Llevaré su nombre - Analía Kalinec - E-Book

Llevaré su nombre E-Book

Analía Kalinec

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Beschreibung

Analía Kalinec nació en dictadura, en el marco de una familia "normal" de clase media, con una mamá ama de casa y un papá policía. Segunda hija de cuatro hermanas mujeres, creció en años de impunidad ignorando la condición de genocida de su padre. Durante su niñez, adolescencia y temprana adultez mantuvo un vínculo de mutuo afecto y admiración por su padre. Le llevó 25 años saber que aquel que la mimaba en su infancia era también el Dr. K, responsable de secuestros, torturas, asesinatos y otros crímenes catalogados de lesa humanidad durante la última dictadura militar. En 2005, con su padre ya en la cárcel, comenzó un largo recorrido personal siguiendo el camino de Memoria, Verdad y Justicia iniciado por la sociedad argentina a partir de los juicios a genocidas que se retomaron una vez derogadas las leyes de impunidad. En la más absoluta soledad, Analía pagó el precio de romper el mandato de silencio y complicidad que se impone a los familiares de quienes participaron de las violaciones a los derechos humanos. Rompió lazos familiares, fue acusada, amenazada y apartada de la familia. Recién en 2017 se encuentra con otras y otros hijos y familiares de genocidas que tampoco aceptaban guardar silencio y ser cómplices del horror. Se conforma entonces la agrupación Historias Desobedientes y comienzan a levantar la voz, a dar testimonio, a reclamar el derecho de poder declarar contra sus propios padres genocidas. Empiezan a evidenciarse las consecuencias que los crímenes de lesa humanidad generan en el interior de las propias familias de los perpetradores. Es desde entonces que Analía enfrenta una demanda de su padre y de sus hermanas por "indignidad". El objetivo: desheredarla. "¿Puede mi papá desheredarme de los recuerdos? ¿Me puede desheredar de esta historia, de la vergüenza, de la tristeza?", escribe mientras sigue contando a su padre, a su familia, a ella misma y a un país que sigue preguntando "¿dónde están?".

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Veröffentlichungsjahr: 2021

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Contents

A MODO DE PRÓLOGO

Introducción

PRIMERA PARTE

¿Cómo contar este cuento?

Textos 2002-2008

Érase una vez

Mi vida contigo

Tu abuelo, el comisario

Hablando de vos… y de otro hijo que vendrá

SEGUNDA PARTE

La Sagrada Familia

En busca de un comienzo

Años de ignorancia, años de impunidad

TERCERA PARTE

De cara a la verdad

Textos 2008-2009

Papá está preso

“No te entregues, corazón libre”

Saberlo todo

Con los ojos bien abiertos

CUARTA PARTE

Historia, historias

Textos 2015-2017

Dolorida memoria

Largos duelos

QUINTA PARTE

Alzar la voz

Papá, ¿dónde están?

Historias de desobediencia

(In)digna desobediente

Recapitulando

Epílogo

Landmarks

Cover

Kalinec, Analía

Llevaré su nombre : la hija desobediente de un genocida / Analía Kalinec. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Marea, 2021.

Libro digital, EPUB . - (Historia urgente / 85)

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-8303-55-0

1. Relatos Personales. 2. Literatura Testimonial. 3. Dictadura Militar. I. Título.

CDD 808.883

Edición: Verónica Estay Stange, Carolina Bartalini y Constanza Brunet

Coordinación editorial: Víctor Sabanes

Corrección: Brenda Wainer

Diseño de tapa e interiores: Hugo Pérez

© 2021 Analía Kalinec

© 2021 Editorial Marea SRL

Pasaje Rivarola 115 – Ciudad de Buenos Aires – Argentina

Tel.: (5411) 4371-1511

[email protected] | www.editorialmarea.com.ar

ISBN 978-987-8303-55-0

Depositado de acuerdo con la Ley 11.723. Todos los derechos reservados.

Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio

o procedimiento sin permiso escrito de la editorial.

Impreso en Argentina – Printed in Argentina

A la memoria de Néstor, que nos propuso

un sueño y entonces pude despertar.

A Luis, compañero de vida incondicional.

Para Gino y Bruno,

Franco y Tati,

Máximo y Benicio,

habitantes de estas historias.

Y para los hijos y las hijas

de los hijos y las hijas que vendrán.

A MODO DE PRÓLOGO

Empecé a escribir este libro sin saberlo. En el año 2002 empiezan los primeros registros donde comienzo de manera muy íntima a contar mi historia, pensando concretamente que los destinatarios de esos escritos serían mis hijos, que en ese momento no habían nacido y hoy ya son adolescentes.

Reconozco ya por esos años cierto afán por “registrar la historia” y que ellos tengan luego elementos para reconstruirla. Advierto ahora a la distancia la ausencia de “registro” de mi propia historia y que no reconocía de manera consiente hace 20 años atrás cuando empecé a escribir.

Estos textos, que fueron escritos entre 2002 y 2008, están agrupados en la primera parte del libro: “¿Cómo contar este cuento?”.

La segunda parte se titula “La Sagrada Familia” y da cuenta de mis años de infancia y adolescencia. Para narrarla busqué en mi “caja de recuerdos” (que literalmente es una caja de zapatos que conservo y traje de la casa de mis padres el día que me casé) cartas, fotos, tarjetas, notas, agendas y recuerdos varios que me permitieron de alguna forma reconstruir esos años de manera lo más fidedigna posible.

En el año 2008 la necesidad de escribir se vuelve imperiosa para mí. Ya había nacido mi segundo hijo y mi padre estaba siendo juzgado por crímenes de lesa humanidad. Puedo pensar ahora que los relatos de esa época son claramente ordenadores y necesarios en mi inquietud de poder contar a mis hijos lo que estaba pasando en la familia y lo que estaba sintiendo. Ya en esos años dejé de pensar que los únicos destinatarios de estos relatos serían mis hijos. Comencé a intuir que esta historia personal se inserta y tiene su correlato en la historia de un país que reclama Memoria, Verdad y Justicia. Estos textos conforman la tercera parte de este libro: “De cara a la verdad”.

