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En Testigo de Radio el autor hace un recorrido por los últimos cincuenta años de la SER en particular y de la radio en España en general, dando testimonio de lo vivido. Desde los primeros años de la radio musical, Los 40 Principales y El Gran Musical, el ambiente y la relación de la industria discográfica con el medio; el mundo de la radio nocturna en el que la compañía del medio convierte al oyente en "escuchante"; los entresijos de la gestión en emisoras locales. Y finalmente la dirección del departamento de comunicación de la cadena en tiempos político-mediáticos convulsos: las denuncias contra Polanco, el 11-S, el 11-M, el "tamayazo", el "Prestige", la guerra de Irak, las victorias de Zapatero y Rajoy, el cuarenta aniversario de Los 40 o la aparición de nuevas cadenas y emisoras, y los cambios en las programaciones hasta hoy. Todo contado desde una perspectiva más cercana para conocer el desarrollo de la información y la comunicación del medio desde la cadena de radio líder en España. Ante todo queda patente el amor profundo que manifiesta el autor por la radio como medio y el enorme agradecimiento que manifiesta en sus páginas. Un amor que incluso señalan quienes han participado en la introducción y presentación del libro: Luis Merino, Antonio San José, Daniel Gavela y Pepe Domingo Castaño.
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Seitenzahl: 1001
Veröffentlichungsjahr: 2023
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TESTIGO DE RADIO
JUAN DE DIOS RODRÍGUEZ
TESTIGO DE RADIO
EXLIBRICANTEQUERA 2023
TESTIGO DE RADIO
© Juan de Dios Rodríguez
© de la imagen de cubierta: Almudena del Mazo
Diseño de portada: Dpto. de Diseño Gráfico Exlibric
Iª edición
© ExLibric, 2023.
Editado por: ExLibric
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ISBN: 978-84-1982-729-6
JUAN DE DIOS RODRÍGUEZ
TESTIGO DE RADIO
A mis hijas, Celia y Elena, nacidas en la radio.
A Paloma
A todos los que hacen la radio a diario con su talento y entregay son desconocidos. Sin ellos no habría milagro ni estrellas. Son elloslos que hacen posible la compañía impagable de la radio cada día,cada hora, cada minuto, cada instante.
Índice
PRÓLOGO
PRESENTACIÓN
INTRODUCCIÓN
LA INTRODUCCIÓN DEL PADRINO
La radio, banda sonora de la vida
Capítulo I. La seducción del medio, Hora XXV
Capítulo II. Artistas alrededor de la FM y presentaciones
Capítulo III. Doctor Feelgood, Patti Smith y las canciones de la posguerra
Capítulo IV. Y la SER hizo lo que nunca debió dejar de hacer: informar
Capítulo V. Nace la fórmula, el reloj de colores
Capítulo VI. Veinticuatro horas de radio
Capítulo VII. El asesinato de John Lennon y el 23-F
Capítulo VIII. La Medianoche de Antonio José Alés y la salida de García
Capítulo IX. Guadalajara
Capítulo X. De la crisis a la refundación
Capítulo XI. Valladolid
Capítulo XII. Delkáder al frente de los informativos y lío en la radio privada
Capítulo XIII. Divorcio en la planta noble
Capítulo XIV. Delkáder toma el mando
Capítulo XV. Del «Queso Mecánico» a la revolución en las ondas
Capítulo XVI. La cadena de Madrid y De la Morena bate a García
Capítulo XVII. Fin de El Gran Musical, la era digital y guerra mediática total
Capítulo XVIII. La muerte de Antonio Herrero y el «Tribunal de Orden Periodístico»
Capítulo XIX. Compromisos solidarios e informativos
Capítulo XX. 75 años en el aire
Capítulo XXI. Radiolé Tropical, García en Onda Cero y el Pulsómetro
Capítulo XXII. El asesinato de Ernest Lluch y el linchamiento de Gemma Nierga
Capítulo XXIII. Las cadenas musicales, silenciadas; pero «Si algo pasa, está la SER»
Capítulo XXIV. 11 de septiembre
Capítulo XXV. Máster de radio, Milenio 3 y las hormigas
Capítulo XXVI. El Prestige
Capítulo XXVII. La guerra de Irak, el Yak-42 y el «tamayazo»
Capítulo XXVIII. Señoras y señores: la radio
Capítulo XXIX. Días de radio de marzo de 2004
Capítulo XXX. Emisoras ilegales y el último vuelo del jet
Capítulo XXXI. Cuando se marchó Ferreras
Capítulo XXXII. El final de una era musical y ruptura en la radio
Capítulo XXXIII. Barceló y Francino
Capítulo XXXIV. Abellán, contra el EGM; Gavela, en Cuatro
Capítulo XXXV. 40 de 40
Capítulo XXXVI. La pérdida de Llamas y Polanco
Capítulo XXXVII. Cádiz 2007: Barceló, a Hora 25 y Domínguez, al A vivir…
Capítulo XXXVIII. Algo se empieza a torcer
Capítulo XXXIX. Mirando al mundo en 2009: cambio de ciclo
Capítulo XL. La crisis de junio de 2009
EPÍLOGO. Desde el mirador
Sobre el autor
PRÓLOGO
Hermanos en radio
Muchos de los individuos que crecimos en la segunda parte del siglo XX tuvimos la facilidad de formar nuestro ADN con la misma caja de letras que formaba la palabra oNDAs y, en cierto modo, la proximidad a una cosa tan moderna como lo era la radio nos marcó de forma sustantiva.
La radio en sí misma ya era mucho, pero a los que despertábamos a un interés por la música todavía nos daba nuevas dimensiones, difícilmente comparables en la actualidad.
Hasta aquí este podría ser un relato de historia en primera persona, pero no lo es. Cuando me acerqué a la radio ya había una generación de pioneros que había comenzado a mezclar de forma atractiva y adictiva radio y música para seducir a generaciones posteriores. En ese equipo de gente estaba Tomás Martín Blanco, que fue alquimista de esa pócima que, desarrollada por el míster Rafael Revert y con jugadores como Joaquín Luqui, Pepe Domingo Castaño o Pepe Cañaveras, logró llenar el nuevo estadio de la FM de seguidores y éxitos en cada rincón de este país.
A ese equipo casi fundacional de la aventura musical de la SER, casi podría decirse de la PaleoFM, perteneció Juan de Dios Rodríguez y ya en sí esa historia merecería este libro. Pero si a eso le sumamos que fue monaguillo antes que fraile y que dentro del ejercicio radiofónico le fueron variando sus cometidos como director de emisoras locales hasta terminar como director de comunicación de la SER, lo convierte en archivo excepcional de vivencias, métodos e historias. Esa múltiple visión le autoriza a reflejar casi medio siglo de un medio de comunicación en continuo desarrollo de ideas, audiencias, competencias, etc.
Pero además la acción no transcurre en cualquier momento. Para nada. A partir de los años 60 la música sufre una transformación sin precedentes, tanto en lo internacional como en lo nacional, y conforma un medio siglo de oro en el que la radio comunica, prescribe y da acceso o democratiza una música muy ligada a unos soportes difícilmente alcanzables para unos bolsillos de jóvenes no demasiado pudientes.
La suma de todas esas rutas de radio la empezó a plasmar en un blog: «Nunca estuve en Nueva York». Me dejó maravillado. Entre lo que había archivado y lo que recordaba fue conformando un documento atractivo de sus vivencias, que no era otra cosa que una muestra válida de nuestra radio.
