviese la verdad absoluta. Quizás ahora crea firmemente en lo que digo, pero puedo no estar de acuerdo con ello dentro de cuatro o cinco años. Como decía Heráclito:«Lo único constante en la vida es el cambio». Todos somos diferentes y las cosas no son blancas o negras, sino que hay un gran abanico de grises y nosotros tenemos que escoger qué tonalidad nos va mejor.

El 99 % de las ideas que verás escritas no son mías, las he ido cogiendo de personas que he conocido, libros que he leído, pódcasts que he escuchado, cursos que he hecho, historias que me han explicado, etc., y las he implantado en mi día a día porque creí que me funcionarían. Así ha sido, y creo firmemente que también pueden inspirar y ayudar a otras personas.

Enjoy...

Lunes, 14 de septiembre de 2020

Eliminados de la Copa

Acabamos de quedar eliminados de la Copa – Carabao Cup. Estoy bastante decepcionado, pero quería empezar a escribir en este diario-cuaderno-libro para verter en él los pensamientos y emociones que estoy viviendo, y que muchas veces pasan desapercibidos incluso para mis personas más allegadas. Ahora mismo llevamos dos partidos de temporada y hemos perdido los dos. Teníamos unas expectativas muy altas y desgraciadamente no hemos podido cumplirlas. Estamos bajando de las nubes y ahora nos tocará trabajar mucho para revertir la situación.

No quiero esconder las sensaciones que estoy teniendo. Son desagradables, porque dudas de ti mismo y empiezas a plantearte si realmente estás preparado para hacer frente a los retos que tienes por delante. Sé que de puertas afuera todo parece muy fácil, pero créeme que cargar con esta losa es complicado y, por mucho que pasan los años, no termino de aprender a hacerlo como debería.

Personalmente, está siendo un poco frustrante, ya que terminé la temporada pasada con muy buenas sensaciones y creí que al empezar esta temporada todo seguiría igual, pero no. Una vez más, la vida nos pone a prueba y tocará superar los obstáculos para demostrar mi valía.

Martes, 15 de septiembre de 2020

Ieié, Pedro Vidal Solà…

Tengo que empezar con él. Él es el gran culpable de que esté aquí escribiendo. Gracias a él pude descubrir mi pasión y convertirla en mi profesión: el fútbol.

Me gustaría destacar algunas de las ideas que me inculcó y que he implementado en mi juego y en mi forma de pensar. Si no eres futbolero, ya me disculparás. De todas formas, creo firmemente que muchas de estas ideas también se pueden aplicar en el día a día.

«Cuando el árbitro pita, no pierdas el tiempo protestando. Todavía no he visto a ningún árbitro que cambie su decisión».

Evidentemente, cuando me lo decía no había VAR —ni se planteaban la opción de ponerlo—, pero me gustaba la idea de centrarte en aquello que tú puedes controlar. La decisión del árbitro es incontrolable, pero el hecho de protestar o no sí que lo es. Confieso que a veces me quejo, pero en muy raras ocasiones he perdido los papeles, y eso ha sido en gran parte por este consejo. Una anécdota interesante es que nunca me han expulsado, y estoy convencido de que eso es porque sé controlar mi temperamento.

«Antes de lanzar un penalti, respira cinco veces».

La respiración... La gran olvidada. Un tesoro que tenemos dentro y que no acabamos de aprovechar. Lo comentaré más adelante, pero siempre lo he hecho: en momentos de tensión, he inspirado y espirado cinco veces, concentrándome en el aire que entra y sale. Me ayuda a focalizarme en el momento presente y a despreocuparme de las posibles consecuencias.

«Cuando haya una disputa, tú aléjate».

Ieié odiaba cuando los jugadores se ponían como una manada de fieras y empezaban a pelearse para demostrar quién era el macho alfa. Esto sí lo he cumplido. Al final, es una pelea para aparentar, porque realmente nunca nadie acaba dando un puñetazo. Podríamos llamarlo una «pelea de gallitos»: a ver quién grita más fuerte, aunque en el fondo todos sabemos que nadie atacará.