En estas tres primeras secciones del libro también indago acerca de la historia de mi padre e incorporo de manera cronológica información que fui recogiendo de distintas fuentes: el legajo de la Policía Federal, registros de testimonios de quienes lo conocieron antes de que yo naciera y lo ventilado en el juicio donde se lo condena a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad.

Siempre procuré en los momentos más significativos de esta historia hacer registros narrativos con lo que me iba pasando o estaba sintiendo en cada momento. Hubo un tiempo que dejé de escribir, alrededor del año 2010, luego de que mi padre fue condenado, mis hijos Gino y Bruno eran chiquitos y ya me había recibido de psicóloga. Retomé la escritura en el año 2015 cuando murió mi mamá y fui recuperando con notas periodísticas, recuerdos personales y registros de mis agendas lo que fueron esos años. En la cuarta parte del libro, “Historia, historias”, están estos textos escritos entre 2015 y 2017.

Por último, en la quinta parte, “Alzar la voz”, narro desde la actualidad la parte más pública de mi historia, la que se conoce por mi participación en el colectivo Historias Desobedientes y por las instancias judiciales con mi padre represor.

Cabe también señalar que a lo largo del libro los relatos se intercalan con citas de las lecturas que fui teniendo en cada momento y que orientaron y acompañaron mi forma de pensar y de sentir. También se incorporan hechos de La Historia con mayúsculas que va entrecruzándose con mi historia personal indefectiblemente.

El resultado es este libro que cuenta con la amorosa colaboración e invaluables aportes de Verónica Estay Stange, Carolina Bartalini y Constanza Brunet que supieron guiarme y acompañarme en este camino de querer poner palabras a esta historia: tan tierno y emotivo a veces y tan doloroso y truculento otras.

Introducción

Ser hija

Y sin embargo, aunque parezca extraño, se podría decir,

sin faltar a la verdad, que Eva es, a su manera, feliz.

Todo lo feliz que puede serlo una mujer de su edad

y con una historia como la suya.

María Teresa Andruetto,

La mujer en cuestión, 2017

31 de octubre de 2019, cumplo 40 años

Tal vez es la fecha. Tal vez es la idea de que otros escriban esta historia, que es la mía, lo que me da resquemor y me motiva a escribir. No creo que esta memoria pueda ser escrita, narrada o interpretada por otros, tampoco creo que pueda ser entendida. Me basta con contarla, pero prefiero contarla yo. En el desgarro. En la contradicción. En la angustia. En este intento por entender lo inentendible. En esta idea que me viene de purgar la tristeza a través de la palabra… y que no se purga.

31 de octubre de 1979, nací. Era miércoles. En Córdoba, nací en Córdoba. Mi mamá tenía 22 años, mi papá tenía 27. Mi hermana Claudia ya tenía 2 años. Nací en dictadura, pero ni sabía, apenas que estaba naciendo. Nació Titi un año después, el día de la Virgen María –Virgen con mayúscula y con g, me enseñó mi mamá–, y después nació Ale, también en dictadura, en el 82. Las cuatro en dictadura, pero ni sabíamos, apenas que estábamos naciendo. Las cuatro mujeres. Lástima que no fuimos varones. Mi papá quería un varón. Se iba a llamar Martín, como San Martín. ¿Qué va a pasar con el apellido? Tendríamos que haber sido varones. Cuatro mujeres, las cuatro en dictadura, y un papá policía.

Me hace cosquillas mi papá. Me cuenta el cuento de Colita de Algodón, el conejo que no hace caso y se lastima. Hay que hacer caso, hay que obedecer. Soy su vizcachita, cuando llega voy gateando a colgarme de su pantalón, me levanta en brazos, me abraza, me da besos y se ríe de mis dientitos. Es bueno mi papá. No quiero que se enoje, hago caso.

En la escuela me enseñan a rezar. Creo en Dios padre todopoderoso creador del Cielo y de la Tierra.

Vamos a pescar, y juntamos almejas en la playa. Mi papá me da la mano y vamos a saltar las olas. Me dan miedo las olas, son grandes y me arrastran. Pero estoy con mi papá, él me da la mano y me cuida. Me hace cosquillas.

Nos mudamos, no quiero cambiarme de escuela. A la escuela “Sagrada Familia” tengo que ir. ¿Sagrada Familia? No quiero. Quiero quedarme en San Ramón Nonato, me gusta la historia de San Ramón que pudo nacer igual, cuando su mamá ya se había muerto y entonces la Virgen María fue su mamá… y que después fue santo, es el patrono de niños y embarazadas. Pero no, a Sagrada Familia, hay que obedecer. Lo dice papá, lo dice mamá. Yo no digo nada. Sagrada Familia. Un papá policía, años de impunidad. Creo en el Espíritu Santo y en la Santa Iglesia Católica.

No hay que tener faltas de ortografía, mi mamá me reta porque escribo mal las palabras, escribí “virjen” con minúscula y con j. Hay que escribir bien, dentro de las normas convencionales. No puedo escribir como quiero o como me sale. Mejor hacer caso, las palabras son como son, no se pueden cambiar. Tampoco hay que meterse, por algo será. No quiero que se enoje mi papá, él me dice que me quiere. Yo nací en dictadura, pero ni sabía. Me enseñan los mandamientos. Tengo que amar a Dios sobre todas las cosas. Honrarás a tu padre y a tu madre. No matarás.

Me voy a casar y voy a tener hijos, igual que mi mamá, igual que la nona. Voy a ser maestra también. Y psicóloga, pero todavía ni lo pienso. Pasan los años, son años de impunidad, mi papá me dice que me quiere.

