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Enamorarse de una mujer como Moira fue el inesperado broche de oro a las vacaciones que Luke O'Brien pasó en Dublín. De modo que cuando ella se presentó por sorpresa en Chesapeake, él la recibió emocionado, por lo menos en un primer momento. Disfrutar de una aventura con aquella rosa silvestre de Irlanda era una cosa, ¿pero estaba dispuesto a comprometerse para siempre con Moira? Quizá lo estuviera en el futuro, pero no en aquel momento, cuando estaba completamente volcado en montar un negocio. Tras la reacción de Luke, Moira se vio obligada a hacer un profundo examen de conciencia. Marcada por el abandono de su padre, se preguntaba si Luke, con su pasado de mujeriego, sería el hombre de familia que ella añoraba... Con la presencia del resto de personajes, vamos a disfrutar de esta peculiar familia, y vamos a encontrarnos nuevas sorpresas que pondrán el broche de oro al final de esta serie. Lectura adictiva
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Seitenzahl: 506
Veröffentlichungsjahr: 2013
Editado por HARLEQUIN IBÉRICA, S.A.
Núñez de Balboa, 56
28001 Madrid
© 2012 Sherryl Woods. Todos los derechos reservados.
UN JARDÍN DE VERANO, Nº 37 - julio 2013
Título original: The Summer Garden
Publicada originalmente por Mira Books, Ontario, Canadá
Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial. Esta edición ha sido publicada con permiso de Harlequin Enterprises II BV.
Todos los personajes de este libro son ficticios. Cualquier parecido con alguna persona, viva o muerta, es pura coincidencia.
® Harlequin y logotipo Harlequin son marcas registradas por Harlequin Books S.A.
® y ™ son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited y sus filiales, utilizadas con licencia. Las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y en otros países.
I.S.B.N.: 978-84-687-3422-4
Editor responsable: Luis Pugni
Conversión ebook: MT Color & Diseño
www.mtcolor.es
Queridas amigas,
Cada vez que comienzo una nueva serie, me pregunto si mis lectoras se enamorarán de los protagonistas tanto como yo.
Definitivamente, habéis recibido y aceptado a los O’Brien como la familia complicada, bulliciosa y cariñosa que imaginaba cuando escribía el primer libro, Amor y venganza.
Tiempo después, mientras terminaba Un jardín de verano, el volumen que cierra la serie, quería asegurarme de que fuera un digno final. ¿Y qué mejor que una doble historia de amor a la que sumar el nacimiento de un bebé? Incluso cuando la serie termina, se abren nuevos principios. Al fin y al cabo, ¿no es ese el ciclo de la vida?
Espero que disfrutéis viendo a Nell encontrando un merecido final feliz mientras Luke, el más pequeño de sus nietos, encuentra el amor con la mujer que menos podía imaginarse.
Y a todas vosotras, os deseo que disfrutéis de la unión de vuestras familias y de la alegría de la risa.
Con mis mejores deseos,
Sherryl
¡No podía sacarse a Maddening Moira de la cabeza!
Hacía ya un mes que había regresado de Irlanda y Luke O’Brien lo había pasado obsesionado con el proyecto de abrir un pub en Chesapeake Shores y preocupado por el previsible escándalo que se organizaría en la familia. Había salido varias veces con la sofisticada y elegante Kristen Lewis, retomando su relación allí donde la habían dejado tras un breve encuentro en Irlanda. La verdad fuera dicha, en realidad era una relación de conveniencia para ambos en la que los sentimientos no jugaban ningún papel. Hasta no hacía mucho, había sido una agradable distracción, aunque solo fuera porque era una relación lo suficientemente complicada como para satisfacer sus ganas de rebelión.
Pero después había aparecido Moira Malone con su lengua afilada y su rápido ingenio.
–A mí no me vas a seducir con palabras bonitas y un guiño de ojos –le había advertido, poniéndole rápidamente en su lugar.
Se habían conocido unos meses atrás, durante el viaje de la familia O’Brien a Irlanda. Moira era la nieta mayor de Dillon O’Malley, un amor de juventud de su abuela. Era una mujer preciosa, pero imposible. De hecho, era bastante probable que fuera la mujer más frustrante que había tenido el placer de conocer en su vida, en parte, porque era prácticamente inmune a sus encantos. Aquella mujer le había complicado la vida de una forma completamente inesperada. Contra todo pronóstico, había conseguido conquistar su corazón.
Tras haber prolongado su estancia en Irlanda varias semanas más que el resto de su familia, Luke también había regresado a Chesapeake Shores dispuesto a continuar con su vida. Dispuesto a hacer algo serio en la vida, según su impaciente padre, que se quejaba de cómo había malgastado sus estudios universitarios.
¡Se había licenciado en Historia, por el amor de Dios! ¿Alguien se podía creer que una carrera así sirviera para algo? Luke, desde luego, no. Había decidido estudiar Historia porque disfrutaba tanto de aquella materia como de cualquier otra y necesitaba quitarse el problema de la universidad de encima decantándose por una carrera.
Pero el tiempo continuaba pasando y tenía a todos los O’Brien expectantes, deseando ver lo que pensaba hacer con su vida el nieto más pequeño de Nell, la matriarca de la familia. Luke dudaba seriamente de que alguno de sus parientes pudiera imaginar que su destino iba a ser abrir un pub irlandés en Chesapeake Shores.
Nervioso, a pesar de que había revisado el proyecto miles de veces, y esperando mostrarse suficientemente tranquilo y confiado como para que nadie intentara quitarle la idea de la cabeza, se dirigió hacia el estudio de su hermano.
Matthew estaba demostrando ser un arquitecto tan innovador y con tanto talento como su mundialmente reconocido tío Mick. Al igual que la mayor parte de los miembros de la familia, Matthew había descubierto muy pronto su vocación. Luke los envidiaba por ello, no solo por saber lo que querían, sino por haber triunfado en sus respectivos campos, y a veces de una forma extraordinaria. De hecho, se habían convertido en un ejemplo a seguir que resultaba también algo intimidante.
Cuando Luke llegó al estudio, Matthew estaba tan concentrado en los planos que tenía sobre la mesa que ni siquiera alzó la mirada, lo cual le permitió a Luke tomarse algún tiempo para ordenar sus pensamientos. Quería exponer por primera vez su idea ante la persona más receptiva que probablemente iba a encontrar.
Al cabo de unos minutos, Matthew alzó la mirada, le vio y parpadeó.
–¿Cuánto tiempo llevas aquí?
–Bastante –contestó Luke–. ¿Cuántas ciudades y pueblos has diseñado hoy?
–Solo una –respondió Matthew, todavía sonriendo–. Creo que estos planos para una urbanización en Florida están ya a punto para ser enviados al constructor. A juzgar por la cantidad de veces que me ha llamado para saber cómo iba el proyecto, está impaciente por empezar a remover el terreno.
Luke había visto gran cantidad de proyectos arquitectónicos a lo largo de su vida, pero tenía que reconocer que carecía de la visión necesaria para imaginarlos convertidos en ladrillo y cemento. Aun así, miró por encima del hombro de su hermano, dispuesto a fingir entusiasmo. Sin embargo, lo que vio al ir pasando las hojas, le dejó estupefacto.
–¿Tú has diseñado todo esto desde cero? ¿Toda una población? La calle principal, viviendas, escuelas, una biblioteca y hasta una iglesia. ¿Te ha bastado ver unas hectáreas de tierra baldía para imaginar todo esto?
Matthew ensanchó su sonrisa y asintió.
–Sí, a mí también me parece increíble.
–Supongo que al final todo el tiempo que dedicabas a jugar al Lego cuando eras pequeño no fue un tiempo perdido. ¿Lo ha visto tío Mick?
–Por supuesto. Me ha estado dando la lata día tras día. Supongo que cuando no me llamaba a mí, el constructor llamaba a tío Mick para presionarle.
–¿Y?
–Tío Mick dice que es tan bueno como cualquiera de sus proyectos –contestó Matthew complacido.
