Superando Fronteras y Distancias - Wolfram Laaser - E-Book

Superando Fronteras y Distancias E-Book

Wolfram Laaser

0,0
11,99 €

-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

El autor alemán, nacido a fines de la Segunda Guerra Mundial, relata sus pensamientos y acontecimientos en numerosos episodios auténticos con cierta ironía y humor. Formado como economista, sus actividades profesionales luego se focalizaron en el diseño instruccional de medios para la educación a distancia. Por ello, trabajando desde sus inicios en la Universidad a Distancia en Hagen (Alemania), su historia profesional estuvo estrechamente relacionado con la historia de la educación a distancia, cuyos modelos ganaron específicamente gran difusión durante la pandemia actual. La educación a distancia como modalidad en muchos sistemas de la educación terciaria fue muy aceptada y, debido a eso, había alrededor del mundo una gran demanda por pasantías académicas y asesoramiento. Así, si bien el libro es una autobiografía, es además una descripción del desarrollo de esta modalidad de educación como también un recuerdo de las visitas a países muy distantes de Alemania.

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB
MOBI

Seitenzahl: 353

Veröffentlichungsjahr: 2022

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Laaser, Wolfram Lothar

Superando fronteras y distancias : episodios de mi vida / Wolfram Lothar Laaser. - 1a ed - Córdoba : Tinta Libre, 2022.

408 p. ; 22 x 14 cm.

ISBN 978-987-817-039-8

1. Autobiografías. I. Título.

CDD 808.8035

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2022. Laaser, Wolfram Lothar

© 2022. Tinta Libre Ediciones

Quiero agradecer a Hada Gaziela Juárez de Perona, Luis León Dávila y Eduardo Adrián Toloza por su apoyo en la edición de este libro.

Para Marthe

Superando fronteras y distanciasEpisodios de mi vida

Wolfram Laaser

Episodio 1

Infancia y adolescencia

El lugar y la época en que nací fueron muy especiales. La Segunda Guerra Mundial estaba llegando a su fin y las mujeres embarazadas fueron evacuadas de Berlín debido a los bombardeos, por lo que nací en la pequeña ciudad de Arnstadt, en Turingia. Mi padre se llamaba Rudolf y mi madre, Ingeborg.

Mis padres

Al final de la guerra, la pequeña familia, compuesta por mi madre, mi abuela, mi hermano y yo, tuvimos que regresar al Berlín destruido. El regreso de mi madre y mi abuela a Berlín supuso un gran esfuerzo físico y psicológico, ante el ejército ruso que llegaba desde el este y la infraestructura completamente destruida. Durante la caminata de regreso, mi familia se unió a otro grupo compuesto por una mujer y sus cinco hijos. Gudrun Pausewang, la hija mayor, describió más tarde el viaje en su libro Fern von der Rosinkawiese.

No tengo recuerdos de mi padre debido a que estuvo destinado en el norte de Alemania como soldado y cayó poco antes del final de la guerra. Las circunstancias exactas de su muerte nunca fueron completamente aclaradas. Recuerdo una foto de él en un partido de fútbol como arquero, con un impresionante desfile de fondo. Mi padre había comenzado a estudiar economía antes de la Segunda Guerra Mundial, pero debió abandonar la carrera para alistarse en las fuerzas armadas. Mi madre no tenía noticias respecto a si él permanecía con vida y, probablemente para encontrar apoyo, se unió a la Iglesia católica. Estuvo muy activa en la congregación, cantó en el coro y ayudó en la preparación de campamentos de vacaciones al lado del río.

Durante el bloqueo de Berlín, mi madre y yo organizamos a los feligreses más pobres para distribuir en bicicleta paquetes con alimentos y chicles americanos. Eso tuvo un gran impacto en mí, al ver su disposición a ayudar, pero también al notar cierta ingenuidad por creer en todo lo que se le decía.

Yo tenía poco entusiasmo por ir a la iglesia los domingos; en su lugar, quería jugar al fútbol en el patio de recreo cercano, y tiempo después también en un club. Las visitas a la iglesia me valieron el apodo de “Jesús”, del que no estaba feliz de ninguna manera.

Rechacé las rígidas y excesivas reglas morales de la Iglesia sin poder defenderme de ellas. Pero mi hermano mayor estaba mucho más dispuesto a continuar y trató de convencerme de no abandonarla. También me llevó a los grupos Scouts Católicos de los que él había sido miembro durante mucho tiempo. Mi relación con esos grupos era ambivalente: por un lado, me gustaban los campamentos con carpa y mochila, pero me disgustaban la estructura autoritaria de las jerarquías, el uniforme y las marchas. Después de algún tiempo, dejé los Scouts Católicos.

Mi abuelo, 1902, en La Habana

Lamentablemente, tampoco conocí a mi abuelo Lothar. En 1906, partió hacia América en barco, como muchos otros emigrantes, y vivió un tiempo en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. Cuando la Primera Guerra Mundial era inminente, regresó a Alemania para proteger “la patria”. Tiempo después se casó en Berlín y murió allí a fines de la década de 1930. De él quedaron, como recuerdos, algunas fotos, un bonito retrato y un cuento escrito en español.

Algo muy especial fueron las visitas en los años 1960 y 1970 de mi tío segundo, Julio Heilbron, que vivía en Argentina. Un hermano mayor de mi abuelo había emigrado a Argentina y allí se casó; Julio nació de esa relación. Mi tío era un sacerdote religioso formado en Lourdes y había sido enviado a Argentina por la congregación. Hablaba francés, que nadie de la familia sabía, pero sin embargo podía comunicarse con nosotros. Particularmente espectacular fue nuestra visita al Estadio Olímpico de Berlín para ver un partido de fútbol. Como vestía su sotana negra, causó una sensación considerable entre los numerosos espectadores.

