Mente, carácter y personalidad - Elena G. de White - E-Book

Mente, carácter y personalidad E-Book

Elena G. De White

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Beschreibung

Ser semejantes a Jesús en carácter es el ideal de Dios para su pueblo. Desde el principio fue el plan del Señor que los miembros de la familia humana, creados a su imagen, desarrollaran caracteres semejantes al suyo. Pero, ante la caída de nuestros primeros padres, tal propósito sufrió un giro que requirió la puesta en práctica de los medios previstos para desarrollar el plan original. Que las instrucciones y los consejos preciosos que llenan las páginas de este libro nos ayuden a ampliar nuestra experiencia cristiana, fortalezcan nuestra esperanza en la victoria final del bien sobre el mal y cumplan con el cometido original: una raza de seres humanos que disfruten de gozo y paz desde ahora y lleven la imagen divina por la eternidad.

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Seitenzahl: 657

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Mente, carácter y personalidad

Tomo 2

Elena G. de White

Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.

Índice de contenido
Tapa
Prefacio
Abreviaturas
SECCIÓN IX: INTERRELACIÓN DEL CUERPO Y LA MENTE
39 - Es necesaria la acción armoniosa de toda la personalidad
40 - El cuerpo afecta la mente
41 - El régimen alimentario y la mente
42 - La mente y la salud
43 - La mente y la salud espiritual
SECCIÓN X: LA SALUD MENTAL
44 - Leyes que gobiernan la mente
45 - La individualidad
46 - Las relaciones humanas
47 - La higiene mental
SECCIÓN XI: LOS PROBLEMAS EMOCIONALES
48 - La culpa
49 - El pesar
50 - La preocupación y la ansiedad
51 - El temor
52 - La depresión
53 - Controversia: positiva y negativa
54 - El exceso de estudio
55 - El dolor
56 - La ira
57 - El odio y la venganza
58 - La fe
SECCIÓN XII: LA TRANSFORMACIÓN DEL TEMPERAMENTO
59 - La formación del carácter
60 - Conflicto y conformidad
61 - Función vital de las leyes de Dios
62 - La comunicación
SECCIÓN XIII: LA PERSONALIDAD
63 - La imaginación
64 - Los hábitos
65 - La indolencia
66 - Necesidades emocionales
67 - La disposición
68 - Las relaciones sociales
69 - El rechazo
70 - La crítica
71 - La felicidad
SECCIÓN XIV: LOS PENSAMIENTOS Y SU INFLUENCIA
72 - Los pensamientos habituales
73 - El modo correcto de pensar
74 - Las dudas
75 - Imaginación y enfermedad
76 - La voluntad y la decisión
SECCIÓN XV: FALSOS SISTEMAS DE CURACIÓN
77 - La pseudociencia
78 - Control de una mente sobre otra
79 - El hipnotismo y sus peligros
80 - La ciencia satánica de la exaltación propia
SECCIÓN XVI: PRINCIPIOS TERAPÉUTICOS Y SU APLICACIÓN
81 - Una terapia mental segura
82 - En armonía con la ciencia
83 - Problemas geriátricos
SECCIÓN XVII: PSICOLOGÍA PRÁCTICA
84 - Cómo tratar con las emociones
85 - Cómo aconsejar
86 - Compartiendo confidencias
87 - Psicología y teología
88 - Influencias negativas sobre la mente
89 - Influencias positivas sobre la mente
Apéndice A
Apéndice B

Mente, carácter y personalidad (T.2)

Elena G. de White

Título del original: Mind, Character, and Personality, Southern Publishing Association, Nashville, Tenn., E.U.A.,1977.

Dirección: Aldo D. Orrego

Traducción: Gastón Clouzet

Diseño de tapa: Carlos Schefer

Diseño del interior: Marcelo Benítez

Ilustración de tapa: Shutterstock

Libro de edición argentina

IMPRESO EN LA ARGENTINA - Printed in Argentina

Primera edición, e - Book

MMXX

Es propiedad. © 1977 Review and Herald Publ. Assn. © ACES 1989, 2020.

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.

ISBN: 978-987-701-546-1 (Obra completa)

ISBN: 978-987-798-203-9 (T. 2)

White, Elena G. de

Mente, carácter y personalidad / Elena G. de White / Dirigido por Aldo Dante Orrego. - 1ª ed. - Florida: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2020.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: Online

Traducción de: Gastón Clouzet.

ISBN 978-987-798-203-9

1. Psicología. 2. Religiones . I. Orrego, Aldo Dante, dir. II. Clouzet, Gastón , trad. III. Título.

CDD 261.515

Publicado el 15 de junio de 2020 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).

Tel. (54-11) 5544-4848 (Opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)

E-mail: [email protected]

Web site: editorialaces.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.

Prefacio

Durante la vida de Elena de White (1827-1915) la psicología, ciencia que trata acerca de la mente y de sus capacidades y funciones, estaba en su infancia. Sin embargo, surge a través de todos sus escritos una filosofía peculiar en la cual se presentan claramente las pautas que tienen que ver con esta ciencia y la salud mental.

El propósito de esta compilación es reunir, para la comodidad de los estudiosos, las declaraciones de Elena de White sobre este tema amplio, importante y a veces controvertido. Los adventistas y otras personas que tienen la convicción de que Elena de White escribió bajo la influencia del Espíritu de Dios, consideran muy valiosa esta orientación en un campo tan vital para la humanidad en momentos en que las corrientes de pensamiento sobre la psicología son tan variadas y cambiantes.

Ya se ha demostrado la solidez de los puntos de vista de la autora en las áreas de la fisiología, la nutrición, la educación, como también en otros temas. No hay dudas de que a medida que progresen las investigaciones en psicología y salud mental, su reputación por causa de la presentación de principios psicológicos sólidos se afirmará también. Para los adventistas devotos, Mente, carácter y personalidad presentará muchas respuestas. Estamos seguros de que a medida que surja la verdad, las posiciones presentadas aquí apelarán cada vez más a los lectores reflexivos.

En estas circunstancias, la aparición ocasional de expresiones tales como “Yo vi”, “Me fue mostrado” y “Se me ha instruido” no sólo serán bien entendidas, sino también serán bienvenidas por la seguridad que nos dan de que los conceptos presentados tienen su origen en aquel que formó la mente humana.

Al reunir estos párrafos en las oficinas del Patrimonio White no ha habido un intento de seleccionar pasajes que apoyaran puntos de vista o conceptos de las diversas autoridades en el terreno de la educación y de la psicología. No intervinieron los prejuicios o preconceptos de los compiladores. Más bien, se hizo el esfuerzo de permitir que Elena de White presente libremente sus conceptos. Esto se logró recurriendo al amplio depósito de sus publicaciones, escritas a lo largo de seis décadas y que se encuentran en libros corrientes o ya agotados, en folletos, en miles de artículos, y en los voluminosos archivos de manuscritos y correspondencia depositados en la bóveda del Patrimonio White.

Una gran proporción de Mente, carácter y personalidad presenta principios guiadores generales. Entre ellos, y dispersos a lo largo del libro, hay materiales que plantean advertencias y consejos prácticos en el marco de las relaciones del maestro con sus alumnos, del pastor con sus feligreses, del médico con sus pacientes, o de los padres con sus hijos.

