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El general Martín Miguel de Güemes, protagonista en las luchas por la independencia de nuestra Nación y de América del Sur, es un actor imprescindible en la concreción de la gesta sanmartiniana. Junto a los generales don Manuel Belgrano y don José de San Martín, fue quien mantuvo encendida la tea libertaria mientras el resto de la América hispana había sucumbido bajo el dominio realista. Por todo ello detenta el honor de ser considerado uno de los "padres de la Patria". Su vida y su accionar son ejemplos de amor incondicional por el destino independiente de la Nación. Este libro forma parte de la colección "Salta en la historia política y cultural de la Argentina", que responde a un propósito cultural y educativo de gran proyección: presentar un conjunto de obras breves que destacan el accionar de una serie de personalidades de la Provincia que realizaron un aporte significativo a la conformación del pensamiento y la historia política, social y cultural de nuestro país.
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Seitenzahl: 323
Veröffentlichungsjahr: 2022
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MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA
AUTORIDADES
Rector
Ing. Rodolfo Gallo Cornejo
Vicerrectora Académica
Mg. Prof. Lilian Constanza Diedrich
Vicerrector Administrativo
Dr. Darío Eugenio Arias
Vicerrector de Formación
Pbro. Dr. Cristian Arnaldo Gallardo
Vicerrector de Investigación, Desarrollo e Innovación
Mg. Lic. Daniel R. Sánchez Fernández
Director General del Sistema de Educación a Distancia
Ing. Lic. Daniel Torres Jiménez
Secretaria General
Mg. Lic. Silvia Milagro Álvarez
INSTITUTO SAN FELIPE Y SANTIAGO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE SALTA
Presidente
Dr. Patricio Colombo Murúa
Vicepresidente
R. P. Federico Prémoli
Secretario
Dr. Oscar Cornejo Torino
EDITORIAL EUCASA
Directora
Lic. Rosanna Caramella
Comercialización
Lic. Mariana Remaggi
Administración
Lic. Agostina Joaquín
SALTA
en la historia política y cultural de la Argentina
2021
Año del bicentenario de la muerte del Gral. MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
MARCELO G. RUIBAL
Ruibal, Marcelo G.
Martín Miguel de Güemes / Marcelo G. Ruibal. - 1a ed - Salta : EUCASA-Ediciones Universidad Católica de Salta ; Salta : Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta, 2022.
Libro digital, EPUB - (Salta en la historia política y cultural de la Argentina / 6)
Archivo Digital: descarga y online
SBN 978-950-623-264-1
1. Historia. 2. Historia Argentina. I. Título.
CDD 982
© 2022, por EUCASA (EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA)
Colección: Salta en la historia política y cultural de la Argentina
Resolución Rectoral: 529/2020
© 2022, por INSTITUTO SAN FELIPE Y SANTIAGO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE SALTA
Diseño interior: Flavio Burstein STEREOTYPO (www.stereotypo.com.ar)
Arte de tapa: D.G. Carolina Ísola ([email protected])
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto 451
Primera edición en formato digital: agosto de 2022
Domicilio editorial: Campus Universitario Castañares - 4400 Salta, Argentina
Web: www.ucasal.edu.ar/eucasa
Tel./fax: (54-387) 426 8607
e-mail: [email protected]
Depósito Ley 11723
ISBN: 978-950-623-264-1
Este libro no puede ser reproducido,
total o parcialmente,
sin autorización escrita del editor.
PREFACIO
La educación no es posible sin que se ofrezca al espíritu una imagen del hombre tal como debe ser. (…) Lo fundamental en ella es Kalós, es decir, la belleza en el sentido normativo de la imagen, imagen anhelada, del ideal.
(Werner Jaeger. Paideia: Los ideales de la cultura griega)
La colección denominada Salta en la historia política y cultural de la Argentina, que el Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos y la Universidad Católica de Salta han decidido editar en conjunto, responde a un propósito cultural y educativo de gran proyección: presentar un conjunto de obras breves que rescatan del olvido a una pléyade de salteños prominentes, quienes a lo largo del tiempo construyeron una tradición virtuosa y permanente; esta tradición modeló la peculiar forma mentis que caracteriza al hombre salteño orientando su peregrinar hacia el futuro, y además, contribuyó a forjar, en gran medida, la personalidad, los estilos y la singularidad propia de la comunidad provincial.
Los insignes hijos de Salta —hombres y mujeres que actuaron en los tiempos complejos de las guerras por la independencia— abrazaron nobles ideales y sirvieron a su país, aun a costa de sacrificios personales, cuando la patria requirió sus talentos y sus servicios.