En la escuela participé activamente en las clases, pero no llamé la atención por mis notas. En cambio, le pedí a mi madre que me comprara un banjo, lo cual hizo. Al principio tomé lecciones de un profesor de música, pero resultó un fracaso porque pensaba que yo debía tocar música de Schubert con el banjo. Yo solo quería tocar música estilo Dixieland en una banda de jazz, y rápidamente abandoné esas lecciones tan clásicas. Tiempo después, aprendí tomando clases privadas impartidas por un joven músico aficionado.

Ya integraba una banda de skiffle, musicalmente no muy buena, pero alcanzaba para conseguir cerveza y coñac gratis. Especialmente para el día de la fiesta de la Ascensión (Día del Padre), cuando con nuestra banda íbamos tocando de un restaurante a otro en el río Havel. Fue una época bonita durante la cual me enamoré de mi primera novia.

Cuando concluimos nuestra escuela, luego de los exámenes finales, organizamos una fiesta de despedida a modo de “Riverboat-Shuffle”, una novedad absoluta para el Colegio Humanista Kant. En vez de un acto con música clásica, tocamos skiffle durante el paseo nocturno en vapor. Por desgracia, debido al exceso de bebidas, mi querido sombrero “chapeau melón” cayó al río cuando un miembro de nuestro conjunto intentaba abrazarme.

Episodio 2

La casa de Hundekehlesee

Mi madre había ahorrado un poco de dinero, y luego de capitalizar parte de sus derechos de pensión, pudo comprar una pequeña casa adosada en el distrito de Grunewald, como parte de un programa de subsidio estatal. El lago Hundekehle estaba muy cerca, y el “verdadero” Grunewald, con su hermoso lago, quedaba a solo unos pasos de distancia.

La casa era un punto central para nosotros, no solo para vivir sino también para reunirnos con amigos. Mi hermano hablaba sobre filosofía religiosa o cuestiones políticas en la relativamente grande sala del sótano, que se nos permitió diseñar y decorar por nosotros mismos. Un amigo que había estudiado en la escuela de arte pintó una pared entera con figuras bailando, un amigo kurdo se inmortalizó con su retrato, mientras que yo pinté un cuadro de Nolde en la pared y dibujé una enorme telaraña negra en el cielorraso. Ahí celebramos memorables fiestas con amigos, especialmente con algunos argentinos a quienes mi tío Julio recomendaba cuidar, lo que me posibilitó practicar de inmediato el español que había aprendido en una escuela de idiomas privada. Celebrábamos con empanadas, tocábamos canciones argentinas, alemanas o inglesas, y bebíamos mucho vino blanco. Uno de los argentinos era un gran admirador de Freddy Quinn (famoso cantor popular) y entonaba casi sin acento, acompañado por guitarra y bombo, “Chico, vuelve pronto” o “Una paloma blanca”. Yo me sumaba con algunas viejas coplas alemanas (Moritaten).

Las discusiones y fiestas fueron un espacio importante que nos brindó mi madre. Y también me dio la libertad de hacer autostop desde Berlín hasta Alemania Occidental. De esa manera, visité a mi tío en Weil am Rhein, cerca de la frontera suiza, a una distancia de aproximadamente 600 kilómetros. Saliendo de Berlín se debía pasar por dos checkpoints para la entrada y salida del territorio controlado por soldados de la RDA. Durante el viaje me alojaba en uno de los muchos albergues juveniles, pero eso no siempre era posible. Así conocí la perseverancia y cómo juzgar a los extraños. Cuando tenía unos 16 años, hice autostop hasta el río Loire en Francia; una vez incluso me llevó un coche fúnebre.

Episodio 3

Aprendizaje

La decisión sobre mi futuro profesional era inminente. Mi hermano había estudiado Medicina durante dos años e incluso realizado algunas prácticas en el exterior. Por otro lado, mi madre estaba convencida de que yo debía buscar algo “práctico” y aprender como empleado industrial. Hice la prueba en las dos grandes empresas eléctricas, Siemens y Compañía General de electricidad (AEG). No fui aceptado por Siemens, pero funcionó con AEG. El aprendizaje en las viejas fábricas del distrito Wedding de Berlín y el plan de formación, muy poco atractivo, me dejaron frustrado y aburrido, lo que me llevó a malas evaluaciones por parte de los respectivos jefes de departamento. Como protesta, cuando no había nada que hacer, leía en el trabajo la novela El hombre con el brazo dorado. Envidiaba a mi hermano por su prestigioso título de Medicina.

Mi situación cambió repentinamente cuando a los aprendices de mayor rendimiento se les ofreció la posibilidad de acortar el período de aprendizaje de tres años al menos por medio año. Mi compromiso aumentó enormemente y después de dos años y medio me convertí en un empleado industrial con excelentes calificaciones. Al final, los representantes de la AEG me regalaron un libro de Ludwig Erhard (primer ministro de Economía de la República Federal de Alemania) con el título El milagro económico alemán. Y solicité un trabajo en Buenos Aires, pues la AEG estaba en vía de construir una nueva planta allá. Un director de Frankfurt me entrevistó, pero no pudo prometerme que me darían un trabajo calificado. Otros intentos de conseguir un trabajo en América del Sur tampoco tuvieron éxito.

Episodio 4

Mi primer gran viaje

Durante ese tiempo, mi hermano y yo hicimos un gran viaje a Turquía. A los dos nos gustaba mucho viajar y teníamos curiosidad por conocer otros países y culturas, así que fuimos a Estambul en tren. El viaje desde Berlín duró un total de tres días. Desde Estambul, hicimos autostop o tomamos un dolmuş, el taxi turco compartido, para llegar por la costa a través de Bursa e Izmir hasta Adana, cerca de la frontera con Siria, donde una noche dormimos en una pequeña cueva rocosa junto al mar.