–Eso quiere decir que es mil veces mejor –concluyó Luke–. Pero no te lo va a decir porque este es tu primer proyecto importante. Seguro que no quiere arriesgarse a que se te suba a la cabeza y termines pidiéndole un aumento de sueldo.
Matthew se encogió de hombros ante aquel cumplido.
–Siempre se pueden hacer mejor las cosas. Tío Mick me ha estado hablando incluso de todo lo que cambiaría si tuviera que volver a diseñar ahora Chesapeake Shores.
Luke le miró sorprendido.
–¿De verdad? ¿Qué tipo de cosas cambiaría?
–Ahora reconoce que tío Thomas tenía razón al querer que la comunidad se levantara respetando el entorno. Dice que no debería habérselo hecho pasar tan mal.
Luke se echó a reír.
–No, pero a él le gusta hacérselo pasar mal casi por principio. Y lo mismo hace con papá.
–Es más que probable –se mostró de acuerdo Matthew–. ¿Y qué te trae por aquí a estas horas?
–Esperaba que tuvieras tiempo para salir a tomar una copa.
–Claro. ¿Te importa que venga Laila? He quedado a cenar con ella dentro de una hora. Puedes cenar con nosotros.
–De acuerdo. Además, hay algunas cosas que me gustaría hablar con ella.
Su hermano le miró con recelo.
–¿De qué tienes que hablar tú con mi mujer?
–A lo mejor estamos conspirando para organizarte una fiesta de cumpleaños sorpresa –bromeó Luke, consciente de hasta qué punto odiaba su hermano las sorpresas.
Aun así, él mismo había organizado una boda sorpresa en Irlanda, y había conseguido ocultárselo a Laila hasta que le había propuesto matrimonio la víspera de Navidad.
–Mi cumpleaños fue hace dos meses y ninguno de vosotros sois capaces de hacer planes a tan largo plazo –replicó Matthew–. Vuelve a intentarlo.
–¿Qué te parece si te lo cuento mientras tomamos una copa? –preguntó a su vez Luke.
–Estupendo. ¿Te parece bien que vayamos al Brady’s?
–La verdad es que yo estaba pensando en otra cosa. Tengo que pasar antes por el estudio de papá. ¿Por qué no quedamos dentro de veinte minutos en Shore Road, delante del Panini Bristo?
–Perfecto –contestó Matthew–. Llamaré a Laila y se lo diré. Si llego antes que vosotros, elegiré ya mesa.
–No, no, prefiero que me esperes fuera. Pero dile a Laila que si llega antes de que nosotros hayamos vuelto, vaya sentándose.
–¿Volver? –Matthew le miró extrañado–. Cada vez tengo más curiosidad.
–Confía en mí, ¿de acuerdo?
–Por supuesto –contestó Matthew al instante–. Te veo dentro de veinte minutos.
Luke se despidió de él con un gesto y se dirigió después hacia la agencia de su padre. Esperaba que su padre se hubiera ido ya y estuviera solo su hermana. Susie podía ponerle las cosas difíciles, pero sería mucho menos exigente a la hora de presionar exigiendo una respuesta.
Pero tuvo más suerte todavía y encontró cerrada la agencia inmobiliaria que su padre dirigía. Utilizando la llave que conservaba para las ocasiones en las que era él el que tenía que enseñar alguna propiedad, entró, buscó la llave del local que quería enseñar a su hermano y cerró.
A los pocos segundos, se reencontraba con Matthew en el lugar en el que habían quedado.
–¿Adónde vamos ahora? ¿O eso también es secreto? –preguntó Matthew.
–No muy lejos –contestó Luke.
Avanzó a lo largo de la manzana hasta llegar a un local vacío que anteriormente ocupaba un restaurante francés que había terminado cerrando, incapaz de afrontar la falta de turistas durante los meses de invierno. Personalmente, Luke pensaba que había fracasado por culpa de aquellas sillas tan incómodas que obligaban a los clientes a retorcerse durante los minutos que empleaban en degustar unos platos sobrevalorados, ¿pero qué sabía él de restaurantes?
Condujo a su hermano al interior, encendió las luces y se volvió hacia él.
–¿Qué te parece?
Matthew le miró sin comprender.
–¿El qué? Aquí no hay nada.
Luke le sostuvo la mirada.
–¿Crees que podrías ayudarme a convertir este espacio en un cálido y acogedor pub irlandés?
No había terminado de pronunciar aquellas palabras cuando oyó un grito en la puerta. Se volvió, y se encontró a su tío Mick en el interior del local.
–¡Entro a ver por qué están encendidas las luces en un local vacío y te encuentro planeando abrir un pub! –exclamó Mick con expresión de incredulidad.
Luke suspiró. Lo último que habría deseado era tener un interlocutor tan difícil desde el primer momento, pero quizá fuera lo mejor. Mick tenía muy buena cabeza para los negocios y sabía realmente lo que el pueblo podía necesitar. Se preguntó si Mick sería capaz de reconocer la importancia de un lugar de reunión en el centro del pueblo, un lugar cómodo y acogedor que recogiera la tradición irlandesa.
–Sí, eso es justo lo que estaba pensando –confirmó Luke, y le miró directamente a los ojos–. ¿Qué te parece?
Mick le miró con los ojos entrecerrados.
–¿Qué te hace pensar que eres capaz de sacar adelante un proyecto así? Por lo que yo sé, nunca has trabajado en un pub. Y tampoco en un restaurante, por cierto.
–Eso no es del todo cierto –replicó Luke–. Cuando estuve en Irlanda, trabajé durante algún tiempo en McDonough’s, el pub en el que pasábamos tanto tiempo cuando estuvo allí toda la familia. Y viajé por todo el país visitando todos los pubs que podía encontrar. Recorrí desde grandes ciudades hasta los pueblos más pequeños. Hice millones de preguntas, tomé notas y cociné una buena cantidad de fish and chips. Incluso compré una barra antigua en un bar que iba a cerrar. Ahora mismo está viniendo en barco hasta aquí. Espero su llegada dentro de un mes.
Para entonces, Matthew ya estaba tan atónito como su tío.
–Yo creía que habías decidido quedarte en Irlanda después de que se fuera la familia y de que Kristen se marchara porque te habías enamorado de Moria.
–Eso fue lo que pensó todo el mundo –admitió, y, en parte, era cierto–. Pero no quería teneros a todos intentando quitarme la idea del pub de la cabeza. Todavía estaba dándole vueltas, intentando averiguar si realmente era una idea en la que creyera –miró a su hermano a los ojos, suplicándole que le apoyara–. Y sí, creo en ella.
–¿Pero por qué un pub? –preguntó Matthew con evidente preocupación.
–En cierto modo, es por algo que Mack me dijo hace algún tiempo –le explicó Luke, mencionando al marido de Susie, su hermana–. Estaba dándole un consejo sobre algo y me comentó de pronto que a lo mejor debería considerar la posibilidad de dedicarme a la psiquiatría y a la psicología, como Will. En realidad solo estaba siendo sarcástico, pero se me quedó grabada la idea.
–¿Y eso te llevó a pensar en un pub? –preguntó Mick–. No lo entiendo.
–Todo el mundo le cuenta sus problemas a los camareros –le explicó Luke–. Me gusta escuchar, no de una manera profesional, pero me gusta comunicarme con la gente. Mientras estuve en Irlanda, fui testigo de cómo fluía la comunicación en los pubs y todo pareció encajar. En cada pub se crea toda una comunidad. La gente no solo va a los pubs a beber, sino también a comer, a relacionarse con sus amistades, a escuchar música y a reírse. Por lo menos cuando se hacen las cosas bien. Y me gustaría convertirme en el motor de algo parecido.
–Pues lo serás –le aseguró Matthew.
Luke estudió el rostro de su hermano para ver si la sorpresa inicial se había convertido realmente en aprobación.
–Entonces, ¿no crees que esté loco? –le provocó.