El ejemplo más relevante de esta vocación patriótica lo encarnó MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES, militar que lideró una gesta que puede ser calificada sin exageración como homérica; cumplida en defensa de la patria y de la libertad de América de Sud, comenzó en el momento crítico en que el gobierno de Buenos Aires se hallaba ante el inminente peligro de sucumbir, tras las dramáticas derrotas de los ejércitos argentinos en el Alto Perú. Tal actuación le valió ser considerado por el Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield como uno de los grandes libertadores de América.
La Guerra Gaucha, a su vez, permitió el afloramiento de brillantes talentos guerreros, ciudadanos distinguidos que el desafío histórico convirtió en los «capitanes de Güemes». Entre ellos se destacó especialmente don LUIS BURELA, valiente estanciero que, despojándose de sus intereses personales, se puso a la cabeza de sus gauchos e inauguró en Chicoana la guerra de recursos. Otros lugartenientes de Güemes fueron: JOSÉ IGNACIO GORRITI, DIONISIO PUCH, BONIFACIO RUIZ DE LOS LLANOS, APOLINARIO SARAVIA, JUAN GALO LEGUIZAMÓN, JUAN ANTONIO ROJAS, JOSÉ IGNACIO SIERRA y JOSÉ ENRIQUE VIDT —un militar francés del ejército de Napoleón—, y entre las heroínas de esta gesta libertadora cabe recordar a MACACHA GÜEMES, quien lideró a las salteñas que sobresalieron por su devoción a la causa de la patria y por su eficacia en las tareas de inteligencia que requería imprescindiblemente la original y vigorosa estrategia güemesiana.
Hubo muchos otros temperamentos heroicos acuñados en la actitud de Salta que actuó como una «firme columna de la libertad», en el momento en que nacía la patria. En rápida revista podemos mencionar a CALIXTO GAUNA, el cabildante elegido por sus pares para viajar a matacaballos a Buenos Aires e informar al gobierno patrio de los manejos realistas del gobernador don Severo Isasi de Isasmendi. Fue también un estrecho colaborador civil de Güemes en el gobierno de la provincia.
El coronel JOSÉ MOLDES fue un relevante precursor del movimiento de Mayo y militar de actuación distinguida en el Ejército del Norte al lado del Gral. Belgrano; integrante de la sociedad secreta de los «Caballeros Racionales» que, junto a otros americanos —como JOSÉ y FRANCISCO DE GURRUCHAGA (1), Juan Martín de Pueyrredón, Carlos Alvear, José María Zapiola—, tenía el propósito de promover la emancipación de la América hispánica.
Los salteños tuvieron una presencia especialmente activa en el largo trayecto que el país transitó hasta lograr la organización nacional. Entre ellos sobresalen las figuras del Dr. MANUEL ANTONIO DE CASTRO, quien presidió el Congreso Nacional de 1824 y fue el fundador de la Academia Nacional de Jurisprudencia; el Dr. MARIANO BOEDO diputado al Congreso de Tucumán en el que ejerció la vicepresidencia cuando se declaró la Independencia. En el momento de sancionar la Constitución Nacional en 1853, el Dr. FACUNDO DE ZUVIRÍA, reconocido jurista salteño, fue elegido por sus pares en forma unánime para presidir el Congreso General Constituyente.
En el ámbito de la cultura nacional, es notable también la presencia de figuras salteñas de gran jerarquía que realizan un innegable aporte a la identidad y la singularidad genuinamente argentinos con sus estilos diversos. El listado es muy extenso, por esa razón y brevitatis causa solo mencionamos algunos nombres: JUANA MANUELA GORRITI, notable escritora; JUAN CARLOS DÁVALOS, quien dio origen a un fecundo linaje de poetas y artistas; LOLA MORA, la insuperable escultora clásica de trascendencia internacional; BERNARDO FRÍAS y ATILIO CORNEJO, máximos y prolíficos historiadores de Salta; y el Dr. CARLOS IBARGUREN, quien presidió tres Academias Nacionales, fue un escritor y jurista eminente y se desempeñó con especial brillo como Ministro de Instrucción Pública y Justicia del presidente Roque Sáenz Peña.
En uno de los momentos más dramáticos del siglo XX, cuando se desató la Primera Guerra Mundial, la República Argentina contó con la conducción sabia y firme del Dr. VICTORINO DE LA PLAZA —un distinguido hijo de Salta—. Este estadista afrontó decisiones complejas en un escenario bélico mundial lleno de asechanzas e incertidumbres y decidió mantener la neutralidad argentina a ultranza ante las naciones participantes en el conflicto.
Esta posición fue continuada por el presidente Hipólito Yrigoyen quien, siguiendo el ideario pacifista de don Victorino, al término de la guerra pidió un trato justo para los vencidos luego de proclamar: «Los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos son sagrados para los pueblos».
