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"Lo quiero todo". El título de este librito muestra bien el tono característico de la humanidad de Marta Bellavista, "una fiebre de vida" que se expresaba en una curiosidad, llena de estupor y gratitud, hacia toda la realidad. En ella vibraba una intensidad de deseo que abarcaba todo, desde sus pasiones, como el baile, al estudio y los amigos. Deseo que se concentra en una única petición persistente: la de ser feliz. La vida de Marta, una larga carrera de apenas veintisiete años, se tornará dramática y lúcida con la reaparición en 2008 del mal que la llevaría a la muerte dos años después. Marta afrontará esta circunstancia como ocasión para vivir "una plenitud total", sin ceder a la desesperación, dentro de la fatiga cotidiana de los agotadores y dolorosos tratamientos médicos, consultas y pruebas. En los límites de una existencia físicamente cada vez más precaria, Marta vive su enfermedad como un gesto continuo de ofrecimiento a Cristo como circunstancia con la que contribuir a edificar con su vida la comunidad cristiana. "Jesús, revélate a mí, dame un corazón puro, simple, listo para amarte en cada instante, un corazón que ansíe por ti, ¡solo por ti!".
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Seitenzahl: 134
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Marta Bellavista
Lo quiero todo
Edición a cargo de Emanuele Polverelli
Prólogo de Stefano Alberto FSCB
Traducción de Almudena Romero
Título en idioma original: Voglio tutto
© Itaca SRL, Castel Bolognese, 2015
© Ediciones Encuentro, 2019
© Por la traducción: Almudena Romero
© Fotos de cubierta e interiores: www.scrittidimarta.it/wp/
Agradecimientos a Silvano Migani por la foto de don Giancarlo Ugolini
Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de la propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y ss. del Código Penal). El Centro Español de Derechos Reprográficos (www.cedro.org) vela por el respeto de los citados derechos.
Colección 100XUNO, nº 59
Fotocomposición: Encuentro-Madrid
ISBN EPUB: 978-84-9055-783-9
Depósito Legal: M-22434-2019
Printed in Spain
Para cualquier información sobre las obras publicadas o en programa y para propuestas de nuevas publicaciones, dirigirse a:
Redacción de Ediciones Encuentro
Conde de Aranda 20, bajo B - 28001 Madrid - Tel. 915322607
www.edicionesencuentro.com
Índice
Prólogo
Notas biográficas
Advertencias al lector
Aquella pregunta que todos llevamos dentro
Después conociste el dolor
«Ni siquiera un milagro puede satisfacer mi corazón»
La felicidad es responder
El viaje a Méjico
Se viaja a mil por hora. Marta docente
La enfermedad reaparece
A casa. Se vuelve a la vida normal
Enfermedad y ofrecimiento
Hacia el cumplimiento
El cumplimiento. «Yo soy Tú que me haces»
Gracias
Apéndice
El anuncio con el que Comunión y Liberación de Rímini difundió la noticia de su muerte:
Homilía de don Stefano Alberto
Homilía de don Giuliano Renzi
Testimonio del doctor Assanelli
El saludo de Giorgio, padre de Marta, al final de los funerales
Epílogo
Prólogo
El comienzo de esta pequeña publicación no ha sido fácil. La misteriosa grandeza de la breve vida de Marta nos ofrece los rasgos de una humanidad verdadera, cumplida, de una existencia marcada por un ímpetu grande de vida, pero también por la enfermedad, el sufrimiento y la muerte. Un drama empapado de dolor y de belleza que genera un sorprendente silencio como primera reacción. Lo testimonian el pudor y la discreción de los amigos más queridos de Marta cuando hablan de ella, que lo hacen para evitar el riesgo, tan difundido hoy, de convertir el dolor en espectáculo, confundiendo así el valor profundo del testimonio con su deformación sentimental. Les urge la convicción de tener que custodiar la verdadera profundidad de la raíz de la que Marta ha vivido todo, su relación con Cristo, con la esperanza certera de que maduren en el tiempo los frutos de una experiencia cristiana, por tanto, integralmente humana, singular.
No obstante, ha prevalecido, sobre todo, el deseo de los familiares, empujados por muchas personas que se han topado con el caso de Marta, de ofrecer una ayuda para darla a conocer a un grupo más amplio de personas.
