La más odiada 2 - Nico Quindt - E-Book

La más odiada 2 E-Book

Nico Quindt

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La más odiada la nueva novela chick-lit que conquistó a las millennials. De la mano de su controversial protagonista Sophia Laurent nos sumerge en el mundo adolescente de una escuela preparatoria donde su mundo gira entre las modas y las redes sociales. Con un humor que va desde lo mas cruel, negro y hasta por momentos de mal gusto hasta un humor inocente y clásico. Tocando temas fuertes como la depresión, el suicidio, la soledad, el bullying, entre otras cuestiones típicas de la adolescencia. Sophia Laurent nos va a llevar a través de sus 4 libros por su particular manera de ver las cosas provocándonos una especie de amor odio que será una revolución para las emociones. Un libro que no pasa desapercibido y que ha conquistado el corazón de miles de seguidoras de habla hispana. Hola soy Sophia, esta es mi segunda temporada, más genial que nunca. Si hasta el momento no estabas enamorad@ de mí, ahora no te quedarán dudas... aunque mi escritor es algo idiota y me puso "La más odiada", ¡YO! ¿odiada?... ¿quién podría odiar este rostro perfecto y este cuerpo esculpido?

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Seitenzahl: 120

Veröffentlichungsjahr: 2018

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Quindt, Nicolás Alejandro
La más odiada 2 : ella no es difícil, es simplemente imposible / Nicolás Alejandro Quindt. - 1a ed . – Buenos Aires : Nicolás Alejandro Quindt, 2018.
Libro digital
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-42-6843-3
1. Literatura Juvenil. I. Título.
CDD 863.9283
© Nico Quindt2018
Queda hecho el depósito legal establecido por la ley 11.723.

