Mafia mexicana - Antonio Eduardo Coss - E-Book

Mafia mexicana E-Book

Antonio Eduardo Coss

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Desde hace algunas décadas, México acapara los reflectores de la atención pública mundial, no por su patrimonio natural y cultural, su riqueza histórica, su exquisita gastronomía y demás bondades, sino por sus elevados índices de violencia, los cuales se reflejan en diversos indicadores, como haber alcanzado en las últimas administraciones 350.000 homicidios dolosos, o desconocer el destino final de 100.000 desaparecidos. Gran parte de la brutalidad mencionada se relaciona con la operatividad en todo el territorio nacional de organizaciones delictivas de gran envergadura, comúnmente llamadas cárteles, las cuales en un inicio buscaron monopolizar el narcotráfico, pero que a la larga han competido entre sí por este y otros diversos mercados ilícitos. Estos fenómenos no han sido estáticos, sino que su dinamismo les ha permitido ampliarse, mutar y reestructurarse a lo largo de los años en nuevas formas de criminalidad. Recientemente, algunas de estas agrupaciones alcanzaron un grado de evolución inimaginable, deviniendo en actores centrales de la dinámica crimino-delictiva internacional. Esta obra, producto de años de investigación es pionera en su tipo, porque incursiona en el territorio inexplorado de la transformación y perfeccionamiento de la delincuencia organizada en México. Brinda un nuevo marco de referencia en torno a esta problemática, el cual permite al lector conocer y comprender la realidad actual de la misma: lo que se tiene en México es un fenómeno delictivo muy sofisticado, una verdadera mafia mexicana.

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Seitenzahl: 511

Veröffentlichungsjahr: 2023

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Antonio Eduardo Coss y León Quiroz

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Ana Castañeda

ISBN: 978-84-1181-727-1

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

AGRADECIMIENTOS

Expreso mis agradecimientos a mi familia y seres queridos por ser compañeros de vida, brindarme su apoyo incondicional y estar a mi lado en todos mis proyectos. Sus observaciones y retroalimentaciones han sido cruciales en mi formación.

Siempre estaré agradecido con la facción del Partido de la Revolución Democrática perteneciente al Senado de la República, particularmente con los senadores Miguel Ángel Mancera Espinosa y Omar Obed Maceda Luna, políticos y funcionarios ejemplares, quienes me han brindado todo el apoyo, involucrándose personal y académicamente en mis proyectos, impulsándome a continuar con mis investigaciones.

Un profundo agradecimiento para mi maestro Jesús Jiménez Granados, hombre institucional que nos ha servido de ejemplo a quienes investigamos el tema de la delincuencia organizada. Es un gran honor que el prólogo de esta obra lleve sus palabras e ideas.

Un enorme agradecimiento a mis grandes maestros y amigos Francesco Forgione, Gamaliel Martínez Pacheco, Francisco Reyes García y Jorge Nader Kuri. En este punto, hago una mención particular hacia mi maestro, mentor y amigo Kelvin Garfias Ramírez, con quien tengo una gratitud eterna por su confianza y apoyo incondicional. Nada de esto habría sido posible sin sus enseñanzas máster. Con relación a todos ustedes, resuena la frase atribuida a Isaac Newton: «Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes».

Agradezco a los grandes periodistas e investigadores Anabel Hernández, Diego Enrique Osorno, Ricardo Ravelo, Luis Astorga Almanza, Jorge Fernández Menéndez, Ioan Grillo, Guillermo Valdés Castellanos y Jean François Gayraud debido a que este libro no habría sido posible sin la invaluable información generada en sus investigaciones.

Por último, pero no menos importante, agradezco al equipo del Grupo Editorial Letrame, en especial a Luis Muñoz, Giulia Bucciarelli, Ana Castañeda, Juan Muñoz y Rubén García, por trabajar a mi lado en la creación y desarrollo de mis libros, haciendo un trabajo maravilloso.

PRÓLOGO

Agradezco al Mtro. Antonio Eduardo Coss y León Quiroz la oportunidad de realizar el prólogo de este libro, teniendo la posibilidad de externar comentarios relativos a un tema de la delincuencia organizada, el concerniente a la mafia mexicana, un fenómeno actual de bastante preocupación, el cual ha sido poco atendido, y que a su vez ha crecido desbordadamente.

Este libro es la primera investigación formal de las mafias mexicanas, documento que abre el espacio para su estudio y reflexión, enfatizando la necesidad de que estos fenómenos sean tomados con seriedad, promoviendo a la vez la realización de las acciones que permitan paulatinamente disminuir los graves daños que han ocasionado sus diversas actividades (muerte, desapariciones, desplazamientos, parálisis en la productividad, etc.). No se debe perder de vista que cualquier habitante de este país puede ser afectado (directa o indirectamente) por los actos de estas organizaciones, en los que la violencia es empleada como herramienta de sometimiento y apertura de oportunidades.

Al igual que en su anterior obraNdrangheta: la amenaza global, el autor de este libro documenta todo el contenido, lo cual permite al lector buscar la fuente informativa cuando tiene alguna inquietud, situación que se agradece, ya que, aparte de emitir sus propios conceptos, da referencia para consulta, además de que demuestra ser un estudioso del tema.

El desarrollo del capitulado nos lleva cronológicamente al estudio de la denominación y las características de estos grupos del crimen organizado; sus estructuras, permanencia, organización, rituales, control territorial, movilidad e internacionalización; y sus muy preocupantes relaciones empresariales y políticas, las cuales incrementan su poder y peligrosidad.

Resulta conveniente el análisis inicial de los conceptos de delincuencia organizada, cártel y mafia, ya que estos habitualmente se manejan de forma indiscriminada, ignorando el hecho de que sirven para describir fenómenos de la delincuencia organizada distintos. Coincido con el autor al señalar que las mafias mexicanas son grupos extremadamente organizados que poseen una enorme versatilidad delictiva, la misma que les permite dominar territorios nacionales e internacionales, operando individual o colectivamente con grupos locales o transnacionales.

Me permito hacer énfasis en la necesidad de un mayor estudio criminológico y legislativo de una de las actividades vitales de las mafias mexicanas mencionadas: la extorsión, en su modalidad de cobro de piso. Este delito recurrente genera graves daños a las víctimas (quienes pueden ser directas o indirectas), ya que ha permeado una enorme cantidad de actividades comerciales, productivas y de servicios, lo que al final se ha traducido en un sobreprecio de productos, inestabilidad, inseguridad, migraciones forzadas, etc.

Al hacer referencia a la longevidad y la permanencia, el autor realiza el análisis de los grupos más significativos en el país: el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación, el Cártel de los Zetas, el Cártel de la Familia Michoacana y Los Caballeros Templarios. Describe sus estructuras, zonas de influencia y un compendio de actividades delictivas que realizan, en su mayoría, delitos de alto impacto. Explica cómo fue la mutación criminal de pasar del narcotráfico hacia otras actividades como el homicidio, el secuestro, la desaparición y la trata de personas, así como la extorsión en diversas modalidades. Cada uno de estos delitos son un foco rojo para la seguridad, pero en conjunto se convierten en una situación alarmante e inaceptable. En la actualidad, el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación son las organizaciones dominantes a nivel nacional, que actúan similar a empresas transnacionales, las cuales tienden a expandirse debido a que incursionan en otros giros, emplean más personal e interactúan con el empresariado formalmente constituido.

Como en cualquier organización, la jerarquía y la obediencia son fundamentales en el establecimiento de la disciplina, razón por la que estas agrupaciones generan sus propios códigos de conducta, en los que se contemplan sanciones severas. El autor aborda minuciosamente estos aspectos, describiendo su importancia en cada una de las mafias mexicanas. La operatividad de estos grupos generalmente es discreta, aunque llega a haber excepciones interesantes, como cuando la Familia Michoacana anunció con bombo y platillo su fundación en el año 2006.

Al abordar el tema del control territorial, el autor es contundente y acertado al referir que una mafia siempre tiene un origen geográfico específico. Efectivamente, todo tiene un origen en un tiempo y espacio determinados, por lo que es lógico que, en el proceso de constitución para delinquir, estos grupos contemplen el dominio y la expansión geográficos, así como el involucramiento en nuevos giros y actividades. En algunos casos, los líderes desarrollan capacidades intelectuales y habilidades empresariales que les permiten ir posicionándose inicialmente en sus lugares de origen, para posteriormente conquistar nuevos territorios. Además, siempre van a contar con el recurso de la violencia para imponerse sobre la criminalidad local.