Es un ejercicio de mucho interés para los que podemos identificarnos con lo que cuenta, pero lo es más para todos aquellos que sientan interés por un medio maravilloso al que la tecnología y la enorme oferta de ocio e información han llevado hasta una situación crítica, de la que estoy seguro que debería salir reforzado, potenciando sus valores con adaptación y creatividad.
He vivido junto a Juan de Dios momentos buenos, divertidos, algunos más difíciles como conllevaba el desarrollo profesional de nuestras funciones, pero al final, como siempre, la física tiene la solución y Newton aseguró en su ley que todos los objetos se atraen unos a otros con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que les separa. Esta ley justifica la gran amistad que nos profesamos y que podría poner en entredicho los adjetivos con los que pueda calificar este libro.
Así que pasen y vean… ¡¡¡El show debe continuar…!!!
Luis Merino
Ha sido director de Prisa Música y cadenas musicales de la SER
PRESENTACIÓN
Juan y el veneno de la radio
He sido espectador privilegiado de la génesis de Testigo de radio desde la primera idea, hace ya muchos años, hasta las vicisitudes editoriales y la adecuación al formato que finalmente ha salido de la imprenta. En todo ese tiempo he hablado decenas de veces con su autor y siempre, siempre, el grueso de las conversaciones ha girado en torno a la radio y la música, sus dos grandes pasiones, además de sus hijas. Puedo dar fe de la ilusión que ha puesto en el proyecto y de la exhaustiva comprobación de datos, fechas y lugares que ha desarrollado como excelente periodista que es. La paciencia, al fin, ha rendido sus frutos y aquella buena idea, que empezó a vislumbrarse como una posibilidad, es hoy una gozosa realidad.
Cuando uno comienza a leer los capítulos de este libro se siente atrapado por una fuerza poderosa que no permite detenerse fácilmente. Tal es el vértigo de acontecimientos, personajes y situaciones que el lector va a encontrar cuando se adentre en sus páginas.
Nacido en formato blog, escrito en mañanas, tardes, noches y madrugadas de enorme intensidad emocional, el resultado de esta obra destila vida y radio por los cuatro costados. Radio con mayúsculas, en general, y también la radio imprescindible de la Cadena SER en particular. Juan de Dios Rodríguez fue afortunada víctima de uno de los venenos más adictivos y poderosos que existen, ese que embriaga cuando uno se sitúa frente a un micrófono en el momento en el que la luz roja señala que se está «en el aire». Palabra y voz, música y éter; el vértigo que se adueña de un locutor en el paraíso profundo de un estudio no puede compararse, en absoluto, con el de cualquier montaña rusa por muy pronunciada que esta sea. Hay algo mágico en la comunicación radiofónica que se sublima en la profunda conexión emocional que une al profesional con sus oyentes. Juan fue testigo de todo eso. Con miles de horas de vuelo radiofónico, como su admirado Ángel Álvarez, supo encontrar su hueco y su estilo en aquel adelantado y todavía actual proyecto de Los 40 Principales que ha sido, sobre todo, una formidable escuela de radio para generaciones de excelentes profesionales. Programas tan legendarios como Superventas LP’s fueron la consecuencia lógica del avance de nuestro protagonista por los pasillos y las ondas de Gran Vía, 32.
Por este libro desfilan todos sus músicos favoritos, su adorado Neil Diamond en primer lugar, pero también artistas con quien logró una unión de amistad más allá de lo profesional: la inolvidada Mari Trini, José Luis Perales, Carmela (de Las Grecas), José María Purón y, como artista invitado de este relato apasionante, un hombre bueno que supo imprimir a la FM su peculiar e inimitable estilo, Joaquín Luqui; sin duda, el más grande prescriptor musical que ha tenido este país. Junto a ellos desfilan por el libro algunos de los más destacados profesionales del periodismo radiofónico, con quienes Juan se cruzaba a diario en las instalaciones centrales de la SER y de los que aprendió el oficio con una mezcla a partes iguales de disposición e ilusión inagotable.
La pasión de Juan por las ondas no se agotó en los límites de los formatos de programas. Siendo, como era, joven y talentoso, sus mayores se fijaron en él para dar un paso más y situarle al frente de la dirección de emisoras. Nadie mejor que quien ha trabajado en las cocinas del medio puede hacerse cargo de la comunidad que gira en torno al indicativo de una estación radiofónica. Algo que, sin duda, bien mirado, es toda una religión. Guadalajara, Valladolid, Albacete y Móstoles fueron emisoras de la SER que dirigió Juan en una carrera profesional en la que fue descubriendo, además de la música, el entretenimiento, los informativos, la relación (no siempre fácil) de la política con los medios, las exigencias de la facturación publicitaria y el reto de dirigir equipos y administrar con justicia nombramientos y protagonismos en un ecosistema inevitable y consustancial al medio. Fue un largo proceso de aprendizaje que sirvió como prólogo a lo que habría de ser su más alto destino profesional: la dirección de comunicación de la SER, al lado de Daniel Gavela y Augusto Delkáder. Allí, en ese puesto, que supo reinventar y modernizar junto con un reducido equipo de entusiastas, puso el broche a una larga carrera radiofónica cuyo relato está plasmado con detalle en estas páginas.
Existen testigos de cargo y hay «testigos de radio». Juan de Dios Rodríguez es uno de los más cualificados; por eso ha querido titular así, con acierto, su libro, que es mucho más que unas memorias. Su resultado es la destilación de innumerables vivencias, miles de personajes, decenas de miles de discos y millones de oyentes.
La luz roja va a encenderse…
Agarren el libro y disfruten.
La magia de la radio está a punto de atraparles.
Antonio San José
Ha sido director de informativos de RNE y de CNN+
INTRODUCCIÓN
Juan de Dios estaba allí
A la radio se puede llegar por muchos caminos, pero hay quien lo tuvo muy claro desde joven y fue por derecho en busca de su sueño. Es el caso del autor de este libro, Juan de Dios Rodríguez, quien hizo cima al primer intento.
Siendo estudiante en el Instituto de Radiotelevisión, en la periferia de la Ciudad Universitaria, se plantó en Gran Vía, 32 (entonces José Antonio), novena planta, ante el mismísimo Martín Ferrand, bien entrada la noche del 18 de enero de 1973. Juan de Dios no solo consiguió conversar con el director y conductor del primer informativo infiltrado en las líneas desinformativas del Régimen (Hora XXV, programa de cuestiones actuales), sino que logró franquear aquella madrugada la puerta que le ligaría a la SER en toda su carrera profesional. En la España de los maletillas que buscaban una oportunidad, Juan de Dios entró por la puerta grande. Por mucho que resulte increíble para los miles y miles de jóvenes hoy en busca de una oportunidad, en aquella España de carencias lo imposible podía suceder. Es la primera enseñanza que nos deja el libro, apenas arrancado, a la que se sumarán otras muchas.
La riqueza de las observaciones, la minuciosidad de los detalles y la acertada, y también generosa, descripción de los personajes con los que se cruza en su larga carrera profesional permiten afirmar que estamos ante un libro de alto interés para los estudiosos de la radio y para cualquier lector amante del medio, que no son pocos, ya que en torno al 60 por ciento de la población escucha diariamente la radio. No estamos, sin embargo, ni ante un libro académico ni ante un texto panegírico o autobiográfico, que son los que más abundan, escritos muchas veces desde la nostalgia y el sentimiento de pérdida, lo cual los hace menos interesantes. No es este el caso. Estamos, como él mismo afirma, ante «un relato de acontecimientos vividos» con la fuerza del testimonio directo.