Nico Quindt

La más odiada 2

1

La comisión anti-bullying

Una cosa de la que nunca nos enteramos, dado que jamás hasta el momento habíamos entrado en la liga de fútbol femenino era que la directora de la Fashion Chic School y Erica Julianni, nuestra directora, eran hermanas. Y luego de que las venciéramos por primera vez en la historia en el último campeonato, las cosas entre ellas se habían puesto algo intensas.
—Bueno hermanita, veo que al fin tu escuela patética ha ganado un torneo, pero no te preocupes que eso no volverá a suceder… —aseguró Marian Julianni.
—Eso volverá a suceder siempre que te enfrentes a mi equipo, tengo una jugadora famosa con millones de seguidores en las redes sociales y a otra jugadora estrella con un talento inigualable, la han querido comprar de un equipo brasilero.
—Lo lamento por tu jugadora estrella, pero ya averigüé todo acerca de Sophia Laurent, sin ella tu equipo no es nada y sé que es una racista, discriminadora, engreída y autoritaria, que se saltea las reglas educativas y que todos allí se lo permiten, incluso tengo información bastante confiable de que estuvo presa hace muy poco tiempo. Pero ya no más, porque la Comisión Anti-Bullying está en camino de tu escuela y la suspenderán.
—Eso no significa nada, las suspensiones nunca exceden los treinta días…
—No has leído bien los estatutos, los alumnos suspendidos por la Comisión Anti-Bullying no pueden participar de eventos extraescolares y eso incluye el campeonato de las vacaciones de verano.
Erica Julianni colgó el teléfono y se quedó pensando algunos momentos. Se puso de pie para dirigir sus pasos hacia ya saben dónde: sí, por supuesto, mi aula.
Ni bien entró me dirigió una mirada, pero no era la clásica mirada de enojo que siempre me enseñaba, era otra cosa, parecía decepcionada, triste.
—Comenzaremos con una campaña para frenar el bullying y la discriminación… nos lo está exigiendo el consejo escolar —anunció Erica. Mentira, quería adelantarse a la comisión que pronto estaría pisándole los talones.
—Sí, claro que sí, apoyo esa causa, ya estoy cansada de la discriminación… —dije con irritación— a mí por ejemplo me discriminan por ser la mejor… todos estos perdedores. Gente fea discriminando a una linda, pobres contestándole a una rica… el mundo se ha vuelto loco.
—Sophia, tendremos a una comisión de inspecciones anti-bullying en la escuela, y todo lo que tú dices desde que entras hasta que sales es considerado bullying. Eso sin mencionar lo que directamente es racismo y discriminación y si hubiera algo más, seguro también lo dirías y te suspenderían por eso… todo lo que tú haces de manera rutinaria y que es normal para ti, está mal…
—¿Ahora yo soy la racista? Convivo toooodo el año con esta gente de piel oscura tirando a negra sin quejarme y ahora resulta que soy racista… tolero a todas las gordas de piel grasosa en “mi” escuela y ahora soy discriminadora, ¡por farol! «Sí, dije por farol, es mi nueva manera de decir “por favor” … solo que más top». Y ni hablemos de cuántas veces le he ofrecido al niño indigente de Louis que vaya a hacer trabajos forzados a mi casa para que pudiera comer al menos…
Erica me miraba indignada y yo de igual manera, solo que mi indignación era absolutamente comprensible y la de ella vaya a saber producto de qué tipo de locura que la había invadido.
—¿Tú en realidad crees que eres la más maravillosa del mundo y que todos te admiran y quieren ser como tú o solo tratas de hacerme enfadar todo el tiempo?
—No entiendo como quién más quisieran ser… cada vez que entro a esta escuela mugrosa finjo ser uno más de ustedes, fracasados —recorrí a mis compañeros con la mirada— y solo pienso en una cosa: ¡vaya! ¡Cómo me gustaría ser Sophia Laurent! Luego, dejo de fingir y me alegro de ser yo…
—Es suficiente Sophia, ya no puedes continuar diciendo todo eso que dices, aquí nos reímos porque ya te conocemos, pero entiende que es ofensivo…
—¿Ofensivo? ¿Acaso he ofendido a alguien aquí?
Todos levantaron la mano, incluso la profesora Leblanc y la misma Erica Julianni. Hasta el loro que teníamos de mascota levantó el ala y graznó un sonido acusatorio.
—¡Cierra el pico pajarraco mugroso! —le lancé un zapato— pues sueñan si creen que voy a pedirles alguna especie de disculpa. A ver algún esclavo que me traiga mi zapato y me desprenderé los botones de la camisa para que vea mi escote…
Brandon se tiró de cabeza al suelo, pasando por encima de varios chicos, en busca de mi Versace rosa. Cogió mi zapato y lo besó.