Desde Kayseri caminamos por el paisaje árido y desértico, guiados únicamente por una pequeña brújula. No había ni señales ni carreteras, solo sabíamos que queríamos ir a “eski köy” (pueblo antiguo), y seguimos la brújula.

A medida que el sol se levantaba, subió peligrosamente la temperatura y nuestras reservas de agua se acabaron. Con mucha suerte y la ayuda de dos paisanos, logramos llegar al pueblo y encontrar el campamento de un arqueólogo alemán perteneciente a la Universidad de Marburg que estaba ocupado realizando excavaciones. Mi hermano lo había contactado antes de nuestra salida.

Al día siguiente, con un aldeano local, montamos en mulas hasta el monte Nemrut Dağı. Allí vimos las famosas esculturas de enormes cabezas de origen helénico o persa. Estábamos allí solos en silencio, todavía no había turismo importante.

Como alemanes, siempre fuimos recibidos de manera muy amigable. Visitamos brevemente Chipre y cruzamos la Línea Verde, que aún existía en ese momento y separaba la parte griega de la parte turca de la isla. Luego, encontramos un carguero que nos trajo de regreso desde Famagusta hasta Turquía. Pudimos viajar a través de gran parte del país hasta Ankara en autobús por 10 marcos alemanes, lo que correspondía a 5 euros. Luego seguimos viajando a Estambul y finalmente abordamos el tren a Múnich. En el vagón, escribí el siguiente poema en inglés:

So we are back again

So we are back again, burnt by Cyprus sun.

A fellow in the train called me a bum.

My head is heavy and my legs have died,

but I’m still dreaming of Rakis shimmering light,

of vast Taurus mountains breaking the sea

and the silent moments at the beach cafe.

So we are back again,

new sounds are touching my ear.

Only my foolish brain still thinks that Turkey is near.

Estamos de vuelta (Trad. WL)

Estamos de vuelta quemados por el sol de Chipre

Un compañero en el tren me llamó vagabundo.

Mi cabeza está pesada y mis piernas agotadas,

pero sigo soñando con la brillante luz de Raki,

las vastas montañas de Taurus rompiendo el mar

y los momentos de silencio en el café de la playa.

Estamos de vuelta,

nuevos sonidos llegan a mis oídos.

Solo mi tonto cerebro todavía piensa que Turquía está cerca.

Episodio 5

Matrimonio y mudanza a Kiel

Conocí a quien sería mi esposa, en el bar de jazz Eierschale. Ella estaba con un grupo de mujeres jóvenes de Hamburgo en uno de los viajes financiados por el Senado de Berlín para mantener una estrecha relación entre la anterior capital y Alemania Occidental. Berlín había sido dividido por las potencias victoriosas en cuatro sectores: uno ruso, un sector francés, uno inglés y un sector estadounidense. Berlín se ubicó en el medio de la parte de Alemania controlada por Rusia, la posterior RDA.

Después del primer baile, le pedí prestados 50 marcos alemanes a un amigo iraquí pues quería impresionarla invitándola a tomar un Martini en la barra del bar. Luego, como ella estaba alojada en un albergue de la Cruz Roja, muy cerca de nuestra casa, pude acompañarla en el camino de regreso. En ese momento, aproveché la oportunidad y le pedí que me acompañara el día siguiente a una fiesta en la casa de un amigo en Berlín-Spandau (distrito que limita con el sector ruso) y ella aceptó.

Al día siguiente, tomamos el S-Bahn (metro) y luego el bus por un largo rato. La casa de mi amigo estaba justo en el límite con el sector este, y el otro lado de la calle ya formaba parte del sector ruso. Para entrar a la casa, tuvimos que pasar una barrera y pasar unos sacos de arena a lo largo de la calle hasta la casa. Estaba completamente oscuro y mi compañera estaba aterrorizada, lo cual era comprensible, porque solo veíamos los faros que iluminaban la valla y oíamos los ladridos de los perros. Al final, ella confió en mí, llegamos y pudimos disfrutar la fiesta.

Nos escribíamos y visitábamos con frecuencia. Ella trabajaba en la oficina de correo de Hamburgo, donde se ocupaba de enviar telegramas y mensajes por télex. Desafortunadamente, había poca simpatía entre mi madre y ella, lo que más tarde nos llevó a discutir muy a menudo sobre nuestra actitud y obligaciones hacia ella. Mi madre probablemente veía a las amigas de sus hijos como posibles adversarias por el amor de los hijos.

De una manera muy simplificada, veo la distribución de roles dentro de la familia de la siguiente manera: mi hermano mayor tuvo que asumir parcialmente el rol de padre debido a la desaparición del nuestro, y su vínculo con mi madre era muy fuerte. Yo tenía más bien el papel del pequeño bromista, en particular cuando era necesario calmar situaciones tensas. Por supuesto, no podía aceptar a mi hermano como sustituto de mi padre, y más tarde fui hostil o competitivo hacia cualquier tipo de autoridad.

Tiempo más tarde, mi futura esposa logró que la transfirieran de su trabajo en Hamburgo hacia la oficina de Berlín, y dejó en suspenso su deseo de formarse en el campo del trabajo social. La oficina de correos estaba en una “zona de luz roja”, lo que no era muy obvio a primera vista, pero el camino de regreso, felizmente, estaba casi a la vuelta de la esquina.

