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Desde el lejano Saipán en las postrimerías del Japón imperial, a la Argentina, Memorias relata en primera persona una privilegiada visión de dos culturas contrapuestas que coexisten en la persona del autor quien, a través de un relato que superficialmente parece simple –palabras de "un anciano que ha decidido escribir"– nos transporta a tiempos, lugares y paradigmas ajenos al mundo actual. Memorias es muchas cosas al mismo tiempo. Una autobiografía de un joven japonés que nunca conoció la imagen de su padre, su infancia en el Japón de posguerra, su llegada a una desconocida y otrora pujante Argentina y la lucha por convertirse en la anhelada clase media. Es también un raconto de costumbres y hechos llamativos del Japón, y un deseo de dejar un registro personal y único de vida que, a su vez, refleja la historia de millones.
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Seitenzahl: 399
Veröffentlichungsjahr: 2023
Kazuyoshi Matsumoto
Matsumoto, Kazuyoshi Memorias : de Japón a la Argentina / Kazuyoshi Matsumoto. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2022.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-87-3407-1
1. Memoria Autobiográfica. I. Título. CDD 808.8035
EDITORIAL AUTORES DE [email protected]
©2022, Kazuyoshi Matsumoto (sucesión). Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción, almacenamiento o distribución, total o parcial, por cualquier medio o procedimiento, sin permiso escrito previo de los titulares del copyright. Las fotografías con atribución son reproducidas bajo licencia de sus respectivos titulares.
Los hechos, personas, eventos, diálogos y demás circunstancias relatadas en este libro de memorias reflejan los recuerdos del autor sobre su pasado. Éstos describen sucesos reales desde su personal e íntimo conocimiento, vivencia e interpretación, y están sujetos a las lógicas limitaciones de la memoria, la subjetividad y la mente humana, pudiendo no coincidir necesaria e íntegramente con la realidad histórica y/o con los recuerdos, vivencias o interpretaciones que pudieran tener las restantes personas involucradas. Unos pocos nombres o datos pueden haber sido deliberadamente modificados por razones de privacidad.
Comentarios y contacto:[email protected]
Versión #230203_1.12
Palabras preliminares | 始めに・執筆の動機
1. Soy kagoshimano | 私は鹿児島の人
2. ¿Quién soy? | 生立ち
3. Mi vida en Japón | 少年時代
4. Educación en Japón | 先生へのお別れの手紙
5. Viaje a la Argentina | 渡航・航海記
6. Adolescencia | 新人生の始まり
7. Profesión y desempeño laboral | 何故エンジニアー?
8. La suerte y las experiencias laborales | 偶然に助けられ
9. Japón y Argentina, dos culturas, dos mundos | アルゼンチンと日本、2つの文化、2つの世界
10. Anécdotas sobre mí | 私についての逸話
11. Viajes con mis hijos | 子供との旅行
12. Algunos escritos de mi madre | 母の手書のメモ
Palabras finales: mi visión de la vida | 最後に私の人生観
Anexo. Diario de viaje japonés (1957)
Sobre el autor
Sinopsis
Quisiera comenzar explicitando el motivo que me impulsó a escribir estos recuerdos. Siempre soñé con dejar a mis hijos y a mi familia una memoria de mi vida: quiénes fueron sus antepasados, cómo fueron mi infancia y mi adolescencia, que transcurrieron en dos países tan diversos como Japón y Argentina, cuyas costumbres y cultura influyeron en mi personalidad, en mi manera de pensar y de sentir. Es mi intención también hacer de este libro una especie de autobiografía bilingüe de costumbres y hábitos de estas dos culturas muy diferentes.
Yo era un chico japonés nacido durante la Segunda Guerra Mundial, que vivió hasta los trece años en Japón, emigró en 1957 cuando todavía era un país pobre, y llegó a la Argentina, un país rico en el que predominaba una importante clase media.
Los años pasaron y la situación de ambos países se fue invirtiendo.
No sé si me hubiera convenido quedarme en Japón, pero en Argentina crecí, viví, formé mi familia, hice amigos, trabajé y transcurre hoy el último tramo de mi vida.
Mucho de lo que voy a narrar aquí es tan antiguo que solo las personas mayores de sesenta años podrán entender y sonreír al leer, porque tenemos un pasado en común. Creí importante también dejar escrita mi experiencia para aquellos que quieran conocer los pensamientos y las costumbres de mi época, algo de Japón y algo de Argentina, con una idiosincrasia completamente diferente a la actual.
En mi viaje de Japón a Argentina escribí un diario y llevé conmigo documentos personales como boletines de la escuela primaria, cartas y fotos que incorporaré en este libro.
Cuando dejé Japón, el país estaba recuperándose de a poco de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Era un país muy pobre, recién aparecía la televisión en blanco y negro, pero como los televisores eran tan caros, incluso en Tokio, la gente miraba televisión en alguna de las esquinas de las calles importantes. Las calles asfaltadas eran un lujo, hasta en Tokio.
Cuando llegué, Argentina era uno de los cinco países más importantes del mundo. Un miembro de la clase media solía tener una heladera Westinghouse de dos metros de altura, un centro musical donde se podían escuchar doce discos y un televisor blanco y negro, que los japoneses llamaban Sanshu no Shinki (三種の神器).
Podríamos compararlos con los tres tesoros sagrados reservados a la Casa Imperial: el espejo, la espada y la joya.
Me sorprendió tanto que me pregunté a qué país había llegado, y me puse como meta estudiar y alcanzar la clase media.
Estudié muchísimo y me gradué de ingeniero industrial. Cuando lo logré fui felicitado por todos y empecé a trabajar en Mitsui, filial de una importante empresa japonesa.
Cuando me gradué y estaba ya preparado para formar parte de la clase media, me encontré, para mi sorpresa, con un Japón moderno y recuperado económicamente. Funcionaba el Shinkansen, el tren bala, y las Olimpíadas de 1964 mostraron un país industrializado. En el año 1950, en todo Japón se hablaba de los tres tesoros que todas personas anhelaban tener, y hacia 1970 casi todas las familias japonesas los tenían.
Esto muestra que los japoneses tienen facilidad para trabajar siguiendo una meta trazada por la empresa o el gobierno, y lograr así un desarrollo que trae beneficios para todos.