Soy maestra, soy mamá. Estudio Psicología. ¿Cómo que hay gente que no cree en Dios?... pobres, nadie les contó. Me gusta Freud, me encanta. Freud es subversivo, pero no sabía. No sabía que pensar distinto podía ser algo malo, que querer cambiar las cosas es peligroso. Por eso no tengo que tener faltas de ortografía. Me casé y tuve un hijo: lo que había que hacer. Un hijo varón, Gino. Lindo Gino. No tiene mi apellido. Se acaba la impunidad, corre el año 2004.

Papá está preso, no te asustes. Es 31 de agosto de 2005, el día de San Ramón Nonato, patrono de niños y embarazadas. Y papá está preso. No entiendo, lloro.

No saber. Otra vez no entender. No poder. No querer. Me quiero quedar en Sagrada Familia. Una pregunta, miedo a formularla. Miedo a la respuesta. Creo en Dios padre todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra.

Un papá preso acusado por crímenes de lesa humanidad. La verdad latente, potente, en pugna. Los ojos cerrados, apretados. No poder. No querer poder.

¿Qué tienen que ver la tortura, los secuestros, los desaparecidos con mi papá? Nada. ¿Quiénes son estas personas? ¿Qué dicen? No entiendo. Mi papá es bueno, es mi papá. La verdad insiste. Duele saber. Es mi papá, yo lo quiero a mi papá. Él no. Hay un error, se equivocan, es mi papá. No entienden. Yo entiendo, mi papá me explica. Yo creo, y me enseñaron a rezar. Y me enseñaron los mandamientos. Honrarás a tu padre…

La verdad se impone. Duele, mucho, fuerte… para siempre.

Y nace Bruno. Casarme y tener hijos. Dos hijos, los dos varones. No llevan mi apellido. ¿Qué va a pasar con el apellido? Ya me di cuenta de que nací en dictadura, y que hubo una dictadura en Argentina. Tengo 28 años. Y nació Bruno. Y Gino tiene 4 años. Soy mamá, soy maestra y estudio psicología. Y mi papá está preso, y estoy empezando a entender. No sé si quiero entender. Se eleva la causa a juicio oral, junio de 2008.

Centros clandestinos, tortura, muerte, vejaciones, robos, secuestros, tabicamientos, violaciones, tubos, violencia, amenazas, tormentos, vuelos de la muerte, desaparecidos. Un alias, un Dr. K. Un torturador con la cara de papá. No puedo más. Nadie me abraza, hay silencio y hace frío. Y duele.

Duele la verdad, más duele la injusticia. Y mucho más la impunidad. Y es mi papá. ¿Qué le voy a decir a mis hijos? Me dice Gino que lo extraña… yo también lo extraño. Ya no me hace cosquillas ni me dice que me quiere.

¿Dónde está mi papá?... El que era bueno, el que me hacía cosquillas… el que me cantaba canciones y me contaba cuentos. El que me llevaba a pescar y me decía que yo era su novia. ¿Dónde está?

¿Dónde están?

Me dice que fue una guerra, que no son treinta mil. Me habla de subversivos, de montoneros y de guerra sucia. Habla de defender a la patria. No es mi papá. No entiendo. Pregunto. No tenía que preguntar. Ya no creo. Lloro. No quiero rezar.

¿Qué hiciste, pa? ¿Cómo pudiste? ¿Por qué?

¿Dónde están?

No hay respuesta, solo pregunta. Silencio atroz y testimonio desgarrador. Un juicio.

Un papá condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad. Año 2010. Justicia.

Soy mamá, soy maestra, soy psicóloga, soy su hija, es mi papá. No me habló más. No tenía que preguntar. Tenía que quedarme callada, no pensar, no sentir, no saber. Obedecer. No pude. No me sale. No soy una digna hija suya parece. No soy una digna hija de un padre genocida. No.

He pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa… no rezo más, se va a la mierda Dios. Y todo. Tendría que honrar a mi papá, y él no tendría que haber matado. Y voy a tener faltas de ortografía, y voy a escribir como quiero.

¿Dónde está mi papá? El que tenía aroma a perfume importado los días de semana y olía a asado y vino tinto los domingos… ¿Dónde está?... ¿Por qué piensa que fui detectada por grupos activistas en la Facultad de Psicología? ¿Por qué no me mira a los ojos y me cuenta lo que hizo? ¿Por qué no dice dónde están? ¿Dónde está mi papá? ¿Existe? El que era bueno, el que me decía que me quería.

¿Por qué no pude quedarme callada? ¿Por qué insistí en preguntar, en saber? ¿Por qué no pude cerrar los ojos, cerrar la boca, cerrar el alma? ¿Por qué me duele tanto? ¿Por qué mi papá se hizo policía? ¿Cómo pudo?

Duele, duele fuerte. No quiero que me duela. No quiero quererlo, hace mal. Duele.

¿Qué le pasa que se enoja? No entiende de desobediencia.

¿No le explicaron que hay que ser desobediente frente a lo que lastima y hace mal? No entendió.

Desobedecer ordenes criminales.

¿No supo?

¿No quiso?

¿No pudo?

¿No pensaba en sus hijas cuando secuestraba, cuando torturaba? ¿No pensó en sus nietos? En la vergüenza, en el estigma. ¿En qué pensaba? ¿Cómo pudo permanecer inconmovible frente al dolor humano? ¿Cómo puede un torturador tener la cara de mi papá? ¿Por qué? ¿Qué le digo a mis hijos? ¿Qué va a pasar con el apellido?

¿Dónde están?