Después de visitar a sus padres en Preetz, ella quedó embarazada y tuvimos que tomar decisiones importantes. Decidimos casarnos y mudarnos a Kiel para estar cerca de mis suegros. Yo había comenzado a estudiar Administración de Empresas en la Universidad Libre de Berlín (FU), pero no podía encontrar mi camino y todavía no sabía cómo estudiar con éxito. La FU estaba muy lejos y perdía mucho tiempo viajando en autobús y tren y buscando los diferentes edificios de conferencias. Había asistido a varias clases sin poder hacerme una idea clara de la estructura curricular a seguir. Solo las clases sobre estadística descriptiva lograban mantener mi atención. Y fui testigo de cómo los estudiantes abuchearon a un profesor de cierta edad cuando entró a la sala de conferencias armado con una gran regla. Su didáctica no fue muy estimulante y tuvo que salir casi inmediatamente de la sala debido a la recepción poco amistosa. Regresó unos minutos después, pero la reacción de los estudiantes no cambió, por lo que la conferencia de ese día no se pudo realizar. Sin embargo, aquella situación fue algo excepcional.

Nuestra boda tuvo lugar en medio de un pequeño grupo de familiares y en el Ayuntamiento Rojo de Schöneberg, (rojo por el color de sus piedras). Para despedirnos de nuestros amigos y familiares de Berlín, ya habíamos dado una fiesta de despedida en el sótano de nuestra casa. El día después de la boda fuimos en el coche de mi suegro directamente a Preetz en Schleswig- Holstein, al norte de Alemania. Mi madre lloró amargamente.

Me llevaba bien con mi suegro, y tenía una suegra muy cariñosa y bondadosa. Para viajar a una corta luna de miel en Copenhague, mi suegro incluso me prestó su coche, que lamentablemente volvió con un gran rasguño causado en un aparcamiento danés. Pero incluso en esa situación, él se mostró complaciente y no me culpó.

Encontramos un pequeño apartamento barato en Kiel, un poco alejado del centro, pues nuestra situación financiera era extremadamente complicada. Cuando nació nuestra hija en septiembre de 1965, éramos tres con un ingreso total de alrededor de 600 DM, financiados por mi madre y mi suegro. Cada fin de mes canjeábamos nuestros sellos de descuento por compras de víveres, como última reserva. Teníamos dos habitaciones pequeñas, con la cocina, una estufa y el catre en una habitación. El dueño de la vieja casa era un bebedor y no muy agradable sujeto que vivía justo debajo de nosotros. Yo iba a la Universidad de Kiel en bicicleta y luego tuve que continuar en autobús.

Cuando el NDR (Canal Regional de TV) quiso informar sobre la situación difícil de las parejas de estudiantes con hijos, el sindicato de estudiantes nos recomendó como ejemplo. Y así fue como conseguí mi primera aparición en la televisión.

La pareja joven

La bebé se parecía mucho a mí al principio, y resultó relativamente sencilla de cuidar. Éramos muy jóvenes, nos enfrentamos a una serie de situaciones difíciles, y paso a paso descubrimos nuestras diferencias y similitudes. Mi esposa era impulsiva y sus decisiones apresuradas, mientras que era más probable que yo me comprometiera y tratara de resolver los problemas de manera racional. Ella era generosa y yo bastante tacaño. Ella era muy bonita e incluso algunos de mis amigos intentaron conquistarla en las fiestas. Eso me ponía muy celoso, pero no quería demostrarlo.

Episodio 6

Estudios en Kiel

El comienzo de los estudios en la Universidad de Kiel fue más fácil de afrontar que en Berlín, debido a que muchos de los estudiantes, además de asistir a las clases de Micro y Macroeconomía en la universidad, también acudían a un tutor privado que les enseñó los conceptos básicos de manera muy didáctica y hasta con cierto humor. Cuando le preguntaban sobre su preferencia entre los diferentes enfoques teóricos, recomendaba la lectura de los veinte tomos de Lenin sobre la teoría del imperialismo. Yo también decidí tomar sus cursos de tutoría durante dos semestres, aunque debí afrontar el costo económico adicional.

Al principio tuve algunos problemas con la teoría de la probabilidad en inferencia estadística. Durante mi aprendizaje, generalmente solo tenía que aprender cálculos de interés compuesto, pero no cálculos integrales y diferenciales, y terminé aprobando el examen de estadística inferencial con una nota de 4, casi reprobado. Pero luego compré un grueso libro sobre matemática para economistas de RGD Allen, y siempre que tenía tiempo, estudiaba y realizaba sus numerosos ejercicios. Incluso llevé el libro a la playa, para disgusto de mi esposa. En total llené alrededor de mil páginas de papel con mis anotaciones. Y cuando tenía alguna hora libre, aprovechaba para reunirme con otros estudiantes para discutir, o correr en el “pato” (un Citroën 2 CV) de un compañero de estudios hacia el Mar Báltico, o por los hermosos callejones y pueblos alrededor de Mönkeberg o Laboe. Una vez terminamos con el pequeño auto en una zanja, pero los cuatro pudimos levantar el “pato” y seguir viaje.

Cuando nuestros recursos financieros lo permitían, mi esposa y yo íbamos al restaurante Ihlkate, cerca de nuestro apartamento. En un duro invierno, tuvimos que abrirnos paso a través de una zona boscosa con nieve de un metro de altura para llegar hasta allí. En el cálido comedor siempre pedíamos un desayuno de granjero, muy rico. Nuestra caja no estaba lo suficientemente provista para pedir un bistec.

El Báltico estaba helado en el borde por las bajas temperaturas, por lo que se podía caminar sobre el mar. Quedé muy impresionado por las olas totalmente congeladas.

Kiel es una importante base naval y, durante el receso del semestre, busqué trabajos de vacaciones para poder tener algo de dinero. En el astillero Howaldt Werft pinté cargueros, recogí chatarra o barrí. Una vez hasta se nos permitió limpiar un submarino.