Es importante conocer algunos hechos históricos, que hicieron que Japón esté en el lugar donde está, porque un país no se hace en un día sino a lo largo de su historia.
He recibido muchas preguntas y consultas sobre las costumbres y la vida de los japoneses. Voy a tratar de responder esas inquietudes.
También voy a incorporar el diario de un viaje con mis hijos mayores y otros materiales escritos por mí en la infancia -en japonés con traducción-. Considero que pueden ser importantes para mi familia y amigos de Japón. Los lectores jóvenes japoneses (si llegaran a leer este libro) quizás se sorprendan. Por eso, en varias partes encontrarán los textos en español y en japonés.
Lo que voy a escribir es en esencia mi vida.
Me considero un hombre binacional, ni japonés ni argentino. Medio extraño, indefinido, intermedio, y al mismo tiempo, un ser humano común.
No soy un científico ni un escritor, por lo que puede haber errores en mis recuerdos. Soy un aficionado.
Comenzaré hablando del Japón donde pasé mi infancia, describiré cómo era el sistema educativo, las costumbres y la vida cotidiana en esa época, compararé la vida en Argentina a través de recuerdos y anécdotas.
Muchos hechos pueden haber sido malinterpretados por mí, los datos numéricos pueden ser aproximados o no exactos. También agrego fotos sobre lo que era la vida cotidiana, incluyendo el pensamiento y el comportamiento de las personas a las que me refiero.
El 28 de junio de 2009, cuando me jubilé de la empresa donde trabajaba, comencé con la redacción de estas memorias. Han transcurrido más de diez años, lo que puede haber hecho que algo de lo descripto sea obsoleto o ya no exista.
Quiero insistir en que ésta es una simple narración, casi diría el monólogo de un anciano que ha decidido escribir.
Si bien he trabajado en empresas japonesas, no he tenido contacto directo con Japón después de retirarme del mundo del trabajo hace ya diez años.
El Japón que veo ahora a través de las noticias y la televisión, me muestra cosas que me sorprenden tanto que me siento como si viviera en la Edad Media.
Al no ser un escritor sino un aficionado, y al no poder ordenar como corresponde las narraciones habrá repeticiones de temas. Espero no aburrirlos.
Con esta introducción y con el perdón de los lectores, comienzo.
Kazuyoshi Matsumoto
Buenos Aires, agosto de 2021
¡Soy kagoshimano!
La tierra de mis antepasados es la actual prefectura de Kagoshima. Nosotros decimos que somos kagoshimanos, imitando a los entrerrianos, correntinos. No sé si las asociaciones de otras prefecturas tomaron un criterio similar para definir su origen.
Japón está organizado administrativamente en un sistema llamado Todōfuken (To: Tokio, Dō: isla de Hokkaidō, Fu: Kioto y Ōsaka, Ken: Resto de prefecturas, cuarenta y tres), es decir que hay cuarenta y siete divisiones en total. Cada distrito está presidido por un gobernador, y su accionar es controlado por una asamblea (la cantidad de asambleístas depende de cada prefectura).
La Prefectura de Kagoshima tiene una población de 1.650.000 habitantes, con una superficie de 9.187 km2, abundantes recursos naturales, culturales y turísticos y diversas actividades económicas. Está ubicada al extremo sur del Japón, en la isla de Kyūshū y dista de la ciudad de Tokio 1.358,7 km al sudoeste.
La ciudad capital de la prefectura lleva el mismo nombre.
El monte Sakurajima (Fig.1) es un volcán en actividad, separado por la bahía de Kinkouwan, cuyo paisaje es muy similar al Monte Vesubio, de allí que Kagoshima y Nápoles hayan firmado un convenio de ciudades hermanas.
Los lugares famosos son: primero la isla de Yakushima (Patrimonio Mundial) donde hay un famoso cedro de 3.000 años llamado Jōmon Sugi, con una forma parecida al de la cerámica de la era Jōmon (equivalente a la Edad de Piedra media y nueva) (Fig.2).
En segundo lugar, el Centro Espacial de la isla de Tanegashima, y luego los montes Kirishima, uno de los sitios mitológicos donde se dice que la diosa Amaterasu descendió del cielo para gobernar a Japón.
Cada prefectura tiene como símbolo su propia flor, su pájaro y su emblema.
Su flor es Rhododendron Kirisianum (Azalea de Kirishima), (Fig. 3). Su árbol es el Kusunoki (Alcanforero, Cinnamomum Camphora) (Fig. 4).
Fue elegido porque se puede plantar en la calle, cultivar fuera de la prefectura y es resistente a las enfermedades. Es un árbol de hoja perenne y crece en todo el territorio de la prefectura.
Su pájaro es el Arredajo Morado (ルリカケス, Garrulus Lidthi), y solo vive en esta prefectura (Fig. 5). Aunque es un ave de la familia de los cuervos, es muy hermosa con un color ruri (azul profundo) oscuro en la cabeza, alas y cola, pico blanco y cuerpo rojo granate.
El emblema (Fig. 6) fue creado como un símbolo de crecimiento hacia el futuro, con el fin de aumentar el sentimiento de amor por la ciudad natal y la conciencia de cómo ser un buen ciudadano. Es una topografía estilizada de la prefectura en la que el círculo central representa la isla de Sakurajima con su volcán.
La prefectura está compuesta de 19 ciudades, 20 pueblos y 2 aldeas.
Hasta el inicio de la Era Meiji (1872), Kagoshima estuvo bajo el dominio de la familia feudal Shimazu cuyo origen data de la era Kamakura (1185 a 1333) cuando fue nombrado guardián (gobernador) del territorio Satsuma, que abarcaba la actual prefectura de Kagoshima y la parte sudeste de la actual prefectura vecina Miyazaki. En el año 1609 se incorporó bajo su dominación indirecta al reino de Ryūkyū (actual Okinawa y sus archipiélagos).
La incorporación del reino de Ryūkyū hizo que Satsuma tuviera el acceso más cercano y directo que cualquier otro feudo a China y sirvió para incrementar el comercio (contrabando), así como la producción en las islas de la caña de azúcar, que contribuyó a fortalecer sus arcas y sirvió como reserva para comprar tecnología avanzada de Occidente.
