Magui - Margarita Aquino - E-Book

Magui E-Book

Margarita Aquino

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Beschreibung

Es un proyecto periodístico relacionado con la vida de la ciudadana dominicana, Margarita Aquino, que se vio plasmada en un libro, cuya redacción estuvo a cargo del Locutor Nacional, Jorge Dip. Su vida en su país natal, la infancia en un paisaje caribeño, situaciones trágicas a partir de su adolescencia, la llegada a la Argentina engañada para ejercer de manera obligada la prostitución, hasta llegar a un mensaje de superación, forman parte de esta trama. Son las trascripciones de las entrevistas que mate mediante, buceando en los acontecimientos, en los sentidos, en diálogos interrumpidos para tomar aire luego de tocar una fibra que parecía adormecida, olvidada de manera inconsciente para mitigar una herida.

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Seitenzahl: 477

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Página de legales

EDITORIAL SERVICOP®

Producción gráfica: Servicop

Diseño de cubierta e interiores: Servicop

© 2024, Margarita Aquino y Jorge Dip

E-mail: [email protected]

Web: www.contatuhistoria.com.ar

Hecho el depósito que establece la Ley 11.723

Impreso en Argentina

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización de los autores.

Primera edición en formato digital

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto451

Aquino Fragobo, Margarita

Magui : la mujer de las mil batallas / Margarita Aquino Fragobo ; Jorge Orlando Ceferino Dip. - 1a ed. - La Plata : Arte editorial Servicop, 2025.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-803-938-1

1. Biografías. I. Dip, Jorge Orlando Ceferino II. Título

CDD 920.72

Índice de contenido

Portada

Portadilla

Legales

“Infancia caribeña”

“Descubriendo los sentidos”

“El despertar de la adolescencia”

“Inicio de un infierno”

“Profundizando el dolor”

“Pequeña liberación”

“Episodios de dolor”

“Recordada visita”

“Conviviendo con el delito”

“Contacto con la familia”

“Vivir con la violencia”

“Escapar del miedo”

“Regresando a la casa de la familia”

“Amores cruzados”

“Promesas de una vida feliz”

“Engaño consumado”

“El mundo de la prostitución”

“Huida transitoria”

“El amor en medio de la tormenta”

“La relación con Salvador”

“San Cayetano, la reconstrucción de los afectos”

“Intenso viaje a Dominicana”

“La búsqueda de los hijos”

“Conociendo a Dios”

“La trágica enfermedad de un hijo”

“Superación de la pérdida”

“La tragedia de una hija”

“Continuar pese a las adversidades”

“Transmitiendo la fe”

“El presente de Margarita”

Agradecimientos Magui

Agradecimientos Jorge

Lista de páginas

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Puntos de referencia

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Portadilla

Tabla de contenidos

Comienzo de lectura

“Magui” podría ser la musa inspiradora de una canción melancólica sobre amores perdidos, de nostalgias mirando el fondo de un vaso de vino llorando un desengaño. En cambio, le tocó nacer en un país cálido, con aires de merengue, rodeada de un paisaje paradisíaco. En su República Dominicana natal, cuando no tenía idea del infierno que iba a transitar, ya había indicios de un misticismo que le permitiría salir de horrores y sobreponerse en la vida.

Desde mi rol de comunicador, mediante entrevistas con la protagonista de esta historia, intentaré obtener los testimonios necesarios para que esta mujer valiente cumpla la misión de arrojar luz y esperanza para quienes piensan que el destino ya no les dará la oportunidad de sonreír. La objetividad quedará en un cajón, porque nuestros diálogos serán tan profundos como dolorosos, intensos como una brisa refrescante, cara a cara, con lágrimas caudalosas que brotan de nuestro interior.

El primer acercamiento con Magui, más allá de conocerla, de vernos o cruzarnos en el lugar donde residimos, una pequeña ciudad al sudeste de la provincia de Buenos Aires, en Argentina, fue un mensaje de Whatsapp que me envió solicitando una reunión, que debía ser presencial. La curiosidad periodística activó mi adrenalina, aunque fijamos fecha para cinco días después. Poco sabía sobre esta mujer, más allá de los rumores pueblerinos. Conocía muy poco sobre su familia, pero si tenía el dato que había ejercido la prostitución, así venía etiquetada en los comentarios de la calle, siempre con la intención de denigrar, descalificar, humillar. Con la hipocresía de quienes miran para otro lado cuando ven a las mujeres que por diferentes razones, se vieron envueltas en tener que ofrecer su cuerpo a cambio de dinero para satisfacer un deseo primitivo a señores que se comportan como animales durante la noche, volviendo a su vida cotidiana con una anécdota para la próxima reunión entre amigos, creyéndose muy hombres.

No voy a ser hipócrita, porque también he efectuado comentarios despectivos, por llevar la corriente a un ocasional interlocutor o para reafirmar una masculinidad absurda. Alguna vez dejé brotar el instinto irracional y decir que “…son prostitutas porque les gusta hacer la plata fácil…”, o peor aún, llamarme a silencio cuando alguien expresa que “…las negras vinieron a este país para eso…”. Me siento horrible por mis expresiones, pero más por la omisión, por dejar pasar en ciertas personas, semejantes afirmaciones, sin cuestionar ni objetar ni defender a quienes no estaban presentes, pero sentían la mirada acusadora de los vecinos.

En la primera charla con “Magui”, ella me planteó una hermosa idea, poniendo su vida en tela de juicio, sabiendo que al contar sus penurias y satisfacciones, será juzgada y calificada por la sociedad. Con una enorme resiliencia, sin odios ni rencores, me hizo un resumen del camino recorrido, para finalizar con una gran sonrisa, que solo tienen los que han perdonado y sienten a Dios en su corazón. El objetivo trazado es ayudar a esas mujeres que viven o vivieron el calvario de ser obligadas a prostituirse, para que tengan una llamita de esperanza entre tanta desolación. El mensaje que, a pesar de los padecimientos, existe la chance de volver a tener un trabajo digno, rodearse de afectos sinceros, enamorarse hasta los huesos, recibir el día sin el temor ni el asco que produce desnudarse ante un tipo y fingir un orgasmo por dinero.

Y para aquellos que no les ha tocado de cerca, sepan que detrás del maquillaje de una chica que es obligada a permanecer en estos lugares sombríos, hay una lucha por sobrevivir, por quemar las noches y soñar con una salida, que muy pocas logran.

La conclusión del encuentro inicial fue sentirme abrumado por conocer a mujer maravillosa, dejando de lado mis prejuicios, aceptando el desafío de indagar como entrevistador, sabiendo de antemano que pondríamos nuestras respectivas mochilas sobre la mesa, sacando hechos agradables y sucesos dramáticos para nutrirnos mutuamente.