«¿Quieres que te diga la verdad o lo que quieres oír?».

La frase que me repetía al final de cada partido. Mi respuesta siempre era: «Dime la verdad». Aunque a veces era desagradable escucharla, me ayudaba a crecer y a ser más fuerte para afrontar los hechos tal como eran. Antes de corregir a alguien, prueba a hacerle esta pregunta. Si te responde que le digas la verdad, dísela; le harás un favor. Busca siempre hablar desde la honestidad y con la finalidad de ayudar a esa persona.

Dejando a un lado el tema del fútbol, también me transmitió su amor por el ajedrez. Él era un gran jugador, nunca conseguí ganarle. No soy ni la mitad de bueno que él, pero disfruto jugando y aprendiendo. Me fascina este deporte, porque tiene muchas situaciones que se pueden aplicar a nuestro día a día. En el ajedrez, tienes que utilizar tus piezas y tu capacidad de análisis para ganar al rival. En función de cómo las muevas, tendrás más o menos opciones de salir ganador. Saber qué piezas son más importantes y cómo aprovecharlas es clave para llegar al final de la partida con más probabilidades de victoria. Ahora bien, también debemos aceptar que a veces, por muy bien que juguemos, el rival también juega. Por lo tanto, aunque hayamos hecho una buena partida, es posible que en ocasiones perdamos.

Ieié era una persona familiar y lo daba todo por los suyos. Te lo hacía notar. Era capaz de llevarme adonde fuera, a la hora que fuera. Recuerdo que siempre me llevaba a todos los campos con su furgoneta blanca, que olía a aceitunas de cuando iba al campo. Nunca le podré agradecer lo suficiente su dedicación y cariño hacia mí. Siempre le he tenido muy presente y el tiempo le ha terminado dando la razón en todo lo que me decía.

No me gustaría acabar sin destacar también la aportación del otro abuelo, Jaume Romeu, de quien pude disfrutar durante un periodo de tiempo más limitado. A pesar de ello, su dedicación no fue menor. Me siento muy afortunado de haber tenido dos abuelos muy futboleros que me inculcaron el amor por este deporte.

Recuerdo que le hacía jugar en el jardín cuando él ya tenía muchas dificultades para moverse. Pero, aun así, nunca obtenía un no como respuesta. Era un jardín muy estrecho y jugábamos en un pasadizo también estrecho. La portería era la puerta de salida a la calle. La abuela me regañaba por hacerlo jugar: «Oriol, ¿no ves que ya no tiene edad para andar jugando al fútbol?». Yo lo veía en perfectas condiciones. Supongo que, como él siempre estaba dispuesto a jugar, me daba esa impresión.

Gracias a los dos por ayudarme y guiarme. Si puedo llegar a ser tan buen abuelo como vosotros, estaré yendo por el buen camino. Fue una lástima que el destino se os llevara tan pronto, porque estoy seguro de que hoy seguiríais viendo mis partidos por los campos de fútbol.

Viernes, 18 de septiembre de 2020

El motivo que me hizo imparable

Nos acabamos de llevar un revés. El inicio de temporada ha sido malo. Empezábamos muy animados, pero nos hemos llevado dos hostias en poco tiempo. ¿Qué debo hacer ahora? Buscar motivos que me hagan imparable, motivos para seguir luchando. Me gustaría explicar algunas de las razones que he ido buscando a lo largo de los años para mantener esta actitud.

El último ejemplo que recuerdo es de la temporada pasada, cuando prácticamente no disfrutaba de minutos ni tiempo en el campo, me sentía sin fuerzas y notaba que perdía la ilusión por seguir luchando. Me puse a pensar; tenía que buscar un motivo que me diera fuerzas, que me elevase un puntito más y me hiciese dar lo mejor de mí mismo. Necesitaba encontrar esa fuerza para arrancar (todos sabemos que, en cuanto arrancas, todo es más fácil). Pensando y reflexionando, la encontré.