Kagoshima o Satsuma siempre tuvo algún contacto con Occidente, empezando por la llegada de un famoso barco portugués que naufragó.
Francisco de Xavier (1506?-1552), por encargo de rey Juan III de Portugal, fue a la India a predicar el catolicismo, llegó al Japón en agosto de 1549, a la tierra de Kagoshima. El señor feudal de entonces, Shimazu Takahisa, lo autorizó a predicar el catolicismo dentro de su territorio, pero el conflicto con los monjes budistas lo obligó a trasladarse a Kioto.
Hideyoshi Toyotomi (1537-1598), fue un hombre de origen campesino, famoso por unificar al Japón, poniendo punto final a la guerra interna entre los feudales. Obligó a los dueños de cada feudo a estar cerca de él y lejos de su tierra. Hizo esto para vigilarlos, de tal forma que el feudo quedaba sin el dueño y era manejado por los ancianos durante su ausencia. En Satsuma, estos ancianos vieron que la moral de los jóvenes súbditos había decaído, y crearon entonces un sistema de educación aplicable dentro del territorio llamado “disciplina Satsuma” que se diferenció del resto de los feudos. El comportamiento y la actitud que implicaba fueron famosos a lo largo de la historia del Japón.
Esta filosofía de bushidō (esencia de samurái) fomentó en cierta forma la homosexualidad, por el desprecio hacia la relación con las mujeres. No sé si es cierto, pero así lo dice Wikipedia. También es reconocido en Japón que en Kagoshima existía Danson-Johi (男尊女卑), la superioridad del hombre sobre la mujer (macho man) por lo que se dice que las mujeres de otras prefecturas no querían casarse con los hombres de Satsuma.
Sin embargo, en mi infancia, si bien veía efectivamente la presencia masculina en primer plano, en realidad dentro de la casa había un respeto mutuo donde cada uno cumplía su rol. No he visto a ninguna familia en la que el marido maltratara a la mujer, sino al contrario, en la casa era la mujer quien mandaba, y hacia fuera era el hombre quien defendía la casa.
Al escribir este libro e investigar, me asombro de mi ignorancia al ir conociendo hechos históricos y datos que para los historiadores y científicos pueden ser obvios, pero para mí, son muy interesantes.
Por ejemplo, no sabía que había un control estadístico desde hacía mucho tiempo. Encontré que, en el año 1852, se llevó a cabo un censo en el que se registraron 622.365 habitantes de los cuales 170.694 pertenecían a la nobleza (samurái), incluyendo súbditos y sirvientes. Los números no son estimaciones sino exactos como en un censo actual.
Si en Satsuma había este tipo de datos seguramente lo mismo ocurría en todo Japón.
Por curiosidad tomé el nombre del 8° señor feudal Shimazu Shigehide (1745-1833), para ver su historia y encontré un registro detallado sobre su composición familiar, hasta el nombre de cada una de sus concubinas. Era muy importante para un feudal mantener su sangre y conservar su dinastía, dado que el gobierno de Bakufu confiscaba el territorio de aquellos feudales que no tuvieran hijo varón heredero. Tener concubina no era delito, sino que era demostración de poderío y obedecía a la necesidad de mantener la sangre.
Recurriendo a Wikipedia, el resumen de la composición familiar de Shigehide era el siguiente: una esposa legítima con quien tuvo solo una hija, una esposa adjunta o suplente reservada para el caso de muerte de la primera, doce concubinas, con quienes tuvo catorce varones y doce mujeres, un varón adoptivo y tres mujeres adoptivas. Como la esposa legítima no tuvo un varón, a Shigehide lo sucedió Narinobu, hijo de una de las concubinas, como el noveno señor feudal de Satsuma.
Shigehide tuvo mucho interés en la ciencia y en la cultura occidental. Cambió drásticamente la política de su feudo para que Satsuma estuviera a la vanguardia de lo que fue la asimilación de la tecnología y la cultura occidentales, antes que cualquier otro feudo.
Sus principales obras fueron la apertura de la Escuela del Feudo, llamada Zoshi-Kan, la Escuela de Artes Marciales Enbu-Kan, edición de libros sobre China, sobre agricultura, sobre la historia de Satsuma, Botánica, la apertura de la Escuela de Astronomía Tenmon-Kan, la apertura de la Escuela de Medicina Igaku-In, a la que podían asistir no solo los samuráis (nobleza) sino también los comerciantes y agricultores.
El shogunato de la familia Tokugawa duró desde 1603 hasta el año 1869, cuando el último shōgun Yoshinobu Tokugawa devolvió el poder a la Casa Imperial.
En el año 1639, el tercer shōgun, Iemitsu, cerró el país dejándolo aislado del mundo exterior y así intentó impedir la difusión del cristianismo. Sólo permaneció abierto el puerto de Nagasaki, para los holandeses, exclusivamente con fines comerciales hasta el año 1854, cuando se firmó el Tratado de Amistad entre Japón y los Estados Unidos a raíz de la llegada de la flota americana comandada por el almirante Perry en el año 1853 (Fig. 7).
Ese periodo, llamado “los 300 años de la Era Tokugawa”, es para algunos una “era pacífica sin guerras internas” y para otros la “era de cierre al exterior”.
Fue grande la sorpresa del gobierno de Tokugawa cuando llegó la flota comandada por el almirante Perry: cuatro barcos de hierro escupiendo humo negro. Hubo luego una cruenta guerra interna entre los aperturistas y los conservadores. Los japoneses sorprendidos y asustados llamaban a aquello “Kurofune Raikou: llegada del barco negro”.
Satsuma fue el lugar que más rápido reaccionó ante los nuevos acontecimientos, posiblemente por estar lejos del centro y ajeno al poder de Bakufu. El 11° Shimazu, llamado Nariakira (1809-1858) tuvo visión de futuro y continuando con la filosofía de Shigehide, durante su gobierno hizo construir fábricas para desarrollar la industria metalúrgica y también fomentó la modernización de armamentos y el fortalecimiento de la Marina, sin depender de Occidente, con desarrollo propio. Por este motivo es considerado un adelantado a su época.