La modalidad de este texto no pretende ser académica ni estructurada, seguirá un orden cronológico de ser necesario, serán las transcripciones de las entrevistas que fijamos para lunes y jueves, con mate mediante, buceando en los acontecimientos, en los sentidos, en diálogos interrumpidos para tomar aire luego de tocar una fibra que parecía adormecida, olvidada de manera inconsciente para mitigar una herida.

Los invito a que juntos conozcamos a Margarita, “Magui”, elegida por Dios para dar su testimonio, exponiéndose sin resentimientos, con su mensaje pleno de esperanza…

“Infancia caribeña”

Jorge: “…bueno, ésta es una extensa conversación en la que vamos a tener un registro de tu historia. Empecemos con tu nombre completo, con el que te bautizaron…”, ¿dónde naciste y vivías de pequeña?

Magui: “…mi nombre es Margarita Aquino. Mi padre era Víctor Aquino y mi madre Aspasia Fragoso, nací en República Dominicana en un pueblito de una ciudad pequeña que pertenece a la provincia de Dajabón en la zona de Restauración. Yo soy de un campo, no de una zona urbana, sino una zona rural. A partir de Santiago de la Cruz hay una sola ruta, de ahí hasta Restauración y hasta Pedro Santana es una sola ruta. No hay para dónde ir. O te vas para Haití o te vas para la montaña. No hay desvío ni para allá ni para acá solamente la ruta que son precipicios, Haití que es la frontera y llega hasta Pedro Santana y ya ahí sí, hay más rutas que te desvían para para otras ciudades, otra provincias y de Santiago de la Cruz te puede desviar ya para Santiago Rodríguez. Es como estar cayéndose de la isla, digamos en un lugarcito con un rinconcito donde hay un río que es el límite con Haití, las montañas y que es la única división que hay. Por un lado te caes al precipicio, y Haití que es donde se divide República Dominicana…”

Jorge: ¿cómo era el paisaje de tu infancia?

Magui:“…era marítimo y montañoso, también hay lugares llanos donde se construían casas, donde se puede sembrar. Había muchos pinos, diferentes frutas mango, naranja, de las que pida, hay muchísima variedad, todo sembrado por la gente que habitaba el lugar. Nosotros por ejemplo, llegamos a vivir en un lugar arriba la montaña y abajo como un llano, y mi padre sembraba, más adentro en el campo, donde había que pasar ríos y arroyos, después subir la montaña en la que había una meseta…”

Jorge: ¿Eran propietarios, arrendaban, o trabajaban para otra persona?

Magui: “…Nosotros somos una familia, los Aquino es como si fuera San Cayetano de grande, éramos los propietarios de todo eso. Los Aquino, Minaya y Pérez, esas tres familias eran fundadoras de ese lugar. Toda la tierra que había en ese lugar era de nosotros y de otras familias que habían comprado parte del terreno que se fueron vendiendo. Pero nosotros somos fundadores, los primeros en llegar ahí a ese lugar el campo y tener toda esa tierra…”

Jorge: ¿tu familia siempre fue de República Dominicana, desde sus orígenes?

Magui: “…mi apellido es español y el de mi madre la verdad que no sé. Mi abuelo era como africano que tienen el pelo muy muy negro y sin embargo, era un hombre alto, con un pelo muy lindo, elegante. Mi abuela, si mi abuela era más africana, más negra, más nariz ancha, viste que se nota que es de África. No había africanos en la familia, eso venía de muchos años antes, de otras generaciones. Entre mis tíos hay blancos y hay negros…”

Jorge: ¿y eso cómo lo tomaban ustedes en Dominicana?

Magui: “…allá son muy racistas, sobre todo con el haitiano. Mi padre no, porque mi padre fue siempre de apañar a los haitianos y de tenerlos, cuidar a los niños haitianos, de llevarlos y criarlos él. Pero en sí, somos racistas la sociedad en general, pero mal. Con decirte que el haitiano no te lo puedo ni mencionar como le dicen insultándolo. Aparte del miedo que viene ya de los padres que te meten miedo a decirte: mirá no hagas esto porque el haitiano te va a comer. Entonces es un racismo, con un poco de miedo por lo que nos decían nuestros padres. La primera vez que crucé Haití,¡ay padre el susto que me llevé! Un haitiano me tocó y me asusté, pero por esto que venía de la familia…”

Jorge: ¿iban a comercializar o de visita a Haití?

Magui: “...Yo de grande conocí Haití, cuando ya tenía hijos fui a comprar ropa para venderla, pero nunca fui de chiquita, solo conocía los niños que traía mi padre...”

Jorge: ¿cómo estaba compuesta tu familia?

Magui: “…mi familia es un lío. Eran mis padres, mis abuelos, mis tíos que son varios porque mi abuelo tuvo doce hijos, son cuatro mujeres y el resto varones. La familia de mi madre la conocí de grande, porque ellos vivían en el sur. Ella tenía varios hermanos, de padre y madre y parte del padre solamente…”

Jorge: ¿en tu casa de la infancia quiénes vivían?

Magui: “…papá, mamá y mis cuatro hermanos. Después de grande conocí un hermano que tuvo mi mamá que ni sabía yo que lo tenía, nunca lo había visto. Lo vi un día para una Semana Santa, apareció el ya grande y mi madre me dijo: este tu hermano. Cuando le pregunté: ¿de quién es? Me contestó: es mi hijo. Le dije: ¿cuándo lo tuviste? Claro, ella había tenido un matrimonio anterior y el ex marido se quedó con el niño, no se lo dio más…”

Jorge: ¿eso es habitual en Dominicana, por ser una sociedad machista?

Magui: “…Si, claro. Después mi madre me contó que él la golpeaba y que él tenía otra pareja porque en Dominicana es así. Casi la mayoría de hombres tienen dos mujeres y así es como que es muy machista en ese sentido…”

Jorge: ¿cómo fue la infancia con tus hermanos?

Magui: “…con mis hermanos fue maravilloso. Mi papá como vivíamos en el campo, él se mudaba mucho de un campo a otro para ir a cultivar los alimentos. Se sembraba mandioca, porotos que allá le dicen habichuela, el maní, garbanzos, arroz, el maíz, todas esas cosas nosotros comíamos, todo eso sembraba mi papá. Entonces se iba de diferentes lugares a sembrar y a cosechar. Mi hermano más grande siempre le ayudó bastante a mi papá…”

Jorge: ¿qué diferencia hay entre el varón y una mujer cuando son niños, en cuanto a las tareas, en brindarles educación?