En esa época de esplendor argentino, don INDALECIO GÓMEZ —otro notable político salteño— fue el alma y nervio que hizo posible la sanción de la célebre «Ley Sáenz Peña», que permitiría al país alcanzar el desideratum de la democracia plena.
El testimonio de estas vidas virtuosas nos permite afirmar que los pueblos solo cumplen su misión histórica cuando quienes los conducen poseen un temple sereno y enérgico, una acrisolada moral, una gran vocación de servicio, un claro programa prospectivo y una gran fe en el destino de su patria.
Los editores
Salta, febrero de 2021
1. José de Gurruchaga presidió en sus inicios la sociedad secreta de los «Caballeros Racionales» de Cádiz; Francisco de Gurruchaga fue diputado por Salta en la Asamblea del Año XIII. Él aportó el dinero y su experiencia de marino para crear la primera escuadra de guerra argentina.
PRÓLOGO
El magnánimo soldado de la Independencia que yace actualmente en descanso eterno en el Panteón de las Glorias del Norte de la Catedral Basílica de Salta, bajo la celosa custodia del Señor y la Virgen del Milagro, honró a las armas de nuestra nación con su valor, su amor al orden, su honestidad, su desinterés y, sobre todo, con su patriotismo.
Nuestro Joaquín Castellanos expresó:
El monumento que se levanta a la gloria de la Patria deberá asentarse sobre la base inconmovible de la verdad y de la ciencia, no solamente para que se perpetúe al abrigo de todas las vicisitudes del tiempo y de las variaciones del espíritu, sino para que pueda servir de ejemplo inmortal a las generaciones futuras, de altas inspiraciones, de regulador infalible de sus movimientos colectivos y de estímulo para la acción y para el incesante trabajo creador.
Bajo este concepto es que considero al presente trabajo histórico del Dr. Marcelo Ruibal un material valiosísimo para conocer la vida, la obra y la gesta militar de nuestro general Martín Miguel de Güemes, más en estos tiempos de Bicentenario que atraviesa nuestra Argentina, en la que, como ciudadanos conscientes del legado recibido de nuestros antecesores, tenemos el deber de conmemorar, homenajear, saber y difundir la historia de aquellos grandes protagonistas que, en tiempos de odios que dividieron a los mejores, trazaron objetivos, principios y metas en beneficio del bien común, a pesar de que se les presentaron difíciles obstáculos y privaciones, pero con coraje, inteligencia y capacidad los vencieron, y se convirtieron en los más valientes paladines de la libertad de Sud América.
Desde el año 2006, la Ley nacional 26125 declara al general Güemes héroe nacional y ratifica su condición de ser el único general argentino muerto en acción de guerra, el 17 de junio de 1821, en la histórica epopeya de la emancipación del continente americano; esta declaratoria es un acicate para los que admiramos a los hombres y mujeres que escribieron páginas gloriosas para la historia de nuestra Patria con sus acciones, y es una responsabilidad voluntaria de nosotros, los herederos de estos, el contribuir a que no se pierda y se fortalezca la historia de los orígenes de nuestra nación y sus protagonistas.
Hay que conocer para amar lo propio y, queridos lectores, el conocer nuestra historia es una de las mejores formas de hacer patria.
¡Viva la Patria! ¡Viva el general Martín Miguel de Güemes!
Virginia Pastrana
Directora Civil
Biblioteca y Museo Históricos
Regimiento Caballería Ligero 5 «Gral. Güemes»
Cuartel de los Infernales
PALABRAS DEL AUTOR
Esta investigación tiene como objetivo difundir la vida, el accionar y la conducta como hombre, militar y gobernante del general don Martín Miguel de Güemes, y de sus comandantes en la guerra por la independencia de América del Sur, también mostrar los acontecimientos que sucedieron en la misma época en nuestro país y en Sudamérica, ya que, para tener una comprensión integral de los hechos, estos deben ser analizados en su conjunto, resaltando el carácter preponderante que tuvieron los hombres y mujeres de nuestra provincia, y rescatando a muchos de ellos que fueron olvidados, tratando de hacer justicia histórica.
El general Güemes fue líder de héroes que dieron todo por la causa independentista y que no se doblegaron ante las adversidades ni las traiciones, y no sucumbieron a la tentación de los ofrecimientos de títulos, riquezas y honores que, en reiteradas ocasiones, les hicieron los representantes de la corona española.
Don Martín Miguel de Güemes no estaba hecho de bronce, era de carne y hueso como todo mortal; fue un hombre que estaba convencido de los ideales y consustanciado con los principios de los ciudadanos que buscaban el bien común.
Fue hijo, hermano, amigo, esposo y padre, un militar de carrera, un general de la nación.