Los consejos que en veintenas de casos fueron dirigidos a ejecutivos, pastores, médicos, maestros, redactores, esposos, esposas o jóvenes, pueden, en su revelación de las circunstancias y el consejo dados, ser similares a estudios de casos. Siempre se debería dirigir la atención a los principios involucrados en ese incidente o historia.

Evidentemente, Elena de White no escribió como psicóloga. No emplea la terminología corriente en la psicología actual. En realidad, el lector tendrá que comprender el uso que hace de términos como “psicología”, “frenología”, etc. El lector experto, sin embargo, quedará profundamente impresionado con su percepción inusual de los principios básicos de la psicología que manifiestan sus escritos. Las declaraciones de Elena de White sobre los diversos aspectos de la mente, su papel vital en la experiencia humana, su potencial y los factores que conducen a su óptimo funcionamiento reunidos en una secuencia lógica proveen una valiosa adición a sus libros póstumos. Nos ayudan a comprender qué es el hombre y a entender su relación con su ambiente terrenal, con Dios y con el universo.

Hace diez años, cuando se comenzó a hacer esta compilación, se pensó que interesaría más a los que estudian específicamente en el campo de la salud mental. De allí que se hicieran los arreglos necesarios para poner estas declaraciones a disposición de tales personas interesadas. El investigador debiera comprender que, aunque se procuró reducir las redundancias tanto como fue posible, algunas declaraciones clave se repiten en diferentes capítulos porque el estudioso puede esperar encontrarlas bajo diferentes encabezamientos apropiados. Resulta claro ahora que esta compilación es de interés vital para todos los adventistas y también para sus amigos, puesto que todos estamos involucrados en la batalla por el dominio de la mente.

El trabajo de los compiladores se ha limitado a seleccionar los textos, ubicándolos en una secuencia lógica y agregándoles los títulos, incluso los títulos de los párrafos individuales. Se hizo un esfuerzo por incluir todas las declaraciones esenciales sobre los temas presentados, escritos a lo largo de los años de servicio activo de Elena de White, aprovechando así la ventaja de enfocar los temas desde diversos ángulos y suministrando la mayor cobertura posible. Al hacerlo así hay repeticiones del pensamiento general que el lector desprevenido puede encontrar molestas. El investigador cuidadoso, sin embargo, aceptará con gusto cada frase que haga una contribución al tema que está estudiando. De este modo, Mente, carácter y personalidad es un tanto enciclopédico.

Cada cita indica la fuente específica de donde ha sido obtenida, lo que permite que el lector, en muchos casos, pueda ubicar el contexto original completo si lo desea. A fin de ahorrar espacio se utilizan las abreviaturas comúnmente aceptadas de los escritos de Elena de White. Hay una clave de abreviaturas al final de estas páginas introductorias. En todos los casos se indica la fecha en que se escribió la cita o la fecha de su publicación original. Las fuentes originales se indican como referencias primarias, y si están disponibles en forma de libro impreso actualmente en circulación en castellano, también se da esa referencia. Cuando se mencionan materiales incluidos en el Comentario bíblico adventista, o los tomos aún no traducidos del The Seventh-Day Adventist Bible Commentary, se refiere a la sección final de cada tomo donde aparecen los “Comentarios de Elena de White”.

La limitación de espacio ha impedido la inclusión en este libro de otros temas relacionados con la mente como la “locura”, etc., para los cuales el lector deberá utilizar el Comprehensive Index to the Writings of Ellen G. White [Índice exhaustivo de los escritos de Elena de White].

Esta compilación se preparó en las oficinas del Patrimonio White bajo la supervisión de los fideicomisarios de ese patrimonio en armonía con las instrucciones del testamento de Elena de White. A diferencia de la mayoría de las otras compilaciones, ésta fue publicada en forma provisoria bajo el título de Guidelines to Mental Health [Pautas para la salud mental], para ser usado en las aulas y para que los profesores, psicólogos y psiquiatras adventistas pudieran hacer sus observaciones. El Patrimonio White deseaba que fueran tomadas en cuenta todas las declaraciones conocidas relacionadas con los temas y que fuera aceptable la disposición del material.

La respuesta favorable del uso en las salas de clase y de las personas interesadas en el tema asegura que esta obra tendrá un lugar junto a las demás publicaciones póstumas de Elena de White.

En su forma actual representa una revisión en la selección de los temas y una superación de la publicación original. Se añadió un capítulo: “El amor y la sexualidad en la experiencia humana”. Otras adiciones completaron algunos de los capítulos, y algunas eliminaciones permitieron evitar repeticiones innecesarias. La paginación es continua en los dos tomos, y los índices de temas y de referencias bíblicas para ambos están al final del segundo tomo.

Es la esperanza de los fideicomisarios del Patrimonio White que el cuadro claramente presentado del gran conflicto entre las fuerzas del bien y del mal por el control de la mente humana pueda advertir e iluminar a todos los lectores, y les provea sugerencias y pautas que los orienten con seguridad hoy y les permitan participar de la herencia en la vida futura.

Los fideicomisarios del Patrimonio White

Washington, D. C. 22 de marzo de 1977

SECCIÓN IX: INTERRELACIÓN DEL CUERPO Y LA MENTE

Capítulo 39

Es necesaria la acción armoniosa de toda la personalidad

Una misteriosa relación mutua.–Entre la mente y el cuerpo hay una relación misteriosa y maravillosa. La primera influye sobre el último y viceversa. Mantener el cuerpo en condición de buena salud para que desarrolle su fuerza, para que cada parte de la maquinaria viviente pueda obrar armoniosamente, debe ser el primer estudio de nuestra vida. Descuidar el cuerpo es descuidar la mente. No puede glorificar a Dios el hecho de que sus hijos tengan cuerpos enfermizos y mentes atrofiadas.–JT 1:6 (1875).

La armonía depende de la conformidad con leyes fijas.–La armonía de la creación depende del perfecto acuerdo de todos los seres y las cosas, animadas e inanimadas, con la ley del Creador. No sólo ha dispuesto Dios leyes para el gobierno de los seres vivientes, sino también para todas las operaciones de la naturaleza. Todo obedece a leyes fijas, que no pueden eludirse. Pero mientras que en la naturaleza todo está gobernado por leyes naturales, solamente el hombre, entre todos los moradores de la tierra, está sujeto a la ley moral.–PP 34, 35 (1890).

Un arpa de mil cuerdas.–Todos tienen no sólo el privilegio sino el sagrado deber de entender las leyes que Dios estableció en su ser... Y a medida que vayan comprendiendo mejor el cuerpo humano... tratarán de someter el suyo al dominio de las facultades nobles de la mente. Deberían considerar el cuerpo como una estructura maravillosa, formada por el Arquitecto Infinito y entregada a su cuidado, para que hagan tocar melodiosamente esa arpa de mil cuerdas.–MeM 152 (1871).

Todo forma parte de un conjunto perfecto.–Se nos representa a todos como miembros del cuerpo, unidos en Cristo. En este cuerpo hay varios miembros, y un miembro no puede desempeñar exactamente la misma función de otro...