Magui: en mi casa, mis hermanos fueron a la escuela primero que yo. O sea, mi hermano mayor y mi tercer hermano fueron primero a la escuela porque mi padre decía que yo no iba a estudiar, que yo estaba para casarme. Luego de muchos ruegos, para poder ir a la escuela, y hablando con mi padrino para que hablara con mi padre para que me dejara así yo fui a la escuela.

La crianza con mis hermanos fue muy linda, porque yo era un macho más, junto con los otros machos, jugando con los varones. Pero en asignación de tarea, mi madre nunca me dejaba hacer nada o sea, yo estaba, parecía una un dibujito ahí. Iba a hacer algo. No, no, quédate ahí que vos sos muy flaquita, chiquita. sentate que yo lo hago, decía. Ella era muy “polvorita” le gustaba mucho hacer las cosas, limpiaba cocinaba, era una mujer de trabajo, pero trabajo duro. Mi madre iba al campo a buscar los alimentos iba, venía, los vendía, pilaba el arroz para comer. Comíamos re tarde porque iba a buscar arroz, lo tenía que pilar o iba a vender o hacer un trueque con la mandioca y los plátanos a la ciudad que estaba a dos kilómetros…”

Jorge:¿eran clase humilde, trabajadora?

Magui: “…no nos faltaba de nada, la de mi abuelo era una familia unida. Ellos eran doce hermanos que trabajaban todos unidos en el mismo campo. Algunos que estaban en otro sitio con familia y se ayudaban entre ellos, este día era para fulano este día para el otro, viste para ir a trabajar en cada campo se turnaban los días para trabajar. Era una familia unida. Mi recuerdo es de yo tomando la leche ahí al lado de la vaca ahí, mi papá ordeñaba la vaca y yo tomaba la leche ahí. La carne no la íbamos a comprar, siempre estaba porque ellos carneaban ahí, o sea, no nunca pasamos que yo me acuerde hambre…”

Jorge: ¿te acordás de los juegos que tenías?

Magui: “…sí los juegos eran con mis hermanos ir hacia unos árboles que tenían como unos fruticos rojos y nosotros íbamos a sacar esos fruticos para jugar. También a la belluga (la bolita o canicas) con piedritas y la pelota que la hacíamos de medias, porque ya hay más béisbol no tanto fútbol, andábamos a caballo. Tuve una sola muñeca que me la regaló una madrina, no me regalaban nunca juegos con los juguetes nunca me regaló porque decía que en vez de comprarme un juguete, me compraba una lata de leche. Yo sufrí eso, lo sufrí horrores, eso para mí me marcó muchísimo, eso de no tener una muñeca Cada vez que decían los reyes, yo hacía una cartita de que para pedir eso y nunca me llegó la muñeca. Yo quería la muñeca para peinarla, como no tenía hermana mujer, yo quería una muñeca para peinar…”

Jorge: Ahora vamos a hablar de algo más sensible que tiene que ver con la relación con papá y mamá. ¿Cómo te llevabas con mamá, cómo te llevabas con papá?

Magui: “..En ese tiempo mi mamá se la pasaba trabajando y mi papá igual porque él se iba de un lado para el otro. Cuando ya ellos hacían la cosecha, mi padre se iba a otra ciudad lejana, San Pedro de Macorís, San Francisco por ahí por esos lugares donde hay caña de azúcar y hacían esa zafra. Y mi mamá quedaba sola con nosotros más mi abuelo y las otras tías que estaban ahí, la bisabuela y otros familiares. En ese entonces, nosotros nos criamos con un padre y una madre presentes, pero no cariñosos, no había ese cariño de que te doy un abrazo, te doy un beso. Más bien era un respeto. Por ejemplo, llegaba una persona a charlar con ellos y nosotros jamás nos podíamos acercar. Con que nos miraran ya estaba, ya teníamos que salir de ahí, pero no una relación de abrazarte…”

“...Yo me acuerdo de mi padre llevando a mi tercer hermano encima de él y a mí agarrada de la mano. Ese es el único recuerdo que tengo como de cariño de mi padre dándome ese cariño, pero no me acuerdo de un abrazo o de una caricia de eso no me acuerdo. De grande, sí, yo lo esperaba. Mira lo que hacía: yo esperaba que mi padre viniera de una ciudad, o del campo a mi casa para darle un abrazo. Ese era el día que yo podía acercarme a mi padre y darle un abrazo. Pero no todos los días, era cuando pasaba algo especial o un tiempo que no estaba y era como que yo esperaba ese día como para darle un abrazo a mi papá, como para saludarlo, como para acercarme.

Y mi mamá era bastante distante, como ella era la que llevaba las riendas de nosotros, nos daba nuestras palizas. Viste como era más respetuosa y nosotros le teníamos más miedo a mi mamá que a mi papá. Mi papá era un dulce, dulce. Mi mamá, no, mi mamá no daba nuestras palizas, era la que comandaba la casa y la que ponía las reglas. Diálogo con mi madre tuve de grande solo para decirme cosas propias de las costumbres de mi país. En ese entonces las mujeres se casaban vírgenes, si tenían un novio no era una relación de tener sexo, no era así. Era una relación con mi madre para llamarte y decirte, mirá no va a hacer esto, no vas a ir con este novio sin cuidarme y eso era lo que me marcaba mamá…”

Jorge: ¿...cuidarte de preservar tu virginidad por una cuestión cultural…?

Magui: “... de preservar mi virginidad para que ellos no pasaran vergüenza porque era un sistema que si si sabían que yo me ha acostado con mi novio para ellos era una vergüenza grande y eran capaz de echarte de la casa y nunca más vert. o de tener un novio que no esté arreglado por mi padre a decirme te desheredo, no de lo material sino del cariño…”

Jorge: ¿Qué tan fuerte era eso culturalmente?