–Un poco –contestó Matthew–. Pero también creo que a lo mejor funciona. ¿Qué te parece, tío Mick? Mira a tu alrededor. Imagina esa barra de bar en la pared de atrás, delante de un espejo enorme que refleje la bahía, por lo menos durante el día. A lo mejor no es tan oscuro como un pub irlandés, pero sería ideal para un pueblo de mar. Laila y yo vimos uno así en Howth, un pub con vistas al mar.
Miró hacia Luke.
–Has hablado de música. ¿Te gustaría tener una zona para los músicos?
–Por supuesto –confirmó Luke–. No tiene por qué ser muy grande ni lujosa, solo una zona en la que puedan actuar los músicos. Estoy deseando contratar a grupos irlandeses auténticos. Grupos, cantantes, cualquier cosa que pueda encontrar.
–Entendido –dijo Matthew mientras iba tomando notas en la libreta que llevaba siempre encima–. Tío Mick, ¿qué te parece?
Mick sacudió la cabeza y comenzó a caminar. Luke tardó varios minutos en darse cuenta de que estaba tomando medidas. Se detuvo entonces delante de Luke y le miró a los ojos.
–¿Tienes un plan de negocio? En esta zona el invierno es muy duro. Tendrás que enfrentarte a ello.
–Creo que la música en directo atraerá a los clientes del pueblo, y a lo mejor incluso de la zona. Yo he hecho números y me parece que las cosas podrían ir bien, pero me gustaría que Laila les echara un vistazo –añadió–. Las matemáticas nunca han sido mi fuerte. Espero que esté dispuesta a ayudarme en ese tipo de cosas, a vigilar mis cuentas y a controlarme cuando tenga la tentación de invertir todo mi presupuesto en una determinada cosa, como hace con Jess.
–¡Ah! Así que por eso está ahora esperándonos en el Panini Bistro –dijo Matthew–. De hecho, creo que deberíamos ir hacia allí. Tío Mick, ¿quieres venir con nosotros?
–Ni se te ocurra dejarme fuera –contestó Mick inmediatamente–. Pero tengo que acercarme antes a la galería, que era hacia donde iba cuando os he visto, a buscar a Megan. Ahora mismo debe de estar a punto de cerrar.
Mientras iba a buscar a su esposa, dedujo Luke minutos después, Mick debió de cruzarse con Connor, el primo de Luke, que, a su vez, había quedado con Heather, su esposa, en su tienda de edredones. Y debió de invitarlos a ir con ellos porque Connor y Heather aparecieron también en el restaurante.
Para cuando por fin se sentaron todos en el Panini Bistro, necesitaron hasta el último asiento vacío de aquel diminuto restaurante. Naturalmente, Mick eligió aquel momento para anunciar la noticia que Luke acababa de darle, lo que provocó una sonora intervención de todos cuantos había en el local, hasta que al final Mick dio un golpe en la mesa para llamar su atención. Entonces, se volvieron todos hacia Luke.
–¿Qué nombre piensas ponerle a ese pub?
Luke sonrió.
–O’Brien, por supuesto. Teniendo un apellido irlandés, ¿por qué buscar otro nombre?
Al rostro de su tío asomó una sonrisa.
–¿Y nosotros hemos sido los primeros en conocer la idea?
–En realidad, has sido tú –confirmó Luke, e inmediatamente comprendió lo que acababa de hacer.
Una vez más, Mick O’Brien había conseguido ganar a sus hermanos siendo el primero en conocer la última noticia de la familia. En una familia tan competitiva como la suya, el padre de Luke no lo olvidaría jamás.
–Supongo que me dejarás ser el primero en decírselo a mi padre –suplicó Luke–. Es una cuestión de respeto hacia él.
Mick estaba claramente dividido, pero cuando Megan le dio un codazo en las costillas, asintió con evidente desgana.
–Supongo que es justo.
–Gracias –contestó Luke, y miró a su alrededor–. Entonces, ¿cuento con vuestro apoyo? Laila, ¿estás dispuesta a echar un vistazo al presupuesto? Y, Connor, ¿te encargarás de los aspectos legales? –en cuanto Connor y Laila asintieron, volvió a mirar a todos los demás–. ¿Creéis que es una buena idea?
–Creo que es una idea estupenda –contestó Mick, a lo que le siguió un coro de voces mostrando su aprobación–. Y si es algo que realmente te apasiona, habría que ser un estúpido para interponerse en tu camino.
Luke tenía la corazonada de que si su padre no le daba su apoyo incondicional, su tío estaría más que encantado de repetir aquel mensaje. En cualquier caso, esperaba no tener que llegar a esa situación. Lo último que Luke quería era provocar otra disputa familiar.
Moira miró la fotografía que había tomado varias semanas atrás de Luke O’Brien. Era una de sus mejores fotografías, pensó. Le había fotografiado riéndose, con el mar de fondo, el pelo hacia atrás despeinado por el viento y sus ojos azules resplandeciendo de alegría. Le bastaba mirar aquella fotografía para que se le encogiera el corazón.
Cuando Luke había aparecido en casa de su abuelo junto al resto de su bulliciosa familia para celebrar la Navidad, Moira estaba en uno de sus cada vez más frecuentes momentos de mal humor, dispuesta a saltar ante cualquiera que se interpusiera en su camino. Su abuelo y su madre estaban acostumbrados a sus cambios de humor y a su constante rebeldía. Pero se preocupaban abiertamente por ella y por su falta de objetivos, lo cual la hacía sentirse todavía peor.
Curiosamente, no había sido capaz de asustar a Luke con su lengua afilada. Luke no se había movido de su lado en toda la noche, había bromeado con ella e incluso había conseguido arrancarle alguna sonrisa. Y cuando días después habían vuelto a verse en la celebración de la boda de su hermano con Laila, incluso había conseguido convencerla de que bailara con él y había estado susurrándole palabras al oído como si estuviera intentando tranquilizar a un potro desbocado hasta que, al final, se había relajado en sus brazos. Y Moira había empezado entonces a enamorarse de él.
En realidad, se había enamorado de toda la familia. Era una familia completamente diferente a la suya. A pesar de sus numerosas discusiones y batallas de ingenio, era evidente que se querían. No había en ellos aquella amargura que emanaba de su propia madre, ni la constante preocupación que reflejaban los ojos de su abuelo. Hermanos, hermanas y primos, junto con sus correspondientes parejas, parecían quererse de verdad, mientras que había días en los que Moira podía decir sinceramente que deseaba que sus desconsiderados y egoístas hermanos se desvanecieran como el humo.
–Moira, ese tipo que está en la esquina lleva un rato intentando que le mires –le avisó Peter McDonough–. Me parece que quiere otra Guinness.
Moira se obligó a volver al presente, guardó rápidamente la fotografía de Luke en el bolsillo, sirvió la cerveza y salió de la barra.
–Kevin, ¿verdad? –le dijo el hombre, que parecía ser un cliente habitual. Aunque Moira era nueva en el pub, no era la primera vez que trabajaba de camarera–. Siento el retraso.
Kevin contestó con una sonrisa.
–Parecías distraída. ¿La fotografía que estabas mirando con tanta atención es de alguien en especial?
¿Era Luke alguien especial?, se preguntó Moira. Bueno, la respuesta era más que obvia. ¡Claro que era alguien especial! Era un granuja encantador. La clase de hombre que había sido su padre, si era cierto lo que su madre contaba de él. Por primera vez en su vida había comprendido cómo había podido enamorarse su madre de un hombre así. De hecho, habían bastado unas cuantas semanas para que se imaginara a sí misma pasando toda una vida al lado de Luke.
–Solo es un amigo –contestó.
Al menos eso era cierto.