Pero todos estos órganos son necesarios para la perfección del conjunto, y actúan en hermosa armonía unos con otros. Las manos tienen su tarea, y los pies la suya. Uno no debe decir al otro: “Tú eres inferior a mí”; las manos no deben decirles a los pies: “No los necesitamos”; sino que todos deben estar unidos al cuerpo para llevar a cabo su tarea específica y se los debería respetar por igual, puesto que trabajan para la comodidad y la utilidad del conjunto perfecto.–T 4:128 (1876).

Desarrollo armonioso de las facultades mentales y morales.–El mejoramiento de la mente es un deber que tenemos que cumplir con nosotros mismos, con la sociedad y con Dios. Pero nunca deberíamos poner en práctica maneras de cultivar el intelecto a expensas de lo moral y lo espiritual. Y sólo mediante el desarrollo armonioso, tanto de la mente como de las facultades morales, se logrará la más elevada perfección de ambas.–RH, 4 de enero de 1881.

La falta de acción armoniosa produce enfermedad.–La falta de acción armoniosa en el organismo humano es lo que produce enfermedad. La imaginación puede ejercer control sobre otras partes del cuerpo para su propio perjuicio. Todas las partes del organismo, especialmente las que se encuentran alejadas del corazón, deberían recibir un buen flujo de sangre. Los miembros desempeñan un papel importante y deberían recibir atención adecuada.–SpT Serie B, N° 15, p. 18, 3 de abril de 1900 (CH 587).

Una facultad disminuida perjudica a todo el conjunto.–Si se permite que una facultad permanezca dormida, o si se la desvía de su curso normal, el propósito de Dios no se lleva a cabo. Todas las facultades deberían estar bien desarrolladas. Se debería prestar atención a cada una, porque cada una de ellas ejerce influencia sobre las demás, y todas deberían ser ejercitadas para que la mente esté debidamente equilibrada.

Si se cultivan uno o dos órganos y se los mantiene en uso constante porque la decisión de sus hijos consiste en aplicar la fortaleza de la mente en una dirección con descuido de otras facultades mentales, llegarán a la madurez con mentes desequilibradas y con caracteres desarmónicos. Serán aptos y fuertes en una dirección, pero sumamente deficientes en otras direcciones tan importantes como aquella. No serán hombres y mujeres competentes. Sus deficiencias serán evidentes y perjudicarán todo el carácter.–T 3:26 (1872).

Cuando los ministros, los maestros y los estudiantes excitan continuamente su cerebro por el estudio, y dejan el cuerpo inactivo, los nervios de la emoción se recargan mientras que los del movimiento permanecen inactivos. Al usarse solamente los órganos mentales, éstos se desgastan y debilitan, mientras que los músculos pierden su vigor por falta de actividad. No hay inclinación a ejercitar los músculos mediante el trabajo físico, porque el ejercicio parece penoso.–JT 1:421 (1875).

Cuidado con el exceso de trabajo.–Recuerden que el hombre debe preservar el talento de la inteligencia, dado por Dios, mediante la conservación de la maquinaria física en actividad armoniosa. Se necesita ejercicio físico diario para disfrutar de salud. No es el trabajo, sino el exceso de trabajo, sin períodos de descanso, lo que quebranta a la gente, y pone en peligro las fuerzas vitales. Los que trabajan en exceso pronto llegan a la situación de trabajar en forma desesperada.

La obra que se hace para el Señor debe hacerse con alegría y valor. Dios quiere que pongamos espíritu, vida y esperanza en nuestra obra. Los obreros intelectuales deberían prestar la debida atención a cada parte de la maquinaria humana, distribuyendo equitativamente la presión. El esfuerzo físico y mental, combinado con sabiduría, conservará al hombre entero en una condición tal que lo hará acepto a Dios...

Introduzcan en la tarea diaria esperanza, valor y amabilidad. No trabajen en exceso. Es mejor dejar de hacer algunas de las cosas que se habían planeado para el día de trabajo, que excederse y tensionarse, con la consiguiente pérdida del valor necesario para llevar a cabo las tareas del día siguiente. No violen hoy las leyes de la naturaleza, no sea que pierdan la fortaleza que necesitan para el día siguiente.–Carta 102, 1903.

Consejo a algunos que se entregaban a expresiones exageradas.–De acuerdo con la luz que se me ha dado, sé que se está desarrollando en ustedes una deformidad espiritual. En lugar de hacer una exposición intachable de los principios y hábitos correctos, ustedes están atesorando sentimientos y principios que excluirán de los atrios celestiales a todos los que participen del mismo espíritu. Sus mentes se están deformando como consecuencia de la manera como las tratan. Los insto a cambiar decididamente. Cuiden toda expresión exagerada, porque la exageración destruye la armonía de la mente.

El cuerpo necesita que se lo cultive cuidadosamente, para que se mantenga con buena salud. Por eso la mente necesita que se la discipline estrictamente, no sea que se desarrolle indebidamente en algunos aspectos, y en forma insuficiente en otros. Porque estos órganos delicados no están a la vista, y ustedes no pueden ver el mal que les están causando a sus facultades mentales y cuánto necesitan de regularidad, ustedes no son plenamente conscientes del daño que les están causando. Ustedes aceptan teorías sin fundamento, y obligan a sus mentes a servir a esas teorías.

La forma como ustedes están maltratando su maquinaria mental, la está desgastando. Pero ustedes no pueden ver el daño que están haciendo. Tarde o temprano sus amigos y ustedes verán las desfavorables consecuencias de sus pensamientos y actos. Sus estómagos están comenzando a dar testimonio de la actividad de sus mentes. Una mente simétrica y bien disciplinada mejoraría las funciones de la digestión.–Carta 29, 1897.

La armonía implica un esfuerzo compartido (consejo a un esposo).–No todos podemos tener la misma mente o albergar las mismas ideas; pero cada uno debe ser de beneficio y bendición para el otro, de modo que si uno carece de algo, el otro puede suplir lo que éste necesita. Usted adolece de ciertas deficiencias de carácter y de algunos prejuicios naturales, y sería provechoso que se pusiera en contacto con una mente organizada de diferente manera, a fin de equilibrar adecuadamente la suya. En lugar de manejar todo en forma exclusiva, debería consultar con su esposa y llegar a decisiones conjuntas. Usted no alienta el esfuerzo independiente de los miembros de su familia; si no se cumplen estrictamente las órdenes que usted da, con frecuencia usted los compara con delincuentes.–T 4:128 (1876).

Las inclinaciones subalternas deberían estar bajo control.–“Somos colaboradores de Dios” (1 Cor. 3:9). El hombre debe obrar su propia salvación con temor y temblor; porque es Dios quien actúa en él para que haga lo que lo complace. Dios le da al hombre facultades físicas y mentales. Ninguna de ellas es innecesaria. No se debe usar mal ni abusar de ninguna de ellas. Las inclinaciones subalternas deben mantenerse bajo el control de las facultades superiores.–Carta 139, 1898.

Salud del cuerpo y de la mente.–La vida de Daniel es una ilustración inspirada de lo que constituye un carácter santificado. Presenta una lección para todos, y especialmente para los jóvenes. El cumplimiento estricto de los requerimientos de Dios es benéfico para la salud del cuerpo y la mente.