—¡Sí! Tú eres mi pasaje al paraíso —exclamó triunfante. Me agradaba en cierta medida Brandon, no tenía reparos en demostrar que tenía buen gusto por las chicas, y era obvio que ver mi escote era lo más cercano a estar en el paraíso que le sucedería jamás.
—Nadie espera una disculpa, pero no puedes seguir, al menos hasta que se vaya la comisión anti-bullying, siendo como eres.
Erica hizo pasar a una mujer al aula, estaba vestida de ejecutiva. Podría enumerar varias cosas que no combinaban en su maquillaje, peinado y vestimenta, pero voy a abstenerme por el momento.
—Para tales fines he designado a un miembro de recursos humanos para que te acompañe durante estos días y te guie en lo que no debes hacer… a partir de hoy, ella será tu sombra.
—Me presento, mi nombre es… —intentó presentarse.
—No me interesa tu nombre y te aclaro que odio que hablen cuando interrumpo —la interrumpí.
—Pues es el primer trabajo que harás: saber los nombres de las personas. Eso evita en gran medida que les pongas adjetivos calificativos… —me reclamó la mujer de recursos humanos.
—Conozco el nombre de todos aquí… —aseguré apoyando las manos sobre mis caderas en pose super chic.
—Una engreída y egoísta como tú, dudo que sepa el nombre de al menos tres de sus compañeros…
Comencé a señalarlos y a nombrarlos uno por uno.
—Prostituta gorda, negro lustra botas, zorra celulítica, golfa teñida, perdedor, fracasado, infeliz...
—Exijo que se me aumente el sueldo al doble —demandó la mujer de recursos humanos.
—Hecho —cerró el trato Julianni dándole la mano y retirándose.
Salimos al patio. Fui a la cafetería y allí estaba yo haciendo la fila. Sí, oyeron bien “haciendo la fila”, como una cualquiera, como una de estas pordioseras futuras empleadas domésticas. De pronto mis pies comenzaron a alborotarse, querían caminar hacia adelante para saltearme a los retardados que estaban al frente. Tuve que contenerlos, golpeándolos varias veces para que no me condujeran al inicio de la fila. «Estúpidos pies, ya cálmense».
—Sophia, debes hacer la fila como todos aquí… —me llamó la atención la perra de recursos humanos. «Ya me estás molestando bitch»
Me mordí los labios. Mis manos temblaban inquietas. No podía soportarlo, tuve que ver como pedían comidas de más de 500 calorías, llenas de grasas trans...
—¡Oye! ¡En esa bandeja solo hay carbohidratos! ¿Dónde están las proteínas? No me extraña que ya no te entren más vestidos… —le hice notar a la última que pasó delante de mí. No pude contenerme.
—¡Sophia! —Me regañó de nuevo.
—Esto es una tortura… —me quejé apretando los puños.
—Deja que cada una coma lo que quiera y basta de emitir opiniones sobre sus físicos, si ellas se sienten cómodas con su cuerpo, tú no puedes juzgarlas…
—Pero mira esos cuerpos, vamos, ¿Quién podría sentirse cómodo allí dentro? Si alguna se siente contenta con su físico comiendo más de 50% de carbohidratos y el otro 50% de grasas saturadas, entonces más que un nutricionista necesita un psiquiatra...
La mujer me acompañó a mi asiento. Me dispuse a comer cuando de pronto la vi...
—¡Ah no! ¡Esto sí que no puedo permitirlo! —Me dirigí furiosa— ¡Hey! Tu decoloración de cabello está vieja, ya se te ven las raíces de otro color… ¿acaso no lo notaste antes de venir? Cúbrete con un sombrero o desaparece de mi vista te lo advierto, me estás quitando el apetito.
La chica se levantó y se alejó llorando.
La señora de recursos humanos tomó mi bandeja y me llevó del brazo.
—Ok pasaremos a la etapa dos: Trabajo de represión —me informó mientras caminábamos.
Me sentaron en un aula donde no había alumnos, solo dos profesores y esta mujer que se estaba volviendo mi pesadilla. Comenzaron a entrar personas al lugar. El desafío consistía en que no tenía que decir lo primero que se me viniera a la mente, sino tratar de reprimir mis impulsos.
—Concéntrate y trata de guardarte tus comentarios —me recomendó.
El experimento comenzó, hicieron pasar a la primera chica. Tenía las uñas sin pintar. Saqué de mi bolsillo un billete y lo arrojé al suelo.
—Recoge ese billete mendiga y ve a comprarte un esmalte de uñas…
—Esto nos llevará años… —se resignó la mujer de recursos humanos.
—Y ahora ¿qué? Solo le estoy dando dinero para que se compre un pintauñas… ¿cómo la caridad puede ser racista?
En seguida ingresaron dos muchachas usando la misma blusa. Sí leyeron bien, la misma blusa, de la misma marca, el mismo modelo y color…