El general Güemes tuvo un protagonismo fundamental en la independencia de nuestra nación y de América del Sur, y fue un colaborador imprescindible en la concreción de la gesta sanmartiniana, por tal motivo, junto a los generales don José de San Martín y don Manuel Belgrano, ocupa el lugar de Padre de la Patria.
Con su vida nos legó la mejor de las enseñanzas, el amor incondicional a nuestra nación.
Este trabajo es un modesto aporte para conocer un poco más a los protagonistas de la gesta libertaria de Sudamérica.
«Un pueblo que no conoce su historia malogra su presente e hipoteca su futuro».
Dr. Marcelo G. Ruibal
Abogado e historiador
I. EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA
Creación del virreinato del Río de la Plata
La permanente aspiración de Portugal a establecerse en la margen oriental del Río de la Plata y de avanzar sus fronteras hasta el río Uruguay hizo que el rey Carlos III de España tomara la decisión de crear el virreinato del Río de la Plata el 1 de agosto de 1776; el territorio abarcaba las actuales Repúblicas Oriental del Uruguay, Argentina, Paraguay y Bolivia, y la Segunda Región de Chile.
En 1783 se organiza la división político-administrativa del virreinato, creándose ocho gobernaciones intendencias y cuatro gobernaciones militares, quedando de la siguiente forma: gobernaciones intendencias: Buenos Aires, Córdoba del Tucumán, Salta del Tucumán, Paraguay, Potosí, Charcas, Cochabamba y La Paz; gobernaciones militares: Montevideo, Las Misiones, Chiquitos y Mojos.
El virreinato se extendía hasta Tierra del Fuego, pero, en realidad, desde la parte sur de las actuales provincias de Buenos Aires, Córdoba, San Luis y Mendoza estaba en poder de los indígenas.
Mapa del virreinato del Río de la Plata
Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán
La Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán abarcaba las actuales provincias de Santiago del Estero, Tucumán, Catamarca, Salta y Jujuy; su capital era la ciudad de Salta. Por Real Cédula el 17 de febrero de 1807 se incorpora a dicha gobernación todo el partido de Tarija, hoy perteneciente a la República de Bolivia.
Por su ubicación geográfica, se encontraba en el centro del virreinato del Río de la Plata y era el punto neurálgico del tráfico de mercancías entre Buenos Aires y Lima, ya que las que llegaban al puerto de Buenos Aires desde la península eran transportadas en carretas hasta Salta y de esta al Alto Perú y a Lima en mulas, y viceversa. En los extensos valles de Salta se criaban y engordaban las mulas para las travesías. En Sumalao, pueblo que se encuentra a unos kilómetros de la ciudad de Salta, se realizaba una vez al año la feria de compra y venta de mulas más grande del virreinato, llegando a venderse hasta sesenta mil mulas.
La ciudad de Salta a fines del siglo XVIII y principios del XIX tenía más casas de altos que Buenos Aires y, entre sus ciudadanos, se encontraban las familias más ricas del virreinato.
Las actividades económicas más importantes en la provincia eran el transporte de las mercaderías a los distintos puntos del virreinato, el cultivo de tabaco y la cría y engorde de mulas, de caballos y ganado vacuno.
Mapa de la Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán
II. MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES
Su familia
El 8 de febrero de 1785 nace, en la ciudad de Salta, don Martín Miguel Juan de Mata Güemes; su padre, don Gabriel de Güemes Montero, hidalgo español nacido en la provincia de Santander, España, llega a la ciudad de Jujuy a principios del año 1778 para asumir como tesorero oficial real de las Cajas de Jujuy; en esa ciudad, a la edad de 29 años contrae matrimonio el 31 de mayo de 1778 con doña María Magdalena de Goyechea y la Corte, de 15 años de edad, hija de una de las familias más prominentes de Jujuy; con la creación de la Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán en el año 1783, don Gabriel de Güemes Montero es nombrado ministro tesorero de Real Hacienda y comisario de Guerra de dicha Gobernación Intendencia, y se trasladada a la ciudad de Salta.
Don Martín Miguel de Güemes tuvo ocho hermanos: Juan de Dios Tomás Manuel, nacido el 8 de marzo de 1783, quien ayudó a su hermano ocupando diversos cargos en el gobierno de la provincia y en el Cabildo; Magdalena Dámasa, nacida el 12 de diciembre de 1787, más conocida como Macacha, incansable colaboradora de su hermano; Francisca Josefa; Gabriel José Mariano León, nacido el 19 de febrero de 1792, que fue fusilado en 1820 en la ciudad de Cuzco acusado de complicidad en una rebelión contra los realistas; José Francisco, nacido en 1801, quien a la edad de 16 años ingresa como cadete en el Ejército Auxiliar, y, siguiendo la carrera militar, luchó en la guerra por la Independencia como oficial de las milicias gauchas; Juan Climaco Benjamín, quien luchó en la guerra por la Independencia como oficial de las milicias gauchas y murió el 31 de mayo de 1822 en la ciudad de Salta por un disparo de un miembro de la Patria Nueva; Manuel Antonio Isaac y Napoleón Quintín José, quien nació en 1805.