Otro trabajo relativamente bien pagado fue trabajar en un restaurante en la orilla del lago Plön. Los barcos de excursión atracaban allí para tomar un café y comer tarta, por lo que a menudo tenía que caminar de un lado a otro entre el restaurante y el jardín a la barra del lago. El último día llegué al trabajo un poco más tarde por la mañana, después de haber estado ocupado el día anterior hasta la una de la mañana. El dueño, que solo se hacía notar por sus gritos y tenía fama de bebedor, me echó el último día del trabajo. A pesar de algunos problemas, el tiempo en Kiel fue probablemente el más despreocupado.

Episodio 7

Visitando parientes

Cuando pudimos dejar a nuestra hija sola durante más tiempo, decidimos visitar a los parientes franceses de mi esposa en París y Marmande. Durante ese tiempo, dejamos a nuestra hija con mis suegros. Mi suegra venía del norte de Francia y tenía una hermana gemela que tenía con su marido una granja en Limours, cerca de París. Me pareció inusual y al mismo tiempo interesante sentarme en una mesa larga con un gran número de personas a la hora de comer y conocer a la mayoría de los numerosos primos de mi esposa.

Mapa de la región de Burdeos

De Limours pasamos a Marmande, donde vivía el hermano de mi suegra con su esposa. Dormíamos en la casa y su esposa nos mimó con sopas deliciosas, y lo pasamos muy bien. Sin embargo, como la ciudad de Marmande tenía poco que ofrecer, pedimos prestado al dueño de casa un Renault para descubrir la zona. Salimos por Monbazillac y Bergerac hacia St. Emilion, cuando de repente un ruido desagradable interrumpió nuestro tranquilo viaje. Fuimos a un taller para preguntar qué le pasaba al coche. Nos dijeron que probablemente se debía al embrague y que la reparación tardaría unos días. Desde la estación de tren de Montouban llamamos a nuestro tío y le pedimos que viniera a buscarnos. Pasaron algunas horas antes de que nos recogiera en otro automóvil. Resultó que había dos lugares con el mismo nombre y primero nos había buscado en el lugar equivocado. Estaba muy avergonzado. Arrastramos el auto de regreso a Marmande con una barra de hierro rígida. Fue puro miedo porque nunca había hecho algo así. Como el tío había trabajado como mecánico en Costa de Marfil, África, pudo examinar el coche al día siguiente y descubrió que la falla era muy simple: el nivel de aceite estaba demasiado bajo. Nos reímos mucho después de esa aventura.

Desde Marmande, hicimos autostop con mi esposa hasta Marsella a través de Agèn, e incluso viajamos en un gran camión una parte del camino. Fue emocionante sentarse en la cabina y ver cómo el camión se deslizaba por los pequeños pueblos en la oscuridad. El conductor de otro vehículo manejaba demasiado rápido en el último tramo a Marsella por la ruta nacional y constantemente tiraba del volante para no salirse de la curva. Para mi esposa, la conclusión fue que no iba a repetir nunca más dicha experiencia.

Episodio 8

De Marsella a Marrakech

Yo todavía no quería regresar y pretendía hacer autostop hasta Marrakech, así que terminamos nuestro viaje en común. Ella tomó el tren de regreso y yo hice autostop a lo largo de la costa española hacia Valencia. Pude recorrer una gran distancia en un auto hasta que el conductor descubrió que yo no compartía sus preferencias sexuales, y ya no quiso llevarme con él.

Desde Algeciras, en el punto más al sur de España, llegué al Gibraltar, de aspecto típicamente inglés, y desde allí tomé el barco hacia Ceuta, que todavía estaba bajo la soberanía española y era un enclave libre de impuestos.

Marruecos para mí comenzó recién en Tánger. Fue fascinante deambular por las estrechas calles de los zocos con los pequeños puestos que parecían quioscos. Todavía se observaba mucho trabajo manual, casi no había turistas, y una pareja marroquí me invitó a cenar.

En Tánger tuve la suerte de que, después de dos horas de espera en la carretera bajo el sol abrasador, un “pato” (Citroën 2 CV) finalmente se detuvo. El conductor era un joven ciudadano suizo y su acompañante era de Australia. Ellos también querían ir a Marrakech.

Marrakech era hermosamente oriental y el té con hojas frescas de menta me hizo olvidar el deseo de cerveza. Por la noche había bastante movimiento en la gran plaza central. Iluminados por la luz de pequeñas lámparas, se podían ver encantadores de serpientes, contadores de cuentos y vendedores ambulantes. Esa noche dormí en una habitación que solía usarse para almacenar grano. Descansé bien, pero a la mañana siguiente estaba cubierto de picaduras de insectos y mi piel tardó mucho en recuperarse. Un consuelo fue que el cantante de folk irlandés Donovan también se había hospedado allí unas semanas atrás. Realmente me gustaron las canciones de Donovan y yo mismo toqué algunas de ellas.

De vuelta en España, una linda pareja de profesores que vivían en Faro me llevó con ellos hasta su domicilio en Portugal. Me invitaron a cenar en su apartamento y luego me dejaron en un albergue juvenil para pasar la noche. Estuve allí solo a excepción de un empleado, y tuve la libertad de elegir entre las camas. Durante la noche tuve fiebre muy alta y me sentí muy enfermo; había contraído hepatitis, de la variedad más leve. Tuve mucha suerte, pues el profesor que me había invitado a cenar regresó para ver si todo estaba bien, y luego de conocer mi enfermedad, me trajo algunos medicamentos.

