Relación acerca de las antigüedades de los indios - Ramón Pané - E-Book

Relación acerca de las antigüedades de los indios E-Book

Ramón Pané

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La Relación acerca de las antigüedades de los indios del fraile jerónimo Ramón Pané se terminó de escribir a fines de 1498. Es el primer libro escrito en el Nuevo Mundo. Es también la primera descripción de la religiosidad de los indios taínos, habitantes de Santo Domingo. Fray Ramón Pané, «pobre ermitaño de la Orden de San Jerónimo» como él mismo se presenta, llegó a la Isla en compañía de Cristóbal Colón en su segundo viaje, en 1494. Después de vivir un año en el fuerte de la Magdalena, por indicación de Colón y con el fin de aprender la lengua, se trasladó a vivir con el cacique Guarionex. Durante casi dos años permaneció con este cacique hasta que decepcionado porque éste abandonaba las enseñanzas cristianas, se trasladó a vivir con el cacique Mabiatué que manifestaba su deseo de adherirse al cristianismo. Pané estuvo tres años con este otro cacique. Se piensa que Pané habría entregado su Manuscrito a Colón, al regreso de éste a España en agosto de 1500. En España el Manuscrito fue visto y estuvo en manos de al menos tres personas: - Pedro Mártir de Anglería quien lo incluyó en la primera de sus Décadas del nuevo Mundo; - fray Bartolomé de las Casas que lo extracta e incluye en su Historia de las Indias - y Hernando Colón que lo reproduce íntegro en la Historia del almirante don Cristóbal Colón.Se da la paradoja de que, pese a las menciones de estos autores, el original de Pané de la Relación acerca de las antigüedades de los indios desapareció.

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Seitenzahl: 183

Veröffentlichungsjahr: 2010

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Ramón Pané

Relación acerca de las antigüedades de los indiosEdición de Juan José Arrom

Barcelona 2024

Linkgua-ediciones.com

Créditos

Título original: Relación acerca de las antigüedades de los indios.

© 2024, Red ediciones S.L.

email: [email protected]

Diseño de cubierta: Michel Mallard.

ISBN rústica ilustrada: 978-84-9953-574-6.

ISBN tapa dura: 978-84-9007-939-3.

ISBN ebook: 978-84-9953-424-4.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO. (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Sumario

Créditos 4

Brevísima presentación 11

Estudio preliminar 13

Reconocimientos 29

Relación de Fray Ramón acerca de las antigüedades, de los indios, las cuales, con diligencia, como hombre que sabe la lengua de ellos, las ha recogido por mandato del Almirante 31

Capítulo I. De qué parte han venido los indios y en qué modo 35

Capítulo II. Cómo se separaron los hombres de las mujeres 37

Capítulo III. Que Guahayona, indignado, resolvió marcharse, viendo que no volvían aquellos que había mandado a coger el digo para lavarse 39

Capítulo IV 41

Capítulo V. Que después hubo mujeres otra vez en la dicha isla Española, que antes se llamaba Haití, y así la llaman los habitantes de ella; y aquella y las otras islas las llamaban Bohío 43

Capítulo VI. Que Guahayona volvió a la dicha Cauta, de donde había sacado las mujeres 45

Capítulo VII. Cómo hubo de nuevo mujeres en la dicha isla de Haití, que ahora se llama la Española 49

Capítulo VIII. Cómo hallaron remedio para que fuesen mujeres 51

Capítulo IX. Cómo dicen que fue hecho el mar 53

Capítulo X. Cómo los cuatro hijos gemelos de Itiba Cahubaba, que murió de parto, fueron juntos a coger la calabaza de Yaya, donde estaba su hijo Yayael, que se había transformado en peces, y ninguno se atrevió a cogerla, excepto Deminán Caracaracol, que la descolgó, y todos se hartaron de peces 57

Capítulo XI. De las cosas que pasaron tos cuatro hermanos cuando iban huyendo de Yaya 59

Capítulo XII. De lo que piensan acerca de andar vagando los muertos, y de qué manera son, y qué cosa hacen 63