La globalización no ha dejado exentas a las mafias mexicanas, las cuales se han adaptado a las nuevas manifestaciones comerciales. Es frecuente leer o escuchar en las noticias de la presencia de los grupos nacionales en el extranjero, en continentes tan lejanos como Europa y Asia, sitios en los que establecen alianzas con agrupaciones foráneas. En esta obra, el autor realiza una descripción de los procesos de expansión internacional de estos fenómenos, los cuales se basan principalmente en la trasplantación, la infiltración, la imitación y la hibridación. Resalta en su investigación que identificó que el Cártel de Sinaloa tiene presencia en por lo menos 50 países y el Cártel Jalisco Nueva Generación, en 18, como mínimo, datos que ponen de relieve el éxito que han tenido dichas agrupaciones en su movilidad.

Todos los capítulos tienen un enorme contenido y valor, precisando en datos históricos, artículos e investigaciones de personas que han estudiado a las mafias mexicanas, pero un tema que me llama poderosamente la atención, y me preocupa a la vez, es el de la relación entre mafia y política, ya que ambas actividades tienen como fin el poder, por medio del cual se ejerce dominio, pudiendo acceder a cualquier cosa que deseen. Están bien documentados los casos de funcionarios de distintas áreas de gobierno, políticos y personal del poder judicial que poseen algún tipo de relación con estos grupos de la delincuencia organizada. Considero que la combinación mafia-política-empresariado es la peor de todas, un verdadero desafío.

Este es un libro que se debe leer para entender no solo a las mafias mexicanas, sino también el fenómeno de la delincuencia organizada en general. Su revisión permitirá reflexionar acerca del destino nacional en esa materia, así como de la necesidad de realizar diversas acciones en todos los órdenes de gobierno y sociedad para disminuir su presencia y efectos antes de que estos sean inevitables. Reitero mi reconocimiento para el autor de la presente obra, en su minuciosa labor de investigación, recopilación y reflexión, la cual permite conocer la evolución de la delincuencia organizada nacional hacia sus estadios más avanzados y difíciles de enfrentar, el de las mafias mexicanas.

Dr. Jesús Jiménez Granados

INTRODUCCIÓN

«Dentro de la grotesca guerra mexicana contra las drogas, uno nunca sabe cuándo termina la realidad y comienza la leyenda»(Von Klaus Ehringfeld, 2012).

«El norte de México comienza a parecerse a un Estado fallido, un lugar donde la autoridad del gobierno no se sostiene»(Condoleezza Rice)1.

«Ha llegado el momento de hablar de mafia mexicana»(Roberto Saviano)2.

Desde hace algunas décadas, México acapara los reflectores de la atención pública mundial no por su patrimonio natural y cultural, su riqueza histórica, su exquisita gastronomía y demás bondades, sino por sus elevados índices de violencia, los cuales se reflejan en diversos indicadores, como haber alcanzado en las últimas administraciones 350 000 homicidios dolosos, desconocer el destino final de 100 000 desaparecidos y poseer las 8 ciudades más violentas del mundo, así como otra serie de cifras negativas.

Gran parte de la brutalidad mencionada se relaciona con la operatividad en todo el territorio nacional de los denominados públicamente «cárteles», siendo estos organizaciones delictivas de gran envergadura que inicialmente buscaron monopolizar el narcotráfico, pero que a la larga han competido entre sí por este y otros diversos mercados ilícitos, lo cual ha sumado en las afectaciones descritas con antelación. Durante su desarrollo no dejaron el negocio de las drogas de lado, sino que incursionaron en otras actividades como el secuestro, la extorsión, la trata de personas, el tráfico de armas, el blanqueo de capitales, la piratería y demás.

Estos fenómenos delictivos no han sido estáticos, sino que su dinamismo les ha permitido ampliarse, mutar y reestructurarse a lo largo de los años en nuevas formas de criminalidad. Dicho proceso ha derivado en que, en un afán de clasificarles, entenderles y enfrentarles, se les haya denominado de diversas formas, entre ellas cárteles, grupos de delincuencia organizada (nacional o transnacional sea el caso), redes de delincuencia organizada, al igual que otro conjunto de términos.

Hace algunos años, diversos expertos advertían que, por su naturaleza y complejidad, las organizaciones mexicanas eran en realidad premafias, las cuales contaban con la capacidad estructural y operativa de devenir en verdaderas asociaciones mafiosas. En ese momento, a decir de los investigadores, faltaban algunos componentes y aspectos de funcionalidad para que pudieran ingresar a la clasificación de mafias.

Recientemente, y con el pasar de los años, estas premafias mexicanas alcanzaron un grado de evolución inimaginable, deviniendo en actores centrales de la dinámica crimino-delictiva3internacional, poniéndose codo a codo en las mesas de negociaciones con mafias de gran relevancia e historia como ‘Ndrangheta, Cosa Nostra o la Yakuza. De todas las agrupaciones nacionales, cinco destacan en esta mutación, las cuales han incursionado en un nuevo tipo de fenómeno y clasificación. En esta época, y con base a los hechos, resulta innegable la realidad: lo que se tiene en México, tomando como referencia a los cinco grupos, no es otra cosa más que mafia mexicana4.

CAPÍTULO 1¿CÁRTELES, GRUPOS DE DELINCUENCIA ORGANIZADA O MAFIAS?

«No todo asume un nombre. Algunas cosas van más allá de las palabras»(Alexander Solzhenitsyn)5.

«No tememos lo desconocido. Tememos lo que creemos saber sobre lo desconocido»(Teal Swan)6.

«Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas… Si te conoces a ti mismo, pero no al enemigo, por cada batalla perderás otra… Si no conoces al enemigo ni a ti mismo, perderás cada batalla» (Sun Tzu)7.

Durante muchos años, se han utilizado los términos cárteles, organizaciones y redes de delincuencia organizada, grupos de delincuencia organizada transnacional e incluso mafias para denominar a las entidades delictivas mexicanas de gran envergadura y fuerza. En el nombramiento de este fenómeno delictivo nacional,los conceptos anteriormente citados han sido empleados como sinónimos, sin que se haga una distinción precisa entre cada uno de ellos. Es importante aclarar que, a pesar de este uso indiscriminado, las expresiones enunciadas con antelación hacen referencia a fenómenos cuya esencia pertenece al universo de la delincuencia organizada, pero cada uno cuenta con características específicas. A continuación, se presenta una descripción de los elementos que integran a cada una de estas conceptualizaciones.

Delincuencia organizada (legislación nacional e internacional)

En México, la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada (publicada en el Diario Oficial de la Federación el 7 de noviembre de 1996, con su última reforma el 20 de mayo de 2021) en su artículo 2º define a esta actividad como tres o más personas que se organizan de hecho para realizar, en forma permanente o reiterada, conductas que por sí o unidas a otras tienen como fin o resultado cometer alguno o algunos de los delitos siguientes: terrorismo, financiamiento al terrorismo, delitos contra la salud, falsificación, uso de moneda falsificada a sabiendas, alteración de moneda, operaciones con recursos de procedencia ilícita, delitos en materia de derechos de autor, acopio y tráfico de armas, tráfico de personas, tráfico de órganos, corrupción, pornografía, lenocinio o tráfico de menores de edad o de personas que no tienen la capacidad de comprender el hecho; robo de vehículos, trata de personas, secuestro, contrabando y su equiparable; defraudación fiscal, delitos en materia de hidrocarburos y delitos contra el ambiente (Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2021, pp. 1-3). En este instrumento legislativo no viene una definición concreta de qué es un grupo de delincuencia organizada8, pero al poseer esta actividad el carácter organizativo por tres o más personas, queda implícito que para su comisión requiere de una ejecución grupal.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) en su Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional y sus Protocolos no posee una definición precisa del término delincuencia (o crimen) organizada transnacional, ni incluye una lista de los tipos de delitos que podrían constituirle (una ausencia intencional que permite una aplicación más amplia del instrumento a los nuevos tipos de delitos emergentes); pero, a pesar de esto, la Convención sí posee una definición de «grupo delictivo organizado»en su artículo 2º, siendo este un grupo de tres o más personas, no formado de manera aleatoria, el cual ha existido por un periodo temporal, que actúa de manera premeditada con el objetivo de cometer uno o más delitos graves, con el propósito de obtener (directa o indirectamente) un beneficio financiero o material (UNODC, 2004, p. 5).