A pesar de haber hecho una prolongada y relevante carrera en la SER, tanto en las programaciones musicales como en la radio generalista, tanto en la red de emisoras locales como en el centro corporativo, Juan de Dios renuncia a todo protagonismo para dárselo a la radio y a sus profesionales. Se aleja de sí mismo para ganar distancia y objetividad sobre lo que escribe, sin que ello se traduzca en desapego al medio que adora.
En este sentido, o el autor tiene una memoria de elefante y un poder de observación propio de Günter Grass o estamos ante una persona que supo ver, retener y seleccionar la información intencionadamente, pensando que algún día podría devolverle a la radio lo que la radio le dio, como si su propósito fuera levantar acta de lo que, por querencia del medio, solo se escribía en el aire. Por tomar, tomaba nota hasta de los becarios y así puede contarnos que, en enero de 1976, entre los quince seleccionados de la segunda promoción del Gabinete de Prácticas de la SER estaba un joven llamado Carlos Llamas, que se estrenó en Semana Santa con un programa sobre Jonathan Livingston Seagull con música de Mahler, Mendelsson y Neil Diamond.
¡Quién lo pudiera escuchar!
Si alguien, emulando a José Luis Garci, quisiera reeditar Días de radio (da igual en qué década se situara la acción, desde los años setenta a bien entrado el siglo XXI), podría encontrar en estas páginas no solo el clima y los modos de hacer radio de cada momento, sino incluso todo el atrezo radiofónico, desde una sala de redacción a los estudios. Así descubriríamos que la línea gráfica original de Hora 25 se escribía en números romanos (Hora XXV), con resonancias imperiales, o que en la planta segunda del edificio de José Antonio, 32 lucía «el neón azul y verde» de Radio Madrid. Su descripción de la redacción de la Hora XXV primigenia o del equipamiento técnico de los estudios musicales es antológica.
El autor pasa por cincuenta años de radio con el pulso de Truman Capote en A sangre fría, con la minuciosidad de Alexander von Humboldt subiendo al Teide o con la parsimonia con que los antropólogos y arqueólogos remueven la tierra, sabiendo que la importancia está en los detalles. Un trabajo impagable en un sector que no siempre tuvo conciencia ni los medios técnicos ni los recursos suficientes para convertir las emisiones de cada momento en un tesoro bien guardado. Juan de Dios ha venido al rescate de algunas de estas carencias con Testigo de radio, que, a su manera, es la «sima de los huesos» de la radio española del último medio siglo. Los que amamos la radio se lo agradecemos.
Daniel Gavela
Director general de Prisa Radio España y Cadena SER
LA INTRODUCCIÓN DELPADRINO
¡Ay, aquellos 40…!
Me pide mi amigo Juan de Dios, a quien apadriné en el mundo de la música hace no sé cuántas canciones, que le escriba algo sobre Los 40 Principales para un libro que recoge el sonido y la vida de aquellos tiempos felices. Recuerdo a Joaquín Prat; con él compartía los sábados de 40, eligiendo el número 1 de cada semana con la ayuda de las grandes voces de la España radiofónica de la SER: María Teresa Navaza, María Esperanza Sánchez, Ángel Mosterín y un largo etcétera de nombres que formaban la primera línea musical de entonces.
Recuerdo las tardes de Long-Play, aquella discoteca mágica en la que el gran mecenas Paco Santos empujaba con su aliento a quienes luchábamos por abrirnos camino en el mundo de la radio. Recuerdo la emoción que sentí cuando Neniña, la canción que compusieron para mí mi hermano Fernando y mi amigo Emilio José, se convertía en número 1 de Los 40 superando celos, odios y envidias.
Recuerdo las largas sesiones frente a aquel micrófono solitario, repasando de arriba abajo y de abajo arriba la lista de Los 40, en un estudio donde solo estábamos la soledad y yo. Recuerdo a Juan de Dios cuando llegó con su amigo Romualdo a pedirme ese empujón anímico que se necesita para dar el salto del anonimato a las mayúsculas de la radio. Hoy me llaman padrino y a uno le gusta que le recuerden por algo tan sencillo como ayudar a la gente a ser feliz.
Recuerdo las mañanas de El Gran Musical, cuando la discoteca Cassette se llenaba de fans entusiasmadas con la música, que aplaudían en directo el triunfo de sus ídolos: Julio Iglesias, Camilo Sesto, Serrat, Perales, Juan Pardo, Triana, Roberto Carlos, Charles Aznavour… Todos vinieron a aquel programa, unido a Los 40 por lazos de cariño, a cantar sus canciones en un escenario inolvidable.
Recuerdo a Joaquín Luqui, eterno prestidigitador de la palabra y del ritmo; a Rafael Revert, maestro impagable de unos tiempos únicos de música y de vida; a Tomás Martín Blanco, impulsor desde la jefatura de la SER de todas las grandes ideas que nacían con la fuerza de nuestra juventud. Lo recuerdo todo y lo recuerdo con emoción, como se tienen que recordar las cosas que se quieren.
Y le agradezco a Juan de Dios, ese ahijado que me ha regalado la música, la oportunidad que me ha dado de recuperar un tiempo de mi vida en el que aprendí que lo más importante que tenemos desde que nacemos es la vida. Y vivirla plenamente sigue siendo mi gran objetivo. Gracias por echarme una mano para no olvidarme de vivir… y de soñar.
Pepe Domingo Castaño
Tiempo de juego, Cadena COPE
La radio, banda sonora de la vida
Han pasado casi cincuenta años y aún recuerdo a los grises apostados a caballo tras el Instituto de Radio y TV en la Dehesa de la Villa, que desde 1971 se había convertido en Facultad de Ciencias de la Información mientras se construía el edificio definitivo. Esperaban cualquier mínimo incidente o una orden para desplegarse por el campus de la Complutense. No nos acostumbrábamos a su presencia; con aquellos uniformes grises y cascos antidisturbios daban la impresión de estar a punto de ir a la guerra frente a un ejército de estudiantes cuyo mayor equipaje armamentístico era la ideología, carpetas, libros y alguna piedra que se terciara, llegado el caso. Resultaba inquietante la llegada a clase, porque el recorrido que había que hacer andando desde el final del paraninfo, donde nos dejaba el autobús, hasta el IRTV, al lado del Centro de Energía Nuclear Juan Vigón, era una zona «desprotegida». Intentábamos quedar después de comer en Moncloa para ir en pequeños grupos a clase. Los tres primeros meses del curso 72-73 transcurrieron con cierta normalidad. Apenas tres o cuatro carreras, una entrada de los grises en el edificio, un par de reuniones asamblearias para convocar alguna huelga en solidaridad con los compañeros de Medicina, Derecho o Filosofía y poco más.
Esos primeros meses sirvieron para profundizar en la vocación y la admiración de los profesionales que ejercían el oficio de periodista en aquellos duros tiempos. La radio nos hacía soñar y desarrollar la imaginación, principalmente la música y Hora XXV (entonces se anunciaba en números romanos), el «programa de cuestiones actuales» que dirigía y presentaba Manuel Martín Ferrand.
El programa de la Cadena SER, las revistas Triunfo, Gaceta Ilustrada, Hermano Lobo y el diario Informaciones eran los únicos referentes en la inexistente libertad de expresión. De hecho, casi todos ellos sucumbieron poco tiempo después, excepto la radio. Alguno incluso sobrevivió al franquismo, pero por poco tiempo. Las «autoridades» (como se llamaba entonces a los responsables del Régimen) habían perpetrado el cierre del diario Madrid en 1968 durante cuatro meses por un artículo de su presidente, Rafael Calvo Serer (antiguo falangista), titulado «Retirarse a tiempo. No al general De Gaulle», en el que, con motivo de las manifestaciones del mayo francés y del posterior «no» al presidente de la república en el referéndum del país vecino, se vieron en él paralelismos con Franco. Tras diferentes apariciones y desapariciones, expedientes y demás, en 1971 Alfredo Sánchez Bella, que había sido subsecretario del Ministerio de Información y Turismo con Manuel Fraga Iribarne, instigó un plan que consistía en que se cesara a su director, Antonio Fontán, y se le sustituyera por un conocido falangista, José María Alfaro, a cambio de que el periódico siguiera saliendo a la calle. La plantilla del diario se rebeló, el diario de la tarde no volvió a salir y el edificio acabó siendo derribado1.