Por la abuela

Un día, hablando con la abuela, me preguntó qué problema había con el entrenador, que no me sacaba. Ella ve todos los partidos, sin importarle si juego o no. Me la imaginé delante del televisor esperando a que yo saliera, y que muchas veces no podía tener la alegría de verme en el campo. ¿Qué mejor motivación que hacer feliz a tu propia abuela? Sabía que, si lo hacía por ella, nada me pararía. Así que tomé la decisión de dar mi 200 % para poder jugar el máximo de minutos y partidos posibles y, así, darle la alegría que se merecía.

¿Fue un motivo encontrado o buscado? Un poco de cada. En ocasiones aparece y tenemos que saber aprovecharlo. Debemos ser conscientes de que, cada vez que hay un paso atrás —momento que llegará seguro—, debemos recuperar nuestro motivo principal y apoyarnos en él para seguir luchando. Nuestro foco está clarísimo y no debemos dejar que nada ni nadie nos impida alcanzarlo.

¿Qué ocurre si tiro la toalla y no consigo superar las dificultades?

Seguramente sea porque este motivo no me motiva lo suficiente como para superar todos los obstáculos que encuentro a lo largo del camino.

Pongamos el ejemplo de la alimentación. Muchas veces nos planteamos perder peso. Pero ¿cuál es el motivo? ¿Estar guapos? ¿Tener una buena apariencia? Creo que son motivos que nos harán abandonar en cuanto se nos presente una tentación. Busquemos ir un paso más allá y pensemos que queremos estar en forma para poder hacer deporte con nuestro hijo o padre, o cualquier vínculo que nos dé esta motivación infinita. Así sabemos que, por muy difícil que sea la situación, encontraremos la energía para seguir adelante.

«Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo».

(Friedrich Nietzsche)

Sábado, 19 de septiembre de 2020

Next challenge…

Esto es un no parar, ¡ja, ja, ja! Una prueba tras otra. Es lo bonito de mi deporte, que cada fin de semana te da la oportunidad de demostrar tus aptitudes.

Me explico. Mañana jugaremos en nuestro campo, en el St Mary’s, contra el Tottenham. Normalmente suelo escribir estas palabras con papel y boli, pero ahora que estoy escribiendo este diario quiero aprovechar para hacerlo aquí. Así podrás ver la preparación que intento hacer cada semana para los partidos. Me permite estar más preparado para el reto y afrontarlo con más confianza y seguridad.

Aprovecharé para mencionar a una persona con la que trabajo desde hace unos meses. Se llama Damià Estelrich, y estoy disfrutando mucho de las sesiones que hacemos conjuntamente. Es analista del juego y coach, por lo que me asesora en aspectos que puedo mejorar dentro del campo y en hábitos que me pueden servir para afrontar mejor los partidos. Hoy mismo hemos tenido una charla de una hora más o menos que ha sido muy positiva. Ahora entenderás por qué.

Tras dos partidos y dos derrotas, las sensaciones no eran las mejores. Así que teníamos que buscar refuerzos positivos para revertir la situación. Ha habido una progresión del primer al segundo partido, pero todavía tengo bastante margen de mejora.

¿Cómo vamos a hacerlo?

Buscando las acciones que nos dan confianza y que nos hacen recuperar las buenas sensaciones. Personalmente, me siento poderoso cuando gano las disputas físicas y domino mi zona. Por tanto, nos hemos centrado en utilizar las disputas a balón parado para sentirme más cómodo. Cuando el portero saque en largo, buscaré cualquier córner, saque de banda o situación en la que claramente tendré una disputa para ganar confianza y sentirme bien en el campo.

¿Eso es todo? ¡No! Hemos hablado de algunos de los puntos que comenta Nassim Taleb en Fooled by randomness (traducido al castellano: ¿Existe la suerte? Las trampas del azar), un libro que recomiendo sin lugar a dudas. Como el mismo nombre indica, el libro explica que muchas veces nos dejamos engañar por unos factores que no dependen de nosotros. Te pondré un ejemplo para que se entienda mejor.