Delincuencia organizada transnacional

La delincuencia organizada transnacional (Transnational Organized Crime, TOC por sus siglas en inglés) se refiere a aquellas asociaciones (integradas por individuos) que operan mundialmente con el fin del obtener poder, influencia, ganancias monetarias y comerciales (total o parcialmente por medios ilegales), mientras protegen sus actividades ilícitas a través de una estructura organizativa internacional, así como mediante la explotación de mecanismos transnacionales de comercio y comunicación. No existe una estructura única bajo la cual operan los grupos de delincuencia organizada transnacional, sino que varían desde incluir jerarquías y clanes, o redes y células, y pueden evolucionar a otras estructuras; asimismo, los delitos que realizan también son variados; entre sus características se encuentran que en al menos una parte de sus actividades cometen violencia e intimidación, explotan las diferencias entre países para lograr sus objetivos (tanto en la expansión de su poder como para evitar detenciones de sus integrantes), procuran ganar influencia en diversos ámbitos (entre ellos el gobierno, la política y el comercial) a través de medios ilegítimos y corruptos, y tienen como principal meta la ganancia económica (no solo la derivada de delitos, sino de inversión en negocios lícitos) (National Security Council, 2011).

Redes de delincuencia organizada

Las redes de delincuencia organizada (Organized Crime Networksen inglés) están implicadas en muchos tipos diferentes de actividades extendidas por varios países, las cuales pueden abarcar trata de personas, tráfico de drogas, mercancías ilícitas y de armas, robo a mano armada, falsificaciones y blanqueo de capitales; con ganancias estimadas en miles de millones; igualmente, sus empresas criminales se parecen mucho a los negocios legítimos internacionales al contar con modelos operativos, estrategias a largo plazo, jerarquías e incluso alianzas estratégicas, todo con el propósito de generar el máximo de beneficios (INTERPOL, s.f.).

Cárteles

Un cártel (del alemánKartell) es una asociaciónde compañías o negocios dentro del mismo campo (o similar), los cuales se han agrupado premeditadamente para monopolizar9la producción yla distribución de un producto o servicio, controlando los precios del mismo en el mercado, al igual que para prevenir la libre competencia de agentes externos (Ambruster, 1945, p. 3). Por su parte, las autoridades (sobre todo norteamericanas) adoptaron este término para denominar al grupo dedicado al narcotráfico10como «cártel de droga»(drug cartelen inglés), siendo este un consorcio ilícito de agrupaciones independientes formado para limitar la competencia y controlar la producción y la distribución de estupefacientes (histórica y principalmente, opio, marihuana11, cocaína12y sintéticas) (Samuels, 2017). Estas asociaciones están concentradas territorialmente, caracterizándose por el empleo de la violencia13, la cual tiene como fin conquistar y administrar las actividades delictivas a desarrollar; generalmente, son sistemas piramidales que cuentan con avanzados modelos de producción, transporte, logística y seguridad (Sampó & Quirós, 2018). Han existido varios cárteles alrededor del mundo, entre ellos los colombianos Cártel de Medellín y Cártel de Cali, o los mexicanos Cártel de Sinaloa, Cártel de Juárez y Cártel de Tijuana (por solo mencionar algunos) (Samuels, 2017).

En su desarrollo, los cárteles pasan por tres fases: 1) la agrupación se caracteriza por ser un agresor competitivo, con limitados vínculos transnacionales y hacia otras organizaciones (p. ej., el Cártel de Medellín); 2) se observa una estructura de red más jerárquica, con mayor sofisticación para la corrupción y con vínculos con el mundo exterior (p. ej., el Cártel de Cali); y 3) el cártel se posiciona como un desafío estatal, cooptando notablemente a sus instituciones, deviniendoen un gobierno criminal que funciona simultáneamente en paralelo y en simbiosis al Estado (p. ej., el Cártel Jalisco Nueva Generación) (Sullivan & Bunker, 2002).

Relativo a México, el actual mapa de los cárteles se ha reducido a dos grandes organizaciones, el Cártel de Sinaloa y Cártel Jalisco Nueva Generación, entidades que dominan casi en su totalidad el mercado de la droga nacional, los cuales pueden cubrir todos los aspectos del narcotráfico, desde la producción hasta la distribución internacional; a continuación, debajo de estos dos cárteles, se ubican tres agrupaciones delictivas que han perdido algunas de sus capacidades, el Cártel del Golfo, los Beltrán Leyva y el Nuevo Cártel de Juárez, que son empleados por los dos grandes cárteles para llevar a cabo algunas tareas; después, se encuentran seis grupos delictivos, que son La Familia, Los Caballeros Templarios, Guerreros Unidos, Cártel del Noreste, Los Zetas (sus remanentes), Cártel Santa Rosa de Lima y La Unión Tepito; finalmente, existen 70 estructuras delictivas de menor nivel (Fernández Menéndez, 2020, pp. 17-18).

En los últimos 40 años, el término cártel (o cartel) ha sido de gran dominio público, tanto nacional como internacionalmente, en parte debido a la dimensión del problema que nombra. Pero algo muy interesante es que esta palabra inicialmente no emergió desde el interior de las organizaciones que describe, sino de agentes externos14; es más, algunos nombres importantes dentro de ese medio delictivo afirman que «los cárteles no existen»(no en la forma en que son conceptualizados generalmente), sino que se trata de creaciones de diversas autoridades. Por ejemplo, en una entrevista referida por el académico Luis Astorga (2016, pp. 194-195) de la revista Time a Gilberto Rodríguez Orejuela (aparente líder,junto con su hermano Miguel, del Cártel de Cali), este declaró que: «el Cártel de Cali simplemente no existe, sino que es una invención de la Agencia Antidrogas Norteamericana (Drug Enforcement Administration, DEA); hay muchos grupos, no solo un cártel, y tanto la policía como la DEA lo saben, pero prefieren inventar un enemigo monolítico». Por su parte, el periodista Ioan Grillo (2012a, p. 104) obtuvo una versión similar del representante legal del Cártel de Medellín, Gustavo Salazar, quien relató: «Los cárteles no existen, sino lo que hay es una colección de traficantes de droga; algunas veces trabajan juntos, otras no; los fiscales estadounidenses los llaman cárteles para hacer más fáciles sus casos, siendo todo parte del juego». Estos argumentos de los personajes sudamericanos mencionados no difieren mucho del expuesto por Miguel Ángel Félix Gallardo (líder del Cártel de Guadalajara) al escritor Diego Enrique Osorno (2019a, pp. 303-315): «En 1989 [previo a su detención] no existían los cárteles; después de lo de Posadas Ocampo se empezó a hablar de ellos; los funcionarios que inventaron lo de las plazas fueron los mismos que inventaron los cárteles». Un argumento similar explicó Joaquín Guzmán Loera el Chapo durante una entrevista para la revista Rolling Stone (2016); el camarógrafo le cuestionó si él formaba parte de un cártel, a lo que respondió: «No, señor, para nada, porque, este, la gente que se dedican (sic) a esta actividad, pues no dependen de mí».

Entonces, ¿qué pasa en México?

Las agrupaciones delictivas mexicanas (denominadas organizaciones y redes de delincuencia organizada, grupos de delincuencia organizada transnacional o cárteles mexicanos) cumplen con todos los criterios mencionados, pero en la realidad algunas de ellas llegan a ser más complejas que las descripciones y los elementos citados.

Los organismos de delincuencia organizada (inferido en la legislación mexicana y en el marco internacional) se conforman cuando tres o más personas premeditadamente se disponen para cometer (reiterada y permanentemente) algún delito grave (o conjunto de los mismos), con miras a obtener un beneficio financiero o material. Por su parte, los grupos de delincuencia organizada transnacional despliegan una amplia cartera de delitos que les generan cuantiosas ganancias económicas; poseen jerarquía y organización; emplean la fuerza y la corrupción para conseguir sus objetivos y ganar influencia en diversos ámbitos; y se desenvuelven mundialmente, lo que a su vez les permite aprovechar las oportunidades de distintos sitios. En el caso de las redes de delincuencia organizada, además de la variedad de delitos que desarrollan, estas obtienen ganancias multimillonarias y operan similar a empresas internacionales de gran envergadura. Las agrupaciones delictivas mexicanas cumplen con todas las características de las organizaciones de delincuencia organizada, de los grupos de delincuencia organizada transnacional y de las redes de delincuenciaorganizada, pero categorizarlas en estos rubros sería emitir un juicio reduccionista, hasta cierto punto simplificarlas, porque, como el lector se dará cuenta en el transcurso del libro, algunos de estos sistemas delictivos son de una naturaleza más amplia y sofisticada, los cuales poseen otros fines y componentes no considerados en las descripciones previas; entre ellos, una dimensión cultural, simbólica y hasta religiosa.