Tras las vacaciones de Navidad de 1972, un par de compañeros decidimos que era el momento de ir a conocer a quienes hacían soñar con el medio y una fría y seca tarde de enero de 1973 nos presentamos en la avenida de José Antonio, 32. En ese momento empezó una vida profesional que duraría poco menos de cuarenta años.
Se trata de un recorrido por Los 40 Principales de los años 70, la radio nocturna, la radio local en provincias y la comunicación de la SER (Unión Radio, hoy Prisa Radio), aunque hay momentos en los que toca mirar su historia, programas y orígenes de la SER y algunas de sus emisoras. Espero haber sabido contar con claridad y pasión mi amor por el medio que mejor acompaña cada día, auténtica banda sonora de nuestras vidas.
Juan de Dios Rodríguez
CAPÍTULO I
La seducción del medio, Hora XXV
El conserje salió de la cabina del portal. Le dijimos que queríamos ver a Manolo Martín Ferrand. Llamó por el teléfono interno a recepción de la novena planta, donde se encontraba entonces la redacción del programa, aunque los estudios de emisión de cadena y continuidad estaban en el segundo piso. Amablemente nos llamó al ascensor, al que bautizamos como el ataúd por su color negro y sonido chirriante. Aquella cabina a ratos oscilaba piso a piso entre las guías por las que discurría el subir y bajar en un baile tenebroso. Pasados unos segundos que se nos hicieron eternos y tras un pequeño saltito, el ataúd se detuvo. Habíamos llegado a nuestro destino.
El recepcionista de la «planta noble» de la Sociedad Española de Radiodifusión, S. A. (se cambiaría a S. L. a mediados de 2009) nos invitó a pasar, conduciéndonos por un pasillo laberíntico que se abría a la izquierda de la entrada principal hasta la redacción. La puerta estaba abierta; la pequeña instalación contaba con cinco mesas de patas metálicas y acabado en formica simulando madera, sus respectivos teléfonos grises y sillas giratorias de color burdeos, tres grandes ventanas orientadas al noroeste desde donde se veía la sierra de Guadarrama, la sala de teletipos y dos pequeños despachos, que ocupaban el propio Martín Ferrand y José María García. Esa era toda la redacción del programa que hacía soñar cada noche a cientos de futuros periodistas.
Luis Rodríguez Olivares y Javier Roch nos dijeron que Martín Ferrand, José María García y Manolo Alcalá, entonces reportero del programa, estaban en la entrega de los Premios Populares del diario Pueblo, recogiendo el que habían otorgado al programa tras el éxito obtenido en su primer año de emisión. El periódico de los sindicatos verticales del franquismo lo dirigía Emilio Romero.
Hora XXV era la última gran aportación de Antonio Calderón, uno de los hombres más importantes que ha dado la radio española, padre de Javier González Ferrari. El programa había arrancado el 31 de enero de 1972 en una apuesta de Calderón (apoyada desde los inicios por Tomás Martín Blanco, entonces jefe de programas de la Cadena SER) por la información en una época en la que todas las emisoras estaban obligadas a conectar con Radio Nacional de España para dar «el parte» a las 14:30 y a las diez de la noche. Dicha denominación provenía de la época de la guerra civil y los famosos «partes de guerra». Junto con Martín Ferrand y José María García, Luis Rodríguez Olivares, Javier Roch, Juana Ginzo, Ángel de la Vega y Manolo Alcalá formaban el grupo de profesionales de la redacción del programa en Madrid, junto con María Teresa Navaza en Radio Galicia de Santiago de Compostela, Joan Castelló Rovira en Radio Barcelona, José Juan Chicón en Radio Zaragoza, Rafael Mauricio en Radio Valencia y María Esperanza Sánchez en Sevilla.
Ángel de la Vega coordinaba la información internacional que vomitaban los teletipos, García trabajaba con Joaquim Maria Puyal la información deportiva de Madrid y Barcelona y el resto del equipo despachaba con los corresponsales para preparar el programa de esa noche. Los técnicos del programa eran Alfonso Hernández y José Luis Espinosa (Pino). A las 23:50 bajaban de la novena a la segunda planta, donde se encontraba el estudio 5, en el que se realizaban los programas en cadena. El guion se realizaba en folios multicopia; una para el director del programa, tres para los redactores de antena, dos más para los técnicos de sonido y la última para Censura del Ministerio de Información. A las doce en punto sonaba el histórico y legendario gong de Hora 25, Juana Ginzo presentaba el programa, saludaba a Martín Ferrand y daba paso a la lectura de titulares con Olivares, Roch y las emisoras. Primero iba la ronda del tiempo y a continuación, el desarrollo de los temas en conexión con los corresponsales. García entraba en antena a las 00:30 para contar con su ya peculiar estilo la actualidad deportiva y de 01:00 a 01:30 Martín Ferrand conducía la «recta final» del programa con una entrevista a un invitado protagonista de la actualidad o el análisis en reportajes de un tema de interés social.
La noche del jueves 18 de enero de 1973, al acabar el programa, Martín Ferrand nos invitó a sentarnos en la «mesa redonda» del estudio 5 de Radio Madrid, emisora central de la Cadena SER, para hablar de la facultad, de la profesión y del futuro. Le trasladamos nuestras inquietudes, ambiciones y sueños. Nos contó interioridades del programa, la forma de intentar eludir la censura, cómo establecían contactos… Nos sorprendió al mostrarnos su agenda, en la que destacaban, además de los teléfonos de varios ministros, el de Juan Domingo Perón (en ese momento ya en Argentina), de su casa de Puerta de Hierro, en Madrid; y el de su hombre de confianza, José López Rega, al que nombraría ministro de Bienestar Social meses más tarde, una vez obtenida de nuevo la presidencia de la república, y creador en el gobierno de María Estela Martínez de Perón (Isabelita) de la terrorífica y siniestra «Triple A» (Alianza Anticomunista Argentina). Nos despedimos a las tres y media de la madrugada en la puerta de la radio. La luz de neón en verde y azul de Radio Madrid que colgaba de la balconada de la segunda planta ya la habían apagado. Nos fuimos a casa emocionados con una invitación del director de Hora 25 para ir a verle la mañana siguiente a la redacción de Tele-7, la revista de información televisiva que dirigía desde octubre de 1972, competidora de la legendaria Teleprograma, hasta entonces única publicación de información televisiva.
Los 40 en los primeros 70
La redacción de la revista se encontraba en el número 9 de la calle Orense de Madrid, donde tenía su sede Publicaciones Controladas S. A., la empresa editora que, además de la revista de televisión, publicaba Los Españoles, revista semanal en la que se recogía la semblanza, biografía y entrevistas de personajes de la época como escritores, políticos, deportistas, cantantes, etc.; y una revista deportiva que tardaría en salir, bajo la dirección de José María García, denominada A Punto, en la que se pretendía resaltar los escándalos del mundo del deporte. Martín Ferrand nos recibió en su despacho, poniéndonos enseguida bajo la tutela de José Luis Orosa, su hombre de confianza, que, excepto en la experiencia de Hora XXV, le acompañaba siempre en sus actividades profesionales y así lo siguió haciendo años después de dejar la revista, primero con un telediario cultural denominado Hora 13 en TVE y posteriormente en la puesta en marcha y consolidación de Antena 3 de Radio.
