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Esta selección de Manifiestos de Emiliano Zapata contiene documentos clave para entender el ideario zapatista y muestra en ocasiones su agudeza literaria. Baste una cita para verlo: La ley no estaba más que escrita y sobre ella el capricho brutal de la turba de sátrapas de Porfirio Díaz, siendo la justicia un aparato gangrenado, dúctil, elástico, que tomaba la forma que se le daba en las manos de jueces banales y sujeto al molde morboso de los señores de horca y cuchillo. El pueblo mexicano pidió, como piden los pueblo cultos, pacíficamente, en la prensa y en la tribuna, el derrocamiento de la dictadura, pero no se le escuchó; se le contestó a balazos, a culatazos y a caballazos; y solo cuando repelió la fuerza con la fuerza, fue cuando se oyeron sus quejas, y el tirano, lo mismo que la comparsa de pulpos científicos, se vieron vencidos y contemplaron al pueblo vencedor. Los Manifiestos de Emiliano Zapata han tenido una enorme repercusión en la historia de México. De hecho, el zapatismo ha sido uno de los movimientos sociales, políticos y culturales de mayor trascendencia durante los casi 100 años transcurridos desde su surgimiento. Al frente de un pequeño grupo de seguidores, Emiliano Zapata se sumó a la rebelión nacional organizada por Francisco Ignacio Madero para derrocar al régimen de Porfirio Díaz. La rebelión zapatista arraigó profundamente en el campo morelense y de ahí se extendió a Puebla, Guerrero y partes del Estado de México, Distrito Federal y Oaxaca. Esa rebelión se convirtió en el movimiento social y político más radical dentro de la Revolución Mexicana. A continuación enumeramos los textos aquí compilados: - Al pueblo de Morelos - Plan de Ayala - Manifiesto a la nación - Acta de ratificación del Plan de Ayala - Al pueblo mexicano - Manifiesto al pueblo - A los revolucionarios de la República - Al pueblo - A los obreros de la República ¡Salud! - Manifiesto al pueblo mexicano - Llamamiento patriótico a todos los pueblos engañados por el llamado gobierno de Carranza - Plan de San Luis - Tratados de Ciudad Juárez
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Seitenzahl: 100
Veröffentlichungsjahr: 2010
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Emiliano Zapata
Manifiestos
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Título original: Manifiestos.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de la colección: Michel Mallard.
ISBN rústica ilustrada: 978-84-9816-926-3.
ISBN tapa dura: 978-84-1126-671-0.
ISBN ebook: 978-84-9953-327-8.
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Créditos 4
Brevísima presentación 9
La vida 9
Manifiestos 11
Al pueblo de Morelos 13
Plan de Ayala 17
Manifiesto a la nación 25
Acta de ratificación del Plan de Ayala 35
Al pueblo mexicano 41
Manifiesto al pueblo 49
A los revolucionarios de la República 55
Al pueblo 61
A los obreros de la República ¡Salud! 67
Manifiesto al pueblo mexicano 71
Llamamiento patriótico a todos los pueblos engañados por el llamado gobierno de Carranza 77
Plan de San Luis 83
Plan 88
Transitorios 92
Tratados de Ciudad Juárez 97
Libros a la carta 101
Emiliano Zapata Salazar (1879-1919). México.
Fue uno de los líderes principales de la Revolución Mexicana. Nació en San Miguel Anenecuilco, distrito de Ayala, en el estado de Morelos el 8 de agosto de 1879.
En septiembre de 1909 fue electo presidente de la junta de defensa de las tierras de Anenecuilco. Y en mayo de 1910 recuperó por la fuerza las tierras de Villa de Ayala, que eran protegidas por el el jefe de la policía y las entregó a los campesinos de la zona. Algunos meses después participó en la reunión que se celebró allí para discutir el Plan de San Luis.
A finales de 1910 un enviado suyo fue a Estados Unidos para entrevistarse con Francisco I. Madero. Tras este encuentro Zapata decidió tomar las armas el 10 de marzo de 1911, proclamando el Plan de San Luis. Por entonces combatió en Chinameca, Jojutla, Jonacatepec, Tlayecac y Tlaquiltenango.
En 1911 Zapata se convirtió en el líder revolucionario del sur. Reivindicaba una reforma agraria radical. Con el asesinato de Francisco I. Madero y el ascenso en el poder de Victoriano Huerta, la lucha armada se recrudeció y Zapata introdujo importantes reformas en Morelos.
En 1914 la Convención de Aguascalientes adoptó el Plan de Ayala y eligió como presidente provisional a Eulalio Gutiérrez. Los grupos dirigidos por Francisco Villa y Zapata aceptaron los resultados de la Convención, no el encabezado por el general Carranza, lo que provocó la continuación de la guerra civil.
