Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Retorno a la aldea reúne fragmentos de entrevistas realizadas a Jorge Teillier, que construyen y a la vez descortezan un bosque de palabras. Es una invitación al merodeo y a la cimarra, a escapar de los lugares comunes en torno a lo larico, pues en estos pasajes Teillier reflexiona críticamente sobre la identidad cultural de la poesía y el trasfondo político del progreso y las posturas ecologistas de moda. Los fragmentos componen el retrato de uno de los últimos poetas chilenos que intentó fundir arte y vida, y que postuló hasta el hartazgo que la poesía era un bien de primera necesidad.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 56
Veröffentlichungsjahr: 2016
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Montaje y edición de Cristian Jara Toro
El Retorno a la Aldea
Extractos de entrevistas a Jorge Teillier
© Cristian Jara: recopilación, edición y montaje
© Alquimia Ediciones, 2016
Colección: Umbrales de Memoria
Dirección colección: Guido Arroyo
Diseño y diagramación: Estudio Navaja
Estoy enfermo de los recuerdos de infancia,
Sueño con la niebla y con la humedad de las tardes de abril.
Serguei Esenin.
Teillier insistía frecuentemente en la idea de que lo lárico era una asignación creada por la crítica y por los poetas de Santiago, a rmando que lo hacían porque ellos no podían ser ninguna cosa. Pero, leyendo muchas de sus entrevistas, incluso en el ejercicio de —a propósito— ignorar esa crítica, es imposible no ser trasladados a un regreso recurrente de lo que fue para él la aldea: un pedregoso viaje desde el desamparo hacia la crianza, vale decir, ese extraño camino de regreso desde la ciudad del smog, hacia la bruma que expelía el tren de un pueblo-estación como Lautaro.
La escritura teilleriana contiene una vasta referencia lárica a la que nuestro poeta vuelve una y otra vez en muchas de sus entrevistas. Baste solamente mencionar dos vectores recurrentes en la voz, vectores que como tales, se desparraman hacia un destino solvente de refugios en el mohoso bosque de la palabra: Ensoñación y Regreso. Y para promover un sentido más dinámico, siento inevitable hacer un paralelismo con dos películas de Tarkovsky, quien fuera de su misma generación al otro lado del mundo; las películas resonantes aquí son Nostalgia y Sacri cio. Debo reconocer que al repasarlas no pude evitar recordar los poemas de Teillier que relatan ese viaje de vuelta al refugio bajo el manzano, ese terruño que, a él, lo hace salir para encontrar un camino en la literatura, y, por otro lado, a Tarkovsky, el terruño lo expulsa porque su poética estaba empezando a revolver el gallinero de una URSS autoritaria. Sin detenerme en detalles, como sea, en ambos casos la imposición de un decreto superior los obligó a esa extraña forma de enfermar por lo no resuelto. Enfermar por los recuerdos de infancia; en el primero la nostalgia, en el segundo el sacrificio. Sin embargo, no deja de perpetrarme y fustigar una voz que implora la necesidad urgente de eliminar del Lar la relación directa que se le atribuye a lo nostálgico y sacrificado que es dejar el pasado, o, siendo más explícito, eliminar lo que muchos entienden como lárico en Chile: el paisaje idílico que cicatrizará todos los cortes de quisca lacerados en el individuo centropolitano, el lugar donde se encuentra ese ungüento mágico en la lluvia y las praderas donde pastan las vacas, para luego al calor del leño que fuman las estufas en las casas, encontrar el regocijo pleno (donde alguna vez lo hubo, ciertamente). Más bien me interesaría viralizar la idea del paraíso perdido, lugar común de los boxeadores, hípicos, beodos, la gente simple, que hinca su oído en la tierra para sostener un rato más el cotidiano que recién pasó. Transducción de fronteras.
En Nostalghia de Tarkovsky hay una secuencia en la que la traductora y el poeta hablan desde opiniones diversas acerca de la traducción de la poesía; el poeta arguye que es intraducible, y ella, en cambio, dice lo contrario. Al cabo de unos segundos, el poeta sentencia que la única forma posible de las personas de conocerse —de comunicarse— es aboliendo las fronteras de los estados. La traductora entonces le cuenta una anécdota de Milán, en la que una criada quema la casa de sus patrones, pues quería volver a su pueblo natal a estar con su familia, y para lograrlo hace desaparecer lo único que le impedía volver. Una forma de sacrificio para evitar la nostalgia. En esa película resuena a ratos un réquiem, como una manera explícita de representar la muerte y su vaivén, como una lenta marea que establece cíclicamente la vida, la muerte, y el resurgir a una nueva forma de vida: que no es sino otra forma más del eterno retorno. Así como ese poeta ruso, que puede ser Tarkovsky, Esenin o Rilke, Teillier vuelve voluntaria o involuntariamente (por fuerza de los entrevistadores) al lugar de la ensoñación. Teillier habitaba frecuentemente el estado de la lucidez y la embriaguez —no sólo de alcohol—, sino de los sueños, un lugar importante dentro de la selección de este libro. Este transiente, o estado de trance, le permitía establecer nexos particulares entre la literatura y las personas simples para concretar su poética: demás está aclarar la reiteración con que Jorge juega a evadir el mundillo literario para orientarse más hacia temas anecdóticos, de la gente que frecuentaba en los bares o, me imagino, con quien se encontraba casualmente. El poeta de la citada película, prefiere hablar con el profeta —el loco— o trastabillar ante la presencia de una niña para terminar contándole una anécdota: y esto es ser el lar, no evocar el lar. Hay una distinción existencial y temporal muy na, que es andar entre los limbos de lo que se escribe y de lo que se es: al poeta hay que dejarlo de lado.