¿Y mamá? ¿Dónde estaba? Silencio sepulcral ahora que está muerta, y antes también. Silencio que envenenó su sangre. Nunca habló, no preguntó, no lloró. Solo se enfermó y se murió. Se murió en vida mi mamá. Y ahora se murió también en muerte, pobre. Nunca habló.

¿Y ahora?… Más de cuarenta años pasaron. Más que toda mi vida. Más de veinticinco años impune. Casi quince años preso. ¿Por qué no habla? ¿Dónde están? Que cuente lo que sabe, yo sé que sabe. Él sabe que yo sé que sabe. Se esconde en su enojo, en su odio. No me dice más que soy su novia, ni me hace cosquillas. Me dice que soy indigna, una subversiva. Él sabe que sé, que no me engaña, que no pudo engañar a la justicia, ni a la sociedad que lo condenó. Por represor, por genocida. Es mi papá, soy su hija.

Me engañó un tiempo, creí en él, en su cariño, en su ternura. Me dijo que era su novia. Nos íbamos a pescar y me contaba cuentos, y me cantaba canciones. Yo le creía, es mi papá. ¿Cómo voy a dudar de mi papá? ¿Cómo pudo mentirme tanto? ¿Por qué no cuenta lo que sabe? ¿Por qué no dice lo que siente? ¿Siente? ¿Por qué se calla? Me lastima. ¿No se da cuenta que me lastima? ¿No le importa? No soy más su novia, parece, no soy más la vizcachita, no me da la mano ni me dice que me quiere.

¿Dónde está mi papá, el abuelo de mis hijos? El que me abrazaba y me hacía cosquillas.

Lo busco.

Lo extraño.

Lo espero.

Lo sueño.

Lo abrazo en mis sueños y él me habla. Y cuenta lo que sabe. Él sabe y calla. ¿Por qué se calla? Todos sabemos que sabe. En mis sueños habla, y también me abraza. Y llora. Y lloramos juntos.

¿Dónde está mi papá? El que me compró “zapatillitas rosas”, el que me decía que era su “vizcachita” rememorando con ternura mis primeros dientitos. ¿Dónde lo busco? No está mi papá.

Se esconde.

Se enoja.

Odia.

Reprime. Se reprime.

¿Dónde está mi papá? En la cárcel, por torturar, por secuestrar, por desaparecer. Por represor. Sus crímenes lesionan a toda la humanidad. ¿No piensa en la humanidad, en el ser humano? ¿En las madres que buscan sus hijos, en las Abuelas que buscan nietos? ¿No piensa en sus hijas, en sus nietos? ¿En qué pensaba mi papá cuando torturaba? ¿Pensaba en serio que la patria se defendía en centros clandestinos? ¿Piensa que la patria se defiende secuestrando y torturando? ¿Ocultando la verdad se defiende la patria?

Sigue pensando que hay que eliminar al que piensa distinto. Sí, por eso me quiere eliminar de la familia. Declararme indigna… desheredarme. ¿Puede mi papá desheredarme de los recuerdos? ¿Me puede desheredar de esta historia, de la vergüenza, de la tristeza?

¡Qué infeliz! No entendió nada, no entiende nada de la vida. Entiende de la muerte. Para él todo es odio, maldad, enojo.

Tonta de mí por pensar, por haber sentido alguna vez un cariño sincero de parte suya.

Tonta de mí por seguir pensando que puede arrepentirse, contar lo que sabe (él sabe que sé que sabe).

Tonta de mí que sigo soñando con su abrazo y su mirada sincera.

Tonto él que no me encuentra, no me ve que lo estoy buscando ¿Dónde está mi papá? ¿No ve que soy su hija? ¿No se da cuenta de que lo busco?

Tonta de mí que lo espero, que lo extraño. Que lo quiero abrazar y quiero que me abrace.

Tonto él que se encierra en su silencio cobarde y criminal y que no se arrepiente de lo que hizo.

Cuánto odio.

Cuánta maldad.

Cuánta crueldad.

Duele. Duele fuerte.

Y es mi papá, y soy su hija.

PRIMERA PARTE

¿Cómo contar este cuento?

Textos 2002-2008

Esta foto es de mediados de agosto de 2005.

Dos semanas después mi papá era detenido con prisión

preventiva acusado de haber participado de secuestros,

torturas y desapariciones forzadas durante la dictadura

cívico-eclesiástica-militar de 1976. Es la última foto

que tengo de él antes de que quede detenido.

Yo tenía veinticinco años y Gino, un año y medio.

La historia (con minúsculas: mi historia) comienza en el mes de febrero del año 1999. En rigor, podría decirse que comienza en cualquier otro momento, o que no hay un comienzo. Pero esta historia mía se empezó a materializar en palabra escrita a fines del 2002, cuando, ya casada con Luis, empiezo a redactar una especie de “diario íntimo” pensando en el día en que tuviéramos hijos (y sí, lo pensaba así con el genérico masculino). Estaba preocupada y anhelaba que ellos pudieran tener registrada la historia de esta familia que comenzábamos a formar. En ese marco, ubiqué el comienzo de la historia en el día que Luis y yo nos conocimos.

22 de diciembre de 2002

Trabajaba como moza en una confitería llamada La Cautiva, ubicada en la calle Varela 999, del barrio de Flores de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Atendía las mesas desde hacía más de un año, y paralelamente por las noches estudiaba para ser maestra. Corría el año 1999.

Aquel día de verano cubría el turno de la tarde. Lo vi entrar. Se sentó en la segunda mesa y antes de hacerlo agarró un cenicero. Me resultó gracioso, porque en su mesa ya había uno. ¿Por qué agarra otro? Me acerqué a tomar el pedido y le hice notar el detalle. Me enteré entonces que mi interlocutor era daltónico y que por el color del cenicero no pudo advertir que ya había uno. Esa fue nuestra primera conversación.

Pasaban los días y el señor concurría al bar con mayor frecuencia (hasta cuatro veces por día). Me reconocía expectante de su llegada.