Martín Miguel pasó su niñez en la ciudad de Salta, donde cursó sus primeros estudios, intercalándolos con el aprendizaje de las actividades rurales en la finca El Bordo, propiedad de su madre a unos kilómetros de la ciudad.
Inicio de la carrera militar
En la ciudad de Salta, en el año 1799, estaba destacada la 6ª Compañía del 3º Batallón del Regimiento de Infantería Fijo de Buenos Aires, y el 13 de febrero de ese año se le dio de alta en dicha compañía al cadete Martín Miguel de Güemes, a la edad de 14 años, por ser hijo de una familia hidalga; solo podían abrazar la carrera militar para ser oficiales los hijos de nobles, hidalgos u oficiales, y, luego de pasar un examen físico para su admisión, ingresaban como cadetes en un regimiento ya que no existían academias o colegios militares. Así es como Martín inicia su carrera militar.
Recibió instrucción militar y recorrió con su compañía las dilatadas fronteras de la extensa Gobernación de Salta del Tucumán, tomando contacto con autoridades y personas de las diversas ciudades y pueblos, sujetando al indio en las distintas campañas al Chaco salteño, y conociendo palmo a palmo su provincia.
Escudo de armas de la familia Güemes
A fines de 1805, el virrey Sobremonte manda que, para completar su educación militar, se dirigiera a Buenos Aires, y, habiendo noticias de que los ingleses al mando del almirante Pophan estaban organizando desde la colonia holandesa de Cabo de Buena Esperanza, en el sur del continente africano, una invasión a las colonias españolas en América, en particular al virreinato del Río de la Plata, también ordena que el 3º Batallón Fijo se trasladara a la capital del virreinato. Por tal motivo, el cadete Martín Güemes a principios de 1806 se encontraba en Buenos Aires con su Compañía. Todavía era cadete porque, por el Reglamento de las Graduaciones y Carrera de los Oficiales del Ejército de España y las Indias de fines del siglo XVIII e inicios del XIX, los nacidos en América tenían que hacer como mínimo cinco años como cadetes, mientras que para los nacidos en España el período era de dos años.
José María Bustillo en su obra Papeles añejos, vidas ignoradas refiere que José Manuel Bustillo y Cevallos y su primo, el hijo de Manuel de Escalada Bustillo de Cevallos, Antonio José de Escalada, viajaron desde Cádiz en la expedición organizada por su ilustre pariente don Pedro de Cevallos, que llegó a Buenos Aires en 1777. Por Real Cédula de Carlos III, se nombra a José Manuel Bustillo contador de las Reales Cajas de Oruro, quien con motivo de la revolución de Tupac Amaru debió viajar a ese lugar del Alto Perú y llegó a Jujuy a mediados de 1781, donde se encontró con Gabriel Güemes Montero, que se desempeñaba como tesorero oficial real de las Cajas de ese distrito. Ambos procedían de pueblos vecinos del Valle de Carriedo, en la provincia de Santander, reinos de España, y estaban unidos por parentesco, por una estrecha amistad y por una admiración común por el virrey Cevallos. Güemes le ofreció hospitalidad para hacerle una muy grata estadía. Algunos años después, Bustillo, ya de regreso en Buenos Aires, recibió de don Gabriel Güemes la prueba de amistad y de confianza; le recomendó a su hijo Martín, encargándole el pago de la mensualidad con que costeaba los estudios de la carrera militar. Don Pedro de Cevallos, José Manuel Bustillo, Gabriel de Güemes Montero y Antonio José de Escalada eran parientes entre sí. El hijo de don Pedro, Pedro Antonio de Cevallos y Pinto, después de haberse avecindado en Salta, asumió en 1815, a pedido del flamante gobernador Martín Miguel de Güemes, el cargo de ministro contador de la Gobernación Intendencia.
Primera y segunda invasión inglesa
Martín Miguel de Güemes queda adscrito a la 3ª Compañía de Granaderos del Fijo en Buenos Aires al mando del teniente coronel Juan Antonio Olondriz.
El 25 de junio de 1806, los ingleses al mando del general Beresford, con unos 1.800 hombres, desembarcan en la costa de los Quilmes, iniciando la primera invasión inglesa. El día 27 atacan Buenos Aires; la 3ª Compañía de Granaderos resistió hasta que agotaron sus municiones.