Esta acción de modernización fue impulsada por la guerra con la flota inglesa, en la batalla de Kinkouwan. En ella el poderío de la moderna tecnología de Occidente con los cañones de sus barcos, que destruyeron por completo a la débil defensa de Satsuma, hizo recapacitar y entender que para luchar codo a codo con Occidente era necesario disponer de armamentos modernos y no flechas y sables.
Vale la pena detenernos para comentar la guerra Satsuma-Inglaterra.
El sistema de la sociedad feudal estaba pensado sobre la base del Kokudaka (石高), que representaba el rendimiento del arroz cosechado. Sobre él se determinaba no solo el tamaño de la tierra y la cantidad de tributo anual que los agricultores debían al feudo, sino también la formación social.
Los señores feudales, llamados daimyō, más de doscientos cincuenta en todo el Japón, tenían la obligación de vivir un año en Edo (Tokio) y un año en su tierra, no así su esposa legítima y el hijo declarado heredero, que debían permanecer en Edo. Los señores feudales aceptaron este sistema como demostración de fidelidad hacia Bakufu. Pero la verdadera intención de Bakufu era tener de rehenes a las familias, quitarles poderío militar y generarles gastos, ya que esa doble vida implicaba un doble gasto al tener residencias en dos lugares diferentes. El viaje de ida de su tierra a Edo y el regreso eran todo un acontecimiento y los feudales tenían que mostrar su poderío y autoridad, por lo que el viaje consistía en una larga fila de caravanas.
La unidad de arroz se medía en koku (石) equivalente a 150 kg de arroz. Un feudal de 100.000 koku debía formar su caravana con 10 soldados a caballo, 80 soldados rasos y 140 a 150 peones.
El tributo en Satsuma era 729.000 koku (unas 110.000. toneladas) y si se incluía las islas de Ryūkyū, llegaba a 900.000 koku, por lo que el gasto de traslado de ida y vuelta era enorme y afectaba seriamente las arcas del feudo. Implicaba una procesión acorde al valor del tributo y recorría casi 1.400 km a pie.
El 14 de septiembre de 1862, Hisamitsu Shimazu, el hombre más poderoso de Satsuma de aquel entonces, salió de Edo y tomó la ruta principal a Tokaido para volver a Kagoshima pasando por Kioto con una caravana de aproximadamente 400 personas. Cuando la procesión pasaba por una aldea cerca de Yokohama llamada Namamugi (生麦), cuatro jinetes británicos, incluída una mujer que estaba de visita como turista, la cruzaron, interrumpiéndola.
La procesión de un daimyō era un acto solemne, y todas las personas que la cruzaran debían ponerse de rodillas y no levantar la vista hasta que la columna terminara de pasar. Lo que hicieron los cuatro jinetes para los de Satsuma era un acto de agravio. Mataron entonces a un comerciante de nombre Richardson. Otros dos hombres quedaron heridos y la mujer pudo salir ilesa.
A raíz de este incidente, Inglaterra exigió a Satsuma la entrega del asesino y una suma importante como indemnización, lo que fue denegado. Inglaterra entonces declaró la guerra contra Satsuma enviando su poderosa flota el 2 de julio a atacar la ciudad de Kagoshima, en la cabecera de la bahía de Kinkouwan.
Eugene Van Reed, un comerciante estadounidense que se encontró con la procesión antes del incidente, contó que él desmontó y apartó el caballo para no perturbar el paso de la caravana y se quitó el sombrero por respeto. Dijo que recibió un gesto de agradecimiento por parte de los soldados de la caravana. Él, que estaba familiarizado con la cultura japonesa, escribió que lo que habían hecho los ingleses había sido un acto grosero y arrogante. El New York Times dijo: “La culpa de este caso es de Richardson. Ser extranjero no permite violar las leyes y costumbres japonesas”.
Entre el 15 y 17 de agosto de 1863 se libró la batalla entre la flota inglesa, confiada de su poderío, y los de Satsuma, que creían que habían alcanzado la modernización de su armamento y tenían el espíritu de combatir hasta la muerte. Así, pensaron que podían luchar codo a codo con los ingleses. Pero el resultado no fue alentador: Satsuma sufrió grandes daños, la destrucción de más de quinientas casas, de la batería de cañones y del depósito de municiones. Pero por el lado de la flota británica también hubo graves daños, como la muerte del capitán y el capitán adjunto del buque insignia Euryalus, obligado a retirarse abandonando la batalla.
Satsuma fue el testigo del poder militar de Inglaterra, representando a Occidente, y la idea de mantener cerrado el Japón fue luego tendiendo a la apertura. Pero también fue sorprendente para Occidente que la Armada británica, considerada la más poderosa del mundo, no pudiera conseguir la victoria sobre las fuerzas de una provincia de Japón.
El New York Times dijo al respecto: “Lo que los occidentales deberían aprender de esta guerra, es no subestimar a Japón. Son valientes e inesperadamente buenos en el uso de armas y tácticas al estilo occidental y son difíciles de vencer. A pesar de haber enviado refuerzos Inglaterra no pudo vencer la valentía de los japoneses”.
La guerra dio a ambas partes la oportunidad de conocer más sobre la otra, lo que provocó un cambio de rumbo y un enfoque diferente. Más adelante Japón e Inglaterra se convirtieron en aliados por mucho tiempo, hasta la Segunda Guerra Mundial.
¡Kagoshimanos!
Los hombres de Satsuma eran famosos por su valentía o desprecio por la vida, por lo que en la época feudal, muchos enemigos no querían enfrentarse a ellos. Su actitud era respetada por Occidente y Japón fue uno de los pocos países que se salvó de la colonización.
Esta es la razón por la que, como kagoshimano, quiero dedicar este capítulo contando algunos hechos famosos en la historia del Japón que son orgullo de los habitantes de Satsuma.
Como ejemplo de la valentía de los guerreros de Satsuma, se puede mencionar la retirada del ejército Satsuma en la batalla de Sekigahara (Fig. 8), que dio origen a la constitución del Shogunato Tokugawa, unificando al Japón durante casi 300 años durante los cuales no hubo guerras internas sino desarrollo cultural y artístico.