A fin de alcanzar las más altas condiciones morales e intelectuales, es necesario buscar sabiduría y fuerza de Dios, y observar estricta temperancia en todos los hábitos de la vida. En la experiencia de Daniel y de sus compañeros tenemos un ejemplo del triunfo de los principios sobre la tentación a complacer el apetito. Nos muestra que por medio de los principios religiosos los jóvenes pueden triunfar sobre los apetitos de la carne, y permanecer leales a los requerimientos divinos, aun cuando ello les cueste un gran sacrificio.–EC 21 (1881).

La vida sana favorece la perfección del carácter.–Una vida pura y sana es sumamente favorable para la perfección del carácter cristiano y para el desarrollo de las facultades de la mente y el cuerpo.–RH, 1° de diciembre de 1896 (CH 41).

La mente, los tendones y los músculos deben trabajar armoniosamente.–Mediante el uso apropiado de nuestras facultades hasta el máximo de sus posibilidades y en el más útil de los empleos, mediante la preservación de cada órgano de manera que la mente, los tendones y los músculos trabajen armoniosamente podemos hacer el servicio más precioso en favor de Dios.–YI, 7 de abril de 1898.

La felicidad es el resultado de la acción armoniosa de todas las facultades.–Los que sirven a Dios con sinceridad y en verdad serán gente peculiar, diferente del mundo, separada del mundo. Prepararán sus alimentos, no para fomentar la glotonería ni complacer el gusto pervertido, sino con el fin de obtener para sí mismos la mayor fortaleza física, y por consiguiente las mejores condiciones mentales...

Nuestro Padre celestial nos ha concedido la gran bendición de la reforma pro salud, para que podamos glorificarlo al obedecer lo que nos ordena... La acción armoniosa y saludable de todas las facultades del cuerpo y de la mente produce felicidad; mientras más elevadas y refinadas sean las facultades, más pura y sin mezcla será la felicidad.–RH, 29 de julio de 1884 (CH 50, 51).

La influencia del regocijo.–El pueblo de Dios tiene muchas lecciones que aprender. Tendrán perfecta paz si conservan la mente fija en él, que es demasiado sabio para cometer errores y demasiado bueno para hacerles daño. Deben captar el reflejo de la sonrisa de Dios y proyectarlo sobre los demás. Deben tratar de ver cuánta luz pueden derramar sobre las vidas de los que los rodean. Deben mantenerse tan íntimamente cerca de Cristo, que puedan sentarse junto a él como si fueran sus hijitos, en dulce y sagrada unidad. Nunca deben olvidar que, porque reciben el amor de Dios, están bajo la más solemne obligación de impartirlo a los demás. De este modo podrán ejercer una influencia de regocijo que sea una bendición para todos los que estén a su alcance e ilumine su senda.–Carta 40, 1903 (MM 45).

Capítulo 40

El cuerpo afecta la mente

Íntima relación entre la mente y el cuerpo.–Hay una estrecha relación entre la mente y el cuerpo, y para alcanzar un alto nivel de dotes morales o intelectuales, debemos acatar las leyes que gobiernan nuestro físico.–PP 650 (1890).

El esfuerzo mental resulta afectado por el vigor físico.–Deberíamos tratar de preservar el pleno vigor de nuestras facultades para llevar a cabo la tarea que tenemos delante de nosotros. Todo lo que reduzca el vigor físico, debilita el esfuerzo mental. De ahí que toda costumbre que perjudique la salud del cuerpo debería ser descartada resueltamente.

Dice el gran apóstol: “Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”. No podemos conservar nuestra consagración a Dios y al mismo tiempo perjudicar nuestra salud mediante la complacencia de un hábito erróneo. La abnegación es una de las condiciones, no sólo para ser admitidos en el servicio de Cristo, sino para continuar en él. Cristo mismo declaró, con palabras que no se pueden interpretar mal, cuáles son las condiciones del discipulado: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”.

Sin embargo, cuántos que se dicen cristianos no están dispuestos a negarse a sí mismos ni aun por causa de Cristo. Cuán a menudo el amor a una complacencia perniciosa es más fuerte que el deseo de tener una mente sana en un cuerpo sano. Se dedican preciosas horas del tiempo de prueba, y se malgastan los medios dados por Dios para complacer al ojo y gratificar el apetito. La costumbre mantiene a miles esclavos de lo terreno y lo sensual. Muchos son cautivos voluntarios; no desean una parte mejor.–ST, 1° de junio de 1882.

La facultad de discriminar entre lo correcto y lo incorrecto.–Cualquier cosa que disminuya la fuerza física, debilita la mente y la vuelve menos capaz de discernir entre lo bueno y lo malo.–PVGM 281 (ed. PP); 243 (ed. ACES) (1900).

Los hábitos erróneos conducen a conceptos distorsionados.–Hermano ––––––, usted se basa en sí mismo. Ve muchas cosas bajo una luz pervertida. Sospecha de los hombres, tiene una gran desconfianza, es celoso y se imagina el mal. Cree que todo el mundo está decidido a arruinarlo. Muchas de estas tribulaciones se originan en usted mismo. Interpreta que muchas cosas se hacen con el premeditado propósito de perjudicarlo, cuando eso está muy lejos de la verdad. Se hace a sí mismo el mayor de los daños con su conducta equivocada.

Usted es su mayor enemigo. Sus malos actos desequilibran la circulación de la sangre y la envían al cerebro, y entonces usted ve todo bajo una luz perversa. Es rápido y temperamental, y no ha cultivado el dominio propio. Su voluntad y su manera de ser le parecen aceptables. Pero a menos que usted vea los defectos en su carácter y lave sus ropas y las blanquee en la sangre del Cordero, seguramente no alcanzará la vida eterna. Ama la teoría de la verdad, pero no deja que ella santifique su vida. No manifiesta en su conducta diaria los principios de la verdad que profesa.–Carta 27, 1872.

Los hábitos físicos afectan el cerebro.–El cerebro es la ciudadela del ser. Los malos hábitos físicos afectan el cerebro, e impiden que se alcance aquello que se desea: una buena disciplina mental. A menos que los jóvenes estén versados en la ciencia de cuidar del cuerpo tanto como de la mente, no tendrán éxito como alumnos. El estudio no es la causa principal del quebrantamiento de las facultades mentales. La causa principal es la alimentación impropia, las comidas irregulares, la falta de ejercicio físico y otras violaciones negligentes de las leyes de la salud. Cuando hagamos todo cuanto podamos para conservar la salud, entonces podremos pedir con fe a Dios que bendiga nuestros esfuerzos.–CM 284, 285 (ed. PP); 229 (ed. ACES) (1913).

Pedro y la relación que existe entre el cuerpo y la mente.–El apóstol Pedro entendía la relación que hay entre la mente y el cuerpo, y levantó su voz para amonestar a los hermanos: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 Ped. 2:11). Muchos consideran que este texto es una advertencia contra la licencia solamente; pero tiene un significado más amplio. Prohíbe toda gratificación perjudicial del apetito o la pasión. Todo apetito pervertido llega a ser una concupiscencia que combate contra nosotros. El apetito nos fue dado con un buen propósito, no para ser ministro de muerte al ser pervertido, y en esta forma degenerar hasta llegar a producir las “concupiscencias que batallan contra el alma”.1–CRA 197, 198 (1890).

