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En su libro Educación y paz, María Montessori escribe: "Sembrad en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan; los años se encargarán de descifrarlas en su entendimiento y de hacerlas florecer en su corazón". Montessori. Consciencia y potencialidades humanas para el siglo XXI, reúne una investigación sobre la filosofía pedagógica e ideas propuestas por la Doctora María Montessori. A partir de la revisión de la historia, distintos autores, posturas y pensamiento crítico, Patricia Vandoorne, su autora y guía Montessori desde hace treinta años, da cuenta de la importancia de este proyecto y método para la proyección y preservación de la humanidad.
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Seitenzahl: 155
Veröffentlichungsjahr: 2023
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PRÓLOGO
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO I
CAPÍTULO II
CAPÍTULO III
CAPITULO IV
CAPÍTULO V
CAPÍTULO VI
CAPÍTULO VII
CAPÍTULO VIII
CAPÍTULO IX
CAPÍTULO X
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
A setenta años del fallecimiento de María Montessori, el 6 de mayo del año 1952 en Holanda, esta obra constituye un novedoso aporte al conocimiento de la pedagogía y debería ser una lectura preferencial de las guías Montessori, tanto actuales como futuras.
En la lectura del texto que se presenta, aparecen clara y delicadamente contextualizados, los principios de la metodología y filosofía Montessori para poder transformar la educación del siglo XXI; una propuesta educacional que se enfrenta a un mundo incierto y en constante cambio.
El texto de la educadora y guía Patricia Vandoorne, es elaborado a partir de un conocimiento pormenorizado de aspectos de la vida y obra de María Montessori. Un interesante esfuerzo por recuperar aspectos cruciales de la vida de una mujer inteligente e intensa. Más que una biografía, es una reflexión que va conectando ideas y prácticas, en momentos históricos de severas convulsiones sociales y políticas.
La autora nos muestras de manera sencilla, pero muy precisa, una relación entre el pensamiento montessoriano, las ideas emancipatorias de Paulo Freire y el gran aporte de Maturana al conocimiento científico de la humanidad actual, así como la integración al pensamiento complejo de Morin. Todo esto en un contexto contemporáneo, en que se distingue el reconocimiento de la complejidad, el intento por la inclusión universal, la reivindicación de lo humano y de manera indirecta, las ideas de paz y amor que subyacen a pesar de la crisis de todos los valores.
En cada uno de los diez capítulos que componen este libro, Patricia Vandoorne entrega desde distintas dimensiones el valor, no solo pedagógico, que tienen las enseñanzas de María Montessori; desde la definición auténtica de una filosofía pedagógica, hacia la recuperación sistemática de la educación de las potencialidades humanas, así como el paso a la magia conceptual de una Educación cósmica, trenzado en un eje curricular transversal y transformador de la metodología y filosofía Montessori.
Tratar la hominización, humanización y deshumanización no es un asunto fácil, de modo tal que obliga a pensar, pero a hacerlo sin la angustia ni la prisa de los apuros del presente, y al mismo tiempo, a repensar en la ética, lo que en una sociedad orientada por las fluctuaciones del mercado, es otro gran desafío. Educar para la Paz es el esfuerzo por cambiar al sujeto de la modernidad desfalleciente, desde todos los ángulos posibles, en un esfuerzo para la Educación para la vida, no como un enunciado vacío de contenido, sino con la propuesta de la práctica cotidiana que da paso a un esfuerzo que se traduce en la Educación de la consciencia.
Casi al final de este viaje, la autora nos coloca en el dilema enfrentado a diario, proponiendo la pregunta: ¿qué es ser feliz? Educar en y para la felicidad a veces resulta inalcanzable en un mundo donde el consumo reduce la consciencia.
Situados en el siglo XX, la realidad nos devuelve a los siete saberes para el siglo XXI de Edgar Morin y la Educación exponencial del siglo XXI para reconocer que las dos décadas recorridas en este siglo están llenas de avances heredados desde el siglo XX. Cuestión que la autora enuncia con mucha claridad, y reclama la necesidad de ponernos al día en las nuevas visiones tanto el plano tecnológico como en los avances, no siempre bien entendidos en las neurociencias aplicadas a la enseñanza en las escuelas, que aún no se atreven a abordar las situaciones de aprendizaje en la pandemia de Covid, así como la poca consideración necesaria sobre el componente emocional en la formación de niñas, niños y adolescentes, para proyectar los desafíos del presente en materia de educación.