—Ok, ok esto es un error de la naturaleza, esto es evidente que… ¿cómo están tan tranquilas? —Las increpé— ¿Acaso no sienten ganas de asesinar a la otra? Aléjense al menos… vayan cada una a una punta diferente del mundo.
Apreté mis puños con ira, llevé la palma de la mano contra mi cara y la bajé recorriéndola de a poco. Esto era inadmisible, ¿por qué debía callarme lo que pensaba? ¿Acaso no le estaba haciendo un daño al buen gusto al permitir estas cosas? Rumiaba en mis pensamientos cuando entró un sujeto vistiendo campera de jean y ¿adivinen qué? Sí, lo que imaginaron: ¡¡PANTALONES DE JEAN!!
—¡¡Por todos los cielos!! —Exclamé— esto no es real… ¿tú vienes de un casting para la nueva película de X-Men no es cierto?… Solo un mutante combinaría jean con jean, dime que no es verdad —lo tomé de los bordes de la campera sacudiéndolo— ¡dime que te obligaron a vestirte así!
—¡Suéltalo! —Me ordenó la mujer. Traté de serenarme y lo solté.
—No, —respondió el chico— me gustan las camperas de jean y los pantalones de jean… me parece una buena combinación.
Me lancé sobre él.
—¡Maldito mutante infeliz! ¡No acabarás con mi planeta!
La de recursos humanos y los profesores me sujetaron impidiendo que llegara a tocarlo.
—¡Sophia contrólate! —Me gritó la mujer.
—Debemos detenerlos… vienen a acabar con la raza humana… —grité estirando los brazos para intentar alcanzarlo— déjenme poner las manos en el cuello de ese mutante…
*
Fuimos nuevamente a la oficina de dirección. Erica resopló cuando nos vio entrar.
—Señora directora, esta chica es imposible… me llevará mucho tiempo para que aprenda a comportarse —dijo la señora que me llevaba para todos lados como si fuese su mascota.
—Es tu tarea encargarte de ella… tienes tiempo hasta que la comisión aparezca…
Los dos agentes se presentaron en ese preciso momento. Vestían trajes de negro y anteojos ahumados.
—Directora Julianni, soy el agente Mulderio y ella es mi compañera la agente Scullapio.
Comencé a reírme.
—Son la versión mexicana de los agentes Mulder y Scully de X-Files… vaya broma, estos latinos siempre son un fiasco…
—Señorita, según la Comisión Anti-Bullying, discriminar a una minoría racial es infringir la ley…
—Y según la comisión de “vete al demonio” no estoy infringiendo nada…
La directora Julianni se tapó la cara con la palma de la mano. «Adiós próximo torneo de fútbol» —pensó.
Salí de esa oficina de locos cuando fui interceptada por Jessica en el patio, pero les contaré luego de lo que hablamos.
*
Tenía que pasar a ver al niño muerto, hacía varios días que no lo veía. Conduje hasta su casa a la salida de la escuela con el riesgo que implicaba para mi prestigio adentrarme en ese barrio carenciado. Llamé a su puerta y me quedé contándole un buen rato todo lo que había sucedido durante el día en la escuela.
—¿Te sucede algo Sophia? —Me interrogó Louis. Ya había abandonado la silla de ruedas patética esa que hacía juego con su patética vida.
—Nada ¿Por qué lo preguntas?
—Te noto más animada que lo habitual, como si quisieras demostrar que nada sucede… y cuando tú quieres mostrar demasiado que nada sucede es porque algo sucede.
—Me voy a mi casa, mi padre me espera.
—Ok, como gustes… pero sabes que puedes contar conmigo…
Llegué a mi casa. La secretaria de mi padre era mi nueva tutora. Él mismo la había designado para que me cuidase en caso de que algo le llegara a pasar.
—Buenas tardes Sophia. Hoy llamaron de la escuela, ya no lo podemos postergar más, debo dar notificación de que tu padre ha muerto y de que yo soy tu nueva tutora.
—¡Por favor no lo hagas! No quiero que esos perdedores se enteren…
—Lo siento mi niña… pero debo hacerlo… ya les pedí confidencialidad al personal, sabes que muchos de ellos son padres de algunos de los alumnos de esa escuela, si alguien se llega a burlar de ti, lo mataré yo misma… es lo que tu padre hubiera hecho. Tú eras todo para él, nunca hubiese permitido que alguien se riera de ti.
—Lo sé… él también era todo para mí.

2

No necesito la compasión de nadie

Liam apareció en mi puerta. Tenía el rostro entumecido y los ojos vidriados y enrojecidos. Ok, les informo que con la muerte de un ser querido no viene un cupón de compasión hacia los idiotas, si pretendía que llorásemos abrazados, este muchacho no entendió nada aún.
—No acostumbramos a contratar personal de limpieza aquí —dije al abrir la puerta y verlo.
—Nuestros padres han muerto, hemos quedado solos —expresó con voz lastimosa.