El 15 de septiembre de 1600 se enfrentaron los aliados del Este, encabezados por Ieyasu Tokunaga, y los del Oeste, por Mitsunari Ishida, que apoyaban a Hideyori Toyotomi, hijo de Hideyoshi. Hideyoshi había unificado el país en la zona de Sekigahara (actual prefectura de Aichi) donde fue la batalla que definió el destino del país.
Los señores feudales no podían mantenerse neutrales: debían elegir un bando u otro para luchar. Debían jugarse a mantener a salvo su territorio o a perderlo.
Takahisa Shimazu, quien gobernaba Satsuma, a pedido de un general de Tokugawa decidió apoyarlo y envió a su hijo Yoshihiro, que estaba en Ōsaka, para incorporarse al bando de Tokugawa. Pero por celos su hermano mayor Yoshihisa, que se había quedado en Kagoshima y por la distancia que había a Ōsaka, no había querido ayudar a su hermano y había mandado pocos soldados. Así y todo, Yoshihiro pudo reunir unos 1.500 soldados, muchos de los cuales participaron por propia voluntad porque Yoshihiro era muy respetado y querido por sus súbditos. Pero por la mala comunicación con los generales de Tokugawa se generó un malentendido que obligó a Yoshihiro a ponerse del lado de los aliados del Oeste, contra su voluntad.
Las escaramuzas duraron unas horas, pero finalmente ante la traición de uno de los feudales del bando del Oeste, la batalla terminó con un triunfo aplastante de Tokugawa.
Yoshihiro tenía en frente a los aliados del ejército del Este y detrás los ejércitos del Oeste ya derrotados y en huída. A Yoshihiro solo le quedaban 300 de los 1.500 soldados.
Aquí nace la leyenda del ejército Satsuma: Yoshihiro decidió retirarse del campo de batalla, pero no hacia atrás junto con los aliados derrotados que huían, sino avanzando y atravesando las filas de los enemigos triunfadores.
Para ello Yoshihiro envió un mensajero a los ejércitos enemigos diciendo que “el ejército de Satsuma se va a retirar y va a atravesar sus filas y será bienvenido si nos quieren enfrentar”. Primero atravesó el poderoso ejército de Masanori Fukushima, un renombrado guerrero. Luego de que el ejército de Satsuma pasara, los soldados de Fukushima sintieron una gran vergüenza y comenzaron a perseguirlo. Para defenderse de la persecución, Yoshihiro colocó pequeños grupos escalonados de fusileros expertos que impidieron que el ejército de la persecución pudiera alcanzarlos en masa. Cuando no tuvieron más municiones, estos fusileros salieron a defenderse con sables, para distraer y robar tiempo a los enemigos a costa de sus propias vidas. Mientras tanto el resto del ejército de Satsuma seguía atravesando las filas del enemigo.
Estos fusileros (valientes y expertos) habían sido designados por Yoshihiro y sus generales y se dice que entre los muertos habían más voluntarios que convocados.
Las palabras de Yoshihiro a sus soldados fueron: “Aunque saben que van a morir, deben hacerlo enfrentando el enemigo, nunca mostrando la espalda”.
Finalmente, los que pudieron llegar a Kagoshima fueron unos 80 del total de los 1.500.
Era famoso en el mundo el estilo de lucha con sable creado en Kagoshima y llamado Jigen-ryū. Era muy sencillo: pensar solo en la primera estocada, la segunda no existe.
En las artes marciales japonesas hay muchos protocolos, pero Jigen-ryū daba más importancia a la practicidad que a la forma o el estilo, enseñando que uno debe estar preparado a luchar en cualquier momento y en cualquier lugar. Estaba prohibido enseñar este estilo a los samuráis de otros feudos y solo fue practicado dentro de Satsuma.
Por eso muchos guerreros enemigos no querían enfrentar a los de Satsuma, por miedo. Enfrentar a un enemigo que no teme la muerte o morir en la lucha era considerado una virtud. Pelear con Jigen-ryū era vivir o morir, no había otra opción.
Ieyasu Tokugawa, fundador del shogunato, aun siendo dueño de todo el Japón, siempre tuvo miedo a Satsuma y ordenó que sus descendientes y familiares buscaran como esposas a las princesas de los familiares de Shimazu, para mantener el vínculo familiar. Se dice que tenía tanto temor de la potencialidad de Satsuma que pidió que su cadáver fuera colocado mirando hacia Satsuma, para vigilarlo desde la tumba.
El mausoleo de Ieyasu está en la ciudad de Nikkō, cerca de Tokio, y es un lugar turístico muy concurrido.
De chico nos enseñaban que nunca debías mostrar la espalda al enemigo, que había que enfrentar siempre, sacrificar el brazo izquierdo si era necesario (usándolo como defensa o escudo) y tener siempre el brazo derecho libre y sano para herir al contrincante.
En el colegio había un ranking de peleadores, para determinar quién era más fuerte.
En la primaria dentro de la división peleábamos entre nosotros y establecíamos el ranking. Una vez definido, peleábamos entre las divisiones del mismo grado y así establecíamos el ranking del grado.
Una vez definido el ranking de grado, siguiendo con el mismo método desafiábamos a otras escuelas, tal es así que casi todos los días había peleas entre escuelas. Cada vez que nos encontrábamos en la calle con alumnos de otras escuelas, sin razón, nos peleábamos.
Establecer el ranking no era complicado. Si el número 1 de la división A era un poco flojo, la división B mandaba a pelear su número 3 ó 4 y si lo vencía, el número 1 de la A quedaba en cuarto o quinto lugar del grado. Así en dos o tres meses del inicio de clases se establecía la escala de los peleadores por grado. Así de combativos éramos nosotros. Además el ranking era a lo sumo hasta tercer o cuarto lugar.
Buscábamos, más que saber quién era el fuerte de la división o del grado, definir quién era el que debía representar al colegio si había que pelear. Ese muchacho debía defender a sus compañeros del ataque de otros colegios. No se trataba de peleas de odio, sino casi como un deporte.
Una vez yo le pegué a un chico de un año superior con un bate de béisbol, y su maestro en vez de llamarme la atención se enojó con él porque se había dejado pegar por un menor y no había sabido defenderse. Peor aún: el chico lloraba. Los hombres no debían llorar salvo por cuestiones sentimentales pero no por dolor físico.