Hice reposo durante dos días hasta que la fiebre bajó. Luego me levanté, comí un bistec jugoso y continué mi viaje. Hice autostop hasta Sagres, donde el Mediterráneo y el Atlántico se encuentran, y luego hasta Lisboa. Allí escuché auténtico fado y deambulé por las calles estrechas. De Lisboa volví a España. En Badajoz cogí un tren a Madrid, y durante el largo viaje, un joven español entonó canciones flamencas en una pequeña plataforma sin techo mientras el paisaje cambiaba rápidamente. Tenía una voz áspera como la que se escucha en las películas de Carlos Saura. Un recuerdo inolvidable.

En el albergue juvenil de Madrid conocí a un grupo mixto de mochileros que, al igual que yo, tenían poco dinero para gastar. Y cuando alguno recibía un cheque de su casa, invitaba al resto a cenar.

En uno de los pocos días que pasé en ese ambiente hippie, escuché a un joven tocar blues con su guitarra al estilo Big Bill Broonzy. Estaba emocionado y pensé: «Nunca podrás hacer eso mismo en toda tu vida».

El viaje de Madrid a Kiel resultó muy rápido, y al llegar a mi hogar, quizás debido a la larga ausencia, mi hija me resultaba un poco extraña; y tal vez ella experimentara la misma sensación. Luego, no volví a viajar solo por varios años; finalmente me había adaptado a mi nuevo papel y sentí una gran calma interior.

Episodio 9

Economista del Instituto de Economía Mundial

Avanzando en mis estudios, había pensado cambiarme a la Universidad de

Regensburg para seguir a un joven y carismático profesor, pero nuestra situación familiar y financiera no lo hubiera soportado. Una solicitud de beca del DAAD para estudiar en la famosa London School of Economics tampoco resultó, por razones similares.

También me sentí como un estudiante de la Escuela Schneider, porque había escrito mi tesis de diploma con Erich Schneider, sobre la unión de pagos intraeuropeos después de la Segunda Guerra Mundial.

Schneider trajo la formulación de la teoría económica en forma matemática, de Escandinavia a Alemania. Durante mucho tiempo fue director del Instituto de Economía Mundial en Kiel y fue la figura principal entre los economistas alemanes de su época. Murió poco después de que yo me graduara y comenzara mi trabajo en ese instituto.

Su sucesor fue Herbert Giersch, entonces presidente del Consejo de Expertos Económicos, que asesoraba al gobierno. Recurriendo a la escuela neoliberal de Chicago de Milton Friedman y destacando la interpretación de datos empíricos sin una base teórica detallada, se mantuvo bastante en contra de mis puntos de vista, que fueron moldeados por discusiones que buscaban conceptos alternativos para las cuestiones económicas.

Durante mis estudios y posteriormente, trabajé intensamente con tres compañeros griegos sobre teorías marxistas y leí libros de economistas como Lange, Sweezy y Baran. En la universidad, por primera vez en la historia de la Christian Albrechts University, mis compañeros de estudio ofrecieron un seminario sobre enfoques marxistas, al cual los profesores fueron invitados por los estudiantes y no al revés.

Huelga estudiantil en la Universidad de Kiel

Otra actividad que organizamos en ese tiempo consistió en varias discusiones en pequeños grupos con un político estatal socialdemócrata sobre temas de política económica, que, sin embargo, no condujeron a ninguna acción concreta. También, junto con mi esposa, participé en manifestaciones para terminar con la guerra de Vietnam.

Giersch trajo consigo a varias personas de Saarbrücken y del entorno del Consejo de Expertos que eran muy poco críticos con su línea de trabajo, por lo que el pequeño grupo de estudiantes de Kiel recién contratados no estaba demasiado motivado. Para mí fue el primer trabajo como universitario y quería seguir adelante.

También conduje hasta Bonn para asistir al grupo de trabajo que elaboraba pronósticos de ingresos por impuestos y publiqué un artículo en la revista Wirtschaftsdienst que fue nombrado “artículo del mes”.

El instituto estaba al lado de la oficina de impuestos y muchos empleados comían en ese comedor todos los días, y luego caminaban unos pasos por el fiordo con las manos cruzadas por detrás. En ese momento pensaba que no quería una vida tan aburrida, que siempre tuviera las mismas rutinas.

En verano, para superar el aburrimiento del investigador aislado, pasábamos las horas de recreo en la cercana y vieja piscina Düsternbrooker Holz, en el fiordo de Kiel. También organizábamos torneos de ajedrez e íbamos a los kickers en el pub de la estación central. Nuestra productividad relativamente baja y los descansos prolongados llevaron al despido de tres de los Kielers, recién empleados. También cambió mi campo de trabajo hacia los conceptos de cálculo de tarifas efectivas y la determinación empírica de sus efectos. Pero no me gustó nada ese tema, y cuando un colega vino con un anuncio de trabajo que a él no le interesaba, yo sí sentí curiosidad.

Cuando mi hija estaba en el jardín de infantes, mi esposa comenzó a cumplir su ansiado deseo de capacitarse como trabajadora social. Pero resultaba demasiado complicado coordinar el jardín de infantes, la formación de mi esposa y el trabajo en el instituto. Por esas razones, mi esposa decidió postergar sus estudios de trabajo social y nada se interpuso a un cambio.

Episodio 10

Asistente en Berlín

En el anuncio, se ofrecía un puesto de asistente en la Universidad Técnica de Berlín, en el área de Finanzas Públicas. El titular de la cátedra era un joven profesor de Frankfurt recién nombrado, por lo que no dudé en aceptar ese cargo. Las con¬diciones eran bastante favorables: enseñanza en los estudios básicos de economía, asistente de cátedra de Finanzas Públicas y un tercio de la jornada laboral para hacer un doctorado. Incluso pude llevarme un tema para mi doctorado desde Kiel: los efectos económicos del presupuesto público. Así que dejé Kiel y volví a la ciudad de mi juventud con mi esposa y mi hija.