Los días que había pasado junto a él habían sido increíbles. Eran muchas las cosas que veían de la misma manera y los dos estaban luchando para intentar descubrir cuál era su lugar en el mundo. Habían compartido risas y una pasión que era completamente nueva para ella. A los veintidós años, Moira creía haber estado enamorada en un par de ocasiones, pero tras conocer a Luke, había comprendido que no había sido así. Lo que había sentido junto a Luke era algo completamente diferente. Era algo que trascendía el placer de lo inmediato y se proyectaba hacia el futuro. Y esperaba que lo que Luke sentía por ella fuera algo parecido.
Los correos que le había escrito desde que había vuelto a Chesapeake Shores la habían dejado profundamente insatisfecha. Le servían para saber que se acordaba de ella, pero decían muy poco sobre lo que Luke estaba haciendo o, más importante, sintiendo. Aquello la había obligado a ser precavida en sus respuestas. No quería revelar lo desesperadamente que le echaba de menos. Le parecía imposible que alguien hubiera llegado a significar tanto para ella en tan poco tiempo. A lo mejor, los días y las noches que habían pasado juntos no habían sido nada más que una maravillosa fantasía hecha realidad.
El único resultado práctico de estar junto a Luke era que por fin había encontrado la motivación que necesitaba para abandonar el pueblo en el que había crecido y marcharse a Dublín. De momento, estaba viviendo con su abuelo, pero si el trabajo continuaba tal y como había empezado y seguía recibiendo tantas propinas a lo largo del día, pronto tendría dinero suficiente como para alquilar una casa, ya fuera sola o con una amiga. Por fin estaba haciendo algo que le gustaba sin tener a su madre mirándola decepcionada porque no había continuado estudiando o no tenía objetivos más ambiciosos.
Lo que Kiara Malone no había entendido nunca era que ella disfrutaba hablando con la gente, que le gustaba ver sonreír a los demás y estar rodeada de risas. Lo único que le gustaba más era la fotografía, pero no tenía la menor idea de cómo convertir aquella afición en una profesión. De momento, le bastaba con hacer fotografías por puro placer y regalárselas a sus amigos cuando conseguía atrapar su verdadera personalidad en un disparo.
De vuelta a la barra, volvió a sacar la fotografía de Luke del bolsillo y sonrió. Había conseguido reflejar el lado más despreocupado y encantador de Luke.
–¿Qué es eso? –preguntó Peter, mirando por encima del hombro. Reconoció entonces a Luke–. Desde luego has conseguido captar su esencia –la alabó. Su expresión se tornó pensativa–. ¿Tienes más fotografías?
–Claro, ¿por qué lo preguntas?
–¿Crees que podrías hacer algo parecido en el pub? A lo mejor puedes hacer fotos a los clientes habituales. Las podríamos enmarcar y colgarlas en las paredes.
Moira le miró asombrada.
–¿Lo dices en serio?
Era la primera vez que alguien insinuaba siquiera que era suficientemente buena como fotógrafa como para hacer algo más que retratar a sus amigos por pura diversión.
–Llevas años viniendo por aquí con tu abuelo, ¿alguna vez me has visto no hablar en serio sobre algo relacionado con el negocio? –le preguntó–. Creo que eso podría añadir un toque especial a este lugar –se encogió de hombros–. ¿Quién sabe? Y a lo mejor algunos clientes te contratan como fotógrafa para acontecimientos familiares.
Moira vaciló entonces. ¿De verdad era tan buena como para hacer algo así? Y, realmente, ¿era eso lo que quería? Oyó la voz de Luke en su cabeza, animándola a arriesgarse para conseguir algo que le resultara realmente satisfactorio.
–Lo haré –le contestó a Peter, sintiendo una oleada de emoción–. Y gratuitamente, por supuesto. Y ya veremos cómo va todo.
–Si haces esas fotografías, te las pagaré –insistió su jefe–. Tendrás que fijar una tarifa –sonrió–, y después ofrecerme un generoso descuento por ser tu primer cliente.
Moira se echó a reír.
–Trato hecho.
Un día que había comenzado de la manera más deprimente acababa de dar un giro completamente inesperado. Y había sido la fotografía de Luke la que había ayudado a que eso ocurriera. Parecía que Luke era su amuleto de la buena suerte incluso desde la distancia. Ojalá estuviera un poco más cerca, pensó Moira, para poder agradecérselo personalmente. Por lo menos, aquella noche podría escribirle un correo electrónico explicándole algo emocionante sobre su propia vida, algo que podría animarlo a retomar las conversaciones que tan a menudo compartían cuando estaba en Irlanda.
Jeff O’Brien miró consternado a su hijo.
–¿Un pub? ¿Lo dices en serio?
–Sí –contestó Luke.
Le mantuvo la mirada sin dejarse avasallar por su evidente escepticismo.
–¿Pero por qué? Tienes una carrera universitaria. ¿Por qué no intentas aprovecharla? Podrías ser profesor de Historia en un instituto.
–¿Yo en una clase? Perdería toda mi originalidad –contestó Luke.
Jeff sonrió ante aquella respuesta.
–Lo siento, no sé en qué estaba pensando. En cuanto lo he dicho he sido consciente de que sería absurdo. Tú hacías novillos cada vez que podías, ¿verdad? ¿Cuántas veces tuvo que salir tu madre de su clase o me llamaron a mí para echarte una mano porque habías tenido algún problema con el director? No creo que fueras más feliz al frente de una clase. Nunca te han gustado las rutinas.
–Exactamente –Luke se inclinó hacia delante con entusiasmo–. Sé que nunca hemos hablado de esto, papá, pero en cuanto las piezas comenzaron a encajar, me sentí mucho mejor. No sé si todo tuvo que ver con el hecho de estar en Irlanda y conectar con mis raíces irlandesas, o con el comentario que hizo Mack sobre que se me daba bien escuchar. A lo mejor fueron las dos cosas, pero por primera vez en mi vida, estoy pensando en algo que realmente puedo hacer y que sé que puede apasionarme.
Jeff percibió la emoción en la voz de su hijo y a pesar de que tenía muchas reservas, no quiso ser él el que amortiguara su entusiasmo. Aun así, no podía evitar mostrarse precavido.
–Sabes que en este pueblo se abren y se cierran negocios constantemente –le advirtió–. Y que montar un negocio cuesta dinero. ¿Cómo piensas encontrar financiación?
Luke vaciló un instante y después admitió:
–Estaba pensando en vender el terreno de Beach Lane que tienes reservado para mí.
Jeff le miró desolado.
–Eso no es una opción –dijo con rotundidad–. Ese terreno vale una fortuna y te lo reservo con la idea de que puedas construir tu propia casa algún día, no como una inversión que puedes vender para satisfacer un capricho.
–No es ningún capricho, papá. Siempre he necesitado un objetivo y por fin lo tengo.
–Sé que si lo vendes te arrepentirás –vaticinó Jeff–. Busca otra manera de financiarte.
–No quiero empezar endeudándome con un montón de préstamos –le explicó Luke–. Por favor, papá, piensa en ello. Siempre has dicho que ese terreno era mío. ¿No crees que esa era una manera de sugerir que podía hacer con él lo que quisiera?
–En primer lugar, dime cómo piensas afrontar la falta de clientes en invierno. ¿Has pensado en eso?
–Por supuesto. Incluso he estado hablando con Laila y ella cree que es un proyecto sólido.
Jeff se quedó paralizado al oírlo.
–¿Has estado hablando con tu cuñada de todo esto?
Luke hizo una mueca y miró a su padre con expresión culpable.
–Sí, quería que me asesorara sobre los aspectos financieros. No podía hablar contigo sin saber antes que mi proyecto era viable.
Jeff comprendió que tenía razón, pero no parecía del todo apaciguado.
–En ese caso, supongo que Matthew también está al tanto.
–Y tío Mick, y Connor –admitió–. Lo siento, papá. No quería que lo supieran antes de que hubiera tenido oportunidad de hablar contigo, pero ya sabes cómo son las cosas en este pueblo. Tío Mike tiene unos ojos y unas orejas enormes. Nos vio a Matthew y a mí en Shore Road la otra noche y después llevó a Megan, a Connor y a Heather a cenar con nosotros. Para cuando quise darme cuenta, todo el mundo estaba al tanto de la noticia. Pero les hice prometer que no dirían nada hasta que no hubiera hablado contigo.