Para finalizar esta breve presentación, las preguntas que la modernidad difusa que vivimos pone en cuestión son: ¿Qué nos hace humanos o humanas? ¿Qué nos deshumaniza? El concepto de autotransformación es tratado como una tarea pendiente. Para quienes hemos ejercido la docencia durante buena parte del siglo XX y parte del XXI, este texto nos sitúa en esas encrucijadas de los caminos que creíamos conocer. En esa situación, la autora señala que debemos poner en primer plano, como adultos, el trabajar con las ideas pedagógicas de María Montessori, no solo en lo que conocemos como aplicación al sistema escolar, sino también en otras instancias de lo social, lo estrictamente individual y personal.
La autora, fiel a su experiencia vital, releva no solo la libertad en el aprendizaje en los niños, sino también en el proceso que vive el educador(a) que aplica las ideas de Montessori.
La invitación es a explorar las ideas contenidas en este texto escrito con convencimiento y total honestidad.
Eduardo Fernández O.
Educador y Sociólogo
A pesar de haber sido con personas como Célestin Freinet, Ovide Decroly, Rudolf Steiner y John Dewey, representantes del movimiento de la Nueva Escuela a fines del siglo XIX e inicios del XX, su propuesta pedagógica fue distinta y las diferencias con los demás inconciliables. Compartieron ideas con los precursores de dicho movimiento, como Comenio, quien propuso el paidocentrismo en el siglo XVI; de igual manera, se inspiraron de la novela pedagógica Emilio, de Rousseau, escrita en el siglo XVIII. Dos cuestiones que marcaban una fuerte oposición a la educación tradicional, lo que derivó en denominadores comunes tales como la pedagogía activa, el paidocentrismo, el respeto hacia las necesidades e intereses del niño, una educación integral que toma en cuenta todas las dimensiones del ser humano, además de realzar las artes y la educación física.
María Montessori, en particular, profundizó en la propuesta de Édouard Seguin y Jean Itard, considerados los padres de la educación diferencial por la labor realizada en el siglo XIX con niños sordos y, en particular, con Víctor, niño salvaje de Aveyron, Francia. Estos dos pedagogos la iniciaron en el uso de materiales manipulativos y la importancia del ambiente. Como médico psiquiatra, ahondó en el conocimiento psicológico de las distintas etapas del desarrollo, enfatizando los periodos sensibles, la integración sensorial, la mente absorbente y la autonomía del niño. Finalmente, se destacó con la educación para la paz y la educación cósmica.
Paralela a la obra de María Montessori como pedagoga reconocida a nivel mundial, me parecía importante compartir hitos de su vida porque el contexto social, religioso, histórico y político en el cual creció y se desenvolvió, influyó, sin lugar a dudas, en su forma de ser y pensar; marcó su filosofía pedagógica.
Nació en Chiaravalle, Italia, en el seno de una familia burguesa, conservadora y católica. En el año 1870 se licenció como médico, a la edad de 26 años. Luego asumió una ayudantía en el área de psiquiatría, durante la cual tuvo un hijo que fue entregado a una nodriza.
Es ahí donde uno se puede dar cuenta del peso del contexto sociocultural de la época. Por un lado, María Montessori recibe la presión y acepta entregar a su hijo, a quien irá a visitar regularmente como si fuera una tía, por otro, se encuentra con niños mentalmente discapacitados, con los cuales decide iniciar un trabajo de reeducación que la lleva a concluir que las privaciones de toda índole, influyen fuertemente en el desarrollo físico, mental y emocional de los niños. Incluso decide presentar las conclusiones de su trabajo en un Congreso Pedagógico, donde su ponencia impacta a un ministro que la invita a la Escuela Magistral Orto frénica de Roma.
Luego de dos años, continuó sus estudios de Filosofía y Psicología en Londres y París, y cuando regresó a Italia en el año 1907, tomó la decisión de abrir un jardín infantil en un barrio vulnerable de Roma, la primera “Casa de los Niños”, a partir de la cual difundió su método en Italia. Cabe señalar que, en esos años, María Montessori empezó a escribir libros como Ideas Generales del Método, Antropología pedagógica, El Método de la Pedagogía Científica y El Manual Personal de la Doctora Montessori; la publicación de sus primeros libros la llevaron a viajar a distintos países de Europa cuando estalló la Primera Guerra Mundial, en 1914. Ese año la invitaron a presentar su método en Estados Unidos, a donde viajó junto a su hijo Mario, de diecisiete años, quien con el tiempo se transformó en su colaborador.
