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Un exseminarista irlandés, un idealista nigeriano, un lascivo, homosexual y alcohólico hombre de negocios y un traficante de droga, ambos nigerianos, con un grupo terrorista y un despiadado magnate americano del petróleo, conjuntamente con la aparición de una joven de excepcional belleza y con el telón de fondo del oro negro se conjugan, manipulados por los servicios secretos de China y EE. UU. para convertir a Nigeria en uno de los países más peligrosos del mundo. Un país que sufrió las secuelas de un imperialismo esquilmador y corruptor y que la independencia ha contribuido, si cabe, a agravar. Con unas élites incapaces y egoístas que solo buscan medrar. Los personajes se ven dirigidos y manipulados, desbordados por unos acontecimientos provocados por unos poderes fácticos que ni las autoridades nigerianas ni los propios interesados pueden descifrar y mucho menos controlar, son peones de una diabólica lucha por el poder entre un imperio en declive, los Estados Unidos, y otro que quiere ocupar su lugar, la China comunista-capitalista.
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Seitenzahl: 282
Veröffentlichungsjahr: 2025
EL PESTILENTE ORO NEGRO
EL PESTILENTE ORO NEGRO
Autor: E. Larby
Diseño de cubierta: Ernesto y Alexander Lavandero
ISBN:9789403808796
© E. Larby
Año: 2025
Editoriales: Bookmundo, Ingramsparks
Web: publish.mibestseller.es/elarby
e-mail:[email protected]
DEDICATORIA
A mi esposa por su infatigable apoyo y estímulo.
A mis nietos Alexander, Mikaela y Roy.
IN MEMORIAN
A José María Pérez Reigadas, buena persona y mejor amigo, que con su capacidad de trabajo y esfuerzo salió de nuestro pueblo cántabro de Casar de Periedo y se convirtió en el único y exclusivo proveedor de asientos y respaldos de madera para sillas del país.
Luchador incansable, innovador y pionero, veía las hierbas crecer, hasta que un día decidió, o alguien decidió por él, olvidarse del mundo, su memoria se apagó.
Con mi espíritu dolorido deseo que descanses en paz.
Hasta pronto, amigo, que degustaremos ese Cardenal Mendoza que tanto nos gustaba paladear juntos. Descansa en Paz.
La tarde languidecía en la fría campiña irlandesa, una ligera niebla proveniente del cercano rio caía lentamente sobre los roturados campos,en los campos colindantes con la pequeña y aislada granja las pocas ovejas, protegidas por una amplia capa de lana, ramoneaban los brotes verdes que trataban de adelantarse a la incipiente primavera, mientras que el macho alfa las olisqueaba para detectar si estaban en celo.
En la cocina de la casa, un hombre joven caminaba de un lado para otro sin soltar la botella de Poitín, el licor local elaborado, clandestinamente, en un pueblo cercano, entre trago y trago metía un trozo de leña en la chimenea para caldear un poco la estancia.
Aunque era la cuarta vez que se encontraba en la misma situación, nunca se había sentido tan nervioso y atemorizado, ni en el desembarco de Normandía donde integrado en un batallón de la 5ªdivisión de infantería de su Majestad la Reina había sido de los primeros en saltar de la lancha de desembarco y correr como un poseso para protegerse del fuego de las ametralladoras germanas, ni incluso en la numerosas batallas que había tenido que librar hasta arribar a las orillas del rio Elba para encontrarse y fundirse en un caluroso abrazo con los aliados rusos.
De la contigua habitación salían esporádicamente unos espeluznantes alaridos, como si alguien estuviese siendo acuchillado. Cada desgarrador grito le producía un espasmo que de forma automática le impulsaba a ingerir un trago del fortísimo licor. En el exterior las ovejas ni se inmutaban y seguían triscando la escasa hierba mientras que el carnero reaccionaba levantando la cabeza y olisqueando el aire en busca de potenciales peligros.
Los alaridos eran cada vez más fuertes y frecuentes, a cada grito le seguía una profunda exhalación de aire, era un potente resoplido, un último aullido pareció poner fin al calvario que aquella persona estaba pasando, siguió un pesado silencio que fue roto por un llanto que parecía el maullido de un gatito.
Al cabo de una media hora, que el hombre pasó empinando el codo, una matrona salió apresuradamente de la habitación secándose el sudor de la frente y frotándose las manos dijo: ¡Es un niño!.
El hombre se relajó, se llevó la botella a los labios e ingirió un generoso trago del ardiente licor.