Imaginemos que invertimos un dinero en una empresa. La operación funciona, pero no sabemos por qué ni cuál era la intención de la inversión. El hecho de haber acertado con esta decisión nos hace creer que somos buenos inversores y nos da confianza para seguir repitiendo el mismo tipo de comportamiento. Este es un problema muy grave, porque en realidad no somos buenos inversores y nuestros conocimientos son mínimos. Por tanto, tarde o temprano acabaremos fallando y perdiendo toda esa suerte que nos ha acompañado en nuestras primeras decisiones. Nos hemos dejado llevar por la aleatoriedad de que nuestra inversión había salido bien. Es decir, nuestra decisión era mala, pero el resultado final ha terminado siendo bueno.

Otro ejemplo trasladado al mundo del fútbol. Decido hacer un pase muy arriesgado e innecesario, pero, como un oponente lo desvía, termina a los pies de uno de mis compañeros y la jugada sale bien para el equipo. En este caso, creeré que he acertado y que mi decisión era correcta. Eso aumentará mi autoestima y mi confianza para la siguiente acción, aunque en realidad había sido una mala decisión.

El objetivo final es tomar decisiones correctamente el máximo número de veces para tener más probabilidades de éxito. ¿Cómo podemos decidir mejor? Más adelante hablaremos de ello. ;)

Siguiendo con la conversación que he tenido con Damià, después de hablar del tema de las decisiones hemos buscado integrar un buen enfoque para el partido. Básicamente, debemos evitar centrarnos en los resultados. Por ejemplo, no importa si acabamos ganando o perdiendo el partido; enfocarse en los resultados finales es un error, ya que no nos permite ver el proceso.

¿Cómo debemos enfocarlo? Acción a acción. Esta perspectiva nos quita un peso de encima y nos ayuda a pensar más a corto plazo. Intentamos hacer una acción de forma óptima y después nos preparamos para la siguiente. Así, aumentan las probabilidades de que disfrute jugando y de que me despreocupe más del resultado final. En otras palabras, me ayudará a focalizarme en el presente.

Finalmente, a modo de resumen, hemos buscado potenciar los tres aspectos más importantes para mí dentro del terreno de juego, que son el físico, el técnico y el mental. ¿Cómo podemos hacerlo? Creando un recordatorio para sentirme reforzado y dándoles la importancia que se merecen.

El aspecto físico —el más importante— lo potenciaremos ganando las disputas; buscando las de balón parado, como he comentado antes, para reforzar las buenas sensaciones. Además, era un aspecto que había perdido en los últimos dos partidos y sé que, si lo recupero, el tema mental y el técnico me acompañarán seguro. Por tanto, este es el principal.

Mental: pensar en Fooled by randomness. Las acciones son como son y no podemos hacer nada al respecto. Debo utilizarlas como información por si he de aplicar algún cambio en la siguiente acción. Hay que evitar caer en los prejuicios falsos y negativos que crea la mente. Por ejemplo, si en algún momento del partido encajamos un gol o cometo algún error, debo saber que forma parte del juego y no excavar demasiado en qué ha pasado. Pasar página, dejar que el juego siga su camino y asegurarme de que mentalmente estoy focalizado en mis siguientes acciones, que son las únicas que realmente puedo controlar.

Técnico: tener un buen conocimiento del entorno me ayudará a entender mejor hacia dónde debo orientarme y a poder dar una mejor continuidad al juego del equipo. Es un aspecto que he mejorado bastante durante las últimas semanas y meses, y que debo mantener para sentirme cómodo dentro del campo.

Eso es todo. Normalmente me gusta anticiparme un poco a lo que vendrá para saber mejor qué me puedo encontrar e ir un paso por delante del rival. El hecho de escribir no garantiza nada, pero me hace sentir más preparado y es bastante terapéutico.

Pronto te explico si ha funcionado.

Miércoles, 23 de septiembre de 2020

Decidir

Me está costando coger el hábito de escribir cada día. Tendré que esforzarme más. Si no, este «libro» no tendrá fin. Más adelante hablaremos de los hábitos y de cómo de importantes son para alcanzar los objetivos que nos planteamos. Me parece un tema muy interesante y que todos deberíamos conocer a la perfección. Compartiré lo que he aprendido con los libros que he leído sobre este tema y ojalá te sirva de ayuda.