Capítulo XIII. De la forma que dicen tener los muertos 65

Capítulo XIV. De dónde sacan esto y quiénes les hacen estar en tal creencia 67

Capítulo XV. De las observaciones de estos indios behiques, y cómo profesan la medicina, y enseñan a las gentes, y en sus curas medicinales muchas veces se engañan 69

Capítulo XVI. De lo que hacen dichos behiques 71

Capítulo XVII. Cómo algunas veces los sobredichos médicos se han engañado 73

Capítulo XVIII. Cómo se vengan los parientes del muerto cuando han tenido respuesta por el hechizo de las bebidas 75

[Capítulo XVIII BIS]. Cómo saben lo que quieren de aquel que han quemado, y cómo se vengan 77

Capítulo XIX. Cómo hacen y guardan los cemíes de madera o de piedra 79

Capítulo XX. Del cemí Buya y Aiba del que dicen que, cuando hubo guerra, lo quemaron, y después, lavándolo con el jugo de la yuca, le crecieron los brazos, y le nacieron de nuevo los ojos y le creció el cuerpo 83

Capítulo XXI. Del cemí de Guamorete 85

Capítulo XXII. De otro cemí, que se llamaba Opiyelguobirán, y lo tenía un hombre principal, que se llamaba Sabananiobabo, que tenía muchos vasallos bajo su mando 87

Capítulo XXIII. De otro cemí que se llamaba Guabancex 89

Capítulo XXIV. De lo que creen de otro cemí, que se llama Baraguabael 91

Capítulo XXV. De las cosas que afirman haber dicho dos caciques principales de la isla Española, uno llamado Cacibaquel, padre del mencionado Guarionex, y el otro Guamanacoel 93

[Capítulo XXV BIS]. Cómo partimos para ir al país de dicho Mabiatué, esto es, yo, fray Ramón Pané, pobre ermitaño, fray Juan de Borgoña, de la orden de San Francisco, y Juan Mateo, el primero que recibió el agua del santo bautismo en la isla Española 101

Capítulo XXVI. De lo que sucedió con las imágenes, y del milagro que hizo Dios para mostrar su poder 103

Apéndices 107

Cristóbal Colón 107

Diario del primer viaje (frente a la costa noreste de Cuba) 108

Lunes 29 de octubre 108

Jueves 1 de noviembre 108

Lunes 12 de noviembre 109

Jueves 29 de noviembre 109

Sábado 22 de diciembre 109

Miércoles 26 de diciembre 110

Carta de colón anunciando el descubrimiento del nuevo mundo (15 de febrero-14 de marzo de 1493) 110

Palabras del almirante (ca. 1496) 111

Pedro Mártir de Anglería 113

Fray bartolomé de las Casas 124

Capítulo CXX. De los ídolos que veneraban los indios de la isla Española 127

Capítulo CLXVI. De la religión que profesaban los indios de la isla Española 135

Capítulo CLXVII. De los ayunos que en honor de sus, ídolos guardaban los indios de la isla Española y de Cuba 141

Noticia bibliográfica 145

Registro de voces taínas 151

Libros a la carta 157

Brevísima presentación

La Relación del fraile Jerónimo Ramón Pané terminada de componer a fines de 1498, es considerada por algunos el primer libro escrito en el Nuevo Mundo. Es también la primera descripción de la religiosidad de los indios taínos, habitantes de Santo Domingo.

Fray Ramón Pané, «pobre ermitaño de la Orden de San Jerónimo» como él mismo se presenta, llegó a la Isla en compañía de Colón en su segundo viaje en 1494. Después de vivir un año en el fuerte de la Magdalena, por indicación de Colón y con el fin de aprender la lengua se trasladó a vivir con el cacique Guarionex. Durante casi dos años permaneció con este cacique hasta que decepcionado porque éste abandonaba las enseñanzas cristianas, se trasladó a vivir con el cacique Mabiatué que manifestaba su deseo de adherirse al cristianismo. Pané estuvo tres años con este cacique.