En Tele-7 colaboraban jóvenes periodistas como Carmen Rigalt, Rosa Montero, Antonio Jiménez Manteca y Luis Infante, un extraordinario poeta andaluz al que había cantado el grupo Aguaviva en la producción de Pepe Nieto Poetas andaluces de ahora. Luis compaginaba su labor creativa con reportajes y entrevistas para la revista y se convertiría en nuestro guía en las primeras incursiones en Prado del Rey para ir conociendo el mundo televisivo, presentadores, realizadores, periodistas y técnicos.
El primer encargo de José Luis Orosa fue un reportaje sobre los programas musicales de la tele, ya fueran de música moderna, como los que realizaba José María Quero, o los de zarzuelas de Fernando García de la Vega, pero también había que hablar con cantantes, músicos, etc. El siguiente reportaje trataría sobre las incursiones de los hombres de la radio en la tele. En aquella época los más significados eran Pepe Domingo Castaño, que se había consolidado con A todo ritmo, y Joaquín Prat por sus Galas del sábado con Laura Valenzuela y Canción 71. Además de Quero y García de la Vega, Gustavo Pérez Puig y Enrique Martí Maqueda eran los realizadores de los programas musicales, junto con un innovador Hugo Stuven y el consagrado y revolucionario «Mr. Zoom», Valerio Lazarov. Pepe Domingo y Prat resultaron fácilmente accesibles, citándonos ambos en Radio Madrid una tarde de febrero de 1973 porque ambos presentaban, a través de Radio Madrid OM y FM, de cuatro a nueve, las votaciones para el número 1 de Los 40 Principales.
Pepe Domingo Castaño (Padrón, 1942) había comenzado su carrera en la legendaria Radio Galicia de Santiago de Compostela, pero sus deseos de llegar a lo más alto le llevaron a Madrid, primero en la Red de Emisoras del Movimiento (REM) con el programa Club musical y más tarde en la Cadena Azul de Radiodifusión (CAR) con Discoparada. Mariano de la Banda recomendó su fichaje a Tomás Martín Blanco y a Rafael Revert en 1972. Le contrataron para presentar los programas musicales de la Cadena SER y relanzar de nuevo el programa musical por excelencia de años pasados, en el que habían nacido artistas como Mari Trini, Joan Manuel Serrat, María Ostiz, Luis Eduardo Aute y Massiel, entre otros: El Gran Musical, que Micky y el propio Mariano de la Banda habían estado presentando. Pepe Domingo realizaba (además) a las tres de la tarde de lunes a viernes en Radio Madrid Cita a las tres, un programa de música y entrevistas. Pepe presentaba los domingos de 01:00 a 01:30 Experimental Long Play, un programa cara al público con jóvenes promesas de la música desde la discoteca Long Play de la plaza Vázquez de Mella (hoy Pedro Zerolo) de Madrid. Por allí pasaban miembros de compañías discográficas, artistas del cine y el teatro y cantantes consolidados como Perla Cristal, Carlos Luengo, Luciana Wolf, José Luis Perales, Miguel Gallardo, Myriam de Riu, Dany Daniel, Mochi, Micky, Mike Kennedy, Juan Carlos Calderón y una larga lista de músicos y cantantes.
Joaquín Prat (Valencia, 1927-Madrid, 1995) había iniciado la carrera de Derecho, pero su pasión por la comunicación le llevó primero a Radio Nacional de España en Valencia y poco después a Radio Madrid, donde su personal, único e intransferible estilo le consagró como un auténtico monstruo de la comunicación, compartiendo estrellato con legendarios como Bobby Deglané, José Luis Pécker o Juan de Toro. Prat dominaba todos los campos de la radio, ya fueran musicales, publicitarios, deportivos o magazín. Era lo que se llamaba un «todoterreno». En televisión había realizado también Un millón para el mejor y Siempre en domingo, con Manuel Martín Ferrand, un programa en el que se dio a conocer como presentadora una joven que apenas tres años más tarde se convertiría en una de las mejores voces de la música en español de la mano de productores como Óscar Gómez o Rafael Trabucchelli: Paloma San Basilio. Joaquín Prat había empezado en las noches de la radio con Radio Madrid Madrugada, un programa de música y entrevistas; participó en Ustedes son formidables, con Alberto Oliveras; y en aquel momento ya era el dueño y señor de las mañanas de Radio Madrid con Carmina Pérez de Lama, formando una de las parejas radiofónicas más importantes de nuestro país.
Las votaciones de los sábados
El día que fuimos a entrevistar a Pepe Domingo nos presentó a Joaquín Luqui. El crítico musical hacía varias apariciones a lo largo de la tarde en el programa para presentar las novedades de la semana y hacía un breve resumen del espacio que tenía en el 93.9 de la FM de Radio Madrid, JL en la FM. Ese espacio seguiría emitiéndose en diferentes formatos hasta su fallecimiento. La primera impresión que nos causó fue como él mismo era, diferente, especial, propia de su personalidad. Pepe gastó una broma sobre su carácter y él simplemente agachó la cabeza con un leve gesto, media sonrisa y nos dio la mano cerrada (solo los dedos), como él solía hacer la primera vez que le presentaban a alguien. Se interesó por nuestro trabajo, alabó a Martín Ferrand, hizo su espacio y salió como había llegado, en silencio, no sin antes de traspasar la doble puerta y el cortinón que daban al pasillo volverse y, tras hacer otro leve movimiento de cabeza, desaparecer camino de su «mesa» para dejar los discos y bajar a la misa de la iglesia de San Martín de Tours, en la calle Desengaño, 26. Ya no llevaba gafas y se empezaban a insinuar canas en sus largas patillas. El pelo, revuelto y largo, como siempre lo llevaba, pero más ensortijado.
Aquellos primeros meses de 1973 fuimos testigos de la lucha por el número 1 de Los 40. Las dos primeras semanas del año el argentino Jairo, que había llegado a España de la mano de Luis Aguilé, logró el ansiado puesto con Por si tú quieres saber, pero Camilo Sesto se lo arrebató a mediados de enero con Amor… Amar, no dejando ese lugar hasta el 30 de marzo. Las votaciones de los sábados movilizaban a las compañías discográficas, que, a través de los clubes de fans de toda España, actuaban básicamente en dos frentes. Por un lado, mandaban a la mayor parte de los seguidores de un artista a las emisoras para votar en directo, animando y dando colorido con pósteres de sus artistas, llegando a colapsar calles y tráfico de las ciudades, según la fuerza popular del candidato. El resto se quedaba en las oficinas, votando por teléfono a todas las emisoras de la Cadena SER.
De cuatro a cinco de la tarde Pepe Domingo presentaba los candidatos al número 1. A partir de esa hora todas las emisoras organizaban la votación con llamadas de los oyentes en antena o acudiendo personalmente a la emisora más próxima a votar. Cada media hora se hacía un recuento hasta las ocho, hora en la que se cerraba el tiempo de votación. Joaquín Prat en Madrid y los compañeros del resto de emisoras de las cabeceras regionales recogían los resultados de sus emisoras de influencia y a las nueve de la noche, durante media hora y en la línea de las votaciones del Festival de Eurovisión, se daban los resultados definitivos. En Radio Madrid las votaciones de los sábados eran coordinadas por José Luis Arriaza. A las nueve de la noche se producía el recuento del resto de votaciones de cada cabecera regional, que facilitaban María Teresa Navaza (Galicia), Carlos Arco (País Vasco), José Juan Chicón (Aragón), Carlos Blanco (Castilla y León), María Esperanza Sánchez (Andalucía), Rafael Mauricio y Paco Nadal (Valencia). Para la estrategia de marketing y la campaña promocional de un artista, era muy importante para una compañía discográfica lograr el número 1 de Los 40 Principales.