Jeff intentó disimular su enfado. Al fin y al cabo, era cierto que su hermano siempre lo adivinaba todo y estaba acostumbrado a husmear en donde no debía.
–¿Y a Mick le parece un buen plan? –preguntó Jeff.
Luke asintió.
–Sí, pero su opinión no es más importante que la tuya, papá. Lo único que ocurrió fue que él estaba allí y tú no. Por eso he venido a hablar contigo.
–Pero en realidad ya has decidido sacar este proyecto adelante, ¿verdad? Aparte de por la cuestión del terreno, en realidad esta solo es una visita de cortesía.
Jeff lamentaba no ser capaz de disimular su amargura. Siempre había sido así entre Mick y él. Su rivalidad parecía no tener fin, a pesar de los intentos de su madre por apaciguarla. Sabía que entre hermanos no debería ser así y, gracias a Dios, él había conseguido evitar esa clase de rivalidad entre sus propios hijos, pero Thomas, Mick y él podían discutir hasta del color del cielo.
Luke parecía disgustado.
–No es eso, papá. Por supuesto que no es eso. Llevo semanas pensando en ello. Desde que estuve en Irlanda, de hecho. Pero quería tener todos los cabos atados antes de hablar con nadie. En ningún momento he pretendido menospreciarte o sugerir que tu opinión no me importaba. Tú sabes que te respeto, ¿verdad?
Jeff luchó contra aquellos sentimientos que, en realidad, tenían más que ver con Mick que con Luke, y asintió.
–Por supuesto, hijo. Y aunque lo veo con cierta preocupación, te apoyaré en este proyecto. Puedes contar conmigo para todo lo que necesites. Pero quiero que te lo pienses bien antes de vender esos terrenos que ya nunca podrás reemplazar.
–Te prometo que buscaré otras opiniones antes de dar ningún paso –dijo Luke, y le miró de soslayo–. ¿Tu apoyo incluye una rebaja en el alquiler del apartamento de Shore Road? Creo que podríamos llegar a un acuerdo. Ya lleva varios meses vacío. Supongo que es preferible tener a un inquilino de confianza que pague un alquiler bajo a tener una casa vacía ahora que el verano ha terminado.
Jeff se permitió entonces olvidar su enfado.
–Con unas ideas tan brillantes como esa, hijo mío, harás todo lo que te propongas. Haré números y ya te diré algo.
Luke asintió aliviado.
–Gracias –vaciló un instante y preguntó–: ¿Ya no estás enfadado?
Jeff odiaba que tuviera siquiera que preguntárselo.
–Por supuesto que no. Siempre estaré de tu lado, hijo mío –entonces fue él el que vaciló–. ¿Y quién va a cocinar en el pub? Por lo que yo sé, lo único que eres capaz de hacer en la cocina es freír un huevo.
–Aprendí algunas recetas en Irlanda antes de venir –admitió Luke–. Y espero que la abuela me enseñe un poco más. Te aseguro que los clientes no pasarán hambre.
Jeff le miró sorprendido.
–¿La abuela va a darte clases de cocina?
–En realidad, todavía no he hablado con ella –reconoció Luke–. Esperaba poder hablar con ella el domingo y ver qué le parece.
–Estará encantada –predijo Jeff, sabiendo lo mucho que deseaba Nell que algún miembro de la familia aprendiera a cocinar todos aquellos platos tradicionales–. Aquel experimento que hizo para intentar que fueran sus nietos los que se hicieran cargo de la comida de los domingos fue un triste fracaso. Kevin fue el único que hizo algo comestible. Gracias a Dios, la abuela abandonó la idea antes de que muriéramos todos envenenados.
Luke sonrió.
–Espero que la buena fama que tiene como cocinera me ayude. Afortunadamente, nadie tuvo que comer nunca ninguno de esos platos preparados por los cocineros fracasados de los O’Brien.
Jeff soltó una carcajada.
–Sí, gracias a Dios.
Mientras su hijo se alejaba, Jeff rezó para que lograra realizar su sueño. Sabía que para Luke no había sido fácil ser el más pequeño de una familia numerosa y acostumbrada al éxito. Cuando por fin había encontrado un objetivo, aunque fuera un objetivo que él no habría elegido nunca para su hijo, no había nada que deseara más que el que alcanzara la felicidad que su hermano, su hermana y sus primos habían conquistado, tanto personal como profesionalmente.
Y, a decir verdad, tampoco le importaría tener cerca un pub en el que pudiera permitirse el capricho de tomar una Guinness de vez en cuando y entregarse a la nostalgia que sentía de Irlanda. El viaje que había hecho junto a su familia aquella Navidad solo había servido para aumentar su apetito.
Para cuando llegó el fin de semana, la noticia del proyecto de Luke ya había llegado a todos los miembros de la familia. Tuvo que recibir su dosis de pullas por su falta de habilidades culinarias, pero, en general, todos le mostraron el apoyo que esperaba. La única persona con la que Luke todavía no había hablado era su abuela.
Después de la habitual comida de los domingos en casa de su tío Mick, fue a hablar con Nell. Estaba en la cocina, que todo el mundo consideraba su terreno, ya fuera en casa de su hijo o en su propia casa.
Nell no pareció en absoluto sorprendida al ver a su nieto. Se limitó a servir un par de tazas de té y le indicó con un gesto que se sentara.
–Tengo entendido que tienes grandes planes –dijo Nell, con ojos chispeantes. Podía tener ya más de ochenta años, pero tenía la curiosidad y la energía de una persona mucho más joven–. Háblame de ellos –le miró divertida–. Sobre todo tengo interés en oírte hablar de esos planes que tienes para robarme mis recetas.
Luke se echó a reír.
–No te las voy a robar. Espero que me las pases voluntariamente y me enseñes a hacerlas como las haces tú. Otra posibilidad es que te contrate como cocinera.
–Creo que soy un poco mayor para comenzar una carrera profesional como chef –contestó Nell–, pero estaré encantada de darte todas las clases que quieras –le guiñó el ojo–. Y a lo mejor me paso de vez en cuando por allí para supervisar tus platos y asegurarme de que no eches a perder la reputación de la familia.
–¿De verdad, abuela? ¡Eres la mejor! –era mucho más de lo que esperaba.
–De verdad. Y ahora, cuéntamelo todo.
Luke le explicó la idea del pub y le contó también cómo se le había ocurrido. Le habló de las investigaciones que había llevado a cabo en Irlanda y de las ganas que tenía de poder empezar cuanto antes para así poder abrir el pub antes de que comenzara oficialmente la temporada de verano en Chesapeake Shores.
–Me gustaría abrir en abril para tener un mes de rodaje antes de que comience a llenarse el pueblo de turistas –le explicó–. Pero Matthew dice que eso es ser demasiado optimista, puesto que ya estamos casi a finales de marzo. Al parecer, necesita tiempo para dibujar los planos.
–¿Y qué dice Mick?
–Dice que habiendo dinero, cualquier cosa es posible.
Nell se echó a reír.
–Sí, eso es muy propio de Mick. Pero supongo que encontrará la manera de hacerte el trabajo a buen precio. Está entusiasmado con tu proyecto. Creo que le gusta la idea de tener tan cerca un pedacito de Irlanda.
–O a lo mejor lo que le gusta es saber que mi padre no está particularmente emocionado con la idea. Mi padre me está apoyando, pero no puede disimular sus dudas.
–Es él el que tiene que ser más precavido –le recordó Nell–. Ningún padre quiere ver a su hijo sufriendo los efectos de un error –le miró con atención–. ¿Tienes forma de financiar tu proyecto?
–Ese está siendo el principal escollo con mi padre –admitió–. A mí me gustaría vender el terreno que tiene en Beach Lane, al lado de la casa que se han construido Matthew y Susie, pero a mi padre no le hace ninguna gracia la idea.
