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Gritos bajo el agua recopila las voces de seis mujeres condenadas a presidio que durante el año 2008 decidieron compartir su historia. A través de sus testimonios, impregnados de dolor y emotividad, relatan episodios de su vida, cuentan cómo perdieron la libertad y exponen sus impresiones sobre la experiencia de vivir tras las rejas.
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Seitenzahl: 61
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Al comienzo tuve un poco de miedo, porque mi percepción de las cárceles se basaba en lo que mostraba la televisión, las veía como un submundo en donde sobrevivir era el pan de cada día, pero al momento de conocer dicha realidad pude ver que albergaba a mujeres como cualquier otra, con personalidades diversas, de distintas clases sociales, edades y creencias, todas tratando de convivir en armonía y sobrellevar el cumplimiento de sus condenas de la mejor forma. Mujeres que cometieron errores, mujeres con anhelos, miedos, un pasado que superar y futuro con el cual soñar; y aunque los contextos que las empujaron a tomar malas decisiones eran distintos, el destino que les toca compartir es el mismo: pagar con años de encierro y alejadas de sus seres queridos. Para algunas esto supone el fin de un mal viaje que las hace recapacitar y replantearse sus vidas, mientras que para otras solo significa una experiencia más que se seguirá repitiendo.
Trabajando con mujeres privadas de libertad me hacía las mismas preguntas con frecuencia: ¿Qué habrán hecho?, ¿por qué? Al principio no me atrevía a indagar en las razones que las hicieron cometer un delito, pero con el pasar del tiempo las relaciones se fueron estrechando y se alcanzó un nivel de confianza que permitió a algunas de ellas compartir conmigo sus experiencias. Así me di cuenta de que la mayoría tenía historias de vida muy tristes y acarreaban desde la infancia dramas no resueltos. Si bien nunca tomé esto como una justificación, logré comprender que a veces los contextos pueden influir en el actuar de una persona, sobre todo cuando la necesidad y el sufrimiento han estado presentes en su camino.
A continuación, doy paso a las voces de seis mujeres condenadas a presidio que durante el año 2008 decidieron dar a conocer sus historias. Homicidio, tráfico de drogas y robos reiterados son los delitos que figuran en las siguientes páginas, pero también el reclamo de una mujer que dice haber sido condenada injustamente. Contando los hechos que marcaron sus vidas y las llevaron tras las rejas, cada una narra su propia experiencia con una tonalidad distinta, pero siempre evidenciándose el dolor y la tragedia en sus relatos.
Después de todo ese tiempo aprendiendo junto a las protagonistas de este libro, quise ser partícipe en él no solo como autora, sino también a través de Agonía, un poema donde plasmo mis impresiones acerca del miedo, de muchas de ellas, a morir en soledad.
La vida en la cárcel transcurre sin matices ni ecos para estas almas prisioneras que, como seres invisibles y estancados en el tiempo, esperan atravesar un portal hacia la libertad y el cariño que perdieron en algún lugar lejano. Mientras tanto, sus llamados de auxilio, ignorados y silenciados, se transforman en gritos bajo el agua.
La violencia intrafamiliar, de la mano del machismo, es un fenómeno muy común en todo el mundo, y en nuestro país el número de femicidios aumenta cada año. Se debe tomar conciencia de la importancia de este asunto, ya que no podemos seguir esperando a que sucedan las desgracias para decir basta. Existen muchas víctimas que están esperando ayuda y anhelan la oportunidad de ser felices.
El maltrato físico y sicológico que reciben muchas mujeres, es el mismo que algunos niños comienzan a experimentar y normalizar a temprana edad viendo a sus abuelos, tíos o padres. El sufrimiento que los marca desde la niñez es un factor importante a considerar cuando se intentan comprender las razones que los llevan a desviarse del camino correcto en la vida. Siendo testigos directos de tan horribles conductas, ingresan a un círculo vicioso de violencia que puede tener un desenlace como el que me tocó vivir a mí.
Si los jóvenes somos el futuro, tal como dice la gente y manifiestan las autoridades políticas, ¿por qué no se vela por que construyamos uno libre de maltrato, frustraciones, dolor y machismo? Y si somos el futuro, también deben tener en cuenta que no todos tendremos uno bueno, al menos no quienes hemos sufrido los estragos de la violencia intrafamiliar que nos marcan para siempre y jamás podremos olvidar.