El mal uso de las facultades físicas desequilibra el sistema nervioso.–El uso indebido de nuestras facultades físicas acorta el período de tiempo en el cual nuestras vidas pueden ser usadas para la gloria de Dios. Y ello nos incapacita para realizar la obra que Dios nos ha dado para hacer. Al permitirnos formar malos hábitos, acostándonos a horas avanzadas o complaciendo el apetito a expensas de la salud, colocamos los cimientos de nuestra debilidad. Descuidando el ejercicio físico, cansando demasiado la mente o el cuerpo, desequilibramos el sistema nervioso.

Los que así acortan su vida y se incapacitan para el servicio al no tener en cuenta las leyes naturales, son culpables de estar robando a Dios. Y están robando también a sus semejantes. La oportunidad de bendecir a otros, la misma obra para la cual Dios los envió al mundo, ha sido acortada por su propia conducta. Y se han incapacitado para hacer aun aquello que podrían haber efectuado en un tiempo mucho más breve. El Señor nos considera culpables cuando por nuestros hábitos perjudiciales privamos así al mundo del bien.–PVGM 281, 282 (ed. PP); 244 (ed. ACES) (1900).

La ociosidad debilita la energía mental.–La razón por la cual la juventud tiene tan poca fortaleza cerebral y muscular es porque hace muy poco trabajo útil. “He aquí ésta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité” (Eze. 16:49, 50).–T 4:96 (1876).

El trabajo manual da descanso a la mente.–Todo el organismo necesitala influencia vigorizadora del ejercicio al aire libre. Unas cuantas horas de trabajo manual cada día tenderán a renovar el vigor corporal y a darle descanso y alivio a la mente.–T 4:264, 265 (1896).

El baño da vigor al cuerpo y a la mente.–Ya sea que alguien esté enfermo o sano, la respiración será más libre y fácil si toma un baño. Gracias a él, los músculos se ponen más flexibles, la mente y el cuerpo se vigorizan por igual, el intelecto se vuelve más brillante, y toda actividad adquiere más vida.–T 3:70 (1872).

Descanso versus estimulantes.–Los malos hábitos físicos perjudican el cerebro, y todo el organismo se desequilibra. Se puede hacer un esfuerzo para vigorizar los nervios agotados mediante la ingestión de estimulantes, pero de esa manera no se eliminará la dificultad.

A menos que se haga un esfuerzo decidido, y que haya un reconocimiento inteligente de la necesidad de darle descanso al cerebro en vez de estimulantes, el ser humano perderá su dominio propio y será una desgracia para la causa de Dios.–Carta 205, 1904.

La mente entregada a un descanso reparador.–Deberíamos dedicar más tiempo a orar humilde y fervientemente a Dios para pedirle sabiduría con el fin de educar a nuestros hijos en la crianza y admonición del Señor. La salud de la mente depende de la salud del cuerpo. Como padres cristianos, estamos en la obligación de educar a nuestros hijos con respecto a las leyes de la vida.

En Cristo obtendrán fortaleza y esperanza, y no serán perturbados por los inquietos deseos de algo que divierta la mente y satisfaga el corazón. Habrán encontrado la perla de gran precio, y la mente hallará un descanso pacificador. Sus placeres serán puros, elevados, de carácter celestial. No tendrán reflexiones penosas ni remordimientos. Tales placeres no debilitan el cuerpo ni postran la mente; por el contrario, dan salud y vigor a ambos...

Los habitantes del cielo son perfectos, porque la voluntad de Dios es su alegría y su supremo deleite.–Ms 93, sin fecha.

1 Véase el próximo capítulo: “El régimen alimentario y la mente”.

Capítulo 41

El régimen alimentario y la mente

El cerebro debe estar sano.–El cerebro es el órgano y el instrumento de la mente, y controla todo el cuerpo. Para que las demás partes del organismo estén sanas, el cerebro tiene que estar sano. Y para que el cerebro esté sano, la sangre debe ser pura. Si la sangre se mantiene pura mediante hábitos correctos relativos a la comida y la bebida, el cerebro recibirá adecuada nutrición.–SpT Serie B, N° 15, p. 18, 13 de abril de 1900 (CH 586, 587).

El cerebro provisto de vida y fortaleza.–El organismo humano es una maquinaria maravillosa, pero se puede abusar de ella... La transformación del alimento en sangre buena es un extraordinario proceso, y todo ser humano debería estar informado respecto de este asunto...

Cada órgano del cuerpo conserva parte de los nutrientes para mantener sus diferentes partes en acción. Al cerebro se le debe proporcionar su parte, a los huesos su porción. El gran Maestro constructor está obrando en cada momento, para suplir lo necesario a cada músculo y tejido, desde el cerebro hasta la punta de los dedos de las manos y los pies, a fin de dar vida y fortaleza.–Carta 17, 1895.

Resultados de obviar las leyes de la naturaleza.–Dios ha concedido gran luz a este pueblo, aunque no estamos fuera del alcance de la tentación... Un inválido –aparentemente muy concienzudo, pero fanático y lleno de suficiencia propia– confiesa libremente su desprecio por las leyes de la vida y la salud que, como pueblo, la misericordia divina nos ha inducido a aceptar. Sus alimentos deben ser preparados de una manera que satisfaga sus anhelos mórbidos. Más bien que sentarse a una mesa donde se provea alimento sano, recorre los restaurantes donde pueda satisfacer su apetito sin restricción. Locuaz defensor de la temperancia, desprecia sus principios fundamentales. Quiere alivio, pero se niega a obtenerlo al precio de la abnegación.

Este hombre está adorando ante el altar del apetito pervertido. Es un idólatra. Las facultades que, santificadas y ennoblecidas, podrían ser empleadas para honrar a Dios, son debilitadas y hechas de poca utilidad. Un genio irritable, una mente confusa y nervios desquiciados, se cuentan entre los resultados de ese desprecio por las leyes naturales. Este hombre no es digno de confianza ni eficiente.–JT 2:55, 56 (1882).

íntima relación entre lo que comemos y la mente.–En relación con la declaración de Pedro de que debemos añadir “al dominio propio paciencia”, me referí (en un discurso) a la bendición de la reforma en favor de la salud, y a las ventajas que se logran mediante el uso de la apropiada combinación de alimentos sencillos y nutritivos. Me referí a la íntima relación que existe entre el comer y el beber, y la condición de la mente y el carácter. No nos podemos dar el lujo de desarrollar un mal carácter como consecuencia de malos hábitos de vida.–RH, 12 de julio de 1906.

La complacencia del apetito es la mayor causa de debilidad mental.–La complacencia del apetito es la causa más importante de la debilidad física y mental y el cimiento de la flaqueza que se nota por doquiera.–JT 1:417 (1875).

Mente confundida por un régimen alimentario inadecuado.–No deberíamos proporcionar para el sábado una mayor cantidad o variedad de alimentos que para los demás días. En lugar de ello, las comidas deberían ser más sencillas, y se debería comer menos, para que la mente esté clara y vigorosa a fin de comprender las cosas espirituales. El exceso de comida nubla la mente. Se pueden oír las más preciosas palabras sin apreciarlas, porque la mente está confundida por un régimen alimentario inadecuado. Al comer en exceso durante el sábado, muchos han hecho más de lo que piensan para deshonrar a Dios.–T 6:357 (1900).