Después de varios intentos parecía que la mejor forma, precisamente para evitar tonos inadecuados, era dejarle hablar con sencillez a Marta a través de algunos extractos de su diario, de sus cartas y apuntes. Así pues, agradecemos a Emanuele Polverelli que haya aceptado con humildad y entusiasmo el encargo, y haya llevado a cabo con gran dignidad el laborioso trabajo de redacción, no siempre sencillo.
La vida de Marta, una larga carrera de apenas veintisiete años, empieza en 1983 en Cesena, después continúa en Rímini en el instituto donde se encuentra con el carisma de don Giussani y florece durante el período de estudios en la Universidad Católica de Milán y en los dos últimos años dedicados a la enseñanza en Gallarate.
«Lo quiero todo». El título de este pequeño volumen expresa bien el tono característico de la humanidad de Marta. Don Giussani lo llamaría «una fiebre de vida», que en ella se expresa en una curiosidad, llena de estupor y gratitud, hacia toda la realidad. En ella vibra una intensidad de deseo que abarca a todo, desde sus pasiones, del baile al estudio y hasta a los amigos. Deseo que se concentra en una única petición persistente, la de ser feliz («desde que era pequeña la he sentido siempre mucho» escribe en su diario). Una fiebre de vida en la que, por supuesto, emergen los temores en ocasiones, las resistencias y las fatigas típicas de una edad que se abre a la responsabilidad madura, una fiebre que mueve incesantemente a Marta y la convierte en una presencia siempre «perturbadora» en todos los ambientes en los que vive, ya sea en la universidad (compañeros y profesores), en su familia, en el hospital (médicos, enfermeras, pacientes) o en el colegio (alumnos y compañeros).
Cuando se cura repentinamente y en un modo inexplicable para los médicos, desde aquel primer ataque violento de la enfermedad en 2006, en un encuentro de universitarios de la Católica llega a decir: «He descubierto que ni siquiera un milagro puede satisfacer a mi corazón», reconociendo, de forma cada vez más lúcida, aquello que hace que su vida sea verdadera en lo más profundo, la relación con la presencia de Cristo, conocer y amar a Cristo.
En el camino cotidiano de Marta se agudiza y profundiza el reconocimiento de aquella Presencia en la que consiste toda la realidad, dentro de cada circunstancia, feliz o dolorosa, y su imparable deseo de felicidad se convierte en una relación cada vez más personal, en un abandono confiado y en una entrega radical de sí misma al Misterio presente. «Es realmente grande el deseo de amar a Jesús, de poder identificarme con Él... y de dejarme amar tal como soy, abandonándome» escribe.
Marta vivió también dramática y lúcidamente la reaparición en 2008 del mal que la llevaría a la muerte dos años después, como la circunstancia para vivir «una plenitud total» ya de inmediato, sin ceder de ninguna manera a la desesperación. Se concreta en la fatiga de la vida diaria que lleva a cabo entre el colegio y los agotadores y dolorosos tratamientos médicos, consultas y pruebas, con la conciencia de ser un Bien para vivir todo hasta el fondo, que afecta y sacude desde la raíz, cambiando profundamente la vida de decenas de personas, no solo en Italia. En los límites de una existencia físicamente cada vez más precaria, Marta vive así la fatiga diaria ofrecida a Cristo como la circunstancia con la que contribuir a edificar con su vida la comunidad cristiana, para el mundo.
Con los amigos más cercanos Marta siempre se ha mostrado exigente en cuanto a preguntas y a compañía, y ha ido madurando la intuición que tuvo al principio de la universidad: «...yo deseo que la amistad se convierta en una ayuda seria y concreta para seguirte a Ti, Jesús». Esto es lo que ahora pedimos para nosotros al recorrer las huellas de su vida apasionada y ardiente, con el fin de que su Cumplimiento pueda ser también el nuestro.
Don Stefano Alberto FSCB
Notas biográficas
Marta Bellavista nace en Cesena el 19 de octubre de 1983 y crece en Rímini junto a sus padres, Giorgio y Elena, y a sus hermanos Maria y Giacomo.
Vive su infancia y juventud provocada por un ambiente sólido y vivo, dentro de la experiencia cristiana vivida en la comunidad local de Comunión y Liberación. A esa misma experiencia, por otro lado, ella le pide mucho. A su familia, en el colegio, a los amigos, desde el principio «pide» sin límites. En sus exigencias, desde las más simples de la infancia hasta aquellas más complejas en su juventud, «era incluso exagerada», recuerda la madre.