En Kagoshima, no existía la palabra “excusa”. Cada vez que alguien quería explicar, le decíamos “Giwoiuna” (義を言うな), que es una expresión típica de Kagoshima y ningún otro japonés entiende. La traducción sería “no te excuses”, sin importar el motivo. No preguntar por qué ni si se tiene razón o no. Quejarse era ya una falta. Así crecí, con esa filosofía: sin excusas y con el deber de ejecutar aquello de lo que uno está convencido.
Un kagoshimano nunca debe excusarse o justificarse. Si el otro dice algo, en lugar de discutir, uno debe mostrar con hechos que tiene razón.
En esa época había castigos corporales. Las travesuras o la actitud rebelde eran castigados con golpes por parte de los maestros y mayores. Nosotros aceptábamos porque sabíamos que ellos nos pegaban por una razón. No nos explicaban por qué nos castigaban: debíamos adivinar por qué y qué cosa mala habíamos hecho.
Sin embargo, también nos enseñaban que no teníamos que robar, no porque hubiera un castigo, sino porque el Sol nos estaba mirando. Siempre iba a haber unos ojos mirándonos. Tampoco había que mentir, porque la lengua se nos iba a pudrir.
Esos comentarios nos daban más miedo que los castigos corporales, quizás porque los castigos corporales se podían sentir, en cambio con las palabras uno tenía que imaginar el castigo. Tal vez según la filosofía actual, este pensamiento es demasiado inocente.
Los lectores pensarán qué brutos y bárbaros somos (¿éramos?), pero se puede decir que esto demuestra la sencillez de nuestra forma de vivir, de no pensar pros y contras. Era un modo de enseñar obediencia, fidelidad, responsabilidad y el cumplimiento de los deberes. Cuando uno dice “soy kagoshimano” sabe que solo hay una palabra.
En 1753 (año 3 de la Era Horeki), Bakufu tenía tanto temor de Satsuma que decidió debilitar sus arcas para que no pudiera tener su fuerza bélica intacta. Ordenó la construcción de diques para evitar la inundación de la cuenca del río Kiso (ríos Kiso, Nagara e Ibi), en la actual prefectura de Gifu, donde la población sufría inundaciones todos los años.
Satsuma en ese momento tenía un déficit equivalente a 660 millones de dólares actuales. La obra debía realizarse a 1.100 km de Kagoshima, en un lugar desconocido y hostil, y el gasto iba a dañar aún más las débiles arcas. Muchos sostenían que había que iniciar una guerra contra el Bakufu aún sabiendo que la derrota era inevitable.
Yukie Hirata, que era el responsable de Finanzas del Feudo como Karō (cargo similar a un ministro actual), convenció a su amo y asumió la responsabilidad de llevar a cabo el trabajo. Llevó unas 1.000 personas, incluido Ashigaru (soldados rasos). La construcción empezó con el estudio hidraúlico de la zona. Para que incurrieran en mayores gastos, el shogunato les prohibió llevar herramientas y materiales de construcción. Debían comprar en la zona. Les prohibió utilizar mano de obra local, para que tuvieran que llevar gente de Kagoshima y sumar gastos de viaje, alojamiento y comida. Aún bajo esta circunstancia adversa la obra se completó en aproximadamente un año y tres meses, con un costo equivalente a 400 millones de dólares actuales, agravando aún más la ya debilitada situación financiera del feudo. Durante la construcción, debido a la severidad del trabajo, 51 personas se suicidaron haciéndose el harakiri, y 33 murieron por enfermedad. Inmediatamente después de la finalización de la inspección de la construcción, donde comprobaron la perfección de la obra, Yukie Hirata informó al señor feudal su trabajo y luego se suicidó, haciéndose el harakiri en un templo con un vínculo muy estrecho con Satsuma. Asumió la responsabilidad del proyecto, el haber debilitado las arcas del feudo y el haber llevado a la muerte a cerca de 90 personas.
Recién en 1938 (año XIII de la Era Shōwa) la población local recaudó fondos para construir un santuario como agradecimiento a Yukie Hirata y sus trabajadores, en la ciudad de Kaizu, prefectura de Gifu, donde la población no tuvo que sufrir nunca más inundaciones (Fig. 9).
Con esto quiero mostrar que los kagoshimanos parecemos brutos, pero en el fondo somos sensibles a las desgracias ajenas y una vez que nos dan un trabajo, nos enfocamos en un único objetivo que es terminarlo y luego asumir la responsabilidad por todos los problemas que hayan surgido por cumplir con el trabajo.
A comienzos del siglo XX, hubo una disputa sobre los intereses de la península de Corea y Manchuria y el sur de Manchuria y la península de Liaodong, entre el Imperio Ruso y el Imperio Japonés. La guerra entre ambos países duró desde 8 de febrero de 1904 hasta 5 de septiembre de 1905, donde se liberó la mundialmente famosa batalla naval a gran escala que los japoneses la llaman la batalla del Mar del Japón y los occidentales batalla naval de Tsushima. El gran triunfo de la flota japonesa sobre la rusa aceleró la firma de ambos países (bajo la mediación de los Estados Unidos) del Tratado de Portsmouth que puso fin a la guerra. Los países adelantados (Estados Unidos, Inglaterra, Alemania) estaban interesados en esta batalla porque fue la primera en la que participaron buques acorazados construidos con acero y en la que fue utilizada la comunicación inalámbrica. ¿Por qué introduzco este hecho mundialmente famoso?
En esta batalla naval el comandante de la flota japonesa fue el almirante Heihachirō Tōgō (1848-1934), quien era también oriundo de Kagoshima. O sea que en mis pagos nacieron dos héroes que cambiaron el sistema político del Japón y lo pusieron a la altura de los países adelantados: el almirante Tōgō y Saigō Takamori de quien les hablaré más adelante. Tōgō comandó la flota japonesa contra una de las flotas más poderosas del mundo, la flota rusa del Báltico. Esta batalla naval se desarrolló el 27 y 28 de mayo de 1905. Por este triunfo el almirante Tōgō fue considerado uno de los tres mejores almirantes del mundo junto con Horatio Nelson y John Paul Jones.