Se piensa que Pané habría entregado su manuscrito a Colón, al regreso de éste a España en agosto de 1500. En España el manuscrito fue visto y usado por al menos tres personas: Pedro Mártir de Anglería quien lo incluye en la primera de sus Decadas del nuevo Mundo; fray Bartolomé de Las Casas que lo extracta e incluye en su Apologética historia de las Indias y Hernando Colón que lo reproduce íntegro en la Historia del Almirante don Cristóbal Colón.

Sin embargo, el manuscrito original de Pané desapareció.

Estudio preliminar

La Relación acerca de las antigüedades de los indios, del fraile jerónimo Ramón Pané, marca un hito en la historia cultural de América. Compuesta en la isla Española en los primeros días de la conquista, es la única fuente directa que nos queda sobre los mitos y ceremonias de los primitivos moradores de las Antillas. Si se tiene en cuenta que se terminó de redactar hacia 1498, su importancia trasciende los límites insulares: resulta, por su fecha de composición, el primer libro escrito en el Nuevo Mundo en un idioma europeo. Y como fray Ramón fue también el primer misionero en aprender la lengua e indagar las creencias de un pueblo indígena, su Relación constituye la piedra angular de los estudios etnológicos en este hemisferio.1

El informe de Pané es, por consiguiente, una de las obras clásicas de la antropología americana. En sus páginas fray Ramón anotó los nombres, funciones y atributos de los dioses taínos y relató lo que los aborígenes pensaban que les sucedía a las almas después de la muerte. Describió las ceremonias de los sacerdotes o behiques y las curaciones que éstos realizaban. Recogió los mitos que le contaron sobre el origen del Sol y la Luna, la creación del mar y los peces, la aparición del hombre en las islas y la domesticación y aprovechamiento de la yuca. Narró algunos pormenores de la evangelización de la Española y explicó el significado de diversas voces taínas. Y hasta refirió la triste profecía, hecha por un antiguo cacique, de que habría de llegar una gente vestida que asolaría y mataría a sus infelices descendientes.

Es explicable, por supuesto, el interés que este documento ha despertado a lo largo de los casi cinco siglos que lleva de haberse escrito. Y también que de él corran numerosas versiones en los principales idiomas europeos. Ahora bien, debido a las adversas circunstancias que luego se explicarán, por una razón u otra esas versiones han sido insatisfactorias y han dado lugar a las inexactitudes que vician los trabajos que en ellas se fundan. Urge, por tanto, hacer un esfuerzo por esclarecer esas dificultades e intentar llevar a cabo una edición que ofrezca un texto fidedigno y fácilmente asequible a los investigadores que se interesan en las cuestiones históricas, lingüísticas y etnográficas que se desprenden de tan singular documento.

Comencemos, a ese efecto, por precisar la cronología de la obra. Al iniciar el relato Pané declara que era «un pobre ermitaño de la Orden de San Jerónimo», que por mandato de Colón fue a vivir entre los indígenas para informarle luego lo que hubiera podido «aprender y saber de las creencias e idolatrías de los indios». Por otra parte, fray Bartolomé de Las Casas, que trató personalmente a nuestro fraile, afirma que éste «vino a esta isla al principio con el Almirante».2 Si vino con el Almirante, desde luego no pudo haber sido en el primer viaje: sabido es que los tripulantes que en 1492 quedaron en el fuerte de la Navidad fueron exterminados a los pocos meses por el cacique Caonabó y su gente. Y puesto que por la propia cuenta de Pané, según se verá más adelante, en 1496 hacía unos dos años que estaba dedicado a tareas evangelizadoras en la Española, es lógico asumir que llegaría en 1494, es decir, en el segundo viaje. De este viaje no se tiene la lista completa de los pasajeros.3 Pero consta que en él fueron de unas 1.200 a 1.500 personas, y que entre ellas iban algunos sacerdotes, la mayoría enrolados en Cataluña, de donde era natural Pané. Y como de ese viaje se conocen con exactitud las fechas, puede darse por sentado que fray Ramón salió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, llegó a la Navidad el 28 de noviembre del mismo año, continuó a bordo mientras se escogía sitio para fundar la nueva colonia, y desembarcó en la Isabela el 2 de enero de 1494.4