–Cree que estás viendo las cosas a muy corto plazo –aventuró Nell.
–Exactamente.
Su abuela asintió.
–En este caso, estoy de acuerdo con él, Luke –le regañó con amabilidad–. Ese terreno no solo es muy valioso, sino que también es tu legado. Creo que cualquier día de estos, en cuanto tengas una familia, te encantará poder construir una casa junto a la playa. Y al ritmo que se están vendiendo aquí los terrenos que están junto al mar, no encontrarás nunca uno tan hermoso y tan virgen.
–Eso es lo que dice papá.
–En ese caso, deberías hacerle caso.
–Todavía falta mucho para que yo forme una familia –protestó Luke–. Ahora no puedo dedicarme a pensar en el futuro. Tengo que concentrarme en el pub. Creo que es ahí donde voy a encontrar la clave de mi futuro.
–Aun así, no tienes por qué tomar una decisión de la que probablemente te arrepentirás. Es posible que ahora solo tengas veinticuatro años, pero algún día aparecerá la persona con la que quieras compartir tu vida y entonces querrás sentar cabeza –le dirigió una mirada cómplice–. De hecho, yo creía que ya la habías encontrado.
Luke la miró sobresaltado.
–¿Lo dices por Kristen? ¡Dios mío, no!
–Estaba pensando en Moira, pero el hecho de que no la hayas mencionado es bastante revelador. Os vi muy unidos cuando estabais en Irlanda –le dirigió una mirada penetrante–. ¿O Moira ha sido solo otra de tus aventuras?
Luke sabía que tenía que tener cuidado con la respuesta. Moira era la nieta de un hombre que había sido importante en la vida de su abuela y no quería que se llevara una idea equivocada. Moira no había sido una aventura como las demás. A Moira la había querido, quizá incluso demasiado.
–Moira es especial –admitió–. Si nos hubiéramos conocido en otro momento… –se encogió de hombros–. No sé, a lo mejor podría haber sido la mujer de mi vida.
Nell le miró sin disimular en absoluto su diversión.
–Los enamoramientos no surgen necesariamente cuando queremos –sugirió–. ¿Sigues en contacto con ella?
–Nos estamos mandando correos electrónicos –le explicó.
Y pensaba constantemente en ella, le distraía en un momento en el que necesitaba estar completamente concentrado en sus planes. Pero no quería que su abuela lo supiera. Le daría demasiada importancia.
–En cuanto ponga el negocio en marcha y las cosas comiencen a ir bien, a lo mejor intento algo con Moira.
–¿Y crees que se va a quedar sentada esperándote? –preguntó Nell con incredulidad–. ¿De verdad lo piensas? Teniendo en cuenta el carácter que tiene, tendrás suerte si te contesta el teléfono.
Luke no podía negar que a lo mejor tenía razón.
–Tendré que arriesgarme –respondió con obstinación, convencido de que era su única opción.
–Esta es la segunda tontería que te oigo decir hoy –bromeó Nell.
Luke esbozó una mueca.
–Hoy no quería hablarte de Moira –protestó, desesperado por abandonar un tema que le resultaba incómodo–. Quería hablarte del pub. ¿Apruebas la idea o no?
–Al cien por cien –contestó inmediatamente–. Y esa es la razón por la que estoy dispuesta a prestarte el dinero para que no tengas que vender ese terreno.
Luke no se habría sorprendido más si le hubiera ofrecido salpicarle de polvo de hadas irlandesas.
–¡Ni se te ocurra! –respondió al instante–. No he venido a pedirte dinero.
–Ya lo sé –le tranquilizó–. Pero ahora, déjame hablar. Esto es algo que no sabe nadie, pero vuestro abuelo me dejó a cargo de unos fondos para todos vosotros. El dinero ha ido aumentado durante todos estos años. Los hijos de Mick tienen sus propios fondos, que él mismo les ha apartado, así que no recibirán nada hasta que yo muera. Tampoco Susie o Matthew. Pero creo que tú deberías recibir ahora tu dinero. No es una gran cantidad, pero creo que te bastará para empezar.
–Abuela, no –protestó otra vez–. No quiero que arriesgues tu dinero.
–Ese dinero no es mío –le corrigió–, es vuestro. Y lo único que harás será recibirlo antes de que yo muera para que puedas darle un buen uso. Inviértelo bien y me darás una gran alegría.
Luke no sabía qué decir. Una parte de él pensaba que debería rechazarlo. Otra, estaba aliviada al poder encontrar financiación y evitar así la venta de aquel terreno a la que se oponía su padre.
Estudió de cerca a Nell.
–¿Estás segura?
Nell sonrió ante su evidente preocupación.
–¿No es ese tu sueño?
Luke asintió.
–Sí.
–¿Y crees en él?
–Claro que creo.
–En ese caso, mañana por la mañana iremos a ver a Lawrence Riley –le dijo sin vacilar–. No creo que sea muy difícil hacer una transferencia a tu nombre.
Luke la hizo levantarse de la silla y giró con ella en brazos, consciente de su ligereza.
–¡Ya basta! –le pidió Nell, riendo–. Me voy a marear y por culpa de esa medicación para la tensión que insiste en darme el médico, apenas puedo mantenerme en pie.
Luke la sentó delicadamente en la silla y la miró preocupado.
–¿Desde cuando tomas algo para la tensión? Nunca te he visto tomar nada, salvo alguna aspirina muy de vez en cuando, abuela.
–No es nada de lo que tengas que preocuparte –respondió Nell–. Y ahora no vayas a contárselo a todo el mundo o retiro mi oferta, ¿entendido?
Luke asintió con desgana.
–Si fuera algo serio me lo dirías, ¿verdad?
Le sostuvo la mirada mientras lo preguntaba y Nell le miró directamente a los ojos al contestar.
–Por supuesto.
Pero Luke no la creyó. Era la primera vez en su vida que su abuela le mentía. Y sintió un miedo mortal.
Era su día libre y Moira había agarrado un trapo para limpiar el polvo, la aspiradora y un cubo y se había puesto a limpiar la casa de su abuelo. Esa misma mañana le había entregado a Peter todas las fotografías que había hecho en el pub y estaba esperando que le dijera si eran suficientemente buenas como para colgarlas. Mientras tanto, necesitaba distraerse.
Para cuando llegó la hora de cenar, ya había limpiado a fondo la casa. Estaba en la cocina sacando brillo a la cubertería cuando llegó su abuelo. La miró con curiosidad.
–Pensaba que habías venido a vivir conmigo porque querías ver si te gustaba la vida en Dublín, no para ser mi ama de llaves –le dijo.
–Estaba aburrida –contestó.
No quería admitir que estaba histérica porque le había entregado sus fotos a Peter. Si fracasaba después de haber puesto en ello tantas esperanzas, no quería que nadie lo supiera.
–Pero no te hagas ilusiones, no volverá a ocurrir.
Su abuelo, que jamás iba directamente al grano cuando había alguna posibilidad de andarse con rodeos, se sirvió un whisky, la miró y preguntó:
–¿Quieres uno?
–No, gracias –contestó Moira, arrugando la nariz–. Puedes pudrirte las entrañas si te apetece, pero yo pienso tener más cuidado con las mías.
–Uno no llega hasta esta edad maltratando sus entrañas –replicó Dillon con un brillo de diversión en la mirada–. Ahora, siéntate y vamos a hablar un rato.
Normalmente, Moira habría aprovechado aquel momento para decir que tenía otros planes y salir corriendo, pero aquella noche no tenía ganas de quedar con sus amigas para terminar hablando de lo horribles que eran los hombres de sus vidas. El hombre de su vida no era horrible, pensó, y suspiró. En realidad, ni siquiera sabía si había un hombre en su vida. Desde que Luke se había ido, estaba un poco confundida en ese aspecto.
De modo que, inquieta y nerviosa, se sentó tal y como le había pedido su abuelo. Él la miró con expresión de saber exactamente lo que le ocurría.