Toma del Justina, óleo sobre tela de Juan Francisco Cancio Lazo
Habiendo sido tomada Buenos Aires por las tropas inglesas, algunos españoles y criollos organizaron milicias para reconquistar la ciudad, entre los que se destacó un acaudalado comerciante, don Juan Martín de Pueyrredón.
Las fuerzas al mando del general Liniers reconquistaron la ciudad; durante los combates se produjo un hecho poco común. El cadete Martín Miguel de Güemes al mando de un grupo de caballería cargó contra un barco inglés, la Justina, que había quedado encallado a raíz de una extraordinaria bajante en el Río de la Plata, obligando al capitán a rendirse con todos sus hombres y a entregar el barco.
En febrero de 1807 los ingleses, esta vez con 12.000 hombres, toman Montevideo. En abril de ese año se le encarga a Martín Miguel de Güemes una muy importante misión, como surge del oficio dirigido por el jefe del Regimiento Fijo, don Josef Ignacio de Merlos, a la Audiencia de Buenos Aires a cargo del gobierno del virreinato desde la destitución del virrey Sobremonte, que dice:
Enterado del oficio de V.A. de 3 del corriente en que se sirve insertarme el que con fecha del 11 de marzo último se sirvió V.A. remitir al Ilustre Cabildo relativo al permiso que V.A. había advertido se concedían a las lanchas del tráfico de este río para pasar a la otra banda, sin embargo de las noticias que llegaban a V.A. de las varias que habían apresado los ingleses y no obstante de todo parece que el expresado Ilustre Cabildo ha omitido el cumplimiento de este encargo, cuya virtud se digna V.A. prevenirme de que con respecto a lo mucho que interesa cortar tan punible comercio pueda yo tomar las providencias conducentes al mismo fin; he determinado en el mismo instante nombrar al cadete don Martín Güemes sujeto de honor, actividad y de irreprensible conducta para eligiendo este seis u ocho hombres de su satisfacción, estén a la mira principalmente de noche en toda la costa, con las estrechas órdenes que le comunicaré al efecto. Y crea V.A. por lo que respecta a mí no omitiré precaución, ni disposición para que en un todo se dé debido cumplimiento a cuanto V.A. se sirve prevenirme.
Dios guarde a V.A. muchos años, Buenos Aires y abril 9 de 1807 (2). (Resaltado nuestro.)
El 28 de junio de 1807 aparecieron 110 velas en el horizonte del Río de la Plata, que transportaban a 9.000 ingleses que venían a desembarcar en las costas de Buenos Aires, iniciando la segunda invasión inglesa; mientras tanto, los soldados y vecinos de la ciudad construyeron trincheras en las calles y se organizaron para esperar al invasor.
El primer enfrentamiento con los ingleses se produjo en los corrales de Miserere, hoy plaza Miserere, el 5 de julio, donde el Regimiento de Infantería del Fijo mantuvo un arduo combate hasta que debieron retirarse por ser superados ampliamente en número; el enemigo avanzó por las calles de la ciudad, pero se encontró con una férrea resistencia cívico-militar. Desde las trincheras que se habían construido recibían nutridas descargas de las armas, desde las azoteas de las casas les tiraban con lo que tenían, hasta con agua y aceite hirviendo, convirtiendo las calles de la capital en un sendero mortal para las filas inglesas que a medida que avanzaban iban siendo diezmadas.
Los ingleses sufrieron tan aplastante derrota que se vieron obligados a levantar bandera de parlamento para rendirse y se retiraron de Buenos Aires como así también de la Banda Oriental.
En esa jornada tan gloriosa, el cadete Martín Miguel de Güemes combatió en las filas del Regimiento de Infantería del Fijo.
Como consecuencia de la misión que Güemes realizó desde abril de 1807 durante tres meses, recorriendo las costas de Buenos Aires, sobre todo de noche, por el contrabando de mercaderías hacia la Banda Oriental que estaba en manos de los ingleses, cayó gravemente enfermo después de la defensa de la ciudad. A raíz de dicha enfermedad y al enterarse de que su padre había fallecido en noviembre de 1807, solicita el 10 de marzo de 1808 se le otorgue licencia para regresar a Salta; el virrey se la concede el 7 de abril por tiempo ilimitado.
El 5 de diciembre de 1808, el ministro tesorero de Real Hacienda y comisario de Guerra de la Intendencia de Salta, don Antonio Atienza, certifica que se le presentó en revista el cadete del Regimiento de Infantería de Buenos Aires, don Martín de Güemes, sustentando también el grado de teniente del Cuerpo de Granaderos de Liniers, creado durante las invasiones inglesas.
La Suprema Junta Gubernativa de España e Indias el 13 de enero de 1809 ascendió a todos los defensores de Buenos Aires, por tal motivo, el cadete Martín Güemes fue ascendido a subteniente del Regimiento de Infantería Fijo de Buenos Aires.
