Quindt, Nicolás Alejandro
La más odiada 3 / Nicolás Alejandro Quindt ; ilustrado por Nicolás Alejandro Quindt. - 1a ed . – Buenos Aires : Nicolás Alejandro Quindt, 2018.
Libro digital,
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-42-7010-8
1. Novelas Románticas. 2. Literatura Infantil y Juvenil. I. Quindt, Nicolás Alejandro, ilus. II. Título.
CDD A860.9283
© Nico Quindt2018
Queda hecho el depósito legal establecido por la ley 11.723.
Nico Quindt
La más odiada 3
1
V.I.P.
Déjame decirte algo estúpida perra, sí a ti que estás leyendo… oh ¿te vas a ofender? Pues ya sabrás de sobra lo poco que me importa. Primero, me sorprende que sepas leer… si eres de las que me odian, seguramente eres una perdedora, y si eres de las que me aman, seguramente también eres una perdedora, pero al menos tienes buen gusto. Si combinas jean con jean, vete ya de mi novela y trata de lanzarte a un pozo así nadie tiene que verte por la calle. Si eres un chico, bueno creo que eres un perdedor, y un poco gay leyendo novelas para chicas, pero no tan infeliz como el resto de los chicos.
Llegamos a mi tercera temporada. Nunca creí que iba a soportarlas tanto, la verdad es que son fastidiosas, leyendo como idiotas todo lo que cuento, comentando como fracasadas en mis redes sociales acerca de lo perfecta que soy, como si yo no lo supiera…
Ok, preparen sus ojos para recibir el regalo de contemplar mi belleza y de vivir mis aventuras super geniales que solo yo puedo vivirlas de la manera fantástica que las vivo… y aquí vamos:
No salí de mi cuarto en todo el maldito día. Mi secretaria golpeaba la puerta de tanto en tanto para ver si yo estaba bien. Estaba recostada leyendo una revista de modas.
—Sophia ¿estás bien?
Me puse de pie y me dirigí frente al espejo.
—¿Qué pregunta es esa? —Balbuceé— estoy más que bien, estoy esplendida.
—Tienes que salir, es tu cumpleaños, no puedes pasarlo encerrada en esa habitación, al menos salgamos a comer algo —dijo mi secretaria del otro lado de la puerta de mi habitación.
—Sí, ya sé que es mi cumpleaños e iba a festejarlo en “mi” empresa, humillando y mandando a “mis” esclavos y ahora estoy aquí como una loser total… nunca me había sentido tan… tan como el resto de las chicas a las que les suceden cosas de fracasadas. Y todo por el estúpido de mi padre y la zorra de Maddison que tuvieron que conducir con imprudencia y morirse, y dejarme sola a enfrentar a estos buitres…
—Saldrás de esto Sophia…
—No lo sé, mi escritor me odia, y todo porque le dije que era un idiota, seguro va a hacerme sufrir los 11 capítulos de esta temporada pulgosa, para que estas lectoras infelices que no tienen nada mejor que hacer con su vida se entretengan.
—Ya, mi niña… abre la puerta, hay alguien que quiere verte.
—Sophia —oí la voz estridente— te pregunté si habías hecho algo que estuviera fuera de la ley, el directorio iba a hurgar hasta debajo de tu cama para encontrar la manera de sacarte del camino, y en lugar de decirme la verdad… —gritó la psicóloga.
—Tranquila señora fracaso…
—¿Cómo puedes estar tan tranquila?
—Porque soy la protagonista de este libro, no va a dejar que nada malo me suceda mi escritorcito hermoso, genio de mi vida, lo amo… ahora dígame ¿qué puedo hacer para frenar esto? —Pregunté.
@NicoQuindt: Eso me sonó a manipulación…
@SophiaLaurent: Noooo, es un halago sincero y super duper verdadero… ¡¡eres el mejor!!
@NicoQuindt: awww entonces sí…
@SophiaLaurent: “Idiota” … ups ¿eso lo dije o lo pensé?
—Aguarda, voy a llamar a tu abogado —la psicóloga buscó en sus contactos y marcó el número de mi abogado super caro y exclusivo.
—Ok, espero.
Mientras yo esperaba recostada en mi cama esculpiendo mis uñas, la psicóloga habló un rato con el abogado.
—Necesitarás una confesión por escrito del profesor que te dio la termita, pero eso implica que lo despidan de su trabajo y que nunca más pueda ejercer como docente —aclaró la voz del abogado desde el teléfono.
—¡No escucho nada! —Grité.
—¡Que tienes que conseguir una confesión escrita del profesor que te dio la termita!
—¡Bueno, no me grites perra! —Le advertí— pues voy a conseguir esa confesión y luego los voy a despedir uno por uno, no saben lo que les espera… y quiero que sepan lo que les espera, así que escríbeles un texto avisándoles lo que les espera, así comienzan a temerme desde ahora.
El plan estaba en marcha…
Paso número uno: conseguir la confesión del profesor demente.
Paso número dos: descubrir las debilidades de cada uno de los miembros del directorio.
Paso tres: destruirlos.
Aun no les he mencionado quienes son los tres idiotas del directorio de mi empresa, bueno les cuento:
Kate Strovatelli
Perfil: 2,4 kilos de más, abdomen de embarazada, piernas fláccidas.
Debilidad: ser una estúpida.
Wilson Fiore
Perfil: nariz deformada, rostro de imbécil, cabellos del 2009.
Debilidad ser un idiota.
Ben Carbonell
Perfil: director al que debo aniquilar, cara de payaso.
Debilidad ser un completo infeliz
Miré la lista de debilidades y no me convencía para nada, creo que debía seguir investigando.
*
El profesor Philips escribía mientras yo hablaba. Le estaba pidiendo una confesión.