–Y ese aburrimiento, ¿tiene algo que ver con un joven que hace poco ha vuelto a los Estados Unidos?
Moira le miró estupefacta. Le parecía increíble que aquel hombre que apenas la conocía fuera capaz de adivinar lo que le ocurría con tanta facilidad cuando su propia madre parecía completamente ajena a todo lo que le pasaba por la cabeza.
–¿Crees que esto tiene que ver con Luke? –le preguntó.
Su abuelo sonrió.
–¿Hay algún otro hombre con el que hayas pasado tanto tiempo desde el Día de Año Nuevo hasta ahora? De hecho, estoy prácticamente convencido de que es a él al que le tengo que agradecer que te hayas venido a vivir a Dublín. ¿O me equivoco?
Moira suspiró.
–No, es Luke.
La verdad era que lo de las fotografías, a pesar de toda la emoción que le producía, era algo secundario.
–Le echas de menos –concluyó su abuelo–. Vi cómo iban las cosas entre vosotros antes de que se fuera. ¿Hablasteis en algún momento de futuro?
Moira negó con la cabeza, sintiéndose extrañamente humillada por aquella admisión.
–Soy una estúpida, ¿verdad? No debería estar tan pendiente de un hombre que no ha dicho una sola palabra sobre el mañana, y menos todavía sobre el futuro.
Dillon se echó a reír.
–No eres ninguna estúpida. No es fácil hablar de sentimientos, y menos aún cuando una relación es nueva. Pero, por si te sirve de algo, en sus ojos se veían las mismas chispas que brillan en los tuyos.
Moira deseaba creerle desesperadamente, pero incluso ella sabía que aquellas chispas no siempre conducían a un futuro en común. Por lo que ella sabía, su madre estaba completamente loca por su padre y viceversa, pero el matrimonio solo había durado hasta que su madre había vuelto a casa del hospital con ella, la tercera hija y, aparentemente, el motivo de la marcha de su padre. Moira le había visto alguna que otra vez durante aquellos años, pero no tenían nada en común, aparte del ADN que compartían.
–¿Has hablado con Luke desde que se marchó? –le preguntó su abuelo.
–Solo una vez. Me llamó para decirme que había llegado.
Dillon frunció el ceño.
–¿Y desde entonces no has sabido nada de él?
–Nos hemos enviado algún correo electrónico, por supuesto. Pero no es lo mismo que oír su voz. No sé si sabes lo que quiero decir.
–Claro que lo sé –admitió–. Nell me estuvo enviando cartas y postales desde Chesapeake Shores, pero no era suficiente. Al cabo de un par de semanas, comencé a llamarla porque necesitaba hablar con ella.
A Moira le sorprendió que la comprendiera tan bien.
–Supongo que te habrá contado cosas de su familia…
Su abuelo sonrió.
–Ha mencionado a Luke en un par de ocasiones, si es eso lo que quieres saber. Al parecer, está totalmente centrado en su proyecto de abrir un pub –la miró con curiosidad–. ¿Sabías algo al respecto?
–Estuvimos hablando de ello. Esa era una de las razones por las que viajábamos por Irlanda. Quería ver diferentes pubs.
–¿Y te tiene al tanto de lo que va haciendo?
–Lo menciona, pero, para serte sincera, no me cuenta muchas cosas. Parece ocupado, distraído –miró a su abuelo con evidente preocupación–. ¿Crees que para él no fui nada más que una distracción pasajera? –preguntó, sin ser capaz de disimular el miedo en su voz.
En condiciones normales, habría sido una tortura para ella admitir siquiera la menor inseguridad, pero tenía la sensación de que su abuelo no la juzgaría. Con él podía bajar la guardia como no lo había hecho nunca con nadie.
–¿Terminará olvidándome?
Luke era el primer hombre que había podido atravesar las defensas que Moira había erigido a su alrededor, las defensas con las que mantenía a los demás a distancia. Lo había hecho con paciencia, insistencia y amabilidad, bromeando con ella sin piedad hasta que Moira había sido incapaz de seguir manteniendo el enfado y la fachada de rebeldía que había utilizado como escudo defensivo durante la mayor parte de su vida. Llegar a la conclusión de que su relación no había significado nada para él, le destrozaría el corazón.
–No creo que sea de esa clase de hombres –contestó su abuelo, mirándola con compasión–. Y si te dice que está ocupado, estoy seguro de que es verdad. Los hombres tienden a permitir que les absorba el trabajo y a olvidarse de todo lo demás, especialmente cuando están empezando un proyecto. Supongo que se juega muchas cosas en ese proyecto, no solo a nivel económico, sino también emocional. Los hombres necesitan demostrarse a sí mismos que valen para algo, sobre todo en una familia en la que ha habido tantos éxitos.
Moira se sintió mucho más segura con aquella explicación. Había intentado decirse eso mismo, pero tenía miedo de estar engañándose. En la mayoría de los casos, habría ignorado a cualquier hombre que la tratara así, pero en aquel caso, su corazón todavía no estaba preparado para renunciar a Luke.
Su abuelo la miró compasivo.
–Se me ha ocurrido una forma de averiguarlo.
–¿Cuál? –le preguntó con recelo–. Porque no voy a llamarle para preguntarle por el estado de nuestra relación. Sería penoso. ¿Además, por qué voy a querer a un hombre que no me quiere?
–Una postura firme y adecuada –se mostró de acuerdo Dillon–. Y si le añadimos la distancia que hay entre vosotros, te garantizo que no sabrás nunca la verdad.
Moira percibió algo en sus palabras que removió en ella una débil emoción.
–¿Qué estás sugiriendo?
–Como ya sabes, dentro de dos semanas iré a pasar algún tiempo con Nell en Chesapeake Shores. Quiero conocer personalmente su mundo. Estaba pensando que es un viaje muy largo para que un hombre de mi edad lo haga solo, sobre todo cuando hay una jovencita encantadora a la que seguramente le gustaría hacerlo conmigo.
Moira se le quedó mirando sin poder dar crédito a lo que estaba oyendo.
–¿Quieres que vaya contigo a Estados Unidos?
Su mente corría a toda velocidad, imaginando ya la bienvenida de Luke, cómo la abrazaría y la estrecharía entre sus brazos. ¡Su sueño se convertiría en realidad!
–A no ser que tengas planes más importantes –dijo su abuelo, con los ojos brillantes–. Sé que has empezado a trabajar en el pub. Y, por supuesto, podrías quedarte y terminar esos cursos que nunca terminaste porque decidiste que estudiar era una pérdida de tiempo. Si lo prefieres, te apoyaría, por supuesto.
–Claro que perdía el tiempo cuando estaba estudiando –respondió al instante.
Lo que más la preocupaba era la idea de dejar el pub, sobre todo cuando comenzaba a vislumbrarse en el horizonte la posibilidad de conseguir trabajo como fotógrafa. Aun así, ¿cómo iba a perderse la oportunidad de ver a Luke, de averiguar en qué punto estaba su relación?
–Iré contigo –anunció decidida.
–Entonces, no hay nada más que decir –dijo Dillon, y sonrió.
–Pero no voy por Luke –añadió Moira con firmeza–, sino para aprovechar la oportunidad de viajar contigo.
–Por supuesto –contestó su abuelo muy serio.
Pero a Moira no le pasó desapercibida la expresión de diversión que asomaba a sus ojos. Desde luego, no podía negar que su abuelo la comprendía mejor de lo que la había comprendido nunca nadie.
Darle a Peter la noticia fue más difícil de lo que Moira esperaba, sobre todo cuando las primeras palabras de su jefe fueron para alabar las fotografías que le había dejado el día anterior.
–Son increíbles, Moira. Tienes verdadero talento para la fotografía. Ya las he llevado a enmarcar. La semana que viene podremos colgarlas. Supongo que en cuestión de días comenzarán a llamarte para que vayas a fotografiar bodas y bebés. De hecho, ayer mismo le enseñé las fotografías a Tara O’Rourke. Su hija se casa dentro de un mes y quiere que seas la fotógrafa de su boda. Y si te interesa, también he hecho un contacto para una fiesta para una mujer embarazada.