Satanás domina la mente por medio del apetito.–Por medio del apetito, Satanás gobierna la mente y el ser entero. Millares que podrían haber vivido, han ido a la tumba como náufragos físicos, mentales y morales, porque sacrificaron todas sus facultades en la complacencia del apetito.–CRA 198 (1890).

Los órganos de la digestión afectan la felicidad de la vida.–Los órganos digestivos tienen una parte importante que realizar en nuestra felicidad en la vida. Dios nos ha dado inteligencia, para que aprendamos lo que debemos usar como alimentos. ¿No estudiaremos, como hombres y mujeres sensatos, si las cosas que comemos combinarán, o si producirán dificultad? Las personas que tienen acidez estomacal tienen a menudo un temperamento agrio. Parece que todas las cosas están en contra de ellas, y están inclinadas a ser malhumoradas e irritables. Si queremos tener paz entre nosotros, debemos dar mayor consideración al pensamiento de tener un estómago sano.–CRA 133 (1908).

El vigor de la mente depende del cuerpo (consejo a escritores y ministros).–Obedezcan los principios de la reforma en favor de la salud y eduquen a otros para que hagan lo mismo. La salud de la mente depende en gran medida de la salud del cuerpo, y la salud del cuerpo depende de la forma como se trata la maquinaria viviente. Coman sólo el alimento que propenda a conservar el estómago en la mejor condición de salud.

Necesitan aprender más cabalmente la filosofía relativa al cuidado apropiado de ustedes mismos con respecto al asunto de la alimentación. Organicen su trabajo de manera que puedan disponer de horas fijas para comer. Deben ejercer cuidado especial en relación con este asunto. Recuerden que para vivir la verdad tal como es en Jesús, se requiere mucha disciplina propia.–Carta 297, 1904.

Horarios irregulares, descuido y falta de atención a las leyes de la salud.–Con frecuencia, la mente no se cansa ni se quebranta como consecuencia del trabajo diligente y del estudio empeñoso, sino como resultado de ingerir alimentos inapropiados a horas inadecuadas, y del descuido y la falta de atención a las leyes de la salud... La irregularidad en las horas de comer y dormir drena el vigor del cerebro. El apóstol Pablo declara que quien quiera lograr el éxito en alcanzar una elevada norma de piedad, debe ser temperante en todas las cosas. La comida, la bebida y la vestimenta, todas ellas tienen una relación directa con nuestro progreso espiritual.–YI, 31 de mayo de 1894.

El exceso de alimentos debilita la mente.–Ha de evitarse el exceso de comida, aunque sea de la más saludable. El cuerpo no puede usar más de lo que se requiere para la reparación de sus diversos órganos, y el exceso entorpece al organismo. Más de un estudiante cree haber arruinado su salud por el exceso de estudio, cuando la verdadera causa es el exceso de alimento. Mientras se presta la debida atención a las leyes de la salud, el trabajo mental ofrece poco peligro, pero en muchos casos del así llamado fracaso mental, lo que cansa el cuerpo y debilita la mente es el hábito de sobrecargar el estómago.–Ed 205 (1903).

La complacencia del apetito embota los más nobles sentimientos de la mente.–La complacencia del apetito al comer demasiado es glotonería. La gran variedad de alimentos que a menudo se ingieren en una sola comida es suficiente para producir un estómago y un temperamento desordenados. Por eso Dios requiere de cada ser humano que coopere con él, para que nadie traspase su propio límite al comer en exceso o al participar de alimentos inapropiados. Esta complacencia fortalece las inclinaciones animales y embota los más nobles sentimientos de la mente. Todo el ser se degrada, y el instrumento humano se convierte en un esclavo del apetito al mimar y complacer sus propias pasiones degradantes y sensuales.–Ms 113, 1898.

El exceso de comida produce olvido y pérdida de la memoria (consejo a un amante de la comida).–Usted es un glotón cuando se sienta a la mesa. Esta es la gran causa de sus olvidos y falta de memoria. Usted dice cosas (yo sé que las ha dicho) que luego cambia completamente, afirmando que ha dicho algo diferente de lo que ha dicho. Yo me enteré de esto, pero lo pasé por alto considerando que era un seguro resultado de la sobrealimentación. No valía la pena hablar de ello. No curaría el mal.–CRA 164 (1895).

El exceso de comida embota las emociones.–La intemperancia en el comer, aunque se trate de alimentos de la debida calidad, tendrá una influencia agotadora sobre el organismo y embotará las emociones más sensibles y santas.2 La temperancia estricta en el comer y beber es altamente esencial para la sana conservación y el ejercicio vigoroso de todas las funciones del cuerpo.

Los hábitos estrictamente temperantes, combinados con el ejercicio de los músculos tanto como de la mente, conservarán el vigor mental y físico y darán fuerza y resistencia a los que se dedican al ministerio, a los redactores y a todos los demás cuyos hábitos sean sedentarios. Como pueblo, a pesar de que profesamos practicar la reforma pro salud, comemos demasiado. La complacencia del apetito es la causa más importante de la debilidad física y mental y es el cimiento de la flaqueza que se nota por doquiera.–JT 1:417 (1875).

Restrinja la diversidad de alimentos.–Debemos cuidar los órganos de la digestión, y no forzarlos con una gran variedad de alimentos. El que se llena de muchas clases de alimentos en una misma comida está haciéndose daño. Es más prudente que comamos lo que nos sienta bien que probar cada uno de los platos colocados delante de nosotros. No existe ninguna puerta en nuestro estómago a través de la cual podamos mirar su interior para ver lo que pasa; de manera que debemos usar nuestra mente, y razonar de causa a efecto. Si usted se siente sobreexcitado, y todo parece andar mal, tal vez sea debido a que está sufriendo las consecuencias de comer una gran variedad de alimentos.–CRA 132, 133 (1908).

El plan de Dios para nosotros.–Dios desea que nosotros, mediante una estricta temperancia, mantengamos la mente clara y alerta para que podamos distinguir entre lo sagrado y lo común. Deberíamos luchar para comprender la maravillosa ciencia de la incomparable compasión y benevolencia de Dios. Los que comen demasiado y los que ingieren alimentos no saludables se crean problemas y se descalifican a sí mismos para el servicio de Dios. Es peligroso comer carne, porque los animales padecen muchas enfermedades mortales. Los que insisten en comer carne de animales, sacrifican la espiritualidad a causa de un apetito pervertido. Sus cuerpos se llenan de enfermedad.–Ms 66, 1901.

La actividad intelectual disminuida.–Las facultades intelectuales, morales y físicas quedan perjudicadas por el consumo habitual de carne. El comer carne trastorna el organismo, anubla el intelecto y embota las sensibilidades morales.–JT 1:195 (1900).

Lo que comemos puede disminuir la actividad intelectual.–Estamos compuestos por lo que comemos, y si comemos mucha carne nuestra actividad intelectual disminuirá. Los estudiantes lograrían mucho más en sus estudios si nunca comieran carne. Cuando la parte animal del ser humano se fortalece al comer carne, las facultades intelectuales disminuyen proporcionalmente.