Religión era nuestro principal tema de conversación. Formación católica la mía e hija de policía yo; ateo, de familia anarquista y ávido lector de Página/12, él. Comenzaron luego las insinuaciones para tomar un café. En ese momento Luis tenía 39 años y yo 19. No podía evitarlo… pensaba todo el tiempo en él, esperaba su llegada. Por otro lado, me preocupaba qué les diría a mi mamá y a mi papá si comenzábamos a salir.

Un día nos encontramos hablando de películas de cine. Por aquel entonces estaba en cartelera Shakespeare apasionado,y, qué casualidad… ¡los dos teníamos ganas de verla! Me preguntó con quién iría, y le respondí que sola… Acordamos entonces nuestra primera cita para el miércoles 17 de marzo pero luego de meditar unos segundos Luis advirtió que no podría, ya que los miércoles debía estar con Florencia (su hija que en ese entonces tenía 10 años). Unos días después nos estábamos reuniendo a las 15 horas en la esquina de Rivadavia y Rivera Indarte para ir a ver la película juntos.

Ambos llegamos temprano a la cita y por casualidad pasamos frente a la iglesia San José de Flores. Vestía él camisa y pantalón clarito, yo un vestido azulceleste con florcitas blancas. Averiguamos los horarios de las funciones (a media cuadra en el cine Rivera Indarte) y nos fuimos a tomar nuestro primer café juntos a la confitería San José de Flores. Luego vimos la película y volvimos a la confitería. Ya en esta primera cita nos costó separarnos, pero debía que volver a casa y teníamos que despedirnos. Para entonces estaba algo contrariada, no lo podía negar: me gustaba estar con él. Me acompañó a la parada del colectivo en plaza Flores. Subí al 36 rumbo a Lugano. Mi cabeza no paraba de pensar y esa noche no dormí.

Al día siguiente, mientras trabajaba en La Cautiva estaba más expectante que nunca de su llegada. Quedamos en que me esperaría en mi horario de salida. Era 20 de marzo. Pasamos la tarde juntos en Flores y luego me invitó a cenar. Recuerdo que tuve que llamar a casa para avisar. Fuimos a Puerto Madero. Caminamos, charlamos, cenamos. Me anotó su teléfono en un papel. Después de cenar seguimos caminando por la costanera, y llegó el beso. Las inseguridades y los miedos desparecieron en ese preciso instante.

Érase una vez

La Historia, con mayúsculas, comienza mucho antes.

Tal vez empezó con Adán y Eva, cuando Dios creó al mundo, cuando dice “no es bueno que el hombre esté solo”. Claro, en esa parte no dice nada de la mujer… ni de que esté sola. En el Génesis Dios les dice que no tienen que comer del árbol de la sabiduría, que pueden hacer todo lo que quieran en el paraíso excepto comer de ese árbol. Pero Eva no se aguantó… alguien seguro pensará que Eva fue mala, o tonta porque fue y comió la manzana prohibida. Yo hubiera hecho lo mismo, me parece. Entonces Dios se enojó y los expulsó del paraíso. ¿Empieza ahí la Historia?

¿O empieza con los Pueblos Originarios? ¿O cuando llega Colón a América? ¿O el día de la Revolución de Mayo, cuando se forma el Primer Gobierno Patrio? No, mejor empieza cuando se declara la Independencia. Tampoco. ¿Cuándo se sanciona la Constitución?... o cuando se la viola.

No sé cuándo empieza La Historia. ¿Empieza? ¿Termina?

EL 2 DE AGOSTO DE 2002 EL CONGRESO DE LA NACIÓN SANCIONA LA LEY 25.633. SE DECIDE QUE, EN ADELANTE, CADA 24 DE MARZO SE CONMEMORARÁ A LAS VÍCTIMAS DEL GOLPE DE ESTADO DE 1976.

Yo ya era maestra y fue toda una novedad para mí abordar este tema.

No he pedido ni solicitaré cheques en blanco.

Vengo, en cambio, a proponerles un sueño: reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación; vengo a proponerles un sueño que es la construcción de la verdad y la Justicia;

vengo a proponerles un sueño que es el de volver a tener una Argentina con todos y para todos.

Les vengo a proponer que recordemos los sueños de nuestros patriotas fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros, de nuestra generación que puso todo y dejó todo pensando en un país de iguales.

Pero sé y estoy convencido de que en esta simbiosis histórica vamos a encontrar el país que nos merecemos los argentinos.

Vengo a proponerles un sueño: quiero una Argentina unida, quiero una Argentina normal, quiero que seamos un país serio, pero, además, quiero un país más justo.

Anhelo que por estos caminos se levante a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación: la nuestra.

Discurso de asunción de Néstor Kirchner

25 de mayo de 2003

Su historia (la de mi papá) empieza antes de este decreto. Me cuesta definir cuándo. ¿El día en que nació? ¿El día que nació su padre (mi abuelo)? ¿Cuando ingresó a la policía? ¿La primera vez que torturó?

28 de octubre de 2003

El comisario Eduardo Kalinec es declarado “apto para el ascenso”, “no obstante ello, no fue incluido en la propuesta de ascenso respectiva”.

7 de febrero de 2004

Acá estoy después de tanto tiempo queriendo continuar esta historia sin saber cómo ni por dónde. Pasaron muchas cosas que espero poder ir narrando, pero la más importante es que actualmente estoy embarazada, pasando los ocho meses, y al encontrar este cuaderno se impuso a mí el deseo de escribirle a Gino, para que conozca un poco más de los papás que le tocaron en suerte.

Nos casamos el 7 de enero de 2002.