Esta semana he empezado un curso online llamado Cardinal. Dura seis semanas y te ayuda a tomar mejores decisiones o, al menos, a saber cómo funciona el cerebro. Ahora mismo tengo bastante claro que me quiero dedicar a algún trabajo relacionado con el fútbol, pero me gusta aprender sobre el cerebro y sobre cómo funciona habitualmente, cuáles son los pasos que debemos seguir y cómo nos podemos facilitar las cosas con dos o tres cambios sencillos. Iré compartiendo parte de las ideas que se desarrollen en el programa.

Ayer, por ejemplo, me gustó mucho el concepto que estudiamos. Hablábamos de la toma de decisiones. En concreto, del overchoice, que consiste en la idea de que el cerebro se paraliza si tenemos demasiadas opciones donde escoger. Un ordenador elegirá la mejor opción si tiene 3040 variables; en cambio, el cerebro funciona de forma diferente y se hace un lío si se encuentra en esta situación.

¿Qué nos pasa cuando tenemos muchas opciones?

La parálisis por análisis: como hay tantas opciones y no tenemos claro cuál escoger, nos acabamos quedando sin actuar y no escogemos ninguna.El arrepentimiento anticipado: cuando ya hayamos elegido la opción que creemos que es la correcta, miraremos atrás y pensaremos que nos hemos equivocado porque probablemente las otras eran alternativas mejores. Esto nos podría pasar, por ejemplo, a la hora de escoger una carrera universitaria. Hacemos una elección, pero después nos planteamos si no hubiésemos sido más felices con otra o si no nos ganaríamos mejor la vida trabajando en otro lugar.

¿Cómo podemos mejorar la toma de decisiones y evitar estos factores?

Shortlist. En castellano quiere decir acortar la lista. En definitiva, consiste en reducir la lista a tres o cuatro opciones. De esta forma evitaremos la parálisis por análisis y nos será mucho más fácil escoger entre menos opciones. Además, evitaremos la probabilidad del arrepentimiento anticipado, ya que habrá menos opciones descartadas. ¿Seguirá siendo difícil? Seguramente sí, pero reduciremos el dolor durante el momento de la elección y después de esta.«Cuando dudes, elige el camino difícil». Según el estoicismo, en la dificultad descubriremos nuestro carácter y desarrollaremos nuestra identidad. En los momentos difíciles y los retos complicados es cuando realmente evolucionamos. Estoy totalmente de acuerdo. Aunque a veces parezca difícil afrontar los caminos más largos, serán los que nos hagan disfrutar más del viaje.La aceptación. Es una idea budista. En la vida, siempre tendremos la sensación de que podríamos haber hecho más, que nos hemos quedado cortos. Llevamos este gen inconformista en la sangre. Los humanos inconformistas fueron los que evolucionaron e hicieron que la especie avanzara. Esto nos lleva a pensar que este comportamiento ha facilitado la evolución. Además, lo traemos de serie; no es un comportamiento adquirido que nos cueste implantar. Un monje budista te diría: «Acepta lo que tienes y acepta lo que hay, desde el presente». Es importante tener en cuenta que, aunque el gen inconformista está ahí, debemos controlarlo para que no nos traiga la infelicidad o la inacción.

Esto es un resumen rápido pero muy válido de qué pasos podemos seguir para tomar mejores decisiones. No quiere decir que todo funcione, pero siempre está bien intentarlo y descubrir por ti mismo con qué métodos te sientes más cómodo.

Pospartido. Derrota, y no de poco...

El domingo jugamos contra el Tottenham y perdimos 2-5. Un resultado bastante exagerado. Ellos tienen mejor equipo que nosotros, pero no es excusa para no ofrecerles algo más de oposición. La primera parte fue bastante buena y el equipo estuvo sólido, generando ocasiones y poniéndolos contra las cuerdas. Íbamos ganando 1-0 y en el último minuto nos empataron 1-1. Este gol les dio fuerzas para la segunda parte, y en cinco minutos ya nos marcaron el segundo. Empezamos a abrirnos más, a correr más riesgos, y acabaron metiéndonos cinco goles. Lástima, porque en la primera parte hubiésemos podido ir con un par de goles de ventaja. Si no aprovechas tus oportunidades, les das opciones para recuperarse y te pueden acabar remontando el partido. Te pongo un ejemplo aplicado a los momentos de batalla durante la guerra. Se suele decir: «Cuando huelas a sangre, no le permitas volver a luchar, mátalo». Trasladado al fútbol —evidentemente no hablamos de matar a nadie—, la idea es que, cuando tengas oportunidades durante los partidos, no las desaproveches, mata el partido.