Magui: “...en todas las familias era igual. Está muy marcado eso de que sos virgen, o no eras aceptada. Mira el machismo,que eran capaces de que si la chica había tenido un tropiezo, vamos a decirlo, llevársela y tener relaciones sexuales con ella, pero al otro día se la llevaban al padre. Porque no eran vírgenes, hasta ese punto y no pasaba así con los varones. Los varones podían no los en República Dominicana podían tener hasta dos o tres mujeres,que no importaba. Ah, no, se los consideraba macho y hasta el padre los aplaude y si sabe que tenía novia…¡ufa! es un aplauso por parte del padre porque es un macho, eso es así en como una costumbre…”

Jorge: “...eso te habrá marcado, y lo habrás vivido con temor…”

Magui: “...Con temor y yo nunca tuve novio. Desde un principio, mi vida fue marcada por el desagravio. Mi primer beso, fue un beso horrible, de un tipo desesperado de marcarte tanto como de no querer volver a tener novio.Eso fue lo que pasó ese día cuando el tipo me dio un beso, yo estaba empezando como una relación con él, pero después del primer beso no quise saber más nada de esta persona porque me lastimó toda la boca. Tenía 15 años…”

Jorge: “...me llama la atención el contraste del hombre y la mujer en cuanto a la libertad de cada uno y lo que se les permite hacer o no…”

Magui: “...es que no teníamos libertad. Ese beso fue a escondidas, fue en un lugar, donde había una americana que trabajaba en educación. En la escuela, nos daba cursos de cómo hacer huerta y mi madre nos permitió ir a mí junto a otra amiga mía, nos dejó ir a estudiar con la señora y él aprovechó esa instancia y fue a visitarme. Nos quedamos de ver ahí, era la única manera de verse porque los padres no te dejaban verte con tu novio. Era así, vos iba a salir para al con un novio, tenía que ser acompañada por tu hermano, si no, no te dejaban salir y yo tuve la gracia, que ese día fui sola viste entonces ahí aproveché y me di mi primer beso a los 15 años…y no fue agradable, me marcó ese beso, fue horrible…”

Jorge: “... pensando en otros besos posteriores, el primero te quedó eso también dando vueltas y hasta te perjudicó…”

Magui: “... si durante mucho tiempo hasta hoy me acuerdo de ese beso y le dije a esa persona que no quería más nada con él se terminó…”

Jorge: ¿Y cómo eras físicamente cuando eras chiquita?

Magui: “... yo era flaquita, todo el mundo me llamaba “la modelo”. “la modelito”, era lo que me decían porque era muy flaquita, era muy delgada.

Jorge: ¿eso era valorado en tu país?

Magui: “...allá, ahora es más marcado, no sé si es por las redes o por otra cosa por allá, nunca se vio eso de que vos sos flaca o tú eres gorda, eso no al contrario. Al hombre le gustan las mujeres más voluptuosas, en cambio ahora que tiene que estar flaca tiene. que estar más mucho más marcado, pero antes no antes no era…”

Jorge: ¿con qué soñabas cuando eras chiquita?

Magui: “...yo soñaba con ser grande, con ser famosa. Siempre soñé con fama, yo quería ser secretaria y vos fijate cómo se dio que aquí de una u otra manera fui secretaria. Yo quería ser secretaria bilingüe, eso quería ser. Siempre me gustó…”

Jorge: ¿‘Eso se lo contabas a tus amigas?

Magui: “... Sí, sí, siempre lo conté, que quería ser grande. Quería ser algo conocido. Quería eso de estar en un lugar grande. No me gustaba el campo, yo quería estar en la ciudad donde había mucha gente siempre quise irme a la ciudad, pero mi papá era tan restringido que nunca me dejó ir a conocer la capital y la conocí de grande…”

Jorge: ¿tenías muchas amigas?

Magui: “...Nosotros éramos todo en familia. Éramos tío, primo, mis amigas eran mis primas hermanas. Tuve una sola amiga, Arelis y sus hermanas y otras chicas que yo no sé si era la madre era haitiana o él era y no me acuerdo, sé que eran muy negros. Arelis era la amiga que compartía todo, la confidente, la que compartía el dinero porque yo nunca llevaba porque jamás le pedí un peso a mi padre. Si él me daba, estábamos bien, si no, yo iba a la escuela y no comía nada, a no ser por la merienda que solían servir, Mi amiga compartía lo que ella compraba y si yo llevaba algo, también compartía…”

Jorge: ¿Y la escuela cuando empezaste?

Magui: “...yo calculo que a los 10 años, fui a una escuela que funcionaba en el mismo campo, era una escuela rural…”

Jorge: ¿qué recuerdos tenés de la escuela?

Magui: “...Mi maestra era bastante brava, como algunos maestros de antes acostumbraba a dar mucho jalón de oreja, pues yo era muy dispersa, me iba volaba. Siempre volé para arriba, para el cielo, era mucho de pensar, y de no estar concentrada ahí. Y de ver cómo los hijos de ella como le daba pero así salieron todos con una carrera. Pero lindos recuerdos, porque si jugamos mucho entre todos porque éramos todos familia, así casi que no teníamos peleas. Solo tuve con unas primas, pero todo por los compañeros de ahí que te incitaban para que pelearan. Nos dábamos una palizas. Después, ya de grande, fuimos a la escuela del pueblo y ahí yo hice el noveno y ahí dejé a la escuela, porque el profesor empezó a acosarme. Me empezó a acosar y acosar, hasta que me hizo salir de la escuela, no quise saber más noveno, ahí lo dejé, en el último año antes de empezar la secundaria…”

Jorge: en ese período de la infancia… ¿en qué creías?

Magui: “...en ese entonces, allá en República Dominicana, mi madre de chicos nos enseñó a hincarnos a rezar el Padrenuestro. Ella no sabía de letras (tenía poca instrucción).. pero ella sí sabía todo lo que iba a acontecer. Todo lo que está escrito en la Biblia no sé de dónde lo supo ella, pero nos lo decía a nosotros… Miren no se vayan a poner mal porque vean tal situación que va a suceder, por eso está escrito. Nos hincaba todos los días a las seis de la tarde a todos a orar el Padrenuestro y nos enseñó a creer en Dios. Pero aparte de eso, los dominicanos creen en la Virgen, en los santos, que son muchos, por ejemplo San Antonio, en los ángeles y también derivado de otras culturas, yo estoy segura que es el Espíritu Santo pero que ellos creen que proviene de los indios nativos del lugar. Creen que los nativos te llegan a tu ser, vienen y te llegan, se montan y hablan a través de ti.

En ese entonces creían en unos seres, le dicen a la Virgen es como si fuera una metresa, espíritus con características distintivas. Cada uno de estos espíritus, conocidos como «metresas», posee atributos únicos, incluyendo colores, gustos y cualidades específicas. Que habla a través de uno también creen en cosas malas, en Satanás que viene de Haití convertido en un bacá (una criatura animal o artificial demoníaca creada a través de la brujería), una especie de animal, o sea, Satanás encarnado en un animal, que yo alguna vez lo vi, nadie me lo contó.

Papá siempre nos advertía porque ellos ya habían visto esos seres, nos decía: cuando ustedes vean algo raro que ustedes entiendan qué es, crucen los pies. Yo venía de la casa de mi tía para mi casa donde había un perro negro que se llamaba Camilo y estaba acostado así en cerca de la ruta, que nosotros caminamos por la orilla y el perro estaba ahí en la orilla acostado. En un momento se me erizó la piel y dije no esto está raro y le digo: Camilo quítate de ahí, pero yo sabiendo como que no era Camilo. Cruzo los pies y se apareció un becerro, un animal grande, pero no solamente lo vi yo, lo vieron los militares que estaban cuidando el río que le dispararon con armas y todo.