Este ingenio suyo le permite vivir intensamente todo y, más aún, sus pasiones, entre las que destacan el baile y el arte. Son precisamente algunas visitas artísticas o ciertas lecturas de la infancia y de la adolescencia las que determinan incluso su elección sobre la tesis para graduarse, siguiendo con su «preguntarse» que, sin duda, sorprende.
Después de haber seguido todo el ciclo de estudios hasta el bachillerato en Letras en la escuela privada Karis Foundation de Rímini, en el año 2002 se inscribe en Filología italiana en la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán. Es aquí donde todo lo sembrado por la familia y lo que ha vivido con los amigos de Bachilleres (grupo de estudiantes de CL) florece plenamente.
Marta llega a la universidad cargada de preguntas que se hicieron explícitas y maduras; estrecha relaciones muy fuertes y significativas con algunos amigos y también con algunos adultos que se convierten para ella en una referencia segura, a quienes busca y reconoce como tales por su humanidad significativa.
Su carácter emprendedor y sincero, ligado a su procedencia de la Romaña, hace de estos encuentros, a veces, algo rocambolesco. Es el caso del inicio de la colaboración y de la amistad con el profesor Alessandro Rovetta, aconsejado como un verdadero «maestro» por su gran amigo y compañero de estudios, Francesco. Marta se encuentra al docente en la universidad y lo llama, estando de espaldas a él, exclamando: «¡Profesor Rovetta! Francesco [al que el docente ya conocía, nde] me ha dicho que aquí en la universidad me pegue a usted». Un primer contacto y una expresión realmente inusual para el solemne ambiente académico, que sorprenden mucho al docente, el cual, después de un primer momento de desconcierto, ve luego en Marta una necesidad mucho más profunda que unos simples intereses académicos. Para Marta, siempre, también cuando se hablaba de arte o de literatura, lo que estaba en juego era toda la vida, su significado total.
En febrero de 2006, Marta termina el primer ciclo de tres años, defiende su tesis sobre la iglesia románica de San Vittore delle Chiuse (que había visitado bastantes años atrás con su familia guiados por don Carlo Rusconi) para después dedicarse al estudio de la especialidad en Filología moderna.
Y es en este intenso recorrido de amistad y de búsqueda personal donde cae, como si fuese un rayo, la enfermedad: empezando con un cólico la mañana del 10 de noviembre del 2006 en la universidad; la hospitalización; el descubrimiento de un tumor en el riñón; la operación quirúrgica.
Durante las semanas de la enfermedad, la gente de la universidad, y otros, se movilizan en torno a ella. La oración y la vivacidad, ansiosa y dolorosa, pero llena de esperanza, de los amigos, impresionan mucho. Las visitas en el hospital y la red de personas que están cerca de ella son innumerables y superan ampliamente la trama de amistades anterior. Un fenómeno que se renovará en las hospitalizaciones sucesivas. Su sufrimiento y cómo ella lo vive generan un río de vida que sorprende en primer lugar a la misma Marta.
Llega como un rayo y, del mismo modo, rápida e inexplicablemente, desaparece la enfermedad. Operada y sometida a una delicada intervención, quedará sanada ya desde los primeros controles, sin ni siquiera tener necesidad de someterse a la quimioterapia, con la sorpresa de los mismos médicos y la gratitud de amigos y familiares.
El vertiginoso asunto anima a Marta a profundizar en la experiencia vivida hasta entonces.
Curada, vuelve a los estudios de la especialidad. Se gradúa con una tesis sobre la iglesia dedicada a la Virgen de Guadalupe en Ciudad de Méjico. Esta segunda tesis, así como la precedente, la dirige el profesor Rovetta. La defensa tuvo lugar el 1 de octubre del 2008, obteniendo la máxima puntuación, un 110/110. La tesis, dedicada a sus amigos más queridos, está realizada, con la sugerencia del profesor Rovetta, con material documental recopilado directamente en la Ciudad de Méjico, a donde Marta se trasladó en mayo del 2008 por un periodo aproximado de un mes.
Durante su estancia en Méjico entabla nuevas relaciones y esto supone un notable crecimiento personal. Destaca, en particular, la amistad con Laura Juárez, una joven docente en una prestigiosa universidad de Ciudad de Méjico. Laura acoge a Marta en su casa durante el período en el que estudia el santuario de la Virgen y, a pesar de no conocer bien el idioma italiano, entabla con ella una amistad muy significativa.
Al volver de Méjico y poco antes de graduarse, después del verano, Marta recibe el encargo, a partir de septiembre de 2008, de ser profesora de apoyo en la sede del colegio Don Carlo Costamagna de Busto ArzsizioenGallarate.