El resultado fue que la flota rusa perdió 20 barcos (6 de ellos acorazados hundidos), y 13 capturados de los 28 barcos, además de los barcos auxiliares. La flota japonesa tuvo solo 3 torpederos hundidos. Lo más destacado de esta batalla fue el sistema de formación que Tōgō utilizó cambiando por completo el método de la batalla naval practicado hasta entonces. Esta maniobra de Tōgō que asombró a todo el mundo es conocida como “Rotación en T”.
Los acorazados tienen sus cañones principales en la proa y en la popa. Para que tengan efectividad, los cañones deben disparar hacia los costados. No se puede disparar para adelante ni para atrás dado que la cabina, que está en el medio, impide que se pueda utilizar todos los cañones en forma simultánea.
La batalla comenzó con ambas flotas avanzando en sentido contrario, con lo cual si seguían la ruta original, ambas flotas utilizarían sus cañones apuntado al costado del barco enemigo. La batalla dura poco cuando ambas flotas están en línea paralela pero avanzando en sentido contrario, hasta que se alejan una de la otra. En cambio si ambas flotas avanzan hacia la misma direccion, la duración de la batalla es más larga.
La flota japonesa se acercaba en dirección contraria a la rusa y Tōgō de repente ordenó dar la vuelta a su línea de flota. Pareció que ambas flotas iban a tomar dirección paralela para avanzar en el mismo sentido, pero como la flota japonesa tenía mayor velocidad, despúes de girar sobrepasó a la rusa y allí giró hacia la derecha de tal forma que todos cañones de la la flota japonesa podían apuntar al acorazado que avanzaba en la punta. Los otros acorazados, no podían disparar dado que los que estaban adelante impedían su visualización (Fig. 10).
Tōgō envió un mensaje al cuartel general que se hizo famoso en la historia naval: “En respuesta al aviso de que las naves enemigas han sido vistas, la flota imperial conjunta tomará inmediatamente la acción de atacar y destruírlas. Hoy reina un buen tiempo, pero las olas están altas”. Este mensaje fue enviado a las 06:34 del 28 de mayo de 1905 y fue la primera comunicación inalámbrica utilizada en guerra en el mundo.
Al divisar a la flota enemiga a las 13:40 el almirante Tōgō hizo izar la famosa bandera “Z” conocida como símbolo de guerra naval y mandó otro mensaje que también quedó en la historia: “El destino del Imperio depende de esta batalla. Cada hombre debe dar lo mejor que tiene para cumplir con su deber”.
Así como él, muchos hombres de Kagoshima ocuparon cargos importantes del gobierno de Meiji, como Toshimitsu Ōkubo, que se dedicó a modernizar la industria, pero fue asesinado en Corea; Tatewaki Komatsu, que falleció muy joven (35 años, pero por su capacidad la gente lo llamó Primer Ministro Fantasma); Toshiyoshi Kawaji, que organizó el sistema de seguridad que es la base del sistema de seguridad actual; Iwao Ōyama, General del Ejército que derrotó al ejército ruso, entre otros.
Si hablamos del kagoshimano más conocido no solo en su tierra sino por todos los japoneses es este hombre, muy querido y venerado. Uno de los personajes principales de la película El último samurái, protagonizada por Tom Cruise.
Saigō Takamori, conocido como Saigō-san (23 de enero 1824-24 de septiembre de 1877).
Uno de los mensajes más famosos de Saigō es 敬 (Kei: Venerar) 天 (Ten: Cielo) 愛 (Ai: Amar) 人 (Jin o Hito: Persona). (Fig. 11). Significa “Venerar el cielo y amar a las personas”, y resume su carácter y pensamiento.
Fue más que un samurái, el armador de la política japonesa, que vivió durante los últimos años del período Edo y comienzos de la Era Meiji. Inicialmente fue uno de los personajes políticos que apoyó la eliminación del shogunato Tokugawa y respaldó la restauración, y posteriormente se involucró con el gobierno Meiji. Pero, en 1877, tras la persecución sistemática de los samurái por parte del nuevo gobierno, lideró la rebelión Satsuma, que sería el último conflicto encabezado por los samurái en la historia japonesa. Takamori es considerado como el último samurái verdadero.
Era una persona de convicción, con carácter inquebrantable. Era muy generoso y muy querido por todos. Era honesto, detestaba el lujo y su corazón estaba con la gente pobre.
Era de carácter simple y ni siquiera le importaba su propia vida.
Esta es también su enseñanza: conocer el cielo, hacer el mejor esfuerzo, no culpar a los demás, preguntar dónde están los defectos propios.
Muy pocas letras que dicen mucho.
En mi época tenía una simple estatua de plomo sin ningún adorno, en un lugar árido. Ahora la veo rodeada de plantas (Fig. 12). Es uno de los tantos ejemplos de cuando un país crece y pueden destinar su presupuesto para embellecer el paisaje, dejar las enseñanzas de los antepasados y de esa forma dar bienestar y cultura a su gente.
Para que los lectores no piensen que exagero recalcando el carácter combativo de los kagoshimanos, transcribo el diario que encontró mi hijo, del teniente Yoshio Morokuma, quien luchó en Jiangyin, China, cerca de Shanghai, junto con mi padre adoptivo, que dice:
“Mi compañero de la Escuela Militar, el teniente Mitsuo Matsumoto, ejercía como jefe de pelotón en la 9ª Compañía, luchando en el frente de guerra. Fue trasladado al pelotón de custodia de la bandera en la retaguardia, como oficial, reemplazándome. No le gustó nada que lo sacaran del frente de batalla. Una vez en lugar de estar en la retaguardia con su tropa fue a pelear al frente e hizo que el comandante entrara en pánico, por miedo a perder la bandera del regimiento”.
Al ordenársele a mi padre retirarse con la bandera, mi padre contestó que la guerra se hacía en el frente y que el comandante no tenía ningún derecho a ordenar estando atrás de la línea de fuego y que si quería ordenar, que viniera a pelear al frente. Dice el teniente Morokuma en su diario que el teniente Matsumoto era un hombre excepcional de Kagoshima, como diciendo que todos los kagoshimanos somos diferentes y nos destacamos por nuestra valentía.