En algún momento, el término «cártel de narcotráfico» era apropiado para definirles, cuando el comercio de estupefacientes se encontraba en auge y este era su negocio exclusivo, pero la realidad actual se ha modificado paulatinamente y, a pesar de que estas organizaciones siguen traficando drogas como una de sus operaciones primarias,en algunas de ellas se ha dado prioridad a otras actividades15que les generan ganancias económicas sólidas, entre las que se encuentran la piratería, el secuestro, la trata de personas, la extorsión en diversas modalidades (como el derecho de piso), el lavado de dinero, o hasta el control y venta de recursos naturales (Ravelo, 2013, p. 93).

¿Protomafias?

Advertían hace algunos años especialistas en el área como Jean Francois Gayraud (2007, pp. 339-340) y Antonio Luigi Mazzitelli (2016, p. 36) que, por sus características y complejidad, los cárteles16mexicanos habían devenido progresivamente en protomafias. Este tipo de organizaciones se caracteriza porque integran los elementos que constituyen a un cártel de tercera generación (descrito con anterioridad) conjuntamente con lazos sociales (consanguíneos o forjados) en una cultura de lealtad construida dentro de un código criminal, que es respetado en una población determinada (Dimico, Isopi & Olsson, 2017). Además de (por lo general) desplegar una conducta que puede llegar a desafiar la autoridad estatal, estos grupos se vinculan con la clase política y el empresariado en un ámbito permeado por la ilegalidad, la deshonestidad y la corrupción (Lupo, 2009). Una característica central de la protomafia es el respeto que le brinda la población local frente a la violencia del Estado (Dimico, Isopi & Olson, 2017), el cual da lugar a que se sostenga la gobernanza criminal17(Lessing & Willis, 2019; Lessing, 2020), elemento que busca legitimarse por la aparente cercanía entre delincuentes y población, quienes compartirían el status de ser marginados por el gobierno (Willis, 2015; Feltran, 2020). Agrega Umberto Santino (2015, p. 43) que la protomafia (que él prefiere denominar premafia) se manifiesta principalmente en dos categorías: 1) las actividades criminales permanecen regularmente sin ser castigadas debido a que sus autores tienen vínculos con la gente de poder; y 2) los tipos de criminalidad diseñados para acumular riqueza son vistos como un ejercicio de dominio territorial. El puente progresivo hacia un estadio ulterior en las protomafias es que el poder pase a ser el último objetivo en sus actividades (Sampó & Ferreira, 2020, p. 112).

Al igual que lo ocurrido con las categorías descriptivas referidas con anterioridad, en el caso de algunas de las organizaciones mexicanas, su constitución y operatividad han sufrido una seria transformación que las sitúa por encima del concepto de protomafia, incursionando en el siguiente eslabón de la cadena evolutiva criminal.

¿Mafias?

Dentro del universo de la delincuencia organizada, existen grupos que han logrado subsistir inquebrantablemente a los diversos embates que les ha proporcionado el tiempo, las escisiones internas emergentes e inclusive la represión del Estado, posicionándose como las organizaciones criminales más efectivas y extendidas mundialmente (Coss y León Quiroz,2022, p. 29). Se denominan mafias18, y son indudablemente los entes delictivos más poderosos y desconocidos del planeta, los cuales han abandonado progresivamente la marginalidad para instalarse en los núcleos de los sistemas políticos y económicos (Gayraud, 2007, pp. 17-18). Dado su tamaño, longevidad, y complejidad operativa y cultural, así como multifuncionalidad, son completamente diferentes de las empresas delictuosas de menor escala, efímeras, que de forma continua se crean y disuelven en los mercados legales e ilegales de los países desarrollados (Paoli, 2014, p. 121). Estas agrupaciones representan el epítome del crimen organizado (Coss y León Quiroz, 2022, p. 30), entidades inmateriales, eternas, omnipresentes y omnipotentes (Hawkins, 1969, p. 26), un verdadero poder invisible (Sánchez Gudiño, 2006, p. 120).

Una mafia19es una organización (Falcone & Padovani, 2006, p. 37), empresa (Gambetta, 1996, p. 1; Santino, 2015, p. 10) o sistema (Forgione, 2009, p. 27; Antinori, 2015, p. 37; Sergi, 2017, p. 76) criminal-delictivo que busca ejercer un control territorial total (Williams & Savona, 1996, p. 50; Martinelli, Chiesi & Stefanizzi, 1999, p. 450; Paoli, 2003, p. 135; Gayraud, 2007, p. 281; Forgione, 2009, p. 15; Dalla Chiesa, 2010; Paoli, 2014, pp. 129-135; Sergi, 2017, p. 38) a través del despliegue de un amplio catálogo de actividades delictivas (Gayraud, 2007, p. 317; Calderoni, 2011, pp. 20-21), mientras, paralelamente, se infiltra en los ámbitos económico, político y social (Dalla Chiesa, 2010; Calderoni, 2011, pp. 20-21; Sciarrone & Storti, 2014; Scalia, 2016, p. 23; Sergi, 2017, p. 38). Este dominio no solo se remite a su lugar de origen, sino que, progresivamente, va migrando e internacionalizándose (Martinelli, Chiesi & Stefanizzi, 1999, p. 450; Savona, 2012, p. 6; Sergi, 2017, p. 38); cuenta con una organización grupal y estructura jerárquica plenamente definidas (Martinelli, Chiesi & Stefanizzi, 1999, p. 450; Gayraud, 2007, p. 302; Dalla Chiesa, 2010; Paoli, 2014, pp. 127-129), en las que la etnia (Ianni, 1974) o la familia (Siebert, 1996, p. 32; Seindal, 1998, p. 12) resultan sustanciales; posee un conjunto de creencias en el que son centrales mitos y leyendas particulares (Gayraud, 2007, p. 318; Nicaso & Danesi, 2013, pp. 39-40; Paoli, 2014, pp. 127-129), así como las ceremonias y ritos de iniciación (Seindal, 1998, p. 56; Paoli, 2003, p. 72; Gayraud, 2007, p. 334), todo dentro de un entorno de extrema secrecía (Seindal, 1998, p. 12; Paoli, 2003, pp. 101-114; Gayraud, 2007, p. 334; Sergi, 2017, p. 38). Por todas estas características, devienen en entidades duraderas al paso del tiempo, casi permanentes (Abadinsky, 1981, p. 39; Peterson, 1983, p. 418; Gayraud, 2007, p. 68; Paoli, 2014, pp. 126-127). Además de las características enlistadas, Enzo Ciconte, Francesco Forgione e Isaia Sales (2012, pp. 16-19) plantean las 5 cualidades que integran el «modelo mafioso», siendo estas: 1)cualidad social, que es la capacidad que tiene la organización de lograr que sean aceptados o reconocidos sus comportamientos, acciones y reglas por las comunidades donde se desenvuelven; 2)cualidad institucional, que es la capacidad de la agrupación para generar, conservar y nutrir relaciones de complicidad y beneficio mutuo con representantes de las instituciones estatales; 3)cualidad económica, que es la capacidad de la asociación para operar simultáneamente en los ámbitos legales e ilegales, con el propósito de imponer su control sobre ambos mercados; 4)cualidad ideológico-cultural, que es la construcción histórica pseudoideológica desarrollada por la agrupación para legitimar su accionar e intenciones por medio de un sistema particular de valores; y 5)cualidad regulatoria, en la que la organización tiene y utiliza un sistema de ordenamiento, el cual contempla normas, procedimientos, instancias y mecanismos de sanción que regulan la convivencia entre sus integrantes.

El término mafia fue empleado durante muchos años para denominar a las organizaciones delictivas Cosa Nostra, ‘Ndrangheta, Camorra y Sacra Corona Unita (Serenata, 2014, p. 1), pero este fenómeno criminal no es exclusivo de Italia, sino que además de estas existen otras no italianas, como las norteamericanas The Mob y The Outfit (también llamadas mafia italoamericana), las Tríadas chinas, la Yakuza japonesa, la mafia albanófona (Albanesa) y lamaffyaturca (Gayraud, 2007, pp. 151-155). Igualmente, han surgido la mafia coreana (Nicaso & Lamothe, 1995, p. 91), la mafia nigeriana (Finckenauer & Waring, 1998, p. 19), la mafia armenia (Shenfield, 2001, p. 97), la mafia israelí (Siegel, 2003, p. 55), la mafia rusa (Serio, 2008) y la mafia serbia (Peskin, 2008, p. 80), al igual que las mafias ucraniana, rumana y búlgara (Águila Sánchez, 2020, p. 144).