Miró el grasiento calendario colgado de un clavo en la pared de la cocina y siguiendo la tradición irlandesa decidió que el recién nacido se llamaría según el santo del día. En la todavía católica Irlanda, la Iglesia, apostólica y romana, seguía siendo muy poderosa, quizás la devoción se estaba disipando pero la tradición mandaba, el niño se llamaría Patrick, el calendario marcaba el 17 de marzo del año del Señor de 1965.
El neonato era de tamaño más bien pequeño, a ojo de buen cubero calculó que estaba en el nivel bajo de la escala, unos 46 centímetros y que no pesaría más de cuatro kilos, tenía el pelo amarillento y piel blanquísima, era un irlandés típico.
Cuando entró en la parturienta hizo ademán de entregarle al neonato para que lo acogiera en sus brazos, él no hizo ademán alguno, temía que sus callosas y enormes zarpas dañaran a la frágil e inocente criaturita, esbozó una tímida sonrisa y salió de la habitación, se sentó en el porche, miró al horizonte y se dedicó a echar «las cuentas», una boca más que alimentar, vestir y educar, tendría que incrementar el número de animales.
Aunque las escasas dimensiones del terreno arrendado no permitiría un sustancial aumento del número de cabezas, la ley de 18121 la maldita ley inglesa como la llamaban los irlandeses no se lo consentiría.
Y a ello habría que añadir el costo de dotar a la granja de electricidad y agua comodidades de las que estaba privada.
La compañía eléctrica se brindaba a tender una línea de suministro y un transformador con la condición de que el propietario sufragara los gastos Cuando el aldeano recordaba esta propuesta su pensamiento siempre era el mismo: «Estos cabrones explotadores ingleses», y cuando pensaba así no se estaba refiriendo solo a la compañía eléctrica sino que incluía también a los terratenientes y sus esbirros los intermediarios que los estaban esquilmando y explotando inmesirecordemente.
Su amada Irlanda era propiedad de los terratenientes ingleses que habían reducido a la población indígena al papel de labradores a sueldo, y que para compensar este magro salario les concedía una pequeña parcela para que cultivara hortalizas para alimentar a su familia, parcela por la que tenían que abonar su correspondiente alquiler.
La mayoría de estos explotadores ingleses no visitaban nunca sus propiedades e incluso algunos ni sabían dónde se ubicaban estas, ellos vegetaban en sus elitistas y privados clubs, entre sorbo y sorbo de jerez, cerveza y sus conspirativas charlas.
Y entretanto, en sus tierras los aparceros irlandeses cultivaban trigo, que era consumido en Inglaterra mientras que los trabajadores malvivían de los productos que cultivaban en la pequeña huerta familiar, coles, berzas y principalmente patatas. Este tubérculo era óptimo para cultivar por su resistencia al frio y su proliferación, en condiciones óptimas aportaba hasta cuatro cosechas anuales.
Patrick crecía fuerte y saludable, con cinco años ya ayudaba en el cuidado de las pocas ovejas, a los seis años caminaba los casi seis kilómetros que separaban su hogar del colegio, con frio, lluvia o calor iba y volvía cada día, sin protestar ni quejarse, le gustaba ir al colegio y tenía obsesión por aprender.
Cuando cumplió ocho años sus padres le compraron un pollino para sus desplazamientos al colegio.
En verano cooperaba en la recogida de la hierba seca que almacenaban en el pajar para alimentar a los animales en invierno.
A pesar de la dureza que suponía el roturado de la tierra y la siembra de las patatas y el maíz, él cooperaba y se ponía delante del burro que tiraba del pesado arado romano.
Y aunque le disgustaba la tarea de fumigación del patatal no dudaba en ayudar. Crecía fuerte y tenía una especial morfología de forma que mientras las otras personas se sofocaban cuando el aire húmedo procedente del mar se deslizaba entre las montañas que circunvalaban el llano y los hacía exudar hasta casi la deshidratación, Patrick lo soportaba casi sin que de su cuerpo saliese una gota de sudor.
En septiembre, en la recogida del maíz, cargaba sobre su cabeza los coloños y los transportaba hasta el carro con el mismo ritmo que lo hacían sus padres y hermanos mayores.
Le gustaba tanto leer que muchas noches las pasaba debajo de una manta, con una linterna, leyendo todo lo que encontraba, periódicos viejos, panfletos y los pocos libros que le prestaba un vecino.
De este viejo aldeano aprendió a discernir los vientos que traían la lluvia y los que eran calurosos y a atisbar el horizonte para saber cuándo la lluvia terminaría de golpear. Era feliz en este ambiente que era toda su vida.
A los catorce años empezó a cuestionarse su futuro, y comenzó a pensar que este tendría que estar lejos de la tierra que amaba.