Como programa de radio diario, Los 40 Principales había nacido el 18 de julio de 1966, presentado por Olimpia Torres, Manolo González, Alicia López Budia y Ángel Carbajo. Duraba dos horas y fue el primer proyecto que puso en marcha Rafael Revert, un muchacho que llevaba varios años colaborando con Tomás Martín Blanco en El Gran Musical, programa que había nacido en 1963. El primer número 1 de Los 40 fue Monday, Monday, de The Mama’s & the Papa’s.
Uno de los protagonistas de la radio musical de los 60 era Ángel Álvarez, un operador de radio de Iberia que traía semanalmente las novedades musicales de Estados Unidos para su Caravana en La Voz de Madrid, «la más musical», con Elvis, Paul Anka, Budy Holly, Dion, Fats Domino, Jerry Lee Lewis, etc. En RNE sonaba Para vosotros, jóvenes, de José María Quero, programa que presentaron, entre otros, Eduardo Sotillos y José María Íñigo; y La incubadora, de Mariano de la Banda y Cuchi-Cuchi, su hija, una niña de tres años que se encargaba de decir de los discos lo que su padre «no se atrevía». En Radio Madrid estaban el Discomanía, de Raúl Matas, y Pepe Palau. Radio España emitía una producción de Alain Milhaud para el grupo Linten y Movierecord, que patrocinaba Pepsi-Cola: Pepsi-Boom y Explosión 68, con Alfonso Eduardo. Milhaud era responsable de los éxitos de Los Bravos y productor de Canarios, Pop-Tops y Smash. Y todas las noches Radio Torrejón, la emisora de la base aérea norteamericana próxima a Madrid, emitía programas procedentes de Estados Unidos, como el Wolfman Jack Show.
Aquellos primeros meses de 1973 el equipo de Los 40 Principales de Radio Madrid FM estaba formado por Olimpia Torres (que fallecería el 21 de enero de 2012), Rafael Luis Díaz, Luis Fernando Montilla, José Luis Fradejas, Pablo Quintana y José Luis Arriaza. El programa (aún no era una fórmula) se emitía de diez de la mañana a diez de la noche. A partir de esa hora Fernando Vega, un histórico de la radio, presentaba un programa de música clásica con guion de Carlos Gómez Amat, continuaba con una selección de orquestas y se cerraban las emisiones a la una de la madrugada.
«La FM», el estudio 8 de Radio Madrid, estaba al final del pasillo de la segunda planta. Tenía una doble puerta de madera con sendas ventanas de cristal. El estudio apenas tenía nueve metros cuadrados. Sobre una mesa de formica gris se encontraban dos platos giradiscos de la marca Lenco; en medio, una consola Sparta de cuatro canales y el micro con soporte de flexo; y más a la derecha, los discos de Los 40 y los «candidatos», una selección de novedades que durante dos meses iban sonando para ganar popularidad hasta que entraban en la lista. En una antigua mesa de televisión de dos plataformas había, en la inferior, dos cajas de pasta gris que contenían las cuñas de publicidad en cartuchos; y en la parte superior, un magnetofón Phillips de «ojo mágico» sin carcasa. A la izquierda, un armario rack disponible para dos reproductores de los cartuchos de la publicidad y donde, meses más tarde, se instalaría un nuevo magnetofón Revox.
Como a tantos otros, la mili amenazaba con romper sueños y por delante se presentaba un año y medio en Infantería de Marina. Tras veinte días en el Centro de Instrucción de la Marina de Cartagena (CEIM), nos enviaron a un grupo de doscientos reclutas a la Agrupación de Infantería de Marina en Madrid para cubrir plazas de escoltas del ministro de Marina y Policía Naval. En ambos casos el curso era de tres meses. Apenas tres semanas después estaba de regreso y recibía la llamada del jefe de emisiones de Radio Madrid. Pepe Domingo Castaño le había hablado de un joven futuro periodista a Arturo de la Vega, jefe de emisiones, para formar parte de la FM.
Olimpia Torres era la cabeza visible del grupo y mano derecha de Rafael Revert a la hora de enseñar el funcionamiento y estilo de la FM. Por sus manos pasaba todo aquel que entraba en Los 40; ella informaba sobre el origen del programa, cómo se confeccionaba la lista, el orden de emisión de los discos, la técnica de presentación y el manejo de los equipos. Su turno iba de diez de la mañana a dos y media de la tarde y en esas cuatro horas y media había tiempo para todo. Era una fiel cumplidora de todo lo que Rafa Revert pedía en cada momento. De hecho, ella era la única superviviente del equipo fundacional de Radio Madrid FM siete años atrás.
Rafael Luis Díaz compaginaba el turno de la FM con su trabajo en la incipiente redacción de informativos que Antonio Calderón había puesto en marcha con Matinal SER en 1962. A pesar de su aparente seriedad, era un hombre que se transformaba en Los 40, dando un tono amable y cómplice con el oyente. Ocho años más tarde se haría famoso por la narración del golpe de Estado del 23-F; él fue la voz de la SER aquella tarde, lo que le valió para obtener un Ondas. Con Luis Fernando Montilla coincidí apenas esos meses de verano porque se marchó enseguida a TVE. Era un apasionado de la música y sabía decir lo justo de cada intérprete y dar a conocer su valía y calidad.
José Luis Arriaza había llegado de Puertollano, donde empezó a trabajar en Radio Popular. Apenas llevaba un año en Radio Madrid, pero su estilo, pasión y plena disponibilidad le hacían ser necesario. A José Luis Fradejas le encantaba la FM y Los 40, pero principalmente el contacto con los fans y los cantantes. Era íntimo amigo de José Luis Uribarri y cuando a este le ofrecieron presentar Aplauso, la revista televisiva de los sábados por la tarde, Fradejas se marchó a llevar la sección «La juventud baila» y, posteriormente, «El doble de los famosos». Pablo Quintana era el más serio de todos, el que más amaba la música americana y fiel seguidor de la escuela de Ángel Álvarez. Habitualmente hacía el turno de 14:30 a 17:00.
El equipo de redacción de El Gran Musical, bajo la coordinación de Rafael Revert, lo formaban María Jesús Prieto, Maruchi Arenaz, Joaquín Luqui, Julián Ruiz, Mariví Fernández Palacios, Nacho Artime, Fernando Salaverri y Pepe Asensi, diseñador creativo del periódico. La redacción era la continuación en prensa escrita del programa que Tomás Martín Blanco había creado en 1963. En sus inicios había sido una publicación semanal para pasar a quincenal y, en 1973, a mensual. La redacción se encontraba en la segunda planta del edificio de la radio. Se accedía a ella a través de la puerta de madera de doble hoja antes de entrar en las instalaciones de la radio. Allí, tras un mostrador en forma de L, se creaba el periódico musical de mayor tirada de España. Al fondo de la redacción tenían sus despachos Rafael Revert y Tomás Martín Blanco, aunque este poco después dejaría ese lugar al jefe de emisiones, cuando le nombraron director de programación de la Cadena SER y subió a la novena planta.