Otra cosa que existía, que tuvo mi mamá y cuando ella estaba en riesgo de parida de mi último hermano el más chiquito, estábamos en la casa en la montaña y escuchamos ruido, como que alguien quería abrir la puerta y mi mamá nos pedía que hiciéramos silencio. Entonces, algo agarró la puerta y la sacudió y mi mamá la tenía bien atada con un palo y una cadena bien atada. Sonó la puerta como que ya se derribaba y se fue, mi mamá hizo una oración y se fue. Al otro día encontramos al perro muerto con los ojos sacados, o sea que no era una visión ni nada, era real..”

Jorge: ¿hay iglesias católicas en la zona donde te criaste?

Magui: “..sí, hay iglesias católicas y mi familia, en el tiempo de mi niñez, iban a estos templos que hay un montón. También había un pastor que fue la primera vez que yo acepté a Jesús mi corazón y tenía como algunos 11 años Este hombre iba a dar la palabra a esos campos por ahí y yo me acuerdo como ahora que acepté a Jesús mi corazón en ese entonces. Era chica, y me acuerdo que mi abuelo no quería saber nada, pero él se también se convirtió. Tenía figuras de santos y las quemó y dijo que eso no servía para nada porque él había estado enfermo y le pedía la santa pero no lo sanaba, así que agarró esos santos y los quemó.

Jorge: ¿creían mucho las imágenes?

Magui: “...claro, sí, mi papá incluso hacía una vela, se le dice allá, como si fuera una fiesta a San Antonio porque él criaba muchos animales, vacas, caballos, tenía de todo tipo de animales y le hacía un como si fuera un agradecimiento, una ofrenda a ese santo. Reunía a toda la gente y ese día mataba vaca, chivo, todo lo que tenía, se lo daba la gente. Era una fiesta en honor a ese santo y él nunca se quiso convertir, nunca se convirtió. Yo creo que ni en su enfermedad grave que tuvo no se convirtió, todos los otros, mi abuelo, mis tíos, mi abuela, todos eran cristianos menos mi papá, fue rebelde.

Jorge: ¿cuándo me decís que aceptaste a Jesús en tu corazón, no tenían una enseñanza religiosa, ustedes?

Magui: “...no, no. No éramos cristianas, creíamos en Dios pero no en los santos, aunque íbamos a la Iglesia Católica, teníamos un tío que estaba muy comprometido. Yo acepté a Jesús porque te decían si lo aceptabas y no sé cuánto lo sentía realmente o era solo cosa de chicos, aunque creo que en ese momento ya Dios me marcó. Desde antes, ya yo veía cosas como ya como que Dios me había marcado para que yo creyera en Él, o sea, ya me escogió desde chica, si Jesús no me hubiese apartado para él, yo no estaría viva con todas las cosas que pasaron, no creo que tuviera vida.

Jorge: “...cuando vos me decís que habías visto cosas o que anticipabas cosas...” ¿qué eran?

Magui: “... yo veía si una persona se iba a morir yo lo sabía. me lo soñaba. No le tenía miedo ni le daba mucha importancia, pero sí, soñaba por ejemplo y al otro día sabía que se moría esa persona. No le contaba a nadie, me lo guardaba para mí. Ahora de grande. sí, por ejemplo, yo el coronavirus, lo vi me lo mostró Dios en el cielo, pero yo nunca creí que era coronavirus, pensé que era el Espíritu Santo mostrándome algo. Por ejemplo, si va a haber una inundación en algún lugar, yo me lo sueño…”

Jorge: ¿recordás cuál fue la primera vez qué te sucedió tener una premonición?

Magui: “...una historia fue que mi madre cuando vivíamos en el campo, un padrino mío se suicidó y cuando íbamos con mi tías para el velorio, yo vi a la persona, el color de la ropa que tenía todo, me asusté y le dije: “¡ahí está!”, se le indicaba donde lo veía a ellas y no lo podían ver. yo era grandecita, te digo.

Jorge: ¿lo vivías con miedo o con naturalidad?

Magui: “...yo me asustaba cuando iba al arroyo a buscar agua y sentía que alguien venía detrás mío. Escuchaba los pasos y todo, me daba vuelta y no veía nada, pero escuchaba los pasos. Pensaba que era algo malo, algo que me estaba siguiendo…”

Jorge: ¿estos fueron los primeros momentos de espiritualidad tuya, que después te acompañaron, ahí empezaron?

Magui: “...Esas fueron las primeras manifestaciones, aunque desde chica, yo escuchaba las canciones cristianas y era como que me desmayaba solamente con escuchar las canciones…”

Jorge: ¿ y cómo era la música de tu infancia?

Magui: “...merengue típico con acordeón, tambora, mi familia toda tocaba la tambora con la mano, los palos que esos son para para los seres, para la Virgen, el acordeón, la güira y otros instrumentos.

Jorge: “...estaba presente la música uniéndose a lo espiritual para esos momentos…”

Magui: “...si, se hacían unas fiestas con acordeón y tambora. Yo tenía un tío que su esposa hacía una vela de nueve días a un santo y ahí se bailaba y a las mujeres se las invitaba. Vela es como una vigilia, unos días de fiesta como si fuera la fiesta de San Cayetano que duraba una semana. Una vez al año, por ejemplo, se celebra San Miguel en esa casa. en otra casa celebraban otro santo como a San Pedro por decirte, se hacían distintas fiestas.

Jorge: “...vos me decías que viviste esos momentos místicos cuando eras pequeña…”

Magui: “...sí, me daba un escalofrío el cuerpo frío como algo que uno siente, una vibración en el cuerpo, me asustaba mucho y conmigo hicieron muchos experimentos también. Mi tío hacía muchos experimentos creyendo que eso que yo tenía era malo, como rituales para que eso se me fuera. Ellos no pensaban que era una espiritualidad de Dios, porque yo te tocaba y te sanaba, entonces ellos pensaban que era algo malo que yo tenía, como que querían sacar eso de mi cuerpo. Calculo que yo habré visto más cosas, porque mi mamá me acuerdo como ahora que me llevaron a un río, donde hicieron un ritual con una gallina y hoy me doy cuenta que hicieron malísimo, pero era parte de las creencias de ellos. Yo creo que habré hablado en lenguas, en ese momento, pero ellos no sabían qué era lo que estaba pasando capaz, que pensaban que era un demonio o una cosa así. Era habitual que crean en esos seres. Me acuerdo que un tío mío puso una cruz en mi casa, en el patio, era muy creyente ese tío y puso una cruz para que las catorce familias que vivían ahí fueran a pedir lo que quisieran pedirle a Dios en esa cruz…”