Las parcelas en arrendamiento eran escasas, caras y pequeñas, las más amplias no llegaban a la cuatro hectáreas y su precio de alquiler las hacían prohibitivas, y eran válidas para un bonito jardín con flores pero no suficientes para sustentar a una familia y él quería tener una numerosa, con una caterva de mocosos chiquillos.
En su mente se había incrustado como esculpida en granito una palabra que había oído a su padres y vecinos constantemente, la Gran Hambruna2, frase que pendía como una espada de Damocles sobre las mentes de los agricultores irlandeses.
Aunque su padre no era hombre de muchas palabras y la relación que mantenía con sus hijos no era muy fluida, Pat decidió que tenía que hablar con alguien y mostrarle sus inquietudes, con sus hermanos no había lugar porque tenían alma y espíritu de gregarios. Abordó a su progenitor.
Padre, necesito hablar con usted de mi futuro, que hacer, no quiero ser un destripaterrones, aquí no veo otro futuro.
Pues no sé qué decirte, nosotros hemos nacido así, nuestros padres y abuelos han sido agricultores y seguiremos siéndolo.
Pero debe haber otros caminos, otros trabajos, además aquí ya no hay parcelas para alquilar, todo está en manos de los grandes agricultores que cada vez necesitan más espacio para su producción de trigo y otros cereales.
Podemos ir al seminario que está en Achonry, allí he oído que instruyen a los seminaristas para ser sacerdotes misioneros y les enseñan diversos oficios, esa podría ser una buena salida para ti, eres un chico listo y trabajador, nos acercaremos el próximo domingo.
Pat no pudo menos que sorprenderse ante estas palabras de su lacónico padre, no recordaba haberle escuchado antes ninguna lisonja, ninguna palabra de afecto o estímulo, no había expresado, nunca, más de cuatro palabras seguidas.
Pat no tenía espíritu sacerdotal, pero había que obedecer sin rechistar.
EL SEMINARIO
La curiosidad que sentía era más fuerte que el temor que le imbuía su aventura, se prometió que fuera como fuese esta experiencia, él, el hijo de su padre, lo superaría, aunque era plenamente consciente de que este camino que ahora emprendía no iba a ser un camino de rosas, a sus quince años, la vida por sobrevivir en una familia pobre con otros tres hermanos le había hecho madurar prematuramente, como se suele decir: «tenía callos en el alma», estaba curtido en mil batallas.
Los primeros meses fueron terribles, la estricta disciplina diaria, la repetición de las mismas pautas le agobiaban.
Todo comenzaba a las cinco y media de la mañana, lo que para otros era un suplicio para él era normal, desde su más tierna infancia esa había sido su hora de volver a la vida.
La diaria Eucaristía y los rezos le aburrían, las lecciones de Filosofía y Teología se le hacían insoportables, pero los momentos de descanso, deporte y sobre todo los estudios le compensaban.
La orden de San Patricio3 con su vocación misionera pone especial énfasis en la capacitación de los seminaristas en aprender oficios varios que necesitaran en su labor misionera. Pat se decantó por la electricidad, quizás la ausencia de este bien de consumo en su casa influyó en su decisión.
En sus horas libres se dedicaba a pasear por la vecindad y observar, un día descubrió en un vetusto local a un señor, ya muy mayor, luchando por rebobinar un pequeño motor, que le había llevado un granjero. Pat se ofreció, muy respetuosamente a ayudarle, el anciano lo miró, primero con suspicacia y posteriormente con curiosidad, su cara mostraba extrañeza e incredulidad, parecía preguntarse:¿Qué quiere este jovencito?, en los tiempos actuales nadie da nada gratis, todo es a cambio de algo.
¿Sabes algo de motores eléctricos?
Estoy estudiando en el seminario y me interesa el mundo de los voltios, los watios y los amperios.
La verdad es que necesitaría un ayudante pero no puedo pagarlo, el negocio no da para vivir.
Solo deseo aprender, no quiero dinero, en el seminario tengo todo lo que necesito, pero solo podré venir en los escasos ratos libres, deseo aprender y usted debe tener mucha experiencia.
Se inició una extraña amistad entre un lugareño resabiado por la edad y un joven e imberbe seminarista que como una esponja quería absorber todo lo que pudies aprender de aquel que parecía ser una enciclopedia ambulante, no solo en materia profesional sino de la vida y de los humanos.
Se inició una fructífera relación que cambiaría la vida de Pat, aunque el todavía no lo sabía
SUNDAY ADEBAYOR
La sociedad de los misioneros de San Patrick fue fundada en 1932 y su primera experiencia en el extranjero fue en Calabar (Nigeria) en 1939 cuando fueron ordenados sus primeros misioneros. El hecho de ser el país más poblado del continente, unos 200 millones de habitantes, fue un factor muy importante para que la sociedad lo escogiera como su lugar de aterrizaje. Y se sospecha que también su riqueza en gas y petróleo tuvo su influencia.
Nigeria a la sazón era una colonia británica, situación que se prolongó hasta 1960 cuando obtuvo su independencia.
Por las magníficas instalaciones de la orden en Calabar habían pasado a lo largo de varios lustros más de 40 000 alumnos de toda clase y condición, desde hijos de la élite dirigente que deseaba para sus vástagos una esmerada educación cristiana hasta miles de niños de familias humildes de las comunidades indígenas, sin medios, pero con potenciales capacidades intelectuales, que con una adecuada educación, en el futuro, ocuparían puestos importantes y serían unas herramientas muy valiosas para la orden. Solo había que imbuir en ellos el sentido de agradecimiento y apego a la institución. Serían los poderes fácticos que trabajarían por los intereses de la orden misionera.
Muchos de esos antiguos alumnos, provenientes de familias humildes, ocupaban puestos en los distintos niveles de la administración del país y otros eran miembros destacados y respetados en sus distintas comunidades, eran como una especie de quinta columna que defendiendo los intereses de sus respectivas comunidades, astutamente manejados, servirían, aun sin saberlo a otros espurios intereses.
Y en un país de más de 200 millones de habitantes y rico en petróleo este hecho era un factor muy importante al que cuidar y controlar.
Las comunidades indígenas en Nigeria tienen un poder incomprensible en una régimen dictatorial, en su área de influencia no se puede hacer o decidir nada sin la aprobación de la pertinente comunidad.
Y una pieza muy importante en este puzzle se llamaba Sunday Adebayor.
Desde muy pequeño ya demostraba su capacidad de liderazgo, cualidad que no escapó al ojo clínico de un antiguo alumno de los misioneros. Estos decidieron incorporar al niño, como interno, en su campaña de promocionar y educar a todo aquel que demostrara potencial.
Con el paso del tiempo, el niño humilde se había convertido en un reputado abogado, con bufete propio en Aruba, la capital del país, con influencia y relaciones en las altas esferas, pero no había olvidado sus raíces y era un activista de los derechos humanos y del derecho de las comunidades indígenas a ser dueños y administradores de sus recursos naturales. Y en las de su entorno este recurso natural era el petróleo.
Los fines de semana Sunday los dedicaba a su comunidad, atendía casos legales y escuchaba los problemas de su gente y conspiraba.
En la psique del pueblo igbo4, al que Sunday pertenecía, y que cada mañana al mirarse al espejo para afeitarse, las marcs grabadas en su cara5 se lo recordaba, las heridas causadas por la brutal represión que su pueblo había sufrido tras su derrota en lo que ellos llamaron Guerra de Liberación y que mundialmente se llamó guerra de Biafra6 aún estaban frescas y eran recordadas, habían transcurridos varios lustros pero no estaban cicatrizadas ni olvidadas. El pueblo igbo seguía pensando, y no sin razón, que sus riquezas estaban siendo esquilmadas, con la connivencia de los respectivos gobiernos de la nación, por las grandes compañías petroleras. La simiente de la independencia estaba cada día más latente y empezaba, otra vez, a germinar.
Sin pretenderlo Sunday se había convertido en un símbolo para su comunidad y en una especie de jefe espiritual, a pesar de su juventud era considerado como el líder del pueblo igbo. Etnia a la que representaba ante el gobierno, organismos internacionales y otras comunidades. Había aglutinado a su alrededor a una amplia representación no solo del pueblo igbo sino también de las otras etnias que pueblan el sureste de la nación. Se estaba, se había, convertido en un líder nacional, un estandarte de los desheredados de la tierra, de los pobres y de los oprimidos.
Adebayor era respetuoso con las tradiciones y costumbres de su gente, defensor de sus derechos sobre los recursos naturales y amante de la naturaleza.
Su prioridad era proteger el entorno de sus comunidades que estaba seriamente contaminado por el trazado de los grandes tubos conductores de gas y petróleo que a menudo sufrían averías que provocaban vertidos, a veces por falta de mantenimiento pero también por sabotajes e imprudencias de los propios indígenas que rompían los oleoductos para robar el crudo.
Tanto poder fáctico había puesto a Adebayor en el punto de mira de un incipiente depredador de tintes colonialistas. China.
El dormido gigante asiático había experimentado en las últimas décadas un cambio espectacular en su política económica, era un país comunista con una clara y agresiva política económica capitalista, se había lanzado como un poseso a fabricar todos esos, denostados siempre por los comunistas, bienes de consumo, televisores, frigoríficos, lavadoras, lavavajillas y automóviles, amén de productos industriales, barcos, equipos de construcción etc.
Durante las últimas décadas su PIB (Producto Interior Bruto) había estado creciendo por encima del 10% anual.
Y en la misma medida que crecía su economía lo hacia su necesidad de recursos naturales, sobre todo el petróleo.
Por ello el régimen comunista llevaba años cortejando a los países africanos, pero como nadie regala nada sin obtener algo a cambio, y mucho menos los comunistas, su prioridad se centró en tres países Nigeria, Angola y Sudan cuyos abundantes yacimientos de recursos naturales son bien conocidos, obviando a aquellos países pequeños y sin recursos.
Y los yacimientos petrolíferos nigerianos, los mayores del continente africano eran una golosina que querían degustar.
Este descarado cortejo era lo que preocupaba a un hombre al otro lado del Atlántico Norte, a unos 11 000 kilómetros de distancia que contemplaba el atardecer a través de los amplios ventanales de un lujos despacho, en el piso 70 de uno de los más emblemáticos edificios de la ciudad de Houston.
El alarmante declive de la producción de sus pozos le inquietaba también, pero la amenaza china le quitaba el sueño, tenía pesadillas en las que un enorme dragón amarillo, echando fuego por su enorme bocaza arrasaba todo su imperio. Se despertaba bañado en un sudor frio.
Mientras de su boca salían sapos y culebras en forma de insultos e improperios contra esos grandísimos hijos de puta de ojos rasgados.
1 LAS LEYES INGLESAS
Hasta finales del siglo XVIII los católicos irlandeses estaban considerados ciudadanos de segunda categoría, no tenían derechos, las leyes penales les prohibía comprar o arrendar tierras y se les obligaba a vivir a más de 8 kilómetros de las ciudades, tenían vetado el derecho a la educación y a practicar cualquier oficio. Ellos representaban casi el 80% de la población.
Estas prohibiciones ya venían de lejos en 1607 el parlamento inglés, Westminster, había aprobado leyes que prohibía a los católicos:
Acceder a un empleo público.
Casarse con protestantes.
Portar armas o servir en el ejército.
Acceder a la única universidad irlandesa existente, el Trinity College.
Ejercer la carrera de abogado o juez.
Ser elegido al Parlamento de Irlanda o al inglés.
Comprar tierras o heredar tierras de protestantes.
La construcción de iglesias católicas de piedra, sólo de madera, y alejadas de los caminos principales.
Dar clases a niños, ni en público ni en privado.
En el siglo XIX un iluminado Oliver Cromwell* decidió, por sus santos bemoles, anexionar Irlanda a Inglaterra, acción que también realizó con Escocia para crear el Reino de Inglaterra, Escocia e Irlanda.
Los ingleses, como es habitual en ellos, se apoderaron del territorio y se lo repartieron como si fueran trozos de un pastel. Se convirtieron en terratenientes y relegaron a los nativos irlandeses al papel de vasallos, aparceros, mano de obra barata para cultivar y recolectar el trigo que enviaban a Inglaterra. En compensación recibían un magro salario y una diminuta parcela para cultivar algunas hortalizas y principalmente patatas.
El disfrutar de esta pequeña parcela podría significar la diferencia entre la vida y la muerte.
Esta injusta e inhumana situación provocó un descontento generalizado contra los ingleses hasta tal punto de que en 1843 el gobernó británico estableció una Comisión Real para investigar las leyes que regían sobre la propiedad de la tierra, comisión en la que participaron los propietarios pero no los inquilinos.
Y a pesar de esta composición de la comisión, su informe no pudo menos que enfatizar: «que las privaciones a que están sometidos los trabajadores y sus familias son difíciles de describir, no disponen de agua ni electricidad, sus cabañas son inadecuadas, sus pertenencias escasas, una manta o una cama son lujos inalcanzables y su alimentación es solo y exclusivamente a base de patatas». «Como los inquilinos están expuestos a ser desalojados de su parcela en cualquier momento, no hacen reformas ni anexionan nuevas estancias». «Como la mayoría de los propietarios, no moran en sus posesiones, estas son administradas por los llamados intermediarios». Proseguía el informe de la Comisión.
«Estos ejecutan su actividad de forma tiránica y especulativa, auto arrendando grandes extensiones a largo plazo con rentas fijas y luego subarriendas estas en pequeñas parcelas a un precio más elevado y en condiciones leoninas». «Los campesinos no tienen derechos y pueden ser desalojados de su parcela en cualquier momento y circunstancia».
«El vulgo los llama tiburones terrestres, chupasangres y otras lindezas».
«Las cabañas presentan un estado lamentable, son pequeñas ya que cualquier mejora, ampliación o trabajo de mantenimiento pasa a ser, automáticamente, propiedad del terrateniente».
*CROMWELL, OLIVER
Militar y político es un personaje muy controvertido de la historia de Inglaterra, para unos un dictador para otros un héroe nacional.
Considerado como una de las figuras más importantes de la historia de Inglaterra se hizo conocido durante las Guerras de los Tres Reinos**.
A raíz de la ejecución del rey Carlos I, de la que Cromwell fue impulsor, Oliver se convirtió en Lord Protector de lo que se dio en llamar Mancomunidad de Inglaterra, entidad compuesta por Inglaterra, Escocia e Irlanda, estás dos naciones incorporadas manu militare.
Fanático del cristianismo protestante, consideraba a los católicos de Escocia e Irlanda como herejes por lo que los reprimió con una brutalidad inaudita para la época.
Sus partidarios lo glorifican como un líder con sentido de Estado, que derrocó la tiranía y promovió la libertad, y que ganó reputación internacional.
Para sus detractores fue un vulgar dictador, hipócrita, liberticida y ambicioso, traidor al sistema de valores puritanos y que mostró un escaso respeto por las tradiciones del país
** GUERRA DE LOS TRES REINOS
Fue una serie de conflictos entre Escocia, Irlanda e Inglaterra bajo la monarquía de Carlos I, y que se libró entre los años 1639 y 1653. Fueron motivadas por discrepancias entre la Corona y sus súbditos en dos ámbitos, el religioso y el civil.
En el religioso se trataba de dirimir si la religión era potestad del monarca o de que el súbdito eligiera su fe.
Las discrepancias civiles se basaban en limitar el poder del Rey para aumentar impuestos y declarar la guerra sin la autorización previa del Parlamento, ello unido a la negativa de Escocia e Irlanda al papel predominante de Inglaterra entre los tres Reinos.
La victoria del Parlamento, comandado por Oliver Cromwell llevó a la formación del Reino Unido como una monarquía constitucional con sede en Londres.
2LA GRAN HAMBRUNA.
Esta condición de arrendatarios de una pequeña parcela llevó a la población a cosechar patatas porque era lo único que producía en abundancia, hasta cuatro cosechas al año, para alimentar a la prole.
Las pequeñas parcelas, entre 2 hectáreas las más pequeñas y unas 6 hectáreas las mayores solo permitían este tipo de cultivo, además de ser muy productiva la patata es muy resistente al frio.
Esta economía de subsistencia basada solo y exclusivamente en la patata exponía a una gran masa de la población, la hacía muy vulnerable a cualquier eventualidad. A ello se añadía que la gran mayoría de la patata cultivada era de la variedad Irish Lumper que era muy propensa a ser atacada por la roya o mildiu, que es una enfermedad causada por la protista Phytophthora infestans, que ataca a la planta y la destruye rápidamente.
Esta infección se produjo en 1845 y diezmó gran parte de la cosecha, más de un millón de personas murieron de hambre, y otro millón tuvo que emigrar y su destino fueron los Estados Unidos de América. La población bajó en algo más de un 25%.
¿Por qué América?
Ya en el siglo XVIII los católicos irlandeses huyendo de la miseria y de la persecución religiosa a la que estaban sometidos, comenzaron a emigrar a América, no eran ignorantes campesinos sino gente profesional comerciantes, artesanos, maestros y otras profesiones.
Gente honrada y trabajadora pronto se abrieron camino en el nuevo mundo, y las noticias de su éxito no tardaron en llegar a sus parientes, que se apresuraron a seguir el mismo camino.
Esto originó que millares de irlandeses se arriesgaran a emigrar, esta vez eran hombres y mujeres sin preparación ni educación, tuvieron que abrirse camino trabajando como jornaleros en la construcción de ferrocarriles, presas, embalses y otras obras `públicas.
A finales del siglo XVIII y principios del XIX, más de tres millones irlandeses habían emigrado a los Estados Unidos. Pero este exilio no fue un camino de rosas, los ya asentados, los americanos, que también habían emigrado no los recibieron amigablemente, en muchos trabajos se colgaron letrero que decían: «No Need Irish Apply» (no se necesitan aspirantes irlandeses).
La población irlandesa pasó, en menos de 10 años de unos 8 millones a solo 6.
Hoy en día la población de origen irlandés en los Estados Unidos es la segunda más numerosa detrás de la latina.
3 LA SOCIEDAD DE SAN PATRICK.
Fundada el Día de San Patricio de 1932, Nigeria, concretamente en Calabar, fue donde se instaló la primera misión.
El obispo Joseph Shanahan, perteneciente a la orden de los Padres del Espíritu Santo apacentaba a un rebaño de unos 6 millones de creyentes en el Vicariato del sur de Nigeria que ante la falta de misioneros apeló a los seminaristas de Maynooth, y les exhortó a comprometerse por un periodo de cinco años en labores misioneras antes de incorporarse a una diócesis irlandesa.
A esta llamada acudió el padre Patrick Joseph Whitney.
4LOS IGBOS
Una de las etnias más numerosas de África, su población se ubica en el sureste y suroeste de Nigeria y constituyen algo más del 17% de la población del país, por detrás de los yorubas y los hausa-fulanís.
A finales del silgo XVIII la población igbo fue pasto de los esclavistas, se estima que el 80% de las personas capturadas en el delta del Níger pertenecían a la etnia igbo.
Ello, quizás, explica porque la etnia está extendida por Estados Unidos (200 000) y en menor medida por el Reino Unido, Canadá y Australia.
En la actualidad los 31 millones de igbos de Nigeria están ubicados en los estados de Alambra, Abia, Imo, Ebonyi y Enugu, en el delta de rio Níger, en los estados de Delta y Cross Riveras la población del igbos representa el 25% de la población de esos estados.
Las otras etnias les llaman a los igbos los «judíos de África», no con el sentido peyorativo que en Occidente se les otorga de avariciosos y usureros, sino por todo lo contrario por ser los más cultos, preparados y eficientes de todo el continente.
Ciudadanos igbos se han distinguido como escritores, doctores, médicos, historiadores y deportistas, entre estos últimos están los reconocidos futbolistas Nwankwo Kanu, Jay-Jay Ojoche y Noah Okafor, en la literatura destacan Chinua Achebe, Nnedi Okorafor y Chimamanda Ngozi Adichie en el mundo financiero se conoce a Optimist Chukwunanu Obioma y Ngozi Okonjo-Iweala.
ESTRUCTURA DE LA SOCIEDAD IGBO
Está estructurada en base a lazos familiares y es de dos tipos: monárquico, donde la pareja dominante es la matriarca, la «omu» y el monarca, el «obi», el otro tipo sería algo así como una república democrática, donde el consejo de mayores elige al líder.
Las señas de identidad, de pertenencia a una comunidad, se identifican por la escarificación a los niños, en ambas mejillas o en la frente, son unos cortes profundos que le acompañaran toda su vida. Es como una especie de DNI.
En algunos casos la escarificación Ichi se aplicaba a hombres denotando que la persona había superado la fase de iniciación en la asociación religiosa más importante de la sociedad igbo, la Nze na Ozo, los poseedores de estos símbolos gozaban de prestigio, poder e influencia.
N.A Sería algo así como tener el carné de «la PSOE».
La estructura en el modelo de república democrática es más descentralizada y enfocada al consenso, al acuerdo, lo que la distingue de otras etnias, como los yorubas o los hausa-fulanís que son más jerárquicas.
En ambos casos, el «obi» o líder se convierte en el guardián de las tradiciones y costumbres de la etnia y en el transmisor de la cultura y de los valores a las nuevas generaciones.
Son elegidos por su capacidad para mediar en las disputas en el seno de la comunidad y su sabiduría para impartir justicia.
Son responsables de defender y preservar los derechos de su comunidad a los recursos naturales de su entorno y al mantenimiento de la autonomía de su pueblo.
Su papel de líder está concebido como de «servicio a la comunidad», anteponiendo los intereses de su pueblo a los personales.
N.A. ¡Cuánto tendrían que aprender nuestros políticos!.
Esta inclinación al consenso, a la toma de decisiones por decisión colectiva ha dado lugar a instituciones como la «umuada», formada por las mujeres casadas que participan en la toma de decisiones y que son muy respetadas y tenidas en cuenta.
Cuando un individuo destaca por su buen hacer en los temas inherentes a su comunidad se le otorga el titulo de «ozo» en reconocimiento a su autoridad y prestigio.
Y como en todas las comunidades sabias, los ancianos gozan del máximo respeto y se les reconoce su sabiduría y experiencia.
N.A. En nuestra super tecnificada sociedad los ancianos son una especie de pesado lastre del que hay que desprenderse, los despectivos comentarios hacia los ancianos de algunas «feminazis», serían en la sociedad igbo motivo de condena, aquí esas que muestran sus tetas en una capilla son consideradas como mujeres liberadas y progresistas y se las premia con un sueldo público. No cabe mayor ejemplo de la decadencia y degradación moral de nuestra clase política y de nuestra sociedad.