Una vez en la Española, fray Ramón informa que fue «a la Magdalena, a una fortaleza que hizo construir don Cristóbal Colón», en cuya fortaleza quedó «en compañía de Artiaga, capitán de ella». Y que, hallándose allí, «vino el dicho señor Almirante en socorro de Artiaga y de algunos cristianos asediados por los enemigos, súbditos de un cacique principal llamado Caonabó» (Relación, cap. XXV). La rebelión de los indígenas y la llegada de Colón a la Magdalena también pueden fecharse con bastante certeza: el Almirante, en compañía de su hermano Bartolomé y de Alonso de Hojeda, salió de la Isabela al frente de una fuerte columna el 24 de marzo de 1495; dos días después él y su gente dieron batalla al cacique Guatiguaná, cuyas huestes derrotaron en Puerto de los Hidalgos, y de allí siguieron en socorro de la Magdalena.5 La llegada de Colón a dicha fortaleza debió ser, por consiguiente, hacia fines de marzo de 1495. Y para ese tiempo fray Ramón había estado en la isla más de un año.

De la entrevista que tuvo con Colón en aquella ocasión, y del subsiguiente viaje que emprendió, fray Ramón relata lo siguiente:

El señor Almirante me dijo entonces que la provincia de la Magdalena o Macorix tenía lengua distinta de la otra, y que no se entendía el habla por todo el país. Pero que me fuera a vivir con otro cacique principal, llamado Guarionex, señor de mucha gente, pues la lengua de éste se entendía por toda la tierra. Así, por su mandato, fui a vivir con el dicho Guarionex. Y bien es verdad que le dije al señor Gobernador don Cristóbal Colón: «Señor, ¿cómo quiere Vuestra Señoría que yo vaya a vivir con Guarionex no sabiendo otra lengua que la de Macorix? Deme licencia Vuestra Señoría para que vaya conmigo alguno de los de Nuhuirey, que después fueron cristianos, y sabían ambas lenguas». Lo cual me concedió, y me dijo que llevase conmigo a quien más me agradase. Y Dios por su bondad me dio por compañía al mejor de los indios... Era Guaicabanú, que después fue cristiano y se llamó Juan...

Salimos yo y Guaicabanú y fuimos a la Isabela, y allí esperamos al Señor Almirante hasta que volvió del socorro que dio a la Magdalena. Y tan pronto como llegó, nos marchamos adonde el señor Gobernador nos había mandado, en compañía de uno que se llamaba Juan de Ayala, que tuvo a su cargo la fortaleza que dicho gobernador don Cristóbal Colón hizo fabricar a media legua del lugar donde nosotros habíamos de vivir ... la cual fortaleza se llamaba La Concepción. Nosotros estuvimos, por consiguiente, con aquel cacique Guarionex casi dos años (Relación, cap. XXV).

Los datos que Pané acaba de consignar sobre las fortalezas y sus capitanes coinciden totalmente con los que recogió Las Casas.6 Y en cuanto a la cronología, corroboran su validez los pormenores que a continuación se han de examinar. Si fray Ramón llegó al cacicazgo de Guarionex en la primavera de 1495, los «casi dos años» que allí pasó nos llevarían hasta fines de 1496. Y en efecto, fray Ramón apunta: «Viendo que Guarionex se apartaba y dejaba lo que le habíamos enseñado, resolvimos marcharnos e ir donde mejor fruto pudiéramos obtener... Y así fuimos a otro cacique principal, que nos mostraba buena voluntad diciendo que quería ser cristiano. El cual cacique se llamaba Mabiatué» (Relación, cap. XXV). La fecha aproximada de este viaje puede fijarse con motivo de un lamentable episodio. Al segundo día de haberse marchado fray Ramón, seis súbditos de Guarionex tomaron unas imágenes que el fraile había dejado y las enterraron en un conuco, como solían hacer con algunos de sus propios ídolos para que la tierra diese mejores frutos. Pero como los recién llegados no entendían de tales ritos propiciatorios, pensaron que habían querido escarnecerlas. Y agrega Fané: «Se dio conocimiento a Bartolomé Colón, que tenía aquel gobierno por el Almirante su hermano, que se había ido a Castilla. Éste, como lugarteniente del virrey y gobernador de las islas, formó proceso contra los malhechores y, sabida la verdad, los hizo quemar públicamente» (cap. XXVI). Limitando nuestro comentario a la cronología, se sabe que Colón partió para Castilla en marzo de 1496, dejando el gobierno en manos de su hermano hasta que regresó en agosto de 1498.7 Coincide, pues, la fecha de salida del fraile de tierras de Guarionex, hacia fines de 1496, con la de la ausencia de Colón.