Recuperado de sus afecciones, Güemes, el 4 de junio de 1809, le pide al gobernador intendente de Salta, don Nicolás Severo de Isasmendi, ser incorporado al servicio activo y, el 4 de julio, el mismo gobernador le solicita al virrey Liniers que se le extendiera a Güemes «el despacho de ayudante de estas fronteras, con destino al Cuerpo de Partidarios que la guarnecen…» (3).
2. Luis Oscar Colmenares, Martín Güemes el héroe mártir, p. 21.
3. Luis Güemes, Güemes documentado, t. 1, p. 153.
III. LA REVOLUCIÓN DE MAYO DE 1810
Antecedentes
El emperador de Francia, Napoleón Bonaparte, invade Portugal en 1807, obligando al príncipe Juan y a su esposa Carlota de Borbón, hija del rey Carlos IV de España, a huir a Río de Janeiro.
En España había graves problemas políticos internos y, por tal motivo, el rey Carlos IV abdica en favor de su hijo, el príncipe de Asturias, en febrero de 1808, quien asume el trono como Fernando VII.
Aprovechando esta situación, Napoleón Bonaparte invade España y Fernando VII renuncia al trono, asumiendo nuevamente su padre Carlos IV. En junio de 1808 el rey Carlos IV firma un tratado con Napoleón cediendo al emperador francés todos sus derechos al trono de España y de las Indias, a los pocos días el príncipe de Asturias firma otro tratado donde se adhería al realizado por su padre. Carlos IV, su esposa y el ministro Godoy viajan a Italia exiliados y Fernando VII es trasladado preso a Francia.
Napoleón corona a su hermano José Bonaparte rey de España.
En reacción a estos sucesos, se forman en las provincias españolas juntas que asumieron la autoridad política mientras el rey estuviera en cautiverio. En Aranjuez se constituye la Suprema Junta Gubernativa que representaba a las demás, conocida después con el nombre de Junta de Sevilla, la cual en 1810 se traslada a la isla de León frente a Cádiz y finalmente fue reemplazada por el Consejo de Regencia.
Esta Suprema Junta tenía como objetivos organizar la resistencia al invasor francés, restituir en la corona al rey Fernando VII y conformar una monarquía republicana.
La Suprema Junta Gubernativa manda como emisario a América al brigadier José Manuel de Goyeneche para que obtuviera el apoyo de los virreinatos de Buenos Aires y Lima.
Al arribar Goyeneche a Montevideo, un oficial británico le entrega unas cartas de la infanta Carlota de Borbón en las que le informa su decisión de asumir la corona de España mientras su hermano siguiera cautivo en Francia.
En septiembre de 1808 se crea en Montevideo una Junta Gubernativa que reconoce y jura lealtad y fidelidad a la Suprema Junta Gubernativa de España; en enero de 1809 se produce en Buenos Aires un movimiento para destituir al virrey Liniers encabezado por Martín de Álzaga para crear una junta propia, pero es sofocado por el comandante del ejército, don Cornelio Saavedra, quien sostenía que todavía no era el momento.
El brigadier Goyeneche llega en mayo de 1809 a la ciudad de Chuquisaca, en la actual República de Bolivia; se reúne con el presidente de la Audiencia y el obispo a los que les plantea la decisión de la infanta Carlota. Esta reunión toma estado público y genera una movilización de distintos sectores en apoyo al rey Fernando VII y los acusan de carlotistas. Esta reacción es aprovechada por un grupo independentista encabezado por el Dr. Manuel Zudáñez, que el 25 de mayo de 1809 encarcela al presidente de la Audiencia, forma una Junta conformada por criollos y se le encomienda el mando militar a don José Antonio Álvarez de Arenales; luego envían representantes a las distintas ciudades del Alto Perú y a Buenos Aires para propagar el movimiento revolucionario. Este levantamiento se mantiene hasta el 25 de diciembre cuando llega el mariscal Vicente Nieto, enviado por el virrey de Buenos Aires, y restablece el orden encarcelando a los responsables.
Como consecuencia de este movimiento, el 16 de julio de 1809 en la ciudad de La Paz un grupo de criollos liderado por don Pedro Domingo Murillo resuelve levantarse en armas en contra de las autoridades españolas. Ingresaron al cuartel sorprendiendo a los centinelas y haciendo rendir a toda la guarnición; inmediatamente se llamó a un cabildo abierto donde se eligieron nuevos representantes, se decretó la destitución del gobernador y de todas las autoridades españolas, y se anuló la deuda que tenía gran parte del pueblo con el tesoro real quemándose en la plaza todos los documentos que la acreditaban.