Los programas de la FM
Además de Los 40 Principales y la música clásica de la noche, nació La música de…, un monográfico de noventa minutos de duración para la noche de los domingos en el que se recorría la obra musical de los grandes de la época: The Beatles, Simon & Garfunkel, Crosby, Stills, Nash y Young, John Denver, Neil Diamond, Barry White, América, Roberto Carlos, Dúo Dinámico, Rolling Stones, The Moody Blues, etc. Cada semana había que pactar con Revert el artista o grupo de la semana. El programa tenía un apéndice en las madrugadas de los domingos de Radio Madrid OM, que presentaban José Luis Arriaza y Cholo Hurtado, en el que se hacía un resumen del programa de la FM.
De lunes a viernes a las dos de la tarde se emitía Trotadiscos, un programa de novedades que realizaban en Barcelona Rafael Turia, Constantino Romero y Ángel Casas. A las tres de la tarde, tras el diario hablado de RNE, iba el legendario Vuelo 605 de Ángel Álvarez y todos los miércoles a las doce de la noche Rafael Revert y Fernando Salaverri realizaban Rock alrededor de la FM, un programa dedicado exclusivamente a los orígenes del rock and roll, con el Rock alrededor del reloj, de Bill Haley and His Comets, como sintonía. En él sonaban todos los legendarios rockeros de los años 50, los pioneros, encabezados por Elvis Presley, Chuck Berry y Buddy Holly, entre otros.
Fernando Salaverri llevaba más de una década en el mundo de la música desde las matinales rockeras del Price de Madrid. Había sido jefe de promoción de Discos Hispavox y auténtico descubridor de talentos como Mari Trini, Módulos, Pic Nic (con Jeanette), Raphael, Karina, Miguel Ríos, Los Ángeles, Payos, Mitos, Pasos, Mustang, María Ostiz, Pekenikes, etc. Poco después se embarcó en el mundo de la organización de conciertos, fundando Clip Promotores, empresa que trajo a España a solistas o grupos del country-rock como Billy Swan (producido por Kris Kristoferson) y los Flying Burrito Brothers, Blue Öyster Cult, Status Quo, Electric Light Orchestra y Leo Sayer, entre otros.
La puesta en marcha de La música de… en julio de 1974 supuso un permanente contacto con las compañías discográficas, que hasta ese momento centraban su atención principalmente en Pepe Domingo, Joaquín Prat, Joaquín Luqui y Pepe Fernández, un locutor de perfecta dicción que Martín Blanco había traído de Radio Sevilla con la intención de convertirle en la alternativa o complemento de Pepe Domingo. Fernández era un apasionado de la música en español y del pop británico y norteamericano, pero se encontraba más cómodo con los cantantes estándar españoles como Julio Iglesias, Nino Bravo, Juan Bau, Lorenzo Santamaría, Paloma San Basilio, Juan Pardo, Junior o, principalmente, Camilo Sesto. Hacía su programa en la FM de lunes a viernes de doce y media del mediodía a dos de la tarde. Fernández y Luqui eran libres de programar los discos que querían y por tal motivo arrastraban tras de sí a los denominados «promocioneros», responsables en las discográficas de que sonaran sus respectivos discos-objetivo.
Entre el personal de la industria musical en contacto con los medios estaban José Luis Gil, José María Cámara, Aurelio González, Luis Garza, Juana Martínez, Nieves García (que se casaría con Aurelio y enviudaría pocos años después), Fernando Muñoz y Loli Dios en CBS. En EMI estaban Luciano Fuentes, Luis Iglesias y Juan Miguel Ramírez; Miguel Blasco (Adam), Santiago Sánchez Puerta y Miguel Ángel Álvarez de Hispavox; Paco Íñigo (hermano de José María), Luis Soler y Javier del Moral en Zafiro; Toni Sevilla (Fórmula V) en Columbia, Joaquín Junco en Philips, Germán Bartolomé y Juan Antonio Parejo en Polydor, Rosa en Beverly, Aniano Alcalde y José Antonio Hernández en Belter y así un larguísimo etcétera.
A finales de octubre de 1974, José Luis Gil era responsable del producto internacional de CBS, más tarde pasaría a llevar el nacional y de ahí dio el salto a Hispavox, primero como director general y, tras la jubilación de los Vidal Zapater, como presidente de la compañía. Tenía entonces veintiséis años. No se puede explicar la carrera de Rafaella Carrà, Miguel Bosé, Enrique y Ana, José Luis Perales, Raphael, Nacha Guevara, Locomía, Alejandro Sanz, Donato y Estéfano, Mónica Naranjo, Ricky Martin y Shakira sin José Luis Gil. Junto con José María Cámara, Ramón Crespo y Manolo Moreno, Tomás Muñoz sentó las bases de la fortaleza de CBS en España en los primeros años 70.
Tomás Muñoz publicaría sus recuerdos, titulados Memoria banal (2004, Multiprensa-Fundación Autor), en los que hacía un recorrido por una vida llena de inquietudes y forjada en mil y una dificultades a la vez que le sonreía el destino. Natural de Villanueva de Córdoba, recordaba su paso por Torrecampo, las escuelas obreras, la guerra civil, los desplazamientos y exilios, una vida en el internado, los jesuitas, el hambre, la adolescencia, la época docente y la inquietud social, su salto a París y el viaje iniciático por los países del Este como Checoslovaquia, acudir al V Festival Mundial por la Paz en Varsovia, atravesar la Unión Soviética, China, Nepal y el Himalaya hasta llegar al Ganges. Cuenta cómo conoció a Indalecio Prieto y a Marlene Dietrich, las peripecias para conseguir el visado sin pasar por la mili, la llegada a Nueva York, México y su trabajo en la industria desde el sello Gamma y su vuelta a España como uno de los máximos responsables de Hispavox con los Vidal Zapater. En el libro te va llevando de la mano para conocer la música y la industria a finales de los 50 en América y el trabajo en nuestro país en la década de los 60 hasta que implanta la CBS en España, primero en la Torre de Madrid y posteriormente en paseo de la Castellana, frente al Bernabéu. De Madrid saltó a Nueva York como vicepresidente internacional de CBS y, posteriormente, a Brasil como director-presidente de la compañía.
A lo largo de su dilatada carrera ha forjado, lanzado o intervenido directamente, tanto en España como en el exterior, en las carreras de Paul Anka, Frankie Avalon, Chubby Checker, Raphael, Mari Trini, Cecilia (por la que muestra un enorme cariño y admiración), Carlos Mejía Godoy y su Misa campesina, Miguel Bosé, Roberto Carlos, Las Grecas, Santana, Chicago, Blood Sweat & Tears, Leonard Cohen, Neil Diamond, Labelle, Bob Dylan, Víctor Manuel, Ana Belén, José Luis Perales, Supertramp, Michael Jackson, Police, Julio Iglesias, Rafaella Carrà, Sandro Giacobbe, Luis Miguel, Ricky Martin, Chayanne, Ana Gabriel, Donato y Estéfano, Joe Dassin, Simon & Garfunkel… Es imposible continuar el relato de nombres y artistas porque la lista es inmensamente larga. Aseguraba que nunca olvidará a los que le recibieron en México en los 50 y a los chavales en los que se apoyó para crear CBS España: José Luis Gil, José María Cámara, Ramón Crespo y Aurelio González. Dice lo mismo de los presidentes de la compañía que confiaron en él: Harvey Schein, Walter Yetnikoff, Dick Asher, Allan Davis y Bob Summer.