Personalmente, me tomé la derrota con autocrítica, pero sin flagelarme, intentando corregir los errores que cometí y siendo proactivo para enmendarlos la próxima vez.

¿Cómo afronto esta semana? ¡A tope! Durante un par de días estuve un poco más decepcionado, pero optimista y con ganas de revertir la situación. Es cierto que no hemos empezado como queríamos, pero las sensaciones no son malas y estoy convencido de que muy pronto cambiaremos la dinámica.

Jueves, 24 de septiembre de 2020

¡29 y seguimos! Reflexiones...

¡Hoy me hago mayor! Yes! Estoy contento de poder cumplir uno más. Soy una persona enormemente afortunada. Soy muy feliz y tengo muchas ganas de seguir viviendo nuevas experiencias.

Me gusta cumplir años. Significa que todavía estoy aquí para contarlo y que afortunadamente estamos bien de salud. La parte negativa es que no podré celebrarlo con mi familia y amigos, pero la verdad es que no lo llevo mal. Estoy acostumbrado y sé que lo celebraremos cuando nos veamos con una comida, cena o lo que sea. Para mí es más importante saber que están a mi lado.

¿Con qué me quedaría de los 28 años? Con la felicidad que hemos tenido durante el día a día con Tània y Lluna. El hecho de haber superado los obstáculos que han ido surgiendo a lo largo del camino. Hay algunas situaciones en las que hubiese podido actuar mejor, pero siempre lo he hecho con la mejor intención del mundo y he buscado ser honesto conmigo mismo. He valorado la importancia del tiempo y he disfrutado de cada momento. He afrontado cada día como una vida en miniatura. Entre los temas más explicables: he mejorado el francés, un reto que me había propuesto para el 2020; también he mejorado la alimentación (estoy en un porcentaje de grasa muy bajo y me encuentro muy bien físicamente); he leído más de 30 libros, ¡y seguimos! Noto que cada día alcanzo un punto más de madurez y tengo más claro lo que quiero conseguir.

¿Qué quiero para los 29? Seguir en esta línea. Es lo que se suele decir, que cuando estás en la dirección correcta lo único que has de hacer es seguir caminando. Pues eso es lo que me toca hacer a mí ahora mismo. Seguir caminando hacia adelante y plantearme nuevos retos —si es posible difíciles— para encontrar la satisfacción personal. Créeme, no hay mejor sensación que la de mirar atrás como he hecho yo ahora mismo y darte cuenta de que estás satisfecho con todo lo que has hecho. Evidentemente, habrá momentos malos, pero el hecho de ver que los has afrontado con integridad, convencimiento y carácter es una sensación increíble.

¿Más retos? Quiero aprender japonés porque me encantaría irme a vivir allí unos dos o tres años. Tània ya lo sabe y comparte la idea. Admiro la cultura japonesa y su gente. Me gusta plantearme retos de unos seis meses. De enero a junio estudié francés, de junio a diciembre he escrito el libro, y a partir de enero me pondré con el japonés. Mientras tanto, intento seguir con la lectura: mi objetivo son dos libros al mes. Aunque si leo más, de coña, y si no llego, no pasa absolutamente nada.

Esta idea de hacer «proyectos» de seis meses me gusta, porque no me ata a un objetivo durante mucho tiempo y me focaliza con más fuerza hacia aquello que quiero conseguir. Sin que se me haga ni demasiado largo ni demasiado corto. Cada seis meses me replanteo si quiero seguir con aquello que estoy haciendo o emprender una nueva aventura.