Se lograría una vida religiosa más exitosa, y se la conservaría, si se eliminara la carne, porque ese régimen sirve de estímulo para actividades intensas, inclinaciones sensuales, y debilita la naturaleza moral y espiritual. “La carne... [lucha] contra el Espíritu, y el... Espíritu... contra la carne” (Gál. 5:17).

Necesitamos muchísimo animar y cultivar pensamientos puros y castos, y fortalecer las facultades morales en lugar de hacerlo con las tendencias subalternas y carnales. ¡Quiera Dios ayudarnos a despertar de nuestros apetitos y nuestra complacencia propia!–Carta 72, 1896 (MM 277, 278).

El consumo de carne y la disposición de ánimo.–Por lo general, el Señor no proveyó para su pueblo alimentos a base de carne en el desierto, porque sabía que el uso de ese régimen crearía enfermedad e insubordinación. A fin de modificar la disposición, y con el propósito de poner en activo ejercicio las facultades más elevadas de la mente, quitó de ellos la carne de los animales muertos.–CRA 448 (1898).

Consecuencias del consumo de carne de cerdo.–El consumo de carne de cerdo no daña únicamente la salud física. La mente es afectada y la delicada sensibilidad queda embotada por el uso de este tosco alimento.–CRA 470 (1865).

El comer imprudentemente descalifica para ser consejero.–El azúcar no es buena para el estómago. Produce fermentación y esto obnubila el cerebro y causa irritabilidad en la disposición de ánimo. Y está probado que dos comidas son mejor que tres para la salud del organismo.3

Qué lástima que a menudo, cuando debería ejercerse la mayor abnegación, el estómago está lleno de una masa de alimento malsano, que permanece allí para descomponerse. La aflicción del estómago afecta el cerebro. El que come imprudentemente no se da cuenta de que se está descalificando para dar un consejo sabio, a fin de trazar planes para el mayor progreso de la obra de Dios. Pero así es. No puede discernir las cosas espirituales, y en las reuniones de junta, cuando debería decir “sí” y “amén”, dice “no”. Hace propuestas que no vienen al caso. El alimento que ingirió ha sumido en la penumbra sus facultades mentales.

La complacencia propia descalifica al instrumento humano para testificar a favor de la verdad. La gratitud que ofrecemos a Dios por sus bendiciones queda grandemente afectada por el alimento que ponemos en el estómago. La complacencia del apetito es causa de disensión, contienda, discordia y muchos otros males. Se pronuncian palabras llenas de impaciencia y se llevan a cabo hechos poco amables; se aplican métodos deshonestos y se manifiesta la pasión. Y todo porque los nervios del cerebro están enfermos por el alimento amontonado abusivamente sobre el estómago.–Ms 93, 1901.

El café afecta las facultades mentales y morales.–El café proporciona una complacencia dañina. Si momentáneamente excita la mente... el efecto posterior es agotamiento, postración, parálisis de las facultades mentales, morales y físicas. La mente se enerva, y a menos que por un esfuerzo determinado se venza el hábito, la actividad del cerebro disminuye en forma permanente.–CRA 506 (1890).

La alimentación equivocada produce pensamientos equivocados.–La salud del cuerpo debe considerarse como esencial para el crecimiento en la gracia y la adquisición de un carácter templado. Si no se cuida debidamente el estómago, será trabada la formación de un carácter moral íntegro. El cerebro y los nervios están en íntima relación con el estómago. De los errores practicados en el comer y beber resultan pensamientos y hechos erróneos.–JT 3:360 (1909).

El elevado aprecio que se debería tener por la expiación queda anulado.–Cuando seguimos un patrón de conducta que tiende a disminuir el vigor mental y físico, ya sea en la comida, en la bebida o en cualquiera de nuestros hábitos, deshonramos a Dios porque le robamos el servicio que él espera de nosotros. Cuando complacemos el apetito a expensas de la salud, o cuando nos entregamos a hábitos que disminuyen nuestra vitalidad y nuestro vigor mental, no podemos tener un alto aprecio de la expiación y una correcta estima de las cosas eternas. Cuando nuestras mentes están en medio de la niebla y parcialmente paralizadas por la enfermedad, las tentaciones de Satanás nos vencen fácilmente.–Carta 27, 1872.

Demasiado cuidado acerca de la comida.–Es imposible calcular el peso exacto de los alimentos que deberíamos comer. No es aconsejable seguir este procedimiento porque si lo hacemos, la mente se concentrará en sí misma. La comida y la bebida se convierten en tema constante del pensamiento. Los que no hagan un dios del estómago, vigilarán con cuidado el apetito. Comerán alimentos sencillos y nutritivos... Comerán despacio y masticarán cabalmente los alimentos. Después de comer harán ejercicio físico adecuado al aire libre. Los tales nunca necesitarán preocuparse de ingerir cantidades exactas de alimentos.

Hay muchos que han llevado una gravosa responsabilidad en cuanto a la cantidad y la calidad de los alimentos más aptos para nutrir el organismo. Algunos, especialmente los dispépticos, se han preocupado tanto por el gusto de la comida que no han ingerido el alimento suficiente para nutrir sus organismos. Le han causado un gran perjuicio a la casa donde viven, y tememos que se hayan dañado a sí mismos para esta vida.–Carta 142, 1900.

Coma de acuerdo con su buen criterio y después, descanse.–Hay algunos que siempre recelan que la comida, por muy sencilla y sana que sea, les hace daño. Permítaseme decirles: No penséis que la comida os hará daño; no penséis siquiera en la comida. Comed conforme os lo dicte vuestro sano juicio; y cuando hayáis pedido al Señor que bendiga la comida para fortalecimiento de vuestro cuerpo, creed que os oye, y tranquilizaos.–MC 247 (1905).

Los intemperantes no pueden tener paciencia.–Existen amplias razones que explican que haya tantas mujeres nerviosas en el mundo y que sufren de dispepsia con su estela de males. La causa ha sido seguida por el efecto. A las personas intemperantes les resulta imposible ser pacientes. Primero deben reformar los malos hábitos y vivir en forma saludable, y después de esto no encontrarán difícil ser pacientes.

Al parecer muchas personas no comprenden la relación que hay entre la mente y el cuerpo. Si el organismo es perturbado a causa del alimento impropio, el cerebro y los nervios quedan afectados de tal modo que hasta las cosas pequeñas molestan a los que padecen de este mal. Las pequeñas dificultades son para ellos problemas enormes. Esta clase de individuos está incapacitada para educar debidamente a sus hijos. En su vida primarán las actitudes extremas: algunas veces serán muy indulgentes, en cambio otras serán severos y condenarán pequeñeces que no merecían ninguna atención.–MS 2:498 (1865).

La dispepsia conduce a la irritabilidad.–Un estómago dispéptico siempre conduce a la irritabilidad. Un estómago avinagrado produce un temperamento agrio. Su cuerpo debe estar en sujeción si usted quiere que sea un templo adecuado para la morada del Espíritu Santo... Coma frugalmente alimento equilibrado y sano. Haga ejercicio con moderación, y usted se convencerá de que su vida vale la pena.–Carta 27, 1872.