En Estados Unidos se dedicó a dictar cursos y dar conferencias, además fundó escuelas y la Fundación Montessori Americana, para expandir su método. Regresó de América a finales de la Primera Guerra Mundial, que se había centrado de manera brutal en Europa. Ahí ocurrió otro episodio paradójico de su vida: en 1926, cuando regresó a Italia, recibió el apoyo de Mussolini para fundar la Real Escuela del Método Montessori, lo que le permitió multiplicar las escuelas y los centros de formación a docentes en todo el país. Sin embargo, unos años más tarde, el auge del fascismo en Europa hizo que María Montessori renunciara a la ayuda del dictador, lo que la obligó a salir del país hacia España, donde vivía Mario. En 1929, cuando estaba por cumplir sesenta años, fundó la Asociación Montessori Internacional para proteger su método y hacerlo perdurar.
En 1934, María Montessori sale de Italia hacía a España donde vivía su hijo Mario. Sin embargo, dos años más tarde, ante el estallido de la guerra civil española, se refugia en Holanda.
En 1939 fue a la India invitada por la Asociación Teosófica junto a su hijo y colaborador, Mario. Ahí, en un pueblo llamado Kodaikanal, vivió siete años al estar sujeta a un arraigo político por su nacionalidad italiana, asociada a una potencia fascista aliada al movimiento nazi. En las colinas de Kodaikanal, María Montessori escribió cinco libros significativos que mostraban su transformación: La Mente Absorbente del Niño, Educar para un Mundo Nuevo, La Educación de las Potencialidades Humanas, La Educación Cósmica y Formación del Hombre.
Sus años en la India impactaron, sin lugar a duda, su visión del mundo. Su método se transformó en una filosofía pedagógica que engloba dos grandes dimensiones: la educación cósmica y la educación para la paz.
La primera es la columna vertebral de la metodología y filosofía Montessori, mientras que la segunda el corazón. Por una parte, el conocimiento que se desprende del macrocosmos, de la biosfera e historia evolutiva de la humanidad. Por otra, el microcosmos que consiste en conocernos a nosotros mismos como individuos, ciudadanos, seres humanos y reflejo del universo, en conexión plena con la biosfera.
De estos dos pilares, se desprenden ejes transversales:
Educación de la autonomía.
Educación de las potencialidades humanas.
Educación para la vida.
Educación de la consciencia.
Educación del bienestar.
La importancia de los seis primeros años es vital, acompañar al niño de esta edad a que alcance la autonomía es un trabajo largo y difícil que requiere de paciencia, dedicación y tiempo. Por el contrario, ofrecer al niño ayudas inútiles que hacen ganar tiempo al adulto, impide a las fuerzas naturales alcanzar un desarrollo óptimo. Además, la interacción y exploración del ambiente que se da a través de los cinco sentidos es crucial para la construcción de aprendizajes tales como las habilidades motoras y socioemocionales, y la adquisición del lenguaje, las cuales visibilizan un constante e intenso desarrollo cerebral.
En la segunda etapa de desarrollo del niño, a partir de los seis años, María Montessori propuso la educación de las potencialidades humanas, que requiere poner la imaginación al servicio del aprendizaje y estimularla inteligentemente. Además, busca profundizar en la comprensión de conceptos complejos de manera activa, vivencial y reflexiva. Según la doctora: “Hay que dar al niño una visión de todo el Universo. El Universo es una realidad imponente, una respuesta a todas las preguntas (…), pues todas las cosas son parte del Universo y están conectadas entre sí para formar una completa unidad. (…) La inteligencia se manifiesta como una totalidad gracias a la visión completa que se le ha presentado, y el niño se interesa por todo, pues cada cosa está interconectada con las demás y ocupa un sitio en el universo en el cual se centra su mente” (Montessori, La educación de las potencialidades humanas).
De igual manera, lleva al niño a tomar consciencia de que la humanidad debe encontrar su propósito holístico y universal. Por ello, propuso un eje central y transversal, llamado educación cósmica, del cual se desprende una propuesta curricular que parte del Big Bang, seguido de la expansión del universo entero, la formación del sistema solar, la historia de la Tierra; el origen y la evolución de la vida en ella, incluyendo a la humanidad y la aceleración evolutiva desde su aparición en el planeta Tierra.