Surge ahora una duda difícil de resolver. Durante su residencia en el cacicazgo de Guarionex, o sea entre la primavera de 1495 y la de 1496, Pané debió de obtener los informes sobre las creencias de los taínos que consignó en los primeros veintiún capítulos de los veintiséis que constituyen la Relación. Ahora bien, ¿entregó esos veintiún capítulos a Colón antes de regresar éste en marzo de 1496? ¿O le comunicó verbalmente el resultado de sus pesquisas hasta ese momento, pero terminó la Relación años después? Por lo pronto es patente que el deplorable episodio que acaba de relatarse ocurrió con posterioridad a la partida del Almirante. Igualmente, en el capítulo XXVI fray Ramón puntualiza que «el primero que recibió el santo bautismo en la isla Española fue Juan Mateo, el cual se bautizó el día del evangelista San Mateo, año de 1496». Como San Mateo cae el 21 de septiembre, también ese bautizo se hizo después de haber salido Colón. Además, los acontecimientos que sigue narrando el ermitaño tampoco terminan en esta última fecha. Ese Juan Mateo es el mismo de quien anteriormente había dicho: «Dios por su bondad me dio por compañía al mejor de los indios ... Era Guaicabanú, que después fue cristiano y se llamó Juan». Y explicando las circunstancias de su fallecimiento, comenta: «El primero que recibió la muerte, y el agua del bautismo, fue un indio llamado Guatícaba,8 que después tuvo el nombre de Juan ... Y así murió su hermano Antón, y con él otro ... Los que quedaron vivos, y aún viven hoy, son cristianos ... y ahora hay muchos más cristianos por la gracia de Dios» (cap. XXVI). Si quedaron otros que «aún viven hoy» y hubo luego «muchos más cristianos», es patente que los últimos capítulos de la Relación se terminaron con posterioridad al bautizo efectuado el 21 de septiembre de 1496.

La confrontación entre ciertos datos externos y la anterior evidencia interna refuerza la hipótesis de que al emprender Colón su regreso conocía el resultado de las pesquisas de fray Ramón, pero todavía no había recibido el manuscrito de la Relación. Los datos externos consisten en que Pedro Mártir de Anglería, en epístolas fechadas entre el 13 de junio de 1497 y el 12 de mayo de 1499 da noticias de algunos de los mitos recogidos por Pané.9 Esas noticias, empero, son aisladas, breves, imprecisas. Y en ninguna de las epístolas menciona una fuente escrita; al contrario, en la última advierte que informaba «lo que recientemente me han referido de ellos».10 Todo lo cual hace pensar que en ellas Anglería simplemente relataba a sus amigos italianos alguno que otro pormenor desgajado de las conversaciones que sostenía con el Almirante.

Una evidencia interna más. Al concluir Pané el relato, vuelve a mencionar al cacique Mabiatué —a quien ahora llama Mahubiatívire—11 «el cual hace ya tres años que continúa con buena voluntad, diciendo que quiere ser cristiano» (cap. XXVI). Teniendo en cuenta que este cacique había expresado su deseo de ser cristiano entre 1495 y 1496, estos tres años adicionales nos llevarían, por consiguiente, hasta fines de 1498.