Como el lector podrá percatarse en el transcurso de la lectura del presente libro, algunas de las entidades delictivas mexicanas relevantes cumplen con los criterios de una mafia, siendo estas el Cártel de Sinaloa, Cártel Jalisco Nueva Generación, Cártel de Los Zetas, Cártel de La Familia Michoacana y Cártel de Los Caballeros Templarios. Otras agrupaciones, entre las que se encuentran el Cártel de Tijuana, Cártel de Juárez, Cártel del Golfo, Beltrán Leyva, Guerreros Unidos o Cártel Santa Rosa de Lima, no fueron incluidas en la investigación debido a que no cumplieron con todos los criterios para ser consideradas como mafias (esto a reserva de que en un futuro sea localizada o surja nueva información que permita integrarlas). Resulta relevante mencionar que, en este documento, se continúan nombrando a las agrupaciones como «cárteles» dada la razón de que esta palabra forma parte del nombre propio que les identifica, pero como lo demostrará la investigación realizada, ya no solo se trata de cárteles, organizaciones y redes de delincuencia organizadas o grupos de delincuencia organizada transnacional, sino de fenómenos mafiosos, verdaderas mafias mexicanas.

CAPÍTULO 2LONGEVIDAD Y PERMANENCIA

«Soy una infinidad de cosas ya cumplidas y una inmensidad de cosas por cumplir»(Walt Whitman, 2019, p. 44).

«Para llevar a cabo grandes empresas hay que vivir convencidos no de que somos longevos, sino inmortales»(Henry Kaiser)20.

«No sobrevivirá el más fuerte ni el más inteligente, sino el que más rápido se adapte a los cambios» (Charles Darwin)21.

Las mafias son entidades antiguas y firmes, poseedoras de herramientas que les permiten adaptarse a los tiempos cambiantes, de manera política, social y económica (Chubb, 1989, p. 20; Merlino, 2019, p. 140). Por instinto, este tipo de agrupaciones se funden a las realidades del momento, siendo capaces de subsistir, renovarse y prosperar (Gayraud, 2007, p. 331).

A pesar de haber sido objetivo de varias acciones por parte de las instituciones que las enfrentan, estas organizaciones no han sido erradicadas de sus epicentros (Sorman, 2009, p. 40). No handesaparecido por las circunstancias históricas o por el accionar del Estado22(Gayraud, 2007, p. 331). Un ejemplo de esto es que algunas de las principales mafias del mundo, como ‘Ndrangheta, Cosa Nostra, Camorra, Yakuza y las Tríadas chinas, tienen más de un siglo de antigüedad (Coss y León Quiroz, 2022, p. 113).

Históricamente, la permanencia mafiosa no se ha vinculado a rigidez e inmovilidad, sino a transformación y progreso (Coss y León Quiroz, 2022, p. 114). La destreza de estos grupos para sobrevivir y continuar creciendo se debe a que progresivamente desarrollan grandes habilidades tanto en resistencia23como en adaptabilidad a las condiciones cambiantes del ambiente donde operan (Castiello, Mosca & Villani, 2018, pp. 174-175). Bajo esta línea, la peligrosidad de los sistemas mafiosos no reside en la innegable brutalidad de sus crímenes, sino en su mutabilidad duradera, la cual les permite enraizarse en el tejido social, así como forjar posiciones de poder en los entornos político y económico (Scalia, 2016, p. 23). Además, es importante destacar también que otro factor adicional que les permite a estas asociaciones sobrevivir al pasar de los años es que se involucran en cualquier actividad que deje una ganancia económica (Torr, 1999, p. 44).

Por ende, las mafias no son problemas de esta época nada más, sino que han estado presentes a lo largo de la historia, debido a que son entidades cíclicas las cuales subsisten al tener una naturaleza dura y flexible simultáneamente, lo que les permite sobrevivir aunque caigan los jefes24; estos entes no se someten al ambiente, lo condicionan (Gayraud, 2007, pp. 329-332).

A continuación, serán explicados algunos de los puntos más relevantes del desarrollo cronológico que han tenido las mafias mexicanas, desde sus orígenes hasta su estado actual.

CÁRTEL DE SINALOA

El Cártel de Sinaloa (CDS) es una de las organizaciones delictivas transnacionales más antiguas de México. En términos generales, su desarrollo ha pasado por cinco fases.

La primera, que consiste en los antecedentes, se remonta a Sinaloa en los años 60 y 70, cuando Pedro Avilés Pérez25el León de la Sierra, dirigente de una clica local quien devino en el primer capo importante del narcotráfico, asentó las bases que darían forma a la organización criminal de la que emergerían los futuros cárteles (Hernández, 2018, pp. 33-34). Posterior a la ejecución de Avilés, se formó una nueva agrupación, la cual se desplazó al estado de Guadalajara26, para que el triunvirato integrado porRafael Caro Quintero27el Príncipe, Ernesto Fonseca28y Miguel Ángel Félix Gallardo29el Jefe de Jefes conformaran el Cártel de Guadalajara, el primer cártel oficial en México,el cual operó por más de una década (1977-1989), expandiendo sus dominios a principios de los 80 a través de la exportación de cocaína junto con los cárteles colombianos, para quedar expuesto públicamente en el año de 1985 tras el asesinato del agente de la DEA Enrique «Kiki» Camarena30, lo que finalmente derivó en la captura de sus líderes (Valdés Castellanos, 2013, pp. 182-208).

La segunda fase, de origen y desarrollo, ocurrió cuando después del desmantelamiento de la cúpula del Cártel de Guadalajara31, los capos restantes analizaron32el futuro del hampa mexicano, pero fueron inevitables los conflictos33entre los mismos por el control de plazas y rutas, generando un caos (Grillo, 2012a, pp. 130-131) del cual emergieron básicamente dos facciones: el grupo de Sinaloa, dirigido por Manuel Salcido el Cochiloco junto con los hermanos Arellano Félix; y el agrupamiento de Juárez, comandado por Rafael Aguilar Guajardo (excomandante de la Dirección Federal de Seguridad), apoyado por Amado Carrillo, el Güero Palma y el Chapo. El Cochiloco fue asesinado en 1991, por lo que los Arellano tomaron el mando, creando el Cártel de Tijuana; por su parte, Aguilar Guajardo fue ejecutado en 1993, por lo que Amado Carrillo asumió el liderazgo del entonces Cártel de Juárez (Pérez Dávila & Atuesta Becerra, 2016, p. 16). Comenzaron enfrentamientos relevantes entre el Cártel de Tijuana y la célula dirigida por el Chapo Guzmán34(en este punto, el Chapo y el Mayo iniciaron el armado del CDS) (Montenegro, 2022a). La guerra Tijuana-Sinaloa35se intensificó, alcanzando el clímax en 1993, cuando en el aeropuerto de Guadalajara fue ejecutado el arzobispo Juan Jesús Posadas Ocampo durante el fuego cruzado entre la gente de el Chapo y de los Arellano. A raíz de este evento, tanto Guzmán Loera como la familia Arellano Félix recibieron atención mediática, derivando en la detención de el Chapo dos semanas después (Osorno, 2019a, pp. 75-77).

En la tercera fase de consolidación, Joaquín Guzmán Loera fue encerrado en el penal de Puente Grande (Jalisco), pero desde el interior del mismo continuó codirigiendo el CDS, contando con el apoyo al exterior de diversos operarios. A inicios del s. XXI ocurrieron cambios importantes, porque Guzmán Loera escapó de la cárcel en 2001, y un año más tarde fue desarticulado el Cártel de Tijuana con el homicidio de Ramón Arellano y la detención de Benjamín Arellano. En esta época, el Chapo rompió lazos con Amado Carrillo36, teniendo el primero de aliados a los hermanos Beltrán Leyva (Valdés Castellanos, 2013, pp. 299-313), los cuales se separaron de este en 2008 a raíz de que lo responsabilizaron de brindar información que condujo a la detención de Alfredo Beltrán Leyva el Mochomo (Hernández, 2018, pp. 418-421); el Chapo devino en la cara visible del CDS, pero desde hace casi una década atrás la organización ya era operada por él junto con Ismael el Mayo Zambada37y Juan José Esparragoza el Azul38.