Jorge: “...en los países de Centroamérica también mezclan esa cultura nativa muy presente con la Iglesia Católica…”

Magui: “... mezclan todo, hacen como una sola cosa y yo no lo entendía eso. Fui a una ceremonia que hacía una señora y yo como era chiquita, era joven, me puse una pollerita corta y estaba bailando. No le gustó a la gente que estaba ahí y me dijo: tú verás lo que le va a pasar, lo que va a ser la metresa con ella. Y ahí nomás me hizo rodar por el piso una cosa de loco, pero me lastimé toda, hasta que no me pusieron un vestido largo, no se me fue lo que la mujer me había echado. Era una mujer que hacía una fiesta para la metresa o un santo. Yo estaba bailando un merengue como todo el mundo, pero a ella no le gustó la pollera que yo tenía, así que hizo lo que te conté…”

Jorge: ¿Y cómo era un día tuyo cuando eras pequeña?

Magui: “...allá siempre uno se levanta temprano. En el campo un día nuestro era levantarnos a las 5 de la mañana e irnos al campo todos Hacíamos tareas en el cultivo del poroto, sacar el pasto todo eso y bajar a la noche otra vez para la casa, que desde donde se trabajaba, era más como a cinco o siete kilómetros, caminando o un caballo con el clima espectacular con calor o lluvia…”

Jorge: “...Bueno, vamos a seguir con la infancia. En este caso te voy a preguntar el nombre de tus hermanos, y que me des una breve descripción de cada uno de ellos…”

Magui: “mi primer hermano, que es de mi mamá solo, Laureano era un chico muy inteligente, le gustaba hacer malabares y se subía por una cuerda, pasaba por una pina, una especie de llanta de rueda de bicicleta con cuchillos, se subía en una cuerda y se sentaba en una silla caminaba por las cuerda,s era muy inteligente, le gustaba mucho el campo y a veces iba a visitarnos. Tenía seis dedos en una mano y seis dedos en un pie. Le decían el cinqueño o el mago porque hacía todas esas piruetas y, entonces le apodamos el mago y le decíamos las cosas para gastarlo. Vivió con nosotros, después se fue y se juntó con una chica, iba y venía, así estuvo siempre.Era más clarito, mucho más blanco y su padre también era más claro y mi mamá blanca. Tenía unas cejas muy destacadas y era muy buen mozo, no era tan alto…”

“...Mi primer hermano, o sea, de mi padre y madre se llama Porfirio pero le decimos Moreno porque es negrito y nació marcado, t Era como el que llevaba adelante la casa Salía papá y era el que estaba ahí, así que cuando nosotros nos quedamos solos, él me ponía a hacer poner el desayuno y yo no quería pelar la banana, que allá se come verde, viste y él me decía que hiciera el desayuno, pero yo tenía mis uñas largas y no quería ensuciarme. Entonces me daba una paliza y después tenía que hacer el desayuno igual, pero era muy bueno en el sentido de la infancia, nos enseñó mucho. Me enseñaba cómo escribir en la tierra, porque teníamos donde escribir, yo le decía, enseñame hermano, que yo quiero aprender a escribir. Como mi papá no me dejaba ir a la escuela, me enseñó a escribir en el piso. Lo primero que me enseñó a escribir fue Dios, después, mamá y papá en la tierra y la verdad que bastante bien, nos llevamos de chiquitos. Yo no tenía un cuaderno, papá, no me lo compraba y ellos sí tenían un cuaderno, pero lo tenían que preservar para la escuela y cuidarlo mucho. Nosotros vivíamos en el piso de tierra en la infancia, chiquito, yo me acuerdo que la primera vez que nosotros vivimos en piso de cemento fue ya grande, anteriormente vivíamos en piso de tierra. Él se quedaba a cargo de la casa. Se iba mi mamá al trabajo y él se quedaba a cargo de nosotros haciendo, o sea, llevando la casa, y me ponía a cocinar y a cuidar a los otros hermanos, como machitos no hacían nada. Yo tenía que lavar los platos, ir a buscar el agua, limpiar la casa, todo lo hacía yo. ellos no, no estaban para eso. tenía dos hermanos más pequeños y el más chiquito era el más apegado a mí.

Mi segundo hermano es Agustín y le decíamos el Chulo porque era muy bonito, tenía el pelito bien lacio, andaba siempre bien vestido, le gustaban perfumes. Y el más chiquito, Eleuterio, le decimos mono porque era de feo, todo lo contrario al otro, nació con la nariz aplastada y hasta los nueve días no abrió los ojos y tienes ojos así chiquititos, entonces le pusimos Mono.

Todos tenemos un sobrenombre, por ejemplo, en mi país me decían Magaris. yo soy Margarita y todo el mundo Magaris, Margón, me decían todos los nombres que quisieran y acá todo el mundo Magui. Por ejemplo, hoy estoy buscando el nombre de un compañero de la escuela y no sé, no me lo acuerdo porque capaz que lo mencionaban en la escuela, pero como te decían todo el tiempo por el apodo, yo lo he buscado en las redes y no lo encuentro porque el apodo es el único que me acuerdo. Mi mamá es Apacia y le decimos Nona. Nonín, Noneya …”

“Eleuterio nació con una marca que a él le peinaban el pelo y se le tejía y se le tejía y cualquier persona que fuera a cortarle el pelo se le lastimaba el brazo. Y de últimas, la que le pude cortar el pelo fui yo a los siete años. Tenía los pelos largos como una lana y mi mamá lo peinaba, le cepillaba el pelo y se le volvía, se le ponían como motas, era marcado. Como si se le hicieran rastas y no había manera de peinarlo, y el que le fuera a cortar un pelito ese chico, el brazo le quedaba caído. Era como un elegido de Dios, era como un chico todo místico, muy religioso, siempre de ser muy centrado para las cosas. Él siempre tuvo más que los demás, tuvo más suerte como que ha tenido siempre más suerte en lo material…”

Jorge: ¿y cómo era la relación con tus hermanos?

Magui: “... éramos bastante compañeros. la relación era muy cercana, porque como papá y mamá no estaban por ahí en la casa. A los más chiquitos los cuidaba yo el otro sí lo cuidaba. Yo siempre siempre le hacía la comida y eso los cuidaba yo.

Lo viví con mi papá también, él criaba a sus hermanos también, siempre era como el segundo padre para ellos, siempre lo buscaban los primos. Él siempre se llevaba a los primos que podía tenerlo en la casa como que estaban medio abandonados, mi papá los llevaba. Ese modo de ser, se hereda.