La constatación de los viajes de Pané en la Española así como la fecha de composición de la obra permiten esclarecer dos cuestiones de no escasa importancia. Invalidan, en primer lugar, un grave reparo. Fernando Ortiz ha objetado que nuestro fraile, «según Las Casas, solo entendía una de las tres lenguas de los indios de Quisqueya, la de los macorixes, que no era la general de la isla».12 Y Pedro Henríquez Ureña, coincidiendo con Ortiz, declara que «la lengua que habló Pané no fue el taíno, general en la isla, sino la del Macorix de abajo: véase Las Casas, Apologética historia de las Indias, cap. 120».13 Ahora bien, lo que Las Casas dijo en el referido capítulo es lo siguiente: «Este fray Ramón escudriñó lo que pudo, según lo que alcanzó de las lenguas, que fueron tres las que había en esta isla; pero no supo sino la una de una chica provincia que arriba dijimos llamarse Macorix de abajo, y aquélla no perfectamente, y de la universal supo no mucho, como los demás, aunque más que otros, porque ninguno, clérigo, ni fraile, ni seglar, supo ninguna perfectamente de ellas si no fue un marinero de Palos o de Moguer, que se llamó Cristóbal Rodríguez». Al testimonio de Las Casas, y en especial a lo que hemos subrayado, puede dársele ahora un sentido menos negativo. Como se ha visto, fray Ramón vivió varios años entre los taínos y tuvo tiempo, sobre todo con la adhesión y ayuda de Guaicabanú, para aprender algo de la nueva lengua y obtener los informes que deseaba. E invalidan, en segundo lugar, que la Relación se terminara en 1496, como se ha venido afirmando hasta el presente.14 De acuerdo con los datos que hemos aducido, se acabaría con posterioridad a dicho año, es decir, no antes de 1498.

La trayectoria del manuscrito después de esa fecha es más accidentada aún. Puesto que Colón había vuelto a la Española en agosto de 1498 y estuvo allí hasta agosto de 1500,15 es de suponer que fray Ramón se apresurara a terminarlo para entregarlo entonces al Almirante, y que fuera el propio Almirante quien lo llevara a España al retorno del tercer viaje. Esa conjetura concuerda con el hecho de que, si Anglería no menciona la existencia del manuscrito antes de 1499, hay constancia de que sí lo manejó entre 1500 y 1504. Es más, la lectura del extraño documento despertó de tal modo su interés que lo compendió —esta vez con declaración explícita de la fuente e inclusión de numerosos nombres taínos— en una extensa epístola en latín, dirigida al cardenal Ludovico de Aragón. La epístola pasó a formar parte de la Década primera (libro IX, capítulos 4 al 7). Como esa década se dio a la imprenta, en traducción italiana, en 1504,16 su publicación confirma que Anglería lo había manejado en España antes de dicho año.

En España también vio el manuscrito fray Bartolomé de Las Casas. Impulsado por el noble empeño de acopiar cuanto dato sirviese para defender la humanidad del indio, de allí extractó las noticias que sobre las creencias de los taínos consigna en los capítulos CXX, CLXVI y CLXVII de su Apologética historia de las Indias.

Fue además incluido, en su totalidad, en el capítulo LXI de la Historia del almirante don Cristóbal Colón por su hijo don Fernando. La obra de Fernando, escrita en español, quedó inédita al morir éste en 1539. De ella hizo una traducción al italiano Alfonso de Ulloa, versión que se imprimió en Venecia en 1571.17 Pero después de esa fecha, nada ha vuelto a saberse ni del manuscrito de Fernando ni del de Pané.18 Por consiguiente, lo único que hasta el presente se conoce de la Relaciónes el resumen en latín de Anglería, el extracto en español de Las Casas y la traducción al italiano de Ulloa.

Si la traducción de Ulloa hubiese sido modelo de pulcritud tal vez se habrían evitado muchas de las dificultades que oscurecen la Relación. Pero no fue ése el caso. Como se verá al leerla, son numerosas las erratas e incongruencias que corrompen el texto. Y a más de esos descuidos, subsanables a veces mediante una atenta lectura, Ulloa creó una nueva fuente de errores al italianizar muchos de los términos que allí aparecen. A las fortalezas de Magdalena y Concepción las llama Maddalena y Concettione, lo cual, hasta cierto punto, es aceptable. Pero cuando al capitán de la segunda, Juan de Ayala, lo llama Giovanni di Agiada, la italianización del apellido puede prestarse, y de hecho se ha prestado, a mayores confusiones: en más de una versión aparece retraducido como Juan de Aguado.