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A través de diversos fragmentos de entrevistas en medios impresos, documentales, radio, televisión, conferencias y discos, Materiales de mi canto va trazando el camino vital y artístico de Violeta Parra en su propia voz: desde su infancia y sus recorridos por pueblos y comunidades campesinas en la recopilación de la tradición oral del folclor nacional –su verdadera escuela–; sus opiniones sobre el amor, el arte, la familia, la música, los viajes. Estos Materiales son a la vez la bitácora de una vida itinerante que fundió la creación y la vida en una obra de profunda humanidad, hasta ese trágico final que clausuró una voz única, y dio la bienvenida a una leyenda que, pese al inexorable paso del tiempo, parece no detenerse.
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Seitenzahl: 37
Veröffentlichungsjahr: 2017
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Cuando se la nombra se abre una leyenda que acompaña su canto. Las primeras evocaciones son musicales, también ideológicas, pero su tren de silabas poéticas parece discurrir por causes escondidos. El carácter popular de su escritura y su nula reverencia al poder, que reafirman la función del arte como comentario y crítica de la sociedad como requisito sine qua non de las figuras de su talla, también ha sucumbido a la “vampirización política” de la que ha sido objeto –como estampita o figura de yeso–, evitando deslindar su tarea diversa como creadora, donde el acorde y el verso continúan en la pintura, la cerámica o la arpillera configurando un todo indisoluble. La trascendencia de su obra y su justa permanencia, invitan (acaso como una responsabilidad) a reconsiderar su naturaleza, singularidad y su recóndita palabra. Desde los deslumbramientos biografistas frente a una personalidad carismática y arrolladora hasta la tardía edición de sus textos.
Entonces, amparado en la entelequia que anhela descubrir los misterios de tamaño personaje, durante décadas se ha intentado conocer “la verdadera historia” por boca de la retratada, con sus propias palabras. Sin embargo, abundan los análisis sobre su obra en desmedro de las entrevistas disponibles, las que son interpretadas como momentos de revelación, a veces una confesión, el mejor momento posible para dar sentido a una poética. Declaraciones recogidas en instantes de lucidez, confusión, desvarío o –simplemente– apatía, en las que creemos vislumbrar a la persona cotidiana, común, que hay detrás de la imagen pública. Pero estás útiles (y fundamentales) fuentes, solo nos entregan una imagen incompleta, una sola toma de su significado. Un plano único.
Como si cualquier exploración que busque la verdad fuera de su obra, solamente podrá matizar o, en el mejor de los casos, ampliar el significado de esa imagen construida. En el caso de Violeta Parra Sandoval, uno de los personajes más conocidos y divulgados de la cultura nacional, sus declaraciones contenidas en las entrevistas incluidas en este volumen no buscan explicar al personaje, pues parecen ser la extensión de su propia obra. El borrador de ideas y reflexiones, una estrofa más de una canción interminable, que no se extingue, que “es un círculo infinito que no comienza ni termina nunca”, y que conservan la plena vigencia de sus opiniones y la frescura del diálogo cotidiano. Afirmaciones y sentencias que han alimentado y puesto en circulación decenas de historias sobre su vida que se enmarañan con el mito, tejiendo una sinuosa biografía devenida en animita.
Controvertida y singular en el escenario de su época, su defensa y transmisión de la música tradicional y la cultura popular significó una ruptura definitiva para la oficialidad musical chilena, encandilada con la vanguardia internacional y, en gran medida, tributaria de un criollismo de calendario, de voz impostada y cantores disfrazados de huaso repitiendo la zonza historia de algún sauce junto al estero, la casa de adobe, el potrillo regalón, las faenas campesinas narradas por ojos de ciudad con versos de un exotismo de utilería.
Su trabajo de recopilación de la tradición folclórica, como se sabe, despertó cierto recelo entre los círculos académicos. Su hermano Nicanor salió en su defensa y escribió: “...los secretarios no te quieren/y te cierran la puerta de tu casa/y te declaran la guerra a muerte/viola doliente/porque tú no te vistes de payaso/porque tú no te compras ni te vendes...”. Sin embargo, algunos sí lograron ver el carácter renovador de su faena: en un artículo sobre música chilena e identidad, el compositor nacional Gustavo Becerra declara: “En la parte creativa existe ese monumento de persona que es Violeta Parra. Ella es un ser eminentemente creador: investiga y recrea, y, por último inventa cosas nuevas. Con ello per la, pone al día lo que podríamos llamar un elemento popular de origen folclórico de nuestra identidad cultural en la música”. Y esa valiosa faena etnográfica –con total ausencia de los modernos títulos nobiliarios que significan los grados y posgrados académicos– pronto sería acogida por la Universidad de Concepción, donde trabajó en la realización de un museo de arte folclórico, hizo charlas y talleres.
Lo suyo era un acto de resistencia frente a la presión del siempre presente colonialismo cultural, camuflado bajo diversas formas. La singularidad de su voz que ella “cultivó como acto de respeto ante la tradición chilena y desafío ante las consideraciones comerciales”, anotará la crítica literaria estadounidense Naomi Lindstrom sobre sus décimas autobiográficas.
En ella los obstáculos de toda laya y el rechazo inicial parece ser el combustible de la persistencia. Activó el impulso para dar forma a sus propias composiciones. Y siguió adelante, convencida de su labor, capeando la omisión, el elogio minimizado, la injuria solapada tan propia de nuestra gente; lo que, como en muchos otros casos, solo comenzaría a revertirse luego de su muerte.