—Profesor Philips yo sé que es mucho lo que tengo que pedirle porque seguramente va a perder su trabajado en esta escuela, pero necesito que declare que usted me dio la termita y que me aseguró que no era nociva para la piel de las infelices, que me engañó y me dijo que la sustancia era antiadherente a pieles resecas pertenecientes a chicas de mal gusto para elegir zapatos, de esta manera usted quedaría como el único culpable e irresponsable y yo como una pobre niña que solo ha querido jugarles una broma inocente a sus adoradas amiguitas… a cambio puedo ofrecerle trabajar en mi empresa una vez que la recupere.
—Aquí tienes mi confesión, odio trabajar en esta escuela de perdedores, me voy a trabajar contigo —me extendió la mano con la hoja de papel.
—¡Usted es el mejor profesor del mundo!
—Como siempre digo: si no eres parte de la solución, eres parte del precipitado... ja, ja, ja… —rio a carcajadas.
—Aaaaahhhh ja, ja, ja, ja… —no entendí el chiste.
«Dios, debía aprender de química para entender los chistes de este loco de remate».
—Lo que usted diga profesor completamente lunático…
—Solo tengo algunas preguntas —me advirtió.
—Pregunte, señor demente —dije.
—Si trabajo contigo ¿Podré hacer explotar cosas?
—Por supuesto que sí. Para eso lo contrato para que haga explotar varias cosas que me molestan…
—Y en el caso que hubiera una fuga radiactiva de esas que los gobiernos, FBI, EPA y demás condenan ¿tendría un túnel secreto para escapar y un pasaporte falso para huir a otro país de Latinoamérica donde para entrar no sean muy exigentes con la documentación? Argentina, por ejemplo —Interrogó. Ya estaba pidiendo demasiado.
—Mientras usted pueda soportar vivir en Latinoamérica rodeado de gente pobre, es su problema lo que haga con la radio-activa-no-sé-cuanto, pero le aclaro que Argentina es el país más fracaso que existe, imagínese que el escritor de esta novela vive allí… —seguro me metería en problemas por esto, pero ahora necesitaba esa carta como sea.
Salí con una sonrisa de triunfo en mi rostro. Con la emoción de haber conseguido lo que necesitaba, no había notado que en mi teléfono tenía algunos mensajes de Louis y una llamada perdida de Gwen. Seguramente querían saludarme por mi cumpleaños, pero había cosas más importantes en mi vida como para ocuparme de la felicidad que debían sentir por ser testigos de un año más de mi presencia resplandeciente en este mundo.
Me presenté ante la corte con la confesión firmada por el profesor. La jueza extendió un escrito donde se los obligaba a los miembros del directorio a asumir mi presidencia de la empresa.
—Señorita Laurent voy a permitirle asumir la dirección de la empresa, pero aun continuará bajo la supervisión de su tutora —dictaminó la jueza. «Maldita perra, no quería más supervisión de nadie, necesitaba absoluta libertad de acción para llevar a cabo toda mi maldad».
—Señorita Laurent ¿por qué hace ese gesto frotando sus manos queriendo absoluta libertad para llevar a cabo toda su maldad? —Me descubrió.
—Lo siento señoría… hasta luego idiota —me despedí como la mejor.
—Acaba de decirlo, para que sea un pensamiento debe usar estos signos «»
Era muy molesta y eso me molestaba.
*
—Ustedes dos —les dije a los guardias que me habían sacado— están despedidos.
Los dos se retiraron cabizbajos.
—Esperen, están contratados de nuevo.
Regresaron alegres.
Mi primer día como directora de la empresa iba a marcar una diferencia con estos fracasados. Me presenté con el odio corriéndome por las venas, sabían que no dejaría las cosas como estaban y vi a más de uno algo inquieto, mejor que tuvieran miedo, porque no iba a olvidarme de lo que hicieron y no pararía hasta verlos fuera de mi compañía y en la ruina.
—No sé cómo manejaba mi padre esta empresa, pero he traído las nuevas disposiciones que se implementarán a partir de hoy —saqué un papel y comencé a leer:
“Los miembros del directorio que ahora pasarán a llamarse mi consejo de lacayos, me deben total y esclava obediencia, con el riesgo de recibir cincuenta azotes en la plaza pública. Y ahora para los proletarios y obreros:
De 08:00 a 12:00 trabajo esclavo, sin ir al baño, sin comer, sin hablar, sin recreos.
De 12:00 a 12:05 horario de almuerzo, tendrán arroz con barro todos los días.
De 12:05 a 13:00 sección de latigazos.
De 13:00 a 16:00 más trabajo esclavo, mirando hacia el piso y escuchando audios de auto-no-ayuda que les digan que son pobres, patéticos y que nunca lograran nada en la vida.
De 16:00 a 17:00 adoración a la Gran Reina Sophia, aquí todos tendrán la oportunidad de alabarme, y de hablar entre ustedes de lo linda y perfecta que soy.
De 17:00 a 18:00 les pondré videos de mis vacaciones en el caribe así ven lo que no pueden tener antes de la última tanda de latigazos.
18:00 últimos azotes antes de retirase a sus casas, para que sepan quién manda y lo que les espera al otro día.”
Kate, Ben y Wilson me miraban absortos. Quizás los sorprendía mi genialidad.
—Pensándolo bien no debería dejarlos ir a la casa… tenemos que construir un establo para que duerman ahí… —corregí.
—¿Esto es una broma no es cierto? —Preguntó Ben.
—La única broma aquí es que con esa cara de infeliz estés manejando mi empresa —respondí cortante.
Ben se quedó pasmado. Enojado completamente, lo vi en su rostro de no querer contestarle a una niña. No estoy diciendo que yo sea una niña, digo que él piensa que soy una niña y lo detesto por eso.