Mi esposa primero viajó en tren a Berlín para alquilarnos un apartamento. Ella vivió durante esos días en un piso compartido, algo que a ella le gustaba. Luego nos mudamos a un gran apartamento, pero de estilo viejo con radiadores eléctricos y una estufa de carbón.

El distrito Neukölln era poco elegante y me tomaba entre media hora y 45 minutos en automóvil llegar a la universidad. Mi hija frecuentaba una escuela primaria cercana, y el traslado de Kiel a Berlín no fue un problema para ella. Mi esposa encontró un trabajo por algunas horas en la misma escuela como supervisora para alumnos con dificultades especiales de aprendizaje. Nos hubiera encantado tener un segundo hijo, y cuando eso no funcionó, adoptamos a un niño de un año y medio.

En la Universidad Técnica me di cuenta rápidamente de que el profesor era muy conservador y según mis observaciones estaba flojo en la matemática de los modelos económicos, por lo que se dedicaba a la interpretación de términos y leyes. Dos de los cuatro ayudantes compartían mi opinión al respecto, mientras que el tercero “colgó su pequeño abrigo para donde sopla el viento”.

La docencia en estudios básicos era diferente. Los primeros semestres del ciclo básico se realizaron íntegramente bajo la responsabilidad de un equipo de asistentes de cátedra. Yo me incorporé de inmediato, porque enseñar era más emocionante que sentarse en la oficina y leer. Había mentes críticas, se intentaban nuevas formas de representación de los modelos teóricos y había discusiones sobre el valor de los modelos neoclásicos. Además, experimentamos con nuevas formas de organización y a cada asistente se le asignaron hasta cinco estudiantes de nivel avanzado. El papel de esos alumnos era ayudar al resto de sus pares a resolver una lista de tareas que nosotros propusimos. Y como lectura principal escribimos y distribuimos un material especialmente elaborado, para la materia que cada uno enseñaba dentro del programa. Fue una verdadera innovación con la que varios profesores universitarios no estuvieron de acuerdo.

Discutíamos en los seminarios que el profesor titular ofrecía, por ejemplo, no estábamos de acuerdo con la teoría de bienes públicos porque la hipótesis no da referencia a las condiciones políticas y sociales que determinan también si algunos bienes están ofrecidos como públicos o privados.

Otra discrepancia fue respecto al horario que yo debía cumplir en la oficina. Como llevaba por la mañana a nuestro hijo al jardín de infantes, no podía estar en la oficina a las 8 a. m., por lo que buscaba otras áreas que me dieran más opciones para flexibilizar y organizar mi agenda.

También fui elegido en la misma Universidad Técnica como representante del personal de nivel medio académico, lo que significó muchas reuniones hasta las 10 de la noche sin que nuestra minoría de izquierda pudiera impulsar proyectos significativos.

El titular de la cátedra, por su lado, no nos envió a conferencias científicas ni una sola vez en los cinco años. Solo participé en dos viajes de valor académico, organizados por el Ostkolleg Cologne East College a Polonia y Hungría, que fueron interesantes, pero fueron tramitados por un amigo y no por la cátedra.

También asumí asignaciones de docencia adicionales en la Universidad Pedagógica (PH), donde dicté la materia Economía Laboral, y en la Universidad de Ciencias Económicas Aplicadas (FHW) la asignatura Política Tributaria. Y con esos cargos adicionales ya estaba completamente ocupado.

En la FHW intenté desarrollar un enfoque crítico del sistema tributario y de la política tributaria del momento. En la PH trabajamos en una reformulación del plan de estudios de la asignatura Economía Laboral, además de las clases, exámenes y consultas. Fue un tiempo muy ocupado. Para muchos estudiantes, tejer durante las clases estaba totalmente de moda. A petición de los estudiantes, una vez impartí una hora de seminario en un bonito y amplio apartamento estudiantil privado, en Kurfürstendamm, la avenida más conocida de Berlín Occidental.

Episodio 11

Vacaciones en Francia

Mi esposa tuvo la difícil tarea de criar a nuestro hijo adoptivo y compensar sus deficiencias nutricionales. Por suerte, nuestra hija era sana y relativamente fácil de cuidar.

Durante las vacaciones, fuimos a Quimiac, un pequeño balneario cerca de La Baule, en la Bretaña de Francia. Allí nos encontramos con una familia francesa que habíamos conocido en un encuentro familiar germano-francés en el Palatinado. Durante esas vacaciones, en las que solo hablamos francés, aprendimos a conversar con relativa fluidez en dicho idioma. A veces éramos diez o doce personas cuando íbamos a un restaurante por la noche y pedíamos platos grandes para todo el grupo con diferentes mariscos, caracoles, cangrejos, mejillones, etc., con baguettes y vino blanco o sidra; era una delicia culinaria. También solíamos comer grandes cantidades de crepes y galletas caseras.

En Francia, así como en Noruega, Holanda o Inglaterra, de vez en cuando nos cruzábamos con personas que mostraban claramente su aversión a los alemanes. Hasta nos negaron una habitación de hotel o nos insultaron verbalmente. Esa aversión probablemente radicaba de la época de la Segunda Guerra Mundial, pero la trasladaron a nosotros, la generación de la posguerra. Y en un crucero de la ruta Hurtig en Noruega, un hombre mayor acompañado por un joven trató de agredirme. Nuestra amistad a largo plazo con la familia de Le Mans fue una experiencia mucho más agradable que aquellos hechos aislados.