Moira se le quedó mirando estupefacta, regodeándose en la alegría de haber conseguido por fin algo de lo que podía sentirse orgullosa, algo que ni siquiera su madre podría negar que fuera en serio.
–¿Lo dices en serio?
Peter se echó a reír ante su asombro.
–Ya estoy preparándome para perderte como camarera. No vas a tener tiempo para trabajar en el pub.
–¡Pero si solo soy una aficionada! –protestó, temiendo que Peter estuviera equivocado.
Probablemente Tara O’Rourke solo pretendía ahorrar dinero contratando a una fotógrafa sin experiencia. Y lo mismo podía decirse de quienquiera que estuviera organizando aquella fiesta para una embarazada.
–A lo mejor ahora eres solo una aficionada, pero tienes un talento especial para percibir la verdadera personalidad de la gente y conseguir que se relaje lo suficiente como para capturarla en una fotografía –le aseguró Peter–. Si eso es lo que quieres, llegarás a tener una carrera profesional.
Moira pensó en ello. ¿Era eso lo que quería? No podía negar que la posibilidad la atraía. ¿Cuánto tiempo llevaba esperando a que algo le diera una pista sobre lo que en realidad quería ser? ¿Pero por qué tenía que ser justo en aquel momento? No podía renunciar a la posibilidad de viajar a Estados Unidos y ver a Luke otra vez. Y solo estaría un mes allí.
Le explicó sus planes a Peter.
–Lo siento. Pero todo esto surgió ayer mismo. No sabía que mi abuelo estaba planeando este viaje. Y para alguien como yo, que jamás ha salido de Irlanda, es la oportunidad de mi vida.
–Y, por supuesto, Luke no tiene nada que ver con esto, ¿verdad? –preguntó Peter con astucia.
–Sí, estará allí, si es eso lo que estás preguntando.
–¿Y cuándo te irías exactamente?
–Dentro de una semana. Estaremos allí un mes, así que no podré fotografiar esa boda –dijo, lamentándolo sinceramente.
¿Sería un error renunciar a una oportunidad como aquella cuando no tenía ninguna garantía de lo que iba a encontrarse al llegar a Chesapeake Shores?
Intentó sacudirse las dudas. Aquella era su única oportunidad de tantear el terreno con Luke. Si Peter tenía razón, ya surgirían otras oportunidades de trabajar como fotógrafa.
–Me gustaría saber la fecha de la otra fiesta, es posible que esté aquí para entonces.
La idea de tener un verdadero trabajo esperándola cuando volviera le resultaba asombrosa. ¡Era una perspectiva emocionante!
Peter asintió.
–Lo preguntaré y te lo confirmaré. Supongo que necesitaré un calendario para organizar todos tus trabajos cuando vuelvas –le dijo–. Si quieres, puedo ser tu agente, ¿qué te parece?
Moira sonrió ante su entusiasmo.
–¿Harías eso por mí?
–Al fin y al cabo, yo soy tu descubridor, ¿no? No puedo perderte antes de que hayas empezado.
–Tampoco te vuelvas loco, ¿eh? Solo unos cuantos encargos hasta que estemos seguros de que soy realmente buena. Por lo que yo sé, podrías estar siendo un poco imparcial.
Peter se echó a reír.
–No es cierto, Moira. Solo soy un hombre de negocios inteligente al que le gusta pensar que reconoce el talento cuando lo ve. Vete a disfrutar de tu aventura, vuelve dentro de un mes y déjame a mí el resto.
–¿Puedo trabajar durante el resto de la semana? –le pidió–. Necesitaré dinero para el viaje.
–Claro que puedes. De hecho, creo que Kevin necesita una pinta y la pareja de la esquina parece no entender el menú. Podrías pasarte por su mesa y explicárselo.
–Ahora mismo –respondió con entusiasmo.
Tomó la Guinness de Kevin y giró tan rápidamente que estuvo a punto de tirarla.
–Gracias, Peter.
–¿Por el trabajo? De nada.
–Por la inspiración –le corrigió, pensando en la fe que había demostrado en sus dotes como fotógrafa.
Eran pocas las personas que la habían animado a lo largo de su vida y sentía la alegría burbujeando dentro de ella.
–Estoy deseando irme de viaje, pero ahora mismo, también me emociona la perspectiva de volver.
Para el final del día, Luke estaba agotado. Entre las reuniones con posibles proveedores, las horas que pasaba en la cocina con su abuela, que había demostrado ser una maestra de lo más exigente, y pasarse por el local, para cuando llegaba a casa, lo único que le apetecía era meterse en la cama.
Aun así, se obligaba a encender el ordenador, revisaba el correo para ver si tenía algún mensaje de Moira y le enviaba una respuesta. Un día de aquellos, se prometió, la llamaría. A juzgar por la brevedad de sus respuestas, Moira comenzaba a sentirse abandonada. Y no podía culparla por ello, cuando solo era capaz de enviarle un par de frases al día. La conocía lo suficientemente bien como para comprender que para ella, eso podía traducirse como falta de interés. Como su abuela había insinuado, Moira no era la clase de mujer que soportaría que la ignoraran durante mucho tiempo.
Aquella noche consiguió mantenerse despierto durante el tiempo suficiente para añadir una frase suplicándole que le comprendiera.
Tengo ganas de contarte todo lo que estoy haciendo, pero ahora mismo, apenas puedo reservarte un par de minutos al día. Espero que te basten para saber que pienso en ti. Ten paciencia conmigo, Luke.
Apenas acababa de enviar el mensaje cuando le sonó el teléfono móvil. Sin necesidad de mirar siquiera el identificador de llamadas, supo que era Kristen. Últimamente estaba más impaciente con él que la propia Moira. Luke se planteó la posibilidad de dejar que sonara el buzón de voz, pero sabía que eso solo le daría una noche de tregua. Kristen volvería a llamar al día siguiente, y al siguiente. Y aunque no fuera el amor de su vida, tampoco ella se merecía aquel desprecio.
–¡Hola, Kristen! –contestó, intentando imprimir un poco de alegría a su voz–. ¿Cómo estás?
–Sola –contestó inmediatamente–. ¿Qué estás haciendo?
–Acabo de volver a casa y estoy a punto de meterme en la cama –contestó.
–¿Por qué no vienes a mi casa y te acuestas en mi cama?
Meses atrás, Luke habría acogido su ofrecimiento con entusiasmo. Justo después de haber terminado la universidad y sin tener todavía ningún objetivo en la vida, aquella relación sin ataduras era justo lo que le convenía. Y Kristen también parecía satisfecha con ella. Luke había comenzado a estar descontento con aquella relación después del viaje a Irlanda. Cuando se había quedado a solas con ella después de que su familia se hubiera marchado, se había sentido violento y vagamente insatisfecho, como si estuviera haciendo algo malo, en vez de algo que habían acordado los dos. Suponía que aquella sensación se había acentuado porque ya comenzaba a darse cuenta de que sentía algo por otra persona, por Moira.
En cuanto Kristen había dejado Dublín y él había comenzado a pasar más tiempo con Moira, había llegado a la conclusión de que tendría que dejar a la primera en cuanto regresara a Chesapeake Shores. Sin embargo, hasta entonces no había hecho nada al respecto, más allá de evitarla cuando podía. Pero aquella conducta cobarde no era justa para nadie.
–Luke, ¿te has quedado dormido? –preguntó Kristen con una mezcla de diversión e impaciencia en la voz.
–Me temo que estoy a punto de dormirme –respondió–. Esta noche no, Kristen, estoy agotado.
–Últimamente siempre estás agotado.
–Sabes que estoy dedicando todas mis energías a convertir este pub en realidad. Va a ser una auténtica locura tenerlo todo a tiempo. Me temo que durante una buena temporada no voy a estar disponible.