En una cuarta fase, de reestructuración, Guzmán Loera fue arrestado en 2014, dejando momentáneamente la codirección del CDS en manos del Mayo y el Azul (quien presuntamente murió ese mismo año de un ataque cardíaco), volviendo a escapar de prisión un año más tarde a través de un túnel39debajo de su celda (Lissardy, 2019); seis meses después fue reaprehendido por las autoridades mexicanas y extraditado a Estados Unidos40, donde llevó un juicio. Este momento fue crítico en el CDS debido a que inició una lucha interna por el control del mismo entre la mano derecha y compadre de Guzmán Loera, Dámaso López Núñez el Licenciado41, y el Mayo y los Chapitos (hijos del Chapo) (Gallegos, 2017).

En la quinta fase, la actual, la cúpula del CDS, que opera horizontalmente, está integrada por tres facciones: la del Mayo Zambada, la de los Chapitos (Joaquín, Ovidio, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo) y la de Aureliano Guzmán el Guano (hermano del Chapo) (Fernández Menéndez, 2020, p. 54). Esta organización tiene operación significativa en 15 de los 32 estados de la República Mexicana, controlando el narcotráfico en varios regiones, particularmente a lo largo del Pacífico; mantiene la presencia internacional más amplia en comparación con otras organizaciones criminales transnacionales mexicanas, lo que le proporciona ventaja sobre sus rivales; exporta y distribuye grandes cantidades de fentanilo, heroína, metanfetamina, cocaína y marihuana; y respecto al narcotráfico hacia Estados Unidos42, controla las rutas de Arizona y California (DEA, 2021, pp. 66-67).

El principal negocio del CDS se encuentra en el narcotráfico (DEA, 2021, p. 66), del cual controla entre el 40% y 60% a nivel nacional (CRS, 2022, p. 25), pero en su diversificación también ha llegado a desarrollar otros delitos como homicidio, fraude, contrabando, apuestas ilegales, usura, extorsión, receptación, blanqueo de capitales y tráfico de armas (Cetina, 2021), actividades de las que obtiene una ganancia aproximada de entre 4000 (El Debate, 2017a) y 600043millones de dólares anuales (Flores Nández, 2012, p. 85).

Figura 1.

Líderes del CDS

CÁRTEL JALISCO NUEVA GENERACIÓN

El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) es una de las organizaciones delictivas transnacionales de más rápido crecimiento, siendo junto con el CDS los dos sistemas más dominantes de México. En síntesis, el CJNG ha atravesado por cinco fases:

En la primera, los antecedentes a su conformación se remontan al año 2008, cuando rompieron relaciones el CDS con el Cártel de los Beltrán Leyva, quedando de aliado del Chapo el grupo conocido como Cártel del Milenio o Cártel de los Valencia, organización dirigida por Óscar Orlando Nava Valencia el Lobo (quien recibía instrucciones directas de Ignacio «Nacho» Coronel del CDS) que se encargaba, entre otras cosas, del manejo de las finanzas del CDS (SEDENA, 2009); a raíz de la detención del Lobo y el abatimiento de Nacho Coronel, el Cártel de Milenio se dividió en dos bandos denominados La Resistencia y Los Torcidos, agrupaciones enfrentadas por el control del narcotráfico en el estado de Jalisco; Los Torcidos, que eran comandados por Nemesio Oseguera Cervantes el Mencho44, devinieron en el CJNG (Milenio, 2020a).

En una segunda fase de origen y desarrollo, los exmiembros del Cártel del Milenio Nemesio Oseguera Cervantes el Mencho y su cuñado, Abigael González Valencia el Cuini, comenzaron a sentar las bases de sus respectivos cárteles (CJNG y Los Cuinis); se comenta que en este punto de independencia, el Cuini financió económicamente el proyecto del Mencho, buscando que iniciara la operatividad de la organización para así más adelante, cuando esta se consolidara, convertirse en socio y operador financiero de la misma (Flores Martínez, 2021). Aparte de la adhesión del Cuini, también se asociaron a la agrupación del Mencho Erick Valencia Salazar el 85 y Martín Arzola Ortega el 53, excompañeros de Oseguera, quienes robustecieron la operatividad (Radio Fórmula, 2022).

En la tercera fase ocurrió la consolidación del CJNG, la cual comenzó en el último año de mandato del expresidente Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012), y se acentuó a la par de la gestión del expresidente Enrique Peña Nieto (2012-2018), periodo en el que la organización criminal alcanzó un crecimiento desproporcionado, así como una franca expansión nacional e internacional (Vela, 2021). Tan solo en el lustro del 2010 al 2015, logró controlar la entidad que les vio nacer (Jalisco), para emigrar y extender su influencia a los estados de Nayarit, Veracruz, Michoacán, Guerrero y Colima (Vela, 2015), a la vez que disputaba a Los Zetas sus territorios (Veracruz, Guerrero y Oaxaca) (Castillo García, 2021); información de la DEA revela que ya en el año 2014, sus operaciones se expandían hacia Estados Unidos, Canadá, Asia y Europa (Galván, 2020). En el último año del periodo mencionado (2015), ocurrieron varios eventos relevantes para esta agrupación, destacando que, a inicios de mayo, el CJNG derribó un helicóptero militar con un cohete antitanque RPG-27, dejando un saldo de ocho muertos, lo que mostró su capacidad bélica y escaso miedo ante las fuerzas de seguridad (Angel, 2015b); además, a finales del mes citado y en junio, fueron detenidos el Cuini (Vicenteño, 2015) y Rubén Oseguera Cervantes el Menchito, hijo del Mencho y presunto operador financiero del CJNG (Vicenteño & Flores, 2015). Ambos aseguramientos fueron golpes certeros a la operatividad de la asociación.

En la cuarta fase, el CJNG, ya en la cumbre como el grupo de delincuencia organizada mexicano de más rápido crecimiento y con mayor influencia en los estados, enfrentó una serie de problemas vitales, viéndose involucrado en un conjunto de eventos graves. En el año 2017, miembros importantes de su estructura desertaron de sus filas para crear su propia organización, llamada Cártel Nueva Plaza, quienes fueron apadrinados por el CDS para combatir al Mencho (Gutiérrez González, 2020). En el año 2020 el CJNG se vio involucrado en dos acciones muy relevantes. En primer lugar, el 2 de junio dio inicio la Operación Agave Azul, que tuvo por objetivo golpear el núcleo financiero del CJNG; para esto, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) mexicana trabajó en conjunto con la DEA, ubicando a 1669 personas ligadas a la organización criminal (no solo familiares directos, sino otra serie de vínculos), lo que permitió a la UIF tanto elaborar el mapa de la red de lavado de dinero como descubrir las diez principales entidades federativas donde se hacían las operaciones, destacando el estado de Jalisco45, sitio donde se realizaban el 60% de las acciones; se encontraron movimientos económicos «inusuales» por 105 millones de dólares, operaciones financieras «relevantes» por 532 millones de dólares y transferencias internacionales por 148 millones de dólares (Hernández, 2020). La Operación Agave Azul resultó positiva para conocer con mayor certeza el crecimiento y la dimensión del CJNG, pero lamentablemente, en términos económicos, no cumplió con lo esperado, porque del universo de recursos detectados, la UIF solo pudo congelar el 3.88% del mismo, por lo que prácticamente la riqueza del CJNG quedó intacta (Herrera, 2021). En segundo lugar, el 28 de junio esta agrupación orquestó el ataque contra el jefe de la policía de Ciudad de México, Omar García Harfuch46, en el que 20 sicarios vaciaron (por un lapso de tres minutos) 414 disparos de varias armas (como fusiles de asalto y Barret calibre 50) sobre su vehículo blindado; el secretario recibió tres impactos de bala, sobreviviendo a la ofensiva, pero en el sitio perdieron la vida tres personas (García, 2021). En este mismo año (2020) comenzó una crisis interna en el CJNG a raíz de que se difundió que el Mencho padece insuficiencia renal (problema con el que ya lleva varios años), por lo que empezó una lucha por el poder, la cual se ha permeado de golpes bajos y traiciones (Ravelo, 2021a, p. 266). El 9 agosto de 2022, durante un lapso de tres horas, esta mafia fue la autora material de una noche de extrema violencia en los estados de Guanajuato (municipios de Apaseo el Grande, Celaya, Irapuato, Salamanca y Silao) y Jalisco (municipios de Ixtlahuacán y Zapopan) cuando protagonizó enfrentamientos con fuerzas de seguridad, bloqueos e incendios de tiendas y vehículos; se contabilizaron más de 40 ataques, el 90% de los cuales se focalizaron en tiendas Oxxo; se presumía que este lamentable hecho ocurrió por el intento de captura de Ricardo Ruiz «Doble R», uno de los cabecillas del Grupo Élite del CJNG (De Mauleón, 2022).