Su vida parece tomar una nueva dirección, pero este recorrido —intenso y lleno de entusiasmo— sufre un giro brusco. La enfermedad vuelve a salir a la luz, en el intestino y en el hígado. Ingresa de nuevo en el hospital, lo que permite hacer algunas valoraciones y un diagnóstico exacto de la enfermedad. Deciden un tratamiento que se lleva a cabo con ciclos de quimioterapia durante todo el invierno, por desgracia con resultados decepcionantes.
El trabajo en el colegio, por tanto, se interrumpe por el tratamiento y tiene que hacer cuentas con el deterioro de sus condiciones de salud.
Marta ya no puede seguir viviendo en el piso con sus amigas, necesita un ambiente más tranquilo y cerca del trabajo, y esto lo encontrará en casa de Marta Sartorelli, que se había casado unos meses antes, que la acoge con alegría.
Aunque las condiciones de salud de Marta son cada vez más precarias, entorno a ella la vida continúa floreciendo y todo se convierte en ocasión para vivir con positividad, nunca ausente, ni siquiera en las condiciones más difíciles. Así, las madres de los alumnos y los compañeros organizan una serie de traslados para evitar que ella coja el tren desde Olgiate Olona a Gallarate. Los mismos traslados se organizan para llevarla a Milán, donde se somete a tratamientos frecuentes y no fáciles y donde realiza visitas médicas —entre las personas más disponibles destaca una doctora que había conocido dos años antes en la primera hospitalización—. Lo mismo sucede para permitir que Marta participe en la misa diaria, a la que quiere asistir especialmente.
En el colegio, pese a la enfermedad, Marta no vive «parcialmente» su trabajo. Se convierte en seguida en una referencia para compañeros y alumnos. Su presencia no pasa desapercibida. Con ella las cosas cambian, tanto que la subdirectora a menudo exclama: «¡Marta, has llegado!», por indicar el clima vivo y movido que generaba en clase.
Después de un año de tratamiento, las condiciones no mejoran. Definida nuevamente la terapia, pasa todavía un año sin resultados significativos.
En enero de 2010, Marta realiza uno de sus grandes deseos: visitar la Sagrada Familia en Barcelona, la magnífica catedral proyectada por Gaudí. A pesar de que las condiciones de salud son extremadamente precarias y suponen un cansancio notable, el viaje es importante para ella.
En mayo de 2010, junto a sus padres, que habían descubierto un tratamiento innovador introducido por un médico israelita, se va a Israel. Es una ocasión que aprovecha no solo para profundizar sobre la posibilidad de un nuevo tratamiento médico, sino también para hacer una peregrinación a Tierra Santa.
A la vuelta estaba tan mal que la tuvieron que llevar en silla de ruedas al aeropuerto.
Mientras tanto, los médicos discutían cuál iba a ser la nueva estrategia para vencer la enfermedad. Durante el verano de 2010, la primera parte del cual Marta la pasa en la casa de Viserba en Rímini, se decide, en primer lugar, la extirpación de la parte mala del hígado, pero las condiciones de su físico son demasiado malas y la enfermedad está demasiado avanzada.
Debe renunciar a ello en el último momento, precisamente mientras está ingresada en Bolonia para preparar la intervención.
Entonces, de forma repentina, se opta por realizar un trasplante de la médula ósea, que se lleva a cabo en agosto en Milán. Las condiciones son desesperantes. El médico le dice con claridad que sin la operación su enfermedad seguirá su camino muy rápidamente y que, aun así, la operación resulta muy delicada.
Marta acepta intentarlo. La donante será la madre. La operación va bien, pero los efectos no son los esperados.
La preocupación y la atención que los padres demuestran en este momento y la disponibilidad de los hermanos para sacrificarse son ejemplares. El padre dirige un hotel, pero aquel verano los clientes lo vieron poquísimo. Lo mismo se puede decir de la madre. Continúan el trabajo en el hotel Maria y Giacomo que, aun siendo jovencísimos, asumen la dirección de todo el negocio.
La relación de Marta con los médicos, en todo el recorrido descrito, nunca ha sido solo profesional, sino que se convertía siempre en una implicación personal, verdadera y profunda. En particular, el doctor Davide Biasoni y el doctor Andrea Assanelli testimoniarán más tarde cómo el haber acompañado la enfermedad de Marta había cambiado el modo de ver su propia vida y la profesión misma.