La educación para la vida y el desarrollo humano nos lleva a trabajar en todas las dimensiones: fisiológica, emocional, cognitiva, espiritual y sociocultural. Solo de esta manera los niños, niñas y jóvenes podrán desarrollar un pensamiento complejo a través de un concepto holístico del conocimiento, además de un espíritu crítico y de la inteligencia emocional para poder transformarse en ciudadanos del mundo con un profundo sentido de ética.
Dados los desafíos que enfrenta la humanidad hoy, se necesita generar en los adolescentes un pensamiento divergente capaz de generar más de una solución para resolver un problema; desarrollar la creatividad para que estas soluciones sean innovadoras y sustentables a la vez; ofrecer situaciones de aprendizaje desafiantes, basadas en proyectos interdisciplinarios capaces de despertar deseo de aprender y lograr una motivación intrínseca por alcanzar las metas que se propongan. Frente a un mundo cambiante, es imprescindible desarrollar la capacidad de adaptación, la consciencia ambiental y una formación ciudadana de carácter global, abierta y respetuosa de la diversidad sociocultural. Por ello, a setenta años del fallecimiento de María Montessori, el 6 de mayo del año 1952 en Holanda, es necesario contextualizar los principios de la metodología y filosofía Montessori para poder transformar la educación del siglo XXI; una educación enfrentada a un mundo incierto y en constante cambio.
Cuenta la leyenda que la Doctora María Montessori observó a dos niños pelear por pensar que la religión del otro era más antigua. Cuando se acercó a ellos, enredó una rueda a un listón negro de unos cuarentaicinco metros, y mientras lo desenredaba, les contó la historia que iniciaba con el nacimiento de una estrella llamada Sol, hace unos cuatro mil quinientos millones de años, que relataba la formación de nuestro planeta, el origen de la vida y su evolución. La historia termina con una franja roja de unos dos centímetros al final del largo listón negro, que representaba la aparición de nuestra especie, el Homo sapiens, hace apenas doscientos mil años. Al terminar de contarles la historia, les preguntó a los niños: "¿Valdrá la pena pelear por saber cuál religión es la más antigua?".
Gracias a esta, la llamada “Lección de humildad”, uno puede concluir que ambas, tanto la educación cósmica como la educación para la paz, se complementan para alcanzar el anhelo de equilibrio entre una visión holística del conocimiento y un profundo sentido de la ética. Resulta impactante la manera de relativizar un conflicto entre dos niños para ampliar su visión, de modo que puedan entender cuál es su lugar en el universo.
María Montessori lo hace desde la intención pedagógica de aprovechar todas las potencialidades de la mente humana, capaz de absorber del entorno natural, sociocultural y afectivo, todo lo necesario para la propia construcción y transformación. En cuanto a educar para la paz, nos invita a sembrar en la mente del niño buenas ideas, como si fueran semillas en un terreno fértil: “Sembrad en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan; los años se encargarán de descifrarlas en su entendimiento y de hacerlas florecer en su corazón.” (Montessori, Educación y Paz). De ahí cobra sentido el concepto de filosofía pedagógica que busca guiar, orientar y analizar hechos con amplitud de mente, lo que permitirá al niño absorber y construir la máxima cantidad de conocimientos posibles, además de profundizar en el autoconocimiento, que es el fin último de la educación para María Montessori.
En su libro Educar para un nuevo mundo, Montessori busca ampliar la visión del conocimiento desde un paradigma constructivista humanista y un eje curricular sistémico y holístico. Metodología y filosofía que hoy se requieren para reformar la educación del mundo del siglo XXI y alcanzar los objetivos de desarrollo sostenibles y sustentables.
Este gran cambio de paradigma educacional consiste en la propuesta de un triángulo pedagógico virtuoso: en el primer vértice de este se encuentra el niño o niña; en el segundo un ambiente de aprendizaje preparado y en el tercero el adulto, docente o guía. El propósito de Montessori fue llevar al niño o niña, desde muy temprana edad, a crecer en autonomía para que pudiese desenvolverse libremente en un ambiente especialmente preparado para la construcción de los aprendizajes y la formación del ser humano en constante transformación.
Por primera vez en la historia de la pedagogía, se centró la acción pedagógica en el niño o niña, se preparó cuidadosamente un ambiente para responder a sus necesidades intrínsecas de integración sensorial, libertad de movimiento y libre elección de materiales, cuidadosamente seleccionados, secuenciados y dispuestos por el o la guía.