En una quinta fase actual, CJNG tiene presencia significativa en 23 de los 32 estados mexicanos, expandiéndose en mayor medida en el centro del país y en áreas estratégicas de la frontera con Estados Unidos; posee influencia sobre el puerto más transitado de México, el Puerto de Manzanillo, desde el cual distribuye enormes cantidades de drogas; esta agrupación es polinarcotraficante, ya que fabrica y distribuye fentanilo, heroína, metanfetamina y cocaína; igualmente, introduce narcóticos en territorio norteamericano por Tijuana, Juárez y Nuevo Laredo (DEA, 2021, p. 67).

El principal negocio del CJNG se encuentra en el narcotráfico (DEA, 2021, p. 67), pero ha diversificado su portafolio delictivo al robo de combustible, extorsión, secuestro, cobro de piso a empresas legales y giros negros (Ravelo, 2021b), narcomenudeo, falsificación y piratería (Gutiérrez González, 2018), así como lavado de dinero (Hernández, 2020). No se tienen estimaciones confiables de las ganancias anuales del CJNG, pero a decir de la DEA, es probable que la organización posea un capital de 20 000 millones de dólares (Carbajal, 2018), y que a su vez el Mencho cuente con una fortuna personal de 1000 millones de dólares (Fernández Menéndez, 2020, p. 112).

Figura 2.

Líderes del CJNG

CÁRTEL DE LOS ZETAS

En su momento, el Cártel de los Zetas fue conocido como el más sanguinario y temido de México, responsable de matanzas, decapitaciones y operativos de sobrada precisión militar (Pérez Salazar, 2014a). En resumen, esta organización ha pasado por cinco fases.

La primera, de los antecedentes de la formación de Los Zetas, se remonta al año 1988, cuando el líder del Cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén, encargó a su guardaespaldas Arturo Guzmán Decena (un exmilitar de élite) que formara su escolta personal, integrada por los elementos mejor entrenados que conociera; Guzmán Decena convenció a militares de élite para que abandonaran las filas del ejército y se unieran a Osiel Cárdenas, persuadiendo principalmente a sus excompañeros del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), unidad castrense entrenada para operaciones de extrema complejidad (contrainsurgencia, uso de armas especializadas, tareas de respuesta rápida, etc.) (Sánchez Valdés & Pérez Aguirre, 2013, pp. 8-10). Estos serían los primeros pasos en la conformación de Los Zetas47, cuando 7 miembros48(llegando a 31 en los primeros años) del GAFE se unieron a Decena (a la postre conocido como Z-1) y Osiel.

En la segunda fase de origen y desarrollo de Los Zetas, Z-1 tuvo un papel fundamental, creando los cimientos operativos49, así como estando tres años frente al grupo, hasta que fue asesinado en un enfrentamiento con el ejército mexicano en el año 2002, justo en el restaurante de su novia ubicado en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas; un año después (2003), Osiel Cárdenas fue capturado en la misma localidad (Milenio, 2015b).

En una tercera fase de consolidación, posterior al deceso de Z-1 y a la aprehensión de Osiel, Heriberto Lazcano Z-350(que en ese momento era su más importante estratega de seguridad) subió a la dirección de Los Zetas, encargándose de reforzar y ampliar su cuadrilla, lo que les permitió pasar de ser el brazo armado del Cártel del Golfo a tener una participación más importante, separándose finalmente de este en el año 2010 (Saviano, 2014, pp. 129-130). Z-3 se caracterizó por mantener un perfil discreto y bajo su dirección Los Zetas ganaron un enorme poder51(operaban en al menos 10 entidades), organizándose en una estructura de células en la que los miembros de menor jerarquía tenían poco conocimiento de las operaciones relevantes, blindando así la información vital. Este cártel tuvo una división interna en julio 2012, lo que generó dos facciones rivales: la primera dirigida por Z-3, y la segunda comandada por Miguel Ángel Treviño Morales Z-40 (ambos capos se acusaban mutuamente de traición); Z-3 se encontraba en esos momentos fuera del país (algunos analistas coinciden en que esta situación fue el motivo de que fuera menguando su poder), pero su facción era liderada por Iván Velásquez Caballero el Talibán (capturado en septiembre de ese año) (InSight Crime, 2017). Z-3 fue ejecutado52por la marina mexicana en octubre del mismo año (2012), siendo sustituido en el liderazgo de la agrupación por Z-40 (Gaines & Kremling, 2013, p. 295).

En la cuarta fase de fragmentación y declive de Los Zetas, tuvo un papel central el mando de Z-4053, para quien no fue fácil su llegada al poder, ya que, semanas después de la muerte de Z-3, un conjunto de opositores a Treviño Morales anunció la formación de una nueva agrupación, Los Legionarios, quienes entrarían en conflicto con este al considerarlo un traidor (Gutiérrez, 2012). La gestión de Z-40 se caracterizó por la diversificación de la cartera de actividades delictivas de Los Zetas, porque aparte del narcotráfico, también se dedicaron a cobro de derecho de piso a comercios, obtención de cuotas de fayuqueros y giros para adultos como bares, sitios de table dance y casas de citas, además de exigir aportaciones a los huachicoleros54(personasque se dedican al robo de hidrocarburos). Al mandato de Z-40 se lo relaciona con eventos muy graves, entre ellos el secuestro y asesinato del hijo de Humberto Moreira (exgobernador de Coahuila) (Zeta Tijuana, 2013); el incendio del Casino Royale55y la Masacre de Allende56(Vanguardia, 2019). Z-40 fue detenido57en el año 2013 mediante un operativo en el que no se disparó una sola bala (Pérez Salazar, 2013). El liderazgo de Los Zetas quedó en manos del hermano de Z-40, Alejandro Treviño Morales Z-42, miembro activo en los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila. Durante su gestión, el cártel se enfocó en narcotráfico, homicidios, secuestro y blanqueo de capitales a través de diversas empresas de cría de caballos; de igual forma, enfrentó retos importantes, como mantener la cohesión grupal, ya que varios compañeros no lo consideraban un líder sólido y capaz; finalmente, fue capturado en el 2015, dos años después que su hermano Z-40 (InSight Crime, 2021). Ya con los hermanos Treviño tras las rejas, vino un declive de Los Zetas, una época de cambios y reestructuraciones obligatorias, dado que, como describe Hope (2018), este cártel fue víctima de su propio éxito, creciendo amplia y aceleradamente, teniendo por carta de presentación la brutalidad (masacres, torturas, mutilaciones, etc.) y el carecer de discreción (dejando por todos lados su «marca Z»58), lo que inevitablemente atrajo la atención gubernamental, por lo que fueron cazados los líderes, quedando fragmentada la agrupación en varias facciones (entre ellas, Zetas Vieja Escuela y Cártel del Noreste), o en células (los llamados Zetitas); conservan la cultura zeta (propensión por la crueldad y actos extremos), pero sus acciones tienen una escala menor que cuando eran dirigidos por Z-3 o Z-40.

En una quinta fase actual, Los Zetas y su facción más prominente, el Cártel del Noreste, tienen presencia en el área nororiental de México, principalmente en los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, lo que les permite ingresar estupefacientes al territorio norteamericano por Laredo y Paso del Águila en Texas; igualmente, a través de los años, su estructura se ha visto debilitada tanto por los embates de la ley como por conflictos y escisiones internas, aunque actualmente siguen en operación (DEA, 2021, p. 67).