Los estrenos de la SER
Para diferenciarse de las demás emisoras de radio y resaltar las exclusivas y primicias de Los 40, Revert había creado Los estrenos de la SER. Se trataba de resaltar y promocionar las canciones de las que la cadena poseía la primicia durante varios días o semanas. A ese tema, o «estreno», con carácter temporal se le incluía dentro de la canción un jingle en el que un coro cantaba aquello de: «Los estrenos de la SER». De esa forma evitaba que otras emisoras piratearan el disco durante el tiempo que duraba la exclusiva. Esa campaña solía llevar entrevistas, que no podían durar más de diez minutos, con el intérprete durante el turno de Los 40.
En otoño de 1974 uno de los estrenos fue Celos de mi guitarra, de José Luis Perales, un joven conquense con maestría industrial y peritaje que llevaba varios años escribiendo canciones para Hispavox, que la compañía entregaba a diferentes artistas a través de su editorial. Perales ya se había dado a conocer con ¿Por qué te vas?, que Jeanette llevó al número 1 de las listas de ventas de Europa e Hispanoamérica a raíz de que Carlos Saura la incluyera en la película Cría cuervos. La vida de Perales cambió radicalmente cuando Rafael Trabuccheli le planteó que fuera él mismo quien interpretara sus propias canciones. La primera en publicarse llegaría a ser un rotundo éxito.
Aún no había salido el single al mercado y el operativo de la promoción estaba en marcha. En aquella época la promoción de un disco o un artista duraba dos o tres meses, con constantes entrevistas en cadenas de radio, periódicos, revistas de todo tipo, apariciones en diferentes programas musicales de TVE y viaje por toda España con galas y visitas a todas las emisoras locales. Estaba arrancando la campaña de Celos de mi guitarra y el LP Mis canciones cuando Perales se estrenó en la FM de Radio Madrid. Sería una de las primeras apariciones del cantautor en la radio. Era un tipo sencillo y simpático.
Joaquín Luqui, el personaje y la persona
Joaquín Luqui se convertía, para todo el que se acercaba a conocerle, en apoyo y cómplice. Te hablaba del «cuándo», es decir, el momento en el que llega la oportunidad profesional que hay que saber aprovechar. Ir con él al cine o al teatro era toda una experiencia cultural. Era un apasionado del pinball, de la máquina del «viejo pulcro» de la calle Desengaño. Se trataba de un bar (que ya no existe) en la calle Desengaño, detrás de la radio y frente a la iglesia de San Martín. Él lo llamaba así porque decía que su dueño, un señor de más de 65 años, se parecía al abuelo de Paul McCartney en la película A hard day’s night, de The Beatles, y tenía razón. En esa máquina de pinball te retaba a diario. Se paraba en los quioscos de la (todavía) avenida de José Antonio rebuscando entre las revistas de actualidad cualquier tipo de publicaciones de música, cine o teatro. Le apasionaba hablar de personajes como Katharine Hepburn y sus películas, sola o con Spencer Tracy, Elizabeth Taylor, Montgomery Clift, la eterna Marilyn o Natalie Wood. Cuando volvían a reponer por enésima vez West Side Story te hacía una auténtica disección del guion de Ernest Lehman, Arthur Lorens y Jerome Robbins; sobre la música de Leonard Berstein, los textos de Stephen Sondheim y las direcciones de Robert Wise y Jerome Robbins. Su conocimiento del mundo del cine y las vicisitudes de los artistas era realmente sorprendente. Le gustaba contar la historia de la frustración que supuso para Monty Clift el rechazo a su amor por parte de Elizabeth Taylor.
La Neniña de Pepe Domingo
Una de las primeras cosas que hizo Pepe Domingo ante un micrófono, tras presentar un disco, saludar y recitar un poema suyo, de José Ángel Buesa o de su hermano Fernando, fue cantar. No podía presentar un programa sin hacer la segunda voz a cualquier artista o recitar. Su pasión por el espectáculo y la comunicación le hizo probar el camino que anteriormente habían experimentado Miguel de los Santos y Joaquín Prat.
Se había metido en un estudio de grabación a la vuelta del verano de 1974 y en enero de 1975 salía al mercado Neniña, su primer single con Belter, la discográfica de Aniano Alcalde, autor con María José Cerato de Vivo cantando, canción que llevó a Salomé a ganar el Festival de Eurovisión en 1969 junto a Lulu (Reino Unido), Frida Boccara (Francia) y Lenny Kuhr (Holanda). Su ilusión con el disco era contagiosa y desde la FM, la OM y en El Gran Musical se le apoyó intensamente.
Entre la vorágine de aquellas semanas, un par de chicas encantadoras, de apenas quince años, montaron el club de fans de Pepe Domingo. Se pasaban las horas libres de clase en la entrada del antiguo soportal de la radio. Paloma y Loli se encargaban de coordinar todas las actividades del club. Salían del colegio y al terminar de comer regresaban inmediatamente a la puerta de la radio para repartir pegatinas de su ídolo a todo aquel que pasaba por la calle o entraba en la radio. Hicieron chapas, pósteres, pines, ponían un aparato de radio a todo volumen cuando Pepe hacía a diario Cita a las tres y tras el programa se iban a clase, regresando por la tarde para volver a ver a Pepe.
En el ambiente se respiraba un entusiasmo desbordante, de modo que el resto de compañías discográficas aplazaron la entrada de sus «discos-objetivo» en Los 40 una semana porque sabían que su trabajo no iba a tener reconocimiento cuando la Neniña de Pepe luchara por el número 1. Otra cosa sería siete días más tarde, cuando la «chica de pantalón vaquero y camisa de cuadros» tuviera que defender el puesto de privilegio. El sábado 15 de febrero de 1975 una fila de entusiastas y ordenadas fans, que daba una vuelta completa al edificio de la radio, estaba dispuesta a votar la canción, que entraba como máxima favorita en lista de Los 40 Principales. Paloma y Loli habían movilizado a su club de Madrid y a las primeras delegaciones que habían montado en varias ciudades. Lo de la capital no era un caso excepcional; en Barcelona, las más importantes ciudades gallegas, Vigo, Santiago de Compostela, La Coruña, Pontevedra, Orense, Lugo, Valencia, Sevilla y Zaragoza, entre otras ciudades, estaba sucediendo lo mismo. Cuando a las cinco de la tarde comenzaron las votaciones aquello se convirtió en un mar de votos: llamadas y visitas. Era una locura solo conocida con el fenómeno Camilo o posteriormente con Pecos.
A las nueve de la noche el veredicto de toda la audiencia de la radio era definitivo. La Neniña de Pepe Domingo se convertía en el nuevo número 1 de Los 40 Principales, desbancando a Hi-Jack, de Barrabás. Una semana después Miguel Gallardo le arrebataría el puesto de honor con Quédate. Se desató la locura y la pasión. Al acabar las votaciones Joaquín Prat, que había conducido el programa, Rafael Revert, Joaquín Luqui, Tomás Martín Blanco, todo el equipo de la FM, las chicas de su club de fans, técnicos y amigos brindamos por el éxito de Pepe y Neniña. El locutor-cantante estaba tan emocionado que no podía hablar. Tras mostrar su alegría con Pepe y darle la enhorabuena, Tomás Martín Blanco le dijo ante todos: «Recuerda que la radio es tu mujer. La música podrá ser tu amante, no te equivoques». El disco llegó a ser superventas y a Pepe le obligó a grabar un LP y dedicar el verano de aquel año a montar una gira por toda España, llenando las salas más importantes del país. Al cabo de unos meses tuvo que dar el salto a América, convirtiéndose en un fenómeno, principalmente en México. Aquella Paloma que había creado el club de fans de Pepe Domingo era Paloma Quintanilla, primero ayudante de Pepe Domingo y más tarde productora de los programas de Iñaki Gabilondo en la SER y en Cuatro TV, convirtiéndose en su «agenda» y mano derecha.