Nací el 20 de octubre de 1943, hace setenta y siete años, en una isla llamada Saipán.
En Japón cada día del calendario tiene asignada una flor. Los 366 días del año, incluído el año bisiesto, tienen sus flores. Algunas son locales y otras son de otras naciones. Este emblema de la flor personal se llama Hanakomon (花個紋) y determina el carácter y la personalidad. Por ejemplo, yo nací el 20 de octubre y mi Hanakomon es la Yokomihana Rindou, familia de Gentiana Scabra (Fig. 13). Dicen que las personas con este hanakomon desarrollan su capacidad en los momentos oportunos y llaman la atención de quienes los rodean. Aunque tienen un gran potencial oculto, en la vida cotidiana demuestran hacer mucho esfuerzo. Otros nombres de la flor son: Ryutan (Guante de Dragón), Sutan, Rakutan y Emiyagusa (Guanyuki). Es una flor representativa del otoño que se ve en las praderas y montañas. Tiene la forma de una campana de color violeta. También es apreciada como hierba medicinal.
Saipán es la más grande de las Islas Marianas del Norte en el océano Pacifico occidental. A partir de 1986 formó parte de los Estados Unidos de Norteamérica en lo que en la actualidad se denomina Estado Libre Asociado Insular Estadounidense de las Islas Marianas del Norte. Originalmente la isla estaba bajo la jurisdicción de la Sociedad de Naciones, pero Japón asumió su control de facto en la Segunda Guerra Mundial.
Por este motivo considero que soy un ciudadano sin nacionalidad. Hoy, en teoría, debería pertenecer a los Estados Unidos de Norteamérica, pero cuando tramité mi documento de identidad pertenecía todavía a Japón.
La capital de la isla se llamaba Katori, pero cuando gestioné el documento válido en aquella época, la cédula de identidad, el funcionario confundió la K con una R, y quedó como lugar de nacimiento “Ratori”. Como no tenía ganas de discutir para tratar de subsanar el error, mi lugar de nacimiento quedó como “Ratori, Saipán, Japón”.
Tengo una foto del 19 de diciembre de 1943 (Fig.14). Estamos mi madre y yo, de apenas dos meses, frente a un templo sintoísta, en Katori.
Mi padre era médico y el ejército lo había reclutado y destinado a Saipán, con rango de teniente segundo. Aunque era el rango más bajo, era un oficial del ejército. En esa época Japón era invencible, no se pensaba en la derrota, por lo que los oficiales podían llevar a sus familias a donde fueran destinados. Así, mi padre llevó a mi madre a Saipán.
El 15 de junio de 1944 comenzó el contraataque de los norteamericanos a la isla ocupada por los japoneses, quienes fueron completamente derrotados el 9 de julio del mismo año. Esta batalla se hizo famosa porque cuando los americanos atacaron, los japoneses los consideraron demonios, y las mujeres y los niños se tiraron de un acantilado, como las ratas, para suicidarse y liberarse de los enemigos.
Las escenas fueron filmadas y aún se pueden ver en un documental de la Segunda Guerra Mundial, como un triste recuerdo. Dicen que murieron más de 27.000 japoneses en la isla, y 9.000 lo hicieron en un suicidio masivo.
¿Cómo me salvé de ese escenario? Al comenzar el ataque, Japón envió tres barcos para poner a salvo a los civiles. Mi madre tenía prioridad para sacar pasaje en el mejor barco, por ser esposa de un oficial, pero por su carácter tranquilo y confiado no sacó el pasaje sino hasta último momento. Cuando fue a buscarlo ya no había lugar en el mejor barco y se tuvo que conformar con un lugar en el peor barco de los tres. ¡Yo nací con suerte, porque de los tres barcos que zarparon sólo llegó a Japón uno: el nuestro! Los otros dos fueron hundidos por los norteamericanos.
Mucho tiempo después mi abuelo me contó que cuando mi madre llegó a su casa, en la entrada se desmayó conmigo en los brazos y se quedó dormida. Durmió durante días. La tuvieron que despertar varias veces, aun pegándole, porque tenían miedo de que si la dejaban dormir, no despertara más.
En esa época los barcos tenían velocidades menores a diez nudos por hora y el tren de Yokohama a Kagoshima alcanzaba una velocidad muy inferior. Posiblemente mi madre por los nervios y el estrés de viajar con su pequeño hijo no haya podido dormir por días.
Mi padre quedó en la isla y murió en la guerra. No se sabe en qué circunstancia, ni qué día ni dónde. Por esa razón no conozco su cara. No tengo una foto de él.
Nunca quise preguntarle a mi madre sobre su vida pasada con mi padre ni sobre el viaje, por temor a traerle recuerdos amargos.
Lo único que tengo de él es un diploma (Fig.15) que dice: “El Emperador del Japón condecora (Fig.16) al fallecido, Toratarō Haruta, con la 8va Orden de Hoja de Paulownia”, fecha 30 de noviembre de 1968, sello del primer ministro, Eisaku Sato.
Mi padre de sangre se llamaba Haruta de apellido y Toratarō de nombre (Tora significa tigre, Tarō significa primer varón). Haruta se escribe 春田 y significa campo de primavera. Si bien no pertenecía a una familia samurái, era jefe de una aldea que lleva su nombre. Era el hermano mayor de tres varones. El segundo hermano se llamaba Torajirō (Jirō significa segundo varón). El tercer hermano se llamaba Torasaburō (Saburō significa tercer varón). Se recibió de médico y estaba casado, pero no sé por qué motivo, se suicidó.
Mis abuelos paternos se llamaban Kakuya (mi abuelo) y Kiyo (mi abuela). Era común en aquella época poner de nombre Taro (primogénito), Jiro (segundo hijo varón), Saburo (tercero), Shiro (cuarto) y así sucesivamente. Mis abuelos pusieron delante de cada nombre el prefijo Tora (tigre) deseando que los varones crecieran y fueran fuertes como los tigres, pero a los dos primeros se los llevó la guerra.
La guerra no solo se llevó a mi padre, sino también a su hermano Torajirō (Fig.17).
A diferencia de mi padre de quien no se conocen en absoluto las circunstancias de su muerte, sí se conoce bien la de mi tío Torajirō.