En algún punto histórico, Los Zetas fueron considerados una organización paramilitar dedicada exclusivamente al narcotráfico, pero al examinar los expedientes de las investigaciones sobre este grupo, resultaba evidente que cometían otros 18 tipos de delitos (Buscaglia, 2015, p. 67), entre los que se incluían trata y tráfico de personas, piratería, fraudes cibernéticos, tráfico de armas y recursos naturales, secuestros y extorsiones regionales masivas (Ravelo, 2014, p. 10), restando progresivamente importancia al tráfico de estupefacientes (Buscaglia, 2015, p. 67). Se estima que Los Zetas acumulaban ganancias aproximadas de 5000 millones de dólares anuales (Flores Nández, 2012, p. 87). De este monto, presuntamente recibían 350 millones de dólares por año tan solo de la exportación de cocaína (aproximadamente 40 toneladas) a Estados Unidos, cifra que destinaban casi en su totalidad para combatir a sus rivales del Cártel del Golfo (Carrillo, 2013). Su legado fue dejar un nuevo modelo criminal en México, el cual tiene cinco puntos medulares: 1) rompieron con el predominio del CDS; 2) extendieron la presencia del narcotráfico por el este y sureste del país; 3) emplearon la violencia como método disciplinario; 4) profesionalizaron la violencia mediante la incorporación de militares de élite; y 5) transformaron la operatividad al combinar el narcotráfico con el saqueo de los ingresos y el patrimonio de los ciudadanos (Valdés Castellanos, 2013, pp. 261-262).

Figura 3.

Líderes de Los Zetas

CÁRTEL DE LA FAMILIA MICHOACANA

El Cártel de La Familia Michoacana (LFM) es un ejemplo extremo del paradójico enemigo al que se enfrenta México al combatir a la delincuencia organizada. Fue concebido originalmente como una estructura social, encargada de la autoprotección entre productores de marihuana y opio en el estado de Michoacán, deviniendo con el pasar de los años en algo más complejo que un cártel común (Gibbs, 2009). En síntesis, esta organización ha pasado por cinco fases.

La primera, concerniente a los antecedentes, se remonta a la década de los 90, cuando el narcotráfico en Michoacán era manejado por Los Chelos de Coalcomán, Los Tirado de Apatzingán, Los Naranjo de la Huacana, Los Valencia de Zitácuaro y Los Valencia de Uruapan, siendo esta última agrupación la que llegó a dominar la actividad debido a que estableció una alianza estratégica con los Arellano Félix y a que contaba con una red de protección gubernamental, a la que pertenecían Víctor Manuel Tinoco Rubí (Gobernador del Estado), Antonio García Torres (secretario general de Gobierno) y Eduardo García Torres (procurador de justicia estatal) (Ramírez Yáñez, 2013). Inicialmente, el narcotráfico se acotaba a la marihuana, pero en 1999 Los Valencia incursionaron en las drogas de diseño, principalmente cristal. En el año 2001, el exprofesor de educación primaria Servando Gómez Martínez (quien después fue conocido localmente como la Tuta) fundó junto con otros personajes el grupo denominado La Empresa, el cual pretendía arrebatar el control del narcotráfico a Los Valencia. Para lograr este objetivo, se unieron con Los Zetas59; además, Servando Gómez la Tuta participó en la fundación de centros de ayuda para jóvenes adictos a las drogas, los cuales con el pasar de los años se transformarían en sitios de reclutamiento de sicarios (Nájar, 2011).

En la segunda fase, de origen y desarrollo, la alianza Golfo-Zetas y Empresa contra los Valencia por el dominio del narcotráfico en Michoacán, al igual que la separación en el año 2006 de la última (La Empresa) de los primeros (Golfos y Zetas), dio lugar al nacimiento de la Familia Michoacana, dirigida por Nazario Moreno González el Más Loco, José de Jesús el Chango Méndez y Servando Gómez la Tuta, contando también con la participación vital de Arnoldo Rueda la Minsa y Carlos Rosales Mendoza el Tísico (Beltrán & Vizcarra, 2010). El Más Loco, en primer lugar, y el Chango Méndez, en segundo, eran los líderes más fuertes de la organización, quienes contaban con mayor poder económico y apoyo de las corporaciones policíacas; ambos fueron quienes iniciaron el cobro de cuotas a los sujetos dedicados a las actividades relacionadas al narcotráfico con el propósito de que pudieran operar con mayor soltura en Michoacán (Quiroz, 2011).

En la tercera fase, de consolidación, estando LFM en la cúspide de su poder, esta logró desterrar a Los Zetas de Michoacán, para expandir su influencia progresivamente hacia los estados de Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Morelos y Querétaro. Se convirtió en un cártel sólido, poderoso y brutal, cuyas actividades incluían, entre muchas otras, narcotráfico, secuestro y extorsión; dentro de sus fortalezas se encontraban sus tácticas violentas y su sólida base operativa, así como su ideología pseudorreligiosa (InSight Crime, 2020b). Fue una agrupación orgullosamente regionalista, que supo ganarse el apoyo público en el occidente de Michoacán, donde actuó como estado de facto al resolver las disputas locales, proveer de fuentes de empleo y hacer trabajo social. Tuvo contacto internacional para la distribución de metanfetamina, llegando sus lazos hasta Holanda, India, China y Bulgaria (InSight Crime, 2020b).

En la cuarta fase, de fragmentación y declive, la aparente muerte del Más Loco60en 2010 fue un parteaguas en la historia de LFM, ya que provocó la ruptura entre los líderes y la desarticulación de la organización. Un año después (2011), los principales jefes restantes (el Chango Méndez61y la Tuta) se pelearon y dividieron, por lo que la Tuta, junto con Enrique «Kike» Plancarte, formaron un nuevo grupo, el de Los Caballeros Templarios, que pelearía a La Familia Michoacana el control de narcotráfico y cobro de rentas en Michoacán (La Razón de México, 2011). A mediados de 2011, fue detenido el Chango Méndez, evento que lapidó la estructura de mando de LFM (Quiroz, 2011).

En una quinta fase actual, LFM tiene su base organizativa en el estado de Michoacán; su capacidad operativa se ha degradado recientemente debido a las disputas entre cárteles, así como por las acciones efectivas de las fuerzas de seguridad en su contra. Posee vínculos con el CJNG, además de trabajar con otros grupos más pequeños en lo relativo a tareas de narcotráfico (DEA, 2021, p. 68). Cuenta con células operativas que participan en el narcotráfico, secuestro y extorsión en áreas del estado de Guerrero, aunque estaban siendo expulsados de Michoacán por remanentes de Los Caballeros Templarios y otros grupos (InSight Crime, 2020b). Para el año 2021, retomaba fuerza en las entidades del Estado de México, Guerrero y Michoacán (Arrieta, 2021). LFM ataca con tácticas guerrilleras que aprovechan el territorio agreste, dominando la zona sur mexiquense bajo el liderazgo de los hermanos Hurtado Olascoaga, Johnny el Pez o el Mojarro y José el Fresa, cabecillas junto con Silverio Martínez Hernández «Fierros» y Comandante Mala (Medardo Hernández Vera «Lalo Mantecas» murió en fechas recientes) (Infobae, 2022d).

LFM inauguró, sobre la base del modelo criminal de Los Zetas (narcotráfico y extorsión social), un nuevo estilo delictivo con una estrategia diferente: 1) un discurso novedoso en el cual se dice una organización producto de la misma sociedad que surgió para defenderla de criminales fuereños y malos gobiernos; y 2) el intento de esconder su naturaleza criminal detrás de una supuesta base de apoyo, construida mediante el reparto de algunos beneficios sociales (Valdés Castellanos, 2013, p. 268). Esta agrupación obtenía la mitad de sus recursos del tráfico de drogas en el país, y el resto lo conseguía de otras actividades como el contrabando, extorsión, secuestro, trata y tráfico de personas (El Confidencial, 2009), homicidio, lavado de dinero y tráfico de armas, así como piratería de discos de audio y películas (Reyes Maza, 2011). Se estimaba que, tan solo en el año 2012, este agrupamiento había acumulado ganancias aproximadas de 5000 millones de dólares (Flores Nández, 2012, p. 87).

Figura 4.

Líderes de LFM

LOS CABALLEROS TEMPLARIOS

El cártel de Los Caballeros Templarios (LCT) tuvo por carta de presentación ser aparentemente una orden encargada de luchar contra el materialismo, la injusticia y la tiranía del mundo (empezando por su casa, colonia, ciudad, estado o país), la cual peleaba contra el desmoronamiento de los valores morales y los elementos destructivos que prevalecen recientemente en la sociedad humana (Padgett, 2013a). En resumen, esta organización ha pasado por cinco fases.

En la primera fase, los antecedentes, tras la supuesta muerte del Más Loco en 2010, Kike Plancarte y la Tuta asumieron el dominio de LFM; sin embargo, un año más tarde (2011) el Chango Méndez quiso tomar el control del cártel, hecho quefracturó internamente a la asociación criminal (Milenio, 2015a).

En la segunda fase, de origen y desarrollo, con la ruptura mencionadasurgieron Los Caballeros Templarios62bajo el liderazgo de Kike Plancarte63