Episodio 12

Doctorado

Como asistente en la universidad, pude utilizar uno de los cinco años para desarrollar mi tesis doctoral, y fui liberado de todas las obligaciones en la TU. Ya había abordado el tema respecto a “Medir los efectos cíclicos del presupuesto estatal” en Kiel, particularmente el concepto de un presupuesto cíclico neutral. Y para realizar una medición empírica de los efectos de las medidas de la política fiscal, tuve que desarrollar un pequeño modelo macroeconómico, determinar los parámetros de las ecuaciones del modelo con métodos estadísticos y finalmente determinar los efectos de un cambio en el gasto público o en la tributación, con el modelo econométrico. Pude utilizar un excelente programa de un profesor de estadística para estimar los parámetros de las ecuaciones. Como todavía no había computadoras personales, tuve que entregar mis programas en tarjetas perforadas al centro de datos y recogerlos cuando las grandes computadoras habían efectuado los cálculos. Me devolvieron los resultados a través de una pequeña ventanilla.

Terminé mi doctorado en 1974, mi contrato de cinco años llegó a su fin y nuevamente tuve que buscar trabajo.

Episodio 13

Desempleo y solicitudes

Pago de ayuda durante el desempleo

El desempleo era una seria amenaza para nuestro nivel de vida. Habíamos alquilado un segundo apartamento en el mismo edificio, justo frente al primero, para que nuestra hija pudiera vivir allí y su hermano no la molestara. Afortunadamente, todavía tenía mi puesto de profesor en la escuela técnica y dicté un curso en la escuela comunitaria sobre lectura de la sección de negocios del diario. Pero eso no alcanzaba para cubrir nuestros gastos, por lo que iba a la oficina de empleo en la calle Sonnenallee. Era deprimente hacer cola y ver cómo se calculaba la prestación por desempleo en cartulinas amarillas. Los ingresos por actividades docentes me llevaron a deducciones de las prestaciones de desempleo, así como a considerar una indemnización que había recibido de la Universidad Técnica por un monto de 10.000 marcos. Esa última deducción no fue justificada. Desafortunadamente, solo me enteré de este error muchos años más tarde.

Debido a la cantidad de solicitudes de trabajo en las que me postulé, desarrollé una especie de neurosis. Constantemente controlaba el buzón para comprobar si había llegado un rechazo o una oferta de trabajo. Incluso envié una solicitud laboral a un lugar en Kazajstán, pero debido a los pobres conocimientos del idioma ruso no fue aceptada. También me presenté en la Fundación Friedrich Ebert, la cual está ligada al partido socialdemócrata. Lamentablemente esperaban un candidato vestido con corbata para un puesto en Jordania. Realmente creí que dicha fundación, relacionada con ese partido, fuera más abierta. Al final, estaba dispuesto a ocupar un puesto en un centro de educación popular para adultos, pero en ese caso me consideraron sobrecalificado. Durante ese tiempo estuve escribiendo un libro con una visión crítica de la enseñanza de la política impositiva que nunca se publicó. Y pude, por lo menos, escribir un documento de trabajo publicado en la TU de Berlín sobre las “Fases de concentración y política fiscal de la República Federal de Alemania”. Curiosamente, en una visita posterior de un amigo a Washington D.C., descubrimos que dicho artículo era la única publicación registrada a mi nombre en la Biblioteca del Congreso, frente a la Casa Blanca. Junto con mi amigo, solo quisimos divertirnos para ver si estábamos allí inmortalizados.

Tiempo después vi el anuncio de una cátedra en la Universidad de Ciencias Económicas Aplicadas, para el campo de Finanzas Públicas. Tuve buenas perspectivas, pues ya enseñaba parte de la materia con dedicación de tiempo parcial, y fui posicionado primero entre los tres candidatos propuestos al Senado de Berlín por parte de la Universidad de Ciencias Aplicadas. Pero luego de un largo período de espera, el Senado decidió a favor del candidato que estaba tercero en la lista. Y mientras esperaba el nombramiento por el senado, recibí una oferta de la GTZ (Sociedad para la Cooperación). Era el puesto de asesor de gestión de la deuda del Estado en Mauritania, país del noreste de África. Mi hija comenzó a estudiar ansiosamente imágenes del desierto del Sahara mientras que mi esposa se mantuvo más bien escéptica, porque sostenía que el lugar y el idioma no serían adecuados para los niños y que luego me resultaría difícil encontrar trabajo en Alemania nuevamente. Así que cancelé mi aplicación para Mauritania, porque estaba seguro de que obtendría la cátedra. Entretanto, acepté un puesto en Hagen, en la recién fundada Universidad a Distancia, como una oportunidad de empleo, creyendo que sería por un corto tiempo, hasta recibir el acuerdo del Senado de Berlín.

Episodio 14

La decisión

Hagen es una ciudad de doscientos mil habitantes al lado de la gran zona industrial del estado Renania del Norte-Westfalia. Jamás había oído de su existencia, por lo que tuve que buscar su ubicación y también información sobre la nueva universidad.

Tomé el tren a Hagen y fui designado con un cargo permanente en una institución central para el desarrollo de materiales de aprendizaje a distancia, con la perspectiva de una posterior promoción como asesor académico. El trabajo apuntaba al asesoramiento didáctico y el desarrollo de proyectos de innovación para la educación a distancia. Afortunadamente, durante mi estancia en Berlín, había publicado un pequeño libro junto con otros docentes de la escuela popular sobre el diseño de cursos de educación continua, lo que sin duda fue una ventaja para conseguir el nuevo puesto laboral.

El director del instituto me presentó a los empleados de manera amistosa y todo me pareció muy agradable, a pesar de que el campo de trabajo no correspondía con mis actividades de docencia anteriores.

No quería ocupar ese puesto a largo plazo, y busqué una habitación en Hagen pensando en viajar en tren todos los fines de semana hacia Berlín. Llegaba los viernes a la noche a mi casa y regresaba los lunes a tiempo para participar en la reunión del personal directivo a las 13 horas. El viaje duraba unas siete horas.