En mi casa siempre estuvo lleno de chicos siempre, mi mamá tenía como un imán para llamar a los chicos, no había comodidades, no. yo me acuerdo de grande, fue que vi un comedor como la gente una cama. un somier sillón.

De chica dormimos en una camita de alambre que era como un alambre tejido con un colchón arriba, compartimos la habitación entre varios. Eran dos habitaciones una para el padre y las otras habitaciones con una camita para los varones y una camita para mí. A veces es común a otros lugares también humildes.De no tener por ahí comodidad y tienen que compartir los hermanos hasta en broma dicen que sueñan lo mismo porque están tan juntos.

Me acuerdo como ahora que mi mamá le compró un conjunto a mi hermano y lo usé yo más que mi hermano porque yo lo veía tan lindo y ella no me compraba ropa. Les compraba sí a ellos porque ellos eran varones, siempre esas cosas del machismo que los atendían más a ellos porque iban a la escuela. Me encantaba ponerme el conjunto azul, lo gasté…”

Jorge: ¿celebraban los cumpleaños?

Magui: “...¡nunca en la vida! eso ni se mencionó, ni decirte feliz cumpleaños, ni te acordabas si cuando naciste. Eso yo no lo escuché nunca, la primera vez que yo escuché de los cumpleaños en Argentina. En el caso de mi familia no era de celebrar un cumpleaños jamás que yo sepa de hasta de grande, o sea, de 15 años ni feliz cumpleaños me dijeron.

Por ejemplo, mi papá celebraba esta fiesta de Santo o ponerle el día de la cosecha, él hacía una comilona.Además, allá se hace, la primera agua que te echan es cuando vos naciste a los 15 días por ahí, te echan agua, se llama así, hacen una oración, comen algo, hacen como una picada- Hacen esa primera agua en la casa con los padrinos que son distintos padrino, no sé por qué y después escogen dos padrinos para bautizar. Los sábado y domingo papá poseía un kiosco, cuando yo tenía 13 años él tenía el primer toca disco que se usó vendía bebida y mi mamá cocinaba a la gente que iba ella se le dicen asopao, de pollo, arroz y otros ingredientes, además de vender golosinas, lo que en Argentina es un polirrubro…”

Jorge: ¿tenés recuerdos de momentos felices de tu infancia?

Magui: “...yo me acuerdo de niña de andar con mis tías y llevarme al arroyo a lavar. Ah, me encantaba! Eso era algo que me daba mucha felicidad ir con mis tías al arroyo a lavar la ropa, y había una señora, que siempre nos decía: ponte a lavar esto para que aprendas a lavar la ropa que te voy a casar con mi hermano. Yo chiquita y uno se recuerda de esas cosas. Después con mis primas que eran unas luces, yo siempre andaba con mi prima. También algo no tan grato que una vez un primo me estaba tocando y mi tía me encontró, o sea la mamá del chico lo encontró detrás de la casa. Me pegaron una paliza, a mí y a él. Cuando uno se estaba descubriendo estábamos detrás de la casa y él me parece que me estaba tocando, me acuerdo que le pegaban a él y a mí también. Después tengo el recuerdo de vivir toda la familia muy cerca, la casa de mi abuela y mi bisabuela, era como un pueblito, pero todo de familia, los hermanos, tíos y demás familiares. De mi abuela recuerdo que era una mujer muy seria que le gustaba atendernos, del cafecito de las comidas y todo eso siempre, pero mi papá no me dejaba comer en ninguna casa. No, no, él decía: “...ustedes pueden ir pero a las doce, si ustedes ven que van a servir la comida, se van para la casa. No quiero escuchar que ustedes coman en casa ajena no van a comer…”. Y yo cuando mi abuela iba a servir la comida, me escapaba y me y ella se enojaba, pues decía: “... la única que no come aquí es Magali…” y me mandaba la comida a la casa, así que me enviaba a alguien que me llevara la comida. Me acuerdo de mi abuela criar una prima mía, que se la llevó de la casa de mi tío y yo me sentía mal por eso. De ver que ella criara a su nieta era como que me dolía, sentía que se la sacó a la madre, me dolía mucho esa situación, aunque en realidad la estaba protegiendo.

Mi abuelo era lo más dulce que podía haber, siempre le gustaba que yo le anduviera en la cabeza, buscaba un peine para que yo le rascara la cabeza. Era muy dulce mi abuelo. y siempre me daba esos 25 centavos que en ese entonces valían una fortuna. Mi abuelo era más cariñoso, sentía más cariño de mi abuelo que de mi abuela. Recuerdo esos momentos felices de dormir con mis otras primas, sí, todas en una cama. Un día salimos, cruzamos el arroyo para la casa de mi tía y fuimos todas las primas y cuando volvíamos yo vi algo y lancé un grito: Ayy!!, me agarraron, llegué llorando y ellas saltaron como si fuera una puerta, que era toda de madera, una cerca para que no se cruzaran la vaca, pero había alambre y yo me quedé enganchada, se produjo un griterío que cuando llegamos a la casa mi abuelo los retó a todos porque me habían dejado abandonada a mí. Ahí conté lo que vi, ahora no recuerdo que era, pero vi algo.

Yo era la confidente, que me decían todas las chanchulladas que ellas hacían Nunca tuve novio hasta grande y ellas ya habían tenido siendo más chiquitas, era su de confidente o quedarme ahí para ver si viene alguien, la tonta era yo, pero era muy feliz, la verdad fue una infancia muy hermosa…!

Jorge: ¿qué situaciones te alegraban o ponían contenta?

Magui:“...yo jugaba mucho con la muñequita y esas cosas. Nunca tuve la muñequita que yo quería, pero eso me hacía feliz. Jugar con las plantas o cuando mis hermanos mataban pajaritos, yo se lo cocinaba. Eso me hacía feliz, cocinarle a ellos, como mi mamá cocinaba y nunca me dejaba meter a la cocina de chica, yo le hacían en piedritas con una onda como si fuera una latica de atún, ahí cocinábamos el pajarito y se lo comían, porque allá somos medio del campo y comíamos bicharracos. Yo era un macho porque jugaba con todos mis primos, como los que estaban más cerca eran todos varones. jugaba mucho a los karatecas con ellos. No teníamos TV, que la vi de grande, de 17 años que tenía mi tía una única tele. Nosotros no teníamos luz, nos alumbrábamos con lámpara, íbamos a la casa de ella me acuerdo que había una novela y nos permitían ir a ver el grupo de primos. Íbamos los de abajo para arriba que quedaba como un cerro a ver esa esa novela. No teníamos más que radio, escuchar la novela por radio, pero televisión, no. Cine tampoco, lo vi de grande, recién cuando tenía hijos yo vine a ver cine.