8 de febrero de 2004

Ya pasaron más de dos años desde que nos casamos, y casi cinco desde que estamos juntos. Meses antes del matrimonio falleció tu abuelo Domingo (el papá de Luis). Dadas las circunstancias, decidimos casarnos y venir a vivir con tu abuela Amelia para que no se quedara sola. Estuvimos un año viviendo con ella en la calle Pedernera del barrio de Flores y luego, a principios de junio de 2003, nos mudamos a dos cuadras, a una casita a medio construir: no había agua caliente, ni gas, ni entrepiso, ni piso, ni muebles, ni otros tantos detalles. Estábamos juntos y felices. Pero la felicidad llegó a su punto culminante cuando el día 5 de julio y con cinco días de atraso me hice el test de embarazo y dio positivo. Ya estabas con nosotros, una inmensa felicidad se instaló en nuestra casa.

9 de febrero de 2004

Comenzamos a disfrutar tu presencia desde el inicio. Habíamos decidido esperar al día lunes para hacer el test, pero la ansiedad pudo más que yo. Me lo hice estando sola. En realidad, estaba con Simona, una gatita que hacía unos días habíamos adoptado. Al ver el resultado positivo los ojos se me llenaron de lágrimas y una sensación que jamás podría describir invadió mi corazón.

Le tenía que contar a Luis… en realidad a todo el mundo, pero a Luis antes que a nadie. Lo llamé al celular de Guillermo (un amigo con quien trabajaba en aquel entonces). Como no estaban juntos, le dejé dicho que me llamara al celular.

No me podía contener, fui de casa rumbo a la escuela ya que estaban por salir del jardín Franco y Carolina (tus primos) y mi mamá los iría a buscar. Estando en el colectivo, recibí la llamada de tu papá y le di la feliz noticia. Hubiera deseado verle la cara.

Llegué a la puerta de la escuela y le di la noticia a mi mamá. También se lo había contado al colectivero y a la señora que se sentó a mi lado en el colectivo.

Ese día almorcé con mi mamá y mis sobrinos. Llegué a la escuela donde trabajaba gritando a los cuatro vientos que estaba embarazada. Era una fiesta.

A la salida estaba tu papá, mirando con cara de desconcierto y esperando a que saliera. Nos abrazamos y no hizo falta decir nada.

14 de febrero de 2004

Se acerca el día en que por fin te voy a ver. Es difícil de explicar, las sensaciones que tengo son muy variadas y hasta contradictorias.

Hoy se cumple un mes del fallecimiento de tu abuela Amelia, se descompuso el 6 de enero, hacía veinte años que la habían operado producto de un cáncer de útero, logrando salvar su vida. Justo se cumplían 20 años de esa operación. Se descompensó y el 14 de enero falleció. El embarazo estaba ya llegando al octavo mes. Antes de que nacieras ya nos habíamos mudado a la casa natal de tu papá. Comenzamos a acondicionarla con cierta urgencia dado que estabas por llegar. Lo primero fue arreglar la habitación que ibas a compartir con Flor, y armar la cuna. Hace tres días que nos instalamos definitivamente y, aunque aún faltan algunos detalles, estamos ansiosos y listos para recibirte.

16 de febrero de 2004

Te cuento que a solo unos días de tu llegada comenzamos a pensar en tu nombre. Hasta ayer y durante mucho tiempo, tu nombre iba a ser Gino Joaquín, pero poco antes del nacimiento nuevamente surgieron las dudas. No te das una idea de lo difícil que es pensar en un nombre. El que me más me gusta es Bruno, pero a papá no le gusta (me parece que porque le remite a su primo Bruno de Italia, que es extremadamente mamero). Tal vez tu nombre sea Máximo o Maximiliano, aún no sabemos.

En este cuaderno, como habrás podido notar, estoy tratando de dejar registrada tu historia. La historia que comenzó el día en que Luis y yo nos conocimos. Pasó mucho tiempo y por eso algunas cosas te las voy contando de manera desordenada, a medida que las voy recordando o que van sucediendo.

17 de febrero de 2004

Tu nombre será Luis Ezequiel. Te vamos a decir Gino, porque así te llamé durante todo el embarazo.

Una vez, poco tiempo antes de casarnos, estábamos haciendo una lista con aquellas cosas que queríamos concretar en el transcurso de diez años a partir de que nos casáramos. Vos eras lo primero en esa lista.

2 de marzo de 2004

¡Todavía no naciste! Ayer fuimos al hospital porque comenzaron las contracciones, pero volvimos a casa ya que aún no es el momento. De a poco se va desprendiendo el tapón mucoso, todo indica que falta poco para que salgas. El teléfono no para de sonar, estamos todos expectantes de tu llegada. Hablo con mi mamá varias veces al día y la nona me llama todas las noches.

16 de marzo de 2004

Naciste hace doce días, el 4 de marzo a las 17.45 hs. y si no escribí antes vos sos el responsable.

Estábamos durmiendo y a las cinco de la mañana desperté porque sentí que me estaba mojando. Pensé que era incontinencia, fui al baño y me di cuenta que había roto bolsa. Con mucha tranquilidad lo desperté a papá. Saltó de la cama, le dije que se quedara tranquilo, que no tenía dolores. Me fui a bañar y despacio partimos rumbo al hospital Churruca. Antes de salir la llamé a mi mamá.

Llegamos y me dijeron que quedaba internada, eran ya pasadas las seis de la mañana. Mi mamá y Titi ya estaban afuera. Yo estaba preocupada porque si bien tenía contracciones, no sentía ningún dolor.

Me llevaron a una habitación del sexto piso del hospital para ver si comenzaba con el trabajo de parto. Me dijeron que, si en 24 horas no se iniciaba, me iban a “inducir”. Mi cama estaba al lado de una ventana. Estaba amaneciendo, era un soleado día jueves. En la cama que estaba junto a la mía había una pareja con un bebé que había nacido de 36 semanas, era re chiquito. Estaban con el televisor prendido y el noticiero comentaba que sería un día hermoso. Me preguntaba si nacerías hoy.