El 24 de julio la nueva Junta Tuitiva de Gobierno realizó una proclama revolucionaria que se envió a todas las ciudades que decía:
Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra Patria, hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad de despotismo y tiranía de un usurpador injusto, que degradándonos de la especie humana nos ha mirado como esclavos, ya es tiempo de levantar el estandarte de la libertad final en estas desgraciadas colonias adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía.
El virrey del Río de la Plata, don Baltasar Hidalgo de Cisneros, nombrado por la Junta de Sevilla, al enterarse del movimiento revolucionario en la ciudad de La Paz, ordena al brigadier José Manuel de Goyeneche que al mando de una fuerza considerable sofocara totalmente este movimiento. Los revolucionarios se enfrentaron a los realistas, pero, superados ampliamente en número, fueron derrotados.
Capturados los principales revolucionarios, Goyeneche los condenó a morir en la horca. El 29 de enero de 1810 se dio la orden de ejecutar a los patriotas; don Pedro Domingo Murillo pidió subir primero al patíbulo, se irguió sereno y altivo lanzando la profecía: «¡Yo muero, pero la tea que dejo encendida nadie la podrá apagar!», y seguidamente fueron rindiendo la vida por la causa libertaria sus compañeros.
Estas horrorosas ejecuciones causaron un hondo malestar en las distintas ciudades del virreinato, sobre todo en Buenos Aires a donde ya habían arribado Moreno, Castelli, Paso, Rodríguez Peña y muchos otros egresados de los claustros de la Universidad San Francisco Javier de la ciudad de Chuquisaca, que planteaban las ideas revolucionarias paceñas y que se castigara al virrey Cisneros por la orden dada y al brigadier Goyeneche por ejecutarla.
En la ciudad de Salta, desde el año 1808, fue germinando la idea de independizar estas tierras de la corona española y en 1809 cuando regresan de España José de Moldes y los hermanos Francisco y José de Gurruchaga, que habían sido miembros de la logia denominada «Conjuración de Patriotas» en la península, se profundizan las ideas independentistas, siendo el lugar de reuniones de los patriotas la casa de los Gurruchaga.
La Revolución
Ante el hecho de que el rey Fernando VII se encontrara cautivo en la ciudad francesa de Bayona y de los movimientos revolucionarios de Chuquisaca y La Paz de 1809, en la ciudad de Buenos Aires se discutía que era el momento de formar un gobierno criollo. Algunos planteaban que ese gobierno no solo tenía que ser formado por criollos, sino que debía ser totalmente independiente de España; los más moderados sostenían que al estar en cautiverio el rey, caducaba el poder del virrey y, por tal motivo, el pueblo debía elegir a sus gobernantes hasta que fuera liberado Fernando VII, y no reconocían la autoridad del Consejo de Regencia que había reemplazado a la Suprema Junta Gubernativa de Sevilla porque sustentaban que las colonias americanas dependían exclusivamente del monarca y no del pueblo de la península.
Así es que el 18 de mayo de 1810 los criollos encabezados por Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano y Juan José Castelli plantearon ante el Cabildo de Buenos Aires que se llamara a un cabildo abierto para deliberar si el virrey Cisneros había cesado en sus funciones, a raíz de que el rey de España estaba en cautiverio y que no reconocían al Consejo de Regencia que lo había nombrado, por tal motivo el pueblo debía elegir las nuevas autoridades. Reunido el Cabildo el día 22, fueron mayoría los residentes españoles. Se formó una Junta conformada por Cisneros como presidente y cuatro vocales, dos españoles y dos criollos. Los dos criollos, Saavedra y Castelli, renunciaron a sus cargos y la Junta quedó disuelta.
Ante este hecho, se llamó nuevamente a un cabildo abierto para el día 25, pero esta vez los patriotas convocaron al pueblo a la plaza y concurrieron mayoritariamente al Cabildo. Se había decidido la noche anterior que el único orador por parte de los criollos sería el Dr. Juan José Castelli.
El 25 de mayo de 1810, reunido el cabildo abierto, inicia la discusión tomando la palabra el monseñor Benito Lué en nombre de los españoles, a lo cual Castelli le responde:
Por el discurso del señor Obispo sabemos que no importa que los españoles de la península no hayan intervenido en la conquista ni poblado colonias. Nacieron en España y este es el mejor título para gobernar (…) Los hijos no heredan a sus padres (…) No hay más herederos forzosos y únicos que los españoles (…) La España ha caducado en su poder para con estos países. Es a los Pueblos a quienes exclusivamente toca declarar su voluntad en este caso (…) porque el Pueblo es el origen de toda autoridad, el Magistrado no es sino un precario ecónomo de sus intereses…
Luego de otras oratorias, se procedió a la votación: por la cesación del virrey 164 votos, por la permanencia de Cisneros 61 y no votaron 26 presentes.