Hoy, con la euforia de cumplir años, he vuelto a hojear un diario de hace unos años, cuando solo escribía de vez en cuando. No te imaginas la ilusión que me ha hecho encontrar esta nota de cuando cumplí los 25. Me gusta saber que no iba tan mal encaminado...

24 de septiembre de 2016

London - Hotel Marriott

Hoy cumplo 25 años y estoy contento. Me gusta cumplir años e ir acumulando experiencias nuevas. Siempre que echo la vista atrás, el tiempo me ha pasado volando. De unos años a esta parte, tengo la mentalidad y la idea de disfrutar de cada día, de cada oportunidad, de cada nuevo reto que se me ponga delante. Si me imagino ahora el día que llegue a los 30 años (si es que llego...), pensaré: «¡Guau! ¡Ha pasado volando!». Y después me preguntaré: «¿Has disfrutado de estos años? ¿Has estado con las personas con las que querías estar? ¿Estás yendo en la dirección adecuada? ¿En la dirección que te hará llegar adonde quieres ir?». Y estas preguntas me las iré haciendo mensualmente, semanalmente o diariamente en mi cabeza. Siempre buscando que las respuestas sean positivas.

Futbolísticamente hablando, estoy muy contento. Llevamos cinco partidos y he jugado en todos como titular. Siento que mi nivel mejora cada día. Me esfuerzo en cada entrenamiento y no quiero dejar de progresar. Estoy convencido de que, el día que me relaje, la gente me pasará por encima. Es lo último que quiero. Entrenando duro y entregándome al máximo puedo llegar a superar muchos retos.

El día que llegue a los 30, ya verás que llevaba razón.

¡Hasta la próxima!

Sábado, 26 de septiembre de 2020

Burnley

¿Qué sucede hoy? Estoy en un hotel de Blackburn, Reino Unido, porque hoy vamos a jugar contra el Burnley. Por cierto, nota curiosa: resulta que el derbi entre Blackburn y Burnley es uno de los más intensos de toda Inglaterra. Si en algún momento te hace ilusión ir a verlo, procura dejar a los niños en casa.

Anécdotas a un lado, también estoy viendo un partido de la AFC, la Champions asiática, donde está el equipo de Héctor. Están en los cuartos de final y el hecho de pasar les haría dar un paso adelante muy importante en su carrera. Ahora mismo van 1-1 y les quedan 15 minutos de partido. Ojalá pasen, porque oportunidades como esta se dan pocas veces y vale la pena aprovecharlas.

Hablando de oportunidades, hoy leía a Charlie Munger y hablaba precisamente de este tema. Charlie Munger es un inversor muy famoso de 95 años, la mano derecha de Warren Buffett, considerado por muchos el mejor inversionista de la historia. Charlie comentaba que las oportunidades son escasas y que a lo largo de la vida de una persona surgen muy pocas. En cuanto aparecen, hay que estar preparado para saber reconocerlas e intentar cogerlas agresivamente. Según él, incluso entre personas afortunadas, cuesta obtener buenas oportunidades. Es una lección muy importante que nunca se nos enseña. Deberíamos ser conscientes de la dificultad de que los hechos se den con tanta exactitud y saber valorarlo cuando sucede. Dice que, si pierdes una buena oportunidad, la vida no será la misma. Si desaprovechas estos momentos, te quedarás fastidiado. No sé a ti qué te parece, pero yo creo que tiene mucha razón.

Volviendo al partido, vamos a jugar contra un equipo muy rocoso. Siempre nos cuesta muchísimo plantarles cara. Ellos juegan con balones largos y son un equipo muy físico, lo que los convierte en peligrosos porque son conscientes de sus puntos fuertes. Nosotros debemos darlo todo para igualar la intensidad física que ellos van a poner, pero también tenemos que estar despiertos para reconocer los momentos adecuados en los que podemos atacar y hacer daño. No nos van a dar muchas oportunidades, pero habrá que aprovechar las pocas que tengamos.

En el ámbito personal, después de las buenas sensaciones del último partido, ahora me toca reconfirmarlo y dar un paso adelante en todos los sentidos.