Titi se fue a trabajar y mi mamá se fue a buscar a Franco al jardín. Quedamos con papá, comenzaron las contracciones con dolor al mediodía. En ese momento lo noté nervioso, me quejaba del dolor y él no sabía qué hacer.

Llegó Florencia acompañada por Mónica, su mamá (la ex esposa de Luis). Los dolores continuaban. Mónica se iba a almorzar con Flor y Luis se ofreció para ir él. Nos quedamos con Mónica, que me acompañó y tomaba la frecuencia de las contracciones.

Pasadas las dos de la tarde no aguantaba más el dolor. Llamamos al médico, tenía siete de dilatación. Me llevaron al séptimo piso a sala de pre-parto.

En ese momento quedé sola en una cama, acompañada por médicos y enfermeras que no conocía y que me trataban cariñosamente.

Las contracciones eran muy intensas y comencé a asustarme. Por más que hubiera leído o me hubieran contado, solo en ese momento pude comprender lo que es el trabajo de parto y lo que son las contracciones.

Comencé a llorar del miedo, se me acercó el médico y me explicó que durante cada contracción dejaba de llegar oxígeno al bebé y que era fundamental dejar de llorar y respirar serenamente. Intenté tranquilizarme y hacer todo lo que me indicaban.

A las 17 hs. fue el cambio de guardia y escuché que el doctor le decía a la doctora que ya tenía dilatación completa. El problema era que “no bajabas”, yo hacía fuerza cada vez que venía la contracción, la enfermera me dijo que si no me daban ganas ni hiciera fuerza para no cansarme. Yo le dije que tenía ganas de que salieras y que por eso hacía fuerza.

Se intensificaron más los dolores. Llamé a la doctora, me dijo: “Cuando llegue la contracción hacé fuerza”. Hice fuerza y salió agua. “Bueno, vamos”, fueron las palabras de la doctora. Debían trasladarme unos metros hasta la sala de partos, trajeron una silla de ruedas. En ese momento me acordé de Luis y pedí que lo fueran a buscar. Afuera estaba mi mamá, Titi, Florencia, Mónica, Adriana y Ana Claudia con su hijo (dos compañeras maestras de la escuela en la que trabajo).

Cuando llegué a la sala de parto, debía subir a una cama por una escalerita (todavía me pregunto cómo hice para lograrlo). En el momento en que subía, me vino una contracción y la doctora me gritó que no hiciera fuerza.

Quedé acostada en la camilla y lo vi llegar a papá con el ambo y cara de desorientado. Su presencia me dio tranquilidad.

Vino otra contracción, hice fuerza y la doctora dijo que ya podía verte el pelo. Pasada la contracción, debía esperar las otras para seguir haciendo fuerza. Entre contracción y contracción, lo sentía y escuchaba a Luis que estaba a mi lado dándome ánimo y tranquilidad.

Solo tuve que pujar dos veces más, y saliste. Te trajeron unos segundos a mis brazos y vi que en tu frente tenías una mancha roja igual a la mía. Te dije “Hola Gino, bienvenido. Te estábamos esperando. Sos hermoso”. Te llevaron enseguida para hacerte los controles de rutina mientras salía la placenta y me cosían. Luis se retiró medio descompuesto. Yo ya estaba tranquila, feliz de haberte visto y desesperada por tenerte en mis brazos.

Me llevaron a la misma habitación del sexto piso de antes. Estaba sola ya que a la otra familia le habían dado el alta. Al rato de estar en la habitación, te trajeron y te quedaste conmigo. Esa noche mi mamá se quedó acompañando. La noche del viernes nos quedamos con papá. Estabas un poco inquieto y yo muerta de cansancio. Pesaste al nacer 3,750 kg.

El sábado a las 17.25 hs., una vez que cumplieras 48 hs., nos darían el alta. Al efectuar tu chequeo, nos mandaron hacer una placa de tu hombro izquierdo y nos comunicaron que tenías una fisura en la clavícula.

Mi vida contigo

Como Presidente de la Nación vengo a pedir perdón de parte del Estado Nacional por la vergüenza de haber callado durante

20 años de democracia por tantas atrocidades.

Hablemos claro: no es rencor

ni odio lo que nos guía y me guía.

Es justicia y lucha contra la impunidad, a los que hicieron este hecho tenebroso y macabro de tantos campos de concentración, como fue la ESMA, tienen un solo nombre: son asesinos

repudiados por el pueblo argentino.

Néstor Kirchner

Ex ESMA, 24 de marzo de 2004

31 de marzo de 2004

La fisura a la semana ya estaba soldada. Sos un bebé grande, lindo y sanito.

Ayer empecé la facultad, en este primer cuatrimestre tengo expectativas de cursar las dos materias que me quedan de primer año: “Estadística y Psicología” y “Epistemología Genética”. Estas materias las había comenzado a cursar en el año 2002 (cuando nos casamos con Luis), pero las dejé pasando la mitad de la cursada porque empecé a trabajar doble turno en la escuela.

Me fui de casa a las 19.15 ya que la clase práctica de Estadística comenzaba a las 19.45. Te quedaste con papá que te iba a bañar y te dejé una mamadera llena de mi leche. La cursada terminaba a las 23, pero a las 22 me estaba retirando (no aguantaba y los pechos comenzaban a doler).

Llegué cerca de las 22.30. Vos estabas plácidamente dormido y papá hablaba por teléfono con Florencia. Cuando colgó me contó que recién te habías dormido y que te la habías pasado llorando. Me agarro mucha angustia y me puse a llorar.

Hoy curso el práctico de Genética, son menos horas, de 18 a 19.30. ¿Aguantaré?

31 de marzo de 2004

Son casi las once de la noche, sigo cursando en la facultad y de a poco nos vamos acomodando.