Los entretenimientos eran jugar, ir al río que no siempre nos llevaba un tío de nosotros para ir a orar los domingos, íbamos a hacer oración al río. Llevábamos y comíamos pasta, ese era el entretenimiento, ir al río, jugar a las bolitas y las muñecas de trapo que mi mamá me hacía o mis primas que le encantaba hacer eso. La más grande me hizo una muñeca que me costó 25 centavos y esa muñeca yo la adoraba jugábamos con eso…”

Jorge: ¿qué es lo que te enojaba?

Magui: “...me enojaba la maldad del otro, la mala cizaña esas cosas, las injusticias, eso me ponía mal, porque de pequeña las percibía. Ver a mi mamá que a mis hermanos les daba más, los apañaba más que a mí, esa injusticia, a mí no me gustaba. O de pegarle por algún comentario y ya le pegaban al chico sin saber si era verdad o no, esas cosas me enojaban...”

Jorge: ¿y te ponía triste?

Magui: “...me ponía triste a veces no comer temprano, no era que no había para comer sino porque tenían que ir a buscarlo. Eran las cuatro de la tarde y tú no habías comido, esas cosas te daban tristeza de sentir que te dolía el estómago porque no habías comido, no habías desayunado, y a esa hora no habías comido, eso me daba tristeza…”

Jorge: ¿cómo era tu salud?

Magui: “...de chiquita sufría mucho de angina, pero por el clima, yo calculo que era más alergia más alérgica porque era como un clima húmedo, hasta las 10 de la mañana había neblina, después salía el sol y un calor que no se aguantaba, o llovía mucho. Sufrí mucho de anginas, mucha fiebre también. Me acuerdo que me llevaron a un hospital fuera de ahí, a otra ciudad más lejos que se llama Loma de Cabrera, estaba en una cama y tembló la tierra tembló la tierra. Sentía que me caía y mi mamá me decía: “quédate tranquila que está temblando la tierra” y de cómo de sentir eso y también me acuerdo de ese día de que mi mamá tuvo un problema con una amiga, no sé qué problema fue y que ella la quiso envenenar, eso como que lo tengo grabado en mi cabeza. De escucharla decir: “...esta me trajo esto queriéndome envenenar, pero yo no lo tomé...”. Escuché eso y me acuerdo de esa pelea. Otra vez, me clavé un clavo en un pie y me llevaron al pueblo a un kilómetro y medio donde había un hospital muy precario…”

Jorge: ¿qué te hacía sonreír o reír?

Magui: “...ver a mi papá cuando llegaba, eso para mí era la gloria. Mi papá estaba toda la semana en el pueblo que tenía kiosko y el fin de semana se iba para la casa. Entonces era la alegría mía de ver a mi papá al llegar. Él trabajaba en las dos cosas, tenía el campo, trabajaba la cosecha, se siembra el maní tiene que esperar un tiempo, entonces tenía su negocio aparte, además tenían vaca, eran distintos negocios que tenían ellos sobrevivir porque en ese entonces era complicado…”

Jorge: ¿qué cosas te daban miedo?

Magui: “...yo era muy perceptiva y percibía cosas como por ejemplo que me iban persiguiendo escuchaba las pisadas y me daba vuelta y no veía nada y el cuerpo se me enchinaba. y sentía eso me daba me daba miedo porque al no ver.. y también las serpientes. Un día estamos sentados en el campo comiendo todos juntos, hacían el desayuno y venían todos a comer del trabajo. Por allá, no sé que se me dio, estaba mi mamá que tenía el nene más chiquito acostado en el rancho, miré para arriba había una serpiente pero tremenda, eh, una cosa que la bajaron de ahí, eso me da miedo las serpientes, pero terror le tengo.

De esas culebritas verde o negra siempre me las encontraba. Una vez, en el baño un casi me mato, estaba embarazada de mi hijo mayor y el baño era afuera, viste miro para arriba y que se me venía una serpiente pequeña, una culebrita chiquita, me paro corriendo del baño y se me clavó algo, que me hizo rasguño en la panza, casi me mato por la serpiente. También a las vacas le tengo terror, a los perros también les tenía miedo que ahora es porque yo le perdí un poco el miedo, pero quizás me ha corrido alguna vaca de chiquita o algo porque me asusta mucho…”

Jorge: ¿cuál fue la primera muerte que viste de cerca?

Magui: “...mi bisabuela, la mamá de mi abuelo, se llamaba Mercedes Contreras. Su muerte me marcó mucho, porque era muy buena viste, era partera, le hacía el parto a todo el mundo. También la de un chico que lo mataron, un vecino, eso me dolió un montón. Era chiquita y uno recién está dimensión de lo que sucede, me acuerdo de ver a mis primas llorando desgarradas, llorando a la bisabuela, sí, porque era muy buena, era una persona, como una segunda madre para nosotros. Era la que estaba siempre con nosotros, cuidando a las mujeres embarazadas, porque ahí era muy precario, tener enfermera no existía, solo esas mujeres que sabían, que eran sabias. Me acuerdo mucho del dolor, de estar en la casa de mi tío, que ahí es donde la cuidaban a ella, de haberla sufrido bastante la partida de ella. Yo era muy sentimental y sufrí esa muerte, esa muerte me marcó bastante, la muerte de mi bisabuela.

Y la muerte de mi abuela también, la mamá de mi mamá, que no la conocí, no la vi nunca. Justo cuando murió fuimos mi mamá, porque en ese entonces ellos eran del Sur y tenía que hacer un trayecto para ir allá, que no sé cuántos kilómetros serían si serían 50 kilómetros, pero era complicado ir porque era entre montañas. Me acuerdo de haber llegado y desmayarme del dolor porque sentí un dolor que de recordarlo me pongo mal. Por no conocerla, de pensar por qué mi mamá no me llevó a conocer a mi abuela y no haberla conocido me quedó pendiente. No vi una foto nunca, no sé cómo era, ni mi abuelo tampoco a ninguno de los dos Me llevaron, demasiado tarde porque no la vimos, ya la habían enterrado, no la pude ver ni muerta, así que eso me dolió mucho, eso fue doloroso…”

“Descubriendo los sentidos”

Jorge: para continuar con los recuerdos de la infancia, vamos a hacer un ejercicio relacionado a los sentidos. Empezando con el más simple que es la vista. Quiero que te imagines el lugar de tu infancia, que alguna vez me contaste, pero ahora que me cuentes con más detalles cómo era tu casa. Que visualices tu casa, y que recuerdos visuales te despierta…”

Magui: