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Sam y Ashe no creían en el amor a primera vista. Ellos no entendían cómo los hombres que habían sido estimulados, domados, enredados e incluso enganchados a las otras herederas Steele se habían enamorado tan fuerte y tan rápido. Hasta ahora. Un vistazo a Natalie y Sam y Ashe estaban arruinados para todas las demás mujeres. Pero ella no es fácil de domar. Ellos necesitarán enlazar más que solo su corazón para poder hacerla suya de una vez por todas.
Pero un giro final pone en peligro a todas las cinco hermanas Steele. Con la ayuda de sus hombres, ¿podrán Natalie, Kady, Penny, Cricket y Sarah finalmente encontrar la paz y traer al rancho lo único que siempre ha faltado? La familia.
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Veröffentlichungsjahr: 2018
Derechos de Autor © 2017 por Vanessa Vale
Este trabajo es pura ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación de la autora y usados con fines ficticios. Cualquier semejanza con personas vivas o muertas, empresas y compañías, eventos o lugares es total coincidencia.
Todos los derechos reservados.
Ninguna parte de este libro deberá ser reproducido de ninguna forma o por ningún medio electrónico o mecánico, incluyendo sistemas de almacenamiento y retiro de información sin el consentimiento de la autora, a excepción del uso de citas breves en una revisión del libro.
Diseño de la Portada: Bridger Media
Imagen de la Portada: Deposit Photos: Sofia_Zhuravets & photocreo
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Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
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NATALIE
“Esto no es una cita”.
“El cliente ya no está aquí, lo que significa que ya no es una reunión de bebidas. Somos dos adultos en un restaurante. Solos”. Mi jefe, Alan Perkins, se recostó sobre la mesa y me dio una ligera sonrisa para acompañar esas palabras”.
Usé todas mis fuerzas para no poner los ojos en blanco. Eso no hubiese salido bien. Él había estado invitándome a salir desde mi primer día en el trabajo hace dieciocho meses, pero yo lo había rechazado. Una y otra vez. Hasta ahora.
No es como que esto fuera una cita.
Observé mientras se marchaba el representante de la cadena local de tiendas minoristas que había cortejado desde enero—a casa con su esposa y sus tres hijos—dejándome sola con Alan.
Exhalé lentamente, doblé mis manos en mi regazo y las apreté juntas. Podía estar haciendo tantas cosas en este momento en vez de esto. Lavando. Una clase de entrenamiento cruzado. Haciéndome un tratamiento de conducto. La reunión con el cliente había sido importante, pero ¿ahora? ¿Sentada aquí con Alan en el restaurante lujoso? Una miseria.
“Yo no creo que RH considere como cita una reunión con un cliente”, contesté.
Alan estaba en sus tempranos cuarenta. Atractivo en esa…manera de club de chicos viejos. Él entrenaba, tenía todo su cabello, no tenía mal aliento y se vestía bien. Volteaba miradas a donde quiera que iba, pero no la mía. Yo no estaba cegada por el refinamiento, el dinero o incluso la sonrisa pegajosa. Había escuchado por los rumores de la oficina que él había sido manoseador con una del personal de limpieza de la oficina, pero lo había mantenido oculto para que su esposa no se enterara. No quería que le arrebataran sus pilas de dinero, el estilo de vida del club de campo, o su trabajo en vista de que su suegro era el dueño de la compañía.
Ser manoseador era una manera bonita de decir que era infiel. Y un astuto con eso. O él quería engañar, o pensaba en engañar. Tuve que preguntarme si la empleada había disfrutado sus insinuaciones o lo había rechazado repetidas veces como yo lo había hecho. Tuve que esperar que ella fuera una mujer inteligente y haya pedido ser reasignada.
Para mí, incluso desviarse mentalmente llamaba al divorcio. ¿Quién querría estar con un hombre que incluso pasaba tiempo pensando en estar con alguien más? Fantasear era algo completamente diferente. Yo pensaba frecuentemente en Tom Hardy cuando sacaba mi vibrador, pero eso no era lo mismo que manosear a la gente que trabajaba para ti.
“…como dije, esto es fuera de horario. Nada de hablar de trabajo”.
Parpadeé, concentrada otra vez en Alan. Esta vez yo había estado descarriada, mirando por encima de su hombro y capturando una mirada de los dos hombres sentados en el bar una vez más. Tom Hardy ahora estaba hundido en el fondo de mi lista de fantasías porque dos altos morenos altos y atractivos se habían movido al primer lugar. Estaban sentados y así realmente no podía confirmar que eran verdaderamente altos, pero parecían serlo. Vestidos de forma casual con pantalones y camisas abotonadas, uno tenía sus mangas enrolladas hacia arriba y no pude evitar notar sus antebrazos musculosos y sus manos grandes.
Yo amaba mirar las manos de los chicos, me preguntaba todas las cosas que él podía hacer con ellas. Quizás cubrir mis senos, deslizar un dedo dentro de mi boca para que pudiera chuparlo, humedecerlo para que él pudiera frotarlo contra mi entrada trasera, provocarme.
Wow, ese fue un salto grande y bastante travieso.
Me retorcí en el asiento y me quedé paralizada cuando los ojos del Sr. Manos Grandes se encontraron con los míos. Oscuros, intensos y llenos de calor, como si hubiese sido capaz de leer mis pensamientos pervertidos. Mi corazón dio un salto y me lamí los lamios, de repente con la boca seca. Su concentración capturó la atención de su amigo y él también me miró.
Mientras el primero fue pensativo, el segundo fue casual, en contraste con la sonrisa rápida que lanzó en dirección a mí. Labios completos doblados en una sonrisa maliciosa, sus ojos recorriéndome, instalándose brevemente en mis senos. Mis pezones se endurecieron ante el pensamiento de esa boca sobre ellos, chupando, lamiendo, incluso dando un ligero apretón.
Yo no era virgen. Esa primera vez en la universidad había sido hace mucho tiempo. Había aprendido bastante desde entonces, especialmente sobre mí misma. Era aventurera, segura en mi propia sexualidad, pero nunca antes había considerado dos hombres a la vez.
Hasta ahora. Hasta estos dos.
“¿Qué dices, Nat?”
Me sobresalté cuando sentí una zarpa carnosa en mi rodilla debajo de la mesa.
La aparté asustada, pero la acción solo separó mis piernas, lo cual dejó que Alan deslizara su propia pierna doblada entre ellas.
Mi mirada saltó a la suya y los ojos azules se habían oscurecido y el Director General dulce se había ido. En vez de eso ahí estaba un hombre que tenía interés. Deseo. Ambas cosas que eran completamente no recíprocas. Y me había llamado Nat. Nadie me llamaba Nat en el trabajo. Nunca. Dudaba que él quisiera ser llamado Al.
“¿Puedo traerles a los dos algunos bocadillos para empezar?”, preguntó la mesera mientras se acercaba a la mesa, bloqueando mi retirada.
A pesar de que su rodilla solo estaba entre las mías y no más arriba, fue suficiente para darme escalofríos. Intentar juntar mis piernas otra vez era una tarea imposible; eso solo hizo que sus ojos se incendiaran y que la mesera pensara que tenía hormigas en los pantalones.
“Tráiganos las espinacas con salsa y otra ronda de bebidas”. Alan levantó su whiskey en las rocas.
“Oh, no. Yo no quiero nada”. Levanté mi mano, palmas afuera. “De hecho—”
“De hecho, traiga las alas picantes. Me gusta hacer las cosas con mis manos”. Dándole a la mesera una sonrisa ancha, asintió, su sonrisa se quedó pegada, luego me miró a mí. La mirada que ofreció gritaba ¿Este chico es de verdad? Quizás ella podía notar que yo no estaba interesada, y no solo en la sala. O en lo que Alan pudiera hacer con sus manos. Como si la idea de él comiendo alas fuese remotamente atractiva.
Suspiré de nuevo, desvié la mirada a los dos en el bar. Estaban hablando entre ellos—no tan cerca como si estuviesen juntos ahí—pero miraron en dirección a mí una vez más.
Alan se inclinó, lo cual hizo que llevara su rodilla hacia atrás. Cerré las piernas rápidamente y me deslicé más cerca al borde del asiento.
“Hablaremos de la mercancía”, dijo él sorprendiéndome.
Fruncí el ceño. “¿Qué? ¿Quieres hablar de la línea nueva?”
Reed y Rose era una empresa pequeña de tiendas de lencería. Había sido comenzada por el suegro de Alan en los años sesenta. Ellos habían comenzado con una tienda en el centro pero había crecido desde entonces para incluir tres tiendas localmente. Yo había sido contratada como representante de ventas para llevar estos artículos—sujetadores de alta gama, bragas, batas y otras ropas interiores femeninas—a cadenas de tiendas con el plan de negocios de expandirse regionalmente y posiblemente nacionalmente.
Yo había tenido sugerencias para una nueva dirección en diseño, cambiando los artículos de un estilo formal y trousseau a una línea más sexy y sofisticada, pero había sido rechazada por Alan. Hasta ahora. Alcancé mi portafolio del asiento a mi lado.
“¿Quieres ver las pinturas del departamento de arte?” Había trabajado con ellos por meses y los otros equipos de diseñadores para traer esta nueva dirección. Era un esfuerzo grupal con el que todos estábamos emocionados, pero no había sido capaz de obtener tracción con los superiores para hacerlo posible.
Su mano aterrizó sobre la mía, paralizando mi movimiento. Levanté mis ojos hacia los de él mientras sacaba mi mano debajo de la suya, vi por encima de su hombro que los ojos del Sr. Manos Grandes se estrecharon ante la acción.
“Este no es el lugar para sacar esos tipos de pinturas. ¿Cierto?”
Miré alrededor. El restaurante era de alta gama, pero no lujoso. Estaba en el primer piso de un hotel en el centro, conveniente para nuestros tragos con el cliente ya que estaba cerca de la oficina. Las presentaciones eran dibujadas a mano y de buen gusto, pero eran de lencería.
“En vez eso háblame de ellos”.
Tomé un sorbo de mi agua, consideré su expresión seria. Él realmente parecía querer escuchar sobre lo que había estado trabajando, y presionando todos estos meses.
“Está bien, bueno…” Fui hacia los detalles sobre la línea, los sujetadores, las bragas a juego, los colores y las telas. Cuando comencé con la búsqueda demográfica y de mercadeo me cortó.
“¿Esto es algo que tú usarías?”
Me ruboricé ardientemente. Yo amaba la lencería. Esto era mi debilidad y la razón por la que había tomado el empleo en Reed y Rose en primer lugar. Mientras yo tenía los títulos y la experiencia laboral para la posición, tener una carrera en la industria que amaba era un privilegio definitivo. Siempre me había gustado tener cosas lindas y atractivas debajo de mi ropa de trabajo, pero eran para mi satisfacción—y posiblemente para el placer de un hombre al que le permitiera mirarlos—no para debatirlo.
La atención de Alan se movió hacia mi pecho y entonces supe que solo había escuchado mi seudo-presentación para poder cambiar de tema hacia mí y a lo que había debajo de mi apariencia profesional. Ya antes había lidiado con el sexismo. Acoso sexual como el de Alan que nunca cruzaba la línea. A pesar de que había tenido conversaciones con RH sobre él, sus palabras no habían sido suficientes para hacer mucho para cortarlo, especialmente porque la familia de su esposa era dueña de la empresa.
Yo nunca usaba ropa reveladora. Era cautelosa sobre eso, especialmente en la industria. Especialmente con Alan de jefe. Mi vestido era ajustado—yo era alta y delgada con solo curvas pequeñas—pero no ceñido. A pesar de que era sin mangas, era de cuello alto y caía a mis rodillas.
“Cualquier mujer profesional encontraría la línea atractiva”, contesté neutralmente.
Alan se inclinó aún más, el aroma de su perfume y el whiskey de su aliento me tenía presionando hacia atrás al espaldar del asiento.
“¿Traes puesto el número de malla negra que describiste?”
Me salí del asiento, me puse de pie, agarré mi portafolio. Definitivamente no íbamos a hablar sobre mis bragas. “Disculpa. Necesito el baño”.
Me escapé del restaurante sin mirar atrás, recostándome contra el lavabo del baño, mirándome fijamente en el espejo.
¿Yo quería esto? ¿Un jefe grosero que iba a reducir mi determinación constantemente? No es como que yo alguna vez iba a dormir con él, pero una queja formal en RH no iba a hacer mucho. Él no se iba a ir de la compañía. De ninguna manera. Era su palabra contra la mía, todo el tiempo.
Tenía que lidiar con ello o renunciar.
La fuerte iluminación por todo el espejo me tenía preguntándome por qué Alan estaba tan interesado en mí. Mi cabello era castaño claro. Tímido. Se enrollaba y en el aire húmedo se iba a todos lados. Yo lo controlaba llevándolo hacia atrás con un gancho, pero siempre lucía como si me hubiese arrastrado fuera de la cama. Mi labial se había ido desde hace rato, pero no me iba a retocar para Alan. Lo iba a notar y a tener una idea errónea.
Mi maquillaje era suave, no mucho podía ayudar a mis ojos que eran anchos y demasiado grandes para el resto de mi cara. Mi boca demasiado grande. O eso pensaba. Y mi figura. Yo era de copa B pequeña; no suficiente escote, ni siquiera un puñado. ¿No estaría Alan más interesado en acosar a Mary de contaduría con sus grandes copas D?
Alisé mi vestido hacia abajo, tomé unas cuantas respiraciones profundas para fortalecerme.
Me detuve al dejar el baño. Me congelé, en realidad.
Ahí, recostados contra la pared estaban los dos bombones del bar.
“¿Estás bien?”, preguntó el Sr. Manos Grandes. Me ojeó, pero no como un pervertido, sino con preocupación.
“Oh, um. Seguro”, respondí, dándole una pequeña sonrisa.
“Yo soy Sam”. Dirigió su cabeza hacia su amigo. “Él es Ashe”.
“Hola”, respondió Ashe.
Asentí, sin compartir mi nombre. Solo porque ellos estaban poniendo mis pezones duros y mis bragas húmedas no significaba que no era cuidadosa. Aunque nada sobre ellos estaba enviando banderas rojas en mi medidor de peligro. De hecho, era justo lo contrario.
“No pudimos evitar notar que tu cita y su errante—”
“Él no es mi cita”, contesté cortándolo rápidamente. “Dios, no. Él es mi jefe”.
Los dos fruncieron el ceño, estrecharon sus ojos. Sam era de unos seis pies, cabello oscuro, cejas espesas, mandíbula cuadrada afeitada. Su camisa blanca mostraba sus hombros anchos y físico bien musculoso. Ashe era unos pocos centímetros más alto, más delgado. Parecido a Matthew McConaughey con cabello castaño claro, de corte largo con una onda en este. Pómulos definidos y barba recortada. Los dos encajaban en cada una de mis cajas de “lo que me pone caliente”. Era instantáneo, intenso y hacía que mi mente deambulara a lugares oscuros y ligeramente traviesos.
A pesar de que no éramos los únicos en el pasillo—otras pocas personas nos pasaban hacia los baños y el ruido de la zona principal de asientos era un recordatorio de que no estábamos lejos de los otros—yo sentí como si estábamos solos. Su atención estaba en mí, únicamente en mí.
“¿Jefe? ¿Y él te toca así?”, preguntó Ashe. “A menos que lo desees, pero basado en tus reacciones, no parece que te guste”.
“¿Él?” Me reí. “No, yo no lo deseo”.
Los quiero a ustedes. A los dos con crema batida y una cereza arriba. Quizás solo la crema batida.
“Entonces márchate”.
“Me encantaría escaparme, pero él es mi jefe y tendré que verlo mañana en la oficina. Y mi portafolio está en la mesa", añadí para finalizar, recordando de repente. Mierda.
“Suena como que es hora de comprar un portafolio nuevo”, dijo Sam.
Sonreí, luego me reí. Ellos también sonrieron, como si compartiéramos un pequeño secreto. “Quizás. Haré mis excusas, aunque me gustaría que él considerara la línea de productos de la que hablamos”.
Cuando los dos me miraron con expresiones de interés, agité mi mano a través del aire, dispersando mis comentarios. Estos dos no necesitaban escuchar sobre mi trabajo. “Estoy acostumbrada a esto. A él. Es nada”.
“No es nada. Tú no eres nada”.
Se me cayó la boca ante la vehemencia en el tono de Ashe y la forma en que Sam negó con la cabeza en acuerdo. “Oh, um, bueno, eso es dulce”.
Realmente lo era.
“No siempre somos dulces”. Las palabras de Sam fueron como una promesa, una oscura, y me moví en mis tacones, frotando mis muslos juntos. Solo podía imaginarme lo no dulce que él podía ser. ¿Susurrando palabras sucias en mi oído mientras sostenía mis caderas y me follaba desde atrás? ¿Enrollando sus dedos en mi cabello mientras sostenía mi rostro inmóvil para que pudiese follar mi boca? ¿Agarrar mis tobillos mientras los sostenía en sus hombros mientras se deslizaba hacia adentro y afuera de mi vagina con su pene grande?
Oh sí, no tenía ninguna duda de que ellos podían ser no dulces.
“Podemos darle una paliza por ti”.
Ahora sí me reí al pensar en los dos arrastrando a Alan detrás del basurero del restaurante, aunque ellos no estaban sonriendo. Sofoqué el sonido. “Están hablando en serio”.
Caballeros y ardientes.
Ashe se puso las manos en sus caderas, señaló con la cabeza hacia la parte principal del restaurante. “Asumo que estás acostumbrada al Sr. Manos Sobonas. Que este no es tu primer rodeo”.
Puse los ojos en blanco. “No, no es mi primer rodeo y estoy acostumbrada a él. RH no puede hacer mucho y ahora que se fue el cliente, ahora esto es una cena para él. Una cita”. Mis dedos hicieron el pequeño movimiento.
“Tú solo nos lo haces saber, dulzura, y nos podemos hacer cargo de tu jefe lascivo”. Dulce.
“Eso es lo um, bueno, lo más lindo que he escuchado en bastante tiempo”.
Lo era. Había estado en una racha sin citas por tanto tiempo que se me había olvidado lo que era un chico amable. Un chico amable o dos. Eran abiertos y honestos, sinceros y preparados para llevar a Alan y sus alas de pollo hacia afuera y enseñarle una cosa o dos. No había tenido a nadie que me defendiera desde hace mucho tiempo.
Y yo no había estado tan atraída, tan excitada por un hombre—dos hombres—desde…nunca. Calor instantáneo, atracción. Dios, la química era fuera de lo común y apenas habíamos intercambiado nombres. Y yo preferiría que se hicieran cargo de mí en vez de Alan.
“Podemos rescatarte si quieres”, dijo Ashe. Noté que sus ojos no eran tan oscuros después de todo, más de un verde botella.
“¿De verdad?”
“Seguro. Solo danos una señal y te sacaremos de ahí”, añadió él, tirando de su oreja como un entrenador de beisbol de tercera base.
Sonreí ante el movimiento y lo copié, cuidadosa de no arrancarme el arete. “¿Hago esto y ustedes me salvarán?”
“Esa canoa douche puede remar su propio bote”.
No pude evitar reírme con las palabras de Ashe. De nuevo. Amaba la forma en que estaba molesto por mí, de que no era ni remotamente como Alan. “Es trabajo de su esposa hacerse cargo de ese bote, no mío”.
“¿Casado? Dios, él es incluso peor de lo que pensé”, gruñó Sam. “Cariño, tú no pareces del tipo de mujer que necesita ser salvada. Apuesto que puedes hacerte cargo por ti misma, pero ¿por qué deberías hacerlo? ¿Por qué deberías estar atrapada con ese imbécil solo porque es tu jefe? Ya ha pasado la hora. Es tu momento. Te has conseguido dos chicos grandes para ayudarte”.
Ayudarte. Sí, podía pensar en varias formas en las que ellos podían ayudarme. Sus manos sobre mi cuerpo, descubriendo que estaba húmeda por los dos. No tenía ninguna duda de que ellos podían hacerme olvidar todo acerca de Alan con unos orgasmos increíbles. Pensamientos locos. Yo solo acababa de conocer a estos dos y estaba pensando en sexo con ellos. Pero la conexión, no podía entenderla, pero estaba atraída hacia ellos como un imán.