Cuando nos conocimos con papá nuestras primeras conversaciones estaban basadas en cuestiones religiosas. En aquel momento yo ni siquiera imaginaba que podía haber personas que no creyeran en Dios. Imaginate: la primaria y hasta 3° año del secundario fui al Instituto San Ramón Nonato (de curas), 4° y 5° año en el Instituto Sagrada Familia (de monjas), y el profesorado en el Instituto Obra Conservación de la Fe N°5 (de hermanos Maristas). Conocer a tu papá y entrar a la Universidad Pública me dieron la pauta y la sensación de que había estado viviendo en una burbuja. Comencé a tener otro tipo de lecturas y a relacionarme con otra gente.

7 de abril de 2004

Ayer fuimos al pediatra. Ya pesás 4,850 kg. Más de la cuenta, lo cual significa que estás bien alimentado y eso me llena de satisfacción.

En la escuela estoy de licencia por maternidad, y en lo que respecta al estudio estoy siendo muy aplicada y tengo las lecturas al día. Leo en los ratos en que te dormís mientras hago la comida o lavo la ropa o alguna otra cosa que siempre hay que hacer en la casa. Por ahora me organizo bastante bien. Además, me incentiva pensar que si doy estas dos materias comienzo segundo año, lo cual sería un pasito más.

10 de junio de 2004

Te miro y no lo puedo creer. Soñé tanto con tenerte conmigo. Disfruto cada momento, cada nuevo sonido, cada gesto. Ya nos empezamos a entender.

Este mes que pasó fue un tanto duro para mí. La pediatra dijo que no estabas engordando lo suficiente y para colmo tuviste tus primeras líneas de fiebre, estabas decaído, dormías y ¡no comías!

La pediatra me sugirió darte leche complementaria (comprada) y yo me puse a llorar.

Volvimos a la pediatra a las tres semanas y te encontró muy bien, con buen peso, muy maduro y con “buena conexión”. El tema aparentemente tiene que ver con que preferís tomar la leche de la mamadera (sale más fácil, me explicaron). En consecuencia, además de darte el pecho, me ando sacando la leche para cargarte las mamaderas.

La semana pasada fuimos con papá al cine por primera vez desde que naciste. Fuimos a ver Luna de Avellaneda, vos te quedaste con tu abuelita.

16 de julio de 2004

Ya tenés más de 4 meses, pesás 6,5 kg. y estás grande y hermoso.

En la facultad me fue más que bien este cuatrimestre. Promocioné las dos materias, en “Estadística” me quedó 10.

En dos semanas se termina la licencia y tengo que volver a la escuela a trabajar. Por un lado, tengo ganas, por el otro, pienso que te voy a extrañar. Posiblemente cuando esté trabajando te quedes con la abuelita.

Estás hermoso, muy despierto y ávido por agarrar todo lo que está a tu alcance, ya empezás a quedarte sentado. Sos muy pero muy inquieto y ya me estoy agarrando la cabeza pensando qué será de mí cuando empieces a caminar.

7 de octubre de 2004

Ya cumpliste los 7 meses, el tiempo pasa volando. Además de tu cumple-mes el lunes festejamos los 95 años del nono, tu bisabuelo. Se le ilumina la cara cuando te ve. Con los ojos llenos de lágrimas me pidió que te sacara una foto con él y me dijo “Cuando vea la foto decile que lo quería mucho”. Con la nona es igual. Todos los viernes vamos a cenar y es una fiesta. Yo le pido que te cante canciones en italiano, me encanta escucharla cantar.

Te cuento que sos un bebé hermoso. Cada día me sorprendés con algo nuevo. Ya estás pesando 8,6 kg. y esta semana empezás a comer pollo y carne.

Empezamos a los 5 meses con vitina y puré naranja (zapallo-zanahoria), además de la fruta. La pediatra nos dijo que tengamos paciencia, que a los bebés les cuesta empezar a comer, que al principio no ibas a querer. Al segundo día ya abrías la boca de dos metros para comer. A los 6 meses te agregó todas las verduras, hígado y seso y un huevo por semana. Es un placer verte comer.

En estos días se te ve desesperado por pararte, de hecho, ya lo hacés, en la cuna es automático: te pongo en ella y de una u otra forma te las arreglás para pararte.

Ya empezaste a pronunciar sonidos y estoy ansiosa por verte los dientes. Tu humor es en general muy bueno, te despertás siempre riendo.

Ya no pasamos todo el día juntos. El 2 de agosto comencé nuevamente a trabajar. Vos te quedás con la abuelita y si ella no puede papá suspende todo y se queda encantado con vos. Con la tía Titi también te quedás, ya la conocés y te recontra malcría.

Este cuatrimestre curso solo una materia en la facultad: “Psicología Evolutiva Niñez”. Me encanta ir a la facultad. Curso lunes de 19.45 a 23 y miércoles de 19.45 a 21.15.

7 de noviembre de 2004

Mañana rindo el segundo parcial de Psicología Evolutiva y estoy un poco desanimada… en el primero me saqué 4. Hoy es domingo y pasamos el fin de semana sin papá porque se fue a Necochea a ver la casa. No toqué un apunte en todo el fin de semana.

En este momento estamos en la cocina, terminaste hace un rato de comer. Hace unas semanas comenzaste a gatear y no hay quién te pare. Andás por todos lados y te trepás por donde puedas. Ya te diste tus primeros golpes. Cuando te erguís me buscás con la mirada y cuando te miro empezás a reír y a gritar (como ahora que mientras escribo estás trepado a mi pierna reclamando mi atención).

Esta semana te aumentó un número de zapatilla (19), sos un bebé hermoso. Si algo no te gusta enseguida lo hacés saber. Cada día emitís diferentes sonidos y no veo la hora de que digas mamá.