En 1919 Jesús Guajardo le hizo creer a Zapata que estaba descontento con Carranza y que estaría dispuesto a unirse a él. Zapata le pidió pruebas y Guajardo se las dio. Acordaron reunirse en la Hacienda de Chinameca, Morelos, el 10 de abril, Zapata fue asesinado en una encerrona.
Desde que os invité en la Villa de Ayala a verificar el movimiento revolucionario contra el déspota Porfirio Díaz, tuve el honor de que os hubierais aprestado a la lucha militando bajo mis órdenes, con la satisfacción de ir a la reconquista de vuestros derechos y libertades usurpadas. Juntos compartimos los azares de la guerra, la desolación de nuestros hogares, el derramamiento de sangre de nuestros hermanos, y los toques marciales de los clarines de la victoria. Mi ejército fue formado por vosotros, conciudadanos, nimbados por la aureola brillante del honor sin mancha; sus proezas las visteis desde Puebla hasta este jirón de tierra bautizada con el nombre de Morelos, donde no hubo más heroicidad que la de vosotros, soldados, contra los defensores del tirano más soberbio que ha registrado en sus páginas la historia de México y aunque nuestros enemigos intentan mancillar las legítimas glorias que hemos realizado en bien de la patria, el reguero de pueblos que ha presenciado nuestros esfuerzos contestará con voces de clarín anatematizando a la legión de traidores científicos que aún en las pavorosas sombras de su derrota, forjan nuevas cadenas para el pueblo o intentan aplastar la reivindicación de esclavos, de parias, de autómatas, de lacayos. La opresión ignominiosa de más de treinta años ejercitados por el revolucionario ambicioso de Tuxtepec; nuestras libertades atadas al carro de la tiranía más escandalosa, solo comparable a la de Rusia, a la de África Ecuatorial; nuestra soberanía de hombres libres no era otra cosa que la más sangrienta de las burlas. La ley no estaba más que escrita y sobre ella el capricho brutal de la turba de sátrapas de Porfirio Díaz, siendo la justicia un aparato gangrenado, dúctil, elástico, que tomaba la forma que se le daba en las manos de jueces banales y sujeto al molde morboso de los señores de horca y cuchillo. El pueblo mexicano pidió, como piden los pueblo cultos, pacíficamente, en la prensa y en la tribuna, el derrocamiento de la dictadura, pero no se le escuchó; se le contestó a balazos, a culatazos y a caballazos; y solo cuando repelió la fuerza con la fuerza, fue cuando se oyeron sus quejas, y el tirano, lo mismo que la comparsa de pulpos científicos, se vieron vencidos y contemplaron al pueblo vencedor.
La revolución que acaba de triunfar, iniciada en Chihuahua por el invicto caudillo de la democracia C. Francisco I. Madero, que nosotros apoyamos con las armas en la mano lo mismo que el país entero, ha tenido por lema Sufragio efectivo. No reelección, ha tratado de imponer la justicia basada en la ley, procurando el restablecimiento de nuestros derechos y libertades conculcadas por nuestros opresores del círculo porfiriano, que en su acalorada fantasía aún conspiran por sus antiguos privilegios, por sus comedias y escamoteos electorales, por sus violaciones flagrantes de la ley. En los momentos de llevarse a cabo las elecciones para diputados a la legislatura del Estado, los enemigos de nuestras libertades, intrigando de una manera oprobiosa, me calumniaron a mí y al Ejército Libertador que representa nuestra causa, al grado de haberse mandado tropas federales a licenciarnos por la fuerza, porque los señores científicos así lo pidieron, para desarmarnos o exterminarnos en caso necesario, a fin de lograr los fines que persiguen en contra de nuestras libertades e instituciones democráticas.
Un conflicto sangriento estuvo a punto de realizarse: nosotros, yo y mi ejército, pedimos el retiro de las fuerzas federales, por ser una amenaza para la paz pública y para nuestra soberanía, e hicimos una petición justa al Supremo Gobierno y al señor Madero que la prensa recta y juiciosa de la capital de la República, comentó con su pluma en sabios conceptos en nuestro favor. Los científicos, como canes rabiosos, profirieron contra nosotros, vomitando injurias y calumnias, calificándonos de bandidos, de rebeldes al Supremo Gobierno, cosa que ha sido desmentida por la opinión pública y por nuestra actitud pacífica y leal al Supremo Gobierno y al señor Madero. Los enemigos de la patria y de las libertades de los pueblos, siempre han llamado bandidos a los que se sacrifican por las causas nobles. Así llamaron bandidos a Hidalgo, a Álvarez, a Juárez, y al mismo Madero, que es la encarnación sublime de la democracia y de las libertades del pueblo mexicano, y que ha sido el derrochador más formidable de la tiranía, que la patria saluda con himnos de gloria. El Jefe de la Revolución, don Francisco I. Madero vino a Cuautla y entre delegados de pueblos y jefes de mi ejército se convino, en bien de los principios que hemos defendido y de la paz de nuestro Estado, en lo siguiente:
1.º Licenciamiento de Ejército Libertador.