El alimento malsano anestesia la conciencia.–Nuestro pueblo ha estado retrocediendo respecto de la reforma pro salud. Satanás ve que no puede ejercer un poder tan grande sobre las mentes cuando el apetito está bajo control, como cuando se le da rienda suelta, y él está trabajando constantemente para inducir a los hombres a complacerse a sí mismos. Bajo la influencia de alimentos malsanos la conciencia se anestesia, la mente se entenebrece y se malogra su susceptibilidad a las impresiones...

¿Querrá ver y comprender nuestro pueblo el pecado de pervertir el apetito? ¿Querrán eliminar toda complacencia dañina y dedicar los medios que así se economicen a la difusión de la verdad?–Ms 132, sin fecha.

Una definición de la temperancia en el comer.–Los principios de la templanza deben llevarse más allá del mero consumo de bebidas alcohólicas. El uso de alimentos estimulantes indigestos es a menudo igualmente perjudicial para la salud, y en muchos casos, siembra las semillas de la embriaguez. La verdadera temperancia nos enseña a abstenernos por completo de todo lo perjudicial, y a usar cuerdamente lo que es saludable. Pocos son los que comprenden debidamente la influencia que sus hábitos relativos a la alimentación ejercen sobre su salud, su carácter, su utilidad en el mundo y su destino eterno. El apetito debe sujetarse siempre a las facultades morales e intelectuales. El cuerpo debe servir a la mente, y no la mente al cuerpo.–PP 605 (1890).

Evitemos los extremos.–Los que entienden debidamente las leyes de la salud y se dejan dirigir por los buenos principios, evitan los extremos, y no incurren en la licencia ni en la restricción. Escogen su alimento no meramente para agradar al paladar, sino para reconstruir el cuerpo. Procuran conservar todas sus facultades en la mejor condición posible para prestar el mayor servicio a Dios y a los hombres. Saben someter su apetito a la razón y a la conciencia, y son recompensados con la salud del cuerpo y de la mente. Aunque no imponen sus opiniones a los demás ni los ofenden, su ejemplo es un testimonio en favor de los principios correctos. Estas personas ejercen una extensa influencia para el bien.–MC 246 (1905).

2Véase “El comer en exceso”, en CRA 155-168.

3Véase “Número de comidas”, en CRA 205-212.

Capítulo 42

La mente y la salud

La mente controla al hombre en su totalidad.–La mente controla al hombre en su totalidad. Todas nuestras acciones, buenas o malas, tienen su origen en la mente. Es la mente la que adora a Dios y nos vincula con los seres celestiales... Todos los órganos físicos son siervos de la mente, y los nervios son los mensajeros que transmiten sus órdenes a cada parte del cuerpo, para dirigir los movimientos de la maquinaria viviente...

La actividad armoniosa de todas sus partes –cerebro, huesos y músculos– es necesaria para el desarrollo pleno y saludable del organismo humano en su plena totalidad.–SpTEd 33, c. 1897 (FE 426).

La energía eléctrica vitaliza todo el organismo.–La energía eléctrica del cerebro, aumentada por la actividad mental, vitaliza todo el organismo, y es de ayuda inapreciable para resistir la enfermedad.–Ed 197 (1903).

Pocos se dan cuenta del poder de la mente sobre el cuerpo.–Pocos se dan cuenta del poder que la mente tiene sobre el cuerpo. Una gran cantidad de las enfermedades que afligen a la humanidad tienen su origen en la mente, y sólo se pueden curar si se recupera la salud de ésta. Muchos más de los que nos imaginamos son enfermos mentales. Las enfermedades cardiacas producen muchos dispépticos, porque la perturbación mental que el miedo a ellas produce, ejerce una influencia paralizadora sobre los órganos digestivos.–T 3:184 (1872).

Víctimas de una imaginación enfermiza.–Hay que controlar la mente, porque ejerce una poderosa influencia sobre la salud. La imaginación a menudo se descarría, y si se le da rienda suelta, causa graves enfermedades a los que son afligidos por ella...

El invierno es la estación más temible para los que tienen que ponerse en contacto con esos inválidos. Por supuesto que es invierno, no sólo fuera de la casa sino dentro de ella también para los que están obligados a vivir en la misma morada y dormir en la misma habitación. Estas víctimas de una imaginación enfermiza se confinan dentro de la casa y cierran las ventanas, porque el aire les afecta los pulmones y la cabeza. La imaginación es activa; esperan resfriarse y lo consiguen. No importa cuánto se razone con ellos, no podrán creer que no comprenden la filosofía que se refiere a todo este asunto. ¿Acaso no lo han comprobado ellos mismos? Ese será su argumento.

Es verdad que han comprobado un aspecto del asunto al persistir en su propia conducta, pero la verdad es que se resfrían aunque se expongan muy poco al aire. Tiernos como bebés, no soportan nada; pero siguen viviendo, y siguen cerrando las ventanas y las puertas, y dando vueltas alrededor de la estufa y disfrutando de su miseria.

Ciertamente han comprobado que su conducta no les ha hecho ningún bien, sino que ha aumentado sus dificultades. ¿Por qué los tales no permiten que la razón ejerza su influencia sobre el juicio y controle la imaginación? ¿Por qué no probar la conducta opuesta y con buen criterio hacer ejercicio al aire libre?–T 2:523–525 (1870).

La mente restringe la circulación (consejo a una persona tímida).–Al mantenerse en la idea de que un baño le causará perjuicio, la impresión mental se comunica a todos los nervios del cuerpo. Los nervios controlan la circulación de la sangre; por eso la sangre, como resultado de la impresión de la mente, queda confinada en los vasos sanguíneos, y así se pierden los buenos efectos del baño. Todo esto ocurre porque la mente y la voluntad impiden que la sangre fluya libremente y llegue a la superficie para estimular, despertar y promover la circulación.

Por ejemplo, usted tiene la impresión de que si se baña se va a enfriar. El cerebro envía esa orden a los nervios del cuerpo, y los vasos sanguíneos, obedientes a su voluntad, no pueden llevar a cabo su tarea y producir una reacción después del baño.–T 3:69, 70 (1872).

Frutos de una mente descuidada y soñolienta (consejo a una joven).–Usted tiene una imaginación enfermiza. Se ha creído enferma, pero eso ha sido más imaginación que realidad. Usted no ha sido veraz consigo misma... Daba la impresión de una persona sin espina dorsal. Se sostenía medio apoyándose en los demás, postura inadecuada para una dama que está en presencia de otras personas. Si solamente lo hubiera pensado, habría caminado tan bien, y se habría sentado tan erecta como muchos otros.

La condición de su mente la lleva a la indolencia y a temer el ejercicio, en circunstancias en que éste sería el mejor remedio para su recuperación. Nunca se sanará, a menos que deponga esa condición descuidada y soñolienta de su mente, y se levante para hacer algo, para trabajar mientras el día dura. Haga algo, mientras imagina y traza planes. Aparte su mente de los proyectos románticos, del enfermizo sentimentalismo amoroso, que no eleva, sino que sólo degrada. No solamente usted resulta afectada; otros reciben daño mediante su ejemplo y su influencia.–T 2:248, 249 (1869).

Salud sacrificada en aras de los sentimientos (consejo a una mujer de voluntad fuerte).–