5ESCARIFICACIÓN
Aunque actualmente esta práctica está en desuso, la mayoría de los nigerianos ostenta una incisiones o cicatrices en su cara.
Estas marcas, que para los ignorantes, representaba una muestra de valentía, no son en realidad más que las señas de identidad de los grupos étnicos, una especie de carné de identidad, que hace que cada una de las aproximadamente 250 etnias del país más poblado de África se reconozcan entre sí y les permita ayudarse y proteger a los de su estirpe.
6GUERRA DE BIAFRA
El petróleo, como siempre ocurre cuando se descubre, sobre todo en países tercermundistas, ha dado lugar a una corrupción desenfrenada que está llevando al país a la desintegración y estuvo a punto de romperlo en pedazos.
La zona occidental del país, los estados de Delta Rivers y Cross Rivers, que es la zona donde están los yacimientos, intentaron independizarse. Ello provocó una guerra sangrienta y fratricida que se conoció en Occidente como la guerra de Biafra y que entonces muy poca gente la relacionó con el oro negro. El petróleo que debería ser una bendición para cualquier país que lo tiene se convirtió en la fuente de muchas de las desdichas que sufre ese país. En Nigeria la economía está hundida, la agricultura abandonada y la industria desarbolada. La deuda pública es inabordable.
Tampoco hay que olvidar el colonialismo y sus secuelas, las divisiones artificiales trazadas con una línea a lápiz en un mapa de la región por el burócrata de turno. La asignación de zonas de la misma etnia a países distintos. La creación de una elite nacional, ficticia, premiando con halagos, lisonjas y honores a ciudadanos que actuaban más en su propio provecho y en el de los países colonialistas que en los de su pueblo. Todo un sinfín de factores que cuando confluyen se convierten en un explosivo cóctel.
Cuando en 1960 los británicos concedieron la independencia a Nigeria, dejaban un país poblado por unas 250 etnias que hablaban 500 lenguas diferentes, entre las que había tres mayoritarias, los yoruba en el oeste, los hausas en el norte y los igbo en sureste y para complicar más aun las cosas estaba el tema religioso.
La religión junto con el colonialismo han sido los dos canceres que han carcomido a África durante los siglos XX y XXI.
El norte de Nigeria es, mayoritariamente, de creencia islámica mientras que el sudeste lo es cristiana, aunque en ambas zonas están mezcladas
Las disputas, enfrentamientos violentos y la inestabilidad política y social imperaban en el país, la convivencia entre las distintas etnias y religiones se volvió imposible cuando hizo su aparición el mal llamado oro negro.
Los estados Cross Rivers y Delta Rivers en el sudeste es donde se localizan los yacimientos de petróleo y gas que convierten al país en el mayor productor de estos productos del continente.
Esta posición, que para cualquier país estable y serio sería una bendición, a Nigeria le ha ocasionado más perjuicios que beneficios.
El país, que antes de la independencia tenía una agricultura que lo hacía autosuficiente, pasó a depender casi al 70% del preciado fósil. Se abandonó por completo el sector primario.
Esta riqueza no se repartía proporcionalmente y dio lugar a una espiral de corrupción que situó al país como uno de los tres países más corruptos del mundo.
De los 200 millones de habitantes que pueblan el país, más de 120 millones malvivían con un euro al día. Situación que hoy en día no ha mejorado sustancialmente.
A finales de la década de los 60, el descontento de los igbos iba en aumento a medida que se destapaban casos de corrupción perpetrados por la clase dirigente que radicaba en el norte, se sentían desposeídos de sus riquezas, explotados y espoliados por los hausas del norte.
Para añadir gasolina al fuego, los radicales musulmanes masacraban periódicamente a los católicos igbos en aquella regiones en que estaban en minoría, en el norte de mayoría musulmana la etnia igbo, de cristianos residentes, era metódicamente masacrada, las muertes se estiman llegaron a alcanzar las 30.000.
Las grande corporaciones petroleras, temerosas de que esta inestabilidad afectará a su negocio, alentaron al gobernador de la región, el teniente coronel Odumegwu Ojukwu, de etnia igbo a proclamar la independencia, el 30 de mayo de 1967 y ante el júbilo de los igbos esta decisión se hizo efectiva. Lo que hubiese podido ser una gran noticia para esta etnia devino en una cruenta guerra que durante tres años los diezmó y los arruinó.
Desde la noche de los tiempos el ser humano ha estado siempre obsesionado por la hegemonía y el poder.