2.º Que a la vez que se licenciaba al Ejército Libertador, se retirarían las fuerzas federales del Estado;
3.º Que la seguridad pública del Estado quedaría a cargo de fuerzas insurgentes de los Estados de Veracruz e Hidalgo;
4.º Que el gobernador provisional de nuestro Estado sería el ingeniero Eduardo Hay;
5.º Que el Jefe de las armas sería el Teniente Coronel Raúl Madero;
6.º Que el sufragio de las próximas elecciones sería efectivo, sin amenazas y sin presión de bayonetas, y;
7.º Que los jefes del Ejército Libertador tendrían toda clase de garantías para ponerse a cubierto de calumnias.
Estas fueron las promesas y convenios establecidos entre nosotros y el Jefe de la Revolución don Francisco I. Madero, quien expresó estar autorizado por el Supremo Gobierno para llevar a la vía de la realidad lo antes convenido. Si desgraciadamente no se cumple lo pactado, vosotros juzgaréis; nosotros tenemos la fe en nuestra causa y confianza en el señor Madero; nuestra lealtad con él, con la patria y con el Supremo Gobierno ha sido inmensa, pues mis mayores deseos, lo mismo que los de mi ejército, son y han sido todo por el pueblo de Morelos, teniendo por base la justicia y la ley.
Villa de Ayala, agosto 27 de 1911
Plan libertador de los hijos del Estado de Morelos, afiliados al Ejército Insurgente que defiende el cumplimiento del Plan de San Luis Potosí, con las reformas que ha creído conveniente aumentar en beneficio de la patria mexicana.
Los que suscribimos, constituidos en Junta revolucionaria, para sostener y llevar a cabo las promesas que hizo la revolución del 20 de noviembre de 1910, próximo pasado, declaramos solemnemente ante la faz del mundo civilizado que nos juzga y ante la nación a que pertenecemos y amamos, los propósitos que hemos formulado para acabar con la tiranía que nos oprime y redimir a la patria de las dictaduras que se nos imponen, las cuales quedan determinadas en el siguiente plan:
1.º Teniendo en consideración que el pueblo mexicano acaudillado por don Francisco I. Madero fue a derramar su sangre para reconquistar sus libertades y reivindicar sus derechos conculcados, y no para que un hombre se adueñara del poder, violando los sagrados principios que juró defender bajo el lema de Sufragio efectivo. No reelección, ultrajando así la fe, la causa, la justicia y las libertades del pueblo; teniendo en consideración que ese hombre a que nos referimos es don Francisco I. Madero, el mismo que inició la precipitada revolución, el cual impuso por norma su voluntad e influencia al gobierno provisional del ex-presidente de la República, licenciado don Francisco León de la Barra, por haberlo aclamado el pueblo su libertador, causando con este hecho reiterados derramamientos de sangre y multiplicadas desgracias a la patria de una manera solapada y ridícula, no teniendo otras miras que el satisfacer sus ambiciones personales, sus desmedidos instintos de tirano y su profundo desacato al cumplimiento de las leyes preexistentes, emanadas del inmortal Código de 57, escrito con la sangre de los revolucionarios de Ayutla.
Teniendo en consideración que el llamado Jefe de la Revolución Libertadora de México, don Francisco I. Madero, no llevó a feliz término la revolución que tan gloriosamente inició con el apoyo de Dios y del pueblo, puesto que dejó en pie la mayoría de los poderes gubernativos y elementos corruptos de opresión del gobierno dictatorial de Porfirio Díaz que no son ni pueden ser en manera alguna la legítima representación de la Soberanía nacional, y que, por ser acérrimos adversarios nuestros y de los principios que hasta hoy defendemos, están provocando el malestar del país y abriendo nuevas heridas al seno de la patria para darle a beber su propia sangre.
Teniendo en consideración que el supradicho señor Francisco I. Madero, actual presidente de la República, trata de eludir el cumplimiento de las promesas que hizo a la nación en el Plan de San Luis Potosí, ciñendo las precipitadas promesas a los Convenios de Ciudad Juárez, ya nulificando, encarcelando, persiguiendo o matando a los elementos revolucionarios que le ayudaron a que ocupara el alto puesto de presidente de la República por medio de sus falsas promesas y numerosas intrigas a la nación.
Teniendo en consideración que el tantas veces repetido don Francisco I. Madero ha tratado de acallar con la fuerza bruta de las bayonetas y de ahogar en sangre a los pueblos que le piden, solicitan o exigen el cumplimiento de sus promesas a la revolución, llamándoles bandidos y rebeldes, condenándolos a una guerra de exterminio sin concederles ni otorgarles ninguna de las garantías que prescriben la razón, la justicia y la ley.
